Autor: Domingo Martínez

  • A un año de su nacimiento el mepi camina solo por el mundo

    A un año de su nacimiento el mepi camina solo por el mundo

    «Un poeta tiene un poder de imaginación
    que más allá de la invención, es una forma
    de exponer la realidad»

    Hector Gaibor

    Convertir números en palabras no es ninguna novedad, ni en el campo de la ciencia y mucho menos en los vastos espacios de la literatura, Lo que pudiera llamarse una curiosidad, es el hecho de asignarle a la rigidez infranqueable  de los números, un sentimiento. El arte en todas sus manifestaciones, constantemente  se vale de la matemática para establecer relaciones prácticas que permitan la comprensión   de sus límites y definiciones; por eso siempre vamos a encontrar en estas dos disciplinas vínculos irreductibles.

    La poesía no está exenta  de resistir las fuerzas magnética que ejercen los números sobre todas las cosas del universo, al contrario, pareciera ir detrás de dicho flujo, con actitud hipnótica y propiciando asociaciones con el fin de expandirse y amplificar la capacidad exteroceptiva en los seres humanos.

    Se pueden citar mil ejemplos concretos, donde millares (quizás millones) de poetas entremezclan sus creaciones a los designios de las cifras. Pero citaremos uno que nació en este espacio (Poémame) en abril de 2020, nos estamos  refiriendo a una estructuración estrófica que sigue la secuencia del número pi hasta el infinito; por consenso decidimos llamarla Métrica pi, compactada en un acrónimo simplemente  como Mepi.

    No sería un procedimiento justo afirmar que el Mepi nace como producto del azar, más bien surge de una necesidad derivada de los tiempos digitalizados que vivimos, digamos que fue un ciclo de continuos descubrimientos, en primera instancia como expresión de la nano poesía tan demandada en la voracidad de la era actual:

    Seré
    luz
    en la bruma
    sal
    que reverbera faro que evite tus naufragios.

    María Prieto; Seré Luz, Mepi básico, España.

    Aplicando metro licencias en los monosílabos, la estructura adhiere la flexibilidad del lenguaje, a la verticalidad de un número irracional con infinitos decimales , pero que al igual que los sentimientos, no tiene razón constante, por ello se presta para que sobre sí, transcurra una frecuencia rítmica no acentual, sino poli versal, es decir, el ritmo se marca sobre la continuidad del verso integrando conjuntos con dos o más versos, según la secuencia escogida, lo cual permite que la isocronía de las palabras y la rima sean optativas o prescindir por completo de ellas de allí que: «Seré/luz» dos verso distintos cuya escansión es casi imperceptible durante la expresión oral, transmiten un solo sonido en el discurso, con sentidos gramaticales distintos. Del mismo modo «en la bruma/sal» fluye como unidad fonética, sin distorsionar la esencia emocional  que la autora quiere transmitir.

     Las formulaciones en métrica pi, no le restan autonomía a la construcción poética, por el contrario, pareciera flexibilizar en cierto modo lo que se quiere decir, garantizando su inserción en un patrón rítmico que allana los caminos hacia lo  estético, la  modulación transcurre  desde una hasta nueve sílabas por  verso, la extensión mínima de un Mepi se ha fijado en seis versos, pero cada poeta tiene la libertad de extenderse hasta el número que su propia inspiración decrete.  El poeta ,alagueño Juan Carlos Burgos, fue de los primeros en poner a prueba  la elasticidad de esta novel propuesta, y emprendió por cuenta propia la inversión  de un Mepi básico de seis estrofas para componer un Mepi espejado cuya conformación  se representa en dos estrofas; donde la segunda estrofa, inicia con la misma secuencia, en que termina la primera; y culmina donde aquella  comienza,  de modo que la antiimagen rítmica,  está distanciada  por el mismo número de versos, cumpliendo una propiedad suprayectiva. Esta impronta, ha permitido que otros poetas se sumen a la propuesta, ofreciendo sus creaciones con espontaneidad y variedad de formas.

    Bendita

    primavera
    de
    aires inquietos
    composición de la alegría,
    brotas con musicalidad
    sobre los campos
    luz
    y armonía
    don
    y fuego.

    María Jesús Hernández ; Primavera, Mepi espejado , España

    El instinto, el rapto, el intelecto y la cognición son posibles de cohabitar simultáneamente en una construcción poética de la naturaleza del Mepi, queda a discreción de la mano que escribe, la mente que piensa y el alma que siente, trazar las fronteras donde detenerse.  Desde Perú, el poeta Carlo Magno García nos presenta un Mepi extendido hasta el digito número once de la secuencia.

    Las flores,
    dos,
    extendidas
    en
    el ancho mar,
    caídas sin luna ni sol,
    muestran
    en su último abrazo,
    color de idilio,
    espuma
    y olas de amor.

    Las Flores; Carlo Magno García Ruiz (Perú).

    Como sustrato consustancial del Mepi, en primer lugar, encontramos un impulso emocional del subconsciente que dicta la necesidad de plantear un esquema, que de algún modo, refleja la constricción del espacio físico durante el confinamiento, por la contingencia sanitaria que se vivía en aquel momento; toda manifestación artística individual, guarda una estrecha relación con el contexto histórico y social en que se desenvuelve el sujeto que la exterioriza. De tal manera que sin plantear esto como objetivo, el Mepi sugiere la idea de seguir un marco prescrito dentro de la secuencia pi a manera de norma, pero al mismo tiempo ofrece un abanico de posibilidades para su expresión y exposición. He allí la similitud con el tiempo actual, los números de pi simbolizan la casa; —una gran casa, — sin salir de ella, el poeta puede escoger uno de los muchos lugares que ofrece dicha casa para su permanencia y estadía sin caer en el hastío. Alda Pazzcuso desde Venezuela, optó por incorporar un estribillo a una configuración básica, cuyo metro,cohonesta con los primeros tres dígitos de la constante.

    ¡Cantemos
    con
    esperanza!
    Amigos
    de
    los heridos
    los
    desamparados
    unámonos todos por ellos.
    ¡Cantemos
    con
    esperanza!
    Podemos
    con
    muchas ganas
    si
    canalizamos
    todo nuestro enorme poder.
    ¡Cantemos
    con
    esperanza!
    Ideas
    de
    color rosa,
    mil
    corazonadas
    guiando nuestros pasos al bien.
    ¡Cantemos
    con
    esperanza!

    Alda Pascuzzo, Mepi con estribillo (Venezuela)

    Otro componente de la fibra imaginaria de esta propuesta poética es la relación filial, que vincula dos estadios  muy bien distinguidos en todo proceso artístico: la creación y el descubrimiento; el poeta crea con la palabra (situaciones, cláusulas, sentencias y resoluciones) y descubre con la forma métrica aquello que lleva dentro de sí (emociones, sensaciones, intuiciones). El  Mepi  como herramienta  o vehículo práctico,   permite escarbar regiones ocultas y aptitudes que subyacen en la psiquis del poeta y que este, antes no se vio motivado a explorar. 

    América
    si
    yo me acuesto,
    tu
    sentir tecleas.
    América, tiendo a ti extensa
    cuerda
    desde mi azotea.
    Tu calor seca
    mi llanto,
    tu acento alegra
    la música. ¡Baila América!
    Elévame a tus cordilleras.
    Selvática y volcánica,
    austral y tropical. Diversa.
    Ser llama,
    cóndor,
    jaguar,
    tapir, guanaco, tucán,
    colibrí
    bebiendo en tus flores
    sueñan
    estos decimales
    de homenaje.
    América,
    orillas
    de luz, páginas de arena
    escritas.
    Genios
    de universales letras.
    Cae mi tarde en tu mañana,
    mi alma en tu tierra.

    Juan Carlos Burgos , América, Mepi cero,(España)

    En los escritores y poetas siempre está latente el desafío de jerarquizar los sentimientos que afloran con el caos propio de los torrentes, que aspiran un remanso para plasmarse dentro de la obra de modo coherente, conformando sintagmas que dan un sentido, sin detrimento de la esencia originaria que los produce, El Mepi es capaz de contribuir en dicha jerarquización desde tres posibles escenarios, piramidal: cuando inicia en el primer dígito de pi, en espiral, cuando adopta los esquemas espejados y lineal, cuando escoge la secuencia que mejor se ajusta al argumento.

    Actúas
    con
    tal frialdad
    con
    tal saña, mientras
    muriéndome estoy cada día.
    Ignoras
    que
    en su abrazo,
    yo
    soy más mujer de
    lo que algún día fui contigo.
    Llegaste
    tú,
    tierno amante
    con
    flores y poemas,
    noches de pasión desmedida.
    Abrí
    mi
    corazón
    y
    confíe una vez más
    en la aventura del amor.

    Selene Navidad; Tierno amante , 4 estrofas Mepi, (México)

    En todo cuanto es visible en los tiempos que nos ha tocado vivir, preexiste un efecto de permeabilidad, cuyo carácter bidireccional, es un factor que va calando inconscientemente en los registros selectivos de preferencia de cada individuo, sin distinciones de los estratos sociales, o brechas generacionales, solo basta una coincidencia de intereses, para que una propuesta, vaya de un espectador a otro y vuelva al ente propulsor con nuevos signos de vigencia.

    El Mepi propicia la penetración en un elemento que forma parte de otros sistemas ajenos a la poesía, que sin ser del todo ignorado, no tiene un protagonismo determinante, como patrón de medida en la poesía. Cuando el poeta despoja el velo presunto de misterios que envuelve esta constante, ya palpa la misma como un evento lógico, aun siendo de naturaleza irracional desde su concepción , es allí donde se cumple la bidireccionalidad aludida anteriormente y el número comienza a tener otro sentido por efecto de la indagación, a medida que el poeta indaga sobre los números, recibe satisfacciones y gozo.

    Morder
    tu
    cuello quiero
    ¡Oh
    bella mortal!
    Para probar de la exquisita
    sangre
    que de tu piel mana.
    ¡Ven hacia mí!
    Serás
    tú, mi alimento
    he de saciarme de ti.
    Y en un amor tan inmutable
    unimos nuestras almas
    cual eclipse total y eterno.
    ¡Oh dulce
    dama
    nocturna!
    Mis labios están sedientos
    deseando
    tus húmedos besos…

    Said Morión , Vampírico amor; Mepi extendido (21), Colombia.

    La tecnología al contrario de las artes, sufre continuos procesos de caducidad originados por su misma evolución, aunque mantenga los principios científicos que los sustentan, las técnicas de cómo construir por medio de la tecnología, son tan variantes como diversas. las artes por su parte tienen la propiedad de prevalecer en el tiempo, y siempre encontraremos referencias artísticas cuya vigencia parece perpetuarse.

    ¡Domingo!
    Y
    borbotea
    la
    grácil ternura
    ardid de olvido en la atrición.
    Duele
    esta soledad,
    castigo impuesto
    sobre hechos
    de una torpeza
    que fermenta la dulzura.
    En el luminoso horizonte
    motean nubes grises
    que alteran el límpido vidrio,
    traslúcido,
    diáfano,
    a triste,
    cuando el alma reverbera
    alegría:
    glóbulos de espuma
    blanca.
    Dolor de domingo
    es dolor,
    tristeza
    que miente,
    obscena duda que nubla
    su luz;
    duda,
    duda necia y tozuda
    que oscurece el sol y restaura
    domingos tristes.
    Tristes,
    pierden su brillo
    sin fe en el trillo.

    Edel González; Domingo de feliz a triste, Mepi con estrambote, Cuba.

    El Mepi nace en un contexto tecnológico como acto de inquisición de un poeta en ciudad de Guatemala, (Alejandro Cárdenas) quien descubriera la necesidad dentro de esa cosa llamada espíritu que otro poeta en provincia de Buenos Aires , Argentina (Domingo Martínez) llevara como un virus, enquistado en las regiones del ser donde se guardan las inquietudes.

    Cerezo,
    flor
    que es luz rosa
    en
    la noche astrífera.
    Primavera es tu amor de pétalos.
       

    Oasis;
    luz
    de verano
    en
    la noche astrífera.
    Los niños juegan en el lago.

    Luciérnagas
    dan
    de su luz
    en
    la noche astrífera.
    Hojas crujiendo en pleno otoño.
       

    Destellan
    los
    fucilazos
    en
    la noche astrífera.
    Una ardilla y lluvia; es invierno.

    Mepi Sakura cuatro estaciones a cuatro plumas: Autores: Daniela Acosta (Venezuela), Silvia Bojart (Argentina), Said Morion (Colombia), Alejandro Cardenas (Guatemala)

    Ninguna manifestación artística requiere argumentos que la justifiquen, porque las razones del arte provienen de mundos internos, que pueden resultar a veces incomprensibles ante la legítima diversidad de percepciones y visiones que ondean por el universo, a quien corresponde la desaprobación o aceptación de una obra de arte, es al espectador, encarnado en multitudes de seres que experimentan algún tipo de sensación, ante dicha obra. En la era actual exponer la palabra o cualquier otra expresión ante el espectador, se ha visto favorecido por la influencia de las redes sociales en la cotidianidad. El Mepi se orienta como una forma de expresión de nuestro tiempo, cuyo fin último no es desplazar ninguna fórmula existente, ni intentar ostentosas   hegemonías en los espacios virtuales, sino contribuir como herramienta, para que los jóvenes poetas y los no muy jóvenes compartan su palabra con el mismo exquisito sabor del pan ante el ayuno, con el frescor del agua cuando la sequía comanda los escuadrones de la sed y con el amor, amor  imprescindible, cuando nos movemos dentro de las armoniosas buenas prácticas que tiene la humanidad.  La poesía es una de ellas, la historia así, lo ha demostrado, aunque han pasado más de mil años.

    Días pasan,
    y presurosos dejan su huella
    en el crepúsculo.
    Temor a perder
    el pasado, el futuro.
    Destino…
    va separando
    los
    corazones, esas almas
    sin regreso definido.
    Pánico inunda
    pieles adormecidas.
    Muy alejados,
    cada
    quien vive muchas vidas,
    y es
    turbio el
    cansancio muy soterrado,
    amándose en la lejanía.
    Las
    almas
    rotas
    buscando sin cesar
    aquellos amores perdidos.
    El sol
    se asoma en el horizonte,
    han
    pasado más de mil años,
    hay marcas,
    y
    el
    mar
    deja los surcos muy profundos,
    el frío
    calla las caricias nocturnas…
    ¡fin!

    Zenaida Sanoja (Varimar) ;Han pasado más de mil años, Mepi desde la secuencia 465 a 500 de pi. Argentina
  • Hanni Ossot / Descubriendo la gramática del cuerpo

    Hanni Ossot / Descubriendo la gramática del cuerpo

    Al borde del primer tarro de café dominical se van escurriendo estas letras, evocando la ansiedad de un domingo de otro tiempo, cuando nos precipitábamos con impulsos casi adictivos sobre las páginas de  los “suplementos culturales” o “papel literario” encartados dentro de los tirajes de los diarios, para abordar las trémulas revelaciones que nos permitían el acceso a la poesía, dentro de las limitaciones de nuestro diminuto universo.

    Así fue  como descubrí a Hanni Ossot. —No voy mentir diciendo que recuerdo con exactitud lo que leí aquel domingo—, recuerdo el entorno, lo cual me da una vaga idea del año y debió haber sido un agosto, bajo la apócrifa quietud de unas vacaciones escolares.

    Para alguien que todavía no gastaba fracciones de su mesada en afeitadoras, aquel hallazgo era todo un acontecimiento, puesto que ya andaba buscando el roce místico con esos símbolos que trae la poesía dentro de sí; para mí, connotaba otra dimensión de lo que hasta ese día había concebido como poesía. Se postulaba ante mi escasez de recursos una exposición nublada de la palabra, una borrascosa propuesta de un mundo interior ingente, rayando en lo incomprensible para mi estado incipiente de conciencia. Me perturbaba sobremanera aquella firma tan desprovista de un vínculo común con los nombres manejados por el léxico, que en mi caso particular, tenía al alcance inmediato. No se llamaba, Teresa, María ni Gabriela,  se llamaba Hanni Ossott. Mi reacción orgánica de automatismo instó por otorgarle origen nórdico o escandinavo, tan misterioso como sus poemas, tan inalcanzable como ese presumible estado patológico al filo de angustias transmitido.

    …La enfermedad es el vivir

    la única

    La enfermedad es el cuerpo

    y las pastillas no sirven de mucho

    Más tarde, con el transcurrir del inefable tiempo, y dentro del mismo plan indetenible de descubrimientos, pude enterarme de que había nacido en el valle septentrional que duerme a los pies del cerro el Ávila  (Caracas) un 14 de agosto de 1946 y que sus progenitores eran de nacionalidad Alemana, asentados en la capital de Venezuela huyendo de los horrores que planteaban las secuelas de la segunda guerra mundial. También supe que fue huérfana de madre a los tres años, y que sus   familiares decidieron  ocultar durante algunos años  la desaparición de doña Magdalena Lipfert de Ossott  (su madre).

    Sus poemas irrumpen en el espectro cultural de una  convulsionada Venezuela: donde los beneficios de una aparente torrencial rentabilidad petrolera pavimentaban carreteras que no conducían a ninguna parte y extendía las  celebraciones de los carnavales hasta que los elementos sacros implícitos en la conmemoración de la crucifixión cristiana, interrumpían los estados de embriaguez persistentes en la población y cesaban  los desfiles de carrozas orquestadas a ritmos de hábitat tropical. Dentro de ese contexto, florece su primer poemario, a la conquista de tribunas que la vanguardia poética aspiraba para su indiscutible talento: «Espacios Para Decir lo Mismo»  Un compendio de poemas estructurados en una prosa sorprendentemente madura  para una “ópera prima”, absolutamente introspectiva que se daba el lujo de erigirse sobre un invisible triángulo atemporal, inmaterial y sin sujeto definible en el argumento verbal, donde el espacio es sugerido como una extensión del sentimiento y de allí devenga una imprevista ascensión con el cuerpo, con la identidad propia del fundamento del pensamiento germano, — quizás Nietzsche, quizás Heidegger—, pero al mismo tiempo, suscrito a esa flexibilidad que abría el ideal vanguardista en esta parte del hemisferio.

    En virtud de los hechos, me tomo la atribución de transcribir un extracto de su estreno literario “Espacios Para Decir Lo Mismo” publicado en 1974:

    «Y todos estos seres que hemos creído vivir los transformamos en espacios de verbos, y tejemos sus bordes con ese derecho a recuperar, en un espacio, otro que nunca había podido ser nuestro, en esa inútil tentativa de querer fijarlos definitivamente, asignarles propiedades, categorías, demarcarles el pedazo de aire respirable… Y nos acercamos entonces a otro, igual a uno, con el mismo oficio de querer fijar los cuerpos en páginas… y nos situamos en ese terror, en el horror de querer escapar a ese destino que nos fije, que limite nuestro esplendor y nuestra vacuidad, nuestra fluctuación y nuestro hallazgo…»

    Confluíamos en aquellos años de esos hallazgos pertinentes al abstracto tema que para nosotros representaba la poesía, lector y poeta, en la misma necesidad de búsqueda, Hanni Ossott reiteraba la existencia de una continua búsqueda a través del espacio y una férrea vinculación con el cuerpo, ya que ambos representaban una unidad indivisible, —no tendría sentido el uno sin el otro — cuerpo y espacio como instrumento de conducción de la palabra hasta lograr un fin mucho más trascendente, donde “el universo del cuerpo lacera  los soportes de que se vale la conciencia” y es entonces en  ese espacio, donde se proyecta la palabra.

    Mi proyección de palabra se proyecta en ti, objeto
    Revelo tus deseos, esas tristes pasiones que te contienen
    Nombre deseado por tus formas
    revés de todos tus planos
    desde los puntos de vista imposibles
    desde esa amalgama que intentas
    en esta palabra
                                realizar
    Soy la palabra y me devuelvo en ti
    para darte esos límites
    devuelvo entonces esas tensiones para distraer a los hombres
    construyo y enhebro los hilos tejedores de tu fortuna
    de una mirada indiferente una respuesta
    Y ellos se sentarán seguros
    en razón de esta impotencia
    por este fracaso con que suelo abrazar el mundo
    Palabra
    verso sobre mi infinito la extensión de todos los sueños
    ellos saben mecerse
    salvan
    en el tiempo
    la creencia

    Bajo el ambiente  de una época de bonanza económica, por los efectos de la nacionalización petrolera y una tasa de desempleo cercana al 4%, en el año 1976 se imprimen dos nuevas ediciones maravillosas con la firma de Hanni Ossott, la primera de ellas resulta distinguida con el premio de la Bienal de Poesía Antonio José Ramos Sucre: “Formas Que en los Sueños figuran infinitos”. De  esa obra,  nos complace reproducir el siguiente poema :

    “Sobre mi cuerpo, sobre estas estructuras concebidas por manos ingenieras fabricantes de nuevos espacios, han sido muchas las palabras nombradas. La cal y la arena. Luego, el tiempo. Rasgaduras en estos planos que me conforman, en los techos y en mis ventanas. Algunos han dicho de mis ventanas: «Son tristes porque no miran fijamente y quien acude a ellas provoca el sueño». 
    Ellos atribuyen a mi tiempo sus tiempos y asignaron a mi indiferencia sus pasiones. Hablaron de casas tristes olvidando a sus habitantes… 
    Los contengo en mis resquicios, en los rincones abandonados y en mis habitaciones solitarias. También provoco sus llantos y soy testigo de esos suicidios. 
    Ellos le asignan a mis rincones una propiedad que desconozco: la memoria. Sometida a sus arbitrios me vuelvo cruel y desproporcionada. Mi cuerpo se vuelve recuerdo. Sus ojos me miran para hacer permanentes otros ojos, otros habitantes. Les revelo esta apatía y me maravillo de sus poderes de desplazamiento, de sus transformaciones orgullosas. 
    Mi ojo está hecho sólo para el silencio, para la apertura hacia la confesión inocente, la que se ha creído sola frente a la dureza de mi cuerpo de cal y cemento”.

     En «Espacios En Disolución», publicado en el mismo año (1976), prevalece la noción de intimidad expuesta entre la nube excelsa e insinuante de la poesía. Exhibe  en ellos la aprensión por lo desvanecido en los laberintos de la realidad, de la consumación de los hechos donde “La casa”, adquiere un sentido metafísico alejado de lo arquitectónico, otorgándole el inmenso valor que tienen los recuerdos, que permite  deludir en asuntos no cuantificables. Hay una codificación entrañable, una escasa validez de la experiencia mística, la descalifica y  asume el valor de la “experiencia interior” ante la disolución del yo.   

    Esa mi casa. Ya no ésta.
    Durante muchos años sirvió de caja negra.
    Ellos la mantenían y nos mantenían dentro.
    Hay un olor no el de ella.
    Hoy se disuelve,
    Y velo la película para recordar ayer.

    Antes de proseguir con el segundo tarro de café y esta necesaria y fructificante redacción, debo pedir disculpas a los distinguidos lectores que abordan estas líneas, por tomar esta alocución tan personal, y pido perdón si piso los límites del hedonismo.

    El cuarto  libro de Hanni Ossot, «Memoria en Ausencia de Imagen, Memoria del cuerpo» fue el primero de sus libros que tuve ocasión de tener en mis manos. Su edición data de 1979, yo la obtuve tres años después en 1983, —un par de meses antes de enrolarme en el ejército—, recuerdo habérsela cambiado a Bachaco (no recuerdo su nombre legal) por un ejemplar de Cincuenta Vacas Gordas, de Isaac Chocron. El libro me perturbó, era un libro de ensayos, desarrollado  (a mi parecer para esa época) con una profundidad abismal. Quizás, no estaba preparado para semejante caudal de impresiones filosóficas y una prosa tan ilustre, me imbuí en aquella lectura día y noche. A través de sus líneas y por medio de sus citas descubrí a Thomas Mann, a Rilke, a Virginia Woolf, Artaud, Blanchot  y hasta el mismísimo Nietzsche (Heidegger, Kafka, Borges y Holderlin era lo poco que conocía).

     En 1982 se había editado “Espacios de Ausencia y De Luz”. Muchos años después, cuando pude encontrar el libro,  todavía no lograba desprenderme de la sensación  de desequilibrio emocional desbordante como producto de esa palabra que no cerraba la expectativa, que no cancelaba la incesante búsqueda, sino al contrario abría nuevos surcos donde encontrar aquello que no estaba pautado en el itinerario. Agotando ya el tercer tarro de café, me dispuse a transcribir el siguiente inciso de ese poemario.

    Atracción de lo vasto

    Ese canto resonante
    de Cuerpo
    esa expectoración primera
    inicialmente contenida
    bufido o eructo desarticulado

    Ese pujar vocal

    Estertor físico del soy que se busca

    Y esa primera abolición del ser en la palabra inicial

    Ah voz en ahogo
    violencia y voluptuosidad cercada
    Ah tránsito de ser a mí

    Ah gorgojeo
                      rasgadura de garganta
    ruido
                      pobladura de lo vasto

    Eco
    Inserción de lo inmenso en lo breve
    Imagen
    Consecución
    Y esto: lo que puedo decir desde mí mismo
    hoy
    ahora que he aprendido a articular mi discurso
    Esto, para decir:
    Oh escena terrible para espectáculo
    Oh espantosa contemplación de lo solo
    No calma desde esta calma
    No suficiente sin sentido desde esta ausencia

    Desierto y ruina
                      –y decirlo se torna ridículo–
    Ah, mira la contorsión del cuerpo, la siempre en oposición
    Pero me contorsiono
    y profiero
    sólo yo puedo hacerlo
    desde lo que me cerca y me abre
    Ah canto siempre devuelto
    Siempre no nacido todavía o a destiempo
    Tajada, sí…

    Y muero por lo vasto que cercena
    como los dioses mueren por la nada y se levantan
    contra ese soy que en extensión cubre

    ¿Lo signo, lo fijo, lo canto?
    lo dilatado ineludible?
    Lo canto, lo signo
    porque también habita en mí el deseo de su posibilidad
    en franca oposición a lo permanente
    en rechazo al borde demasiado preciso
    y a la costumbre de esta piel
    en distancia de mi propio cuerpo
    hacia la instauración de lo breve
    por atracción a la ausencia
                                     erguido el canto en regreso al soy

    Para el año de 1983. Caracas celebraba el bicentenario de su máximo héroe, el libertador Simón Bolívar y en otro sentido, la economía del país se enfrentaba a una abrupta devaluación de su moneda, generando un clima inestable en contraposición con  los cincuenta años precedentes. Entre los discursos históricos y las justificaciones de los tecnócratas el pulso de Hanni Ossott  mantuvo el ritmo para la publicación de su sexta  obra, « Hasta Que llegue El Día y Huyan Las Sombras». En ella, persiste en sus indagaciones, en su centro  gravitatorio como tiempo de establecer rotundas decisiones en defensa de lo intimo, en condenar una vacuidad secundaria en todos los objetos, en todos los cuerpos, discrepancias que abrazan los antiguos espacios, la materialización de imágenes en el subconsciente, la predisposición a un pánico subyacente en los efectos producidos por “La Noche y La Luz”

    La Noche se va haciendo en mí
    profunda
    revocable como una estación
    La oscura esfera de lo oscuro
    ha inundado mi ámbito
    y se cierra como el beso de dos cúpulas
    Ya yo no sé cuál es mi fondo
    Soy ahora noche entera
    Conservo palabras
    pero hoy
    ellas no son lo suficientemente diurnas
    no pueden guiarme
    no son linterna
    ni lamparita de media noche
    Pienso en Delfos, debo recordar Delfos
    cóncava
    iluminada
    abierta

    Debo pensar en el espacio más luminoso del mundo
    Delfos, lugar nocturno hecho luz
    Es preciso
    es preciso realizar de la noche la Luz

    Para 1986, cuando las imprentas colocan en los anaqueles de las librerías la Antología de Poemas de Hanni Ossott, Titulada, «Plegarias y  Penumbras»,   sus traducciones  de las obras de Reiner Maria  Rilke y Emily Dickinson eran punto de referencia en el continente. Fue docente en la escuela de letras de la Universidad Central de Venezuela durante veinte años. Esa profundidad didáctica y su autonomía creativa se manifiestan en los cuatro volúmenes de ensayo escritos en su trayectoria, siempre percibí en ellos un fin bien intencionado de retar la agudeza del lector ante el valor y el peso del arte, la definición de ese objetivo supremo que abarca la poesía desde el rapto al conocimiento. Ese aprendizaje que se expresa por medio del dominio del lenguaje y que trasciende a niveles de sensibilidad intrincados dentro del ser:

    «No se trata de hacer un arte «curado». El arte no es necesariamente sano. La belleza de la Venus de Milo no es sana. Detrás de ella hay una larga tradición de convulsiones. Esa belleza surgió de la conciencia del horror. Hay pues un equilibrio entre belleza y horror que solo dos ejemplos podrían explicarlo por ahora. Rilke dice: «todo Ángel es terrible». Rodin esculpió dos manos en tensión acercándose y nunca se acercan. Él las llamó La catedral. También Venecia es muy bella, alberga la podredumbre con equilibrio.
    La vulgaridad nunca ha pertenecido al arte. Veo al fondo de mí, el azul de Florencia y los rosados de Perugia. Pero también veo lo que se hace sin fuerte conciencia de alma y sin guía.»

    «Imágenes voces y visiones», «El Reino Donde La Noche Se Abre», «Cielo, Tu Arco grande», «El Circo Roto» y  «Casa De Agua y De Sombras» completan el compendio de sus publicaciones poéticas, las cuales han sido traducidas al   inglés y publicadas en 2017.

    Su enorme legado, siempre nos remitirá a ese misterioso instinto de búsqueda que palpita  dentro de cada ser, sobre todo en los primeros años de vida. Hanni Osoott dejo de existir un 31 de diciembre de 2002, en un hogar de reposo  de San Antonio de los Altos, en el mismo país donde nació. Su obra deja una huella que trataremos de seguir para buscar la presencia de su luz dentro de su nocturnidad y lograr que “la gramática del cuerpo” agilice nuestros sueños.

    Para este instante, he concluido el último tarro de café de este segundo domingo de junio de 2019.