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  • 5 poemas de Alberto Hernández #PoesíaVenezolana

    5 poemas de Alberto Hernández #PoesíaVenezolana

    Alberto Hernández es un docente, periodista, poeta y narrador venezolano. Nacido en Calabozo (Guárico) en 1952, es autor de libros de poesía, cuentos, crónicas y novelas, entre los que destacan, en poesía, “Última instancia”, “Párpado de insolación”, “Bestias de superficie”,  “Intentos y el exilio”, “Puertas de Galina”, “Poética del desatino/ aforismos”, “Slovenia”, “El poema de la ciudad”, “Stravaganza, “70 poemas burgueses” y “Ropaje”. Es también autor de las novelas “La única hora” y “El nervio poético” (ganadora del Premio XVII Concurso Anual Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2017) y de los cuentos “Fragmentos de la misma memoria”, “Cortoletraje”, “Virginidades y otros desafíos”. En crónicas: “Valles de Aragua: la comarca visible” y “Voces de la memoria”.

    Ha recibido varios premios nacionales y algunos de sus libros han sido traducidos al italiano, portugués, inglés, árabe y poemas sueltos al alemán. Colabora con medios nacionales y extranjeros. Vive en Maraca (Venezuela).

    El poeta venezolano Alberto Hernández. Foto: Jhon Montáñez.

    POEMAS ANDARIEGOS

    (Textos extraviados una vez y otra vez)

    Todo relámpago estima que ha sido utilizado
    para descubrir el rostro del asombro. De lo contrario
    se comportaría como el fenómeno que se anuncia
    antes de pisar la alfombra.

    (…)

    Un violín atado a la ventana
    hace esfuerzos por escapar a la calle.
    El genio, el Stradivarius que lleva
    en la madera, no le permite
    ciertas extravagancias.
    Con razón el estudiante llora
    cada vez que advierte su silencio.

    (…)

    Sin ánimo
    de lanzarse al abismo
    el poeta (el que contempla el vacío
    con media sonrisa)
    inicia el ejercicio de su depuración.

    (…)

    Le ha sido dado a la multitud
    el don de la quimera. Por eso
    -al abandonar el lugar del abuso-
    ahonda el grito
    el fracaso del vértigo.

    (…)

    La profundidad del beso
    lo condenó a un silencio mudable
    y sin medir las consecuencias
    de la única palabra
    que pudo pensar
    se desató del abrazo
    intentó un monosílabo asiático
    y huyó.