Etiqueta: blanca estela dominguez

  • Los nudos marineros: un transcurso existencial. 

    Los nudos marineros: un transcurso existencial. 

    Blanca Estela Domínguez, La plegaria de la ola, Ediciones Vitruvio, Madrid, 2026, 80 págs. 

    Blanca Estela Domínguez (mejicana de origen, barcelonesa de adopción, Doctora en Filología Hispánica) es una autora de largo recorrido, que ha sabido aunar su trabajo como crítica literaria con su obra poética. Colaboró durante dos años en la revista Quimera, es autora de dos importantes volúmenes: Contemporáneos. Obra Poética. DVD EdicionesBarcelona. (2001), sobre la poesía mejicana del siglo XX  (con la obra de José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Salvador Novo y Gilberto Owen) y, más recientemente, la antología Poetas catalanas del siglo XXI, junto a Jaime D. Parra, Huerga y Fierro 2025). Como poeta, ha publicado Abrapalabra  (Méjico, 1989) y Amagatall (Méjico, 2018). La plegaria de la ola es su tercer libro de poemas. 

    La plegaria… se divide en tres partes bien diferenciadas. La primera, titulada Casa, incluye “poemas sobre el amor y el deseo”, y en los que destacan los motivos del “agua, el mar y los elementos propios de una naturaleza exuberante”, como indica Dolors Fernández Guerrero en el prólogo. La segunda parte se compone de dos poemas extensos: Marinera en tierra (dedicado a su madre) y La plegaria de la ola, que da título al libro. Por último, la sección Otros poemas cierra el libro, en los que se produce “una deriva pesimista”, según el mismo prólogo. 

    A pesar de la variedad de los poemas, el libro presenta una unidad que se estructura a través de diferentes recursos, como las repeticiones. Por ejemplo, los versos “Los negros pájaros del adiós alzan el vuelo. / Y dibujan en el cielo la corona de la muerte”, del poema Homenaje, de la primera parte, se convierten en cuatro versos, que se van repitiendo a modo de estribillo en Nostalgia, que cierra el libro. O el título del libro, La plegaria de la ola, que lo es del largo poema central, reaparece casi textualmente en el poema Escrito sin palabras, de la tercera parte: “escribo en el pliegue de la ola inmensa”. Algunos motivos atraviesan todo el poemario, como el erotismo, el mar (motivo omnipresente) o el viaje.

    Pero si hay un motivo central que destaca en todo el libro es el sentimiento de crear memoria e identidad al amparo emocional. Ya no solo la referencia a la obra de Rafael Alberti: Marinera en tierra, título del extenso poema central, sino la idea misma de la inestabilidad del ecosistema y la experiencia del desplazamiento por el mar: “Pero entonces, / ¿Por qué no me salen los nudos marineros?”. Este sentimiento de navegar a la deriva, también nace de su condición de habitante entre dos países, dos continentes, separados por un mar: “Este mar inmenso que nos hace de camino / ahora es frontera líquida que nos aleja”, le confiesa  a su madre. Por eso, al final estos textos nos dejan un testimonio del viaje y el transcurso no como placer turístico sino como un desplazamiento vital y necesario. A  excepción de “mi pueblito de Rusia / frío y blanco. // Idéntico y glorioso / y tristemente lejano”, inalcanzable; o el más próximo, inmediato, Sant Pol de Mar, espacio refugio que atraviesa todo el libro, con referencias explícitas: “Es donde por fin me siento feliz” o de manera más críptica: “Cala vinyeta es mi casa, dentro y fuera”, en alusión a una playa de este pequeño pueblo costero del Maresme barcelonés. 

    Y es que esta sensación de extranjería, nace del hecho mismo de emigrar: se conservan  los recuerdos de la casa  de Méjico, el antiguo Tenochtitlán, que se identifica con la infancia perdida: 

    La luz. Mi casa. Mi nana, 

    mi madre riñendo…

    Mi padre que sonríe al final del pasillo. 

    Los árboles de mi infancia, inmensos.

    Porque la nostalgia del pasado vive en el presente: “Regresamos para siempre a una casa que ya no existe. / (…) La casa reposa la cabeza en mi memoria”. Así, los recuerdos irrecuperables conducen a la tristeza, entendida como “Es tiempo vacío de tiempo, la tristeza”. Los poemas de Blanca Estela aportan una nota ética y estética al hecho mismo de la migración. La plegaria de la ola es una “instalación poética” con un sesgo simbólico que motiva a la reflexión entre los límites de lo sagrado y lo profano,  y entre lo habitable y lo inalcanzable.

    Además de la casa, el amor es otro de los asideros que construyen la felicidad del yo. Por un lado, el amor, en su sentido más sensorial: “la piel abandonada, / la sed perpetua de tus besos”; “Tiembla mi cuerpo, el estremecimiento es externo” , que lleva a un erotismo exacerbado. “Al galoparte cuerpo, amor mío, siento…”, recuerda la imagen del romance lorquiano La casada infiel: “Aquella noche corrí / el mejor de los caminos, / montado en potra de nácar / sin bridas y sin estribos”. La influencia de Lorca (por cierto) aparece por otras partes del libro, como en canción de amor por Beatriz, el poema que abre el libro: 

    Crece la luna, se acerca

    con deseo de ser tocada. 

    Es grande, redonda,

    como una jugosa naranja. 

    O una alusión a la ambivalencia del yo: “Soy paloma y tigre / al mismo tiempo”, cita casi textual de uno de los Sonetos del amor oscuro lorquianos: “Rasgué mis venas, / tigre y paloma…”. 

    En la constante búsqueda que destilan estos versos, la felicidad amorosa parece ser cosa del pasado: 

    Tu carne fue mi paraíso

    y ahora es mi destierro…

    o la desconfianza frente al ser amado: 

    Amo tu voz. 

    Pero desconfío de lo que dicen tus palabras. 

    Y es que todo es síntoma de lo mismo: el yo del poema  busca su lugar en este mundo. “El agua profunda es mi hábitat”, declara; pero incluso allí tiene que luchar para conseguir su  objetivo, como ya hemos visto: 

    Siempre me dices que soy Marinera en tierra. 

    Pero entonces,

    ¿por qué no me salen los nudos marineros? 

    En este navegar (homo navigator, dice el tópico clásico), se concentra la actividad del yo: vida y escritura se identifican plenamente: “Juro (…) / que navegaré con mi pluma / por el ánima del mundo. / Creo que cada palabra palpita, / oigo su latir en mi poema”. De este modo, a pesar de lo visto antes, el poema no puede limitarse a la queja, sino que debe ser un acto de afirmación y, sobre todo, de celebración: 

    Juro que mis palabras

    no son signos 

    de un alfabeto roto. 

    Por su parte, el navegar, “fuente rabiosa de libertad”, se convierte en camino interior: “Nado por dentro, / es un camino interior”; “este viaje interno y obligado” conduce hacia el propio conocimiento: 

    Soy memoria, soy anhelo. 

    Soy fe. Soy palabra. 

    porque se reconoce como poeta, poeta-demiurgo que es capaz de alcanzar la verdad del ser humano. Por eso puede emitir “la plegaria de la ola”. Esta plegaria, que realiza antes de sacrificarse por la humanidad (“Acudo puntual a ofrecer la ofrenda / que es mi cuerpo”), es “el misterio de la muerte”, “el alma de la belleza” o, en clave neoplatónica (Macrobio, etc.), “una música remota / que viene de un rincón del cosmos”, “un suceso musical puro”, cuyo resultado es la armonía, pues logra concordar los elementos contrarios, el “entendimiento súbito entre dos orillas paralelas”, y nos muestra y explica el sentido de la vida: 

    Es el mapa del camino

    que hemos de transitar. 

  • Las esferas del sentir. Jorge León Gustà. Ed. Los Papeles de Brighton. 2025. 

    Las esferas del sentir. Jorge León Gustà. Ed. Los Papeles de Brighton. 2025. 

    “Futuros de posibilidades” 

    El último es un verso del libro, que resume la esencia de la obra poética de Jorge León Gustà. Su poesía siempre es un reto de estilo y de propuesta vital.

    Es Doctor en Filología Hispánica y Catedrático de Educación Secundaria. Ha combinado las clases con la investigación literaria. Especialmente centrada en la poesía y el teatro del Siglo de Oro. Es autor  de diferentes tipos de libros: escolares, de investigación y de poesía propia. Es autor también de una estupenda y deliciosa Antología de Poesía. No pueden los sueños. Poesía del sueño erótico del siglo de oro. Editorial Animal Sospechoso.  Barcelona. 2025. Este libro nace de una intención muy concreta, que es, explicar un sueño. Y con ello, revisa toda la tradición de la poesía española.

    En el mismo año, 2025, el autor publica Las esferas del sentir. Editado en la ciudad de Madrid por la editorial Los papeles de Brighton. La misma editorial que ya publicó el libro de ensayos “Un soneto  me manda hacer violante…” y otras historias de la Literatura. (2023). Bajo su autoría.

    En Las esferas… profundiza en su búsqueda y confirma su camino hacia un territorio propio. El carácter elegíaco aparece con la consciencia de la duda y la incertidumbre. Se centra en dos motivos fundamentales: alrededor de la pandemia de 2020 y la experiencia de la muerte. Sus poemas nacen de un fondo minimalista, que combina sentimientos y retórica en la introspección del lenguaje. Ese lenguaje siempre volcado en la riqueza de sentidos. No cae en ningún momento en el coloquialismo; utiliza un tono equilibrado y un permanente diálogo con la tradición. Hay citas de Gustavo Adolfo Bécquer, Lope de Vega y Francisco de Aldana.  León Gustà es un poeta que busca “conocer para emocionar”. 

    Jorge ha escrito un libro profundamente biográfico; construye con sus versos un diario de heridas, un diario de experiencias reveladoras, un diario de ausencias que de una u otra forma se convierten en encuentros. (Pág. 22)

    En el poema El dios de las batallas. El autor nos acerca al horror de Gaza; su imaginación sutil y metafórica hacen un mapa del horror. Expone la muerte con dureza, no se deja nada. (Pág. 71)

    En la tercera parte del libro, titulada Con los mejores deseos. Encontramos poemas acompañados de fotografías. La fotógrafa es Claudia León Mas. Aquí aparece un autor de la memoria  que se enfrenta a los enigmas de la vida y añade misterio al mundo.  Maneja la imagen del espejo. No tanto en su fijeza como en su devenir, la imagen, de la imagen… “El agua inquieta” /“¿Cómo podré estancar el agua inquieta? / He de aprender a serenar la fuerza del cauce./ Quietud frente al anhelo./ El espejo refleja el cielo que no se alcanza.”(Pág. 39)

    Aquí tenemos a Jorge León Gustà, un poeta del siglo XXI. Estudioso de la lírica clásica. Consciente y solidario con los tiempos que nos toca vivir: los conflictos políticos, el desarrollo de la tecnología y su repercusión en el lenguaje literario. La fusión de la literatura con otras disciplinas artísticas. El autor hace maridaje entre poesía y fotografía, para alcanzar registros sensoriales más amplios. Jorge nos ofrece con Las esferas del sentir una obra que abarca el erotismo, como el principio de todo: “ahí abajo el origen del mundo”, nos dice. También hay denuncia social ante la barbarie. Hay viaje interior y exterior… y los clásicos siempre están presentes, como una antorcha que nos guía en las noches de oscuridad poética.