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  • 3 Poemas de Giuliana Donzello, poeta italiana

    3 Poemas de Giuliana Donzello, poeta italiana

    Giuliana Donzello (Italia). Nació en Venecia en 1949. Se licenció en Literatura y Arte en la Universidad de Florencia. Profesora, investigadora y escritora, ha colaborado con el Departamento de Historia y Crítica de las Artes Contemporáneas de la Universidad de Venecia y con el Sector de Artes Visuales de la Bienal de Venecia. Ha publicado varios ensayos sobre arte. Desde 2008 se dedica a la narrativa y la poesía, con las que ha obtenido numerosos premios internacionales. Varios de sus textos aparecen en antologías, revistas, catálogos, periódicos y diccionarios de escritores y poetas contemporáneos (La stagione delle cicale», “Fiori di sale”, “L’altana”, “Il tre periodico”, “L’Ostatismo ultima impronta del Novecento”, “L’accusa del tempo”, “Chrysalises”, “Topografie di memorie”, “Il silenzio delle cetre”).

    No preguntes al poeta

    No preguntes al poeta

    de dónde surge su voz

    sonidos que en el camino exhaustos

    se elevan libres

    Está dentro de versos que brotan

    sangre para vivir el espacio

    de una hoja en blanco, más allá

    los días que le son concedidos

    y los ojos perdidos en el encanto.

    Su corazón se aferra límpido

    a las nubes plomizas de cielos inmóviles

    al tenue recuerdo de marrones hojas

    otoñales, suspiros ligeros disueltos.

    El tiempo lo arrastra vigoroso

    hacia lo que fue su juventud

    y el orden aparentemente tranquilo

    de la vida presente, del peso incauto

    de cada día vivido y perdido.

    En las horas mudas, en los instantes mudos

    de cadencias de retorcidas sílabas

    frágiles hojas blandas

    colgadas de una rama y a punto de caer.

    Tú, muchacho, que corrías

    El recuerdo de tu infancia

    oh muchacho que corrías alrededor del fuego

    ebrio en el borde del campo

    es un invierno blanco por las bombas

    roto y con el vientre desgarrado

    donde el principio de cada forma

    la noche extrema doma.

    No es de madera el fusil que aprietas

    entre tus manos y sigue disparando

    cuando de pronto te precipitas

    no por miedo, sino vencido por el dolor.

    Un mundo inmóvil es tu país,

    escuálida estación desolada

    En el tiempo suspendido

    no encuentras la espera de días para habitar

    sólo momentos para que tu sacrificio se dilate

    Solitario espera ese prado lejano

    el calor de una casta primavera:

    ha pasado un año y aún

    no se cansa de la tormenta.

    Graba en la hoja el poeta del dolor

    palabras con letras de fuego.

    Y la materia se hace carne viva y sangre

    en el amanecer silencioso sobre una locura roja

    y se blanquea en mudos momentos de terror

    arrastrado en un nuevo invierno

    donde se muere por libertad.

    El último cigarrillo

    Divaga la espera

    en la luz muda de palabras, perdida está la hora

    en el reloj del tiempo

    y buscas el sueño que no llega

    para olvidar el miedo en los sueños

    de los que sacas el bálsamo de los recuerdos.

    En un ventisquero lejano vuelves a encontrar

    la jactancia de un soldadito perdido

    y no creerías su lejanía

    memoria casta aún viva en ti

    y sin embargo sin valor cuando sólo

    en el dolor de un silbido de fusil,

    que de repente surgió del follaje

    saboreabas un café con un amargor inesperado

     por una brasa de cigarrillo

     que en el líquido negro caído

     toda chispa ha apagado

     junto con tu existencia:

     cruel desgracia que ha silabeado

     para ti la reverberación de la muerte.

    Tuyo no será el regreso a la ingenua

    frescura de aquel prado, donde tu madre

    te tendía los brazos para ocultarte,

    niño, bajo su cálido pecho

    proyectando su amplia sombra.

    Y naturalmente sobre ti depositaba su aliento.

    Traducción al español por Mariela Cordero