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  • 3 poemas de Lena Yau #PoesíaVenezolana

    3 poemas de Lena Yau #PoesíaVenezolana

    Foto por Emilio Kabchi.
    Lena Yau (Caracas, 1968) es narradora, poeta, periodista e investigadora. Especialista en el vínculo entre literatura e ingesta. Licenciada en Letras y Master en Comunicación Social por la Universidad Católica Andrés Bello. Asesora literaria de El sabor de la eñe. Glosario de literatura y gastronomía (Instituto Cervantes, 2011). Autora de los poemarios Trae tu espalda para hacer mi mesa (Gravitaciones, 2015), de Lo que contó la mujer canalla (Kalathos, 2016), y de Bonnie Parker o la posibilidad de un árbol (Utopía portátil, 2018); de la novela Hormigas en la lengua (Sudaquia, 2015) y del libro de relatos Bienmesabes (2018). Sus cuentos y poemas han figurado en antologías (Fundavag, Mantis y Pre-textos). Reside en Madrid.

    Bonnie Parker y la posibilidad de un árbol

    El árbol tiene su casa

    en jardines ajenos


                        lo trepas

    lo abrazas                            lo salvas

               de palabras que hachean


                   él hace memoria

                 tú giras en sus aros

               pidiendo cántame el mar

    Ya entonces volabas, Bonnie Parker.

    Quizás por eso

    eres madera

    percutora de zarcillos

    frente en ritual.

    En la sombra del jabillo

    lago lunar sobre el asfalto

    te iniciaste.

    Supongo que todos nacemos

    en el camino más espinoso.

    Bonnie Parker o la posibilidad de un árbol . Utopía portátil, 2018.

    La conjura de la necia

    Yo, porque ese es el orden de los pronombres, la que naufraga agotando lejanías.

    Tú, porque aunque me niegues estás en la almohada fría que abrazo después del sexo sin ti.

    Él, porque tal es la historia, el que sabe pero calla.

    Ella, por la misma razón, la que disfruta de tus ganas intensas e irresolutas.

    Nosotros, las palabras que buscan conjurar ausencias.

    Vosotros, corifeos ciegos, ojos mudos.

    Ellos, los testigos del fracaso estrepitoso de nuestro intento de amor.

    Desbravar fue el verbo irregular que nos acompañó.

    No supimos, no pudimos, no debimos.

    Escupo mi sombra en un vano intento de olvido.

    De Lo que contó la mujer canalla. Editorial Kalathos. 2016. Caracas.

    Catara

    El corazón caminaba.

    La tierra se abrió.

    Cayó.

    (Desde la grieta, grita)

    Ahora es tubérculo que guarda ponzoña.

    Clarea.

    Ralla.

    Comprime.

    Haz líquido.

    Reserva.

    El dolor: animal clavado con alfileres en una pared.

    (Palpita en silencio)
    Un exoesqueleto en vivisección.

    Descarta pies, cabeza, piedad.
    Retira cuidadosamente el abdomen.
    Aceita un hierro candente.

    Lancea sin dudar.

    Su presencia: enfermedad del cuerpo.

    (Escalofríos. Temblor dental)

    Una quemadura de vapor.

    Rajas de ají chirel con venas y semillas.

    Jugo del tubérculo corazón.
    Insecto dolor mutilado y tostado.
    Mezcla sin agitar.


    Él está:

    En la hoja en blanco.

    Sal.

    En la hoja escrita.

    Pimienta.

    En la letra invisible.

    Limón.

    En las oquedades del discurso.

    Reposo.

    (Todo lo que somos es lo que no somos).

    Unta el preparado en cada parte que reclame su huella.

    Espera a que el nombre se infle en ampolla.
    Deja que crezca y reviente por cuenta propia.


    Levanta la piel para barrer debajo.

    Barrerlo de ti.

    Repite el proceso hasta la cicatriz.

    Reza estas instrucciones en su memoria.



    De Trae tu espalda para hacer mi mesa. Editorial Gravitaciones. España. 2015