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  • HotelK: parada y fonda para la poesía

    HotelK: parada y fonda para la poesía

    Hoy quiero hablar de un compañero de versos con una forma muy personal de escribir, y a quien admiro mucho. Su poesía es visceral, urbana, dinámica, ágil, transgresora, única… podría poner mil calificativos y nunca acabaría de hacer una buena descripción. Estoy hablando de HotelK, poeta y músico.

    Desde que leí un poema suyo por primera vez me enganché a su manera de escribir y expresar. Todos sus poemas me han gustado en mayor o menor medida y ninguno me ha dejado indiferente. Sabe escribir de tal forma que en el mismo poema esbozas una mueca triste y en el siguiente verso te saca una sonrisa. Te lleva al cielo y te muestra el infierno en el mismo párrafo.

    No dejéis de pasar por su rincón y leer su magnífica poesía -en Poémame, en su perfil en Twitter o en su poemario «Los zapatos del no volver» (Ediciones Mouse, 2018)- o incluso de disfrutarla recitada en la voz de Zies:

    https://youtu.be/7Mfa9xrbAEc

    A continuación dejo una pequeña selección de algunos de sus poemas, que están entre mis favoritos. Espero que disfrutéis tanto como yo.


    La princesa del cómic

    Cuando la luna come gusanitos
    y la noche te hace prisionero
    de unas pestañas,
    guardo los hilos
    de mi marioneta autodidacta
    e ignoro la red de seguridad.

    Aún no han sido retiradas
    las briznas ajadas
    de mi desubicado maremoto,
    se maceran veletas
    bajo el azulado manto
    de los días sin programar.

    Herederos de un girasol,
    los corazones más duros
    brotan en silencio
    mientras un aliento improvisado
    contiene el grito
    en los tejados tristes.

    La princesa del cómic
    me invitó a su guarida
    sin preguntar si la noche
    está atestada de disfraces.

    Sus misteriosos ojos
    sanaron todas las heridas
    que revoloteaban
    en la página veintiuno.

    Comimos libros desenfocados,
    bebimos licores de
    no esperar nada a cambio,
    dormimos sobre una rugosa alfombra
    al calor de dos cuerpos
    que intentaban encajar
    las dos mil piezas rotas
    de un turbulento pasado.

    Al despertar pedí
    un poco de mi identidad
    para poder regresar a casa.

    «Vuelvo a por ti en unas horas,
    de camino compraré
    algunas hogazas de futuro,
    cuando llegue nada será igual».

    Viejo apósito, herida fresca

    Descubro el apósito
    tras dos años de fermentación,
    el tiempo no ha curado nada
    la herida aún sigue fresca.

    El remiendo
    con parches de humo
    me ha hecho masticar
    diagonales de consuelo de tonto.

    Hoy es buen día para hurgar,
    con lentitud,
    con reposo de tiempo,
    de memoria,
    acariciando el elenco
    de imágenes y sonidos
    perpetuados en mi ser.

    Puedo ver tus manos prohibidas
    deslizarse bajo la mesa,
    puedo oír tu voz
    y los ladridos de tu perro,
    puedo notar el dulce elixir
    del primer encuentro,
    puedo notar el agrio estilete
    de la despedida
    mil novecientos noventa y cinco
    días después.

    Hoy desde la tranquilidad
    hermano un zarpazo más
    en el envés de la herida base.

    Han llovido algunas dualidades
    pero el olvido se resiste
    a pasar al interior,
    siempre se queda en el umbral,
    encadenado al marco de la puerta.

    Domingo 7:00 a.m
    despierto junto a un cuerpo
    que se antoja extraño,
    presento mis respetos
    al saberse de mi corazón empequeñecido.

    Salgo a buscarte
    por la ciudad fantasma
    y lo único que encuentro
    son pasos de vuelta a casa.

    Cuadriláteros

    Tras tocar el timbre felino
    de la última puerta del mundo
    la cancha quedó deshabitada.

    El sol escupió alergias de sombras
    y sueños frustrados,
    despojada la diversión
    cualquier tipo de maquillaje
    ya no tiene cabida.

    He despertado cuatro veces
    sin mirar el reloj del miedo
    y como púgil desdentado
    he tirado las sábanas al suelo.

    Como público
    solo fotos rasgadas
    adheridas a una telaraña.

    Silban los ojos
    implorando un poco de agua anónima
    en el rectángulo submarino
    de aceite hirviendo.

    Resbalé quince veces
    sobre tu rostro tatuado
    en la lona de papel.

    Se abrió mi ser de piernas
    viendo pasar la fortuna de largo
    e instalarse la mala suerte
    en todos los adosados de futuros
    aún no pensados.

    Fuera del observatorio

    El roedor
    deshila versos de Rock
    bajo el puente rojo
    de la no conquista.

    ¿A quién esperas?
    las ráfagas de líos
    han saltado turno
    y creo que nos toca.

    ¡Corre!
    apostemos a la sed impar
    así mudaremos la piel
    para no oler a día anterior.

    Escapé del Observatorio
    con hojas de tabaco
    y algunas monedas
    de rodillas ensangrentadas.

    Tuve la capacidad
    de retener el fuego
    entre mis manos
    pero el precio
    de una barata canción
    desbarató el asalto
    a un cielo no pintado.

    «Secuéstrame,
    arrástrame contigo
    abandonemos el lugar,
    inventemos sueños
    donde no habite el dolor».

    ¡Continúa!
    sigamos profanando la oscuridad
    envueltos en la toxicidad
    que nos depara.

    Un vendaval
    de despedidas urgentes
    atraviesa los rincones
    de la ciudad.

    Palabras llenas de zarpazos
    se guardan sin masticar.

    ¡Adiós!
    gracias por el viaje,
    un placer
    nos vemos en otra vida.

    No tengo ganas de dormir,
    voy a quedarme un rato
    removiendo tumbas
    con la cucharilla del café.

    Chistera

    Un poema etílico
    en papel de cocina
    escrito con tu pequeño
    lápiz de ojos.

    Llevo mis bolsillos repletos
    de banderas blancas
    pero la molestia
    no utiliza gabardinas.

    Una chistera
    llena de indecisión
    guarda los azotes encriptados
    de la tarde.

    Los sueños repartidos
    laten con miedo
    a los monosílabos
    que congelan el corazón.

    Desnúdame
    rompiéndome a tiras
    mi otra piel.

    A falta de pan
    buen trasvase de mentiras,

    a falta de tabaco
    buenas son las heridas,

    a falta de cuadros
    manteles vacíos,

    a falta de esperas
    salas repletas de atendidos.

    Caen timbres y paradas,
    gente sube y baja
    al antojo del día.