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    Marina Ivánovna Tsvetáyeva: poeta rusa

    Marina Ivánovna Tsvetáyeva 1892,  Moscú, fue una escritora rusa, que destacó como poeta y prosista. Es una de las poetas más originales del siglo XX. Su poesía proviene de lo más profundo de su personalidad, de su excentricidad y de su uso muy preciso del idioma.

    Dejó unas obras muy vivas, de impresionante calor, intransigente y llenas de valentía, donde está el recuerdo de toda una serie de escritores y artistas de su época, así como el retrato de sus propias obsesiones, con una lengua entrecortada y agudísima. Su correspondencia cruzada con Pasternak y Rilke (sólo publicables desde 1979) nos da la media de su personalidad, su fuerza especial y la atracción de todo tipo que ella ejerció.

    «Abiertas las venas: imparable,

    irrecuperable, brota la vida.

    ¡Trae vasijas y cuencos!

    Cada cuenco será superficial

    la vasija -plana,

    sobre su borde -y más allá-

    fluirá hacia la negra tierra para alimentar la hierba.

    Irreversible, imparable

    irrecuperable, el verso brota.»

    «Rainer, quiero encontrarme contigo,

    quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir.

    Simplemente dormir. Y nada más.

    No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo

    y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más.

    No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú.

    Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.»

    «Así como me gusta

    besar las manos

    y ofrendar nombres,

    también me gusta

    abrir las puertas

    -¡de par en par!- a la oscura noche.

    Apoyando la cabeza,

    oír los recios pasos

    hacerse más ligeros,

    y cómo el viento mece

    el bosque somnoliento

    y desvelado.

    ¡Oh noche!

    Van creciendo los arroyos

    que en el sueño desembocan.

    Ya se me cierran los ojos.

    en medio de la noche

    alguien se ahoga.»

    «El poeta trae de lejos la palabra.

    Al poeta lo lleva lejos la palabra.

    Entre sí y no, por baches indirectos

    de parábolas, signos, planetas,

    hasta lanzándose desde el campanario

    agarra un garfio, pues el camino del cometa

    es el camino del poeta. Casuales eslabones

    ese es su enlace. Mirar las estrellas

    de nada sirve! en el calendario

    no se pronostican los eclipses del poeta

    él es el que desordena los naipes,

    falsea el peso y las cuentas,

    el preguntón en el pupitre,

    el que a Kant para el arrastre deja.

    El que en el pétreo foso de la bastilla

    es como un árbol que crece en su belleza…

    aquél de huellas siempre desaparecidas,

    él que es el tren al que cualquiera

    llega tarde,

    su camino es el de los cometas.

    El camino del poeta arde pero no calienta,

    arranca pero no cría, estalla y se quiebra.

    Tu camino es el de enredadas cabelleras,

    no pronosticado en el calendario del poeta.»