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  • Crudeza y verdad en la poesía de Leopoldo María Panero

    Crudeza y verdad en la poesía de Leopoldo María Panero

    Hoy se cumplen 4 años de la muerte de Leopoldo María Panero (1948-2014), poeta incluido por Josep María Castellet entre los nueve novísimos poetas españoles -corriente renovadora de la poesía de la década de 1960- quien ha sido, a pesar de su marginalidad, un elemento recurrente en la cultura española desde que se diese a conocer con trabajos como «Por el camino de Swan» o «Así se fundó Carnaby Street».

    Leopoldo María Panero. Poesía Completa.

    Para hablar del personaje y la persona hay que remontarse a una de sus primeras apariciones, ante las cámaras y bajo la dirección de Jaime Chavarri, en la película «El desencanto». En esta película sale al desnudo, casi literalmente, la familia Panero integrada por la madre de Leopoldo, Felicidad Blanc; sus dos hermanos Michi y Juan Luis Panero y, como elemento más importante de la película, su padre Leopoldo Panero, ya fallecido. La película por la época en la que fue grabada se entendió como una crítica al franquismo y al paternalismo de Franco, y vaticinó lo que sería España durante y tras la transición, siendo la última película que sufrió censura. La misma habla de la infancia de Leopoldo, quien con tres años y medio ya componía poemas como éste:

    Y mi corazón temblaba, no era un sueño
    y fueron muriendo todos los soldados de la guardia del Rey
    y mi corazón seguía temblando.

    Formó parte en las protestas contra la dictadura por las que entró en la cárcel, la cual recordaría como un lugar fantástico pero no para más de cuatro meses: «La cárcel es el útero materno y que fuera de él el Yo se fortalece y empieza, por lo tanto, la guerra más inútil y más sangrienta; la guerra por ser yo para lo que haría falta que el otro no existiera. Esto es lo que origina el intercambio de humillaciones que más que un intercambio mercantil es lo que estructura la sociedad actual». Sus relaciones dentro de la cárcel duraron lo que duró el tiempo en prisión.

    The end

    He fumado mi vida y del incendio
    sorpresivo quedan
    en mi memoria las ridículas colillas:
    seres que no me vieron, mujeres como vaho,
    humo en las bocas, y silencio
    por doquier, como un sudario
    para lo que no quise ser, y fue
    como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera
    que en la escuela aprendieron el Error.
    No había nadie en aquel pozo, estaba
    vacía la cárcel, pienso cuando
    abriendo al fin la puerta, y descorriendo
    por fin el cerrojo que me unía
    inútilmente a las águilas, y me hacía
    amar las islas y adorar la nada,
    descubro
    banal, y sonriéndome, la luz.

    Leopoldo no fue ajeno a la entrada de la droga en España y su influencia en la juventud, y se vio inmerso de lleno en ese mundo. Intentó suicidarse dos veces llegando a estar en coma casi dos días.

    La parte más característica de sí mismo, personal y literariamente, fue su paso por los psiquiátricos, algunos de los cuales dieron nombre a sus poemas y sus libros, al principio obligado por su madre a causa de su consumo de drogas -hecho por lo que le guardó rencor durante mucho tiempo- y luego de forma voluntaria, siendo el de Canarias el último en el que estuvo.

    Ma mère

    A mi desoladora madre, con esa extraña
    mezcla de compasión y náusea que puede sólo
    experimentar quien conoce la causa, banal y
    sórdida, quizá, de tanto, tanto desastre.

    Yo contemplaba, caído
    mi cerebro
    aplastado, pasto de serpientes, a
    vena de las águilas,
    pasto de serpientes
    yo contemplaba mi cerebro para siempre aplastado
    y mi madre reía, mi madre reía
    viéndome hurgar con miedo en los despojos
    de mi alma aún calientes
    temblando siempre
    como quien tiene miedo de saber que está muerto,
    y llora, implora caridad a los vivos
    para que no le escupan encima la palabra muerto. Vi digo
    mi cerebro en el suelo licuándose, como un excremento
    para las moscas. Y mi espíritu convertido en teatro
    vacío, del que todo pensamiento ha desertado
    -tutti gli spiriti miei eran fuggiti
    dinanzi a Lei
    mi espíritu como un teatro vacío
    donde en vano alentaba inútil, mi conciencia,
    cosa oscura o
    aliento de monstruo presentido en la caverna. Y allí, en el teatro vacío
    o bajo la carpa del circo
    abandonado, tres atletas
    -Mozo, Bozo, Lozo-
    saltaban sin descanso, moviendo
    con vanidad desesperada el trapecio
    de un lado a otro, de un lado a otro. Y también, cortesanas
    con el pelo teñido de un oro repugnante, intercambiaban
    leyendas sobre lo que nunca hubo
    en el palacio en ruinas Y me vi luego, más tarde
    mucho más allá del demasiado tarde,
    en una esquina desolada de
    alguna ciudad invernal, mendigando
    a los transeúntes una palabra que dijera
    algo de mí, un nombre con que vestirme. Puerta
    del infierno -del
    infierno de la imposibilidad de sufrir ya-
    puerta del infierno
    -del infierno de la posibilidad de sufrir ya-
    este poema, este canto exhausto
    esta puerta que chirría en la casa
    sin nadie, llevada sólo por lo deshabitado del viento,
    como un pelele o marioneta infame que mimara
    su carencia de ser con lo exagerado del gesto: una muñeca
    llevada por los hilos invisibles de todas las manos
    y negada por todos los ojos. Como una muñeca me mimo
    a mí mismo y finjo
    delante de nadie que aún existo. Peonza
    en la mano del dios de los muertos. Como una muñeca extraviada
    en la ruta implacable de tantas otras, de las incontables marionetas
    que ejecutan su vida como un rito funerario,
    una obsesión senil o un delirio
    último de moribundo. Porque los hombres no hablan, me dije, dije
    a los ciegos que manchaban
    de heces y sangre sus zapatos al pisar mi cerebro.
    Y al momento
    de pensar eso, un niño
    orinó sobre la masa derretida,
    dando luego
    de beber vino rojo y fuerte a un sapo
    para que borracho riera, riera, mientras caía
    sobre le invierno de la vida la lluvia
    más dura. Y al verlo, y mientras me arrastraba
    cojeando entre los muertos, pensé: llueve,
    llueve siempre en las ruinas. Y mi madre rió, al oír aquel ruido
    que delataba mi pensamiento.

    Tras este breve recorrido por los momentos importantes de su biografía quedaría indagar en lo más personal de su vida: su amor por Ana María Moix no correspondido, el amor de Pere Gimferrer a él tampoco correspondido, la muerte de su madre muy mal llevada, y un deterioro -tanto físico como mental- que lleva a la duda de si cada vez lo que escribe es peor o mejor.

    La vida de Leopoldo está llena de la muerte de gente que si no bien es querida se le puede llamar cercana; primero su padre, luego su madre, Michi, Juan Luis, Ana María y por último él. Toda su vida fue un animal herido y, por lo tanto, más peligroso. La pregunta es: ¿para quién?

    Un ciervo herido es el que más salta
    lo oí decir a un antiguo cazador
    no es sino por el éxtasis de la muerte
    que actúa el freno.
    La piedra golpeada brota en manantial
    el acero pisoteado se comba
    una mejilla está siempre más roja
    justo donde más pica.
    La alegría es el caballero de las angustias
    en ella resguarda su brazo
    para que nadie pueda ver la sangre
    y gritar: ‘Estás herido’.

    Parece absurdo estar hablando de Leopoldo María Panero y no mencionar la locura en ningún momento, pues no es sólo la droga lo que le empuja a los psiquiátricos, es ese aura desconocida que atrae y repele a partes muy desiguales: «El loco yerra pero no miente. Además tiene la peligrosa manía de decir la verdad».

    Hembra que entre mis muslos callabas de todos los favores que pude prometerte te debo la locura.

    Dentro de su literatura prima la reiteración de elementos como pueden ser los sapos, la nada, el vacío, referencias a otros escritores, partes en otros idiomas, dios, la inocencia, etc. Elementos que podrían parecer normales dentro de la obra de todo escritor pero de los que él se adueña y pervierte abandonando la metáfora y mostrándote una realidad sórdida y plasmada sin tapujos de ningún tipo.

    Quien pudiera quebrar estos barrotes como espigas…

    Como hemos dicho la inocencia es una parte clave de su escritura, pero una inocencia que no es clasista ni tiene estigmas de ningún tipo. Incluye elementos y personajes populares como Blancanieves o Peter Pan.

    Peter Punk

    Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
    en el cielo están buscando el secreto de la nada
    todos los Niños Extraviados.
    Peter Punk es el amor y Campanilla su princesa
    Garfio busca en vano el secreto de su mano
    y Campanilla llora al pie del árbol extraviado
    adónde las sirenas y adónde los enanos
    Peter Punk intenta en vano su amor explicar
    en una playa desierta Campanilla lo dejó.

    Errático, inconexo o mal puntuado son calificaciones que podrían decirse de primeras pero que entran dentro del juego de su poesía, frases que parecen incompletas tanto de principio como de final y que tal vez lo estén para dejar a la imaginación todo lo demás. Presenta a esos personajes, conocidos por todos y los sitúa en una tesitura en la que no los habías llegado a imaginar nunca.

    En la infancia vivimos y después sobrevivimos.

    Podría decirse que esta frase define su filosofía, pero realmente creo que si Leopoldo no busca ni facilita un todo no puedes buscarlo y mucho menos encontrarlo.

    Quedan en el tintero muchas cosas de este escritor que me parecen resaltables como el “extraño” trato que tuvo con su madre, la pugna literaria que no fue con su hermano Juan Luis, Michi, un sinfín de elementos más a analizar en su vasta poesía pero también en su prosa y ensayo, las torturas en los psiquiátricos, sus colaboraciones en la creación de libros y discos como el que hizo con Carlos Ann y Bunbury, otra película e incluso las entrevistas en las que se le puede ver desde hablando de prensa rosa en Telemadrid hasta con Labordeta en un manicomio.

    Leopoldo se aprovechó de su personaje en sus primeros años de escritor y le acabó devorando, fue un poeta maldito al uso de arriba hacia abajo. En sus últimos años dijo que ya no se planteaba suicidarse, incluso que esperaba que le propusiera «el padre Cucharón» (Juan Carlos I) para recibir el Nobel. Consiguió entender el sentido último de la vida que es la nada, después de la vida hay exactamente lo mismo que antes de ella: Nada. En mayúsculas. No hay remilgos ni parte bonita, sólo crudeza y verdad en cada verso de su obra. O al menos veracidad. Lo dijo él, «el suicidio es esto: seguir viviendo».

    La cuádruple forma de la nada

    Yo he sabido ver el misterio del verso
    que es el misterio de lo que a sí mismo nombra
    el anzuelo hecho de la nada
    prometido al pez del tiempo
    cuya boca sin dientes muestra el origen del poema
    en la nada que flota antes de la palabra
    y que es distinta a la nada que el poema canta
    y también a esa nada en que expira el poema:
    tres son pues las formas de la nada
    parecidas a cerdos bailando en torno del poema
    junto a la casa que el viento ha derrumbado
    y ay del que dijo una es la nada
    frente a la casa que el viento ha derrumbado:
    porque los lobos persiguen el amanecer de las formas
    ese amanecer que recuerda a la nada;
    triple es la nada y triple es el poema
    imaginación escrita y lectura
    y páginas que caen alabando a la nada
    la nada que no es vacío sino amplitud de palabras
    peces shakespearianos que boquean en la playa
    esperando allí entre las ruinas del mundo
    al señor con yelmo y con espada
    al señor sin fruto de la nada.
    Testigo es su cadáver aquí donde boquea el poema
    de que nada se ha escrito ni se escribió nunca
    y ésta es la cuádruple forma de la nada.

    Ars Magna

    Qué es la magia, preguntas
    en una habitación a oscuras.
    Qué es la nada, preguntas,
    saliendo de la habitación.
    Y qué es un hombre saliendo de la nada
    y volviendo solo a la habitación.

    El loco mirando desde la puerta del jardín

    Hombre normal que por un momento
    cruzas tu vida con la del esperpento
    has de saber que no fue por matar al pelícano
    sino por nada por lo que yazgo aquí entre otros sepulcros
    y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
    de demonio o de dios debo mi ruina.

    A Francisco

    Suave como el peligro atravesaste un día
    con tu mano imposible la frágil medianoche
    y tu mano valía mi vida, y muchas vidas
    y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento.
    Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida
    porque eras suave como el peligro,
    como el peligro de vivir de nuevo.

    Un asesino en las calles

    No mataré ya más, porque los hombres sólo
    son números y letras de mi agenda
    e intervalos sin habla, descarga de los ojos
    de vez en vez, cuando el sepulcro se abre
    perdonando otra vez el pecado de la vida.
    No mataré ya más las borrosas figuras
    que esclavas de lo absurdo avanzan por la calle
    agarradas al tiempo como a oscura certeza
    sin salida o respuesta, como para la risa
    tan sólo de los dioses, o la lágrima seca
    de un sentido que no hay, y de unos ojos muertos
    que el desierto atraviesan sin demandar ya nada
    sin pedir ya más muertos ni más cruces al cielo
    que aquello, oh Dios lo sabe, aquella sangre era
    para jugar tan sólo.

    (Un loco tocado de la maldición del cielo)

    Un loco tocado de la maldición del cielo
    canta humillado en una esquina
    sus canciones hablan de ángeles y cosas
    que cuestan la vida al ojo humano
    la vida se pudre a sus pies como una rosa
    y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
    una Princesa.

    Dedicatoria

    Más allá de donde
    aún se esconde la vida, queda
    un reino, queda cultivar
    como un rey su agonía,
    hacer florecer como un reino
    la sucia flor de la agonía:
    yo que todo lo prostituí, aún puedo
    prostituir mi muerte y hacer
    de mi cadáver el último poema.

    Inédito de «Poemas del manicomio de Mondragón»

    Hay cuatrocientos hombres
    que se lavan en la piedra de la desdicha
    ¿vendrás mañana?
    Tú eres la única esperanza a la piedra de la desdicha
    pues todo otro es un mundo posible.
    ¿Otra vez vendrás mañana?
    Es fácil decir para siempre.

    Mutis

    Era más romántico quizá cuando
    arañaba la piedra
    y decía por ejemplo, cantando
    desde la sombra a las sombras,
    asombrado de mi propio silencio,
    por ejemplo: “hay
    que arar el invierno
    y hay surcos, y hombres en la nieve”
    Hoy las arañas me hacen cálidas señas desde
    las esquinas de mi cuarto, y la luz titubea,
    y empiezo a dudar que sea cierta
    la inmensa tragedia
    de la literatura.