Etiqueta: Talón de Aquiles

  • Microartefactos, Daniel Rivallo (Ed. Talón de Aquiles, 2022)

    Microartefactos, Daniel Rivallo (Ed. Talón de Aquiles, 2022)

    Nos encontramos ante un libro especial y muy personal; un libro en el que cada texto es una bre-flexión lúdica, como el mismo autor subtitula.

     Lo primero que me llama la atención es el gran dominio del lenguaje que tiene el autor, combinado con un arte a la hora de escribir relatos; un libro muy bien escrito que hace que el cerebro se active, pues hay que ir más allá de los que las letras explican a primera vista.

    Un conjunto de relatos escritos bajo la técnica In media res, que juega con el significado de las palabras dando lugar a ideas curiosas, distintas, que abren la mente a otros planos más allá de la lógica natural.

    Estoy convencida de que Daniel se ha divertido haciendo este libro, a la vez que ha profundizado, aunque de entrada no lo parezca, en una feroz y a la vez sutil crítica:

    El golpe comienza desde el suelo, la energía se transmite a las piernas y recorre los músculos de la espalda, llega al hombro y al tríceps y finaliza en el puño; todo se paraliza alrededor del ring y lo único que se escucha es el conteo hasta diez del árbitro. Nocaut.

    Una vez finalizado el combate los políticos vuelven a ocupar sus escaños, mientras los empleados limpian el linimento de saliva de sus asientos.

    -Fragmento de Nocaut.

    Con una afiladura brillante, en los mini textos que presenta (artefacto: hecho con arte), entretiene y a su vez hace pensar y, por qué no, abre los ojos. Lo curiosos del libro es que, para esto, el lector ha de ser parte activa, no limitarse sólo a leerlo, sino atreverse a entrar en cada uno de los textos, jugar con el autor a través de los códigos QR que acompañan algunos textos, escogiendo, en su caso, alguna opción que el autor propone. No es un libro de lectura y ya, es un libro que no tienen sentido si no hay una mente al otro lado dispuesta a ver las cosas de otro modo, a descubrir un submundo que está ahí, tras todas las cosas, pero que hay que atreverse a contemplar.

    Le recetaban píldoras para curar sus axiomas.

    -Peregóricas

    Se denota cierto rigor científico, cierta tendencia analítica en todos los textos y, sin embargo, va más allá de lo puramente científico, abre nuevas puertas a nuevas dimensiones, a nuevos pensamientos y visiones que conviven con el mundo y las cosas tradicionales.

    Es un libro que creo que hay que leer simplemente por el placer de adentrarse en otras dimensiones, aprender a jugar con los vocablos y los significados, aprender, ir más allá, salir del acomodo mental habitual y descubrir otras estancias almacenadas dentro de nuestra cabeza que quizás, de otro modo, no habríamos abierto jamás.

    Sin duda alguna, se trata de un libro único y distinto, en el que el autor consigue hacer reflexionar a la vez que entretiene y divierte con sus textos mordaces, tan cargados de significados ocultos, de nuevas maneras de ver las cosas.

    Daniel Rivallo se define como filósofo, dramaturgo, areopagita (por vivir en las nubes), entomólogo de palabras y aforista con-pulso. A parte de Microartefactos, tambien es coautor del libro El punto sobre la y (Talón de Aquiles, 2021)

  • Adrenaluna, Anabel C. Huertas (Ed. Talón de Aquiles, 2021)

    Adrenaluna, Anabel C. Huertas (Ed. Talón de Aquiles, 2021)

    Cuando una se introduce en los poemas de Anabel sabe que está a punto de entrar en otro mundo; en el mundo oculto, mágico y soñador que existe, pero que no solemos percatarnos de que está.

    Este poemario desgrana las cuatro fases lunares a través de versos oníricos y plenos; un viaje hacia las partes más vistas y, sobretodo, las más ocultas de la luna, o de nosotras mismas.

    Todos mis cuerpos. Luna Nueva.

    no puedo ser tangible

    (ni real)

    sino certera

    La primera fase lunar, la que marca un comienzo, la que cierra una puerta y abre otra en la que ya empieza el mismo final. Anabel abre las compuertas del reino oculto en el alma y en el cuerpo, y muestra una verdad carnal y a su vez etérea de la persona:

    Que alguien nos muestre el rumbo de lo atávico

    allí donde un final nos da comienzo.

    Volver a los antiguos inicios es también una manera de recomenzar. Esta primera fase lunar se me antoja como cierta presentación, como mostrar esa cara oculta que, como decía Mark Twain, todos tenemos. Pero es una parte oculta onírica, distinta, mágica e inalcanzable. Más allá de la piel y los ojos hay un universo inmenso de luces y tactos que escapan a la realidad empírica. Se inicia un camino que no podemos ver, pero podemos sentir en nuestra propia carne y nuestra propia alma.

    Todo a través de un sentir acuoso que no se puede agarrar ni retener, pero que está, que nos llena y nos completa.

    Reinos de Saliva. Cuarto Creciente.

    Tú no lo sabes

    pero bajo los puentes

    de tus ojos rotos

    una gota de cielo

    remonta el río.

    Deseos y anhelos se dan cita en estos quince poemas que configuran el cuarto creciente. Los cuerpos celestes parecen conjugar para dar pie a una pasión y a una incertidumbre. Anhelos divinos que parten de la propia voz, de la saliva, y comulgan con una espera luminosa donde los cuerpos van más allá de cualquier roce, donde no dependemos de nuestra propia voluntad, sino de aquello divino que vive en nuestras entrañas.

    Querer domar lo indomable es un espíritu de rebeldía que se asocia, en estos poemas, con querer domar el aquello intangible que nos configura, que nos hace ser y, sobretodo, que nos hace elevarnos.

    Especial mención al último poema de esta fase creciente, donde se produce una unión, una comunión del anhelo intangible con el beso que todo lo desata. Y crece.

    Plenilunio. Luna Llena.

    Tenemos el don del mar,

    los de la plenitud del fuego

    los del querer de aire.

    El primer poema ya nos lleva a la plenitud: el don del mar, la plenitud del fuego…  Para mí, la parte más intensa del poemario, la más plena, donde los vuelos llegan más allá de la piel y de la carne, donde los deseos y las sombras se unen por un instante, y todo confluye en un lenguaje mucho mayor y que va mucho más allá de las palabras. Tiene un aire sagrado e íntimo que exalta el ánimo casi sin querer, y ahonda en nosotros mismos, en nuestros sentimientos, para lograr el amor más puro.

    Me parece una fase repleta de anhelos y deseos, de sueños vaporosos y de sombras que circundan las miradas, las almas, hasta dar con el centro más puro, el que late en la garganta, el que vibra en la mirada.

    Muy significativo el último poema de esta fase plena:

    El óxido me traba,

    me escupe, incertidumbre,

    en tu herrumbre

    y vomito tu epitafio,

    mi posdata de fuego

    blanqueando tu fragua.

    -Fragmento del Poema Hefesto.

    Malenconiria. Cuatro Menguante.

    La gota que hundió

    mi barco

    cayó de tus ojos.

    Última fase lunar, última parte del poemario. Poemas breves pero muy intensos, donde ausencias y vacíos se encuentran hiriendo los sueños, regreso al mar, regreso al lugar de origen de todas las emociones y todos los pálpitos.

    La estrella queda clavada en un costado, como el resto de un sueño que nunca olvidamos; la luna es la que lame las heridas, quizás por eso escribir es una manera de curarlas, de recordar ese sueño del que nunca hemos sido capaces de volver.

    La poesía de Anabel tiene un sello muy personal; entre elementos naturales y maleables, agua, estrellas, aire, cielo, barro… el poemario que casi se puede tocar; abre canales que no sabíamos ni que existían, ilumina la mirada y la embriaga. Un poemario que recomiendo para dejarse abrir a una misma, para dejar entrar todas las lunas en el pecho y hallar así la luz del sueño.

    Anabel C. Huertas es escritora y divulgadora. ha sido galardonada en diversos certámenes de poesía, participando a su vez en diferentes antologías de relato breve, relato erótico y poesía. Ha publicado e ilustrado el libro de poesía zen Semilla de Haiku para un tanka en flor, 2016. También es co-autora del precioso libro Hijo de la Luna Nueva, un cuento poético escrito para una serie fotográfica de la artista Irene Cruz, en una preciosa edición artesanal y limitada. Su último libro publicado ha sido la antología poética Ningún violín puede amarte, Editorial Balanceo, 2018.