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  • ¿Qué diferencia al poema de la prosa?

    ¿Qué diferencia al poema de la prosa?

    En este artículo, que etiqueto como “Buscando la polémica” porque la polémica y la crítica constructivas son imprescindibles para analizar un tema, trataré de lo que diferencia a la “prosa” del “poema”, y digo poema y no poesía, ya que “prosa” y “poema” son formatos de escritura, mientras que “poesía” es un género literario normalmente lírico, épico o dramático.

    Un género literario tiene que ver con el contenido del texto, por ejemplo: novela negra, romántica, de aventuras, de ciencia ficción, lírica, épica, humor, sátira, artículos técnicos, entrevistas periodísticas, autoayuda, etc. Por otra parte, un formato de escritura se basa en cuál es la estructura de un texto determinado del género que sea. Así, llamamos “prosa” a los textos corridos separados por signos de puntuación y párrafos sintácticos, y “poemas” a los textos cortados en versos. Estos cortes versales, que suelen corresponderse con estructuras sintácticas, salvo que haya encabalgamientos (lo que trataré en otro artículo) dan lugar a “versos” que tienen un ritmo generado por el número de silabas fonéticas y la distribución de las tonicidades de dichas sílabas que denomino «ritmo métrico». En otras ocasiones ese corte versal lo realiza el autor para resaltar su mensaje, prescindiendo del citado ritmo poético en versos que se denominan «versos libres» y no deben confundirse con los «versos blancos» que no tienen rima, pero están sujetos al ritmo métrico.

    Esta clasificación se complica ya que la palabra “poesía” tiene un significado polisémico ya que a veces se la identifica con “poema”, otras veces va más allá de los versos o aún de un texto escrito. Es verdad que la mayor parte de la poesía se materializa en poemas formados por versos, pero hay textos de prosa poética que se consideran poesía, aunque no estén partidos en versos y se publican en libros de poemas. Sin llegar a lo escrito por Bécquer: “¿Qué es poesía? (…) Poesía eres tú”, se denomina poesía a objetos que suscitan profundos sentimientos líricos, como por ejemplo poemas visuales con más imágenes que textos.

    Volviendo a lo habitual, la poesía se suele escribir en versos, aunque si te trata de versos libres están en una zona de frontera entre los poemas y la prosa poética. Del verso libre también pienso tratar en otros artículos, pero si queréis adelantar os dejo lo que escribí en la revista “Las nueve musas”: El verso blanco y el verso libre y El versolibrismo más allá de la métrica poética, o sobre Los encabalgamientos versales ya citados anteriormente.

    Como consecuencia de lo anterior, hay una cierta confusión entre “poesía” y “poema”, y no siempre queda clara la distinción entre “verso” y “prosa”. Vayamos al Diccionario de la Real Academia para ver si nos ayuda a aclarar estos conceptos:

    Poesía: 1. Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa. / 2. Cada uno de los géneros en que se dividen las obras literarias. Poesía épica, lírica, dramática. / 3. Por antonomasia, poesía lírica. / 4. Poema, composición en verso. / 5. Poema lírico en verso. / 6. Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje. /7. Arte de componer obras poéticas en verso o en prosa.

    Prosa: Forma de expresión habitual, oral o escrita, no sujeta a las reglas del verso.

    Verso: Palabra o conjunto de palabras sujetas a medida y cadencia, o solo a cadencia. Usado también en sentido colectivo, por contraposición a prosa. Comedia en verso.

    Verso libre: (Métrica) Verso que no está sujeto a rima ni a metro fijo y determinado.

    En resumen: Respecto a “poesía” hay muchas acepciones, por la citada polisemia de la palabra (por ejemplo, en la 4 le da el significado de poema), pero en general la RAE la califica como género poético, sobre todo de contenido lírico.

    Respecto a “verso”, “prosa” y “verso libre” el diccionario es mucho más conciso con las definiciones de las palabras.

    Yo intento ser cuidadoso diferenciando “poesía” de “poema”. Reservo “poema” para las obras concretas poéticas escritas en verso, y a veces añado “poemas métricos” para que quede claro que se trata de versos sujetos a medida y cadencia, como ya apunta la R.A.E. Respecto a la “poesía”, intento reservar la palabra para los géneros literarios líricos que, como dice la RAE, “manifiestan por medio de la palabra la belleza o el sentimiento estético”, o también para géneros dramáticos o épicos. Si estos textos están escritos en versos los denomino, asimismo, “poemas”. Por ello, prefiero llamar “poemas”, y no “poesías”, a las composiciones en verso del género humorístico, satírico, de denuncia o de otros géneros no relacionados con los anteriores.

    Volvamos al título de este artículo: ¿Qué diferencia al poema de la prosa? Queda claro que es el formato de la escritura, porque los poemas se escriben en versos (en general sujetos a medida y cadencia) y la prosa es la escritura normal en la que nos guiamos por las normas gramaticales. En cambio, el contenido del texto no es el condicionante y un texto lírico puede estar escrito como un poema lírico o como prosa poética.

    Veamos dos ejemplos del poemario de Juan Ramón Jiménez “Diario de un poeta recién casado” (1916), titulados “El amor en el mar” y “Soledad”

    El amor en el mar

    ¡Va a nacer también aquí y ahora! Vedlo. Nácares líquidos. Las sedas, las caricias, las gracias todas, hechas olas de espuma. ¡Ya!… ¡Allí!… ¿No?… ¿Será culpa del fraile?

    ¡Da ganas de llorar que el barco, ¡el oso este!, pese así, negro y sucio, sobre el agua, esa espalda de ternura! ¡A ver! ¡Que quiten de aquí el barco, que va a nacer Venus! -¿Y dónde lo ponemos? ¿Y dónde lo ponemos?

    ¡Apolo, amigo solamente de la diosa, que vas mientras tocan aquí el rosario, con tu ramo grana –blanco en la aurora, de oro al mediodía-, a tu casa del poniente! ¡Apolo, amigo solamente mío; Venus murió sin nacer, por culpa de la Trasatlántica!

    Soledad

    En ti estás todo, mar, y sin embargo,
    ¡qué sin ti estás, qué sólo,
    qué lejos, siempre, de ti mismo!

    Abierto en mil heridas, cada instante,
    cual mi frente,
    tus olas van como mis pensamientos,
    y vienen, van y vienen,
    besándose, apartándose,
    con un eterno conocerse,
    mar, y desconocerse.

    Eres tú, y no lo sabes,
    tu corazón te late y no lo siente…
    ¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!

    Son dos realizaciones poéticas, o sea dos poesías, la primera como texto corrido en prosa y la segunda como poema de versos blancos que combina versos de 5, 7, 9 y 11 sílabas de ritmos acentuales armónicos. Esto, junto a la coincidencia de los finales versales con estructuras sintácticas (lo que facilita las pausas versales), justifica que este texto se parta en versos como un poema.

    No obstante, hay algunos poetas contemporáneos que parten los textos en versos que no se sostienen ni por motivos sintácticos ni armónicos, ni tampoco por la descripción de las supuestas imágenes poéticas que contienen estos textos. Esto es algo que desmerece al verso, aunque pretenda ser “verso libre”, ya que el verso libre no sujeto a una cadencia rítmica debe tener, además de un contenido calificable como poético, un sostén sintáctico que no corte los “sirremas” gramaticales.

    Antonio Quilis, uno de los mejores tratadistas métricos, define el “sirrema” como “la agrupación de dos o más palabras que constituyen unidad gramatical perfecta, unidad tonal, unidad de sentido, y que además forman la unidad sintáctica intermedia entre la palabra y la frase.” La ruptura del “sirrema” entre dos versos consecutivos es algo muy difícil y solo es posible en algunos “encabalgamientos”, con un sostén de rima o metro silábico, pero no es posible si se trata de un “verso libre”.

    Quilis cita los “sirremas” típicos del español: sustantivo y adjetivo: la casa blanca; sustantivo + complemento de nombre: la casa de Juan; verbo + adverbio: vive bien; tiempos verbales compuestos: él había vivido; perífrasis verbales: tenía que venir; palabras con complemento preposicional: salir con Juan; y pronombre átono, preposición, conjunción con su elemento siguiente: lo siguiópor casaaunque vino.

    Pongo como ejemplo algunos cortes versales de Carlos Pardo; buen poeta, pero que a veces corta sus versos por donde no toca.


    Aunque mi predisposición
    era la de quien ora al cuchicheo
    de la grava, me distraían dos
    souvenirs
    y recordé un hogar minimalista (…)

    (…) Cambio de tema. No
    te conocí.

    Para mí queda claro que: “era la de quien ora al cuchicheo /de la grava, me distraían dos / souvenirs” y “Cambio de tema. No / te conocí.”, se trata de versos mal cortados. ¿Qué sentido tiene separar “dos” de “souvenirs”, o “No” de “te conocí”?

    Otro ejemplo de otro poeta conocido, Javier Rodríguez Marcos:

    Recuerda el paraíso. Era un lugar sin agua
    caliente. Una cortina
    partía en dos la casa (el horno de carbón
    a este lado —sin funcionar—
    y al otro aquel televisor en blanco y negro)

    Este primer corte versal creo que no aporta nada, sino todo lo contrario: “Recuerda el paraíso. Era un lugar sin agua / caliente. Una cortina”. ¿Qué sentido tiene cortar en dos versos el sustantivo “agua” y el adjetivo “caliente”? Si lo que quiere el poeta es escribir versos con ritmo métrico, les tiene que dar alguna consistencia sintáctica, ya que aquí no la hay, y además un buen recitado debería eliminar la pausa versal.

    Conclusión

    Prosa y poema son formatos de escritura. La “prosa” regida por las normas sintácticas y el “poema” por las normas métricas y la división en versos. De estas normas pueden escaparse los “versos libres”, pero siempre que los sustenten imágenes poéticas y estructuras sintácticas

    La “poesía” es un género literario asociado a lo lírico (o épico y dramático), pero hay una cierta polisemia de la palabra que la asimila a “poema”. Todos los poemas líricos son poesías, pero hay poemas humorísticos o de denuncia que no todo el mundo considera poesía. 

    La «prosa» abarca géneros muy variados y los influidos por el “lirismo” se consideran “prosa poética”, pero no poemas. Por último, los «poemas» deben estar divididos en “versos” que son más que renglones de escritura, ya que deben tener un cierto ritmo o cadencia, salvo que sean “versos libres” soportados por imágenes poéticas y por una estructura sintáctica.

    No sé si habrán parecido claras a todos estas explicaciones, ya que son términos que a veces en la práctica se utilizan mal, se solapan o se confunden. Por eso, quedo a la disposición de los lectores para todas las aclaraciones o dudas que se presenten.

    Ricardo Fernández Esteban ©

    Si después de la lectura de este artículo os interesa profundizar más en la estructura rítmica de los poemas, que distingue los versos blancos o con rima de los libres, deberíais consultar algún libro didáctico de «métrica poética». La métrica está injustamente desprestigiada u olvidada por los críticos en estos tiempos en que lo poético parece que debe basarse solo en la inspiración del texto y no en su estructura, pero la mayoría de los  mejores poetas siguen escribiendo con un ritmo métrico, más o menos visible en sus poemas. Además, «hasta para quienes quieren saltarse las normas, es preciso que las conozcan previamente, si no quieren que el salto sea al vacío». Yo, como autor os recomiendo mi tratado: «Métrica poética del idioma español» que pretende ser sencillo y la vez riguroso, oxímoron que intento romper con la exposición gradual de los temas y los múltiples ejemplos de versos y poemas.

  • La Décima

    La Décima

    Para hablar de la Décima, deberíamos comenzar hablando por la que hoy denominamos “Décima Antigua”, pero quizás sería más justo llamarla “Décima Original”, ya que es la precursora de las actuales.

    Es una combinación de diez versos octosílabos que riman en consonante, comúnmente dividida en dos grupos: primero 4 versos de rima abrazada (al estilo de una redondilla) y luego 6 versos. Una de las estructuras más utilizadas era: abba cddcdd. Aunque no era la única. También se utilizaba la forma contraria, la estrofa de 6 versos seguida de la de 4 versos: abbabb cddc.

    La Décima forma parte de los poemas que surgen como cancioneros medievales. 

    Téngase en cuenta que también existía la posibilidad de hacer una estrofa continuada de 10 versos. 

    En el siglo XVI el sacerdote y escritor Vicente Gómez Martínez Espinel, modificó la Décima.

    La estructura, desde entonces llamada “Décima Espinela” o simplemente “Espinela”. Igualmente, estructurada en dos semiestrofas de cuatro y seis versos, respectivamente, siendo la rima abba accddc. Nótese que se mantiene la rima abrazada de los primeros versos. Las estrofas están unidas por los versos 5 y 6 donde la rima se repite, siendo el verso 5 igual a la rima del 4, y el verso 6 igual de a la rima del 7, primero de la redondilla final.

    La idea principal es presentar la situación en los primeros 4 versos (abba) quedando los restantes 6 versos restantes para el desarrollo y cierre.

    Hasta finales del siglo XVI no fue muy conocida, hasta que Vicente Espinel, utilizó ampliamente su propia forma de “Décima” en su obra “Diversas Rimas” (1591). A partir de entonces se hizo rápidamente popular, al punto de la misma acaba por nombrarse por su apellido.

    Es una estructura que ha sido usado en todas las épocas de nuestra literatura, especialmente en la lírica, el teatro y el epigrama.

    La décima ha sido usada como parte de la Glosa, estructura basada en una redondilla o cuarteta seguida de 4 décimas, cada una de las cuales debe terminar en uno de los versos de la estrofa primaria. Resultando una composición compleja, rica y atrayente.

    Además de las mencionadas, donde la “Décima Espinela” es en definitiva la más difundida, podemos mencionar:

    La Décima Italiana (o Décima Aguda)

    Que surgió de las estrofas castellanas. Y la rima es diferente, basada en pareados, el 1º con el 2º verso, el 3º con el 4º el 6º, con el 7º con el 8º, y el detalle quizás más característico de esta décima es que el 5º rima con el 10º y son versos oxítonos, o de rima aguda. (aabbeccdde).

    La Décima Francesa

    La décima francesa es un poema de 10 sílabas formado por una cuarteta, un pareado, y una redondilla, con rimas independientes, pero todas consonantes e isométricas. Es decir, el 1er verso rima con el 3°, el 2° con el 4°, luego viene el pareado, o sea, el 5° rima con el 6°, posteriormente, el 7° rima con el 10° y el 8° con el 9° (abab cc deed).

    La Décima Irregular

    Que es una estrofa compuesta, que se caracteriza por utilizar sólo 2 rimas. Igualmente usa versos de arte menor, distribuidos en alguno de los siguientes esquemas: abba ab abbb o abab baab bb.

    La Décima de Pie Quebrado

    Promovido por Juan de Mena. Con rima aa4bbb4aacca. Sigue utilizando octosílabos, con la salvedad de que los versos 2 y 5 son de pie quebrado. 

    La Décima Alirada 

    Formada por 10 versos de siete y once sílabas rimados en consonante. Cabe destacar que este formato no ha sido tan utilizado. No presenta el mismo orden de las otras décimas, ya que ni el número de endecasílabos, ni el de heptasílabos es fijo, ni el orden de las rimas está preestablecido.

    De todas las mencionadas es justo darle el protagonismo que merece a la “Décima Espinela”, ya que es la más difundida, la más utilizada y la más aceptada en la actualidad.

    La Décima de Pie Forzado y Doble Pie Forzado 

    También se utilizan mucho las “Décimas de Pie Forzado” que se caracteriza porque cada décima debe terminar en el mismo verso. Y en las de “Doble Pie Forzado” los 2 últimos versos de cada décima se repiten.

    La Décima Encadenada 

    Es una Décima, más allá, de la elección de la rima, entre las opciones conocidas, la “Décima encadenada” se caracteriza porque cada décima comienza con el último verso de la décima anterior

    En diferentes países la Décima se unió con la música formando parte del conocido contrapunteo y es muy utilizado en centros populares de Hispanoamérica, improvisar décimas, entre dos poetas/músicos, acompañadas por instrumentos, donde se van contestando, formando un diálogo o una historia. Un arte digno de presenciar.

    Además de las señaladas, varios poetas emergentes hemos probado nuestros propios formatos. La Décima Pareada formada por 5 pareados isométricos (aa bb cc dd ee) y la Décima Céntrica formada por dos redondillas de igual rima o rima invertida, unidas por un pareado, isométricos, (abba cc abba / abba cc baab), son mi contribución a este vasto mundo de la décima.

    La Décima, pues, tiene, en sus diferentes formatos, indudablemente, larga vida. 

  • Poesía y erotismo

    Poesía y erotismo

    ¨La relación entre erotismo y poesía es tan íntima que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda, es una erótica verbal. Ambos están constituidos por una oposición complementaria. El lenguaje- sonido que emite sentidos, trazo material que emite ideas incorpóreas- es capaz de dar nombre a lo más fugitivo y evanescente: la sensación; a su vez, el erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación. El erotismo es sexualidad transfigurada, metáfora”[1].

    Estas palabras del escritor mexicano Octavio Paz nos vienen a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces no advertimos: la sensualidad de la palabra es infinita. Así como las palabras coquetean y escenifican un baile seductor nuevo cada vez que juegan a ser poesía, de la misma manera los cuerpos flirtean y se cortejan mediante el baile del erotismo. Poesía y erotismo son dos herramientas que, combinadas, pueden hacer del hombre y de la mujer unos seres capaces de tocar lo inmaterial entre beso y verso.

    Decía la poeta norteamericana Silvia Plath:

    Cierro los ojos y el mundo muere;
    Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
    (Creo que te inventé en mi mente).
    Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
    Sin sentir galopa la negrura:
    Cierro los ojos y el mundo muere.
    Soñé que me hechizabas en la cama
    Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
    (Creo que te inventé en mi mente).
    Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
    Escapan serafines y soldados de Satán:
    Cierro los ojos y el mundo muere.
    Imaginé que volverías como dijiste,
    Pero crecí y olvidé tu nombre.
    (Creo que te inventé en mi mente).
    Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
    Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
    Cierro los ojos y el mundo muere.
    (Creo que te inventé en mi mente)[2].

    El erotismo en la escritura es tan antiguo como la propia literatura. Porque el ser humano es ser social desde su origen. Y es ser amante y galanteador también desde su esencia. Los primeros textos de literatura erótica se remontan a la antigua Grecia, en torno al 400 a. C. donde el amor al placer por lo estético era puramente hedonista. En una cultura así, el erotismo llenó la vida cotidiana de vasijas y otros objetos decorativos con diversos motivos sexuales.  En otras ocasiones, el erotismo literario se asoció a la sátira y la crítica social. El libro Los diálogos de las cortesanas, por ejemplo, se atribuye al escritor griego Luciano (S. II) y está considerado el libro pornográfico más antiguo. Es curioso resaltar que fue precisamente Luciano quien empleó por primera vez el término lesbianismo para referirse a la homosexualidad femenina, realidad que se mantenía camuflada o ignorada, puesto que las mujeres se consideraban seres inferiores, tanto en sí mismas como en lo concerniente a nombrarlas.

    La poesía amatoria la encontramos en Grecia con Píndaro, Marco Argentario, Safo, Anacreonte o el propio Sócrates, quien recita a su amante: “Mientras besaba a Agatón mi alma inflamó mis labios/ ahí se detuvo, doliente, habiendo querido saltar a él[3].

    En el sigo IV llegó el Kamasutra, considerado el más universal de los manuales sobre sexualidad. Escrito por Vatsiaiana Mallanaga como un texto religioso dirigido al pueblo de la India, la obra es un tratado de usos y consejos de las artes eróticas, que van desde la sensualidad más sutil a la más gráfica reproducción de posturas para el acto sexual.

    Desde entonces, todas las épocas literarias han tenido su capítulo amatorio-erótico, aunque ha de decirse que la Edad Media no propició mucho el género, (el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita en el siglo XIV, fue un buen ejemplo excepcional de cómo hasta el clero añoraba los sentires y placeres del cuerpo en aquellos siglos oscuros previos al Renacimiento). Otro ejemplo de esto lo constituye la misa conocida como Risus Paschalis en la que se celebraba la alegría de la Pascua frente a la tristeza de la Cuaresma, ensalzando a través de la burla el triunfo de Cristo sobre la muerte. El sacerdote debía provocar la risa en el pueblo durante la misa de la mañana de Pascua. Para conseguirlo utilizaba los medios que tenía a su alcance, pero sobre todo un buen puñado de recursos cargados de contenido sexual. Contaba chistes picantes, usaba expresiones eróticas, utilizaba marionetas, hacía gestos obscenos, simulaba relaciones sexuales y hasta enseñaba los genitales para arrancar las carcajadas de sus fieles. El pueblo reía las gracias, se contagiaba de la alegría y alimentaba con nuevas bromas y burlas la celebración de la Pascua[4].

    La tradición nació en Francia durante el siglo IX, se extendió por todo el norte de Europa, Italia y España. Sin embargo, donde realmente caló esta celebración fue en Baviera. Se cuenta que allí la Risus Paschalis rozó el desenfreno total y que incluso varios actos sexuales explícitos se celebraron dentro del templo.

    Pero es en los siglos XVI y XVII cuando el erotismo eclosiona. Y lo hace de una manera total: con un lenguaje muy elaborado y que apela en todo momento a la sensualidad, uniendo el placer sexual con la exploración del cuerpo desde las distintas formas de entender la sexualidad y sin evitar, siquiera, la trasgresión moral ni la ruptura de tabúes (Garcilaso, Quevedo, Dante, Petrarca…). Y ya no para hasta la actualidad.

    Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Gioconda Belli, García Lorca, Cristina Peri Rossi, Paul Verlaine, Charles Baudelaire, Alejandra Pizarnik, César Vallejo… son tantos los nombres en los que el erotismo se hace poesía que, como diría Cortázar, “me tienes la ortografía llena de puntos suspensivos»:

    Un alevoso seno picassiano baila

    ex tempore celebrando banquetes de impudor.                

    Se entrona libidinosamente

    entre babas y excesos.

    Enajena la prudencia y

    en carne viva

    la acribilla.

    Muere la mesura asfixiada entre lentejuelas

    consexuadas y jadeos de saxofón de raso.

    Un alucinógeno oleaje de cópulas eufóricas

    traza círculos orgásmicos en aquelarres sinuosos

    de manos, muslos y sudor.

    El pezón sigue erecto tras el pitillo.

    Las sábanas son sabanas de delirio

    entre signos de exclamación desmadejados.

    ©Rosa Galdona.

    La gramática del deseo no tiene verbos,

    ni nombres ni adverbios,

    solo tiene tu sinuosidad lasciva sosteniendo

    erecta mi ortografía (des)perfecta y hambrienta.

    ©Rosa Galdona.

    La conjugación de tus muslos y mis entrañas

    comulga

    en el sacrilegio concupiscente

    de un cosmos de simas.

    [1] Octavio Paz, La llama doble.

    [2] Canción de amor de la joven loca, de Sylvia Plath.

    [3] Platón [429- 347 a.C. Discípulo de Sócrates y fundador de la Academia]

    [4] Enrique Martínez-Salanova Sánchez, Erotismo en el arte del Renacimiento.

    Artículo publicado en la revista canaria Tamasma Cultural.

  • Dos poemas y un experimento

    Dos poemas y un experimento

    Cuando converso con alguien que me dice que no le gusta la poesía, siempre tropiezo con los mismos motivos o, mejor dicho, prejuicios. Algunos argumentan que es un género pasado de moda y utilizan adjetivos como afectado o artificial. A veces hasta lo califican abiertamente de cursi o ñoño y afirman que se emplea solo para hablar del amor romántico. Cuando les pido que me nombren algún poeta que conozcan, a menudo mencionan a Bécquer y sus versos más relamidos. Sin duda la ven como la hermanita fea y tonta de la Literatura.

    En el lado opuesto están los que la consideran como algo demasiado complicado, sublime, tan elevado que es cosa de unos pocos elegidos. Sostienen que leer poemas les hace sentir incómodos porque no llegan a entender de manera clara lo que el autor quiere expresar. Me atrevería a decir que estas personas padecen algún tipo de metrofobia, es decir, sienten temor ante la poesía o, en muchos casos, ante su propia falta de control absoluto sobre el significado del poema. En mi experiencia, los aquejados por este problema suelen tener una mente analítica y pragmática y normalmente se inclinan por las Ciencias antes que por las llamadas Humanidades.

    Pues bien, me gustaría intentar hacer cambiar de idea a unos y a otros. Sé que no es una empresa fácil y que no se pueden eliminar prejuicios como el que utiliza una goma de borrar sobre una frase escrita a lápiz, pero me voy a atrever a través de un pequeño experimento.

    Para esta demostración voy a emplear poemas de dos grandes poetas uruguayas: Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) e Ida Vitale (Montevideo, 1923). El primero, el de Peri Rossi, se titula “La pasión”, pertenece a su poemario “Babel bárbara” de 1991, y es un poema de amor:

     La Pasión 

    Salimos del amor

    como de una catástrofe aérea

    Habíamos perdido la ropa

    los papeles

    a mí me faltaba un diente

    y a ti la noción del tiempo

    ¿Era un año largo como un siglo

    o un siglo corto como un día?

    Por los muebles

    por la casa

    despojos rotos:

    vasos fotos libros deshojados

    Éramos los sobrevivientes

    de un derrumbe

    de un volcán

    de las aguas arrebatadas

    y nos despedimos con la vaga sensación

    de haber sobrevivido

    aunque no sabíamos para qué.

    Difícilmente se podría definir este texto como un poema romántico en el sentido de sensiblero. La poeta describe el estado físico y emocional en el que se encuentra alguien tras una experiencia amorosa que se compara con la supervivencia ante un desastre. Sin embargo, y a pesar de no contener el vocabulario o las imágenes que normalmente asociamos con ellos, la pasión amorosa y el erotismo se pueden palpar en todo el texto. 

    El segundo poema de nuestro experimento fue escrito por la longeva y vitalista Ida Vitale, galardonada entre otros con el Premio Cervantes en 2018, se titula “El Pozo” y aparece en el poemario “De palabra dada” de 1953: 

    El Pozo 

    Suponiendo que estamos en el fondo
    de un pozo imaginario;
    que ese pozo tiene altura,
    brocal, más allá cielo
    para alguien que lo alcance;
    y dando por sentado
    que tiene un contenido
    en esperanzas yertas,
    averígüese el tiempo
    que habrá de transcurrir
    para que quien está
    en lo más hondo de él
    llegue hasta arriba.
    Formúlese la respuesta
    en sueños viables,
    fines laberintos,
    ilusiones volátiles.
    Calcúlese también
    la energía perdida
    cada vez que se vuelve
    a tocar fondo.

    La genialidad de esta composición poética reside en que tiene el formato característico de un ejercicio de Física y, sin embargo, trata de la desesperanza, el desánimo, el abatimiento, algo que difícilmente se puede superar mediante una fórmula matemática. Las emociones que transmite van más allá de cualquier experimento empírico y son imposibles de medir en magnitudes físicas. 

    La originalidad de estos dos poemas queda patente en el enfoque novedoso que las dos poetas dan a los temas tratados, sin embargo, esto no es suficiente para que sean calificados como de calidad. Que algo sea innovador, diferente, no significa necesariamente que sea bueno. Entonces, ¿qué hace extraordinarios a estos versos que, por otra parte, no son sino un ejemplo de los muchos que podríamos encontrar en la Literatura en español?

    Tanto Peri Rossi como Vitale demuestran una gran maestría en lo que en mi opinión son los elementos imprescindibles de la buena poesía: Las dos han seleccionado el vocabulario de forma minuciosa y coherente con el mensaje y la forma; han logrado imprimir ritmo y musicalidad (algo que se demuestra con la lectura en voz alta de los textos) aunque los poemas no contengan rimas ni una métrica definida; evitan el empleo de “lugares comunes”, esos clichés tan manidos que ya no nos conmueven (de hecho la “rareza” de las imágenes empleadas impacta al lector y le hace seguir la lectura con interés); finalmente, el mensaje que transmiten se sugiere, se insinúa, y de esta forma se hace atemporal y universal, cualquiera puede hacerlo suyo por mucho tiempo que haya transcurrido desde su publicación.

    Si han llegado hasta aquí leyendo este artículo, doy por bueno el experimento, aunque no haya convencido a nadie de que la poesía no tiene por qué ser cursi ni llena de tópicos ni ser sólo para un grupo de intelectuales ociosos. En cualquier caso, cada amanecer nos brinda una nueva oportunidad para disfrutar de ella, lo que no es poco. 

    Artículo publicado en Revista Canarias Literaria nº 3

  • Poesía es todo

    Poesía es todo

    La poesía es como el viento,

    o como el fuego, o como el mar.

    Hace vibrar árboles, ropas,

    abrasa espigas, hojas secas,

    acuna en su oleaje

    los objetos que duermen en la playa…»

    José Hierro (poeta español)

    Estas palabras son, acaso, la instantánea que capta la esencia misma de la poesía. Poesía es todo. Cualquier cosa. Un sentimiento en primera persona y una voz que lo verbaliza. Ya está. Es algo tan dúctil, tan flexible, tan vasto en el universo vasto de los sentimientos humanos, que solo hay que dejar fluir pensamiento y palabra. Y ahí nace.

    La poesía, como creación humana, se remonta a la Grecia de Platón, quien en su Banquete la define como poiesis, es decir, creación o producción que nace para ser y, por consiguiente, para dejar de “no ser”. De la inexistencia al acaecer. Esa es la génesis de cualquier realidad. Desde Platón ha pasado mucho tiempo, pero la esencia de la creación artística sigue siendo fiel a aquella filosofía de “construir de la nada (pensemos, si no, en una escultura, en una pintura, en una partitura… el creador materializa lo que antes solo estaba en su cabeza).

    Es tan amplio el camino de la creación poética en la Historia de la Humanidad que intentar un viaje por los versos es una aventura, a priori, incompleta y por supuesto subjetiva. Tanto como la poesía misma. Por eso, la selección que se haga en esta sección no aspira a otra cosa que la de esbozar una pincelada del maravilloso y anchísimo mundo de los versos. Bienvenidos al viaje.

    Decía Gloria Fuertes en “Sale caro ser poeta”:

    Sale caro, señores, ser poeta.

    La gente va y se acuesta tan tranquila

    -que después del trabajo da buen sueño-.

    Trabajo como esclavo llego a casa,

    me siento ante la mesa sin cocina,

    me pongo a meditar lo que sucede.

    La duda me acribilla todo espanta;

    comienzo a ser comida por las sombras

    las horas se me pasan sin bostezo

    el dormir se me asusta se me huye

    -escribiendo me da la madrugada-.

    Y luego los amigos me organizan recitales,

    a los que acudo y leo como tonta,

    y la gente no sabe de esto nada.

    Que me dejo la linfa en lo que escribo,

    me caigo de la rama de la rima

    asalto las trincheras de la angustia

    me nombran su héroe los fantasmas,

    me cuesta respirar cuando termino.

    Sale caro, señores, ser poeta.

    En efecto, ser poeta no es labor baladí. Ni un entretenimiento para “señoritas desocupadas” al más puro estilo decimonónico. Ser poeta -si es que se consigue- es una lucha contra los elementos, contra las musas que no madrugan, contra el desánimo, contra los desasosiegos internos que no atinan a salir, contra los oídos sordos que pasan por ahí afuera, … contra tantas adversidades, que, realmente, quien escribe lo hace por auténtico amor a las letras:

    Un verso corteja errante

    las esquinas de mis manos.

    Un verso que es capítulo despistado

    del libro de los paladares de yerbabuena.

    Un verso desorbitado que mezcla

    huracanes y vértices,

    molinos y membranas de ángel,

    vinilos de jazz y abrazos de niña en busca

    de la receta perfecta del verbo…

    *Publicado en la revista canaria Tamasma Cultural

  • Elogio de la oda

    Elogio de la oda

    En un mundo donde lo que más parece atraer es la crítica feroz, donde los “odiadores” se extienden como una mancha de aceite ensuciando todo lo que tocan, donde el elogio suele equipararse a la sumisión absoluta o levanta la suspicacia de que se hace por algún motivo espurio o por un interés personal, me gustaría hacer una defensa de la oda.

    No hablo de la elegía —ya se sabe que tras la muerte todo el mundo es buenísimo— ni de la oda en su sentido más clásico, es decir, aquella composición lírica originaria de la antigua Grecia, escrita para ser cantada, en la que se enumeran las excelencias de una persona o se enaltecen sentimientos elevados con un estilo grandilocuente. Y no lo hago, no porque esté en contra de este tipo de textos, que merecen todo el respeto, sino porque lo único que pretendo es mostrar algunos ejemplos en los que se ha usado este tipo de poemas de forma novedosa y original, independientemente de que se les haya llamado odacanto o elogio

     Empezaré recordando el trabajo de algunos poetas consagrados del Romanticismo inglés del siglo XIX que escribieron odas utilizando la fórmula clásica de dirigirse directamente a quien o a lo que se exaltaba, empleando muchas veces la interjección “oh” como manera de expresar su asombro ante las grandezas que estaban alabando. Lo insólito de esta corriente artística era que se inspiraran en la naturaleza, en lugares lejanos y/o exóticos o en la Historia.  Veamos algunos fragmentos de odas románticas:

    “Oda al viento del oeste”, de Percy B. Shelley (1792-1822):

    “Oh, salvaje Viento Oeste, aliento del otoño,

    tú, de cuya presencia las hojas muertas

    se alejan, como espectros que de un hechicero huyeran,” 

      “Oda a una urna griega”, de John Keats (1795-1821):

    “Tú, ¡novia aún intacta de la tranquilidad!
    ¡Tú, hija adoptiva del silencio y del tardo tiempo,
    historiadora selvática, que puedes expresar
    un cuento adornado con mayor dulzura que nuestra rima! ”

    En España y en el primer tercio del s. XX, Federico García Lorca también empleó algunos de esos elementos clásicos, aunque siempre con la genialidad y el talento que le caracterizaba, en su famosa ”Oda a Salvador Dalí”, un canto de alabanza hacia alguien que admiraba y quería: 

    “¡Oh, Salvador Dalí, de voz aceitunada!
    No elogio tu imperfecto pincel adolescente
    ni tu color que ronda la color de tu tiempo,
    pero alabo tus ansias de eterno limitado.”

    Es a partir de la segunda mitad del siglo XX cuando encontramos, siempre desde mi punto de vista, las odas más singulares. Haré aquí una clasificación de las que me parecen más sorprendentes o curiosas por su temática o por su forma.

    1.- Odas sobre temas poco usuales, algunos considerados como tabú en nuestra cultura. 

    La estadounidense Sharon Olds (S. Francisco, 1942), que tiene entre otros muchos reconocimientos el Premio Pulitzer de poesía 2013 o el Premio internacional Joan Margarit de poesía 2023, ha escrito odas al clítoris, al pene, a las estrías o al himen. El comienzo de su “Oda al clítoris” (traducción del peruano Reinhard Huaman Mori) dice:

    “Pequeña ansia; 

    cesta de flores de una niña de espina suave
    y pétalo, cercana a la entrada de la columna
    de satén del pasillo interior; ”

    Por otra parte, el chileno Pablo Neruda (1904-1973) escribió un total de 225 odas a lo largo de la década de los cincuenta, comenzando con las contenidas en Canto General (1950) y continuando con Las Odas Elementales (1954), Nuevas Odas Elementales (1956), Tercer Libro de Odas (1957) y Navegaciones y Regresos (1959). En estos poemas Neruda pretendía reflejar la historia del tiempo que le tocó vivir, sus cosas, los oficios, las gentes, las frutas, las flores, la vida, su posición, o la lucha. Como es de suponer, podemos encontrar odas a cosas tan dispares como al chocolate, al día feliz, a la papa o al gato. Este es el comienzo de su “Oda a la cebolla”:

    “Cebolla,
    luminosa redoma,
    pétalo a pétalo
    se formó tu hermosura,
    escamas de cristal te acrecentaron
    y en el secreto de la tierra oscura
    se redondeó tu vientre de rocío”

    2.- Coincidentes en el fondo.

    Puestos a hablar de curiosidades, quiero mencionar a dos poetas que coincidieron en componer una oda a un elemento que utilizaban en su día a día en su labor literaria: la máquina de escribir. Pedro Salinas (1891- 1951) escribió su célebre “Underwood Girls” en 1931. El poema es un canto de exaltación a las teclas (las chicas o “girls”) de la máquina de escribir marca Underwood que empleaba:

     “Quietas, dormidas están,

    las treinta redondas blancas.

    Entre todas

    sostienen el mundo.

    Míralas aquí en su sueño,

    como nubes,

    redondas, blancas y dentro

    destinos de trueno y rayo,

    destinos de lluvia lenta,

    de nieve, de viento, signos.”

    Décadas más tarde, Francisco Umbral (1932-2007) hacía algo similar, esta vez con una Olivetti, en su poema “La máquina de escribir”: 

    “Pequeña metralleta entre mis manos,

    máquina de  matar con adjetivos,

    máquina de escribir, arma del tiempo.

    En todas las mañanas de mi vida,

    el tableteo audaz de mi olivetti,

    ese ferrocarril de ortografía

    en que viajo muy lejos de mí mismo

    o retorno a los campos de la prosa

    para reñir batallas en mi lengua”

    3.- Coincidentes en la forma. 

    Para acabar este particular homenaje a una forma lírica tan antigua y a la vez tan moderna, me gustaría hablar de las dos últimas odas de este artículo. Una está escrita por Mario Benedetti (1920-2009), titulada “Oda a la pacificación”, y la otra por Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973), de título “Oda a la creencia”. La de Benedetti apareció en su poemario “Letras de emergencia”, escrito entre 1969 y 1973, cuando Uruguay experimentaba una profunda crisis económica y social. La de Lanseros, de su libro “El sol y las otras estrellas” (2024), es totalmente distinta en su temática, sin embargo, es patente que la española hace un guiño al uruguayo al usar un formato propio de los trabalenguas o juegos de palabras. Aquí se las dejo para que puedan disfrutarlas. Al fin y al cabo, ¿qué es la poesía sino un juego? 

    ODA A LA PACIFICACIÓN (Mario Benedetti)

    No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
    pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan pólizas contra la pacificación
    y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados


    cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
    y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro


    es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda
    o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento


    en realidad somos un país tan peculiar
    que quien pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.

    https://youtu.be/n8ZtwVTwrg4 (En este enlace podrán escuchar al autor leyendo el poema)

    ODA A LA CREENCIA (Raquel Lanseros)

    Quién pudiera creer, seguir creyendo

    en ti que eras quien creyó que fuiste

    aquella que yo creí ser algún día

    cuando creía en tus ojos y, creyéndote,

    volvía a creer, crédula y sin descrédito.

    Hoy me cuesta creer que te creyera

    y, sin embargo, aunque no me creas,

    nada quisiera más que creer de nuevo,

    ligero el corazón de descreimiento,

    como solo se cree antes de haber creído.

    *Artículo publicado en la Revista Canarias Literaria nª 2

  • Estrofas de 6 versos:Del Sexteto a la Sexta Intercalada

    Estrofas de 6 versos:Del Sexteto a la Sexta Intercalada

    Hablemos de las estrofas de 6 versos en la poesía hispana, clásica y actualidad.

    Han sido de gran importancia históricamente y su uso aún está muy difundido. Existen estrofas de arte mayor, de arte menor y estrofas mixtas (versos de dos métricas alternadas). Las iremos revisando a lo largo de artículo.

    En principio hablaremos de las estrofas de arte mayor, o de las estrofas mixtas que combinan versos de arte mayor.

    Y para una próxima entrega hablaremos de las estrofas de arte menor.

    El Sexteto:

    Es una estrofa de seis versos de arte mayor, con el mismo número de versos, es decir isolilábica. Originalmente está formado por endecasílabos, pero existen muchas variantes. Su origen se ubica en Italia.

    Su rima es siempre consonante. La combinación de rima básica es ABCABC. Menos frecuente pero igualmente válido es la combinación  ABCCAB.

    Adicionalmente, existen diferentes variantes que revisaremos paso a paso, algunas de las cuales mezclan versos de arte mayor y arte menor.

    En líneas generales el sexteto, o cualquiera de sus variantes, no hace uso de versos sueltos o versos blancos. Tenemos dos excepciones a esta regla, la primera es un esquema poco conocido llamado “Sexteto Lira de Versos Blancos” que no analizaremos acá, toda vez que su estructura no está estrictamente definida. Y la segunda es un esquema moderno denominado “Sexta Intercalada” que analizaremos al final.

    Ejemplos:

    Yo no sé si eres muerte o eres vida,                             10A

    si toco rosa en ti, si toco estrella,                                   11B

    si llamo a Dios o a ti cuando llamo.                               10C

    Junco en el agua o sorda piedra herida                         11A

    sólo sé que la tarde es ancha y bella,                             11B

    sólo sé que soy hombre y que te amo.                           10C

    Dámaso Alonso*

    * En ese poema el autor se ha tomado ciertas libertades relacionadas con las sinalefas, por lo cual estrictamente medidas se presentan versos decasílabos y endecasílabos.

    La pluma corre sola, vehemente,                                   11A

    por el blanco papel, negra la tinta,                                 11B

    y antes de darme cuenta ¡he dicho tanto!                     11C

    Tengo miedo a escribir, sinceramente,                          11A

    la opción a la palabra, casi extinta…                             11B

    ¡Resulta peligroso alzar mi canto!                                 11C

    Alda Pascuzzo-Lima

    Posteriormente su uso se hizo más común utilizando versos alejandrinos.

    El Sexteto Paralelo:

    Es una estrofa de 6 versos de arte mayor, con rima consonante AABCCB. También llamando sexteto simétrico. Usualmente se utilizan endecasílabos, pero se pueden utilizar otros versos de arte mayor.

    Por ejemplo, Rubén Darío, en “El Clavicordio de la Abuela” utilizó eneasílabos.

    Ejemplo:

    Va la manita en el teclado,                                             9A

    como si fuese un lirio alado,                                          9A

    lanzando al aire la canción,                                            9B

    y con sonrisa placentera                                                 9C

    sonríe el viejo de gorguera                                             9C

    en los tapices del salón.                                                 9B

    Rubén Darío

    Sombras en que se ciernen mis recuerdos,                  11A

    trato de conservarlos como cuerdos                              11A

    ávidos de solemne transparencia;                                  11B

    cesa la prioridad ante el sufriente,                                 11C

    luces que se le niegan al presente                                  11C

    dándole sepultura en la conciencia.                               11B

    Libardo Blandón

    El Sexteto Alterno:

    En esta estrofa solo participan dos rimas, una para los versos pares y otra para los impares. Su esquema es: ABABAB.

    Ejemplo:

    Bucéfalo frustrado yo diría,                                           11A

    alzada pobre, hueso abandonado,                               11B

    de nombre Rocinante le pondría                                  11A

    luciendo como mulo mal cebado.                                 11B

    Abdjar corcel, también le envidiaría                              11A

    sin alas de Pegaso en el costado.                                   11B

    Pepe Soriano

    El Sexteto Agudo:

    Es una estrofa donde que se compone de versos de arte mayor (aunque puede combinar versos de arte menor), agrupados en la forma ABC’ ABC’ o AAB’ CCB’, debiendo los versos tercero y sexto terminar en palabras de acentuación aguda.

    Uno de los ejemplos más importante y difundido es, sin duda, la “Sonatina” de Rubén Darío.

    Ejemplo:

    La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?                     14A

    Los suspiros se escapan de su boca de fresa,                             14A

    que ha perdido la risa, que ha perdido el color.                         14B’

    La princesa está pálida en su silla de oro,                                 14C

    está mudo el teclado de su clave sonoro,                                   14C

    y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.                            14B’

    Rubén Darío

    Cabe mencionar que el Sexteto Agudo también puede ser mixto.

    En esos casos el tercer y sexto versos son de arte menor, o de arte mayor, pero más cortos que los principales, y siguen siendo agudos. Gustavo Adolfo Bécquer es uno de los autores que hizo uso de esa variante.

    Ejemplo:

    Al brillar un relámpago nacemos,                                             11A

    y aun dura su fulgor cuando morimos:                                    11B

    ¡tan corto es el vivir!                                                                 7c’

    La gloria y el amor tras que corremos,                                      11A

    sombras de un sueño son que perseguimos:                           11B

    ¡despertar es morir!                                                                    7c’

    Gustavo Adolfo Bécquer

    El Sexteto Lira:

    Es una estrofa de seis versos mixta, es decir, está formada por versos de arte mayor y de arte menor, específicamente y endecasílabos y heptasílabos alternados. Es de rima consonante y existen tres esquemas básicos de estructura de los versos: AbBAaB; abCabC; y, aBaBcC, todas igualmente válidas.

    Como otras composiciones que mezclan endecasílabos y heptasílabos, es de influencia italiana,  como lo son el Cuarteto Alirado y la famosa Lira (estrofa de 5 versos).

    El Sexteto Lira también es llamada “Sexteto Alirado” o incluso, aunque menos frecuente, “Lira de 6 versos”.

    Fue muy utilizada durante la era del Romanticismo.

    Ejemplos:

    Tus cuerdas de oro en vibración sonora                                     11A

    vuelve a agitar, ¡oh lira!,                                                            7b

    que en este ambiente, que aromado gira,                                   11B

    su inercia sacudiendo abrumadora                                             11A

    la mente creadora,                                                                      7a

    de nuevo el fuego de entusiasmo aspira.                                   11B

    Gertrudis Gómez de Avellaneda

    ¡Oh llama de amor viva,                                                            7a

    que tiernamente hieres                                                            7b

    de mi alma en el más profundo centro!                                 11C

    pues ya no eres esquiva,                                                            7a

    acaba ya, si quieres;                                                                   7b

    rompe la tela de este dulce encuentro.                                   11C

    San Juan de la Cruz

    ¿Tornarás por ventura                                                                7a

    a ser de nuevas olas, nao llevada                                              11B

    a probar la ventura                                                                     7a

    del mar, que tanto tienes ya probada?                                     11B    

    ¡Oh! Que es gran desconcierto.                                                 7c

    ¡Oh! Toma ya seguro, estable puerto.                                       11C

    Fray Luis de León

    La Sexta Rima:

    Sexteto de endecasílabos que riman en consonante, según la siguiente disposición: el primero con el tercero, el segundo con el cuarto, el quinto con el sexto. Son posibles algunas modificaciones en el esquema de disposición de la rima y la introducción de heptasílabos, especialmente a partir del Romanticismo.

    En ella intervienen tres rimas ordenadas de la siguiente manera: el primero verso con el tercero, el segundo con el cuarto, y el quinto con el sexto. Es decir, el esquema es ABABCC.

    Analizado la estrofa en partes, básicamente se puede decir que está formada por un Serventesio seguido por un Pareado de igual métrica.

    Algunos autores, han utilizado combinaciones diferentes, como AABCCB, AABCBC, ABCCAB. Son menos frecuentes, poco utilizadas en poesía española y siempre tendrán 2 versos de cada rima.

    Ejemplos:

    No más pedirte que tu blanca diestra                                         11A

    en mi sombrero ponga el fino lazo,                                           11B

    que en sus colores tu firmeza muestra,                                       11A

    que allí le colocó tu airoso brazo;                                              11B

    no más entre los dos un albedrío,                                               11C

    tuyo mi corazón, el tuyo mío.                                                     11C

    José de Cadalso

    Es en la oscuridad donde aparecen                                            11A

    los inútiles miedos y problemas,                                               11B

    alas grandes y oscuras te estremecen                                        11A

    pero tú los conviertes en poemas                                              11B

    porque eres al igual fiera y nobleza,                                           11C

    temor, locura, creación, belleza.                                                11C

    Alda Pascuzzo-Lima

    La Sexta Intercalada:

    Es una estrofa de 6 versos de reciente creación que se caracteriza por combinar versos de pie quebrado interpuestos con versos largos. La rima es abbcaa o AbBCaA. Donde los versos 2 y 5 son los versos de pie quebrado. La métrica de los versos cortos se define como la mitad de los versos largos. Por ejemplo, la forma básica de menor métrica está formada por versos de arte menor octosílabos y tetrasílabos: a8-b4-b8-c8-a4-a8.

    En los casos donde los versos largos sean impares, el verso quebrado se redondea al entero inmediato. Por ejemplo, en el caso de los endecasílabos (11) la mitad es 5,5 por lo tanto la estructura queda: A11-b6-B11-C11-a6-A11.

    Existen variantes de la misma, pero es un tema amplio para tratarlo en este apartado.

    Ejemplos:

    Viendo la vida en forma fervorosa                                            11A

    y en el fondo el miedo                                                               6b

    ese susurro que detiene quedo                                                  11B

    darle vueltas al mismo pensamiento                                         11C

    como mariposa                                                                           6a

    siempre en vuelo sobre la misma rosa.                                      11A

    Alda Pascuzzo-Lima

    Y amaneceré en el lecho del renacimiento                                14A

    con la sed de su fuente                                                               7b

    acristianando mi nombre bajo el sol naciente                           14B

    que decore mi reinado de labios amantes                                  14C

    pariré el testamento                                                                    7a

    que rubrique con mi fiel palabra lo que siento.                          14A

    Ana María González

    En una próxima entrega hablaremos de las estrofas de 6 versos de arte menor isosilábicas y las estrofas de 6 versos de arte menor de métrica mixtas.

  • Estrofas de 4 versos Mixtas: Del Cuarteto Lira a la Estrofa Sáfica

    Estrofas de 4 versos Mixtas: Del Cuarteto Lira a la Estrofa Sáfica

    Ya hemos hablado de la importancia de las estrofas de 4 versos en la poesía hispana, no sólo en la
    historia de la poesía clásica, sino en la actualidad.
    Anteriormente analizamos las estrofas de 4 versos de Arte Menor (8 sílabas métricas o menos) y
    de Arte Mayor (más de 8 sílabas métricas), ahora hablaremos de las estrofas de 4 versos Mixtas.
    Con “Mixtas” queremos hacer una recopilación de las estrofas más significativas y ampliamente
    utilizadas de 4 versos que combinan versos de arte menor y versos de arte mayor.
    Como suele suceder con las otras estrofas pueden ser un poema en sí mismas, o pueden formar
    parte de un poema mayor, ya sea del mismo tipo de estrofa, o combinadas con estrofas diferentes.
    ¡Comencemos!

    El Cuarteto Lira:
    Es una estrofa de cuatro versos que combina heptasílabos y endecasílabos. Es una de las formas
    aliradas” introducidas en España desde la literatura italiana.
    Tiene la particularidad de que la manera de combinar los versos es variable; pero la disposición
    de rimas, sigue dos esquemas fundamentales:
    – O riman primero y tercero y segundo y cuarto; o,
    – riman primero y cuarto y segundo y tercero.
    Es una estrofa de rima consonante. Sin embargo, algunos poetas han utilizado el mismo esquema
    con rima asonante.
    Los esquemas posibles serían: AbBa, aBAB, AbAb.
    Veamos un típico ejemplo AbAb:

    ¡Cuán solitaria la nación que un día (A11)
    poblara inmensa gente, (b7)
    la nación cuyo imperio se extendía (A11)
    del Ocaso al Oriente! (b7)

    José de Espronceda

    Ahora veamos ejemplo de su aplicación asonante:

    ¿Adónde voy? El más sombrío y triste (X11)
    de los páramos cruza, (b’7)
    valle de eternas nieves y de eternas (X11)
    melancólicas brumas. (b’7)

    Gustavo Adolfo Bécquer

    Pueden notar, un uso común en Bécquer, que su esquema deja libres los versos 1 y 3, y rima en
    asonante los versos 2 y 4.

    El Cuarteto Lira Suelto:
    Es una combinación de tres heptasílabos seguidos de un endecasílabo que no llevan rima, ni
    asonante, ni consonante (todos son versos libres).
    Veamos un ejemplo:

    A la orilla del mar,
    en una hermosa acera
    de una gran avenida,
    nos sorprendió un suceso prodigioso.

    Jorge Guillén

    La Seguidilla Gitana:
    Cuando analizamos las estrofas de arte menor, hablamos de la “seguidilla simple”, dado que
    aunque combina versos de diferente métrica (heptasílabos y pentasílabos) ambos son de arte
    menor.

    Cabe decir que la “familia” de las seguidillas es amplia.
    La Seguidilla Gitana es una estrofa que alterna hexasílabos (primero, segundo y cuarto versos)
    con un endecasílabo (tercero verso).
    Riman en asonante el primer verso con el tercero y el segundo con el cuarto (6a’6b’11A’6b’).
    Algunas veces sólo riman en asonante el 2 do con el 4 to versos.
    Se afirma que el mayor cultivador de la seguidilla gitana es Manuel Machado. Veamos un
    ejemplo:

    Las que se publican
    no son grandes penas;
    las que se callan y se llevan dentro
    son las verdaderas.

    Manuel Machado

    Otra de las variantes es que el último verso puede ser decasílabo, quedando la estructura
    (6a’6b’11A’10B’).

    La Seguidilla Real:
    Es otra variante de la seguidilla simple. Creada por Sor Juana Inés de la Cruz.
    Utiliza comúnmente rima asonante en los versos pares, quedando el primer y el tercer versos
    sueltos.
    El primero y el tercero son decasílabos, y el segundo y el cuarto hexasílabos, quedando la
    estructura original (10X 6a’ 10X 6a’).
    Veamos un ejemplo:

    Sin farol se venía una dueña
    guardando el semblante,
    porque dice que es muy conocida
    por las Navidades.

    Sor Juana Inés de la Cruz

    Posteriormente algunos autores la utilizaron con rima consonante en los pares, dejando los
    impares sueltos. Veamos un ejemplo:

    Apreciar el brillo de la aurora,
    bella bienvenida,
    la interconexión entre los seres
    en alta medida.

    La esencia misma de la bondad
    dulce y agradecida,
    luces, flores, aves, mariposas…
    ¡Gracias a la vida!

    Alda Pascuzzo-Lima

    La Endecha Mixta:
    Es una variante de la Endecha que alterna versos hexasílabos con versos heptasílabos y
    pentasílabos. En general, riman en asonante el segundo con el cuarto, mientras el primero y el
    cuarto quedan libres, quedando la estructura (6/7x 5a’ 6/7x 5a’).

    Río de Sevilla 6x
    ¡cuán bien pareces 5a’
    con galeras blancas 6x
    y ramos verdes! 5a’

    Lope de Vega

    La Endecha Real:

    Es una estrofa variante de la Endecha formada por tres versos heptasílabos y un endecasílabo.
    Esta estrofa fue inventada por Pedro de Espinosa en su poema “Los montes que el pie se lavan”.
    Su propuesta es consonante, rimando el primer verso con el segundo y el tercer verso con el
    cuarto, quedando la estructura (7a 7a 7b 11B).
    Veamos un ejemplo:

    ¡Oh, perdido primero
    tras un jabalí fiero!:
    no te pierdas ahora
    tras esa que te huye cazadora.

    Pedro de Espinosa

    Sin embargo se fueron sucediendo posteriores variantes, entre las cuales destaca la rima asonante
    entre el segundo verso y el cuarto, dejando libres al primer y tercer versos, quedando la estructura
    (7x 7a’ 7x 11A’).
    Por ejemplo:

    Rompe el volante leño
    los cristales turquíes,
    burlándose del Euro,
    que más cojea cuanto más le sigue.

    Francisco de Trillo y Figueroa

    La Estrofa Alcaica:
    Estrofa alcaica se entiende una estrofa compuesta de dos endecasílabos alcaicos, un eneasílabo
    alcaico y un decasílabo alcaico. Atribuida al célebre poeta Alceo de Mitilene.
    La estrofa alcaica fue ampliamente usada en el mundo latino, especialmente por Horacio, en sus
    Odas, y renovada por Carducci, consta de 4 versos sueltos, el primero y el segundo son
    decasílabos, formados por dos hemistiquios de 5, y terminados en palabra esdrújula, el tercer

    verso es un eneasílabo, comúnmente dactílico, y el cuarto es un decasílabo simple, quedando la
    estructura, sin acusar el ritmo, de la siguiente forma (10x 10x 9x 10x).
    Veamos un ejemplo:

    Tuve al mirarte cariño súbito,
    máximas ganas de estarme próximo
    a ti como sombra imantada,
    ¡como noche que abraza su luna!

    Alberto Salas

    Variante de la Estrofa Alcaica:
    El poeta Francisco de Medrano modificó la Estrofa Alcaida original en sus Odas.
    Creó dos propuestas, ambas consonantes, formadas por endecasílabos y heptasílabos.
    En la primera variante el primero y el segundo versos son endecasílabos y el tercero y el cuarto
    heptasílabos, y riman el primero con el cuarto y el segundo con el tercero, quedando la siguiente
    estructura (11A 11B 7b 7a).
    Veamos un ejemplo:

    Llégate al fuego, y quítame delante
    esos leños mayores. ¡Oh, qué brasa!
    ¡Y qué a sabor las asa
    Nise! ¡Y el Alicante

    qué tal es! Come bien, que están suaves
    las batatas, y bebe alegremente:
    que no serás prudente
    si necio ser no sabes.

    Francisco de Medrano (Oda V)

    (Nota: Cabe señalar que era de uso común considerar consonante el uso de la “v” y la “b”, por
    ejemplo, en el primer verso de la segunda estrofa “suaves” y el cuarto verso de la misma
    “sabes”.)

    En la segunda variante los tres primeros versos son endecasílabos y el cuarto heptasílabos.
    Igualmente riman el primero con el cuarto y el segundo con el tercero, quedando la siguiente
    estructura (11A 11B 11B 7a).
    Veamos un ejemplo:

    Sosiego pide a Dios en su desierta
    y alta mar, el piloto a quien la luna
    nubes robaron tristes y ninguna
    le luce estrella cierta.

    Francisco de Medrano (Oda XXIV)

    La Estrofa Sáfica:
    Es una estrofa de cuatro versos, originaria de Italia, que trata de imitar los metros clásicos. Se
    compone de tres endecasílabos sáficos y de un verso pentasílabo, normalmente con acento en la
    primera sílaba (verso adónico).
    Es muy parecido a un cuarteto lira.
    Apareció en España como muchas otras estrofas de origen francés e italiano, en el siglo XVI. Al
    principio sin rima, pero en el XVIII, pasaron a rimar el primer verso con el tercer.
    Esa es la estrofa sáfica que utilizamos hoy en día.
    Esteban Manuel de Villegas y Miguel de Unamuno utilizaron mucho esa estrofa. Éste último
    introdujo variaciones y esquemas alternativos, en cuanto al orden y a la rima. Por ejemplo: 11A
    11B 11C 5b, nótese que riman el segundo y el tercero. 11A 11B 11A 5b, nótese que en este caso
    riman el primero con el tercero, pero también el segundo con el cuarto; 11A 11B 7c 5b, nótese
    que riman el segundo con el cuarto, pero hace la introducción de un heptasílabo en el tercer
    verso.
    Veamos un ejemplo:

    Tú me levantas, tierra de Castilla,
    en la rugosa palma de tu mano,
    al cielo que te enciende y te refresca,
    al cielo, tu amo.

    Miguel de Unamuno

    Existe una variante de la estrofa sáfica conocida como “Estrofa de Francisco de la Torre”, de la
    que se diferencia sólo por tener el cuarto verso heptasílabo; sin rima, y quedando la métrica 11X
    11X 11X b7.
    Veamos un ejemplo:

    Escuchad vos mis quejas, que mi llanto
    no es indicio de no rabiosa pena;
    no vayan tan perdidas como siempre
    tan bien lloradas lágrimas.

    Francisco de la Torre

    En una próxima entrega, hablaremos de las principales estrofas de 5 versos y de 6 versos.

  • Estrofas de 4 versos de Arte Menor:  De la Redondilla a la Cuartilla Monorrima

    Estrofas de 4 versos de Arte Menor: De la Redondilla a la Cuartilla Monorrima

    En el esquema de métrica española se hace referencia a gran cantidad de estrofas de métrica específica. Las estrofas de 4 versos destacan, por haber sido usadas ampliamente. En sí mismas, pueden ser un poema, o pueden ser combinadas con otras estrofas de su misma naturaleza, o una combinación variada.

    Hablemos un poco de las principales estrofas de 4 versos de Arte Menor.

    Recordemos que los versos de Arte Menor son los que tienen 8 sílabas métricas o menos.

    La Redondilla:

    Es una estrofa de cuatro versos de arte menor, generalmente octosílabos, en la que riman el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero (abba).

    La redondilla fue ampliamente utilizada en la Edad Media. Posteriormente adquirió un tono de corte popular, siendo muy utilizada en composiciones largas, en muchos casos unidos a otras redondillas u otras estrofas de 4 versos de estructura distinta. Ejemplos:

    Parecer quiere el denuedo

    de vuestro parecer loco,

    al niño que pone el coco

    y luego le tiene miedo.

                      Sor Juana Inés de la Cruz

    ¿Adónde el camino irá?

    Yo voy cantando, viajero

    a lo largo del sendero…

    —la tarde cayendo está—

                      Antonio Machado

    Es importante destacar que, aunque es posible encontrar redondillas con versos menores a 8 sílabas, es indispensable la uniformidad. Bien, si se trabajara con heptasílabos, los 4 versos deben ser heptasílabos.

    Algunos autores también llaman “cuartilla” a la redondilla.

    La Cuarteta:

    Es una estrofa formada por 4 versos octosílabos, de rima cruzada o intercalada, es decir, riman el primer verso con el tercero y el segundo verso con el cuarto (abab).

    En la Edad Media se conservan obras de juglares donde se utilizaron profusamente. Muy utilizada durante el Renacimiento. Ejemplos:

    En el corazón tenía

    la espina de una pasión;

    logré arrancármela un día:

    ya no siento el corazón.

                      Antonio Machado

    Cabe señalar que los dos ejemplos que he colocado en redondilla y cuarteta de Antonio Machado, forman parte de un mismo poema (Poema XI). Lo que ejemplifica lo comentado al principio, el uso de diferentes estrofas de 4 versos, para realizar un poema largo, sean iguales o mezcladas.

    La Cuarteta Imperfecta:

    Llamada así porque es una cuarteta donde sólo riman los versos pares, es decir, el segundo con el cuarto, en rima consonante (-a-a). También es llamada “Redondela”.

    Tiene el mismo esquema de la Trova Paisa muy utilizada en cantos. Diferenciada principalmente por el tema desarrollado, y no por el esquema. Ejemplos:

    Mi hermana con su abanico

    sopla, y sopla sobre él.

    ¡Buen viaje, muy buen viaje,

    barquichuelo de papel!

                      Amado Nervo

    Deben ser uniformes si se trabaja con otra métrica (siempre de arte menor). Ejemplo:

    (Heptasílabos)

    Sí, sed como la piedra,

    como el canto rodado:

    puros y resistentes,

    terribles, obstinados.

                      Goytisolo

    La Trova Clásica:

    Es una composición poética de cuatro versos octosílabos contando hasta la última sílaba tónica. De rima consonante, rimando el primer verso con el tercero  y el segundo verso con el cuarto (abab).

    Se diferencia de la cuarteta en que sólo acepta como licencia poética la sinalefa, asimismo, expresa un pensamiento completo. Ejemplo:

    Por fin despliego la luz

    que un día guardé en el alma,

    así destrono la cruz,

    la que me quita la calma.

                      Hortensia Márquez

    La Copla:

    Es otra estrofa de arte menor, de 4 versos generalmente octosílabos, con rima asonante en los pares (-a’-a’). También llamada “cuarteta asonantada”.

    Al igual que otras estrofas de 4 versos, puede aparecer independiente, o en combinación con otras coplas. Se utiliza mucho en canto popular y declamaciones. Ejemplo:

    Por una mirada, un mundo;

    por una sonrisa, un cielo;

    por un beso…¡yo no sé

    que te diera por un beso!

                      Gustavo Adolfo Bécquer

    El hombre, para ser hombre,

    necesita tres partidas:

    hacer mucho, hablar poco,

    y no alabarse en la vida.

                      (Copla Popular)

    La Seguidilla Simple:   

    Es una estrofa de arte menor de métrica mixta. Está conformada por dos versos heptasílabos, el primero y el tercero, y dos versos pentasílabos, el segundo y el cuarto. Es de rima consonante o asonante en los versos pares (2º y 4º) y libres los impares (-b-b / -b’-b’)

    Era muy utilizada en la poesía española de los siglos XI y XII. Federico García Lorca retomó su uso con gran éxito.

    (Consonante)

    No quiero que me quieras

    ni yo quererte

    sino que me aborrezcas

    y aborrecerte.

                       (Poesía popular andaluza)

    (Asonante)

    Hacia Roma caminan

    dos peregrinos,

    a que los case el Papa,

    porque son primos.

                       Federico García Lorca

    La “seguidilla arromanzada” es una serie de seguidillas que conforman un poema largo.

    La Rima Estrófica Gemela:

    Es una estrofa básicamente por dos pareados monorrimos (aabb). Generalmente formada por versos octosílabos, aunque puede admitir versos de menor tamaño, respetando la uniformidad. Ejemplo:

    Si buscas el camino

    Que te da el destino

    No pienses, solo avanza

    En la vía a la añoranza

                      Gonzalo R.

    La Cuartilla Monorrima:

    Es poco conocida, es una estrofa parasilábica, usualmente de versos octosílabos. La rima puede ser asonante  o consonante, pero se mantiene igual en los 4 versos (aaaa / a’a’a’a’), por eso se le llama “monorrima” o “monorrimante”. Aun cuando los versos pudieran tener una métrica menor que 8, es indispensable que sean uniformes. Ejemplo:

    (Asonante)

    Por cada beso un suspiro,

    por cada novia un cariño,

    por cada voz, si es preciso,

    decir un poema de amigo.

                      Nelson Rivas

    En una próxima entrega estaremos hablando de las estrofas de 4 versos de Arte Mayor.

  • La lírica y el concepto de género

    La lírica y el concepto de género

    Cuando hablamos de “género lírico”, todo el mundo sabe a qué nos referimos. Sin duda casi todos lo relacionarán con el tema del amor. Incluso si usamos sólo el adjetivo, al decir que algo es “lírico”, también lo asociaremos con esta temática. Pero aquí ya tenemos dos cosas para investigar: qué es un género y si lo que define el género lírico es solamente la temática.

    Lo que se pretende al hablar de géneros es poder clasificar las obras literarias en tipos, en familias, igual que en biología se clasifican las especies por sus rasgos comunes. Sin embargo, la forma de clasificar es delicada porque puede observarse cada obra, o la literatura, según distintos puntos de vista. De acuerdo con Kurt Spang, hay diversos criterios para establecer la definición de los géneros literarios: cuantitativos, lingüístico-enunciativos, temáticos, históricos y sociológicos. Aquí nos vamos a centrar en los criterios lingüístico-enunciativos: cuando Todorov afirma que “un género, literario o no, no es otra cosa que esa codificación de propiedades discursivas” se refiere a la naturaleza verbal de la obra de arte literaria. Esto quiere decir que un texto literario es comunicación lingüística, con un mensaje que nos llega a nosotros, al receptor, desde un emisor, con un determinado código, un contexto, etc. Pero el texto literario es también arte, y el arte es un producto social. Esta naturaleza híbrida nos lleva a intentar comprender qué es lo que diferencia el discurso literario del que no lo es: en el literario, en términos pragmáticos, la relación autor-lector está regulada por un pacto de ficción implícito. El mundo del texto es un producto imaginario sujeto a diferentes normas de las que regulan el mundo objetivo.

    En esta forma de concebir el texto, al tratarlo como literario, nos encontramos con la tipología según la cual clasificarlos, pero en todas ellas existe el deseo de influir en el receptor mediante una conmoción interior, estimular la imaginación, compromiso o rechazo con la realidad y de proporcionar placer estético. El emisor o autor está oculto o disfrazado, detrás del narrador, uno de los personajes o el yo poético, y se da la paradoja de que lo que afirma el autor desde esa posición oculta y “segura”, aunque se dé en un marco de ficción o en un mundo imaginario, es verdadero.

    La obra literaria, por tanto, es un producto lingüístico y constituye un mensaje. A esta idea le estamos añadiendo que las diferenciaciones estilísticas tienen un carácter distintivo a la hora de establecer definiciones genéricas. El “lenguaje sazonado” de la tragedia -que decía Aristóteles en su Poética– es uno de los rasgos con los que aquélla se distingue de la comedia y la epopeya, por ejemplo. Pero estos rasgos estilísticos se fundamentan en la naturaleza del mensaje que está comunicando el autor y el fin que pretende que tenga tal mensaje en el receptor.

    Hay tres archigéneros en la división tradicional, la narrativa, la lírica y la dramática, o “actitudes supragenéricas”, según Wolfgang Kayser. En esto entra la historia literaria, porque todo lo que se clasifica tiene que tener en cuenta lo que se ha hecho anteriormente. Por eso dice Todorov: “El género es el lugar de encuentro de la poética general y de la historia literaria”. Es importante tener en cuenta la confusión que existe en llamar “género” a cada parte de la tríada convencional o, como prefiere Spang, a todas las subclases o subgéneros de cada una: oda, elegía, novela, cuento, etc. Por tanto, aquí vamos a referirnos tanto al “género lírico” como a los diversos “géneros líricos”.

    Como todo el mundo sabe, “lírica” viene de “lira”, evocando sus orígenes en el mundo de la antigua Grecia, donde estas composiciones literarias se cantaban al son de la lira. Más tarde iría perdiendo su carácter musical para quedar reservada a la lectura o a la recitación.

    ¿Qué tiene que ver la lira con esta creación literaria? Era para ser cantada, y en muchos casos lo sigue siendo. Antes se ha dicho que cabe relacionarla con el tema del amor. De acuerdo con esto, puede decirse que es el “género de los sentimientos”. La lírica es, por tanto, el género caracterizado por ser el cauce de expresión de la subjetividad del ser humano; de sus sentimientos y emociones al observarse a sí mismo y al contemplar el mundo en el que está inmerso (Estébanez Calderón, 2002: 625). La lira, atributo del dios Apolo, implica el encuentro entre la música y la poesía. Esta divinidad, que patrocina las artes, encarna la capacidad creadora de la poesía, el uso de la razón para la creación artística (en este caso, lingüística, literaria) a la par que para la habilidad en el manejo de instrumentos musicales. La simbología apolínea es profunda y compleja, pero sin duda tiene que ver con el género lírico.

    No obstante, la lírica tiene algo también de dionisíaco, como veremos a más adelante. Apolo y Dionisos son símbolos muy completos de la naturaleza humana, de la sociedad y de las artes y, como bases fundamentales de nuestra psique, son a la vez opuestos y complementarios.

    Hay diez rasgos fundamentales, de acuerdo con la enumeración de Kurt Spang (2011: 58-62) diferenciadores del género lírico, sin que haga falta recordar el carácter ficcional, como es propio de todo fenómeno literario. Estos rasgos son los siguientes:

    • La “interiorización”: lo externo se aprehende como interno. La alteridad que experimenta el poeta produce una fusión con la realidad. Esto es fundamental y es la clave de lectura de toda poesía lírica tradicional donde haya elementos de la naturaleza. El decorado exterior va a ser simbólico del estado interior del poeta, de ahí que se utilice el recurso del símbolo.  Este hecho conlleva que se trate de una expresión breve. La intensidad de la conmoción lírica no puede expresarse si no es con brevedad, porque las emociones no se pueden prolongar en el tiempo o, al menos, no cuando son intensas. Por eso las canciones no pueden ser largas.
    • No hay “historia”, en cuanto a la combinación de una trama con figuras, tiempo y espacio. Los textos líricos también presentan figuras, espacios, tiempos, pero solamente como soportes (casi siempre simbólicos) del tema que se está tratando en el texto. Lo que importa es la insinuación, no “contar” con principio y fin.
    • La predilección por la “instantánea”, relacionada con la naturaleza breve e intensa de la vivencia lírica. El poeta no elabora una trama, como se ha dicho en el punto anterior, pero tampoco una argumentación, como sería más propio de un ensayo, con coherencia externa. En la lírica el autor acumula sugerencias hábilmente organizadas para profundizar en un solo tema central, con la colaboración del lector. (Si encontramos una trama, es que ya hay hibridación con otros géneros narrativos o dramáticos, que también da lugar a muy buenas obras. También hay que señalar que, en los distintos grados de organización de la lírica, hay estructuras argumentativas breves, como en el soneto.)
    • La profundización en un solo aspecto se vincula con la brevedad y la “instantánea”, dado que al autor le interesa profundizar en un tema, no un despliegue de muchos. Se puede decir que en lírica prevalece la verticalidad, frente a la horizontalidad propia de otros géneros.
    • Configuración lingüística del texto con predominio de la función poética, es decir, los sonidos, palabras y oraciones adquieren valor estético por sí mismos, más que como signos referenciales que aluden a una realidad extraverbal. Prevalece el carácter connotativo del lenguaje frente al denotativo. En la poesía intimista y monológica se concentra la potencia sugestiva del lenguaje, con lo que se precisa la colaboración intensa del receptor.
    • Métrica: la versificación no es un requisito indispensable de lo lírico, como prueba el poema en prosa. Sin embargo, la forma métrica es un poderoso elemento estetizador que eleva el lenguaje por encima de lo cotidiano, le da un carácter individual.
    • Ritmo: muy relacionado con la métrica, aunque también puede haber ritmo en prosa. El ritmo es el centro neurálgico de la lírica: no en vano tiene orígenes musicales.
    • Su carácter oral remite también a dichos orígenes musicales. Suele sobreentenderse que la percepción auditiva del texto lírico es la forma más adecuada de su recepción. Incluso en la lectura silenciosa los elementos sonantes resuenan dentro de nosotros. Hay que señalar que algunos críticos como el profesor Vicente Granados (UNED) sostienen que ciertas poesías no son para leer en voz alta, porque sus rimas de cierto carácter sutil ganan cuando se realizan mentalmente, como en caso de Antonio Machado.
    • La musicalidad sería un rasgo de mayor amplitud que el ritmo, ya que la música no sólo se fundamenta en grupos de tónicas y átonas, pausas, etc., sino en lo que podríamos llamar “melodía”, a través de las combinaciones fónicas.
    • Comunicación lírica, que puede ser directa o diferida: en la lírica de tipo cancioneril la emisión y recepción suelen ser simultáneas, no dándose grandes problemas de interpretación, mientras que en la lírica de tipo monológico e intimista suele darse un espacio temporal, con dificultades de comprensión por su carga subjetiva.

    Kurt Spang, como se viene anticipando, distingue dos tipos de lírica (2011: 63-65):

    1) Lírica cancioneril o sociable: manifestación más antigua del género, que nace de la costumbre de cantar o acompañar de música ciertas actividades colectivas. El hecho de que estas composiciones estuvieran destinadas al canto las adecua a la recepción auditiva y no visual, incluso favoreciendo la dialogización, probablemente originada en los coros de la antigua Grecia. En la Edad Media, época floreciente de la lírica, en las jarchas y cantigas de amigo solía darse el diálogo entre una muchacha y su madre.

    Este marcado carácter oral, de recepción auditiva, se daba ineludiblemente en la poesía de Cancionero, también medieval. El tema prioritario, tanto en la vertiente popular como culta, es el amor, pero también hay otros temas como el trabajo, el culto religioso, las fiestas, temas burlescos, etc.

    El lenguaje es sencillo, en cuanto al léxico y la sintaxis. Semánticamente no es tan simple. Pero sí que son inevitablemente breves, al tener ese carácter oral. Abundan recursos como la repetición, el estribillo…

    Todo ello entra en concordancia con su función socializante, para mantener activa la convivencia, hecho que contrasta fuertemente con el hermetismo del segundo tipo de lírica.

    2) Lírica monológica e intimista: presupone una concepción del mundo más individualista y subjetivista, con una necesidad de autoafirmación y emancipación de lo convencional. No raras veces cae en el egocentrismo y sus manifestaciones autolesivas patológicas, como en algunos conocidos poemas de Cesare Pavere, pero cuya exaltación trae consigo un afán de originalidad muy renovadora. La adscripción a este tipo de lírica implica casi siempre innovaciones y el rechazo de lo tradicional. El único rasgo que se mantiene es la brevedad.

    Crece la importancia de lo visual ya que esta poesía es para ser leída, en silencio, en las páginas de un libro. Por eso también aparecen manipulaciones tipográficas, con valor también estético, y que culminan en los caligramas.

    En cuanto a temas no hay restricciones, de manera que hay desde las reflexiones más elevadas hasta temas intranscendentes.

    El lenguaje en la lírica moderna puede ser desde más o menos convencional hasta el que acogería osadas innovaciones lingüísticas. La métrica también es enormemente variada.

    En esta lírica, la monológica e intimista, que suele ser la más frecuente en la época actual, conviene resaltar las dos funciones que indica el autor con la siguiente cita (2011: 64-65):

    […] primero, la lírica que se entiende como plasmación verbal de las vivencias íntimas del individuo; una plasmación que se entiende como liberación en la palabra y a través de la palabra. Se produce la extraña paradoja de una coincidencia del egocentrismo y hermetismo por un lado y de la dimensión social ineludible que tiene toda actividad humana y que aquí se refleja como necesidad de comunicación […].

    La función social resulta particularmente patente en la segunda función, no siempre limpiamente separable de la primera, que es la de la llamada lírica comprometida o social en la que se produce […] el paso de «la poesía del “yo” al “nosotros”».

    Es decir, una función que vamos a llamar individual y la función social. Pero, como se puede ver, la individual ya implica una dimensión social, porque la poesía lírica es comunicación, como actividad lingüística, tal como se dijo al principio con las ideas de Todorov.

    A pesar del conocido decálogo de Spang, nosotros concentraremos los rasgos del género lírico en tres: la expresión de emociones, la atemporalidad y dicha proyección social, que va de la individualidad a la colectividad. En el próximo artículo explicaremos por qué.

    Por último, no debemos confundir formas métricas, como la silva, la octava, la lira, etc., con los géneros líricos. Aunque hay algunas formas que son propiamente géneros, como el soneto. García Berrio y Huerta Calvo esquematizan los géneros líricos de la siguiente manera (García/Huerta, 2009: 152):

     

     

    Bibliografía

    GARCÍA BERRIO, ANTONIO; HUERTA CALVO, JAVIER (2009): Los géneros literarios: sistema e historia. Madrid, Cátedra.

    SPANG, KURT (2011): Géneros literarios. Madrid, Síntesis.