Etiqueta: Fermín Herrero

  • Estancia de la plenitud

    Estancia de la plenitud

    Con su sabiduría poética, temática y formal, Fermín Herrero ha construido esta obra desde una atalaya bien delimitada. Atalaya con tres miradas: la del escenario geográfico, la de su tiempo pretérito personal y la del presente de creación y nostalgia. Pero esa trinidad se reduce a una: el arte de la poesía en la soledad del creador. Suficiente y total, en la Estancia de la plenitud, esa alcoba a la que uno aspira, en vida y en obra. El poemario es casi un manifiesto lírico, una biografía, un resumen de lo vivido, de lo sentido desde que se nace, una memoria. 

    El primero de los treinta y un poemas que componen esta cosecha se lanza casi como declaración y proclama; “Este es un canto de alabanza/ ya que no puede serlo de humildad/ por culpa del que, en vez de limitarse/ a la mirada, escribe cuanto ve,/ lo que piensa que ve, lo que pretende/ ver, aunque nada vea. Con los años,/ en lugar de agrandarse, el mundo/ se me ha ido empequeñeciendo,/ ni siquiera me sirve hablar/ en tercera persona. Con los años,…/”. Por otra parte, en el tercer poema, se celebra, muestra y revela desde dónde observa y desde dónde nos convoca el poeta; “En el silencio, lleno. Ningún ruido/ me afecta ya, cualquier deseo/ atajo fácilmente, nada me pasma. Es tal/ mi repelencia frente al trajinar/ que ni siquiera me perturba el miedo/ al desapego. Hasta del tiempo hago/ una celebración, lo hago instante,/ me sobrecoge. Estoy sentado en mi sillar/ de piedra de Las Peñas. Aquí el silencio/ se ocupa de mi soledad,/ ya no lo espero pues está/ para siempre. Junto al lugar”. 

    Ahí, en la “piedra de Las Peñas”, donde él está sentado (donde estuvo, donde imagina con acierto estar), contemplando el mundo, micro y macro, y gozándolo, al tiempo que toma nota para su palabra certera. Contenido y perspectiva. El qué y desde dónde. Situado queda el lector agudo.

    ¿Y desde ahí que nos muestra? La realidad poética construida en perfección formal y contenido humano. Toda una obra. Toda una Estancia de la plenitud, sostenida con las dos iluminadoras citas del principio, la de Giorgio Agamben sobre los poetas del siglo XIII y su sentido de la “estancia”, más la del gran Hölderin sobre la “plenitud”. Dos sustantivos que no necesitan adjetivos. Desde ahí, viaja con su pluma y papel para construir una realidad íntima en el tiempo y en el espacio. El paisaje que lleva dentro y el léxico que nos define, bajo el cielo azul de las Tierras Altas de la Castilla soriana. Palabra, constructo sintáctico propio y semántica que ilumina en su polisemia pues Fermín traza con nuestro vocabulario toda una metáfora que alcanza lo universal. Como ha de ser la poesía. Así, ese léxico de nuestros pueblos (carrizos, espadañas, guijarros, componendas, rastrojos, ulagares) recogido, “mientras el silencio/ se ocupa de mi soledad”, antes de que muera y mueran, le da un sentido de profundidad y categoría elevada, que se nos muestra íntimo. En este poemario está el aquí más cercano al autor, a sus predecesores y a sus coetáneos, que, no siendo muchos hoy en esta tierra baldía, somos unos cuantos conscientes de lo que se ventila.

    Ahí, el poeta, solo; ahí, la palabra, sola; ahí, la voz sola. Eso es poesía porque Fermín Herrero logra convertir en universal lo singular, en ese paseo visual y de memoria que habita en su interior. Eso es la poesía, la capacidad de trascender el yo y desde el yo. Porque no hay poesía sin palabra y no hay palabra sin sujeto. Un escenario: el paisaje de su infancia, los recuerdos del padre (“que me arrulla/ en su mirada candeal, en su honradez/ callada”) las palabras que nos moldearon: “Mira que he desgastado estos parajes/ y cuánto, mira que al intentar/ fijarlos una y otra vez, les he quitado/ latido, vida”. Todo ello, en el tiempo que nos forja y, a veces, nos abruma porque su paso es inexorable. He ahí los meses y las estaciones, que vagan sin parada ofreciendo a los sentidos bellezas diferentes: febrero (“lo que calla, lo que nunca alcanzaré”; abril (“la emoción en el aire/ en sus quietudes”); mayo (“un aire que/ hacia la claridad me ensimismaba”); agosto (“ya ha florecido/ el brezo en las laderas de los cerros”); octubre (“me recojo en su luz… en la brisa de otoño”); noviembre (“ha adelantado la clarividencia/ que en la nevada resplandece e iguala/ lo vivo con lo muerto”)…
    Estancia de la plenitud es un manantial del que sale un agua «corriente, pura, cristalina», mucho más caudalosa de lo que este espacio me permite acumular en mi glosa sobre este poemario. Es la plenitud de la memoria, la culminación de la palabra, manifestada en forma en la estancia del camino de la vida, tras haber sabido recoger la mirada que se lanza y la flecha del verbo en la montaña que ahora es balcón para el poeta, desde donde mira, se mira y crea en plenitud de vida personal.
    Nunca podremos captar la realidad en su inmenso ser y tampoco llevarla entera a la voz verbal pero el poeta nos ha reconstruido un mundo de goce, recuerdo y regocijo verbal (“… no recuerdo/ sino la extrañeza y, en medio/ de ella/ aún más extraña/ la poesía”). Acérquese el lector a la Estancia de la plenitud, su último brote en una obra ya consolidada, la de Fermín Herrero. Consolidada y reconocida en nuestras Tierras Altas de Soria y allende sus horizontes. Deténganse en la página 25, de síntesis gozosa. Poesía en estado puro, plenitud en la estancia de la vida. “Lo que no vi, lo que aun viéndolo/ no conseguí entender, aquello/ más simple todavía en su temblor/ pequeño”. Querido Fermín: mi felicitación por la nueva construcción, con goce de sentidos y gozo cerebral que regalas. No se la pierdan. Editorial PRE-TEXTOS.

  • Poesías familiares y domésticas

    Poesías familiares y domésticas

    Nos situamos en Ausejo de la Sierra. Ese es el espacio. Nos situamos en 1963. Ese es el tiempo. Y no lo digo porque este año se celebren los 120 de la Teoría de la Relatividad Especial, de Einstein. Espacio-tiempo único. Ahora, nos situamos en la memoria. Y esta es la última publicación del poeta soriano Fermín Herrero. Su título, el de este artículo. Fermín ha viajado en su recuerdo, personal, afectivo y poético y ha reconstruido con adobes ya fabricados una casa nueva, propia y compartida, entrañable y perfecta. Que conste, no obstante, que lo que la define no es el adjetivo sino la sustancia. ¿Por qué para reconstruir un mundo hemos de ir a las estrellas si tenemos Ausejo de la Sierra, el recuerdo de la infancia, la memoria de los padres, la llamada de nuestra obra y el valor de las palabras que nos moldearon?


    «Poesías familiares y domésticas». Una antología personal. Y algo más. Orientador título. Editorial Difácil. Noventa sabrosas páginas. Cuatro partes. La primera y la cuarta, bajo números romanos. La segunda, titulada «En casa de los padres». La tercera, «En casa propia». Más un prólogo de Julio Llamazares, que lo descifra todo y me deja en la tesitura de si puedo, o debo, añadir algo más y que sea provechoso. Lo titula «Bajando el puerto de Oncala». ¿Nos vamos allí?
    Igual Fermín nos ayuda con la «Nota de autor», de la página ochenta y siete. Yo he sentido un zarandeo especial al recorrer el camino. Fermín ha clavado en tierra finas señales para que nadie se pierda. “El trastorno de consagrar la vida entera a la literatura no solo afecta al paciente enajenado, sino también a cuantos conviven con él. Creo que… han venido, a lo largo de los años y los libros, estas poesías, por lo general hogareñas, de andar por casa, sin ínfulas ni pretensiones sublimes… me han servido… de alivio. Por eso, venciendo de nuevo los remordimientos derivados del necesario pudor conculcado, las he recogido aquí”. Querido Fermín, tu sinceridad ennoblece aún más tu palabra certera. Y poética, en el más puro sentido etimológico, de crear y hacer, que es lo que nos distingue como humanos. Lo espero, en estos tiempos de incertidumbre, donde Ausejo de la Sierra u otros ausejos sorianos siguen en su esencia de cielo y lomas. 

    Capítulo I: “VESTIDO de domingo, mi padre subía/ en bici el puerto, con amor, venidero./ Mi madre lo esperaba”. Segundo poema: “SECRETAMENTE/ tuyo, con un temblor/ de letra parvulita”. Capítulo “En casa de los padres”: “DE MI NIÑEZ, en el ventano del desván/ la luz de la mañana…”. “EN CASA de la madre, la pérdida/ del tacto no es posible”. Capítulo “En casa propia”: “Voy hasta la ventana. Vuelvo. Vuelvo sobre/ todo cuanto deseo…”. Capítulo IV: “EL DÍA EN QUE MURIÓ mi padre, el mismo casi/ en que nací, pletóricos, los almendros/ florecían, ajenos de todas a su ser / y al mío…”. Busquen el libro. Mastiquen las palabras. Paseen los versos y la nostalgia del relato. Nadie quedará indiferente. Fermín ha construido, con adobes previos, un mundo que llevamos dentro. “Este libro de Fermín Herrero, selección, según él, de sus poesías más humildes (familiares o domésticas, tanto da), es por eso la mejor manera de entrar de lleno en la poesía de un poeta que pasará a la historia”. Lo dice Julio Llamazares.  

    Poesías familiares y domésticas se puede encontrar aquí.

    • Publicado el 15 de noviembre de 2025 en El Día de Soria
  • «Temblor», asidero poético

    «Temblor», asidero poético

    Hace unas semanas participé en un concurso en Twitter por casualidad. Para mi sorpresa, gané dos ejemplares de una revista poética que no conocía, Temblor.

    Esta revista nace en enero de 2017 con el fin de aportar una visión diferente, de comentar y participar del momento poético y literario que les ha tocado vivir. Esta concepción de la poesía es clara: la poesía no puede ser gratuita ni puede renunciar a su afán de explicar la realidad mientras la atraviesa. TEMBLOR se desdobla en dos formatos: la revista impresa y la web. En papel, pone en diálogo diferentes voces con diversas inquietudes estéticas. Los números impresos son breves antologías donde autores jóvenes comparten espacio con los epicentros de nuestra poesía contemporánea así como con artistas gráficos, ilustradores, diseñadoras y fotógrafos.
    La web, en cambio, es un espacio cultural más dispar en el que tienen cabida otras artes y otras disciplinas.

    Hoy os voy a hablar del primer número que leí que es el segundo de la colección, el de noviembre de 2l17. Aunque ligeramente pasado en el tiempo, interesante por su contenido.

    Empezamos por su editorial, Recuperar lo real en el que nos comenta que

    Si rasgar lo real para abrirse a lo ajeno ya no es una preocupación, es sencillo entender los ejercicios de solipsismo y de absurda reducción del yo que lleva a cabo la nueva poesía que se vende masivamente o que post-truth (posverdad, en castellano) sea la palabra del año según el Diccionario Oxford . La poesía, si quiere serlo, no puede negar la búsqueda de lo verdadero, de lo ajeno, de lo real. Para ello, quizá sea de ayuda no perder de vista aquellos versos de Keats:

    Beauty is truth, truth beauty,—that is all

    Ye know on earth, and all ye need to know.

    A continuación tenemos una entrevista con Fermín Herrero, agricultor, profesor de instituto y poeta soriano que nos comenta que ‘el movimiento se demuestra andando, en los poemas, y el resto es literatura’.  A lo largo de la entrevista comenta que decir ‘ que la poesía sirve de algo es enfundarle una virtud que es inútil. La poesía es anti-pragmática.’ Nos recuerda la definición que de poesía dio Lorca ‘todas las cosas tienen su misterio, y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas’.

    QUE TODO ES REGALADO, ACUÉRDATE

    Que todo es regalado, acuérdate,
    que en mucho has de tener, más allá
    de ti, cualquier amor, cualquier indicio
    de amistad, de misterio compartido.
    Vivimos de milagro y eso es suficiente.
    Es cierta la belleza aunque lacere,
    sobrecoja, remanse y niegue el tiempo.
    Que es de admirar por junto, de parte
    a parte, lo pasado y lo por venir,
    de plenitud en plenitud. Si bien
    una sola constancia bastaría. Una sola.
    Que de tanto contento no se te acaben
    estos días si deja de alumbrar el sol,
    que dejará. Actúa como si no lo supieses
    y, ante lo inevitable, como fuere razón.

    A continuación, conocemos a Rocío Pescador, poeta madrileña que admira a Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik y Unica Zürn.

    LAS HORAS

    He vaciado el contenido de mi cuerpo
    para buscarte más allá de la puerta.
    Las manchas de tu piel nombran un idioma
    que ni existe ni podría existir.
    Porque el tiempo no amasa cristales
    ni las horas tejen signos.

    En nombre del reloj te invoco.

    Como un hachazo
    una ternura erosionada parte mi cerebro.
    Entonces mis manos son autómatas programadas para degollar.

    Hoy eres una paloma perdida.
    Mañana serás una mancha en la piel
    con raíces, con tentáculos, armada.
    Te invocaré en nombre del reloj
    pero el idioma de mi sangre no nombrará tu aparición.

    La siguiente voz poética es la de Lorenzo Martín del Burgo, escritor madrileño que busca contar historias recorridas de símbolos, crear atmósferas inmersivas y descubrir las vivencias de los personajes potenciando los huecos y figuras como la metáfora, la analogía y la repetición, generando nuevos ritmos y lógicas.

    VISIONES DEL SALÓN DEL TRONO: VERANO

    Antes de que el verano se acabe
    Querría volver a los manantiales,
    A tu castillo de oro entre las aguas
    Donde tus ancestros te dejaron
    Un museo de armas tranquilas,
    De cabezas de gigantes con los ojos cerrados
    Entre muros de cristales.
    Antes de que el verano se acabe
    Querría volver a tus máscaras difusas,
    A tu rostro como un abanico de espíritus,
    De luces pendientes de la quema
    Que me dan la mano a cambio
    De la sangre prestada.
    Sí, querría jugar una última partida
    Con los dioses que guardas
    Prisioneros en las cascadas,
    Gozosos de la asfixia.
    Antes de que el verano se acabe
    Querría que me bañases,
    Y querría subir a tu balcón,
    Y contemplar con nostalgia y crueldad
    La muerte de los colores del fuego.
    Estar allí sentado largo tiempo
    Y abrazar tus máscaras,
    (Tu oculta rigidez inconcebible)
    Moviéndose alternas, como un espejismo,
    (Tu oculta rigidez inconcebible)
    Mientras pienso en mis últimos estertores,
    En los huecos de mi tumba
    Inundada para siempre
    Y mi alma ya no me encuentre y pierda su camino
    En un fluir que se dirige hacia lo hondo…
    Cuando el verano se acabe.

    Acabamos con las palabras de Francisco Sánchez, poeta almeriense que no olvida que los elementos poéticos principales no cambian: tierra, fuego, aire y agua, manifiestos en sus múltiples formas.

    ODA AL VERDERÓN

    Duermen lápidas sin gente
    donde el ciprés se vistió
    de música y festival.
    ¡Canta, canta, verderón!
    ¡Oh rey de las soledades!
    Ángel de musgo te llamas,
    y en las sombras ya te posas
    a dar voz a la mañana.
    Se le arrima el verdecillo
    a la copa a beber són,
    de color y cielo hermanos.
    ¡Canta con el verderón!
    Devoraste las semillas
    más recónditas del tiempo.
    Ya germinan como astros
    en el erial de tu pecho.
    Un jardín lleva de plumas,
    los secretos del amor.
    Nuncio de la primavera.
    ¡Canta, canta, verderón!

    Una vez finalizada la sección poética, nos encontramos una ilustración poética de Guillermo Carnero y Guilmo antes de llegar a la sección llamada La réplica en la que Andrés Rosselló Oliver se pregunta ¿Qué posmodernidad podríamos querer?, modernas divagaciones de un acérrimo clasicista. En esta reflelxión, Rosselló acaba recomendando

    Esforcémonos en el poema: labremos cada palabra como si se tratara de un piedra preciosa de inconmensurable valor; esculpamos las imágenes como nuevos Fidias con la materia del ensueño; contemos y recontemos los acentos del renglón, y hagámoslos danzar sobre las cuerdas de los planetas. Tal esfuerzo nos distanciará de la agotada Modernidad (y de esta Posmodernidad que no nos lleva a ninguna parte); tal esfuerzo nos conducirá hacia (y, Dios mediante, hasta) la más moderna realidad, en la que estemos un paso más cerca de dar la mano a nuestros clásicos héroes del lenguaje poético; un paso más cerca de cerrar este círculo que comienza y termina en ellos.

    La última sección de la revista, Sismograma, es un artículo de Julio Salvador Salvador titulado Tratantes de versos que reflexiona  sobre los poetas que hemos conocido en este número de la revista.

    Una revista interesante, Temblor,  y de la que os volveré a hablar cuando lea el segundo ejemplar que me tocó en el sorteo.