La semana pasada os mostramos en el artículo Fútbol y poesía I, una serie de poemas de poetas reconocidos que los habían escrito teniendo presente el llamado deporte rey, el fútbol. También hicimos una pequeña reflexión sobre los derechos humanos en Rusia.
Antes de pasar a la lectura de cinco poemas más dedicados al #EquipoValiente del que formas parte, vamos a repasar todas las violaciones de los derechos humanos que se siguen cometiendo en Rusia mientras los jugadores van marcando goles y el mundo se calla.
Si estáis interesados en este tema, aquí tenéis unas pinceladas para no aburriros con estos pequeños detalles:
Cambios legislativos que permiten a las autoridades privar de la nacionalidad rusa a quienes la hayan adquirido “con la intención de amenazar las bases del orden constitucional [ruso]”
Ley que despenaliza los actos de violencia intrafamiliar cometidos por “familiares cercanos” que causen dolor pero no heridas o pérdida de capacidad para trabajar.
Miles de personas que se manifiestan pacíficamente, así como transeúntes y periodistas, son detenidas; otras son sometidas a tratos crueles, inhumanos y degradantes, detención arbitraria prolongada y juicios injustos en los que se imponen cuantiosas multas y “detenciones administrativas” de varios días.
61 ONG rusas contra la ley de “agentes extranjeros”, que califica su trabajo como ‘actividad política’ hasta que dejan de recibir financiación del extranjero.
La mayoría de los medios de comunicación siguen sometidos en la práctica al control del Estado y las autoridades los utilizan para difamar a defensores y defensoras de los derechos humanos, opositores políticos y otras voces disidentes.
Los grupos religiosos minoritarios continúan sufriendo hostigamiento, que incluye su prohibición, el bloqueo de sus sitios web y la inclusión de sus publicaciones en la lista federal de material de contenido extremista.
Persiste la discriminación y la persecución promovidas por el Estado contra las personas LGBTI, y se aplica de forma activa la “ley de propaganda” de corte homofóbico.
Desapariciones forzadas, detenciones ilegítimas, tortura y otros malos tratos a personas detenidas, y ejecuciones extrajudiciales en el Cáucaso Septentrional.
Violaciones sistemáticas del derecho a un juicio justo en vistas penales y administrativas, incluidas las causas contra manifestantes pacíficos. La mayoría de los juicios administrativos se basan principalmente en informes de la policía, ampliamente cuestionados, como única prueba.
Persisten las noticias sobre tortura y otros malos tratos en prisiones y centros de detención de toda Rusia.
Rusia utilizó cinco veces su derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU para bloquear resoluciones con las que se habrían impuesto sanciones por la fabricación y el uso de armas químicas en Siria.
Rusia sigue devolviendo a personas solicitantes de asilo o refugiadas a países en los que corren peligro de sufrir tortura y otros malos tratos.
A continuación os podéis relajar con los cinco poemas que os prometí al principio del artículo, uno de ellos, el de Joan Company es un poema que acaba de obtener el noveno premio en un festival poético en Argentina:
Qué desmadre. Mundo; todo lo futbolero, pelotas
y patas, se jerarquiza hasta la cresta
del Aconcagua: ¿metáfora
de patear por patear, o exhibición
de cuero del Testículo
en el césped hinchado así: Mayúsculo: que eyacula y
hace eyacular
estadios enteros y salpica
retórica y grasa por
satélite en
los idiomas todos; el maya,
el etrusco incluso?
Pensar
que hubo toreros, gladiadores
en la apuesta, y ritmo. Píndaro
hubiera llorado.
Estadio de noche – Günter Grass (traducción de Miguel Sáenz)
Lentamente ascendió el balón en el cielo.
Entonces se vio que estaba lleno el graderío.
En la portería estaba el poeta solitario,
pero el árbitro pitó fuera de juego.
Por velar el arco
del verde campo del fútbol,
por aquel del universo
sumo ser animado,
como los aires, la piedra o las aguas semejante,
e inerte, fijo, sin vida, tres palos colocados
en los linderos del orbe por donde se entra o se sale
ya mañana, tarde, noche, de estación en estación,
tu desdeñas fríamente,
sin pensar jamás dos veces,
el peso del centroforward
que el cielo te reservaba p
or ser hijo primogénito de la familia terrestre
y elaborado en el seno de los gérmenes supremos,
con óptimo patrocinio y el mayor de los primores,
tal si fueras destinado a vivir eternamente.
y te olvidas por completo
de ti mismo y de tus deudos,
que están vivos y no son
este arco que tu vigilas,
que nunca ríe y no habla y no se mueve un centímetro,
para siempre indiferente a tus mil preocupaciones
en tomo al balón ferroso de los mal aviesos hados,
en tanto ayunan contigo tus deudos en las tribunas,
mirándote todos mustios
como velas noche a noche
tu arco más inanimado
que la piedra, el agua o el aire.
Soneto a Lionel – Joan Company i Arpa
Erase un hombre a un balón pegado
rápido y preciso como ninguno.
Se multiplica en la cancha, oportuno,
supera siempre al rival, desquiciado.
Trata al esférico con tal cuidado
que la hierba que pisa no ve al huno,
sino a un rey de los otros veintiuno,
capaz de hacer gritar al más callado.
Apenas habla y domina el lenguaje,
rompe algún récord siempre que respira:
Fútbol de antología, su equipaje.
Acumula goles que el mundo admira;
títulos y premios, del oficio, gaje.
Luce en la espalda el diez, con Dios conspira.
Antes de finalizar este artículo, os quiero recomendar el poemario con el que la colección Visor de poesía celebró su número 800 el año 2012:Un balón envenenado.Poesía y fútbol. Una recopilación de algunos de los mejores versos que el fútbol ha inspirado. La selección ha corrido a cargo del poeta Luis García Montero y del editor Chus Visor.
No soy un futbolero, pero ahora que todo el mundo va a hablar del Mundial de fútbol que empieza en Rusia, he pensado que sería interesante ver cómo ligamos el fútbol y la poesía.
Este año, aparte de celebrarse el mundial de fútbol, también es el año del 20 aniversario de la Declaración de las Naciones Unidas sobre Defensores de Derechos Humanos. Han pasado dos décadas y, todavía, defender los derechos humanos en Rusia sigue siendo una actividad de alto riesgo. Las personas que a pesar de todo desempeñan esa valiosa labor en Rusia son enjuiciadas por cargos falsos, difamadas por las autoridades, atacadas e incluso asesinadas. ¿No os lo creéis? Leed lo que Amnistía Internacional dice al respecto.
Por otro lado, el fútbol ha estado presente en la literatura y en escritores ‘serios’ como Albert Camus («Lo que finalmente sé con mayor certeza respecto a la moral y a las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol«), Pasolini, Roberto Bolaño, Handke, Javier Marías, Anna Maria Moix, Eduardo Galeano, … y poetas como:
Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.
Tu grillo, por tus labios promotores,
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?
En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo anudado.
Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.
Entre las trabas que prendió la meta
de una esquina a otra esquina,
por su sexo al balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.
Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales,
agitaron de córner las señales.
Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.
Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.
Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.
Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.
Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto tino!
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.
Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.
Te arrancaron cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.
¡Ay fiera! en tu jauleón medio de lino
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.
Inflamado en amor por los balones
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.
Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.
A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.
El marcador, al número contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.
A veces las infancias escapan de sí mismas
y corren por la lluvia como en fuera de juego
sin oír las sirenas de los árbitros.
Es verdad que son mares en un vaso de agua,
pero hay olas que tienen esa espuma
de las alineaciones,
paraísos que aguardan los despachos
del último minuto
o días que amanecen
con la tranquilidad de un tres a cero,
de un cinco a cero en punto de la tarde.
Por lo demás también hay labios
en el extremo izquierda del domingo,
lesiones en las dudas del mañana,
pasados que regresan
igual que una llamada de teléfono.
– ¿Y lo de ayer? Sonríe la memoria,
cuando parece amiga del equipo contrario.
Las verdades del área
son rectas de dudosa geometría,
como ardientes amores de ficción
en manos de un penalti.
Por eso saben mucho
de la felicidad y la belleza.
No conviene que demos a estas cosas
un valor excesivo.
Son noventa minutos en un vaso de agua.
Pero a mí me han quitado muchas veces la sed.
Contraoda del poeta de la Real Sociedad – Gabriel Celaya
Y recuerdo también nuestra triple derrota
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó, no fue gracias a Platko
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizá más que tú,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.