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  • Clima y literatura canaria

    Clima y literatura canaria

    Desde mi balcón, al pelete del atardecer, pienso en la diversidad climática que tiene Tenerife. Para algunas personas procedentes del continente, vivir en las islas les provoca una sensación de encierro; a mí, no. ¡Tienen tanto que mostrar más allá del sol y la sangría! Por otro lado, para los que habitan en ellas, el océano que les abraza es una promesa de inmensidad y libertad.

    En esta isla en concreto, Tenerife, esa sensación viene dada también por dos elementos, su orografía, escarpada e impresionante, y sus 25 microclimas, que permiten elegir la estación del año en que uno quiere vivir con apenas unos kilómetros de distancia. Cambios bruscos de temperatura que dependen de la altitud u orientación y se ven reflejados en la variada vegetación del paisaje según nos encontremos en el norte o sur de la isla:

    • La zona norte, donde golpean los vientos Alisios, se subdivide en tres áreas: baja (clima mediterráneo, 200-600 metros de altitud), media (clima oceánico, frío y húmedo, 600-1500 metros de altitud) y alta (aire seco y polar en invierno, 1500-2700 metros de altitud).
    • La zona sur, donde no inciden los vientos Alisios, se subdivide en tres áreas, también: baja (costera y árida), media (lluvias ocasionales con temporales del sur), y alta (días calurosos).

    ¿Cómo afecta el clima a la literatura canaria?

    El clima de las islas Canarias ha tenido y tiene una influencia significativa en la literatura. Ya Homero, s. VIII a.C., ‘crea’ la Macaronesia y la leyenda en torno a Canarias (1) a través de la poesía épica con la Ilíada y la Odisea. Tiempo después, en los siglos XVI y comienzos del XVIII, encontramos referencias literarias al vino, entre muchos otros, en obras de William Shakespeare (2). El clima y José de Viera y Clavijo están muy ligados y, como muestra, nos remitimos a su Diccionario de la Historia Natural de las Islas Canarias, de publicación póstuma en 1866. Ya en el siglo XX, podemos empezar por Agencia Thompson y Cía., de Julio Verne, publicada póstumamente en 1907, donde narra las peripecias de un viaje en un barco a vapor a través de las Azores, Madeira y las islas Canarias. Seguimos con el recuerdo a Eugene O’Neill que se estableció aquí en 1931 para finalizar A Electra le sienta bien el luto. Por otro lado, ¿sabías que Agatha Christie solucionó un caso en Tenerife? Pasaba largas estancias en el Puerto de la Cruz y quiso dedicarle un relato llamado La señorita de compañía, recogido en Miss Marple y trece problemas publicado en 1932.

    Un año después, A. J. Cronin (Nobel de Literatura en 1960) también escribió Gran Canaria, novela con una trama entre esa isla y Tenerife. En los mismos años 30, André Bretón, el impulsor del movimiento surrealista, vino a Tenerife con motivo de la I Exposición Internacional Surrealista y se inspiró para la escritura de El amor loco.

    A estas alturas, seguro que nos dejamos muchos autores sin mencionar que han sido influenciados por la climatología canaria. Un millón de disculpas. No obstante, antes de finalizar, no podemos olvidarnos de Alberto Vázquez-Figueroa, con más de cien libros publicados y traducido prácticamente a todos los idiomas; Alexis Ravelo, uno de los grandes valores de la novela negra en español, fallecido recientemente; Félix Francisco Casanova, a quien se ha homenajeado este año durante el Día de las Letras Canarias; Andrea Abreu y su novela Panza de burro, o mar de nubes canario (3), y el periodista Juan Cruz Ruiz, autor de Viaje a las Islas Canarias, donde nos explica: “Tenerife es todas las estaciones a la vez, mientras que Gran Canaria es invierno y verano, Fuerteventura verano y Lanzarote es como una eterna primavera caliente. En La Gomera encontramos todas las estaciones: la primavera de Playa Santiago, el verano melancólico de Valle Gran Rey y el invierno cerrado de Garajonay…” (4).

    En resumen, el clima de las islas Canarias, abordado como tema central o como telón de fondo para las historias, ha sido un elemento importante en la literatura isleña, ya que ha servido como fuente de inspiración y ha influido en las tramas y los personajes de muchas obras literarias.

    Webgrafía

    1. La huella turística de Canarias en la literatura universal
    2. Notas desde la Villa de Candelaria (Tenerife). 10.- El vino canario en la literatura
    3. Mapa y literatura: las Canarias de Andrea Abreu | Traveler
    4. Juan Cruz: «ninguna isla se parece a la otra» | Hola Islas Canarias

    *Artículo publicado en la revista canaria Tamasma Cultural

  • 13 preguntas y una escritora: Begoña Ruiz  “Las montañas azules”

    13 preguntas y una escritora: Begoña Ruiz “Las montañas azules”

    Hoy quiero presentaros a una amiga y paisana que se llama Begoña Ruiz Hernández. Su primer libro, “Las montañas azules(Ed. Cuadernos del Laberinto), es un viaje por esa España de preguerra civil. Se ha convertido en uno de mis libros preferidos y os recomiendo su lectura. Es absolutamente precioso.

    No os hablaré  más de ella, prefiero que lo haga ella misma con este cuestionario.

    1 – ¿Podrías contarnos un poco de tu vida y actividad literaria?

    Nací en El Losar del Barco, un pueblo muy pequeño en la provincia de Ávila. En mi casa no había libros y en mi pueblo no había biblioteca, solo una escuela donde los alumnos estábamos mezclados desde párvulos a quinto de EGB. La maestra nos tenía copiando todo el día entero como si fuéramos amanuenses y al mínimo ruido nos castigaba sin comer. Nos dejaba encerrados, solos, en la escuela desde la una hasta las tres, que empezaban las clases vespertinas. En esos castigos descubrí unos cuentos intocables en el armario y empecé a leerlos clandestinamente. Nunca olvidaré ese placer prohibido.

    Poco tiempo después, me regalaron un libro de cuentos donde leí “la princesa triste” y pensé: “ojalá yo fuera capaz de hacer sentir lo mismo que yo he sentido”, entonces empecé a escribir historias que más tarde tiré a la basura.

    Durante la adolescencia y mis años de facultad leí mucho, pero me olvidé de escribir. Lo retomé cuando murió mi hermano, Ciri. Entonces, me di cuenta que la vida se acaba y es mejor dedicarla a hacer lo que realmente deseas.

    En 2013 gané un concurso de relatos y a partir de ahí ya no solo escribía para mí, sino también para el público. Gané otros concursos de relatos, empecé a escribir la columna “El reloj de arena” en El Diario de Ávila y en 2016 publiqué mi primera novela “Las montañas azules”.

    2 – ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas y qué autores te influyeron?

    Como ya he dicho anteriormente, los cuentos clásicos fueron mis primeras lecturas. En la adolescencia devoré las novelitas de Corín Tellado y luego, gracias a los profesores del instituto, conocí a los clásicos. Posteriormente, estudié filología inglesa y entonces empecé a leer autores que no olvidaré y a los que recurro con frecuencia: Las hermanas Brönte, Jane Austen, Orwell, Huxley… también me gusta la literatura Hispano-Americana: García Márquez, Juan Rulfo, Cortazar, Vargas Llosa, Isabel Allende…

    3.- ¿Cómo definirías a tu escritura? Háblanos un poco de tu último libro.

    Es difícil definirse a uno mismo, pero por si alguien quiere acercarse a mis libros, tratan de personajes que les ha tocado vivir en tiempos difíciles, atrapados en costumbres incomprensibles contra las que tienen que luchar. Los escenarios suelen ser pueblos pequeños, porque allí han ocurrido grandes historias que merecen ser contadas. También intento rescatar un vocabulario autentico que se está perdiendo.

    El último libro, publicado ha sido “Las montañas azules”. Ocurre en 1933, Dioni la  protagonista quiere estudiar, algo bastante difícil para una mujer en esa época. Al pueblo llegan unos alemanes que están haciendo un trabajo filológico y Dioni los ayuda a cambio de que ellos la lleven a hacer los exámenes de bachillerato. La novela tiene una parte histórica: a través de las cartas y conversaciones de los alemanes, el lector asiste a la llegada de Hitler al poder; al mismo tiempo, en España, están ocurriendo grandes cambios durante la 2ª República: reparto de tierras, derecho a voto para la mujer…

     El último libro escrito es otra novela que saldrá el año que viene.

    4 -¿Crees que el escritor “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado tu lenguaje a lo largo de los años?

    Sí, creo que evolucionamos en todos los aspectos de la vida, si no la existencia sería un “déjà-vu” absurdo. En la escritura crecemos. Espero que mi lenguaje sea más rico y creo que mis personajes van siendo más osados y complejos.

    5 – ¿Te gusta la poesía? ¿Has pensado en escribir poesía alguna vez? ¿Algún poeta preferido?

    Sí, me gusta mucho la poesía. En Las Montañas Azules, hay un romance que escribí sobre unos enamorados que fueron devorados por los lobos.

    Me gusta Lorca y su romancero gitano, también Benedetti ahora que se han oído tanto sus poemas como “no te rindas” y Hortensia Márquez con su libro “Derramando palabras” que es muy variado en el que expresa diferentes sentimientos con los que coincido.

    6 – ¿Cuál es el fin que te gustaría lograr con tus novelas?

    Me gustaría que las leyera mucha gente y que les ayudara, de alguna manera, en su vida, como a mí me han ayudado otros libros. Los libros son muy buenos amigos. Al mismo tiempo los personajes resucitan cada vez que alguien los lee y me los imagino andando por otros mundos, entrando en las vidas de otras personas.

    7- ¿Qué lugar ocupa, para una escritora como tú, las presentaciones de libros y la firma de ejemplares?

    Cuando empecé con las presentaciones lo pasaba fatal, porque me sentía abrumada  delante del público, pero yo creo que ya lo he superado. El cara a cara tiene su parte buena, los lectores me comentan lo que han sentido al leer mi novela o incluso algunos me preguntan por personajes como si fueran de mi familia “¿Qué fue de Andresito?” “¿y de Flora?” y me cuentan historias similares que les han ocurrido a ellos. Por lo tanto, es una comunicación muy activa.

    8 – ¿Qué opinas de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc…?

    Me parece muy bien, los tiempos cambian y hay que adaptarse. La tecnología nos permite acercarnos a muchos autores que de otra forma no leeríamos, por ejemplo yo conocí a “poémame” a través de las redes; Julio Collado publica artículos y poemas en Facebook que leo con mucho gusto. Las redes sociales ofrecen una gran variedad y amplían nuestros círculos.

    9 – ¿Podrías recomendarnos un libro de otro/a autor/a que te haya gustado mucho?

    Poesía: Derramando palabras de Hortensia Márquez.

    Relatos: Mala baba de Pablo Garcinuño.

    Ensayo: Heterodoxos y olvidados de Adolfo Yáñez.

    Novela: Patria de Aramburu.

    10 – ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?

    Estoy leyendo “La madre de Frankenstein” de Almudena Grandes y al mismo tiempo releo a viejos amigos como El Gran Gatsby de Fitzgerald.

    11.-¿Qué consejos le darías a un/a joven escritor/a que se inicia en este camino?

    El único consejo que puedo darle es que escriba y no deje de hacerlo. A veces no sale el relato o el poema como lo hemos imaginado, pero la creación lleva un tiempo y hay que ser paciente.

    12.-¿Cómo ves tú actualmente la industria editorial?

    La industria editorial está como cualquier otra industria actualmente. Las grandes empresas o marcas, ya sean de comida, coches o libros, acaparan todos los negocios.

    Una pequeña empresa no puede alcanzar las mismas vías de distribución que una grande. Conseguir que una gran editorial publique un libro de autor desconocido es casi imposible, dado que su objetivo es mercantilista e invierten en algo seguro. Sin embargo, la calidad de un libro no depende de la editorial que lo publique, solo el tiempo es honesto con el arte.

    13.-¿Cuál es la pregunta que te gustaría que te hubiera hecho y no te la he hecho?

    Me has hecho muchas preguntas y muy interesantes todas. Muchas gracias, ha sido hermoso para mí rememorar mi amor por los libros en esta entrevista.

    ¡Muchas gracias Begoña!

  • Sobre el Poema XVIII, Trilce, de César Vallejo

    Sobre el Poema XVIII, Trilce, de César Vallejo

    Oh las cuatro paredes de la celda.
    Ah las cuatro paredes albicantes
    que sin remedio dan al mismo número.

    Criadero de nervios, mala brecha,
    por sus cuatro rincones cómo arranca
    las diarias aherrojadas extremidades.

    Amorosa llavera de innumerables llaves,
    si estuvieras aquí, si vieras hasta
    qué hora son cuatro estas paredes.
    Contra ellas seríamos contigo, los dos,
    más dos que nunca. Y ni lloraras,
    di, libertadora!

    Ah las paredes de la celda.
    De ellas me duele entretanto, más
    las dos largas que tienen esta noche
    algo de madres que ya muertas
    llevan por bromurados declives,
    a un niño de la mano cada una.

    Y sólo yo me voy quedando,
    con la diestra, que hace por ambas manos,
    en alto, en busca de terciario brazo
    que ha de pupilar, entre mi dónde y mi cuándo,
    esta mayoría inválida de hombre.

    El poema es de César Vallejo, poeta peruano, nacido en 1892, cuya poesía pertenece al movimiento vanguardista. Aunque mantenga distintas líneas poéticas, rechaza en mayor o menor grado el modernismo para reencontrarse con la poesía sencilla y la vida cotidiana.

    Conviene señalar de antemano que en el vanguardismo, aparte de dicha ruptura con el modernismo, destaca el rasgo fundamental del simbolismo hermético, lo que quiere decir que las imágenes tienen sentido para el entendimiento del autor, y es, por tanto, algo cerrado, personal, de ahí su difícil interpretación. Muchas veces ni siquiera es posible, al no tener significado alguno.

    Dentro de esta corriente vanguardista, el poema pertenece a la obra Trilce, publicada en 1922, cuatro años después de su primer libro, Heraldos Negros. En Trilce se manifestará una notable ruptura con los Heraldos, al distanciarse más de la influencia modernista, de la elitista “torre de marfil”. Entrará, pues, en una poesía más personal, que expresa la realidad segmentada pero armonizada con técnicas cubistas.

    En este poema, además, tienen gran importancia dos hechos relevantes de su biografía: 1) había sido encarcelado injustamente, durante tres meses, periodo durante el cual estuvo escribiendo Trilce, y 2) su madre había muerto unos pocos años antes.

    El tema sería la angustia del aprisionamiento y el desamparo, y la búsqueda de la liberación de las causas de tal angustia.

    Tiene la siguiente estructura:

    1. Parte I: vv. 1-6. Trata de las paredes entre las cuales se encuentra encerrado. Ellas son referidas y descritas por el poeta.
    2. Parte II: vv. 7-12. Se dirige ahora, echándola en falta, a la “amorosa llavera” que podría paliar esa situación.
    3. Parte III: vv. 13-18: Vuelve a las paredes, pero esta vez añade a su dolorosa visión de ellas la invocación a la protección de la madre, patéticamente, que ya no lleva de la mano a ese niño que fue él.
    4. Parte IV: vv. 19-23. Se hace patente la situación real, actual, de soledad y desamparo, donde ha de buscar otro apoyo sólo con su mano derecha (la que tiene la habilidad, la suya y propia, de la cual tiene que valerse, quizá escribiendo).

    En cuanto a la forma, es verso irregular, libre, cuya ruptura visual concuerda con los principios vanguardistas. Son todos versos de arte mayor, con una notable presencia de endecasílabos (vv. 1, 2, 3, 4, 5, 8, 15, 18, 20, 21, 23) y algunos alejandrinos (vv. 6, 7, 22). El único verso corto es el v. 12, que da mayor intensidad y divide en dos el poema, al ser único y emplazado en su centro de gravedad, en su punto central geométrico (hay exactamente once versos por encima y por debajo de él).
    El ritmo es irregular, con algunas roturas marcadas, como “pupilar” en el v. 22, o “aquí” en el v. 8.

    En el contenido:

    Primera secuencia: presencia de una repetición, con paralelismo y anáfora, en los vv. 1 y 2, “oh las cuatro paredes” y “ah las cuatro paredes”, comenzando tales versos por líricas exclamaciones de sentimiento, como evocando esas paredes, sin decir nada más de ellas que son cuatro.

    Repetición del número cuatro y referencia a él en el v. 3: tienen que ser cuatro, siempre serán cuatro. En el v. 2 es llamativo el adjetivo especificativo “albicantes”, como participio de presente, derivado del verbo “albear”, blanquear, “que blanquean”: le dejan blanco a uno.

    Ligero hipérbaton en el v. 3: prefiere enfatizar “sin remedio”, al no decir, por ejemplo: “que al mismo número dan sin remedio”.

    Segunda secuencia: sigue entre esas paredes, que son, o producen, un desasosiego ya violento (“criadero de nervios”) y algo roto y de difícil curación (“mala brecha”). Es perceptible una aliteración que produce una sensación de rotura o desgajamiento, con vibrantes y velares, muy lograda al ir en orden o gradiente de intensidad:

    Criadero de nervios, mala brecha,
    por sus cuatro rincones cómo arranca
    las diarias aherrojadas extremidades.

    El clímax está en “aherrojadas”, la palabra de mayor sonoridad, casi estruendosa, muy superior a las vibrantes del v. 4.

    Esta secuencia es bastante visual, como la anterior: dibuja el cuadro, la estancia cuadrangular, que se define en la primera secuencia con las paredes, líneas rectas, los lados del cuadrado. Aquí, en esta secuencia, no menciona los lados sino los vértices del polígono, “sus cuatro rincones”. Tanto detalle da la sensación de énfasis en esa figura.

    El v. 5 llama la atención por su hipérbaton, al anteponer “por sus cuatro rincones”, dándole mayor importancia a esos rincones, cuando la frase tendría que empezar por “cómo arranca…”. Esto, y más patente aún en los vv. 11-12, es muestra del lenguaje radicalmente nuevo de la poesía vanguardista, para expresar la desolación y la angustia. El lenguaje se violenta, de desarticula la sintaxis, aumentando la sensación de caos y turbación de ánimo.

    El v. 6 tiene una doble interpretación : 1) de esos cuatro puntos, los rincones, se produce la tirantez que arranca los ya inmovilizados (aherrojados) miembros del poeta; 2) las extremidades son las paredes, los lados del cuadrado, en tensión, de los que se está tirando desasosegadamente desde los vértices. Al estar el cuadrado así, arrancando las paredes, es un “criadero de nervios”. Esta segunda interpretación tiene sentido de acuerdo con la secuencia IV, al dolerse el poeta “de ellas” [de las paredes], vv. 13-14.

    Tercera secuencia: anteposición del adjetivo en el v. 7, ante “llavera” y “llaves”. Uso del mismo lexema en sendos sustantivos (políptoton), conectándolos entre sí. Puede referirse, metafóricamente, a su madre, que era su protección y solución a todos los problemas. Este verso, además, es el único resto del modernismo: un perfecto alejandrino en hemistiquios de heptasílabos.

    Encabalgamiento feroz en el v. 8 con “hasta”, para crear suspense. Repetición de la partícula condicional “si…”, con la presencia de tiempos verbales en subjuntivo: estuvieras, vieras (v. 8), lloraras (v. 11).

    Hipérbaton en v. 9, “son cuatro estas paredes”, para enfatizar que son cuatro. Sigue con la repetición constante del número cuatro, que en este verso remarca lo limitado que es ese espacio. “Hasta/qué hora…”: hasta qué extremo, y cuánta duración.

    En el verso 10 sigue hablando a la “llavera”, probablemente su madre ausente, y pasa al número dos, para repetirlo (vv. 10, 11, 15) y enfatizarlo como con el cuatro. Existe, pues, un paralelismo entre ser dos/ser cuatro. Si estuvieran juntos, él y su madre , con sólo estar en su compañía se anularía esa angustia y ese apresamiento.

    Ligera aliteración de vocales a/e en estos tres primeros versos de la secuencia: llavera, llaves, estuvieras, vieras, estas, paredes. Parece dar una sensación de suavidad, armonía, creadas por la presencia de la madre.

    Desarticulación de la sintaxis en el v. 11 y en el 12: “Y ni lloraras,/di, libertadora!”. Es una frase que se entiende pero muy desgajada, expresando el mínimo comprensible, porque sería más lógico algo así como: “Y tú, que ni llorarías, ¡di, libertadora!”. Como se ha dicho más arriba, el en vanguardismo se moldea la sintaxis.

    El v. 12, el más corto, es el de mayor carga, porque el verso corto sirve para concentrar, mientras que los largos son para explayar. Esta invocación a la madre, en imperativo, la exhorta a hablar, en una ferviente expresión de necesidad de ella.

    Cuarta secuencia: el v. 13 parece volver al comienzo, enfocando de nuevo las paredes. Ya no está la madre. Y no hace falta decir que las paredes son cuatro, porque ya se ha dicho demasiado.

    Hipérbaton en el v. 14, al comenzar la frase con “De ellas…”, para darlas prioridad sobre lo demás. También hay otro abrupto encabalgamiento a final de verso: “más”, creando suspense, dejando en suspenso qué más hay de lo que se duela el poeta.

    El v. 15 mantiene el número dos presente desde la secuencia anterior. Añade otras dos paredes (diferentes, “largas”, adj, postpuesto), líneas tensas, arrancándose, que duelen igual que las otras que son arrancadas por los rincones. Probablemente, una metáfora de sus propias dos manos, al sólo hablar de manos, y no de paredes, de aquí en adelante.

    “Esta noche”, en el v. 15, recuerda al verso de Neruda “Quiero escribir los versos más tristes esta noche”. Esa exclusividad y localización temporal son recursos intensamente líricos: ¿qué noche? La mía, ésta. Tiene sólo sentido para el poeta, pero al hablarnos desde el “yo”, desde su intimidad, induce a que nos identifiquemos, porque también hemos tenido o tenemos “nuestra” noche .

    En los vv. 16, 17 y 18 describe las dos manos, figuradas metafóricamente como las desasosegadas paredes, que ya no pueden tomar las manos de su madre. Imagen múltiple de la madre: “algo de madres” (pl.)/”de la mano cada una”. Como si estirara los brazos ese niño, que sólo puede ser él mismo, con una madre a cada lado asiéndole.

    Respecto a los “bromurados declives” del v. 17, se sabe que el bromuro anula la actividad sexual, extingue el ánimo. Ese declive es anulador o inhibidor, como las manos ausentes o las paredes.

    Quinta secuencia: en el v.19, se enfatiza la primera persona a través de los pronombres, “yo”, “me”. Tiene que decir “yo”, porque esta solo, ya no hay madres, que están muertas, y sin embargo, la perífrasis verbal en gerundio, con aspecto durativo, indica que aún no se han ido del todo: “sólo yo me voy quedando”, no “me he quedado”.
    Entre esta secuencia y la anterior hay una oposición o cambio de número, porque ya no son ambas manos sino una, que además la especifica: la diestra. Obsérvese el gradiente numérico en disminución del transcurso del poema:

    4 – 2 – 1

    El v. 20 y ss. especifican qué mano es esa y qué función tiene. Ya sólo necesita sujetarse con la derecha, que alzada (v. 21), en busca de un nuevo asidero (“terciario brazo”, ninguno de los dos de las madres), que tiene que cuidar de él (“pupilar”, v. 22) en su edad adulta, inválida (v. 23). Pupilar (cuidar de un pupilo, menor o huérfano) a un adulto es, por tanto, oxímoron.

    Esta secuencia mantiene rima asonante en los cuatro primeros versos: quedando, manos, brazo, cuándo. Al no rimar el último verso, éste impacta más.

    Conclusiones

    Es sobre todo el último verso del poema el que recoge uno de los temas fundamentales de toda la poética de César Vallejo, que se manifestará, sobre todo, en su obra póstuma Poemas humanos: la solidaridad con el hombre. El poema comentado va más allá de su mera intimidad, por eso trasciende. No sólo trata de sí mismo, sino del hombre en general, que ha llegado a “adulto” y esta solo y desvalido, inválido. Hay que amar, atender a la situación del ser humano, para ayudarlo y reconciliarse con él, como en su poema “Considerando en frío…”. Aquí, en este poema de Trilce, escrito mucho antes que Poemas humanos, ya se dejaba entrever esa temática, tan propia y bella de Vallejo.

    Respecto a la forma, no hay ni una sola palabra puesta al azar, a pesar del aparente caos del verso libre. La medida, las rimas, los encabalgamientos e hipérbatos, han sido escogidos y emplazados para amplificar al máximo la angustia de la reclusión, la invalidez y la desesperación. Es perfecta la estructura, con el pico desgarrado del verso corto, y el cierre con el endecasílabo soberbio “esta mayoría inválida de hombre”.

    Esta poesía y otras de Vallejo son el culmen de la literatura hispanoamericana y de la lengua española.

    Bibliografía

    • OVIEDO, JOSÉ MIGUEL. Historia de la literatura hispanoamericana. 3. Postmodernismo, Vanguardia, Regionalismo. Alianza Editorial, S. A. Salamanca, 2006. ISBN: 978-84-206-4719-7.
    • VALLEJO, CÉSAR. Poemas humanos. Ed. Cátedra. Madrid, 2001.

     

    (Crédito de imagen de cabecera: Rafael Mendoza)