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  • 5 poemas de Octavio Paz: Escribir como un acto mental, verbal y físico

    5 poemas de Octavio Paz: Escribir como un acto mental, verbal y físico

    Hablar de Octavio Paz es hablar de un gran ensayista y un magnífico poeta. La poesía de Octavio Paz es una poesía genuina de gran sensibilidad, fue un gran estudioso de la poesía clásica, además deun gran admirador de la cultura mexicana y el arte popular. Para muchos fue el mejor poeta de México, para mí lo fue y lo es hasta el momento.

    Desde muy joven los grandes poetas contemporáneos vieron su gran futuro en la literatura hispanoamericana. La poesía de Octavio Paz trasciende y profundiza en cada una de su obra poética, su poesía escucha la vida y se escucha a sí mismo, esa es la esencia de su grandeza.

    El poeta Octavio Paz.

    Escribir es un acto mental, verbal y físico que permite un distanciamiento crítico de lo que se quiere expresar. Al ir componiendo los versos, las estrofas, el poeta contempla como en un lienzo las líneas que va trazando y cuanto se corresponden con su intención creadora. Pero además, la escritura es el puente que se teje entre el poeta y otras personas. La necesidad de entender la experiencia impulsa a escribirla y todo lenguaje tiende a la comunicación. En medio de los demás, la poesía se vive en soledad, pero hecha poema se vuelve fraterna. El poema es una de las formas de trascender hacia los otros.

    – Ulises Huete, El País

    Juan Malpartida, en un artículo publicado la revista Letras Libres, nos habla de esta trascendencia, o sentido, en la obra de Paz:

    Octavio Paz es uno de los poetas fundamentales del siglo XX. en su obra encontramos una señal que lo convierte en un escritor único: hay sentido. Esto, el sentido, la gravitación de su pensamiento sea cuando escribe sobre el significado de las diferencias entre la métrica francesa y la española o sobre las memorias de Chateaubriand o las de Vasconcelos, es un rasgo poco habitual que convierte la información o la reflexión en algo precioso.

    (…) ese sentido es, en realidad, una búsqueda de sentido, y la búsqueda misma dibuja un rostro. El rostro de Paz es el de la pasión pero también el de la distancia, el enamorado de la geometría de Fourier (la idea, la proporción, el número) tanto como del pasado inextricable de Rousseau. Para letras libres en la obra de Paz encontramos refinadas especulaciones abstractas y exaltaciones de presencias que rehúyen la abstracción. Octavio Paz sabe ver en un poema de cinco líneas un universo, actitud poco frecuente en nuestro actual mundo de gigantismo exhibicionista según el autor. Para Paz el secreto del poeta consiste en ser un buen administrador de sus distracciones, esa es la clave, saberse diluir y aprender de lo que vemos y sentimos y plasmarlo en un lienzo de papel.

    (…)

    Octavio Paz murió sin creer en la trascendencia. No se fue a otro mundo: se quedó en este. Alguna vez, viendo de cerca la muerte, no pidió la iluminación, sino abrir los ojos: tocar el mundo «con mirada de sol que se retira», «memoria y olvido, al fin, una misma claridad instantánea». Pidió en ese poema, frente a iluminación o liberación, algo más modesto y terrenal: la reconciliación. Abrir los ojos, mirar, tocar el mundo con mirada de sol que se retira no nos da la vida eterna ni nos explica los arcanos del ser, pero quizás nos otorgue, al cabo, algo más importante: el valor de ser hombres.

    La obra poética de Octavio Paz es muy inmensa, podemos escoger muchos poemas como nuestros poemas preferidos. Les dejo el mío, “Como quien oye llover”.

    COMO QUIEN OYE LLOVER

    Óyeme como quien oye llover,
    ni atenta ni distraída,
    pasos leves, llovizna,
    agua que es aire, aire que es tiempo,
    el día no acaba de irse,
    la noche no llega todavía,
    figuraciones de la niebla
    al doblar la esquina,
    figuraciones del tiempo
    en el recodo de esta pausa,
    óyeme como quien oye llover,
    sin oírme, oyendo lo que digo
    con los ojos abiertos hacia adentro,
    dormida con los cinco sentidos despiertos,
    llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
    aire y agua, palabras que no pesan:
    lo que fuimos y somos,
    los días y los años, este instante,
    tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
    óyeme como quien oye llover,
    relumbra el asfalto húmedo,
    el vaho se levanta y camina,
    la noche se abre y me mira,
    eres tú y tu talle de vaho,
    tú y tu cara de noche,
    tú y tu pelo, lento relámpago,
    cruzas la calle y entras en mi frente,
    pasos de agua sobre mis párpados,
    óyeme como quien oye llover,
    el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
    es la niebla errante en la noche,
    es la noche dormida en tu cama,
    es el oleaje de tu respiración,
    tus dedos de agua mojan mi frente,
    tus dedos de llama queman mis ojos,
    tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
    manar de apariciones y resurrecciones,
    óyeme como quien oye llover,
    pasan los años, regresan los instantes,
    ¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
    no aquí ni allá: los oyes
    en otro tiempo que es ahora mismo,
    oye los pasos del tiempo
    inventor de lugares sin peso ni sitio,
    oye la lluvia correr por la terraza,
    la noche ya es más noche en la arboleda,
    en los follajes ha anidado el rayo,
    vago jardín a la deriva
    –entra, tu sombra cubre esta página.

    Estos son algunos de los poemas más representativos de Octavio Paz, disfruten su lectura y lean poesía latinoamericana. Les aseguro que no se arrepentirán.

    ENTRE IR Y QUEDARSE

    Entre irse y quedarse duda el día,
    enamorado de su transparencia.
    La tarde circular es ya bahía:
    en su quieto vaivén se mece el mundo.
    Todo es visible y todo es elusivo,
    todo está cerca y todo es intocable.
    Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
    reposan a la sombra de sus nombres.
    Latir del tiempo que en mi sien repite
    la misma terca sílaba de sangre.
    La luz hace del muro indiferente
    un espectral teatro de reflejos.
    En el centro de un ojo me descubro;
    no me mira, me miro en su mirada.
    Se disipa el instante. Sin moverme,
    yo me quedo y me voy: soy una pausa.

    VIENTO

    Cantan las hojas,
    bailan las peras en el peral;
    gira la rosa,
    rosa del viento, no del rosal.
    Nubes y nubes
    flotan dormidas, algas del aire;
    todo el espacio
    gira con ellas, fuerza de nadie.

    Todo es espacio;
    vibra la vara de la amapola
    y una desnuda
    vuela en el viento lomo de ola.

    Nada soy yo,
    cuerpo que flota, luz, oleaje;
    todo es del viento
    y el viento es aire siempre de viaje.

    BAJO TU CLARA SOMBRA

    Un cuerpo, un cuerpo solo, un sólo cuerpo
    un cuerpo como día derramado
    y noche devorada;
    la luz de unos cabellos
    que no apaciguan nunca
    la sombra de mi tacto;
    una garganta, un vientre que amanece
    como el mar que se enciende
    cuando toca la frente de la aurora;
    unos tobillos, puentes del verano;
    unos muslos nocturnos que se hunden
    en la música verde de la tarde;
    un pecho que se alza
    y arrasa las espumas;
    un cuello, sólo un cuello,
    unas manos tan sólo,
    unas palabras lentas que descienden
    como arena caída en otra arena…

    Esto que se me escapa,
    agua y delicia obscura,
    mar naciendo o muriendo;
    estos labios y dientes,
    estos ojos hambrientos,
    me desnudan de mí
    y su furiosa gracia me levanta
    hasta los quietos cielos
    donde vibra el instante;
    la cima de los besos,
    la plenitud del mundo y de sus formas.

    LA POESÍA

    A Luis Cernuda

    Llegas, silenciosa, secreta,
    y despiertas los furores, los goces,
    y esta angustia
    que enciende lo que toca
    y engendra en cada cosa
    una avidez sombría.
    El mundo cede y se desploma
    como metal al fuego.
    Entre mis ruinas me levanto,
    solo, desnudo, despojado,
    sobre la roca inmensa del silencio,
    como un solitario combatiente
    contra invisibles huestes.
    Verdad abrasadora,
    ¿A qué me empujas?
    No quiero tu verdad,
    tu insensata pregunta.
    ¿A qué esta lucha estéril?
    No es el hombre criatura capaz de contenerte,
    avidez que sólo en la sed se sacia,
    llama que todos los labios consume,
    espíritu que no vive en ninguna forma
    mas hace arder todas las formas.
    Subes desde lo más hondo de mí,
    desde el centro innombrable de mi ser,
    ejército, marea.
    Creces, tu sed me ahoga,
    expulsando, tiránica,
    aquello que no cede
    a tu espada frenética.
    Ya sólo tú me habitas,
    tú, sin nombre, furiosa substancia,
    avidez subterránea, delirante.
    Golpean mi pecho tus fantasmas,
    despiertas a mi tacto,
    hielas mi frente,
    abres mis ojos.
    Percibo el mundo y te toco,
    substancia intocable,
    unidad de mi alma y de mi cuerpo,
    y contemplo el combate que combato
    y mis bodas de tierra.
    Nublan mis ojos imágenes opuestas,
    y a las mismas imágenes
    otras, más profundas, las niegan,
    ardiente balbuceo,
    aguas que anega un agua más oculta y densa.
    En su húmeda tiniebla vida y muerte,
    quietud y movimiento, son lo mismo.
    Insiste, vencedora,
    porque tan sólo existo porque existes,
    y mi boca y mi lengua se formaron
    para decir tan sólo tu existencia
    y tus secretas sílabas, palabra
    impalpable y despótica,
    substancia de mi alma.
    Eres tan sólo un sueño,
    pero en ti sueña el mundo
    y su mudez habla con tus palabras.
    Rozo al tocar tu pecho
    la eléctrica frontera de la vida,
    la tiniebla de sangre
    donde pacta la boca cruel y enamorada,
    ávida aún de destruir lo que ama
    y revivir lo que destruye,
    con el mundo, impasible
    y siempre idéntico a sí mismo,
    porque no se detiene en ninguna forma
    ni se demora sobre lo que engendra.
    Llévame, solitaria,
    llévame entre los sueños,
    llévame, madre mía,
    despiértame del todo,
    hazme soñar tu sueño,
    unta mis ojos con aceite,
    para que al conocerte me conozca.

  • Festejando la muerte: 8 poemas para el Día de Muertos

    Festejando la muerte: 8 poemas para el Día de Muertos

    Tradicionalmente México ha sido tierra de gente alegre, existen muchos días en donde el festejo se hace presente, pero existe uno en especial que llama la atención por su singularidad: el festejo a la Muerte.

    En Noviembre es celebrado el día de “Todos los Santos” (1 de noviembre) y el día de los “Fieles Difuntos” (2 de noviembre). Ésta es una tradición milenaria que proviene de épocas prehispánicas y que, después de la conquista, adquirió también un significado con más religiosidad.

    En los lugares donde la tradición está más arraigada, todo inicia el 28 de octubre, preparando el altar tradicionalmente en dos (cielo y tierra), tres niveles (cielo tierra y purgatorio) o bien en 7 niveles, en donde serán recibidas las almas de nuestros antepasados y tomarán de la ofrenda lo que a ellos más les gustaba en vida.

    A su vez, en un altar de siete niveles se simbolizan los pasos necesarios para llegar al cielo y así poder descansar en paz. Este es considerado como el altar tradicional por excelencia. En su elaboración se deben considerar ciertos elementos básicos. Cada uno de los escalones se forra en tela negra y blanca y tienen un significado distinto.

    En el primer escalón va colocada la imagen de un santo del cual se sea devoto. El segundo se destina a las ánimas del purgatorio; es útil porque por medio de él el alma del difunto obtiene el permiso para salir de ese lugar en caso de encontrarse ahí. En el tercer escalón se coloca la sal, que simboliza la purificación del espíritu para los niños del purgatorio. En el cuarto, el personaje principal es otro elemento central de la festividad del Día de Muertos: el pan, que se ofrece como alimento a las ánimas que por ahí transitan. En el quinto se coloca el alimento y las frutas preferidas del difunto. En el sexto escalón se ponen las fotografías de las personas ya fallecidas y a las cuales se recuerda por medio del altar.

    Por último, en el séptimo escalón se coloca una cruz formada por semillas o frutas, como el tejocote y la lima.

    Elementos como el agua, la sal, los pétalos de flor de Cempazúchitl (flor de los muertos), el incienso (copal), el papel picado de colores, la luz de velas y por supuesto el pan, toman un significado más profundo y místico, ingredientes en nuestro ofrecimiento que nos ayudan a invitar, proteger y encaminar a las almas de los seres queridos hasta el hogar donde descansa cada ofrenda y después, en su camino de regreso.

    La comida favorita, es servida en el altar, se llena de frutas, postres, platillos, pan dulce, calaveritas de azúcar, agua, café, ponche, té, brandy, cerveza, tequila y mezcal, todo a manera de ofrenda, haciendo una recepción para nuestros amados seres, que descansan en paz y que ese día regresan a compartir unas horas al mundo terrenal, donde su familia les recuerda con amor.

    Se unen familiares y amigos en momentos de oración, crónicas, sonrisas, lágrimas y recuerdos, así las horas transcurren, incluso se visita o se realiza todo esto en el lugar donde reposa cada difunto. Durante esas noches y días se ‘convive’ con el alma de los seres amados, muchas veces incluyendo también la música, que entre flores y aromas arrancan, desde dentro, alguna lágrima.

    Al final de la celebración, se despide a los amados visitantes y la familia se dispone a comer todo lo servido, que ha perdido su esencia, pues ha sido tomada por cada una de las almas que estuvieron presentes.

    Sin duda cabe aquí la reflexión, la alegría, la añoranza y el amoroso homenaje, hacia cada ser que compartió con nosotros. El alma y el corazón siempre buscan y regresan, hacia donde el amor sigue vigente, a pesar de los tiempos… y a pesar de la Muerte.

    Por nuestra parte hemos querido compartir con vosotros esta selección de poemas de autores mexicanos que, desde distintas perspectivas, abordan la muerte y su significado.

     

    Yo lo pregunto – Nezahualcóyotl

    Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
    ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.
    Aunque sea de jade se quiebra,
    aunque sea de oro se rompe,
    aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.

     

    Un recuerdo dejo – Nezahualcóyotl

    Un recuerdo que dejo
    ¿Con qué he de irme?
    ¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
    ¿Cómo ha de actuar mi corazón?
    ¿Acaso en vano venimos a vivir,
    a brotar sobre la tierra?
    Dejemos al menos flores
    Dejemos al menos cantos

     

    Silencio – Octavio Paz

    Así como del fondo de la música
    brota una nota
    que mientras vibra crece y se adelgaza
    hasta que en otra música enmudece,
    brota del fondo del silencio
    otro silencio, aguda torre, espada,
    y sube y crece y nos suspende
    y mientras sube caen
    recuerdos, esperanzas,
    las pequeñas mentiras y las grandes,
    y queremos gritar y en la garganta
    se desvanece el grito:
    desembocamos al silencio
    en donde los silencios enmudecen.

     

    El pájaro – Octavio Paz

    Un silencio de aire, luz y cielo.
    En el silencio transparente
    el día reposaba:
    la transparencia del espacio
    era la transparencia del silencio.
    La inmóvil luz del cielo sosegaba
    el crecimiento de las yerbas.
    Los bichos de la tierra, entre las piedras,
    bajo la luz idéntica, eran piedras.
    El tiempo en el minuto se saciaba.
    En la quietud absorta
    se consumaba el mediodía.

    Y un pájaro cantó, delgada flecha.
    Pecho de plata herido vibró el cielo,
    se movieron las hojas,
    las yerbas despertaron…
    Y sentí que la muerte era una flecha
    que no se sabe quién dispara
    y en un abrir los ojos nos morimos.

     

    Pensándolo bien – Jaime Sabines

    Me dicen que debo hacer ejercicio
    para adelgazar,
    que alrededor de los 50′s
    son muy peligrosos
    la grasa y el cigarro,
    que hay que conservar la figura
    y dar la batalla al tiempo,
    a la vejez.

    Expertos bien intencionados
    y médicos amigos
    me recomiendan
    dietas y sistemas
    para prolongar la vida
    unos años más.

    Lo agradezco de todo corazón,
    pero me río
    de tan vanas recetas
    y tan escaso afán.
    (La muerte también ríe
    de todas esas cosas.)

    La única recomendación
    que considero seriamente
    es la de llevar
    una mujer joven a la cama
    Porque a estas alturas,
    la juventud
    Solo puede llegarme
    por contagio.

     

    La santidad de la muerte – Amado Nervo

    La santidad de la muerte
    llenó de paz tu semblante,
    y yo no puedo ya verte
    de mi memoria delante,
    sino en el sosiego inerte
    y glacial de aquel instante.

    En el ataúd exiguo,
    de ceras a la luz fatua,
    tenía tu rostro ambiguo
    quietud augusta de estatua
    en un sarcófago antiguo.

    Quietud con yo no sé qué
    de dulce y meditativo;
    majestad de lo que fue;
    reposo definitivo
    de quién ya sabe el porqué.

    Placidez, honda, sumisa
    a la ley; y en la gentil
    boca breve, una sonrisa
    enigmática, sutil,
    iluminando indecisa
    la tez color de marfil.

    A pesar de tanta pena
    como desde entonces siento,
    aquella visión me llena
    de blando recogimiento
    y unción…, como cuando suena
    la esquila de algún convento
    en una tarde serena…

     

    A una rosa – Sor Juana Inés de la Cruz

    Rosa divina, que en gentil cultura
    eres con tu fragante sutileza
    magisterio purpúreo en la belleza,
    enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
    ejemplo de la vana gentileza,
    en cuyo ser unió naturaleza
    la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
    soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
    y luego desmayada y encogida.

    De tu caduco ser das mustias señas!
    con que con docta muerte y necia vida,
    viviendo engañas y muriendo enseñas.

     

    Talpa (cuento, fragmento) – Juan Rulfo

    Algún día llegará la noche.
    En eso pensábamos.
    Llegará la noche
    y nos pondremos a descansar.
    Ahora se trata de cruzar el día,
    de atravesarlo como sea
    para correr del calor
    y del sol.
    Después nos detendremos.
    Después.
    Lo que tenemos que hacer
    por lo pronto
    es esfuerzo tras esfuerzo
    para ir de prisa
    detrás de tantos como nosotros
    y delante de otros muchos.
    De eso se trata.
    Ya descansaremos
    bien a bien
    cuando estemos muertos.

     


    Referencias

    • El altar de muertos: origen y significado en MéxicoPatricia Beatriz Denis Rodríguez, Andrés Hermida Moreno y Javier Huesca Méndez. La ciencia y el hombre (Revista de divulgación científica y tecnológica de la Universidad Veracruzana). Volumen XXV Número 1.
  • Poemareflexiona de verano IV

    Poemareflexiona de verano IV

    Durante el paréntesis estival os vamos a recordar algunos de los Poemareflexiona con …. que hemos publicado en la revista.

    En esta entrega veraniega vamos a reflexionar con cuatro poetas:

    Poemareflexiona con …. W.S.Merwin (II)

    Poemareflexiona con… Francisco Javier Irazoki

    Poemareflexiona con… Lao Tse

    Poemareflexiona con… Octavio Paz

  • Poemareflexiona con… Octavio Paz

    Poemareflexiona con… Octavio Paz

    La imagen que se tiene del acto de escribir poesía es una imagen que nos sitúa en un café en París y que nos saca de la cocina de casa, de la cama o de estar con los hijos. Las consecuencias para la vida práctica son tremendas, pues de esa imagen se deriva que no se puede escribir poesía en cualquier lugar.

    Afortunadamente no funciona así. Algunos escribimos en el metro, en la cama antes de levantarnos, en el trabajo, escuchando alguna frase en el supermercado, leyendo cualquier tontería, a través de los recuerdos, limpiando los mocos de un niño, en brazos del amor. El problema está en que no le damos importancia a esos poemas porque creemos que son poemas de segunda, porque no cuentan con el escenario de rigor.

    Tenemos que reivindicar el lugar de la poesía en la vida cotidiana para ser capaces de generar nuevas dinámicas poéticas. Una sociedad abierta a la poesía es una sociedad que se enriquece con cada uno de los poemas de sus individuos.

    Los poemas están ahí para escucharlos, mimarlos y darles voz,  es así cómo se olvida uno de las penurias de la rutina diaria.