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  • ¿Viajamos a Pessoa? (IV y final)

    ¿Viajamos a Pessoa? (IV y final)

    ¿Viajamos a Pessoa? (I)

    ¿Viajamos a Pessoa? (II)

    ¿Viajamos a Pessoa? (III)

    Cuarta y última entrega de los artículos dedicados a Fernando Pessoa.

     Que la muerte nos acompaña desde que nacemos (hay quien dirá que nos acecha) es algo que ignoramos a conciencia, sobre todo, cuando la juventud reina en la piel y cubre con vitalidad la mirada hacia un futuro lleno de anhelos. Entonces, parece que la vida no ha empezado, no del todo, todavía. Aunque siempre hay excepciones y Pessoa no era ajeno a la muerte, cercana e indudable. Será por eso que nos invita a vivir el momento, a través de Ricardo Reis: 

    Nada nos falta porque nada somos.

    No esperamos nada

    Y sentimos frío al sol.

    Mas tal como es, gocemos el momento,

    Solemnes en la alegría levemente,

    Y aguardando la muerte como quien la conoce.

    Para este último artículo, me he sumergido más que nunca en sus letras, buscando registro, constancia, lo que fuera que pudiera contarme cómo vivió sus últimos años un hombre entregado a la escritura, dueño de proyectos inacabados, de montones de historias atrapadas en un baúl. Todos esos folios quedaron huérfanos de obra, y algunos de ellos, se han incorporado a publicaciones póstumas; pero solo tres libros fueron publicados en vida del poeta: Antinous e 35 sonetsEnglish Poems I-II-III, en inglés; Mensagem, en portugués. Miles de papeles dejan constancia de su huella literaria y, sin embargo, poco nos queda del hombre que fue. El 30 de noviembre de 1935, a los 47 años, fallecía en el Hospital de los franceses. Se dice que una cirrosis hepática fue la causante, algo que no me extraña si tengo en cuenta su famosa amistad con el alcohol, tan estrecha que llegaba a fundirse con su existencia, como contaba Bernardo Soares: 

    Cada cual tiene su alcohol. Tengo alcohol suficiente con existir. Borracho de sentirme, vagabundeo y voy seguro. 

    Pero, volviendo a la pregunta que me hacía al inicio , ¿cómo vivió la última etapa de su vida? Porque sabemos que la relación con Ophélia Queiroz tuvo un segundo intento, nueve años después de la ruptura en 1920; pero también sabemos que fue algo efímero, abocado al fracaso desde el principio. Pessoa, solo podía estar comprometido con su obra literaria… y ni eso:

    Manufacturamos ideales. La materia prima sigue siendo la misma, pero la forma, que el arte le ha dado, la aleja de continuar siendo efectivamente la misma. Una mesa de pino es pino pero también es mesa. Nos sentamos a la mesa y no al pino. Un amor es un instinto sexual, pero no amamos con el instinto sexual, sino con la presuposición de otro sentimiento. Y esa presuposición es ya, en efecto, otro sentimiento.

    También nos dice:

    Nunca amamos a nadie. Amamos, tan solamente, a la idea que nos hacemos de alguien. Es a un concepto nuestro —en suma, a nosotros mismos— a lo que amamos. 

    Así, abrazado a la escritura, fumando sin descanso y bebiendo a la par, fue consumiendo los días este “hombre-envoltorio” de una pluralidad de poetas. Diría Sophia de Mello en uno de sus versos a Fernando Pessoa:

    Tu afanoso atreverse a no ser nadie.

    Era todos y ninguno. Dedicado a muchas cosas sin concluir nada. Mediocre y excelente. Joven y viejo. Sencillo y complejo. Un fracasado y, a la vez, un prodigio de las letras portuguesas. Raro, como él solo. He querido zambullirme en la ficción creada por Antonio Tabucchi en la que recrea cómo fueron los tres últimos días de la vida de Pessoa, partiendo de algunos datos bibliográficos. Acompañado en todo momento de sus heterónimos, el poeta reconoce: 

    …vivir mi vida ha sido vivir miles de vidas, estoy cansado, mi vela se ha consumido

    Sabía que su muerte estaba cerca y nos ayuda en un poema a resumir lo que fue:

    Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía,

    Nada sería más simple.

    Exactamente poseo dos fechas -la de mi nacimiento y

    la de mi muerte.

    Entre una y otra todos los días me

    pertenecen.

    Soy fácil de describir.

    He vivido como un loco.

    He amado a las cosas sin ningún sentimentalismo.

    Nunca tuve un deseo que no pudiera colmar, pues nunca anduve ciego.

    Incluso escuchar para mí fue nada más que un complemento del ver.

    Comprendí que las cosas son reales y totalmente diferentes una de otra:

    Lo comprendí con los ojos, jamás con el pensamiento.

    Comprenderlo con el pensamiento hubiera sido encontrarlas

    todas iguales.

    Un día me sentí dormido como un niño.

    Cerré los ojos y dormí.

    Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.

    Un día antes de su muerte, dicen que pidió sus gafas, papel y lápiz y escribió: I know not what tomorrow will bring (No sé lo que el mañana me traerá). 

    Un séquito de admiradores, Fernando, eso es lo que te sigue trayendo el mañana desde el día en que te fuiste.

    Lecturas consultadas:

    • Antonio Tabucchi (1994). Sueños de sueños y Los últimos días de Fernando Pessoa. Anagrama.
    • Fernando Pessoa (traducción de Ángel Campos Pámpano, 1999). Odas de Ricardo Reis. Unidad Editorial.
    • Fernando Pessoa (traducción de Juan José Álvarez Galán, 2008). Diarios. Gadir editorial S.L.
    • Fernando Pessoa (traducción de Ángel Campos Pámpano, 2013 ). Un corazón de nadie. Antología poética (1913-1935). Galaxia Gutenberg.
    • Fernando Pessoa (traducción de Perfecto E. Cuadrado, 2013). Libro del desasosiego. Acantilado.
    • Fernando Pessoa (traducción de Alejandro García, 2016). Cartas a Ophélia. Libros del zorro rojo.
    • Sophia de Mello Breyner Andresen (traducción de Ángel Campos Pámpano, 2019). Lo digo para ver. Galaxia Gutenberg.
  • ¿Viajamos a Pessoa? (III)

    ¿Viajamos a Pessoa? (III)

    ¿Viajamos a Pessoa? (I)

    ¿Viajamos a Pessoa? (II)

    Y así he llegado a mi vigésimo octavo cumpleaños sin haber hecho nada en la vida: nada en la vida, nada en las letras o en mi propia individualidad. Hasta el día de hoy, he probado el fracaso hasta sus últimas consecuencias. Ah, ¿hasta cuándo tendré que seguir probándolo?

    Lo habíamos notado: Pessoa tenía el fracaso adherido al paladar. Así lo demuestran estas frases de su diario, el 13 de junio de 1916, cuando cumplía veintiocho años. Ya había nacido Orpheus, su orgullo, su revista, la que trajo revuelo y escándalo y crítica y burla y… fugacidad, porque no olvidemos que solo se publicaron dos números y el intento del tercero fue fallido. Cuando escribe esa nota en el diario, acababa de suicidarse poco tiempo atrás su mejor amigo, Sá-Carneiro. Planificaba futuras ediciones de obras que no verían la luz sino póstumamente. Comenzaba a flirtear con la astrología y tenía la rutina diaria escrita en las calles de la Baixa, de oficina en oficina, de taberna en taberna. ¿Y el amor, dónde quedaba? 

    No veremos en su imagen al típico poeta enamorado que despliega sus versos para hablar de pasión. De hecho, solo se le conoce la relación que mantuvo con Ophélia Queiroz, desde finales de 1919 a finales del 20 y nueve años después, en el verano de 1929, para durar solo unos meses. Fue un intercambio de cartas amorosas donde prima lo extravagante de sus formas. Me habría gustado tener acceso a las que escribió ella. De solo un vistazo a las firmadas por Fernando, me queda en los ojos un mundo de horarios y frases empalagosas que suenan ridículas en un hombre tan serio. Él lo sabía. De ahí el poema de Álvaro de Campos:

    Todas las cartas de amor son 

    ridículas.

    No serían cartas de amor si no fuesen 

    ridículas.

    También en mi tiempo escribí cartas de amor,

    como las demás, 

    ridículas.

    Las cartas de amor, si hay amor,

    tienen que ser 

    ridículas.

    Pero, al final,

    solo las criaturas que nunca escribieron

    cartas de amor

    son las que son

    ridículas.

    No sabemos por qué dejó a Álvaro de Campos ser protagonista de parte de la correspondencia con Ophélia. Así de complejo resultaba el poeta. Y cómo me gusta una frase de la carta que escribiera el 28 de mayo de 1920: El Destino es como una persona y deja de molestarnos si mostramos que no nos importa lo que nos haga.

    Para los románticos (o los cotillas) diré que la relación no llegó a más, según las fuentes, porque el poeta no quiso. Los motivos verdaderos no los sé. Parece que la escritura copaba su existencia, era su savia, pero también su obsesión. Por encima de todo, hasta de sí mismo. Y puede que, también, algún fragmento de una de sus cartas, nos aclare un poco más: “La mayoría de la gente […] considera que aún ama porque contrajo el hábito de sentir que ama. Si así no fuera, no habría gente feliz en el mundo. Las criaturas superiores, sin embargo, están privadas de la posibilidad de esa ilusión, porque ni pueden creer que el amor dure, ni cuando lo sienten acabado, se engañan confundiéndolo con la estima o la gratitud que él dejó”. ¿Pertenecería él a ese grupo de criaturas superiores?

    A lo largo de esos años y siguientes, participará en distintas revistas: Portugal futurista, Athena, Contemporânea, Presença… y no dejará de escribir, nunca, ni silenciará todas las voces que habitan su persona; tampoco buscará reconocimiento o fama, no era ambicioso ni codiciaba riquezas. Cuanto más lo estudio, más incógnitas surgen entorno a su silueta sombría. ¿Qué esperaba de una vida que no espera nada?

    A los veinte años yo creía en mi destino funesto, hoy conozco mi destino banal. 

    Un corazón latiendo en la literatura. Un espejismo de persona en la vida real. Puso en la boca de otros, inventados para esconderlo a él, las palabras que a diario se callaba un Pessoa reservado. 

    Hice de mí lo que no supe,

    y lo que podía haber hecho de mí no lo hice.

    Vestí un disfraz equivocado.

    De primeras me tomaron por quien no era y no lo desmentí, 

    y me perdí.

    Cuando quise quitarme la máscara

    la tenía pegada a la cara.

    Cuando me la quité y me vi en el espejo

    ya había envejecido.

    Estaba borracho, ya ni sabía llevar el disfraz que no me 

    había quitado.

    No he hablado de la bonita guia que escribió sobre la ciudad de Lisboa, ni de que su ingenio heterónimo llegó a tener nombre de mujer. Tampoco de sus manías (como escribir de pie, apoyado en una cómoda) o sus adicciones (fumaba muchísimo, a la par que bebía). Tendríamos por delante muchos viajes a Pessoa, estudiando a todos los seres que inventó y ni por esas lograríamos sabernos al poeta. ¿Cómo fueron sus últimos años de vida? ¿Cuál fue la causa de su fallecimiento? ¿Qué quedó de él entre nosotros? Intentaremos descubrirlo en el próximo y último artículo.


    Lecturas consultadas:

    • Fernando Pessoa (traducción de Alejandro García, 2016). Cartas a Ophélia. Libros del zorro rojo.
    • Fernando Pessoa (traducción de Martín López-Vega, 2015). Un disfraz equivocado. Nórdica Libros.
    • Fernando Pessoa (traducción de Juan José Álvarez Galán, 2008). Diarios. Gadir editorial S.L.
    • Fernando Pessoa (traducción de Ángel Campos Pámpano, 2013 ). Un corazón de nadie. Antología poética (1913-1935). Galaxia Gutenbert.
    • García Martín, José Luis (2002). Fernando Pessoa, sociedad ilimitada. Llibros del pexe.
  • ¿Viajamos a Pessoa? (II)

    ¿Viajamos a Pessoa? (II)

     

    El 19 de febrero viajamos por primera vez a Pessoa en este artículo. Hoy hacemos una segunda parada en nuestro viaje que no es la última.

    Escoger maneras de no actuar fue siempre la atención y el escrúpulo de mi vida.

    Esa frase entresacada del Libro del desasosiego es la carta de presentación de un poeta que vivió en la penumbra, casi invisible, sin arriesgarse o mostrar atisbo de ambición. Cualquier deseo que albergara quedaba en eso, en un sueño de brazos cruzados, un sueño que acaba pronto. Con esta idea de inacción nos adentramos en la segunda parte de nuestro viaje a Pessoa. Y es que siempre se habla de su persona como de alguien poco resuelto, más bien, parado. Sin embargo, en septiembre de 1905, habiendo cumplido los diecisiete años, vuelve a la tierra que le vio nacer. Me parece una decisión demasiado trascendental, algo determinante en su posterior vida literaria que no llevaría a cabo cualquier timorato. ¿Por qué? La pregunta raja el silencio como el primer trago de ginjinha (o ginja) en una garganta desacostumbrada. Si habéis probado este licor de guindas tan popular en la ciudad lisboeta, sabréis a qué me refiero. Y volviendo a la pregunta: ¿Por qué decidió abandonar la continuación de sus estudios, la estabilidad económica y la vida familiar en Sudáfrica? Hay distintas versiones que lo intentan explicar, dependiendo del autor que las defienda. Nos vamos a quedar con la duda, porque Pessoa nunca lo aclaró, pero si algo tengo claro es que, sea cual sea la razón de aquel punto de inflexión, salieron ganando las letras portuguesas. 

    No debió ser fácil la adaptación al cambio. Los diez años vividos en Sudáfrica lo educaron en otra cultura, otra lengua, otro ambiente. De hecho, como apunta Á. Campos Pámpano en Un corazón de nadie:

    las costumbres de Fernando Pessoa no son las propias de un joven portugués de la época, tiene un “aire de extranjero” que ya no le abandonará con el paso de los años.

    Tampoco se separó del estado de mudanza continua. Vivió con su abuela Dionísia y sus tías maternas, con su madre y su padrastro durante las vacaciones de estos en Portugal  y de nuevo con alguna de sus tías. Más tarde, en habitaciones de alquiler y en los últimos años de su vida, en un apartamento del edificio que acabó convirtiéndose en lo que hoy conocemos como Casa-Museo Fernando Pessoa, en la Rua Coelho da Rocha, número 16.

     ¿Cómo serán esos primeros años de vuelta a Portugal? Nadie mejor para explicarlo que él mismo, a través de su diario. Hallaremos soledad, fracaso, pasividad. El 25 de julio de 1907 escribe:

    Estoy cansado de entregarme a mí mismo, de lamentar mis desgracias, de tener lástima y llorar por mí. […] No tengo a nadie en quien confiar. Mi familia no entiende nada. A mis amigos no puedo incomodarles con estas cosas […] Soy tímido, no me gusta dar a conocer mis preocupaciones.. […] Estoy tan solo como un náufrago en medio del mar. De hecho, soy un náufrago.

    ¿Qué desgracias le perseguían? ¿Y esa sensación de soledad? No tengo respuesta, pero sí descubrí que el joven Pessoa dejó sus estudios universitarios (Curso Superior de Letras) en mayo de 1907, coincidiendo con la vuelta de su madre a Durban y, probablemente, no fuera un abandono sino una expulsión, por su participación en las revueltas estudiantiles contra las medidas políticas del dictador João Franco. En agosto de ese mismo año, morirá su abuela Dionísia y Fernando heredará un pequeño legado que usará para montar la Empresa Ibis-Tipografía a Vapor; pero el negocio no funcionará y en 1908 se verá obligado a cerrarlo. 

    Habiendo perdido la ayuda económica de su madre e invertido el dinero de la herencia en un negocio ruinoso, sobrevive con la renta que recibe de la herencia paterna y, en medio de las turbulencias políticas que azotan al país, vuelve su diario a contarnos cómo lleva el escritor esos acontecimientos:

    Cada día el periódico me trae noticia de hechos que son humillantes para nosotros, los portugueses. Nadie puede concebir cuánto me hacen sufrir. Nadie puede imaginar la profunda desesperación, el agudo dolor que me invade ante estos hechos.

    Nadie podía, desde luego, porque como bien decía:

    hay entre mí y el mundo una niebla que me impide ver las cosas como realmente son: como son para los demás. 

    El principal sustento económico que tendrá, será gracias a su trabajo como redactor y traductor comercial de correspondencia extranjera (en inglés y en francés) para distintas empresas. Entonces, ¿dónde queda la escritura? La poesía (en inglés) firmada por su heterónimo, Alexander Search, entre 1903 y 1909. También, Robert Anon, David Merrick y Fray Mauricio, entre otros, porque seguro que alguno me dejo atrás. Desde su infancia, siempre estuvo acompañado por todas estas vidas inventadas, quizá para abarcar la soledad que lo inundaba o, tal vez, para contestar esas preguntas que dejamos en el aire a la espera de que llueva la respuesta. Tajante y hasta gélido, escribía:

    ¿Por qué soy tan infeliz? Porque soy lo que no debería ser. 

    Será en 1912 cuando empiece a publicar algunos artículos en la revista A Águia (Oporto), representante de la Renascença Portuguesa (un movimiento que pretendía renovar el régimen establecido, la cultura y la sociedad). Octavio Paz utilizó una frase estupenda para resumir aquella época pessoana:

    En esos años se busca; no tardará en inventarse.

    Y será sombra solitaria en cafés y tabernas (A Brasileira, Martinho da Arcada o la desaparecida bodega de Abel Pereira da Fonseca, entre otras) donde mezclará café, alcohol y amistad, conociendo a algunos de sus grandes compañeros: Almada Negreiros (autor de algunos retratos de Pessoa), Mário de Sá-Carneiro (que sería, en realidad, su único amigo), José Coelho Pacheco, Luís de Montalvor, etc. Sin embargo, por entonces no era uno de esos aprendices de poeta que se exhiben en tertulias y recrean en su propia voz, silueta y verso. De hecho, leyendo a José Luis García Martín, encuentro una entrada del diario (15.03.1913) en la que dice:

    De noche, en la Brasileira, hablé con João Correia de Oliveira, después fui con él hasta su casa para recoger Vida Etérea. Allí hasta las doce y media de la noche; hablamos muchísimo, una conversación intensa e interesante. Le recité mis versos, que, según parece, le gustaron bastante. Le sorprendió el hecho de que yo fuera poeta. 

    Llego a 1914 y me encuentro en su diario con una afirmación que aclara o justifica la irrupción de los grandes heterónimos (Alberto Caeiro, Ricardo Reis y Álvaro de Campos):

    No sé quién soy, qué alma tengo.

    Pessoa, como todos nosotros, era muchos y ninguno, un cúmulo de reflexiones contrapuestas que, supongo, brotarían según el día, para contradecir lo dicho anteriormente y servir de oposición a lo que venga luego.

    Siento que vivo vidas ajenas, en mí, incompletamente, como si mi ser participase de todos los hombres, incompletamente, individualizado en una suma de no-yoes que se sintetizan en un yo simulado.

    ¿Sería Fernando otra creación de sí mismo? 

    Me quedaré a las puertas de 1915, antes de la publicación del primer número de la revista Orpheu, otro fracaso más para la colección de nuestro poeta. Perdonad el spoiler. A estas alturas, no debería sorprendernos una nueva decepción. También, será el año de la muerte de Alberto Caeiro. Sí, porque los heterónimos tenían su propia biografía, personalidad, estilo. Voy a despedirme con uno de sus poemas, escuchando un último fado, acumulando ganas y ganas; porque, no sé a vosotros, pero a esta servidora ya le pesa el tiempo sin llevarse a la boca un pastel de Belém y un sorbo de una bica lisboeta. Hasta la próxima.

    XVIII
    Ojalá fuera yo el polvo del camino
    y que los pies de los pobres me estuvieran pisando…
    Ojalá fuera yo los ríos que corren
    y que las lavanderas estuvieran en mi orilla…
    Ojalá fuera yo los chopos en las márgenes del río
    y solo tuviera el cielo por encima y el agua por debajo…
    Ojalá fuera yo el burro del molinero
    y que él me golpeara y me quisiera…
    Antes eso que ser el que va por la vida
    mirando tras de sí y sintiendo pena…


     Lecturas consultadas:

    • Fernando Pessoa (prólogo, selección y traducción de Octavio Paz, 1984). Antología. Laia Literatura.
    • Fernando Pessoa (traducción de Juan José Álvarez Galán, 2014). Diarios. Gadir editorial. 
    • Fernando Pessoa (traducción de Ángel Campos Pámpano, 2013 ). Un corazón de nadie. Antología poética (1913-1935). Galaxia Gutenbert.
    • García Martín, José Luis (2002). Fernando Pessoa, sociedad ilimitada. Llibros del pexe.

  • ¿Viajamos a Pessoa? (I)

    ¿Viajamos a Pessoa? (I)

    Decía Fernando Pessoa, en boca de Álvaro de Campos, que todos tenemos dos vidas: la verdadera, que es la que soñamos en la infancia, y que continuamos soñando, adultos, en un sustrato de niebla; la falsa, que es la que vivimos en convivencia con los otros, que es la práctica, la útil, aquella en que acaban por meternos en un ataúd. Sin embargo, Pessoa tenía muchas vidas, más de las dos descritas en esos versos; porque era consciente de que la vida no basta, ni una ni solamente.

    En los próximos artículos trataremos de desentrañar la máscara detrás de la máscara, para conocer un poquito mejor a este singular poeta portugués. Son muchas las lecturas y reflexiones que me han acompañado en esta búsqueda, en este deseo de descubrir, de comprender, de aprender más sobre uno de mis escritores favoritos. ¿Qué os parece si empezamos por el principio? Al fin y al cabo, si en algún lugar podemos situar el origen de su figura, debería estar en el nacimiento y evolución de la vida que dio vida al resto.  

    Fernando António Nogueira Pessoa nació en Lisboa, en la Parroquia de los Mártires (cuarto piso de la finca número 4 del Largo de São Carlos), el 13 de junio de 1888.  Los primeros años de su existencia transcurrieron allí, en el seno de una familia acomodada, junto a su madre, Maria Magdalena Pinheiro Nogueira, que poseía una cultura muy superior a las de las mujeres de su época; su padre, Joaquim de Seabra Pessoa, también culto y bien posicionado; y su abuela materna Dionísia, que padecía una enfermedad mental denominada “locura rotatoria”, con ciclos agudos de marcada agresividad. Pessoa presenciaría alguno de estos episodios que dejaron huella en él, en forma de preocupación excesiva por volverse loco. Así lo explicaba en uno de los párrafos de su diario de 1908: Una de mis dificultades mentales —más horrible de lo que las palabras pueden expresar— es el miedo a la locura, que es, en sí mismo, locura. Estoy, al menos en parte, en ese estado que Rollinat descubre como el suyo en el poema que abre su Neurosis. 

    El fallecimiento de su padre por tuberculosis en 1893, perfilará su infancia. Los problemas económicos a los que se ve sometida su madre, viuda con dos hijos, la obligarán a subastar parte de los muebles de la casa e, incluso, provocarían el traslado a una vivienda más modesta. Jorge, el hermano pequeño de Pessoa, moriría al año siguiente de fallecer el padre. Fue en aquella época de pérdida y cambio (fallecimiento de su padre y de su hermano; segundas nupcias de su madre, como veremos más adelante; nacimiento de sus nuevos hermanos, derivados de ese matrimonio…), difícil para cualquiera y más para un niño, en la que surgieron “otras voces”, como el capitán Thiebaut y Chevalier de Pas. Serán sus primeros heterónimos, esos personajes ficticios a los que daba biografía, personalidad y obra propia. También, aparecerá en ese momento su primer poema: A mi querida mamá.

    En 1895 su madre contraerá matrimonio con João Miguel Rosa, que fue enviado a Sudáfrica, como cónsul de Portugal en Durban. Esa fue la razón por la que Pessoa viviría entre los siete y los diecisiete años en aquella ciudad, recibiendo una educación inglesa, siendo un alumno destacado en el que ya podían observarse habilidades para la literatura. De hecho, en 1904 obtendrá el Premio Reina Victoria por un ensayo en inglés, realizado como una de las pruebas de admisión en la Universidad del Cabo. Ya por entonces, había tomado vida otro de sus heterónimos, Alexander Search (1899), con el que Pessoa se enviaba cartas a sí mismo, poemas escritos en inglés y portugués. La influencia de su educación inglesa será insistente a lo largo de su vida, en su pensamiento y en su obra. 

    Nos detendremos en 1905, cuando nuestro poeta regresará a Portugal (ya lo hizo en 1901, coincidiendo con la muerte de su hermana Henriqueta, de dos años de edad) para no volver a salir del país nunca más. Como despedida de este primer artículo, me gustaría dejaros con Quando ela passa (1902), uno de sus primeros poemas en portugués, posiblemente inspirado en la muerte de Henriqueta. 

    Quando eu me sento à janela
    P’los vidros qu’a neve embaça
    Vejo a doce imagem d’elia
    Quando passa… passa…. passa…

    N’esta escuridão tristonha
    Duma travessa sombria
    Quando aparece risonha
    Brilha mais qu’a luz do dia.

    Quando está noite ceifada
    E contemplo imagem sua
    Que rompe a treva fechada
    Como um reflexo da lua,

    Penso ver o seu semblante
    Com funda melancolia
    Qu’o lábio embriagante
    Não conheceu a alegria

    E vejo curvado à dor
    Todo o seu primeiro encanto
    Comunica-mo o palor
    As faces, aos olhos pranto.

    Todos os dias passava
    Por aquela estreita rua
    E o palor que m’aterrava
    Cada vez mais s’acentua

    Um dia já não passou
    O outro também já não
    A sua ausência cavou
    Ferida no meu coração

    Na manhã do outro dia
    Com o olhar amortecido
    Fúnebre cortejo via
    E o coração dolorido

    Lançou-me em pesar profundo
    Lançou-me a mágoa seu véu:
    Menos um ser n’este mundo
    E mais um anjo no céu.

    Depois o carro funério
    Esse carro d’amargura
    Entrou lá no cemitério
    Eis ali a sepultura:

    Epitáfio.

    Cristãos! Aqui jaz no pó da sepultura
    Uma jovem filha da melancolia
    O seu viver foi repleto d’amargura
    Seu rir foi pranto, dor sua alegria.

    Quando eu me sento à janela
    P’los vidros qu’a neve embaça
    Julgo ver imagem dela
    Que já não passa… não passa.

    Lecturas consultadas

    • Colaboradores de Wikipedia. Fernando Pessoa [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2019 [fecha de consulta: 29 de enero del 2020]. Disponible en <https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Fernando_Pessoa&oldid=122210338>.
    • Colaboradores de Wikipedia. Alexander Search [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2019 [fecha de consulta: 29 de enero del 2020]. Disponible en https://pt.wikipedia.org/w/index.php?title=Alexander_Search&oldid=55479125.
    • Colaboradores de Wikipedia. Quando ela passa [en línea]. Wikipedia, La enciclopedia libre, 2019 [fecha de consulta: 29 de enero del 2020]. Disponible en https://pt.wikisource.org/wiki/Quando_ela_passa.
    • Fernando Pessoa (prólogo, selección y traducción de Octavio Paz, 1984). Antología. Laia Literatura.
    • Fernando Pessoa (traducción de Ángel Campos Pámpano, 2013). Un corazón de nadie. Antología poética (1913-1935). Galaxia Gutenbert.
    • García Martín, José Luis (2002). Fernando Pessoa, sociedad ilimitada. Llibros del pexe.