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  • Aves de paso: Rosalía de Castro y la «sed de amores»

    Aves de paso: Rosalía de Castro y la «sed de amores»

    Un poema de Rosalía de Castro, perteneciente a En las orillas del Sar (1909), dice así:

    Sed de amores tenía, y dejaste

    que la apagase en tu boca,

    ¡piadosa samaritana!

    Y te encontraste sin honra,

    ignorando que hay labios que secan

    y que manchan cuanto tocan.

    ¡Lo ignorabas…, y ahora lo sabes!

    Pero yo sé también, pecadora

    compasiva, porque a veces

    hay compasiones traidoras,

    que si el sediento volviese

    a implorar misericordia,

    su sed de nuevo apagaras,

    samaritana piadosa.

    No volverá, te lo juro;

    desde que una fuente enlodan

    con su pico esas aves de paso,

    se van a beber a otra.

    No deja uno de admirarse con la artesanía con que está construido, que no procede explicar en detalle aquí. Únicamente hay que decir que, después de pensar en ello, llegamos a la conclusión de que el tema se podía definir como «deseo y desprecio de un amor traicionero». La poeta (o la voz lírica) se deja besar por alguien que quería únicamente saciar su sed «de amores» (atención al plural: no amor, sino amores, que en lírica popular solía rimar con flores, como algo bello a disfrutar), siendo la consecuencia directa de eso, en este poema, que la poeta se encuentre «sin honra», clasificando esos besos como ímprobos o algo peor. Sin embargo, se llama a sí misma «pecadora», una pecadora que ayuda, a pesar de que la compasión que la mueve sea «traidora», porque sabe que se dejaría besar de nuevo. Finalmente, lo echa de menos con ese «No volverá…», pero se recompone a sí misma repudiándolo: 

    desde que una fuente enlodan

    con su pico esas aves de paso,

    se van a beber a otra. 

    Cito de nuevo estos tres versos finales porque son de suma importancia. El poema habla de «sed de amores» que hay que saciar. En este caso, el hombre es un Don Juan, tentador, irresistible, que la besa para apagar su sed con el consentimiento de ella, siendo la poeta (o voz lírica) «donjuanada» y «donjuanable» porque se deja y lo disfruta, porque admite que volvería a hacerlo. ¿No es esta contradicción una verdad eterna, un conflicto que muchos de nosotros tenemos y no hemos logrado resolver nunca? En esos tres versos hay escondida una parte importante de la filosofía del amor y del erotismo, o incluso de la psicología de las relaciones afectivas humanas. Esto es el sustrato que tiene que tener un poema para ser universal, que se sustenta además en elementos líricos de larga tradición en la literatura.

    En primer lugar, está la fuente. Desde la más remota antigüedad, la fuente se ha utilizado como elemento simbólico. Como símbolo que es, representa un concepto, una abstracción. En todos los casos que hereden la lírica medieval de tipo popular, va a significar ‘satisfacción amorosa’. Por eso, la fuente (manantial de agua fresca y pura, lo que mejor sacia la sed) va a estar relacionada con lo que conduce a ella y las maneras en que regocija: la sed y beber, o lavarse o bañarse. Rosalía de Castro, al igual que las muchachas protagonistas de la lírica popular de todos los tiempos, se identifica con ella, surtidora de agua pura, a modo de participación mística de Jung, porque el que tiene sed es él y va a saciarse con ella. Pero a ella le gusta, porque repetiría, a pesar de las malas consecuencias para su reputación: «Caballero, queráisme dejar, / que me dirán mal», decía una muchacha en la misma situación, en un poema popular (Frenk, 2008:81).

    El poema, que parece ser una expresión de repulsa a los donjuanes que utilizan mujeres para saciarse, tiene un trasfondo de apología del amor libre, de disfrutar los amores (en plural) sin importar demasiado las consecuencias. Ella es la fuente, pero no es un objeto pasivo, sino que se regala a sí misma en su satisfacción. Que vengan a saciarse la sacia al mismo tiempo a ella, porque ella es fuente, de modo que no necesita buscar la fuente. Hay que remarcar esto, porque desde la más temprana Edad Media, en las cantigas de amigo, ya se fusionaba la muchacha con la fuente mediante relaciones semánticas del lenguaje e imágenes representadas (Frenk, 2008:43):

    [Levou-s’ a louçana],

    levou-s’ a velida,

    vai lavar cabelos

    na fontana fria,

       Leda dos amores,
       dos amores leda.

    El mayor atractivo y distintivo de esplendorosa juventud de las muchachas, que es el cabello, se lo va a lavar a la fuente. Se combina así el elemento ‘atractivo’ de la fuente fría (que sacia) y la muchacha de hermosos cabellos (que sacia y se sacia).

    El siguiente punto a tratar es el verbo «enlodan». Aquí hay otro abismo de tradición literaria y de teoría amorosa. Se entiende que hay maneras de gozar de la satisfacción amorosa que proporciona la fuente dejándola anulada de su función tras el uso. En algunos poemas simplemente la fuente sacia, normalmente a ciervos que van a beber, sin mencionar que haya deturpación del agua sin importar cuantos ciervos beban. Sin embargo, a veces los hay que enturbian el agua, dejándola no apta para beber o bañarse. Siempre se suele añadir atractivo al agua con adjetivos como fríaclara, etc. Pero tras el paso por la fuente de ciertos sujetos, se usan verbos como enturbiarenlodar volver (revolver, remover). En este poema hay una inversión de los sexos y son ciervas, no ciervos, las que quieren satisfacerse, en este caso lavando la camisa (que era una prenda íntima), metonimia del hombre amado (Frenk, 2008:82):

    Cervatica, que no me la vuelvas,

    que yo me la volveré.

    Cervatica tan garrida,

    no enturbies el agua fría,

    que he de lavar la camisa

    de aquel a quien di mi fe.

    El paso del agua fría (y limpia) a turbia es un proceso más o menos rápido que ocurre con la visita y uso de la fuente por parte de alguien, como se ha dicho. Por tanto, si la facultad de ‘satisfacción amorosa’ de la fuente se pierde, es que el disfrute amoroso o el amor propiamente dicho se consumen. En el poema anterior, dice la protagonista: «que no me la vuelvas, / que yo me la volveré», es decir, «no estropees mi relación amorosa, que ya la estropearé yo». Ella sabe que su relación se va a consumir, que el chico y ella se van a dejar de amar. Pero quiere que eso ocurra por ella misma, no por la intromisión de otra que pueda desviar la atención del chico.

    Este hecho de que la satisfacción amorosa (el agua de la fuente) se pueda enturbiar expresa que hay relaciones amorosas que tienen caducidad y hay que disfrutarlas mientras duren. Incluso antes de que aparezca una tercera persona que anticipe el fin.

    Es así, por tanto, muy poderoso el símbolo de la fuente en materia de amores (también en otros temas). Uno puede estar en una relación donde el agua ya está turbia, incluso si ha aparecido otra cervatica, o si de por sí, de tanto lavar, beber o bañarse, el agua se ha vuelto inapetecible. En estos momentos, uno (o una) puede sentir sed y pensar, con extremo deseo, en una fuente de agua fresca y clara que pudiera aliviarnos del inclemente sol del verano… 

    Por eso no echemos toda la culpa a ese Don Juan. ¿La deshonró, se aprovechó de ella? No hay rechazo por su parte. Ella, la voz lírica de Rosalía de Castro, dejó que apagase su sed en su boca. Luego hablaría él (se lo contaría a alguien), porque enlodó la fuente con su pico…, siendo ésa la manera de deshonrarla, aparte de su evasión del compromiso: «No volverá…», por lo tanto se ha ido sin poder ser localizado. Y la supuesta promiscuidad: «se van a beber a otra».

    Por fin, llegamos al tercer punto que merece la pena atención, las aves de paso. Las aves son en la lírica popular símbolo de las ‘ilusiones’. Nos referimos a las aves normalmente pequeñas, que cantan, que están en las ramas de los árboles, no a grandes aves rapaces. Estas avecillas son las que inexorablemente apuntan a una ilusión o esperanza, de ahí la «avecilla» del famoso Romance del prisionero:

    […]

    que ni sé cuándo es de día

    ni cuándo las noches son,

    sino por una avecilla

    que me cantaba el albor.

    Las aves, que representan ilusiones, deseos o esperanzas (amorosas, por supuesto), van a nutrirse de la satisfacción amorosa (la fuente), porque la ilusión se hace más grande con la esperanza de satisfacción. Así ocurre en este otro famoso romance, Fontefrida:

    Fontefrida, Fontefrida

    Fontefrida y con amor,

    do todas las avecicas

    van tomar consolación,

    si no es la tortolica,

    que está viuda y con dolor.

    Por ahí fuera a pasar

    el traidor del ruiseñor;

    […]

    Normalmente, insistimos, cuando se habla de «aves» que adornan el paisaje o que se intentan cazar o atrapar, se trata puramente de ilusiones. En las cantigas de amigo, equivalen también a los peces, que son igualmente difíciles de coger con las manos. Pero, en el caso de Fontefrida, se especifican los tipos de pájaros: la tórtola y el ruiseñor, que tienen cada uno sus connotaciones. La paloma o la tórtola, como es natural, representa el amor fiel, mientras que el ruiseñor, que embauca con sus cantos (con su «piquito de oro»), se asocia con el amor de un Don Juan, sin compromiso y de goce.

    Pero a la «fuente fría», Fontefrida, van a beber todas las aves a tomar consolación. Van todas, de todo tipo, porque todas tienen en común que tienen sed.

    Rosalía habla de aves de paso. Esta denominación es maravillosa, porque, aunque las trate mal, por enlodar cada fuente en la que beben, tienen una connotación bella. A las aves de paso se las contempla con sosiego, con añoranza incluso, por volar ellas alto, donde no podemos llegar, o acuciándonos el deseo de ir con ellas, o al menos de saber adónde irán. Cruzan el cielo de lado a lado, en una bandada cuya forma organizada se mantiene más o menos fija en su peregrinación. No se puede asociar algo demasiado negativo a las aves de paso. Son igualmente inalcanzables que el resto de las aves de la lírica popular. Son también ilusiones.

    Ella repetiría su «pecado de compasión», de dar de beber a un ave de paso, aun sabiendo que sufriría después el juicio o rechazo social, la deshonra. Pero no puede negar que repetiría. Disfrutó, vivió el instante, que es lo que al final importa.

    Las aves de paso, las experiencias amorosas fugaces, que ilusionan durante un tiempo más o menos breve, son curativas. Este factor de la curación, de sanar el alma mediante el cuerpo, está en Fontefrida: «van tomar consolación«.

    Y concuerda con este dato la fantástica canción de Joaquín Sabina Aves de paso, una auténtica joya y todo un clásico de la juventud de muchos. Pongo el enlace por si quieren escucharla ahora mismo:

    Dice el inmejorable estribillo:

    A las flores de un día,

    que no duraban, que no dolían,

    que te besaban, que se perdían.

    Damas de noche

    que en el asiento de atrás de un coche

    no preguntaban si las querías.

    Aves de paso

    como pañuelos

    cura fracasos.

    Esta canción recoge lo dicho por la lírica popular, los romances y Rosalía de Castro. Es una verdad eterna. «Que te besaban, que se perdían», que se corresponde con el «No volverá, te lo juro» y «se van a beber a otra» de la poeta gallega. A ella sí le dolió, pero es un dolor menor comparado con el placer que le da. Joaquín Sabina ha aprendido a sobrellevarlo, o bien miente ligeramente con ese «que no dolían». Claro que duele siempre que una ilusión desaparezca, pero más vale que una ilusión aparezca y desaparezca a que no la haya habido nunca.

    Y ahí está, la curación que conllevan estos amores que apagan la sed: «como pañuelos cura fracasos». Sanan las heridas, las frustraciones, levantan el ánimo. Pueden revivir a un muerto. Pueden hacer ver a una persona dolorida tras una separación que hay más mundo, que hay mucho más por conocer y por disfrutar. 

    Hay que tener siempre una fuente de agua fresca para saciar la sed. Y si está el agua turbia, buscar una nueva fuente o dejar que se aclaren las aguas. Pero no se puede vivir sin beber.

    Bibliografía

    Frenk, Margit (2008). Lírica española de tipo popular. Madrid: Cátedra.

  • Ó carón de Rosalía de Castro

    Ó carón de Rosalía de Castro

    Rosalía de Castro, hija bastarda de dios y los prejuicios, fue una poeta gallega nacida en Santiago de Compostela en 1837 y supuso junto a otros la salida de la cultura gallega de los llamados ‘Séculos escuros’ y la entrada en el Rexurdimento. Dos de sus tres obras más notorias son exclusivamente en gallego y la tercera en castellano. Gracias a esta última adquirió gran importancia en toda España y junto con Gustavo Adolfo Bécquer son el eje de la poesía española moderna y del Romanticismo.

    Es hija de un sacerdote y una hidalga pero vivió hasta los 8 años con su tía. Huerfana y abandonada trasladaría todo a sus versos.

    3

    (…)
    Sin agarimo no mundo
    Desde que nasín orfiña,
    De porta en porta pedindo
    tiven que pasar a vida.
    (…)

     

    18

    (…)
    Danlle extrañeza os cantares,
    Danlle de chorar deseio,
    I, os ollos de bágoas cheios,
    Pensa nos nativos lares,
    Que n’hai máis tristes pesares,
    Máis negra melancolía
    Que a que entre estraños se cría.
    (…)

    Su vida está caracterizada por un devenir constante de desgracias ocasionadas la mayoría por su mala salud, los viajes de su marido, Manuel Murguía, y la muerte de algunos de sus hijos a una edad muy temprana.

    15

    Alma que vas huyendo de ti misma,
    ¿qué buscas, insensata, en las demás?
    Si secó en ti la fuente del consuelo,
    Secas todas las fuentes has de hallar.
    ¡Que hay en el cielo estrellas todavía,
    Y hay en la tierra flores perfumadas!
    ¡Sí…! Mas no son ya aquellas
    Que tú amaste y te amaron, desdichada.

     

    59

    Cada vez que recuerda tanto oprobio,
    —cada vez digo ¡y lo recuerda siempre!—,
    avergonzada su alma
    quisiera en el no ser desvanecerse,
    como la blanca nube
    en el espacio azul se desvanece.

    Recuerdo… lo que halaga hasta el delirio
    o da dolor hasta causar la muerte…
    no, no es sólo recuerdo,
    sino que es juntamente
    el pasado, el presente, el infinito,
    lo que fue, lo que es y ha de ser siempre.

     

    54

    (…)
    —Pienso en cosas tan tristes a veces y tan negras,
    y en otras tan extrañas y tan hermosas pienso,
    que… no lo sabrás nunca, porque lo que se ignora
    no nos daña si es malo, ni perturba si es bueno.
    Yo te lo digo, niña, a quien de veras amo:
    encierra el alma humana tan profundos misterios,
    que cuando a nuestros ojos un velo los oculta,
    es temeraria empresa descorrer ese velo;
    no pienses, pues, bien mío, no pienses en qué pienso.

    —Pensaré noche y día, pues sin saberlo, muero.

    Y cuenta que lo supo, y que la mató entonces
    la pena de saberlo.

     

    III

    No va solo el que llora,
    no os sequéis, ¡por piedad!, lágrimas mías;
    basta el pesar del alma;
    jamás, jamás le bastará una dicha.

    Juguete del Destino, arista humilde,
    rodé triste y perdida;
    pero conmigo lo llevaba todo:
    llevaba mi dolor por compañía.

     

    20

    Cando penso que te fuches,
    negra sombra que me asombras,
    ó pé dos meus cabezales
    tornas facéndome mofa.
    Cando maxino que es ida,
    no mesmo sol te me amostras,
    i eres a estrela que brila,
    i eres o vento que zoa.
    Si cantan, es ti que cantas,
    si choran, es ti que choras,
    i es o marmurio do río
    i es a noite i es a aurora.
    En todo estás e ti es todo,
    pra min i en min mesma moras,
    nin me abandonarás nunca,
    sombra que sempre me asombras.

    La historia en la literatura de Rosalía no es para nada común en el momento en el que fueron sus obras publicadas, las mujeres rara vez ocupaban estos espacios. Aun con esto las pocas mujeres que habían escrito estaban encasilladas en un papel con el que ella rompe.

    1

    Daquelas que cantan as pombas i as frores,
    Todos din que teñen alma de muller.
    Pois eu que n’as canto, Virxe da Paloma,
    ¡ai!,¿de que a terei?

    Las mujeres en esa época necesitaban el permiso de los maridos para poder desempeñar las labores de escritura, cosa que Manuel Murguía no sólo permitía si no que fomentaba. Hizo de su editor y le buscó oportunidades para que pudiese publicar. Su relación era poco convencional para la época y ambos personajes individualmente también lo eran. A pesar de esto en sus poemas muestra un gran descontento con el amor.

    10

    Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
i eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
“Señor, que todo o podedes
-pedínlle unha vez a Dios-,
dáime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios, arrinquéino.
Mais…¿quén pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
en donde o cravo faltóu,
e seica…, seica tiven soidades
daquela pena…¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quén o entenderá, Señor!…

     

    31

    (…)
    Aí tes o meu corasón,
    Si o queres matar ben podes:
    Pero, como estás ti dentro,
    Tamén si ti o matas, morres.
    (…)

     

    31

    TAN SOIO

    Os dous, da terra lonxe
    Andamos e sufrimos, ¡ai de min!
    Mais ti tan soio te recordas dela,
    I eu, dela mais de ti.
    Ambos errantes polo mundo andamos
    I as nosas forzas acabando van.
    Mas ¡ai!, ti nela atoparás descanso,
    i eu tan soio na morte o ei de atopar.

    A pesar de todo Murguía pretendió en algunos casos tergiversar algunos poemas de Rosalía, sobre todo los de ámbito religioso, queriendo hacerla ver más atea de lo que en verdad era. Hay varias versiones del último verso de este poema.

    SANTA ESCOLÁSTICA

    (…)
    «¡La gloria es humo! El cielo está tan alto
    y tan bajos nosotros, que la tierra
    que nos ha dado volverá a absorbernos.
    ¡Afanarse y luchar, cuando es el hombre
    mortal ingrato y nula la victoria!
    ¿Por qué, aunque haya Dios, vence el infierno?»
    (…)

    Al estar la mujer relegada al ámbito doméstico y debido a las frecuentes migraciones que tenían que llevar a cabo sus maridos, Rosalía, que no es ajena a este problema escribe al exilio obligado al que son empujados los hombres gallegos por falta de recursos a América.

    30

    (…)
    E no fondo do barco
    Soíña, abandonada,
    Tras seu amor i a morte, para América,
    Para morrer de dor, ó mar se lanza.
    (…)

    Aun con todo en Rosalía habitaba la conciencia de un primer feminismo muy alejado del actual pero que fue vanguardia.

    24

    (…)
    Xaquín, Xaquín que de muller naciche,
    E que doutra muller tiveches fillos,
    ¡ai!, cal teu pai sin túa nai morrera,
    Ve que morro sin ti, Xaquín querido.

    De su vida en Santiago tenemos un par de poemas que resaltar sobre la Catedral y las diversas formas en las que esta la acongojó.

    57

    SANTA ESCOLÁSTICA

    II

    (…)
    Después la catedral palacio místico
    De atrevidas románicas arcadas,
    Y con su Gloria de belleza llena
    Me pareció al mirarla que quería
    Sobre mi frente desplomar, ya en ruinas,
    De sus torres la mole gigantesca.
    (…)

     

    28

    AMIGOS VELLOS

    Logo se acaba da vida a triste
    Pelegrinax.
    Os homes pasan, tal como pasa
    Nube de vran.
    I as pedras quedan…, e cando eu morra,
    Ti, catedral,
    Ti, parda mole, pesada e triste,
    Cando eu non sea, ti inda serás.

    Manuel Murguía es uno de los precursores del nacionalismo gallego a la vez que Rosalía es uno de sus mayores exponentes culturales. Hay que tener en cuenta en este artículo como en su obra que el idioma gallego carecía por aquel tiempo de una normativa lingüística a la que ceñirse para escribir, por lo que los textos de Rosalía son una aproximación que ella hizo del idioma hablado al escrito. Galicia era su patria y odiaba marcharse de ella y también que los demás tuvieran que hacerlo.

    27

    Era la última noche,
    la noche de las tristes despedidas,
    y apenas si una lágrima empañaba
    sus serenas pupilas.
    Como el criado que deja
    al amo que le hostiga,
    arreglando su hatillo, murmuraba
    casi con la emoción de la alegría:

    —¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamos
    abandonar nuestras humildes tierras;
    el duro pan que nos negó la patria,
    por más que los extraños nos maltraten,
    no ha de faltarnos en la patria ajena.

    Y los hijos contentos se sonríen,
    y la esposa, aunque triste, se consuela
    con la firme esperanza
    de que el que parte ha de volver por ella.
    Pensar que han de partir, ése es el sueño
    que da fuerza en su angustia a los que quedan;
    cuánto en ti pueden padecer, oh, patria,
    ¡si ya tus hijos sin dolor te dejan!
    (…)

     

    1

    V

    Éste vaise i aquél vaise,
    e todos, todos se van.
    Galicia, sin homes quedas
    que te poidan traballar.
    Tes, en cambio, orfos e orfas
    e campos de soledad,
    e nais que non teñen fillos
    e fillos que non tén pais.
    E tes corazóns que sufren
    longas ausencias mortás,
    viudas de vivos e mortos
    que ninguén consolará.

    Rosalía amaba el mar por el que tanta gente tuvo que irse en busca de qué comer y cuenta así lo que significa el hambre.

    61

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    Mas cuando ansiosa quiero
    seguirlas por la líquida llanura,
    se hunde mi pie en la linfa transparente
    y ellas de mí se burlan.
    Y huyen abandonándome en la playa
    a la terrena, inacabable lucha,
    como en las tristes playas de la vida
    me abandonó inconstante la fortuna

     

    8

    EN CORNES

    I

    (…)
    – ¡Ña Virxe, quen rosa fora!
    – ¿Por que ques ser rosa, nena?,
    – Lle preguntei cariñosa.
    I ela contesta sorrindo:
    – Porque non ten fame as rosas.
    (…)

    Igual o incluso mayor fue el odio desprendido contra Castilla por ser los culpables del atraso y la precariedad de Galicia. A esa tierra y sus habitantes les dedica toda su rabia en varios poemas.

    28

    Castellanos de Castilla,
    tratade ben ós galegos;
    cando van, van como rosas;
    cando vén, vén como negros.

    Cando foi, iba sorrindo,
    cando ven, viña morrendo;
    a luciña dos meus ollos,
    o amantiño do meu peito

    Aquel máis que neve branco,
    aquel de dozuras cheo,
    aquel por quen eu vivía
    e sen quen vivir non quero.
    Foi a Castilla por pan
    e saramagos lle deron;
    déronlle fel por bebida.
    peniñas por alimento.

    Déronlle, en fin, canto amargo
    ten a vida no seu seo…
    ¡Casteláns, casteláns,
    tendes corazón de fero!

    ¡Ai!, no meu corazonciño
    xa non pode haber contento,
    que está de dolor ferido,
    que está de loito cuberto.

    Morreu aquel que eu quería
    e para min non hai consolo:
    so hai para min, Castilla,
    a mala lei que che teño.

    Permita Deus, casteláns,
    casteláns que aborrezo,
    que antes os galegos morran
    que ir a pedirvos sustento.

    Pois tan mal corazón tendes,
    secos fillos do deserto,
    que se amargo pan vos gañan,
    dádesllo envolto en venero.

    Aló van, malpocadiños,
    todos de esperanzas cheos,
    e volven, ¡ai!, sen ventura
    cun caudal de desprezos.

    Van probes e tornan probes,
    van sans e tornan enfermos,
    que anque eles son como rosas,
    tratádelos como negros.

    ¡Casteláns de Castela,
    tendes corazón de aceiro,
    alma coma as penas dura,
    e sen entrañas o peito!

    En tros de palla sentados,
    sen fundamentos, soberbios,
    pensas que os nosos filliños
    para servirvos naceron.

    E nunca tan torpe idea,
    tan criminal pensamento
    coubo en máis fatuas cabezas
    ni en máis fatuos sentimentos.

    Que Castela e Casteláns,
    todos nun montón, a eito,
    non valen o que unha herbiña
    destes nosos campos frescos.

    Só pezoñosas charcas
    detidas no ardente solo
    tes, Castela, que humedezan
    eses teus labios sedentos.

    Que o mar deixoute esquecida
    e lonxe de ti correron
    as brandas augas que traen
    de plantas sen sementeiros.

    Nin árbores que dean sombra,
    nin sombra que preste alento…
    Chaira e sempre chaira,
    deserto e sempre deserto…

    Esto che tocou, coitada,
    por herdanza no universo,
    ¡miserable fanfurriñeira!,
    triste herdanza foi por certo.

    En verdade non hai, Castela,
    nada coma ti tan feo,
    que aínda mellor que Castela
    valera dicir inferno.

    ¿Por que aló fuches, meu ben?
    ¡Nunca tal houberas feito!
    ¡Trocar campiños floridos
    por tristes campos sen rego!

    ¡Trocar tan claras fontiñas,
    ríos tan murmuradores
    por seco polbo que nunca
    mollan as bágoas do ceo!

    Mais, ¡ai!, de onda min te fuches
    sen dó do meu sentimento,
    e aló a vida che quitaron ,
    aló a mortiña che deron.

    Morriches, meu queridiño,
    e para min non hai consolo,
    que onde antes te vía, agora,
    xa solo unta tomba vexo.

    Triste como a mesma noite,
    farto de dolor o peito,
    pídolle a Deus que me mate,
    porque xa vivir non quero.

    Mais en tanto non me mata,
    casteláns que aborrezo,
    hei, para vergonza,
    heivos de cantar xemendo:
    ¡Casteláns de Castela,
    tratade ben ós galegos:
    cando van, van como rosas;
    cando vén, vén como negros!

     

    29

    IV

    Probe Galicia, non debes
    chamarte nunca española,
    que España de ti se olvida
    cando eres, ¡ai!, tan hermosa.
    Cal si na infamia naceras,
    torpe, de ti se avergonza,
    i a nai que un fillo despreza
    nai sin corazón se noma.
    Naide por que te levantes
    che alarga a man bondadosa;
    naide os teus prantos erixuga,
    i homilde choras e choras.
    Galicia, ti non tes patria,
    ti vives no mundo soia,
    i a prole fecunda túa
    se espalla en errantes hordas,
    mentras triste e solitaria
    tendida na verde alfombra
    ó mar esperanzas pides,
    de Dios a esperanza imploras.
    Por eso anque en son de festa
    alegre á gaitiña se oia,
    eu podo decirche:
    Non canta, que chora.

     

    V

    «Espera, Galicia, espera;»
    Canto este grito consola!
    Páguecho Dios, bon poeta,
    Mais é un-ha esperanza louca.
    Qu’ antes de qu’ os tempos cheguen
    De dicha tan venturosa
    Antes que Galicia suba
    C’ó á cruz qu’ ó seu lombo agobia
    Aquel difícil camiño
    Qu’ ô pé d’ os abismos toca,
    Quisais cansada e sedenta,
    Quisais que d’ angustias morra.
    Págueche Dios, bon poeta,
    Esa esperanza de groria,
    Que de teu peito surxindo
    A Virgen-martir coroa,
    Y esta á recompensa sea
    D’ amargas penas tan fondas.
    Paguech’ este cantar triste
    Qu’ as nosas tristezas conta,
    Que soyo tí… ¡ti entre tantos!
    D’ as nosas magoas s’ acorda;
    Dina voluntad d’ un xenio,
    Alma pura e xenerosa!
    E cando á gaita gallega
    Aló nas Castillas oias,
    O teu corazon pergunta,
    Veras que che di en resposta
    Qu’ a gaita gallega
    Non canta que chora.

    Pero ella también tuvo que irse de Galicia y escribió uno de los poemas más famosos de toda la literatura gallega.

    15

    Adios, ríos; adios, fontes;
    adios, regatos pequenos;
    adios, vista dos meus ollos:
    non sei cando nos veremos.

    Miña terra, miña terra,
    terra donde me eu criei,
    hortiña que quero tanto,
    figueiriñas que prantei,

    prados, ríos, arboredas,
    pinares que move o vento,
    paxariños piadores,
    casiña do meu contento,

    muíño dos castañares,
    noites craras de luar,
    campaniñas trimbadoras
    da igrexiña do lugar,

    amoriñas das silveiras
    que eu lle daba ó meu amor,
    camiñiños antre o millo,
    ¡adios, para sempre adios!

    ¡Adios groria! ¡Adios contento!
    ¡Deixo a casa onde nacín,
    deixo a aldea que conozo
    por un mundo que non vin!

    Deixo amigos por estraños,
    deixo a veiga polo mar,
    deixo, en fin, canto ben quero…
    ¡Quen pudera non deixar!…

    Mais son probe e, ¡mal pecado!,
    a miña terra n’é miña,
    que hastra lle dan de prestado
    a beira por que camiña
    ó que naceu desdichado.

    Téñovos, pois, que deixar,
    hortiña que tanto amei,
    fogueiriña do meu lar,
    arboriños que prantei,
    fontiña do cabañar.

    Adios, adios, que me vou,
    herbiñas do camposanto,
    donde meu pai se enterrou,
    herbiñas que biquei tanto,
    terriña que nos criou.

    Adios Virxe da Asunción,
    branca como un serafín;
    lévovos no corazón:
    Pedídelle a Dios por min,
    miña Virxe da Asunción.

    Xa se oien lonxe, moi lonxe,
    as campanas do Pomar;
    para min, ¡ai!, coitadiño,
    nunca máis han de tocar.

    Xa se oien lonxe, máis lonxe
    Cada balada é un dolor;
    voume soio, sin arrimo…
    Miña terra, ¡adios!, ¡adios!

    ¡Adios tamén, queridiña!…
    ¡Adios por sempre quizais!…
    Dígoche este adios chorando
    desde a beiriña do mar.

    Non me olvides, queridiña,
    si morro de soidás…
    tantas légoas mar adentro…
    ¡Miña casiña!, ¡meu lar!

    Rosalía siempre tuvo claro quienes eran los suyos a pesar de venir de una familia más acomodada que la de la mayoría. Escribió contra los ricos y a favor de los pobres y también por y para ellos aunque sabía que haría falta mucho tiempo para que realmente pudieran leerla.

    25

    XXVII

    Que é triste o rostro da mortal pobreza
    que entre ximidos e dolores nace,
    i hastra a hermosura vén cando riqueza
    co seu mirar risoño nos comprace;
    presta o diñeiro encanto e gentileza,
    i un Dios o mesmo demo se tornase
    si tomando a figura de banqueiro
    remexese diñeiro e máis diñeiro.

     

    5

    (…)
    ¡Fuxir da lama
    Quen nacéu nela¡
    Dios cho perdone,
    Probe Manuela.
    Lama con honra
    Non mancha nada,
    Nin seda limpa
    Honra emporcada.

    Ya por último, Rosalía tenía una fijación con la muerte, como cualquier escritor romántico. Escribió bastantes poemas al respecto en sus muchas formas pero como colofón a este acercamiento a su historia contaremos su muerte. Fue en Padrón en 1885, con 48 años de edad, en sus últimos momentos después de pedirle a sus hijas que quemaran sus últimos manuscritos que quería dejar sin publicar, ella les pidió que abriesen la ventana de su habitación porque quería ver el mar. Lo curioso es que desde Padrón no se puede ver de ninguna forma el mar por lo que no se sabe qué pretendía decir. Hay teorías sobre lo que pudo ser pero mejor dejarlo a la imaginación de cada uno y que saquen conclusiones tras leer sus obras.

    DE BALDE

    Cando me poñan o hábito,
    si é que o levo;
    cando me metan na caixa,
    se é que a teño;
    cando o responso me canten,
    si hai con que pagarlle ós cregos,
    e cando dentro da cova…
    ¡Que inda me leve San Pedro
    se só ó pensalo non río
    con unha risa dos deños!
    ¡Que enterrar, han de enterrarme
    anque non lles den diñeiro!

     

    37

    Teño un mal que non tén cura,
    un mal que naceu comigo,
    i ese mal tan enemigo
    levarame á sepultura.

    Curandeiros, ceruxanos,
    dotores en medeciña,
    pra esta infirmidade miña
    n’hai remedio antre os humanos.

    Deixá, pois, de remexer
    con concencia ou sin concencia,
    os libros da vosa cencia,
    pois para min n’han de ter.

    ¿Que o dudás? Duda non cabe
    nesto que digo, doutores,
    anque pese, hai amargores
    que non pasan con xarabe.

    ¿Asañasvos porque digo
    verdás que sabés de sobra?
    Pois a probar… mans á obra:
    vede de curarme, amigo.

    O meu mal i o meu sofrir
    é o meu propio corazón:
    ¡quitaimo sin compasión!
    Despois: ¡faceme vivir!

     

    16

    -Médico, doille a cabeza…
    Zuruxán, doille unha man…
    Mais se é que o esprito lle doi,
    ¿qué menciña lle darás?
    -Para infirmidás das almas
    na terra cura non hai;
    pídelle a Dios que cha leve;
    quizás no ceu sandará.

     

    ¿?

    ¡Tierra! sobre el cadáver,
    Antes que empiece a corromperse, ¡tierra!
    Ya el hoyo se ha cubierto… consolaos,
    Pronto ahora en la escoria removida,
    Verde y pujante crecerá la hierba.
    ¿Mas dónde está el que se fue? ¿Sabéis acaso
    Qué ha sido de él? ¡Ah, necios!
    No os ocupéis de lo que al polvo vuelve;
    ¿Qué importan los cadáveres, qué importan
    Cuando algo más que la materia ha muerto?

    No, no es posible que todo
    Todo haya acabado ya:
    No acaba lo que es eterno
    No puede tener fin la inmensidad.

    Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
    Que no se morirá jamás
    Y que dios, porque es justo y porque es bueno
    A desunir ya nunca volverá.

    Tú te fuiste para siempre, mas mi alma
    Te espera aún con cariñoso afán
    Y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
    Allí donde nos hemos de encontrar.

    En la tierra, en el cielo, en lo insondable
    Yo te hallaré y me hallarás…
    No acaba lo que es eterno
    No puede tener fin la inmensidad.