Buzón del lector

  • PASADO VERSUS FUTURO

    PASADO VERSUS FUTURO

    La fecha de la muerte de Franco nunca pasa desapercibida y menos este año 2025 -que ya forma parte de la historia- en el que se cumplieron los cincuenta años de su fallecimiento. Siempre ha habido nostálgicos de aquellas casi cuatro décadas en las que gobernó con mano firme y cruel tras desencadenar una Guerra Civil y una postguerra hambrienta en todos los sentidos de la palabra. Incluso algunos militares intentaron, el 23 de febrero de 1981, abortar el proceso de Transición iniciado tras la muerte del Generalísimo. 

    Año tras año desde hace medio siglo se han manifestado pequeños grupos para recordar aquellos tiempos de represión y silencio, que naturalmente no lo fueron para ellos. Ya todos estábamos acostumbrados a verlos pasar enarbolando la bandera preconstitucional sin pena ni gloria. Sin embargo, el pasado 20 de noviembre no solo salieron los de siempre, sino también un gran número de jóvenes, menores de 30 años, adornados con símbolos franquistas y vitoreando consignas como “Arriba España” o “Con Franco se vivía mejor” mientras cantaban el Cara al sol.

    Según un reciente sondeo, alrededor del 30% de los jóvenes, comprendidos entre los 18 y 34 años, creen que en aquellos años de dictadura había menos delincuencia, más trabajo y menos pobreza. Además alaban a Franco porque creen que bajo su mandato se construyeron muchos pantanos, vivienda de protección oficial y que la economía, gracias al turismo, iba viento en popa. Es curioso que ellos que no vivieron en aquel régimen lo idealicen como si hubiesen sido testigos de aquella etapa histórica. La mayoría de estos jóvenes (más chicos que chicas) se informan a través de redes sociales como TiKToK en las que los famosos influencer les explican brevemente (todo ha de ser breve para que no se aburran) quién era Franco y lo presentan como un tipo bonachón que salvó la patria del desastre. El auge de la extrema derecha también influye en estas ideas  contra el sistema democrático que para ellos no representa la victoria de los derechos conseguidos entre todos los que votamos, algunos por primera vez (la mayoría de edad se estableció en los 18 años), en el Referéndum de la Constitución de 1978.

    Cabría preguntarnos qué les sucede a estos jóvenes, que muestran la natural rebeldía propia de la edad, por qué ensalzan una dictadura y menosprecian un sistema democrático. Lo cierto es que por primera vez ellos ven  su futuro peor que el de sus padres o abuelos. No tienen la posibilidad de independizarse porque no encuentran un trabajo fijo ni pueden acceder a una vivienda, ni siquiera de alquiler. Ven su futuro negro, sin casa, sin empleo y sin una pensión de jubilación. Poco les importa el sistema llamase democrático o dictatorial, ellos se aferran a un clavo ardiente con tal de cambiar su destino. Su conocimiento del franquismo es deficiente porque no se han informado con rigor (muchos de ellos han abandonado los estudios), tampoco tienen referentes porque sus padres ya nacieron en democracia. 

    Podríamos pensar que esta rebeldía actual de la juventud es una moda pasajera y esperar a que cambie, pero esa no es la solución. La única solución reside en que los dirigentes políticos consigan que estos chicos y chicas valoren nuestro sistema democrático, para ello deberían revisar algunos artículos de la Constitución que en estos momentos de vorágine capitalista  parecen olvidados. Me remito, en particular, al artículo 35 y 47 de la Constitución, aquellos que  dicen:

    Artículo 35

    1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.
    2. La ley regulará un estatuto de los trabajadores.

     Artículo 47

    Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

    A mí ya no me queda mucho futuro por vivir, sin embargo, me gustaría imaginar uno mejor. De este modo, quizá las nuevas generaciones valoren lo que tienen y no idealicen tiempos pasados que en nuestro caso no fueron mejores.

  • La tierra es la patria de toda la humanidad

    La tierra es la patria de toda la humanidad

    Hago un llamado a todos los poetas y escritores de la tierra. ¡Queridos poetas y escritores! ¡Queridos amigos! La Tierra es nuestro hogar. En una época en la que hacen estragos diversas guerras, enfermedades, disputas, inmoralidad, derramamiento de sangre espiritual y crueldad, independientemente de nuestra religión, raza, edad, profesión y lugar de residencia, debemos proteger nuestro hogar para que quede un espacio pacífico y tranquilo para el futuro. Crecimos en diferentes guerras. Hemos visto mucha sangre derramada. Cuántas enfermedades graves hemos padecido. Se han destruido ciudades. Países han sido bombardeados y esta situación deplorable continúa. Día tras día no creemos en el mañana. Porque nuestros vecinos están inquietos.

    El humo que sale de su chimenea también entra en nuestra casa.

    Podemos oír los gritos en su casa. No podemos soportar el lamento de las madres que han perdido a sus hijos. Si la total Madre de la tierra se levanta, este planeta no podrá contenerse. La Tierra se sale de su eje. Queridos amigos, poetas-escritores del mundo entero, la razón por la que repito esta palabra una vez más es que estoy segura de que estos dolores están presentes en cada uno de nosotros, porque cada disparo atraviesa nuestros corazones. Nos hemos convertido en un cementerio viviente. Adivina qué, ¡no podemos dejar este mundo en paz! Después de todo, tenemos un arma dada por Dios, tenemos una voz que puede sacudir al mundo entero. ¿Por qué estamos callados?

    ¿Qué hará la generación del mañana en esta partida ¿dónde vivirá?

    Poco a poco ¿Qué esperamos de la tierra donde los valores morales se están erosionando en el corazón humano, el concepto de moralidad está cayendo al suelo, y la guerra de la amoralidad está haciendo estragos? Les pido a cada uno de ustedes que deseen una tierra sin crueldad y un cielo en paz para las generaciones futuras.

    Si el entorno está lleno de personas que son símbolos del amor, sin odio… Si alrededor de nuestras cabezas vuelan pájaros felices. Si no hay nadie que ensombrezca a los sueños de la generación futura, aparte de árboles fuertes y sanos… Si los niños de toda la tierra crecen en paz y tranquilidad… si no saben lo que es ser golpeado.

    Dondequiera que estén en el mundo, si son felices, si se oyen risas alegres… Pensemos todos juntos y escribamos juntos sobre este tema. Creo que nuestra voz llegará a todo el mundo…

    Aunque hablemos en voz baja, ¡el mundo entero nos oirá! Todo creador que esté de acuerdo con la creencia de que la belleza moral salvará al mundo, la literatura y la espiritualidad lo sostendrán, no es indiferente al destino de la Tierra.

    Si podemos utilizar el talento dado por Dios y proteger al mundo entero del analfabetismo con una pluma en la mano, entonces no tendremos que preocuparnos por este mundo. Porque no se puede golpear una montaña con una piedra.

    Hoy, estoy en Uzbekistán, que está lejos, pero cerca de vuestro corazón, creyendo en el poder de vuestra pluma y en que no sois indiferentes al mañana, por la paz de la tierra, la paz de la humanidad, hoy y mañana, por la paz y la vida pacífica, «¡LA TIERRA ES LA PATRIA DE TODA LA HUMANIDAD!».

    Os pido que participéis en el maratón. ¡Y os invito al púlpito de poemas, artículos artísticos – periodísticos! 

    Atentamente,

    Khosiyat RUSTAM

    Jefe – Editora del periódico » KITOB DUNYOSI» BOOK World

  • Palabra y silencio: una aproximación al rol femenino en la Historia

    Palabra y silencio: una aproximación al rol femenino en la Historia

    Un pueblo sin Historia es un pueblo con media identidad, puesto que desconoce, no sólo su origen, sino también la conformación misma de su razón social. Por ello, exaltar el pasado, venerar la Historia, es en gran medida un ejercicio de autoafirmación, mediante el que cada grupo cultural se identifica a sí mismo, como colectivo con unas raíces y un proyecto en común. Nuestra identidad más arraigada, nuestro yo más entrañablemente humano y más íntimamente apegado a la tierra, es inconcebible sin ese lazo atávico mediante el cual nos miramos y confirmamos cada día en el espejo de nuestros antepasados.

    Afirmación de tan severa contundencia no parece ofrecer razón alguna para hacernos sentir la tentación de arrebatar su mayúscula a la Historia, ni para cuestionar la validez o representatividad de esa selección de recuerdos que conforman y sostienen nuestra identidad cultural. Sin embargo, el tiempo es algo más que un simple aliado de la memoria. Con el tiempo cambian las personas y cambian las ideas, y mientras determinadas premisas afianzan su solidez, otras comienzan a ser presa de dudas o cuestionamientos…

    Es así como aprenden a convivir y combinarse, en el incesante devenir cronológico, la Memoria y el Olvido, la Presencia y la Ausencia, la Palabra y el Silencio. Es así como empieza a sustituirse la Verdad por pequeñas verdades cotidianas y como comienza a ceder terreno la Historia frente a las historias anodinas que han ido quedando relegadas en los dominios de lo nunca escrito. Pero es así, también, inmerso en esa dialéctica, como aprende el ser humano a no conformarse con un mundo de herencias (pre)establecido, y a construirse a sí mismo inmerso en una realidad en constante gestación, fruto del esfuerzo, de la inquietud y del afán de superación de cada día.

    Historia, palabra, escritura… son términos indisolublemente ligados a lo que podemos llamar Relato Oficial del Pasado. El pasado, sea reciente o remoto, es irrecuperable como tiempo real y accesible. Es imposible retener eslabón alguno de esa cadena temporal que fluye de forma imparable, y que hace de nuestra vida una sucesión de recuerdos, tejidos entre la experiencia personal y la herencia colectiva. Sin embargo, nuestra inquieta naturaleza humana nos impulsa permanentemente al conocimiento y al (re)conocimiento. Y ese impulso nos conduce a intentar recuperar un tiempo pasado sobre el que sustentar la identidad misma de nuestro ser social. Así nació, por ejemplo, la mirada feminista a la literatura: una necesidad de volver a mirar la existencia en todos sus vértices para (des)cubrir lo que quedó relegado por irrelevante o no ortodoxo, como el protagonismo de la mujer en el gran cuento del mundo.

    En la medida en que recordar nos ayuda a conocernos mejor, a mejor comprender nuestros miedos y anhelos y a hacernos un poco más humanos, en todo pueblo ha existido siempre una escrupulosa reverencia hacia su tradición. Reverenciar el pasado es conservarlo mediante su constante recreación verbal, mantenerlo vivo reafirmando aquellas claves y aquellos acontecimientos que nuestros antepasados han querido legarnos. Por eso, si ese legado pertenece a toda la Humanidad, parece a todas luces injusto que continúe, a través de los siglos, escribiendo y suscribiendo la autoridad de tan sólo una parte de ella.

    Resulta una suposición razonablemente aceptable el hecho de que los hombres no han podido forjar solos la Historia. Basta una breve reflexión sobre ello para advertir que ha sido necesaria y constante la aportación de las mujeres, como soporte estratégico en los grandes conflictos bélicos –desempeñando sus incansables roles de cocinera-concubina-enfermera del aguerrido luchador- y, por supuesto, como (re)productora de todos y cada uno de los hombres mediocres y sublimes del mundo –tarea insustituible en su trascendencia-.

    Decía Virginia Woolf, acerca de esta insoslayable pero obviada realidad, que las mujeres «[h]emos concebido y criado y lavado y enseñado, tal vez hasta los seis o siete años, los mil seiscientos veintitrés millones de seres humanos que ahora pueblan el mundo […] y eso también toma su tiempo» (1). Sin embargo, lejos de considerarse un factor históricamente decisivo, el rol femenino ha sido tradicionalmente mantenido en esa «aceptación razonable» que le impide desarrollarse más allá de lo «biológicamente natural». Ha sido mantenido «al calor del hogar» y de espaldas a los grandes acontecimientos, lejos de cuestiones sociales, políticas o jurídicas que entorpeciesen su sacrosanta función doméstica.

    Si la Historia es cosa de todos los seres humanos, es de justicia atender a la manera en que todos y cada uno de los grupos que componen nuestra especie -raciales, sexuales o culturales- han contribuido a su construcción. Sólo teniendo esto en cuenta podremos acceder al conocimiento de la Historia de la Humanidad y superar de una vez por todas ese modelo caduco de «historia universal» protagonizado y autorizado por el hombre-blanco-occidental en absoluta exclusividad.

    (1)  Virginia Woolf, Un cuarto propio, Madrid, Júcar, 1991, pág. 144.

  • Her-story: represión de la Iglesia Católica y resurrección artística de la mujer.

    Her-story: represión de la Iglesia Católica y resurrección artística de la mujer.

    “No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil” (Orwell, 1948, p. 101)

    El arte ha servido en la contienda contra las injusticias universales, promoviendo la libertad del pensador que es el fabricante de dichas piezas, con su peso reflexivo y deconstructivo. Una de las luchas en las que ha intervenido es contra el sistema católico occidental, desde el año 100 d.C. cuando las persecuciones contra los “paganos” se incluyó en la índole gubernamental. Dentro de este trabajo se busca evidenciar cómo ese veto religioso restringe el desarrollo de “ellas”, y cómo las mujeres encontraron la manera de escabullirse en el arte, especialmente en la poesía. En esa guerra extendida en varios siglos, por la oposición al paganismo, se ocultó parte importante de la alabanza a figuras femeninas, el reconocimiento de su sabiduría, e incluso se suprimieron los canales para su contribución pública.

    Desde la historia impopular, es decir la her-story, la mujer tuvo un poder nato que era visto como el primer milagro: la creación. De las caderas grandes de “esas otras” que parecían pares, se aproximaba una cabeza entre sus piernas. Como los humanos tienen el deseo de deificar aquello que les impacta, la llamaron “Diosa Madre”. Allí albergaron la promesa de la fertilidad para no extinguirnos. Siguiendo en esos años de las primeras pisadas en el paleolítico, hasta sus avances de herramentación en el mesolítico, nuestro inconsciente colectivo[1] relaciona el verde con la naturaleza, las primeras sociedades e incluso a la Diosa Ella.

     En varias culturas, como las vikingas, celtas, egipcias , entre otras, las mujeres y los hombres gozaban de los mismos derechos y oportunidades. Las féminas eran sinónimo de una erudición mágica, cuasi científica; cognición heredada que las hacía más conocedoras de las plantas, la colorimetría, los olores, enfermedades y cómo descifrar la somatización; relacionadas totalmente con la luna, fecundidad, y otros elementos que hasta la actualidad simbolizan una pureza congénita de sus entes. Nuevamente, el inconsciente colectivo trae a pensar en la chamana, sacerdotisa, bruja o curandera, que atendía con hierbas, y otros elementos que hoy son sintetizados en las pastillas. Aldeas y tribus que adoraron a un sin número de deidades, pero siempre con la injerencia de una Diosa Madre, fueron clasificadas en el diccionario católico, como paganas.

    Con la expansión de la cristiandad, muchos pueblos se vieron en la posición de ceder sus territorios, como fue el caso de los Vikingos ante Francia, por lo que perdieron muchas de las bases equitativas en materia de derechos paritarios. Se castigó a las religiones relativas a la naturaleza, eliminaron a las partes y cualquier rastro de poderío que considerase a las mujeres como dueñas de sus cuerpos o conocedoras de ciencia. Tal como la historia relata, para los años 1450, esa ciencia de las mujeres se transformó en la caza de brujas. Esta fue una matanza de entre 80.000 y 100.000 personas, de las cuales el 80% fueron mujeres; según los estudios de Geoffrey Scarre, de la Universidad Durham (Inglaterra). La ONU[2] también ha declarado que en la actualidad siguen desaparecidas y asesinadas miles de mujeres por crímenes de brujería; horror que está totalmente atribuido al sistema católico. Por ejemplo, con la publicación del Malleus Maleficarum, en 1484, por el Papa Inocencio VIII. En dicho libro se expande a las masas textualmente que las mujeres son de un linaje inferior, maleables al demonio y su manipulación. Además, representaba un texto de Derecho Penal, pensado en la inquisición y tortura para aquellas solteras, viudas, pobres o enfermas.

    Con todo apuntando a la angustia del hombre por la falta de control sobre los saberes que tenían ellas; el miedo generado y alimentado desde la Iglesia Católica construyó durante siglos nuestras sociedades. La repercusión se evidencia especialmente en tres grandes pilares: sexualidad, gnosis y estereotipos. La idea de la cristiandad en su contenido bíblico fue moldeada a generar recelo y pánico sobre estos temas. No por nada Eva, desobediente, tuvo que cargar con los dolores del alumbramiento; o en 1 Corintios 14: 34-35[3] se continúa incitando a la ignorancia y sometimiento. Se buscaba programar mujeres calladas, que no dudaran de lo que el hombre o la Iglesia proliferaba. Debían ir en contra del conocimiento para gobernarlo todo, y el conocimiento era la mujer per se.  Se les quitó el señorío a las mujeres, que en sánscrito proviene de “domin”, “dam”, que se entiende como “vencedor, quien manda, la cabeza, ilustre”, y se lo adjudicó al Dios católico, que lo heredó al hombre, específicamente al que era pilar de la familia, quien también manipularían con una promesa aduladora de recompensa: entre más cerca esté de Dios, más parecido es a él, propósito que solo puede cumplir por medio de la Iglesia como su intermediaria. Y la mujer “señorita”, por otro lado,  solo cambiaba y se adhería a este don cuando accedía a cumplir con la práctica de hogar que proponía la Iglesia, por medio del matrimonio.

    No hablaremos de los primeros y burlescos intentos de tratamientos médicos en la Edad Media, ni de sus castigos cruelmente infundados para profundizar la sumisión y repeler la rebeldía. Pero es importante acentuar que el sistema católico también se encargó de borrar el paso de creencias paganas que adoraban la feminidad, y colocar trabas contra las féminas tanto en la ciencia, la vida pública y el arte. La mujer fue privada de su valor equitativo, para debilitar su voz y su participación en la política, pues la Iglesia católica quería el autoritarismo en todos los niveles. Sin embargo, el deseo por acaparar supremacía repartida entre apenas unos pocos del clérico transmutó a dicho saber en uno bastante nublado. Sus propias inconsistencias en la visión del mundo causaron desatinos lamentables, que sentenciaron a la humanidad a un retroceso intelectual de muchos años.

    El arte, como se estipula al inicio de este ensayo, ha servido en repetidas ocasiones como búnker en medio del caos burocrático, ya sea a través de la pintura, teatro, baile, relatos, etc.; donde la poesía no puede faltar como un bálsamo a las abrumadoras realidades, o como mensaje encriptado entre los abyectos a los regímenes. Y en su paraguas de aceptación, las mujeres también han sido cobijadas por el uso poético. Muchas de ellas disfrazadas bajo seudónimos, alias o tomando prestado el nombre de sus maridos, empezaron una oleada de quejas directas a este producto social del catolicismo. Algunas como Sor Juana Inés de la Cruz, siglo XVI, jugaron con el propio sistema, con la simulación de estudiar en el nombre de Dios, para realmente permitirse la educación y eventualmente crear obras como el poema “Hombres necios que acusáis”. Como ella, se abrieron el camino Sor Ana de San Jerónimo, Sor María del Cielo, Sor Gregaria de Santa Teresa y otras más, siglo XVIII. En sus matices se encuentra mucho la poesía mística, como reflejan los trabajos de Santa Teresa de Jesús, que ya no refuerza la idea de inferioridad ante dos bandos, hombre y mujer, sino que se concede un alma digna del mismo amor del dios cristiano. Esta y otras autoras comparten la búsqueda de la unión con la divinidad católica, colocando a los humanos en la misma balanza valorativa.

    Citando al filósofo y escritor Umberto Eco: “No es que no existieran mujeres que filosofaban. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, quizás tras haberse apropiado de sus ideas.” (Eco , 2016). Así, las mujeres no solo vieron su expropiación en la metafísica, medicina, matemáticas, pintura, sino también en el mundo poético. Un momento crucial en la her-story, cuando el sostener este disfraz para la publicación de ideas geniales no podía continuar reteniendo el rostro de las mujeres, viene en el siglo XIX, gracias a los cimientos anteriores. Con la Revolución Francesa, las independencias y toda la propuesta de libertad en el aire, se empieza a relegar el papel de las monarquías y de la Iglesia, recordando que eran casi una sola fuerza. El discurso católico nunca fue inocente, pues para mantener su autoritarismo no cualquiera puede arrogarse la capacidad de hablar. Romper esta estructura determinada por la sociedad desde hace varios siglos es una tarea larga que se arrastra hasta estos tiempos.

    Esa idiosincrasia mandatoria usurpó identidades, lo cual quitó a las mujeres su conocimiento y las reprimió con el temor religioso para que no buscaran morder la manzana de la sabiduría nunca más, o serían arrojadas de la construcción comunal que edificaron, llamada paraíso. La entrada de la mujer al orden del discurso se introdujo con mucho camuflaje, travestismo y simulacros. Para la narrativa de Hélène Cixius: “La escritura es precisamente la posibilidad de cambio, el espacio que puede servir como un trampolín para el pensamiento subversivo, el movimiento precursor de una transformación de las estructuras sociales y culturales”. (Cixius, 1995)[4]. En donde la figura de la mujer en las luchas independentistas supuso un salto activo para participar en ellas.

    La prensa del XIX fue consciente en todo momento de su poder en la política, cultura y religión. A los hombres se les repartían ideas educadoras, mientras que para las mujeres, artículos sobre moda, cómo vestir como joven casadera y como madre de familia, aseverando la idea colonizadora de “el ángel del hogar”. Poco se habla, pero en esta misma prensa también se lee poesía escrita por mujeres como Carolina Coronado, Julia de Asensi, Faustina Saéz, Carolin Soto y Corro. Incluso mujeres hispanoamericanas, como Lola Rodriguez, Luisa Pérez y Esther Tapia,también tuvieron cabida en las páginas de publicaciones españolas, como Lola Rodriguez, Luisa Pérez y Esther Tapia. Generalmente, la persona escritora era intrínseca a otra profesión y la alfabetización era escasa, pero no minimizó la influencia de la prensa..

    En esas pequeñas brechas de progresismo, las mujeres se empapaban de intelectualidad. En la última década del siglo XIX, las revistas culturales consiguieron un lugar reconocido y prestigioso, lo que permitió acoger autores hispanos. Ventajosamente, el precio era más asequible que un libro, sumando lectores de distintos estratos sociales. Escritoras como Soledad Acosta, con opiniones de libros de Mercedes Cabello de Carbonera o de Lola Rodriguez a Manuel Corchado en su muerte “A mi patria”, empiezan a posicionarse en la prensa escrita.

    Conocer esto ayuda a la humanidad a la investigación de historia, en el proceso de reconstruirla, con más piezas elementales que proveen a las mujeres de esa identidad arrebatada, y a todos, de un conocimiento ancestral y progresivo. Dentro de la literatura, debemos entender que la prensa es un arma de doble filo, dependiendo hacia dónde apunta el poder mediático. La poesía, por su parte, es una puerta que escapa al mundo que crea el autor, inmiscuida en libre albedrío. La prensa es a veces corrompida, e impone una serie de concepciones culturales que determinan “cómo pensamos que es la mujer”. Las élites estudiadas son las que establecen un ordenamiento no solo legislativo, sino en el pensamiento de los ciudadanos. Y la educación fue una restricción para las mujeres. Es así que el rol de la prensa jugó en el siglo XIX el canal del ordenamiento social en las clases letradas.

    La poesía per se busca contar desde los ojos del escritor o desde la narración de la voz poética, el viaje del ser humano tanto en su actitud apostrófica, carmínica y enunciativa, que prácticamente resumen la conformación del individuo. Los tres matices son: su vida en sociedad cuando interactúa con otros en su jerga, el lado emocional, y finalmente la narración histórica de un antes, ahora o futuro. El inconsciente colectivo una vez más, evoca en nuestro cerebro la imagen de poetas masculinos como Federico García Lorca, Ruben Darío o Mario Benedetti. Sin desmerecer el trabajo prolijo de ellos, es difícil que asociemos la erudición artística en primer reflejo, con un nombre femenino. La investigadora Ana López Navajas realizó un estudio para la Universidad de Valencia, en el cual concluye que de cada 100 nombres que se mencionan en la educación secundaria obligatoria, 93 son de hombres (López, 2021)[5]. Vemos además que los caminos al arte poético fueron discriminados para las mujeres, como con la inclusión de la palabra “poetisa” en el siglo XVIII[6], connotando, denotando y marginando. “Poeta”, funcionó siempre desde la paridad, pero en ese momento histórico, Sarcásticamente, Juan Ramón Jiménez, acuñó el término “poetisos” para desacreditar a algunos de sus colegas varones.

    La cristiandad occidental de campañas militares y adoctrinarias son las causantes de casi todas las estructuras sociales actuales, que corrompen materia de derechos y libertad de pensamiento. Regresando a una idea pasada, la propia actitud lírica es la esencia humana per se. El rol del “ángel del hogar” limita totalmente lo que puede decir, hacer, sentir, creer, componer y destruir una mujer; verbos que permiten al poeta ser el dios de su universo gramático. Citando a Jorge Orwell, “el pensamiento corrompe el lenguaje y el lenguaje también puede corromper el pensamiento.” (Orwell, 1946)[7]; es imperante deconstruir esa tradición cultural de occidente, con el arma artística, poética, exenta; siendo la poesía el rescato emancipado que se ha usado a través de los siglos para el mismo ser humano. De la mano de la herstory, el lenguaje consciente, la retribución artística y la creación de caminos equitativos, se puede iniciar una demolición a este régimen.

    Poema adjunto de la autora:

    Mujeres y la Diosa Ella

    Hay magia en el sexo,

    porque de nuestras caderas salió el primer milagro de intriga;

    las verdes diosas, como su madre,

    que con el pasar de los años, fueron llamadas: sacerdotisas,

    “bacantes”, “mikos”,

    (con sus poderes celestiales/ intermediarias de lo no-ombrado,

    lujuriosas y curanderas).

    Hay magia en la música,

    porque a Ella la adoraban entre cánticos,

    venerando al cuerpo con la sexualidad erótica 

    de gambeteadores haciendo lunas con las caderas;

    miles y cientos de culturas alrededor del terráqueo,

    hace ya miles de abriles, (cuando no existían ni tu voz, pero sí la mía)

    se inventaron el baile; entre tantas leguas de lejanía

    y sin que el hebreo penetre al farsi.

    La humanidad colisionó en su complicidad saltando,

         cuando aún su inicio era puro, sin adoquines, callejas y cruzadas.

              Sabíamos el gran secreto de entrever las piernas…

    Antes de que el psicoanálisis vidente, en el reflejo de sus espejuelos,

    censurara la pelvis. 

    Mucho, mucho antes. 

    Cuando Malleus Maleficarum, no era un genocidio,

    y el verde seguía siendo naturaleza, y no de hechizo.

    Hay magia en la igualdad,

    porque cuando se resquebrajó el sistema económico parcelario,

    los testamentos eran fruto de dos trabajos en casa. Aunque haya durado

    lo mismo que una brisa fría en verano.

    Y éramos serpientes, y no la cola;     (CORINTIOS)

    porque el ofidio glauco, cuando pobladores oían a sus cientos de voces ancestrales,

    era símbolo de poder, fertilidad (como Ella), llama, el rugido de Egypt. Cuando aún no éramos pecado.

    Hay Magia en el pecado, 

    ¡Ya te lo he dicho! ¿dudas? Lee la biblia,

    pero estudia tu historia, ¡humanidad, te hablo!

    ¡Que Kali Ma se encienda!

    y seamos un calor de varias brujas. 

    Hay magia en las manzanas,

    por eso tuvo que caerse encima de un otro, para 

    gravitarnos de vuelta.

    Alguien llegó con pistas a indicarnos en el arte, 

    donde escondieron la sabiduría,

    (Nota: en el bosque de Eva, 

                 sobre óleo.)

    Hay magia en el poleo

    y de la menta surgió la medicina, 

                                       con ancianas;

    cuando éramos raíces perennes, conectadas con los suelos. 

    ¿Quién dijo que la cruz benigna se inventó a los demonios?

    Dibujos de oriente, moldearon un muñeco de acción 

    a su credo. ¡Vaya utopía, sin el Edén perdido,

    sin la desconexión del jardín, sin escondernos a Ella!

    Hay magia en las mujeres.


    [1] El inconsciente colectivo, dentro de la medicina psiquiatra,  Carl Gustav Jung, lo refiere como estructuras escondidas en nuestro cerebro inconsciente, de conocimiento compartido entre miembros de una misma especie; entendido como: “lo no dicho, pero que se sabe”

    [2] ONU. ACNUDH (2009).

    [3] “Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia”

    [4] Hélène Cixius, (1995) La risa de Medusa. Editorial Anthropos. España.

    [5] Ana López N. (2021) La exclusión de las aportaciones de las mujeres a la historia supone una pérdida cultural y una falta de rigor. Universidad de Valencia. España. El diario de la Educación. URL: https://eldiariodelaeducacion.com/2021/03/08/ana-lopez-navajas-la-exclusion-de-las-aportaciones-de-las-mujeres-a-la-historia-supone-una-perdida-cultural-y-una-falta-de-rigor/

    [6] Incluido por primera vez en Diccionario de autoridades.

    [7] Orwell J., (1946) 1984. Traducción: Rafael Vázquez Zamora. Salvat Editores S.A. Australia

  • I Certamen de poesía y relato corto de la Fundación Comillas

    I Certamen de poesía y relato corto de la Fundación Comillas

    La Fundación Comillas, a través de su centro universitario adscrito a la Universidad de Cantabria CIESE-Comillas, se complace en convocar la primera edición del certamen literario de poesía y relato corto.

    La participación en el certamen está dirigida a los alumnos de 4º de la ESO, primero de bachillerato y segundo de bachillerato (primera modalidad) o estudiantes universitarios de cualquier grado (segunda modalidad) con residencia en España. Cada participante presentará una única propuesta tanto en la categoría de poesía como en la categoría de relato corto.

    El plazo de presentación inicial de los originales será el 30 de marzo de 2022 y el plazo final, el 30 de abril de 2022, admitiéndose aquellos trabajos que en la hora de envío sea anterior a las 23:59 pm.

    Bases completas, aquí.

  • Cómo escribir mil poemas

    A lo largo del tiempo, el poeta vive queriendo dominar la nostalgia, vive en el exilio y la propia orfandad de sus palabras.

    Cómo un niño que se hace hombre pasan los días y los poemas poco a poco se van diluyendo entre la vida cotidiana y el romanticismo de un verso que hace drama para llamar la atención.

    El poeta sueña, vive, trata de definir en un poema sus experiencias por vivir, a veces necesitamos una, dos o cien palabras para poder recrear lo que en la profundidad de nuestras ideas intentamos expresar.

    El poeta sufre, llora, disfruta, goza cada  palabra que lucha por volver a ser un sueño, un sentimiento, una caricia, un consuelo en arte mayor o en arte menor. El poeta suspira en un lenguaje maduro, matizando sus expresiones más sentidas.

    A veces es francamente imposible y solo termina escribiendo un montón de palabras sin sentido, siendo solo un protagonista desconocido en su propio ego e inocencia que elude la realidad que suele ser muy cruda o estéril.

    El poeta es quejumbroso, transcurre entre la conciencia y la ironía solemne del mismo oficio.

    Qué importa si la poesía es difícil  o solo sobrevive en la llanura de su propio descenso, el poeta ama su propio canto, la entrañable manera de gritar te amo.

    El poeta existe por la búsqueda de su propio camino, aunque caiga en el despeñadero del facilismo cordial y precoz y no intelectual de su propio camino. El poeta ama dormir a las dos de la madrugada, con el frío de un día que no termina y no nace al mismo tiempo.

    Escribir mil poemas es un juego que transcurre en el heroico esfuerzo por querer mirar donde no sabemos que estamos viendo, que queriendo descifrar en un instante, en cualquier momento inesperado, habitual o figurado.

    El poeta se desvanece poco a poco en cada poesía, espontáneo, saltando en la creatividad de un mundo mejor, amando la sensación del instante y esa luz del bosque iluminado por un mejor mañana. Escribir es un tesoro, es como aparecer y desaparecer en un instante, a veces insoluble, a veces caótico pero siempre ilusionado.

    Después de mil poemas, no se sabe que va a pasar, solo queda la fidelidad de la experiencia, que a veces cumple y a veces padece, pero siempre satisface.

    Sigamos tejiendo en el silencio, combativa mente en el desierto, estoicamente amando en el sufrimiento, amando la frescura de escribir un poema en la metáfora de poder existir.

    Me celebro por eso y nada más.

    Miguel Adame Vázquez.

    Muchas gracias por acompañarme en este camino.

  • El Cuarto Mágico

     Sobre el Autor:

    Luis Ángel Luzardo Castellanos, “El Ángel,” nació en Caracas un 24 de Agosto de 1950. Se define como un pasajero de la vida que ocupa el puesto de la ventanilla.  Es Perito Agropecuario de corazón a la que ha dedicado cada espacio de su vida desde 1969 en su Gloriosa Escuela Práctica de Peritos (EPA) de Maracay. Abogado egresado de la Universidad de Carabobo en 1991. En ese ejercicio profesional y gremial, ha sido distinguido con la Orden Arminio Borjas en su Segunda Clase, expedida por la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela en el año 2008;  Orden Cristóbal Mendoza  en su segunda clase expedida por el Colegio de Abogados del Estado Carabobo del 2006; Condecoración Ciudad de Guigue en su categoría Botón de Honor en el año 2005; entre otros. Ha cursado estudios complementarios sobre materias agrarias a la que nunca se desvinculó. Cuentista por necesidad. Todavía insiste en reiniciar los archivos de su mente con realidades y fantasías traducidas en cuentos, autor del libro “Huellas de Juventud”, también de “Mundos Distintos” “Senderos Escritos” y el libro para niños “Pastel de Sueños”.

       El Cuarto Mágico.

    A simple vista parece un cuarto cualquiera. Pero en realidad es un cuarto mágico.

    El closet para los zapatos está lleno de juguetes enteros y por partes. Ellos componen una gran reserva de ideas de cómo iniciar un juego.

    Los adultos no comprenden que no es un simple cuarto lleno de juguetes descompuestos y desordenados. No, es un mundo mágico donde se pueden contar muchas historias y hasta vivirlas, cada vez que su dueña se disponga a inventar alguna.

    Tina Martina Patilla, es una niña de lo más bonita. Su pelo largo y ondulado cae como una cascada desde la pollina hacia su espalda. Se sospecha que viene del mar, puesto que todavía le quedaron en sus ojitos dos gotitas azules que se ven de lo más lindo en su cara. También sospechamos que viene de la Colonia Tovar porque una fresita roja y dulce alegra el color de su boca.  En definitiva ya sabemos que viene del cielo porque parece un ángel vestido de colores.

    La gente no comprende porque no le gusta que personas extrañas entren en su cuarto. Las personas de más confianza tienen que ser invitadas por ella cuando así lo decida, y en cada invitación hay un juego que inventar y una aventura que vivir.

    —¡Hola abuelo! ¿Quieres jugar conmigo?

    —¡Si mi niña! ¡Cómo no! ¿Qué vamos a jugar hoy?

    —Nos vamos de viaje para Dubái. Preparemos las maletas y acomodemos las niñas —Le dice a su abuelo mostrándole las muñecas desvestidas—. Tú vas a vestir las niñas y hacer las maletas de viaje, mientras yo, voy para Arabia vestida con este turbante y esta bata de mi mamá que me queda muy bien. También llevaré los pasaportes nuestros y se los presentaré a la policía del aeropuerto de una vez —le dice a su abuelo que está sentado en la cama haciendo lo que se le mandó.

    Tina Martina, abre la puerta de su guardarropa que es de rejillas de madera, y se encuentra con una larga alfombra roja que la conduce hacia un inmenso carruaje de cristal que es tirado por seis ponis chiquitos y gorditos.

    Unos señores muy amables y bien vestidos con casacas doradas y medias de seda hasta las rodillas, le preguntan para dónde quiere ir la princesa en su carruaje; a lo que Tina Martina contesta:

    ¡Lléveme primero a Mayami para visitar a mi tío, luego me lleva para Dubái  a visitar a mis primos, mi tía  y mi abuela que están allá, mientras mi otro abuelo viste y les da de comer a mis niñas. Luego nos regresamos a buscarlos para volver a hacer el mismo viaje pero con ellos.

    Hecho lo propio, despega el carruaje hacia el cielo y en un momentico llegan a Mayami. El paje le abre la puerta de cristal del carruaje y ella se baja a visitar a su tío para luego ordenar seguir viaje hacia Dubái vestida para la ocasión con su turbante y el vestido de mamá.

    Luego de visitar a sus primos, tía y abuela en aquel lejano país, Tina Martina Patilla decide regresar a buscar a sus niñas y a su abuelo, no sin antes despedirse con cariño de sus familiares queridos  y  prometerle otra pronta visita.

    El gran carruaje de cristal, aterriza en la parte mágica del closet y ella se baja hacia la alfombra roja que la conduce hacia la puerta de rejilla a buscar a su abuelo y sus niñas.

    ¡Su abuelo estaba dormido con las muñecas abrazadas! Seguramente esperándola para emprender el viaje con su nietecita hacia todos los sitios del mundo donde ella quiera llevarlos.

    —¡Tendrá que aprender a jugar conmigo! Eso debe ser porque está muy viejito…. Será mejor despertarlo. ¡Abuelooooooooooooo!!!!!!!!!!

      Y colorín colorado, el abuelo se quedó dormido.     

  • Los poetas estamos rotos

    Los poetas estamos rotos

    Un día, en que mis sentimientos andaban revueltos, me bañé en el caudaloso río de las letras. Sus corrientes me arrastraron, entre el dolor y el sentimiento. Y pude salir a flote con mis primeros poemas. No se de dónde salieron, yo nunca había escrito nada antes, ni siquiera me interesaba en exceso la poesía. Quizás fue Neruda y sus versos con música, no lo sé, pero cuando conté, me di cuenta de que había escrito 100 poemas y decidí crear mi primer poemario.

    Después de mi primera aventura literaria, no podía ni siquiera dormir, porque un poeta se había instalado en mi interior. Cuando me metía en la cama, se introducía en mi cabeza, martilleándome para que escribiera sus letras y aún sigue ahí. No sé cómo llegué a amar la poesía y a día de hoy no entiendo a la gente que dice no gustarle.

    La poesía es un sentimiento de dolor, amor o rabia, que está en cada canción que escuchamos, son sentimientos vividos, mariposas en el estomago, son la vida misma. No todo el mundo tiene facilidad para escribirlos. ¿Qué es un poeta sino una persona rota que recrea pequeños relatos que sanan el alma?

    A día de hoy, he publicado cinco poemarios, más de 600 poemas y he de decir que ya no puedo dejar de escribir. La poesía nace; nace del interior, de la fragilidad, del dolor, de la rabia, por eso siempre digo que los poetas estamos rotos.

  • ¿Cómo leer poesía?

    O, todavía mejor, ¿cómo escribir poesía? Los tiempos cambian, llegó Internet y con ello la globalización, los medios electrónicos, la mercadotecnia, las libertades y los derechos humanos universales.

    La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación.

    Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), “poesía” es la “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”. Pero esa descripción no dice mucho, un poema es vida, reconciliación, esperanza, amor, desdicha, melancolía, es llegar al corazón de manera abstracta, sintetizada o en prosa poética.

    En este 21 de marzo se ha celebrado el Día Mundial de la Poesía, así que no hay mejor momento para intentar echar un vistazo al tema y dejarse llevar por este maravilloso género literario para algunos único, para otros en decadencia y abandono. Para el poeta y ensayista mexicano Juan Domingo Argüelles el simbolismo es previsible: “en esa fecha se conmemora el inicio de la primavera, el inicio de la primavera y la primavera como metáfora e imagen de la luz, el calor, el renacimiento del verdor de la naturaleza, luego del frío y oscuro invierno: el triunfo de la luz sobre las tinieblas”.

    Para Fernando García Ramírez un poema se deja leer de muchas maneras, “según lo pida el texto y el ánimo lector” e incluso por gusto:

    Cuando se lee por gusto, la verdadera unidad metodológica está en la vida del lector que pasa, que se anima y se vuelve más real, gracias a la lectura.

    Gabriel Zaid nos ofrece en su libro “Leer poesía” algunas definiciones que nos ayudarán a comprender mejor el mundo del poeta en estos tiempos donde el género literario desaparece de los estantes de las librerías por no ser, en muchos casos, un género de venta a las masas.

    Un poeta descubrió hace milenios que se pueden intercambiar las palabras usadas para el agua que corre y las lágrimas. ¿Qué hubo de nuevo en el experimento? Que nunca se había construido una frase como “ríos de lágrimas”; que sí se podía construir, y que decía algo nunca dicho sobre el dolor: que puede sentirse como algo caudaloso. Hay dolores que queman, como ácidos; dolores que pesan como piedras; dolores que sacuden, que asfixian, que envenenan. Pero también hay dolores que brotan caudalosamente y corren como un río. En lo cual hubo un triple descubrimiento: lingüístico (la construcción es válida, aunque nunca se había intentado), literario (una nueva metáfora, bonita y expresiva), psicológico (la taxonomía del dolor se enriquece con otra categoría).

    – Gabriel Zaid

    ¿Para qué leemos poesía? Propone García Ramírez que “leemos poesía para liberarnos, ensayar nuevas maneras de poder ser y sentir”. Al leer imitamos lo que leemos, adquirimos práctica y técnicas, vocabulario, aprendemos con paciencia los códigos de la lectura y avanzamos en ella. Para ser buenos lectores de poesía requerimos tener pasión y amor por ella y disciplina y entrenamiento para ser continuos y perseverantes.

    Por su parte, Juan Domingo Argüelles, recupera la visión de Machado, para quien  “poesía es el diálogo del hombre con su tiempo”, y la de Octavio Paz, que establece que “poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono, operación capaz de cambiar al mundo”, también experiencia que “revela este mundo y crea otro”.

    Respecto del “poeta”, el forjador del poema, Paz afirma: “No es poeta aquel que no haya sentido la tentación de destruir el lenguaje o de crear otro, aquel que no haya experimentado la fascinación de la no-significación y la no menos aterradora de la significación indecible… El silencio después de la palabra” (Corriente alterna). Contra lo que dice el diccionario, para Paz, la poesía es exorcismo, plegaria, oración, letanía, epifanía, experiencia, intuición, emoción, angustia y también pensamiento, y “el poema no es una forma literaria, sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre…, un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía [y en donde] forma y sustancia son lo mismo” (El arco y la lira).

    – Juan Domingo Argüelles

    Así que al ser la poesía una manifestación de la diversidad que podemos manifestar en nuestro diálogo diario, de la libre circulación de nuestras ideas por medio de la palabra, del verso, del poema, contribuimos a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras, la manera de percibir e interpretar nuestra realidad y la realidad de otros. 

    Me quedo con la idea de leer y escribir poesía para expresarnos, ser iguales y no diferentes, seguir intentando fomentar la tradición oral de los recitales poéticos; intentar llegar con nuestros poemas a las pequeñas editoriales; compartirlos en la red, en la nube para crear una imagen atractiva de la poesía para que no se considere una forma anticuada de arte.

    En un mundo lleno de mercadotécnica y pocos presupuestos públicos para la difusión de la poesía debemos leer y escribir libres, puesto que, como dice de nuevo Arguelles “si hay alguien que no tiene posibilidades de vivir de sus regalías, ése justamente es el poeta”.

    Formemos público para la poesía, invitemos a que se lea poesía en voz alta en las aulas, en las escuelas. La poesía nos desnuda, nos reconforta, nos abraza, nos da un refugio en la tempestad, nos hace ver cómo somos en realidad.

    Difundamos este noble arte en este nuestro mundo contemporáneo, leamos los poetas clásicos, los estilos que se formaron en el pasado, leamos poesía libre, mejoremos en nuestra comprensión y sigamos intentando con estilo expresarnos. Existen muchísimos nuevos poetas en el mundo, soñemos con ser algún día una gran poetisa o un gran poeta.

    Tal vez en veinte o cincuenta años alguien todavía nos recuerde, quizás alguien nos lea y se sienta identificado con nuestras letras en una poesía. Si por lo menos lo podemos lograr una sola vez, habremos cumplido con un propósito que nunca nos propusimos.

    Referencias

    1. Juan Domingo Argüelles, «Poesía: celebración de una gran desconocida«.
    2. Gabriel Zaid, «¿Cómo leer poesía?»
    3. Fernando García Ramírez, «Relecturas de Gabriel Zaid: IV. Que cada quien lea el libro que se merece«
  • The World Wide Poetry: la revolución de la poesía

    The World Wide Poetry: la revolución de la poesía

    El nacimiento de esto que llamamos Internet ha llevado la poesía a otro nivel: ya no hace falta publicar un libro en papel o declamar en un salón para ser considerado, por lo menos, aprendiz de poeta.


    Desde los años 70 hasta alrededor del 2000, la poesía quedó francamente olvidada y eclipsada por otros tipos de literatura. En un país que apenas lee, los poemas llegaban a pocas personas y aún menos autores se dedicaba a escribirlos. Vivir de poeta en este país es morirse de hambre, y sólo unos pocos privilegiados con grandes plumas podían acceder a difundir sus pensamientos sus versos. Pero dejemos estas quejas infructuosas que no llevan a ninguna parte y pasemos a lo que realmente importa.

    En 1990 con la creación de Internet nace un nuevo concepto de comunicación y de relación entre los seres humanos. Con un ordenador y el gesto de apretar un botón puedes estar en comunicación directa con quien quieras y en cualquier parte del mundo, que se convierte en algo realmente pequeño, en particular gracias a la combinación de esta nueva tecnología con los celulares inteligentes. El dicho “el mundo es un pañuelo”, deja de ser un dicho para ser una realidad.

    Nacen nuevos comunicadores: tuiteros, blogueros o youtubers. Y algunos de ellos son, cómo no, poetas. Estos nuevos poetas españoles, que antes se las veían y deseaban para publicar un libro, ahora dan a conocer sus versos en sus blogs: Luna de Miguel, Irene X o Elvira Sastre son claro ejemplo de ello. Otras y otros se dedican además al universo de Twitter como Grace Klimt, Ulises Kaufman o Carlos Aymí, y arrastran una nube de seguidores que vierten en esta nueva forma de comunicarse sus pensamientos, sentimientos y versos. La publicación Babelia, de El País, llamaba la atención, el 25 de julio de 2014, sobre lo que consideraba un fenómeno en la poesía española actual: “Miles de jóvenes se apuntan a un género que ha encontrado una nueva forma de difusión fuera de los salones”.

    Y es que todos podemos tuitear aquello que se nos ocurra: podemos hablar de política, música, cine y cómo no, de poesía, poesía en 140 caracteres (¡ahora 280!). O podemos optar por abrir un blog y tratar todos los temas de los que se nos ocurra hablar. Tampoco podemos olvidarnos de otras redes sociales, como Facebook, Tumblr o Google+, donde se crean todo tipo de grupos (algunos, cómo no, de poesía) o de los clásicos foros.

    Y no hace falta ser famoso, solo hacen falta ganas y creatividad para hacerlo. No hay límite a la creatividad literaria.

    La cultura de la individualidad y el yo nos lleva a poder escribir y crear sin filtros, sin condicionamientos y a un precio muy asequible. Además está de moda, ¿quién no ha puesto un tuit? ¿cuántas personas son las que aún no acceden a Facebook? En este mundo de la comunicación inmediata mucha gente se lanza a escribir tras un nick o un pseudónimo. nadie sabe quién eres. Bajo otra identidad se pierde el miedo al ridículo y los usuarios de la red expresan su creatividad en infinidad de plataformas. Como Poémame, donde todo el mundo es bienvenido y cualquiera puede escribir y publicar poemas.

    Todo vale, todo es susceptible de ser poesía: frases escritas en paredes, en muros, en trenes a las que se toman fotografías con el teléfono móvil y se suben a la red, versos escritos en píxeles y que se leen en páginas de luz y cristal.