Esta semana tenemos el cuestionario de Claudia Viviana Molina. Ya sabes, si has superado los 100 poemas publicados en nuestra web, escríbeme a jlregojo@poemame.com y me pondré en contacto para publicar vuestras respuestas. Gracias.
El libro que estoy leyendo Soldar la propia historia de Xavier Andrés de Aguirre
El primer libro que recuerdo haber leído Alamos Talados, Abelardo Arias
El libro que cambió mi vida La Biblia
El libro que más ha influido en mi manera de escribir No hay un libro especial, tomo un poco de cada libro que he leído.
El libro que me gustaría haber escrito Martin Fierro de José Hernández
El libro que está (según su criterio) más sobrevalorado. El Código Da Vinci, de Dan Brown
El libro que está (según su criterio) más infravalorado. Trono de cristal de Sarah J. Maas
El último libro que me hizo llorar. Donde tus sueños te lleven, Javier Iriondo.
El último libro que me hizo reír. ¡Viva la diferencia! Pilar sordo
El libro que no pude acabar de leer Cumbres borrascosas de Emily Brontë
El libro que me avergüenza no haber leído Cien años de Soledad de Garcia Márquez
‘Ese’ libro que me encanta y leo a escondidas El libro que me encanta leer a diario Los cinco minutos con Dios pero no lo leo a escondidas
El libro que regalo Cualquier libro de Paulo Coelho porque todos me gustan.
El poema por el que me gustaría ser recordada
Y por eso estoy aquí.
Muchas veces he escuchado, estoy enojado con Dios, porque Él no me ayudó, cuando yo más lo necesitaba.
Cuando mi cruz se hizo pesada, Él no me respondió, y fue tan grande mi dolor, Que lastimó mi espalda.
Se me hicieron hasta llagas por cargar con mi cruz, y el no poder ver la luz en mis dias de quebranto.
Mi consejo es un canto, el que nace del amor porque entiendo tu dolor y la decepción que has sentido.
Es por eso que te digo, que Dios no estuvo ausente, Él siempre estuvo presente sufriendo tu lejanía.
Esperando que algún dia tú vinieras a mi, y por eso estoy aquí, porque ahora soy ese puente.
Para llevarte si lo quieres a la fuente del amor la que lava tu dolor y deja tu corazón como nuevo.
En mis versos yo te entregó el amor que El me dió, para restaurar tu corazón y dejarte como nuevo.
Si tu nacionalidad
es argentina asumo que ya sabes quién es María Elena, como también lo sabe tu mamá
y tu abuela, ya que el nombre de esta artista es emblema de la bella nación
celeste y blanco.
Por otra parte si no lo eres, bienvenido a este pequeño homenaje a una de las mejores artistas que ha pisado la tierra argentina, María Elena Walsh: escritora, compositora, cantautora, poetisa y dramaturga.
La poeta argentina María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía (Buenos Aires, Argentina) y falleció el 10 de enero del año 2010. Escribió su primer libro de poesía a la edad de 17 años, titulado “Otoño imperdonable” con el cual fue ganadora del premio municipal de poesía, cuyo jurado no le otorgó el primer premio por ser demasiado joven. No obstante fue reconocida en los círculos literarios de la época por dicha obra, siendo éste el inicio de lo que sería su legado. También es necesario mencionar que María Elena Walsh ha sido icono de obras de teatro y canciones para niños. Muchos de sus títulos y versos son metáforas de distintos momentos políticos de Argentina.
La poeta argentina María Elena Walsh
Entre estas obras se encuentran: «El país jardín de infantes», «El reino del revés», «El país de no me acuerdo» y «Novios de antaño». Se pueden leer sus versos en la web A media voz.
Walsh toca temas sociales de la época de la dictadura militar en sus canciones infantiles como:
El reino del revés
Me dijeron que en el reino del revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres.
Vamos a ver cómo es el reino del revés.
Me dijeron que en el reino del revés cabe un oso en una nuez, que usan barbas y bigotes los bebés y que un año dura un mes.
Vamos a ver cómo es el reino del revés.
Me dijeron que en el reino del revés hay un perro pekinés que se cae para arriba y una vez no pudo bajar después.
Vamos a ver cómo es el reino del revés.
Me dijeron que en el reino del revés un señor llamado Andrés tiene 1.530 chimpancés que si miras no los ves.
Vamos a ver cómo es el reino del revés.
Me dijeron que en el reino del revés una araña y un ciempiés van montados al palacio del marqués en caballos de ajedrez.
Vamos a ver cómo es el reino del revés.
Vamos a ver cómo es el reino del revés.
Menciono este poema ya que sus rimas traen recuerdos de mi niñez. Sus letras disparatadas y absurdas invitaban a los niños a recrear un mundo imaginario y poner a jugar la imaginación y la creatividad. El tema de esta canción es un mundo donde las cosas y las personas tienen capacidades opuestas al nuestro.
Era una fuerte crítica del estado en el que se encontraba el país a través de sus versos, como lo podemos ver en esta obra titulada “Eva”. En ese poema nos hacía reflexionar sobre como se vivía en esa época; fue censurada.
Eva
Calle Florida, túnel de flores podridas. Y el pobrerío se quedó sin madre llorando entre faroles sin crespones. Llorando en cueros, para siempre, solos. Sombríos machos de corbata negra sufrían rencorosos por decreto y el órgano por Radio del Estado hizo durar a Dios un mes o dos. Buenos Aires de niebla y de silencio. El Barrio Norte tras las celosías encargaba a París rayos de sol. La cola interminable para verla y los que maldecían por si acaso no vayan esos cabecitas negras a bienaventurar a una cualquiera. Flores podridas para Cleopatra. Y los grasitas con el corazón rajado, rajado en serio. Huérfanos. Silencio. Calles de invierno donde nadie pregona El Líder, Democracia, La Razón. Y Antonio Tormo calla «amémonos». Un vendaval de luto obligatorio. Escarapelas con coágulos negros. El siglo nunca vio muerte más muerte. Pobrecitos rubíes, esmeraldas, visones ofrendados por el pueblo, sandalias de oro, sedas virreinales, vacías, arrumbadas en la noche. Y el odio entre paréntesis, rumiando venganza en sótanos y con picana. Y el amor y el dolor que eran de veras gimiendo en el cordón de la vereda. Lágrimas enjuagadas con harapos, Madrecita de los Desamparados. Silencio, que hasta el tango se murió. Orden de arriba y lagrimas de abajo. En plena juventud. No somos nada. No somos nada más que un gran castigo. Se pintó la República de negro mientras te maquillaban y enlodaban. En los altares populares, santa. Hiena de hielo para los gorilas pero eso sí, solísima en la muerte. Y el pueblo que lloraba para siempre sin prever tu atroz peregrinaje. Con mis ojos la vi, no me vendieron esta leyenda, ni me la robaron. Días de julio del 52 ¿Qué importa donde estaba yo?
II No descanses en paz, alza los brazos no para el día del renunciamiento sino para juntarte a las mujeres con tu bandera redentora lavada en pólvora, resucitando. No sé quién fuiste, pero te jugaste. Torciste el Riachuelo a Plaza de Mayo, metiste a las mujeres en la historia de prepo, arrebatando los micrófonos, repartiendo venganzas y limosnas. Bruta como un diamante en un chiquero ¿Quién va a tirarte la última piedra? Quizás un día nos juntemos para invocar tu insólito coraje. Todas, las contreras, las idólatras, las madres incesantes, las rameras, las que te amaron, las que te maldijeron, las que obedientes tiran hijos a la basura de la guerra, todas las que ahora en el mundo fraternizan sublevándose contra la aniquilación. Cuando los buitres te dejen tranquila y huyas de las estampas y el ultraje empezaremos a saber quién fuiste. Con látigo y sumisa, pasiva y compasiva, única reina que tuvimos, loca que arrebató el poder a los soldados. Cuando juntas las reas y las monjas y las violadas en los teleteatros y las que callan pero no consienten arrebatemos la liberación para no naufragar en espejitos ni bañarnos para los ejecutivos. Cuando hagamos escándalo y justicia el tiempo habrá pasado en limpio tu prepotencia y tu martirio, hermana. Tener agallas, como vos tuviste, fanática, leal, desenfrenada en el candor de la beneficencia pero la única que se dio el lujo de coronarse por los sumergidos. Agallas para hacer de nuevo el mundo. Tener agallas para gritar basta aunque nos amordacen con cañones.
Sus obras no solo eran para niños o con mensajes subversivos, también podemos encontrar su lado romántico, sentimental, fresco y apasionado como en los siguientes poemas.
Canción
Alma sin el amor, ave dejada en los terrenos de la maravilla: cuando no haya más hojas y se acaben los días yo seguiré buscando tu luz recién nacida -alma sobre rebaños levantada- para hacer las mañanas de mi vida. El enlutado mundo que habitaba ahora es el cielo que la frente pisa. (Si se apagaran todas las uvas de la viña o se muriera el pan en las espigas, este incendio frutal de mi esperanza en otra tierra se levantaría.) Tu mano era mi mano desde siempre, tu voz mi voz, y yo no lo sabía. Anduve con tu sombra al lado de la mía por mortales caminos y celestes orillas. Eras un sueño en busca de mi frente para nacer, y yo no lo sabía. Ya mis ojos usaron la belleza y fueron en sedienta cacería -con su lastimadura de límites y aristas- al pámpano desnudo y a la rosa vestida, buscándote desde los miradores con el Amor-Que-Todo-Lo-Imagina. Cuando tú fuiste la increíble imagen yo era la sed y el vaso y la bebida. Las puertas y los frascos, cubiertos de ceniza, guardaban el perfume de la melancolía, mientras los palomares te esperaban con el Amor-Que-Nada-Te-Imagina. Aunque la providencia me negara el alimento para la alegría, aunque me entristecieras la intemperie divina con pájaros callados y sombras pensativas, aunque olvidaras, aunque no existieras, mi corazón igual te cantaría.
Balada del tiempo perdido «Yo dormía pero mi corazón velaba…» Cantares
Como a sus vanas hojas el tiempo me perdía. Clavada a la madera de otro sueño volaban sobre mí noches y días. Poblándome de una nostalgia distraída, la tierra, el mar, me entraban en los ojos y por ociosas lágrimas salían. Cuántos papeles ciegos en la tarde vacía. Qué multitud de imágenes miradas como a través de una mortal llovizna. Entorpecidas sombras en vez de manos mías, de tanto enajenarse en los espejos, todo lo que tocaba se moría. Memorias y esperanzas callaban su agonía: un porfiado presente demoraba siempre las mismas ramas amarillas. Qué tiempo sin sentido el que mi amor perdía. Qué lamentable primavera inútil haciendo en vano flores que se olvidan. Pero mi corazón velaba y no sabía. Recuperada su pasión secreta ahora enamorado resucita. Y el tiempo que hoy me guarda entre sus hojas vivas es un tiempo feliz desde hace tantos sueños que nacerán en la vigilia
María Elena Walsh, admirada por muchos escritores como Pablo Neruda, Jorge Luis Borges o Juan Ramón Jiménez, ha sido un emblema argentino que sigue trascendiendo con sus canciones y letras, transformándose en legado y patrimonio literario y poético argentino.