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  • Como fuman los murciélagos

    Como fuman los murciélagos

    Dado que fue la primera novela de Carmen Ruth Boíllos, conocida por su trayectoria poética, resulta fácil caer en la tentación de abrirla y leerla, a ver qué nos encontramos. El título también invita a ello pues esa elipsis sintáctica de una oración compleja atrae la curiosidad, bien nos deje en la tesitura de si interpretarla como condicional, como causal o como todo lo demás que haya pasado por las entrañas de la autora. En cualquier caso, el verbo y el sustantivo plural me retrotrajeron directamente a ciertas escenas de la niñez. Pero hacerlas aflorar con el artefacto de la palabra es la grandeza de la creación literaria. Y humana, Tan es así que solo algunos parece que son capaces de convertirlo en universal porque en poco tiempo me encontré con textos narrativos en los que se conjuga el mismo verbo y se exhibe el mismo nombre. Por ejemplo: una crónica titulada “¿Fuman tabaco los murciélagos?”, que empieza con otra interrogación, tan irónica como realista: “¿La estupidez humana se hereda?”. E incluso una exposición, con gran resonancia en la prensa hace unos años, de la Fundación Vila Casas, que reunía los originales de los carteles de “Cigarrillos París” y algún periódico lo titulaba, gráficamente, “Cuando fumar era también cosa de niños, muertos y murciélagos”. 

    Aquí entra nuestra obra. De veinticinco estampas. Con Mario presente (al final, en la memoria definitiva) y el verbo narrativo en primera persona para que la verosimilitud no se cuestione. Chicos y chicas, paseando por todos los vericuetos de la niñez y tramando hazañas pero ¡ojo! que “Los chicos no podían soportar por más tiempo que les ganásemos por goleada” (las chicas ya sabían dónde estaban). Creo, sinceramente, que este nuevo camino de Carmen Ruth Boíllos es acertado. Acertado porque ha conseguido llevar a palabra literaria lo que pretende un escritor: construir y reconstruir un mundo. Sea costumbrista, realista, mágico o imaginario. ¿Una crónica? Todo es ficción en el arte. Es lo que tenemos los humanos. 

    Como fuman los murciélagos. Ahí la tienen, en una edición exquisita de Huerga y Fierro, con trabajo redondo de Antonio y Charo… más los que les rodean. Pero, sobre todo, con el objetivo conseguido de la autora, que regresa a su primera memoria y le da forma en Fuentes del Duero (“donde vagamos con los deseos frustrados de construir nuestro espacio”), que son cualesquiera fuentes donde la vida esculpe perfiles y, vertiendo de una manera u otra, triunfa. La escritura. Como fuman los murciélagos (condicional, causal o comparativa) es una auténtica metáfora, que se goza cuando uno camina por los intersticios de esta obra, por esas entrañas que se describen y narran con pasión, que es lo que viene mostrando Boíllos en su creación literaria, poética, con títulos siempre orientadores de su concepción de la realidad, dinámica y comprometida: Vulnerables, Quejido y ternura o el más reciente poemario, Liturgia de los Vencidos. Añádase su implicación en trabajos colectivos como en La herencia de los chopos. Esa es la realidad creadora desde que empezó a lanzarse con acento y verbo al ruedo de la escritura. 

    Como fuman los murciélagos. La narradora nos sitúa en un Macondo particular: Fuentes de Duero, el pueblo donde se reconstruye un mundo, que la protagonista narradora vivió, gozó e imaginó. Saint-Exupéry decía que “todas las personas mayores fueron al principio niños aunque pocas de ellas lo recuerdan”. Carmen Ruth lo evoca y nos lo pone en palabra para que nosotros, lectores de su obra, nos lancemos al recuerdo porque aquel que fuimos es la raíz del que somos. Y, si los murciélagos fumaban, era por el atrevimiento humano del juguete tonto… y, además, aquí, doloroso. Los murciélagos no verán pero fueron víctimas de ojos ciegos humanos. Ni la infancia fue un paraíso ni la infancia fue un infierno: “Si hay algo que caracterizaba nuestras andanzas por las calles de Fuentes eran las mil y una travesuras que cada fin de semana tramábamos y hacíamos realidad”. Fue una etapa más que iba modelando, sin darnos cuenta, las siguientes en las que ahora estamos, incluso para escribir una primera novela como esta. “Durante meses vagamos por Fuentes con los deseos frustrados de construir nuestro espacio”. El narrador/ narradora deja constancia escrita, en primera persona, de un mundo que brota en su interior como una palpitación de la palabra. “La memoria es un barco a la deriva” se convierte en la llave asertiva y copulativa que abre la obra. Y la cierra en pasado verbal: “El tiempo fue poniendo las cosas en su sitio. Hubo palabras, hubo personas, hubo silencio”. Es lo que tienen las tragedias. Se empieza fumando, como juguete de murciélago, y se acaba en el mayor de los silencios.

    Un escenario, unos tiempos, unos personajes, unas historias. “Aquel lugar encierra muchos más recuerdos y vivencias. Mil conversaciones, risas, borracheras, demostraciones de fuerza, de orgullo y de vanidad. Por suerte sus paredes carecen de lengua y no podrán desvelar tantos secretos compartidos”. Un libro para saborear, que ocupa lo suficiente: 100 páginas de relato… pero que deja impronta, como delicia verbal que no hay que perderse. Se lee una mañana a la sombra fresca de cualquier árbol de un parque de Barcelona, Madrid o Caracas. Carmen Ruth Boíllos. Como fuman los murciélagos. “Ese brillo que un día se volvió oscuridad”. 

  • Cuadernos de soledades, de Isabel García Díaz (Huerga & Fierro ed., 2023)

    Cuadernos de soledades, de Isabel García Díaz (Huerga & Fierro ed., 2023)

    Isabel García Díaz (Barcelona-1958). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Se dedica a la docencia y a la escritura. Ha escrito microrrelatos, de los que ya hemos hablado en la Revista y cuentos (Revista Nagari, 142 Revista Cultural y Almiar). También ha realizado varios trabajos monográficos (UB/AEN) y ha impartido conferencias sobre literatura y cine. La última de ellas titulada “La lengua de las mariposas: del libro al cine” (ICAIC y Embajada de España en Cuba). Hoy vamos a hablar de su reciente obra, Cuadernos de soledades, publicada por Huerga & Fierro.

    Cuadernos de soledades es una obra que consta de tres cuadernos: el 63, el 64 y el 65. El primero de ellos empieza con la declaración de la pandemia el 12 de marzo de 2020 y va hasta el 29 de julio del mismo año. El segundo se inicia el 3 de agosto de 2020 hasta el 7 de abril de 2021. Para finalizar, el tercer cuaderno va desde el 17 de abril de 2021 hasta el 5 de diciembre del mismo año.

    El cuaderno 63, el primero, empieza fuerte, el día en el que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia por el Covid-19. Con un ritmo trepidante nos encoge el corazón, a pesar de que ya sabemos lo que ocurrió, a las primeras de cambio: angustia, escasez, muertes, aislamiento, reclusión. A ese pánico inicial le añade un comentario de sentido común que muchos pensamos en su momento:

    Me produce desolación que algunos partidos políticos aprovechen la ocasión para echar más leña al fuego. Creo que la unión de todos sería más beneficiosa en estos momentos tan críticos. Sin embargo, hay quien todo se lo plantea como una eterna campaña electoral para alcanzar el poder.

    Isabel García consigue, con su fluida prosa, desentrañar lo que será el corazón de su novela: la protagonista no consigue leer los sesenta y dos cuadernos con sus diarios personales guardados en tres cajas porque volver al pasado le produce una profunda angustia y, por ese motivo, se resigna a continuar escribiendo su día a día sobre la soledad, los afectos desaparecidos, la muerte de seres queridos, la docencia, el desengaño, la vejez y la permanente incertidumbre en tiempos de una pandemia que parece no tener fin.

    Diarios que muestran soledad y son un desahogo para Elisa, la protagonista y narradora, que desnuda sus sentimientos más íntimos ante el lector, su cómplice. Solo descansa por la noche.

    Me voy a dormir. Es un alivio desaparecer durante unas horas y olvidarse de uno mismo.

    Tres ideas se van repitiendo a lo largo de este cuaderno 63: miedo, soledad y muerte. Muerte de su prima, sus abuelos, sus padres, las innumerables víctimas del Covid-19, …

    El cuaderno 64 empieza pensando en la vejez, sin que le abandone el sentimiento de soledad, de orfandad. No deja de ser una ironía, por el tono del libro hasta el momento, que el primer libro que se compre en esta etapa sea Alegría de Manuel Vilas. Aunque unas pocas páginas después se puede leer:

    Manuel Vilas dice en su libro Alegría que uno triunfa en la vida, cuando alguien le espera. Está claro que yo no he triunfado.

    Hay que reconocer que este segundo cuaderno retrata con una prosa llena de registros emocionales la agonía del profesorado de secundaria en los centros públicos durante la pandemia. Un personal que tenía no solo el virus en su contra, sino también la política errática del Departamento de Educación, algunas actitudes de padres y madres, …

    En este segundo cuaderno, la narradora sigue buscando ese amor verdadero que la vida, hasta el momento, parece negarse a ofrecerle. De todas formas, hay ciertos destellos de optimismo que nos acompañan hasta el cuaderno 65.

    En el tercer cuaderno, la protagonista de los diarios va al psiquiatra. La soledad, la congoja y la depresión la atenazan. Cada entrada del diario retrata las semanas que ha pasado de baja hasta que consigue el alta con el nuevo año.

    Cuadernos de soledades es una obra de prosa envolvente, abundante en matices emocionales, impregnada de una narrativa y dinámica. No puedes dejar de leerla sin parar. Una cautivadora novela que no solo se centra en la búsqueda incansable del amor auténtico y leal, sino también en la dura vida de una profesora de secundaria en soledad durante la pandemia. La escritura, estilo y trama de la obra mantienen un ritmo constante y acelerado que hace que no puedas dejar de leer hasta llegar al final.

    Una buena compra: aquí.


  • Las vidas que no viví, de Patricia Almarcegui (Ed. Candaya, 2023)

    Las vidas que no viví, de Patricia Almarcegui (Ed. Candaya, 2023)

    Patricia Almarcegui Elduayen (Zaragoza) es escritora y profesora de Literatura Comparada. Desde hace unos años vive en Ciutadella (Menorca). Ha publicado en revistas como Quimera, Jot Down, La revista de Occidente, Altaïr Magazine y es colaboradora del suplemento cultural del ABC, La Vanguardia, eldiario.es y “El viajero” de El País. Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Zaragoza, donde obtuvo el Doctorado Europeo en Filosofía y Letras. Ha sido profesora invitada en la Universidad Americana de El Cairo y la Sorbona (París IV). 

    Las vidas que no viví es una novela corta dividida en tres partes, la primera está dividida, a su vez, en cuatro capítulos; la segunda en 14 y la tercera en tres. Todos los capítulos son muy cortos y además, están divididos en pequeñas escenas de un único párrafo y algunas llegan a ser incluso de una o dos líneas. Un texto que en ocasiones se detiene en el presente y en una descripción de aquello que nos rodea, de aquello que hacemos. A veces, se asemeja a un diario personal.

    Por otro lado, también es una novela, en ocasiones, nostálgica, con una gran sensibilidad poética que se percibe en los pequeños detalles que va narrando entre las reflexiones y experiencias de sus dos personajes principales, Anna y Pari. Una escritura poética y delicada, sobre todo conceptualmente, que se apoya en un lenguaje preciso. Un texto muy visual que, como si fuera un poema, la autora construye con imágenes. Así, de esta manera, Almarcegui transmite muchas percepciones y sensaciones, entre ellas, una declaración de amor a la isla de Menorca, tal y como destacó el escritor Josep Masanés en la presentación que hizo de Las vidas que no viví el pasado 22 de septiembre en Maó. 

    No podemos obviar que el inicio del libro está entre el ensayo, la novela, la poesía y la crónica histórica. Estamos ante un libro híbrido que comienza con un hecho histórico, el naufragio, en Menorca, del buque correo transatlántico francés General Chanzy, que hacía el viaje entre Marsella y Argel el 10 de febrero de 1910. Una alegoría en relación con el pasado de Anna y Pari, dos mujeres que se encuentran en la isla, en torno a un hotel abandonado y ocupado, y un huerto rescatado del olvido. Anna, originaria de Menorca, regresa en medio de una crisis íntima, después de muchos años fuera. Pari llega desde Irán tras abandonar su vida anterior, y espera la posible llegada de un visitante. 

    Patricia Almarcegui introduce en la narración algunas palabras en menorquín de manera tan natural, que consigue que el lector se acostumbre a tener una percepción abierta ante lo diferente, e incorporarlas inconscientemente en su registro.

    Las vidas que no viví también es una novela femenina que Patricia Almarcegui empezó a escribir hace cinco años, escuchando a una treintena de mujeres que fue conociendo en diferentes viajes y les fue preguntando sobre esos momentos en los que se habían sentido ellas, como mujeres, en inferioridad de condiciones. De ahí fueron saliendo cosas absolutamente provocadoras e impresionantes, en palabras de la autora, sin importar las fronteras físicas o biológicas: jóvenes y mayores, incluso ancianas de Menorca, Irán, Japón, Francia, …. Por eso, este libro se puede definir como una novela femenina que habla de lo femenino y, por supuesto, feminista porque también tiene que ver con esa condición de la mujer y de las mujeres. 

    Respecto al título, Las vidas que no viví se refiere a las vidas que han elegido las dos protagonistas. Son dos mujeres que deciden lo que quieren vivir y por ello, se ganan el derecho a olvidar lo que han decidido no vivir. Almarcegui aboga por decidir y olvidar las cosas que queremos olvidar de nuestras vidas.

    En cualquier caso, la novela, por el tono y la temática, es una novela rigurosamente contemporánea, un canto de amor a la isla de Menorca y a la cultura iraní. Dos mundos, tal y como dijo Masanés, que han marcado la vida de la autora. Una novela que trata sobre qué significa ser un extranjero, un distinto, en una comunidad compuesta por multitud de historias. Dos mujeres que representan dos civilizaciones que se encuentran y que, en la medida en que toman decisiones, también pierden opciones de vidas que no vivirán.

    Podéis encontrar el libro aquí.

  • Alba Quintas: «Necesitamos el drama y más en el teatro. «

    Alba Quintas: «Necesitamos el drama y más en el teatro. «

    Alba Quintas, madrileña nacida en 1994.  En el año 2012 resultó ganadora del VII premio Jordi Sierra i Fabra para escritores jóvenes con la novela Al otro lado de la pantalla. Es colaboradora en diferentes publicaciones digitales. Trabaja estrechamente vinculada al teatro. Tiene varios libros publicados siendo el más reciente la novela La venganza de Ariadna.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    Nunca sé qué responde a esto. Creo que toda la vida, tengo relatos de cuando iba a primaria guardados. Para mí, los procesos de empezar a leer y a escribir fueron de la mano. Sé que mi primera novela larga la acabé con trece años, y con catorce, ya le estaba mandando manuscritos al pobre Jordi (Sierra y Fabra) en su concurso.

    ¿Cuánto tiempo tardaste en publicar tu primer libro? ¿Qué fue lo que más te costó?

    Fue precisamente gracias al premio que mencionaba antes, el Jordi Sierra i Fabra para jóvenes escritores. Yo tenía 17 años cuando lo gane, y entre los premios, el grupo editorial SM te publicaba la novela. Me presenté varios años seguidos hasta que al final lo conseguí; Jordi siempre dice que soy una de las personas más cabezotas que conoce.

    Creo que lo que más me costó vino después. Asimilar que no está todo hecho porque acabas de empezar y probablemente no hayas conseguido gran cosa si a partir de ahora quieres labrarte una carrera como escritora. Has abierto una pequeña rendija de la puerta al publicar por primera vez, pero tienes que dar un empujón. Por otra parte, te queda el nervio de que si has empezado tan joven, te vas a quemar muy pronto. Para alguien como yo, que quiere dedicar su vida a esto, es complicado lo de comenzar a publicar tan joven, porque parece que tienes menos margen para desarrollarte a largo plazo. Tienes que tener unos parámetros y unos valores muy claros, y todavía sigo lidiando con ello.

    ¿Qué puedes contarnos de tu obra de teatro Celia en la revolución? ¿Cómo fue el proceso de creación de la misma?

    Estaba obsesionada con el hecho de que yo no fuera un obstáculo entre el espectador y Elena Fortún, la autora de la novela, así que me leí toda su obra publicada, la increíble biografía de Marisol Dorao y la correspondencia que mantuvieron Elena Fortún con Carme Laforet, la cual fue una de las lecturas más maravillosas que he hecho en mucho tiempo. Aparte de eso, me acerqué a muchos otros textos sobre la época, como los de chaves Nogales o Clara Campoamor. Cuando se me presenta un proyecto que me permita sumergirme en él de alguna manera y no ver fin al pozo de la documentación, me tiro a él sin pensarlo. Quizá de todo el material que he manejado en el texto aparece una mínima parte, pero eso no importa: era imprescindible (y más para alguien de mi edad) comprender cómo funcionaba aquella época, saber realmente qué movía a las personas entonces, entender cómo se sentía Elena Fortún.

    La novela es realmente compleja: tres años de guerra, cinco ciudades, un sinfín de personajes y escenas. La fórmula dramática te pide más concreción, al menos por la parte del proceso que a mí me corresponde, que es la de usar la palabra escrita. Pero al final había dos preguntas que siempre venían a mi mente: la primera, que es la que se plantea en la primera escena de la obra (¡prometo que no estoy destripando nada!) es: ¿por qué Celia deja España al final de la guerra?  la segunda: ¿Por qué Elena Fortún, a pesar de saber que nunca verá publicada esta novela, decide escribirla, y con su personaje más asentado? Sospecho que toda ficción que merece la pena nace de las preguntas adecuadas, no de las respuestas adecuadas, y desde luego cuando tuve estas, pude armar la versión de Celia en la revolución que creía que podía hacerle justicia a la novela.

    Alba Quintas

    ¿Tienes algún comentario sobre la organización del Festival Celsius?

    Honestamente, este año han hecho una heroicidad consiguiendo que se celebrara un festival de literatura en medio de una pandemia y con cero contagios. Fue una fecha muy importante para muchos autores este año, el único evento cultural en el que hemos podido participar y compartir un poco de tiempo con los lectores, aunque fuera a través de mascarillas y mamparas. Eso no importa, la literatura sigue siendo la misma. Yo siempre digo que el Celsius es como mi casa: me invitaron cuando yo era una autora novata y desconocida, y ahora siguen tratándome con todo el cariño del mundo. Además, su labor con la literatura de género en nuestro país es imprescindible.

    El actor Juan Diego Botto utiliza la frase “Queremos el pan y las rosas.” ¿Qué significa esta frase para ti en estos momentos?

    Es gracioso, porque es una expresión que nació en su momento en los movimientos sufragio femenino, y la verdad es que me hace mucha ilusión que un gran actor como Juan Digo Botto la rescate y la popularice. Para mí alude a la doble vertiente de mi vida como artista: necesito lo más real, la rutina, obviamente un sueldo para comer, etc. pero también las rosas, la belleza, el arte. No quiero dejar de estar presente en ninguno de las dos vertientes de nuestra vida, eso es el pan y las rosas.

    ¿Cuál es el rol del teatro en la sociedad del siglo XXI? ¿Es drama? ¿Es comedia?

    Necesitamos el drama y más en el teatro. Mi dramaturga favorita, Sarah Kane, defendía que haber que poner el infierno sobre el escenario para escapar de él en la vida real. Supongo que todos los dramaturgos tienen temas a los que vuelven una y otra vez compulsivamente. Mis textos suelen navegar entre estos: la reacción implícita entre la condición de mujer y la violencia; las emociones como territorio político, el progresivo acallamiento y pérdida de la conciencia social de la juventud. Todos dramas, porque soy una persona optimista, alguien que piensa que la sociedad puede mejorar a base de hacer las preguntas adecuadas.

    ¿Qué piensas de la censura a la película Lo que el viento se llevó, por parte de una plataforma streaming?

    Soy mucho más partidaria de contextualizar que de censurar categóricamente, la verdad. ¿Hay que hablar del racismo en Lo que el viento se llevó? Sin duda. ¿Hay que analizar la película desde una conciencia social que cada vez, por suerte, está creciendo más? Desde luego. Me parece mucho más interesante volver a estos clásicos, revisionarlos, aprender de ello, que censurarlos de forma definitiva. La censura es igual al silencio, y no se aprende nada del silencio, se aprende de las ideas y del debate. La película debería estar ahí para poder desarrollar opiniones al respecto, sin duda con unas etiquetas, descripción de su trama, etc. que no sea benevolente con su racismo. ¿Pero apartarla categóricamente y que no se vuelva a hablar de ello? ¿Esconderla? ¿No poder iniciar un debate en torno a su contenido? No, eso no lo defiendo.  

    ¿Qué estás leyendo en estos momentos?

    Ahora mismo estoy con una de las perlas del realismo en España, la Pepita Jiménez de Juan Valera. Es una novela preciosa en la que un joven seminarista se enamora perdidamente de la joven prometida de su tío, y por cartas habla de su dilema entre su devoción a Dios o rendirse a sus pasiones. En general estoy volviendo a muchas novelas clásicas que leí de adolescente y que algo miro con otros ojos. 

    ¿Tienes algún comentario que hacer sobre el lenguaje inclusivo? 

    Hay una parte de la población que se siente invisibilizada debido al lenguaje, y desde la RAE deberían escucharla. Creo que hay un problema en las instituciones en torno a nuestra lengua, van siempre muy por detrás de los cambios de la sociedad. Ya a nivel particular, hay cosas que me parecen muy necesarias, como el reconocimiento del género neutro para las personas no binarias y aceptar de una vez el femenino en algunas profesiones, no puede ser que piloto, canciller o soldado no tengan un femenino. Curiosamente siempre son profesiones en las que las mujeres han sufrido discriminación y techos de cristal, así que parece que aquí hablamos de algo más que de la lengua. Hay otras que están en el punto de mira, como el uso del masculino en el plural, que no me parecen tan relevantes.  

  • 13 preguntas y una escritora: Begoña Ruiz  “Las montañas azules”

    13 preguntas y una escritora: Begoña Ruiz “Las montañas azules”

    Hoy quiero presentaros a una amiga y paisana que se llama Begoña Ruiz Hernández. Su primer libro, “Las montañas azules(Ed. Cuadernos del Laberinto), es un viaje por esa España de preguerra civil. Se ha convertido en uno de mis libros preferidos y os recomiendo su lectura. Es absolutamente precioso.

    No os hablaré  más de ella, prefiero que lo haga ella misma con este cuestionario.

    1 – ¿Podrías contarnos un poco de tu vida y actividad literaria?

    Nací en El Losar del Barco, un pueblo muy pequeño en la provincia de Ávila. En mi casa no había libros y en mi pueblo no había biblioteca, solo una escuela donde los alumnos estábamos mezclados desde párvulos a quinto de EGB. La maestra nos tenía copiando todo el día entero como si fuéramos amanuenses y al mínimo ruido nos castigaba sin comer. Nos dejaba encerrados, solos, en la escuela desde la una hasta las tres, que empezaban las clases vespertinas. En esos castigos descubrí unos cuentos intocables en el armario y empecé a leerlos clandestinamente. Nunca olvidaré ese placer prohibido.

    Poco tiempo después, me regalaron un libro de cuentos donde leí “la princesa triste” y pensé: “ojalá yo fuera capaz de hacer sentir lo mismo que yo he sentido”, entonces empecé a escribir historias que más tarde tiré a la basura.

    Durante la adolescencia y mis años de facultad leí mucho, pero me olvidé de escribir. Lo retomé cuando murió mi hermano, Ciri. Entonces, me di cuenta que la vida se acaba y es mejor dedicarla a hacer lo que realmente deseas.

    En 2013 gané un concurso de relatos y a partir de ahí ya no solo escribía para mí, sino también para el público. Gané otros concursos de relatos, empecé a escribir la columna “El reloj de arena” en El Diario de Ávila y en 2016 publiqué mi primera novela “Las montañas azules”.

    2 – ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas y qué autores te influyeron?

    Como ya he dicho anteriormente, los cuentos clásicos fueron mis primeras lecturas. En la adolescencia devoré las novelitas de Corín Tellado y luego, gracias a los profesores del instituto, conocí a los clásicos. Posteriormente, estudié filología inglesa y entonces empecé a leer autores que no olvidaré y a los que recurro con frecuencia: Las hermanas Brönte, Jane Austen, Orwell, Huxley… también me gusta la literatura Hispano-Americana: García Márquez, Juan Rulfo, Cortazar, Vargas Llosa, Isabel Allende…

    3.- ¿Cómo definirías a tu escritura? Háblanos un poco de tu último libro.

    Es difícil definirse a uno mismo, pero por si alguien quiere acercarse a mis libros, tratan de personajes que les ha tocado vivir en tiempos difíciles, atrapados en costumbres incomprensibles contra las que tienen que luchar. Los escenarios suelen ser pueblos pequeños, porque allí han ocurrido grandes historias que merecen ser contadas. También intento rescatar un vocabulario autentico que se está perdiendo.

    El último libro, publicado ha sido “Las montañas azules”. Ocurre en 1933, Dioni la  protagonista quiere estudiar, algo bastante difícil para una mujer en esa época. Al pueblo llegan unos alemanes que están haciendo un trabajo filológico y Dioni los ayuda a cambio de que ellos la lleven a hacer los exámenes de bachillerato. La novela tiene una parte histórica: a través de las cartas y conversaciones de los alemanes, el lector asiste a la llegada de Hitler al poder; al mismo tiempo, en España, están ocurriendo grandes cambios durante la 2ª República: reparto de tierras, derecho a voto para la mujer…

     El último libro escrito es otra novela que saldrá el año que viene.

    4 -¿Crees que el escritor “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado tu lenguaje a lo largo de los años?

    Sí, creo que evolucionamos en todos los aspectos de la vida, si no la existencia sería un “déjà-vu” absurdo. En la escritura crecemos. Espero que mi lenguaje sea más rico y creo que mis personajes van siendo más osados y complejos.

    5 – ¿Te gusta la poesía? ¿Has pensado en escribir poesía alguna vez? ¿Algún poeta preferido?

    Sí, me gusta mucho la poesía. En Las Montañas Azules, hay un romance que escribí sobre unos enamorados que fueron devorados por los lobos.

    Me gusta Lorca y su romancero gitano, también Benedetti ahora que se han oído tanto sus poemas como “no te rindas” y Hortensia Márquez con su libro “Derramando palabras” que es muy variado en el que expresa diferentes sentimientos con los que coincido.

    6 – ¿Cuál es el fin que te gustaría lograr con tus novelas?

    Me gustaría que las leyera mucha gente y que les ayudara, de alguna manera, en su vida, como a mí me han ayudado otros libros. Los libros son muy buenos amigos. Al mismo tiempo los personajes resucitan cada vez que alguien los lee y me los imagino andando por otros mundos, entrando en las vidas de otras personas.

    7- ¿Qué lugar ocupa, para una escritora como tú, las presentaciones de libros y la firma de ejemplares?

    Cuando empecé con las presentaciones lo pasaba fatal, porque me sentía abrumada  delante del público, pero yo creo que ya lo he superado. El cara a cara tiene su parte buena, los lectores me comentan lo que han sentido al leer mi novela o incluso algunos me preguntan por personajes como si fueran de mi familia “¿Qué fue de Andresito?” “¿y de Flora?” y me cuentan historias similares que les han ocurrido a ellos. Por lo tanto, es una comunicación muy activa.

    8 – ¿Qué opinas de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc…?

    Me parece muy bien, los tiempos cambian y hay que adaptarse. La tecnología nos permite acercarnos a muchos autores que de otra forma no leeríamos, por ejemplo yo conocí a “poémame” a través de las redes; Julio Collado publica artículos y poemas en Facebook que leo con mucho gusto. Las redes sociales ofrecen una gran variedad y amplían nuestros círculos.

    9 – ¿Podrías recomendarnos un libro de otro/a autor/a que te haya gustado mucho?

    Poesía: Derramando palabras de Hortensia Márquez.

    Relatos: Mala baba de Pablo Garcinuño.

    Ensayo: Heterodoxos y olvidados de Adolfo Yáñez.

    Novela: Patria de Aramburu.

    10 – ¿Qué libro estás leyendo en la actualidad?

    Estoy leyendo “La madre de Frankenstein” de Almudena Grandes y al mismo tiempo releo a viejos amigos como El Gran Gatsby de Fitzgerald.

    11.-¿Qué consejos le darías a un/a joven escritor/a que se inicia en este camino?

    El único consejo que puedo darle es que escriba y no deje de hacerlo. A veces no sale el relato o el poema como lo hemos imaginado, pero la creación lleva un tiempo y hay que ser paciente.

    12.-¿Cómo ves tú actualmente la industria editorial?

    La industria editorial está como cualquier otra industria actualmente. Las grandes empresas o marcas, ya sean de comida, coches o libros, acaparan todos los negocios.

    Una pequeña empresa no puede alcanzar las mismas vías de distribución que una grande. Conseguir que una gran editorial publique un libro de autor desconocido es casi imposible, dado que su objetivo es mercantilista e invierten en algo seguro. Sin embargo, la calidad de un libro no depende de la editorial que lo publique, solo el tiempo es honesto con el arte.

    13.-¿Cuál es la pregunta que te gustaría que te hubiera hecho y no te la he hecho?

    Me has hecho muchas preguntas y muy interesantes todas. Muchas gracias, ha sido hermoso para mí rememorar mi amor por los libros en esta entrevista.

    ¡Muchas gracias Begoña!