Etiqueta: Silvia Lopez Ripoll

  • Rachel Bluwstein: la ingenuidad como esperanza

    Rachel Bluwstein: la ingenuidad como esperanza

    ¿Quién es Rachel Bluwstein? ¿Qué nos ha dejado esta poeta nacida en Rusia en 1890 y emigrada a Palestina en 1909? Tal vez algo que justo ahora necesitamos más que nunca: la ingenuidad como esperanza.

    La vida de Bluwstein estuvo marcada por la búsqueda de pertenencia y por la enfermedad que la obligó a abandonar el trabajo en los kibutz.

    Los kibutz surgieron a principios del siglo XX como comunidades agrícolas colectivas inspiradas en el sionismo y el socialismo. Eran semillas de esperanza: hombres y mujeres que compartían la tierra, el trabajo y la vida. Allí, la comunidad era el verdadero hogar, sin propiedad privada y con la certeza de que la solidaridad era la base de la existencia. Fueron decisivos en la construcción del Estado de Israel, pero también símbolos de un ideal de igualdad y cooperación que hoy, en gran parte, se ha transformado en espacios fronterizos que reflejan el poder militar del país.

    Rachel Bluwstein vivió la experiencia de los kibutz y la transformó en poesía. En sus versos, la tierra es piel, es alma, es refugio. Lo que en los kibutz se construía con las manos, ella lo levantaba con palabras. Su poesía es sencilla y musical, pero detrás de esa sencillez late una profundidad universal: amor, pérdida, nostalgia. En sus versos, lo personal se abre a lo comunitario, y lo íntimo se convierte en conciencia compartida.

    En Desde mi ventana escribe: 

    Desde mi ventana veo el jardín, 

    el almendro en flor y el cielo azul. 

    Todo es mío y todo me pertenece 

    como si fuera mi propia alma.

    Aquí la tierra no es bandera ni frontera: es compañera vital, espejo interior.

    Hoy, los kibutz han cambiado, pero la voz de Bluwstein sigue viva para recordar que la verdadera construcción de un país está en la capacidad de arraigar la vida en la tierra y en los otros. ¿Idealismo? ¿Por qué no es posible compartir la tierra? Tal vez la ingenuidad sea un camino de partida que nos recuerda una verdad: el hambre, el deseo y la muerte nos igualan.

    En Sólo una canción pequeña, nos dice: 

    Sólo una canción pequeña puedo dar al mundo, 

    una canción breve, 

    pero mi corazón entero está en ella.

    Y en Jardín cercado:

    ¿Quién eres? 

    ¿Por qué la mano extendida no encuentra la mano hermana? 

    Y la mirada que un instante te espera se refugia en sí misma, avergonzada.

    En A ti, dedicada a la tierra, escribe: 

    A ti cantaré, tierra mía, 

    aunque mis días sean pocos, aunque mi voz se apague.

    La tumba de Bluwstein está en el cementerio de Kinneret, hoy lugar de peregrinación, y su rostro aparece en los billetes de veinte séqueles. La poesía de Rahel (Rachel Bluwstein) nos recuerda una verdad incómoda: la construcción de un país no debería basarse únicamente en la fuerza militar, sino en la capacidad de compartir la tierra y la vida. La ingenuidad que ella reivindica —“sólo una canción pequeña”— es, en realidad, una forma de resistencia política: frente a la lógica del poder, la lógica de la comunidad. Su “canción pequeña” es la afirmación de que lo íntimo puede ser más fuerte que lo bélico, que la voz puede desafiar al arma, y que la poesía puede ser semilla de reconciliación.

    Imaginar una reconciliación es ya empezar a construirla. Y la paz, dicho una vez más, no es un lujo, sino una necesidad compartida. ¡Para algo ha de servir la poesía!

    *Los poemas de Rachel Bluwstein pueden leerse en español en algunos blogs de internet o en Poemas – Raquel Bluvstein-, libro publicado en Riopiedras Ediciones. Este libro contiene 144 poemas traducidos del hebreo por Ana María Bejarano, quien también escribió el prólogo y las notas introductorias. 

  • Gao Xingjian. Libertad interior

    Gao Xingjian. Libertad interior

    Gao Xingjian, Premio Nobel de Literatura en 2000 por, entre otras obras, La Montaña del Alma (1990), es también dramaturgo, autor de ensayo, crítico de arte y literatura y artista plástico. Emigrado de China a Francia, en su trayectoria vital y artística convergen Oriente y Occidente, la imagen y la palabra, el presente y el pasado, la contemplación, la soledad y los espacios en que se mueve el tiempo y nuestro tiempo.

    La Montaña del Alma, fragmentos

    La verdad no existe más que en la experiencia e incluso sólo en la

    experiencia personal, y aun en este caso, una vez que ha sido

    contada, se convierte en historia. Es imposible demostrar la verdad

    de los hechos y tampoco es preciso hacerlo. Dejemos a los hábiles

    dialécticos debatir sobre la verdad de la vida. Lo que importa es la

    vida en sí misma.

    Las cosas suceden detrás de mí. Siempre hay un ojo extraño. Lo

    mejor es aparentar que se comprende.

    Aparentar que se comprende, pero de hecho no comprender nada.

    En realidad, no comprendo nada, pura y simplemente nada.

    Así es.

    Igual que en su escritura, la pintura de Gao Xingjian se desarrolla bajo la forma de visiones interiores cargadas de sensualidad, luces y sombras hechas con tinta china sobre lienzo o papel de arroz que contienen poderosos mensajes sugerentes que transmiten poesía y pensamiento. Su pintura, universal y contemporánea, trata de llegar allí donde según el propio autor, las palabras no alcanzan. Cuando pinta, la música está ligada siempre al nacimiento de la imagen y por eso es tan importante su elección, ha dicho Xingjian en alguna ocasión, quien descarta la música romántica como fuente de inspiración: «Antes que Wagner, prefiero Bach, Vivaldi, o los contemporáneos Philip Glass o Steve Reich».

    Las figuras y paisajes flotan en la distancia, una distancia que es el propio mundo, el mundo de su autor y el de todos, porque en los paisajes, abiertos, las figuras y contornos van y vienen como los pensamientos, acercándose, apartándose, mezclándose en el espacio que les toca vivir. Un mundo en perpetuo cambio donde las figuras, nosotros mismos, buscan entre los dilemas de la existencia humana la serenidad interior y la libertad más allá de cualquier frontera o ideología.

    © L’enchantement, Gao Xingjian

    Gao Xingjian no repite las imágenes, composiciones o técnicas tradicionales de la tinta china milenaria. Entre la figuración y la abstracción, los personajes y escenarios parecen ondas errantes que buscan su propia historia. El arte, en palabras de Gao Xingjian, “debe recorrer su propio camino, y si hay reglas, solo deberían ser reglas que el propio artista ha creado”.

    © Reverie, Gao Xingjian

                                                             

        © Sur la rive, Gao Xingjian

                

    Desde el primer momento en que el espectador observa sus pinturas, algo hipnótico lo conecta con la luz de la propia mirada. Lejos de las modas, uno se siente atravesado por la emoción y por los sentidos profundos subyacentes a la realidad que le rodea.  Uno se siente inclinado a dar con lo esencial en una sociedad rodeada de “crisis de pensamiento”. Y en la distancia que se palpa sobre sus lienzos, uno se aleja también de sí mismo para poder observarse, tranquilo, lúcido. Su obra es, como la Tragedia Griega, atemporal. Puede que la Montaña del Alma exista, real o imaginaria, y a ella dirijamos nuestros pasos para buscar la libertad, una libertad que nunca nos es dada por otros, ni por la sociedad, sino por nuestra propia consciencia.

      ©L’attente, Gao Xingjian

                 

  • En este tiempo prolongado, de Silvia López Ripoll (Ed. Cuadranta, 2021)

    En este tiempo prolongado, de Silvia López Ripoll (Ed. Cuadranta, 2021)

    Silvia López Ripoll, licenciada en Filología Hispánica y máster en Formación de Profesores de Español como Lengua Extranjera, es profesora en Estudios Hispánicos de la Universidad de Barcelona desde 1992 y autora de diversos manuales para el aprendizaje de la lengua. En este tiempo prolongado es su primer libro de poemas.

    En un momento en que la poesía urbana gira dentro de nuevas órbitas experimentales, a veces cercanas a un prosaísmo confesional, la poesía de Silvia López Ripoll se planta y se aleja al mundo de la naturaleza con una visión trascendente del paisaje donde busca el respiro de lo humano y lo vital lejos de la claustrofobia de la ciudad, como si el exterior fuera también un marco o espejo de lo interior. Una poesía sencilla, directa, meditativa, de retorno a las raíces más hondas. Poesía del tiempo, de la memoria, de la vivencia; un paisaje a veces cercano al románico, de salmos, oraciones, códices, con una espiritualidad también cercana a los eremitas y monjes de los monasterios del pasado, “con horizonte antiguo”, como dice. La esencia perdura en lo que vive, canta, sueña, duerme o respira.

    La poeta, en un poema pórtico, “Frontera”, abre una puerta-bisagra donde una figura humana como en el Vitruvio de Leonardo extiende sus brazos y mira a sus espaldas y de frente para ver entre “dos mundos”: de espaldas, la noche que duerme –el bosque-; de frente, “un camino que incita a despertar”, y, entre ambos, en la frontera, la palabra creadora, luminosa. El tema de la escritura reaparece a lo largo del libro: “la mano que escribe”, “el cobijo en la palabra”, “la niebla es una frase”, “nosotros intentamos la palabra”…, y al mismo tiempo se asevera que “un poema es un producto inacabado”. Los títulos de los poemas, compuestos por un solo sustantivo, se enfocan también a condensar sentido y a plasmar la inmediatez de un mundo cotidiano a menudo envuelto en la atmósfera de la memoria y el sueño. Lo que es y lo que ya no es, pero está; lo que fue, pero permanece bajo un trazo o un símbolo; lo que se renueva y vive y deja una realidad que persiste.

    La poeta da rienda a sus versos que recuerdan la distribución de ciertas líneas de William Carlos Williams, Robert Creeley o Louise Glück, y se orienta por rutas del paisaje y la memoria donde las colinas, la piedra, la ermita, las campanas, los pájaros, los árboles, el agua, el aire, son motivos de reflexión y meditación; una meditación que surge del silencio y vuelve a él mientras el lenguaje va modelándose con una adjetivación de tono machadiano o becqueriano: el olivo viejo, el vuelo breve, las áridas tierras, los caminos nuevos, los atardeceres claros, el campo baldío, el destello amargo, las barcas lentas, las torres derrumbadas. Un paisaje otoñal, crepuscular, sereno. Y lucen entonces los semas del cuerpo y sus vivencias y sus metáforas, con su ritmo lento: del corazón, del sueño, de lo dormido, de la ruta, del amor, del vacío, de la infancia, del recuerdo. Y el tiempo aparece dilatado, como si fuera elástico, lento, el silencio alargado, el tiempo prolongado. Algo que se refleja también en las segmentaciones de elementos que se enlazan como cuentas: “un día y luego otro”, “gota a gota”, “gira y avanza”, “va y viene”, sin dejar de lado cierto regusto por la definición y la aseveración: “nada es definitivo”, “la vida es honda compañía”, “Hoy el bosque es un desierto”, “viajar hacia los otros es / alterar el silencio”, “el viaje es real”, “no puedes huir”, “la felicidad se desmorona”, “La eternidad abre la puerta al caminante”. Se va creando así un paisaje suave como las acuarelas, a veces incluso como una fotografía o un bodegón, o una instantánea fílmica, donde las vivencias retornan de nuevo, encadenadas a la luz serena del día o al “guiño” de las estrellas. Silvia López Ripoll va nombrando un mundo, poniendo lindes a un área propia en la que nos adentra.

                Al mismo tiempo que otras poesías se dilatan con los ruidos de la ciudad o se rompen en sus abismos interiores o aúllan en su temblor cósmico o con la violencia relampagueante de los magmas, Silvia López Ripoll ensaya en una forma propia la palabra serena, tranquila, tocada por el silencio ancestral y la gracia: el silencio de los eremitas y los contempladores, los meditadores, los que caminaron por el paisaje y encontraron en él ciertos tintes emotivos, imaginativos: Bashô, Whitman, Rosalía, Machado o Wordsworth. No solo para ver, sino para hacer memoria. “Poesía es recordar en tranquilidad”, había escrito el gran maestro inglés. El libro y su ritmo, creado cuando se ha realizado ya un gran tramo del camino, no se ancla en el atrás, sino que busca tras las huellas su futuro. No es el “tiempo postergado” o aplazado de Bachmann, sino un tiempo en un silencio dilatado, prolongado.

    Frontera

    Como una puerta abierta

    que escribe en sus aristas

    la línea de dos mundos

    así los brazos se extienden

    de espaldas

    la noche que duerme

    en la profundidad del bosque

    de frente

    un camino que incita

    a despertar paisajes

    y en la frontera

    la palabra

    bisagra de amor

    y de horizonte.

    Guiño

    De día

    bajo las esferas

    las palabras cantan

    su movimiento

    un sí y un no

    y en el péndulo

    tu decir

    sombra sol sol sombra

    es una palabra

    de noche

    bajo las esferas

    el péndulo duerme

    su hilo desciende

    sobre móviles ondas

    de palabras errantes

    nadie dice completamente

    la verdad

    y la estrella te guiña el ojo.

    Memoria

    Largo pasillo de piedra

    como tiempo inmóvil

    y en la ventana

    fino alabastro

    traspasa la luz

    tan nítida

    que extiende por los muros

    la memoria

    ábside

    donde danzan

    las aves

    y en nosotros

    quién sabe quién danza

    en nosotros

    qué códices secretos

    qué salmos y antífonas

    in saecula saeculorum.

    Vaivén

    De piedra y de campana es la ermita

    con tejado gris

    de piedra y de campana

    con un olivo

    de bronce y de reflejo es su péndulo

    con lágrima suspendida

    de bronce y de silencio

    con vaivenes quietos

    péndulo pesado y denso

    hecho de oscura respiración

    tan completamente solo

    que está dispuesto a caer

    si pudiera moverse por la tierra

    descendería desde lo alto

    como el alma que no quiere tener miedo

    pero aún no

    no mientras su agitación no sepa

    si es por felicidad o por tristeza

    o por una larga espera

    de piedra y de péndulo es la ermita

    y de un olivo viejo que sacude las hojas

    bajo el vuelo de las aves

    allí los solitarios llegan

    despacio

    porque el sendero es empinado.

    Bodegón

    Maduran las uvas en la parra

    cambiando en formas y color                                      

    sin repetirse

    crecen ajenas al destino

    que la mano del hombre les aguarda

    entregándose a matices sin lamentos

    acaso una

    dando sustento al pájaro o al suelo

    deja caer el peso de su brote

    no hay dos exactas

    tan solo se asemejan

    van inhalando la vida mutuamente

    sin preguntarse por el vacío que inició

    su movimiento

    y en vino convertidas

    ceden de nuevo al hombre sus virtudes

    uniéndose una a otra en su esencia

    así comprende la tierra

    entre los frutos de su reino

    sin encerrar

    como labriego o místico bodegón

    imágenes estáticas de un mundo interpretado

    aun así

    qué desconcertante es la naturaleza

    cuando cautiva

    como el arte

    se refleja encadenada a sus estrellas.

  • La poesía es alquímica: una entrevista con Jaime D. Parra

    La poesía es alquímica: una entrevista con Jaime D. Parra

    Querido Jaime, bienvenido a las páginas de la revista Poémame. Comencemos por el principio para darles a nuestros lectores un poco de contexto. Te doctoraste en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona con un estudio sobre la obra poética de Juan-Eduardo Cirlot. Tienes una veintena de libros, entre ellos, varios sobre simbolismo, poesía de mujeres, heterodoxos y vanguardistas. Por citar algunos, La simbología (Ed. Montesinos, Barcelona, 2001), El poeta y sus símbolos (Ed. El Bronce, Grupo Planeta, Barcelona, 2001), Místicos y heterodoxos (March Editor, Barcelona, 2003), Claves de simbología (Fragmenta, Barcelona, 2018), Poéticas del origen (Huerga & Fierro, Madrid, 2019), Poéticas del caos (Innombrable, Zaragoza, 2019). Todo ello junto a tus libros de poesía que en muchos sentidos son reveladores.

    ¿Qué sigue interesándote del simbolismo y de la mística en la poesía?

    Siempre me ha interesado el simbolismo porque siempre me han interesado los sueños, y en el fondo, toda búsqueda del sentido. Y los sueños son simbólicos, son  vivencias, como rayos latentes. Los símbolos son como puentes tendidos en una escalera de mediación, pensamiento en imágenes. Los elementos simbólicos están en la base de toda mi escritura, donde los sueños y las imágenes, especialmente migratorias, son un motivo lírico fundamental. La mística misma me interesó siempre, también por su trasfondo simbólico-vivencial. Lo veo en San Juan de la Cruz, lo veo en Shoravardî, en Ibn Arabî, en Hölderlin. Mis libros de ensayos, llenos de elementos líricos –que son paralelos a mis libros poéticos– tienen esa misma atmósfera.

    Naciste en Huércal-Overa, Almería, el país del Índalo, como tú dices, pero resides en Barcelona desde 1973. El tema del exilio y de la emigración están presentes a lo largo de toda tu trayectoria literaria: Contrición bajo los signos (Delfos, 1878), Poemas gráficos (Insòlit, 1993), Huellas vacías (March Editor, 2005), Escolium (Insòlit, 2007) o Dominó: Aperturas (Insòlit, 2015). Incluso en uno de tus poemarios editados recientemente, Éxodo y otros poemas (In-Verso, 2021), reaparece el mismo motivo en formas vanguardistas. ¿Cómo hace uno para integrar esa experiencia dentro del poema?

    Creando personajes que conllevan estas vivencias de fondo, inmersos en paisajes de extranjería, distorsionando el lenguaje y creando la extrañeza que la experiencia del mundo produce en los adentros; de ese mundo que, con frecuencia nos aleja, nos aparta o nos excluye. Éxodo y otros poemas se va construyendo con una serie de fichas sucesivas -elementos o diques de contención- que son distintas secuencias de la sensibilidad del extranjero –el poeta- en choque con el ambiente que le es ajeno, combinando formas experimentales, espaciales y lineales, e incluso imágenes icónicas, pero manteniendo con frecuencia una visión alucinada, magnética y cósmica. Empieza con una exclamación que anuncia la nueva luz del día:                                                                                         

    Un gorrión en mi ventana:

    ¡qué cortesía

    al comienzo del día!

    Pero en seguida siente el aguijón, el calambrazo que avisa de la otra cara oculta de la realidad:      

    ¡Cuida!

    EL DIABLO ESTÁ ENTRE MIS PÁGINAS BLANCAS

    El poemario se convierte desde entonces en un trayecto donde la voz lírica avanza por una vía, una alquimia interior, transformante. El libro es ruta. La poesía es alquímica.

    En tu último poemario, Wyoming (Animal Sospechoso, Barcelona, 2022) el mundo onírico y el tema de la extranjería y de la emigración vuelven a ser insistentes, alucinados, convulsos. ¿Quién es esa criatura errante que va por paisajes alegóricos y busca transformarse?

    Wyoming es una criatura onírica, una imagen viva del alma, la expresión de la extranjería, en femenino. Y, por otro lado, una visión de la vida post mortem, una psique sin cuerpo. Una energía espiritual. Una figura también de amor, que tiene precedentes en otros personajes míos, desde antiguo. Criatura errante es también el alma de los que emigran, y quizás de los que trans-migran. El poema comienza con una incineración –una desposesión- y la fuga de la energía vital por los paisajes del sueño:

    Wyoming, ella, la luz en exilio,

    vierte sus vértebras en un incendio

    mientras queman nuestros párpados

    con nieve solar.

    Cruza ahora hacia las montañas

    en que tiemblan

    sus sílabas de silencio.

                                    En tu sueño, Wyoming

    Luego el personaje avanza por el poema-libro, por paisajes simbólicos, alumbrado con citas sapienciales hasta que se cierra con otro sueño: la entrada en la luz cósmica.

    Vista en su conjunto, ¿cómo ha cambiado tu poesía a través de los años?

    Alguien dijo que siempre escribimos el mismo libro de formas distintas. Y en ese sentido, seríamos los mismos en distintas maneras y palabras. Yo creo que los libros nos cambian. Y aunque he venido escribiendo desde joven un libro poético al menos cada cinco años (algunos los voy editando ahora), he notado también que siempre se me imponía una manera de decir distinta cada vez, pues los libros vienen vestidos de tiempo, y el tiempo nos va cambiando las caras aunque permanezca el timbre de la voz. Creo que hay dos coordenadas: una que tira desde atrás para que sigamos siendo nosotros, y otra que tira para adelante, para que sigamos renovándonos, ya en tiempo de otros. Detenerse sería morir. El poeta debe seguir lanzándose al riesgo cada vez. En cierto sentido, puedo decir que yo al principio relacionaba poesía, música y canción andaluza, luego combinaba toques intimistas y experimentales, y más tarde separé esas líneas manteniendo el fondo onírico y la extrañeza (vale decir extranjería), y dejando que el poema elija. Pero lo del tiempo es relativo. Todavía pronuncio con fervor algunos de mis primeros versos al alzar una copa, como si fueran de los últimos:

    Estoy al borde de ser feliz

    y voy a escribir con vino

    en siluetas de gorriones

    Has publicado varias antologías de poetas mujeres. ¿Qué te interesa de la poesía escrita por mujeres?

    De la poesía de mujeres me atrajo la forma en que estalló a partir de los setenta-ochenta, concretamente desde Alejandra Pizarnik, rompiendo no solo su silencio antiguo, sino reeducándonos con nuevas formas de ver, sentir y decir. Es la gran revolución de los últimos tiempos. Cuando era joven compraba libros de Rimbaud, Paz, Larrea, Lezama o Maiakovski. Ahora leo libros de Maite Martí, Begoña Callejón, Laia López, Maria Sevilla o Lola Nieto.

    Desde hace unos años diriges las lecturas poéticas Radical 3, de la Llibreria de la Imatge y colaboras en las de Poesía bajo sospecha, de la librería Animal Sospechoso, en Barcelona. ¿Crees que hay una poesía para ser recitada y otra para ser leída en el silencio?

    Toda poesía que se precie debe resistir el silencio y también la lectura en voz alta. De hecho, hay momentos en que se lee en silencio y momentos en que se recita. Pero no dos poesías. Puede que haya poesía y canción. Lo importante es que no se quede como una momia en un estante. Y que llegue con contacto vivo y una calidad no vulnerada. Sí es cierto que hay poetas que se prodigan más en las lecturas públicas que otros/as, pero ese es un criterio de otra índole. En cualquier caso, lo poético no se limita al registro de la escritura: hay otros registros. En las escenificaciones que he promovido en Calabria 66 o en Golferichs, he tratado, por ejemplo, de juntar elementos de distintas artes para poder dar a una obra el sentido de poesía total: música, canto, recitación, danza, color, meditación. Arte sintético, como quería Scriabin. Como la rosa, que lo reúne todo: olor, color, movimiento, redondez, vida.

    Sólo por curiosidad: ¿usas mucho internet y con qué propósito? ¿Prefieres navegar por el ciberespacio en busca de información de calidad o te quedas con los medios impresos? ¿Alguno de tus libros está disponible en formato digital? ¿Te parece incómodo leer poesía en la pantalla de un ordenador?

    Uso internet y las librerías para informarme de lo actual; y las bibliotecas para informarme de lo anterior. Uno de mis libros de poemas, Dominó: Aperturas. Poética de á má zu lát (2015), está en internet y agotado en papel. Basta marcar: Jaime D. Parra: La Plaquetona Vilamarins.  Los medios digitales son cómodos y te dan inmediatez. Pero sigo pensando que la mejor forma está en el papel.

    ¿Qué estás leyendo en estos días?   

    Estoy leyendo los libros de poetas actuales que voy viendo en lecturas o voy conociendo. Ahora tengo sobre la mesa: En los labios de la noche, de Yirama Castaño; Renga, de Juan Pablo Roa, Misael Ruiz y Alberto Silva; Cae sobre mí una sombra, de Diana Carolina Sánchez Pinzón; Visita al museo de historia natural, de Lauren Mendinueta; Los paisajes de la crisis y la crisis de los paisajes, de Rafael Ignacio Farías; Sexe fora de norma: Literatura erótica feminista, VV.AA., donde hay un relato de Iris Parra; Desde la hierba, de Dafne Benjumea; Fábula material, de Begoña Callejón; Botánica, de Ashle Ozuljevic; Invocación a las mayorías silenciosas, de Paloma Chen; Desde dónde amar, de Corina Oproae; Campo envolvente, de Jèssica Pujol; Estación tropical, de Carolina Bustos Beltrán; Nosotros, isla, de Marta Fuembuena; Sobre la fronda y la medida, de Jeannette L. Clariond; El hombre fractal, de Luis Alonso Cruz Álvarez;

    La trama perfecta, de Daniel Busquets; Transfiguracions, de Lluís Calvo; y también el tuyo: En este tiempo prolongado.

    Al mismo tiempo, me gusta releer otros libros de literatura y simbolismo universal, como André Breton: La biografía, de M. Polizzotti; Las mejores mentes de mi generación, de Allen Ginsberg; Ibn Árabî o la búsqueda del Azufre Rojo, de Claude Addas; o Alquimia, de Marie-Louise von Franz.

    Como ves, en parte, sigo tirando mucho hacia Sudamérica y hacia el simbolismo.

    Muchas gracias, Jaime.

    Gracias a ti.