Gao Xingjian, Premio Nobel de Literatura en 2000 por, entre otras obras, La Montaña del Alma (1990), es también dramaturgo, autor de ensayo, crítico de arte y literatura y artista plástico. Emigrado de China a Francia, en su trayectoria vital y artística convergen Oriente y Occidente, la imagen y la palabra, el presente y el pasado, la contemplación, la soledad y los espacios en que se mueve el tiempo y nuestro tiempo.

La Montaña del Alma, fragmentos

La verdad no existe más que en la experiencia e incluso sólo en la

experiencia personal, y aun en este caso, una vez que ha sido

contada, se convierte en historia. Es imposible demostrar la verdad

de los hechos y tampoco es preciso hacerlo. Dejemos a los hábiles

dialécticos debatir sobre la verdad de la vida. Lo que importa es la

vida en sí misma.

Las cosas suceden detrás de mí. Siempre hay un ojo extraño. Lo

mejor es aparentar que se comprende.

Aparentar que se comprende, pero de hecho no comprender nada.

En realidad, no comprendo nada, pura y simplemente nada.

Así es.

Igual que en su escritura, la pintura de Gao Xingjian se desarrolla bajo la forma de visiones interiores cargadas de sensualidad, luces y sombras hechas con tinta china sobre lienzo o papel de arroz que contienen poderosos mensajes sugerentes que transmiten poesía y pensamiento. Su pintura, universal y contemporánea, trata de llegar allí donde según el propio autor, las palabras no alcanzan. Cuando pinta, la música está ligada siempre al nacimiento de la imagen y por eso es tan importante su elección, ha dicho Xingjian en alguna ocasión, quien descarta la música romántica como fuente de inspiración: «Antes que Wagner, prefiero Bach, Vivaldi, o los contemporáneos Philip Glass o Steve Reich».

Las figuras y paisajes flotan en la distancia, una distancia que es el propio mundo, el mundo de su autor y el de todos, porque en los paisajes, abiertos, las figuras y contornos van y vienen como los pensamientos, acercándose, apartándose, mezclándose en el espacio que les toca vivir. Un mundo en perpetuo cambio donde las figuras, nosotros mismos, buscan entre los dilemas de la existencia humana la serenidad interior y la libertad más allá de cualquier frontera o ideología.

© L’enchantement, Gao Xingjian

Gao Xingjian no repite las imágenes, composiciones o técnicas tradicionales de la tinta china milenaria. Entre la figuración y la abstracción, los personajes y escenarios parecen ondas errantes que buscan su propia historia. El arte, en palabras de Gao Xingjian, “debe recorrer su propio camino, y si hay reglas, solo deberían ser reglas que el propio artista ha creado”.

© Reverie, Gao Xingjian

                                                         

    © Sur la rive, Gao Xingjian

            

Desde el primer momento en que el espectador observa sus pinturas, algo hipnótico lo conecta con la luz de la propia mirada. Lejos de las modas, uno se siente atravesado por la emoción y por los sentidos profundos subyacentes a la realidad que le rodea.  Uno se siente inclinado a dar con lo esencial en una sociedad rodeada de “crisis de pensamiento”. Y en la distancia que se palpa sobre sus lienzos, uno se aleja también de sí mismo para poder observarse, tranquilo, lúcido. Su obra es, como la Tragedia Griega, atemporal. Puede que la Montaña del Alma exista, real o imaginaria, y a ella dirijamos nuestros pasos para buscar la libertad, una libertad que nunca nos es dada por otros, ni por la sociedad, sino por nuestra propia consciencia.

  ©L’attente, Gao Xingjian