Categoría: Opinión

  • El poema que hablaba demasiado de ti

    El poema que hablaba demasiado de ti

    Sobre la desaparición del mundo exterior en la poesía contemporánea

    Hay algo llamativo en gran parte de la poesía que circula hoy: casi todo ocurre dentro de la persona.

    Las emociones.
    Los conflictos.
    Las heridas.
    Las dudas.

    El mundo exterior aparece cada vez menos.

    Vivimos en una cultura obsesionada con la interioridad.

    La época contemporánea ha convertido el yo en el principal escenario narrativo.

    Muchos poemas contemporáneos parecen escritos desde una habitación cerrada.

    La ciudad ya no importa por sí misma.
    Importa por cómo te hace sentir.

    La política importa por el impacto emocional que produce.

    Todo termina regresando hacia el interior.

    Y quizá ahí haya una pérdida importante.

    Porque la poesía también servía para mirar hacia afuera.

    Para observar el mundo.
    Para registrar escenas colectivas.
    Para intentar entender estructuras más grandes que uno mismo.

    Pero eso exige una atención distinta.

    La obsesión contemporánea por el yo produce textos intensos.
    Pero también corre el riesgo de producir textos cada vez más encerrados.

    Y quizá una de las tareas pendientes de la poesía actual sea precisamente recuperar la capacidad de mirar el mundo sin convertirlo inmediatamente en espejo.

  • ¿Cómo llega la poesía a la gente?

    ¿Cómo llega la poesía a la gente?

    Una pregunta que nunca termina

    Cada época cree formular una pregunta nueva cuando, en realidad, regresa a una preocupación muy antigua: ¿cómo acercar la poesía a la gente?

    Cambian las tecnologías, los hábitos de lectura y las formas de comunicación, pero la inquietud permanece. Desde hace siglos, poetas, maestros, editores, críticos y promotores culturales buscan romper la impresión de que la poesía pertenece a una minoría iniciada.

    Hoy se organizan festivales, recitales multitudinarios, campañas institucionales o vídeos de unos segundos. Ayer fueron los cafés literarios, las tertulias, las revistas y las hojas volanderas. Cambian los instrumentos; persiste el mismo deseo.

    Pero antes de preguntarnos cómo hacer popular la poesía, quizá convenga formular otra cuestión, mucho más reveladora:

    ¿Cómo ha llegado la poesía hasta nosotros?

    La respuesta contiene una enseñanza decisiva. Si después de más de tres mil años seguimos leyendo versos nacidos en civilizaciones desaparecidas, es porque la poesía siempre ha encontrado un camino para atravesar el tiempo. No ha sobrevivido únicamente gracias a su difusión, sino porque ha sabido transmitirse de una conciencia a otra.

    La memoria antes que el papel

    Mucho antes de la imprenta, los poemas ya recorrían el mundo.

    No viajaban impresos.

    Viajaban en la memoria.

    Los rapsodas, los juglares, los trovadores o los discípulos que aprendían de memoria las palabras de sus maestros hicieron posible que innumerables poemas llegaran hasta nosotros.

    La escritura permitió fijarlos; la imprenta multiplicó sus lectores. Más tarde llegaron las escuelas, las bibliotecas, las editoriales, la radio, la televisión e Internet. Cada época añadió un nuevo medio de transmisión.

    Pero ninguna encontró un sustituto para la lectura.

    Porque ningún soporte puede leer un poema en lugar de una persona.

    El tiempo del poema

    Vivimos rodeados de velocidad. Las noticias envejecen en horas, las imágenes duran apenas unos segundos y los algoritmos premian aquello que captura una atención fugaz.

    La poesía pertenece a otro tiempo.

    No compite por la inmediatez.

    Espera.

    Un poema puede pasar inadvertido el día en que se lee y regresar muchos años después con una fuerza inesperada. Lo que parecía una imagen hermosa acaba convirtiéndose, tras la experiencia de la vida, en una revelación.

    Quizá porque la poesía no trabaja sobre la actualidad, sino sobre aquello que permanece cuando la actualidad ha desaparecido: el amor, la pérdida, el miedo, la esperanza, la belleza o el paso del tiempo.

    Por eso algunos versos sobreviven a los siglos mientras tantos discursos nacidos para su presente desaparecen con él.

    Un cielo lleno de poemas

    Hace unos días Barcelona acogió una iniciativa tan llamativa como simbólica. Un helicóptero lanzó miles de poemas sobre la ciudad como homenaje a la paz y como respuesta poética a los bombardeos sufridos durante la Guerra Civil.

    La imagen era poderosa.

    Transformaba las bombas en palabras.

    Comprendo plenamente el sentido del homenaje. Sin embargo, aquella lluvia de poemas despertó en mí una pregunta distinta.

    Ver no es leer

    Con frecuencia confundimos dos objetivos que no son equivalentes.

    Una cosa es hacer visible la poesía.

    Otra muy distinta es formar lectores.

    Un acontecimiento espectacular puede atraer miles de miradas durante unas horas. Pero la cuestión decisiva siempre aparece después.

    ¿Quién abrirá mañana un libro de poemas?

    La difusión cultural es necesaria. También los homenajes públicos. Pero existe un instante que ninguna campaña puede sustituir: el momento en que alguien, a solas, abre un libro y comienza a leer.

    La poesía no necesita únicamente espectadores.

    Necesita intimidad.

    Necesita tiempo.

    Necesita lectores.

    La transmisión invisible

    Tal vez la poesía se haga verdaderamente popular de una forma mucho más humilde de lo que solemos imaginar.

    Cuando una maestra encuentra el poema que cambia la relación de un alumno con las palabras.

    Cuando un padre lee unos versos antes de dormir a su hija.

    Cuando una biblioteca reúne a unas pocas personas alrededor de un libro.

    Cuando un amigo presta el poemario que un día le ayudó a comprenderse.

    La historia de la poesía está hecha de estos gestos casi invisibles.

    La cultura rara vez avanza mediante explosiones.

    Avanza mediante contagios.

    El verdadero vuelo de un poema

    Un poema viaja de una forma muy distinta a cualquier otro mensaje.

    Pasa de una mano a otra.

    De una voz a otra.

    De una memoria a otra.

    De una vida a otra.

    Su verdadero vuelo no atraviesa el cielo.

    Atraviesa las personas.

    Los grandes poemas terminan dejando de ser literatura para convertirse en experiencia. Llega un momento en que ya no recordamos cuándo los aprendimos. Simplemente forman parte de nosotros.

    Y quizá no exista destino más alto para un poema.

    La popularidad que importa

    Tal vez la poesía nunca sea un fenómeno de masas.

    Quizá nunca compita con los grandes espectáculos ni con las plataformas que ocupan nuestro tiempo cotidiano.

    Y acaso no deba hacerlo.

    Su misión nunca ha consistido en reunir multitudes.

    Ha consistido en acompañar conciencias.

    Un poema leído durante unos segundos por millones de personas puede desaparecer al día siguiente.

    Un poema leído de verdad por una sola persona puede permanecer vivo durante siglos si esa persona decide transmitirlo.

    Toda la historia de la poesía parece confirmar esa paradoja.

    Los poemas no sobreviven porque todos los vean.

    Sobreviven porque alguien los guarda.

    Porque alguien vuelve a ellos.

    Porque alguien descubre que hablan de su propia vida.

    La verdadera popularidad de la poesía no se mide por el número de ojos que alcanzan un verso.

    Se mide por el número de vidas que ese verso llega a habitar.

    Y ese lugar, silencioso, libre e íntimo, ha sido siempre la verdadera casa de la poesía.

  • El poema que no sabía quedarse callado

    El poema que no sabía quedarse callado

    Sobre la ansiedad de significado en la poesía contemporánea

    Hay poemas que parecen tener miedo al silencio.

    Cada línea explica la anterior.
    Cada imagen viene acompañada de interpretación.

    La poesía contemporánea vive atrapada en una ansiedad muy particular: la necesidad permanente de asegurarse de que el mensaje ha sido entendido.

    La cultura digital castiga rápidamente la ambigüedad.

    Todo necesita resultar comprensible de inmediato.

    Hay textos que no dejan espacio para que el lector piense porque temen no ser entendidos.

    Pero la poesía nunca funcionó así.

    La gran literatura siempre ha dependido parcialmente del silencio.

    De aquello que el texto no termina de resolver.
    De lo que queda flotando entre líneas.

    Un poema no es solamente lo que dice.
    También es aquello que decide no decir.

    Cuando el poema intenta controlarlo todo, la experiencia se vuelve cerrada.

    Perfectamente explicada.
    Y muchas veces, extrañamente plana.

    Porque las emociones más profundas rara vez se entienden completamente.

    La poesía sigue siendo importante precisamente porque puede permitirse no cerrar completamente el significado.

    A veces está precisamente para conservar el misterio de la experiencia humana.

  • El poema que nadie pidió y todos necesitaban

    El poema que nadie pidió y todos necesitaban

    Sobre la poesía viral y por qué un verso puede recorrer el mundo en 48 horas

    Nadie le pidió a Amanda Gorman que escribiera un poema para la inauguración presidencial de 2021. Bueno, sí, alguien sí lo hizo, pero nadie esperaba lo que pasó después: que una mujer de veintitrés años, con abrigo amarillo y trenzas doradas, recitara veintidós estrofas ante el mundo y que millones de personas sintieran que esas palabras eran, de algún modo, suyas.

    El fenómeno no es nuevo. Ya Neruda llenó estadios. Ya Benedetti fue copiado a mano en cuadernos de secundaria de toda Latinoamérica. Pero algo ha cambiado: la velocidad. Hoy un poema puede salir del anonimato y convertirse en tendencia global en el tiempo que tarda en cargarse un story. La pregunta es: ¿qué tiene ese poema que otros no tienen?

    «La poesía no es lo que se dice, sino lo que se hace sentir antes de que uno entienda por qué.»  

    — Yolanda Castaño

    Los investigadores de cultura digital han empezado a estudiar este fenómeno con la misma seriedad con que antes se estudiaban los bestsellers. Y las conclusiones son, cuanto menos, inquietantes para los puristas: los poemas que más circulan no son necesariamente los más perfectos. Son los más necesarios. Los que dicen en voz alta lo que millones llevan años pensando en silencio.

    En Poémame creemos que eso no es una traición a la poesía. Es su función más antigua cumplida con nuevas herramientas. Homero no recitaba para críticos literarios. Recitaba para personas que necesitaban entender su mundo. La plaza pública ha cambiado de forma — ahora tiene notificaciones y algoritmos — pero la urgencia de la palabra justa sigue siendo la misma.

    Esta sección, Carne y Verso, nace para rastrear esos cruces: el momento en que la poesía toca algo que no debería poder tocarse. La política, el dolor colectivo, la risa, la rabia. El poema que nadie pidió y todos necesitaban. Número a número, buscaremos esos instantes. Porque ahí, justo ahí, es donde la poesía demuestra que sigue siendo imprescindible.

  • PASADO VERSUS FUTURO

    PASADO VERSUS FUTURO

    La fecha de la muerte de Franco nunca pasa desapercibida y menos este año 2025 -que ya forma parte de la historia- en el que se cumplieron los cincuenta años de su fallecimiento. Siempre ha habido nostálgicos de aquellas casi cuatro décadas en las que gobernó con mano firme y cruel tras desencadenar una Guerra Civil y una postguerra hambrienta en todos los sentidos de la palabra. Incluso algunos militares intentaron, el 23 de febrero de 1981, abortar el proceso de Transición iniciado tras la muerte del Generalísimo. 

    Año tras año desde hace medio siglo se han manifestado pequeños grupos para recordar aquellos tiempos de represión y silencio, que naturalmente no lo fueron para ellos. Ya todos estábamos acostumbrados a verlos pasar enarbolando la bandera preconstitucional sin pena ni gloria. Sin embargo, el pasado 20 de noviembre no solo salieron los de siempre, sino también un gran número de jóvenes, menores de 30 años, adornados con símbolos franquistas y vitoreando consignas como “Arriba España” o “Con Franco se vivía mejor” mientras cantaban el Cara al sol.

    Según un reciente sondeo, alrededor del 30% de los jóvenes, comprendidos entre los 18 y 34 años, creen que en aquellos años de dictadura había menos delincuencia, más trabajo y menos pobreza. Además alaban a Franco porque creen que bajo su mandato se construyeron muchos pantanos, vivienda de protección oficial y que la economía, gracias al turismo, iba viento en popa. Es curioso que ellos que no vivieron en aquel régimen lo idealicen como si hubiesen sido testigos de aquella etapa histórica. La mayoría de estos jóvenes (más chicos que chicas) se informan a través de redes sociales como TiKToK en las que los famosos influencer les explican brevemente (todo ha de ser breve para que no se aburran) quién era Franco y lo presentan como un tipo bonachón que salvó la patria del desastre. El auge de la extrema derecha también influye en estas ideas  contra el sistema democrático que para ellos no representa la victoria de los derechos conseguidos entre todos los que votamos, algunos por primera vez (la mayoría de edad se estableció en los 18 años), en el Referéndum de la Constitución de 1978.

    Cabría preguntarnos qué les sucede a estos jóvenes, que muestran la natural rebeldía propia de la edad, por qué ensalzan una dictadura y menosprecian un sistema democrático. Lo cierto es que por primera vez ellos ven  su futuro peor que el de sus padres o abuelos. No tienen la posibilidad de independizarse porque no encuentran un trabajo fijo ni pueden acceder a una vivienda, ni siquiera de alquiler. Ven su futuro negro, sin casa, sin empleo y sin una pensión de jubilación. Poco les importa el sistema llamase democrático o dictatorial, ellos se aferran a un clavo ardiente con tal de cambiar su destino. Su conocimiento del franquismo es deficiente porque no se han informado con rigor (muchos de ellos han abandonado los estudios), tampoco tienen referentes porque sus padres ya nacieron en democracia. 

    Podríamos pensar que esta rebeldía actual de la juventud es una moda pasajera y esperar a que cambie, pero esa no es la solución. La única solución reside en que los dirigentes políticos consigan que estos chicos y chicas valoren nuestro sistema democrático, para ello deberían revisar algunos artículos de la Constitución que en estos momentos de vorágine capitalista  parecen olvidados. Me remito, en particular, al artículo 35 y 47 de la Constitución, aquellos que  dicen:

    Artículo 35

    1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.
    2. La ley regulará un estatuto de los trabajadores.

     Artículo 47

    Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.

    A mí ya no me queda mucho futuro por vivir, sin embargo, me gustaría imaginar uno mejor. De este modo, quizá las nuevas generaciones valoren lo que tienen y no idealicen tiempos pasados que en nuestro caso no fueron mejores.

  • La tierra es la patria de toda la humanidad

    La tierra es la patria de toda la humanidad

    Hago un llamado a todos los poetas y escritores de la tierra. ¡Queridos poetas y escritores! ¡Queridos amigos! La Tierra es nuestro hogar. En una época en la que hacen estragos diversas guerras, enfermedades, disputas, inmoralidad, derramamiento de sangre espiritual y crueldad, independientemente de nuestra religión, raza, edad, profesión y lugar de residencia, debemos proteger nuestro hogar para que quede un espacio pacífico y tranquilo para el futuro. Crecimos en diferentes guerras. Hemos visto mucha sangre derramada. Cuántas enfermedades graves hemos padecido. Se han destruido ciudades. Países han sido bombardeados y esta situación deplorable continúa. Día tras día no creemos en el mañana. Porque nuestros vecinos están inquietos.

    El humo que sale de su chimenea también entra en nuestra casa.

    Podemos oír los gritos en su casa. No podemos soportar el lamento de las madres que han perdido a sus hijos. Si la total Madre de la tierra se levanta, este planeta no podrá contenerse. La Tierra se sale de su eje. Queridos amigos, poetas-escritores del mundo entero, la razón por la que repito esta palabra una vez más es que estoy segura de que estos dolores están presentes en cada uno de nosotros, porque cada disparo atraviesa nuestros corazones. Nos hemos convertido en un cementerio viviente. Adivina qué, ¡no podemos dejar este mundo en paz! Después de todo, tenemos un arma dada por Dios, tenemos una voz que puede sacudir al mundo entero. ¿Por qué estamos callados?

    ¿Qué hará la generación del mañana en esta partida ¿dónde vivirá?

    Poco a poco ¿Qué esperamos de la tierra donde los valores morales se están erosionando en el corazón humano, el concepto de moralidad está cayendo al suelo, y la guerra de la amoralidad está haciendo estragos? Les pido a cada uno de ustedes que deseen una tierra sin crueldad y un cielo en paz para las generaciones futuras.

    Si el entorno está lleno de personas que son símbolos del amor, sin odio… Si alrededor de nuestras cabezas vuelan pájaros felices. Si no hay nadie que ensombrezca a los sueños de la generación futura, aparte de árboles fuertes y sanos… Si los niños de toda la tierra crecen en paz y tranquilidad… si no saben lo que es ser golpeado.

    Dondequiera que estén en el mundo, si son felices, si se oyen risas alegres… Pensemos todos juntos y escribamos juntos sobre este tema. Creo que nuestra voz llegará a todo el mundo…

    Aunque hablemos en voz baja, ¡el mundo entero nos oirá! Todo creador que esté de acuerdo con la creencia de que la belleza moral salvará al mundo, la literatura y la espiritualidad lo sostendrán, no es indiferente al destino de la Tierra.

    Si podemos utilizar el talento dado por Dios y proteger al mundo entero del analfabetismo con una pluma en la mano, entonces no tendremos que preocuparnos por este mundo. Porque no se puede golpear una montaña con una piedra.

    Hoy, estoy en Uzbekistán, que está lejos, pero cerca de vuestro corazón, creyendo en el poder de vuestra pluma y en que no sois indiferentes al mañana, por la paz de la tierra, la paz de la humanidad, hoy y mañana, por la paz y la vida pacífica, «¡LA TIERRA ES LA PATRIA DE TODA LA HUMANIDAD!».

    Os pido que participéis en el maratón. ¡Y os invito al púlpito de poemas, artículos artísticos – periodísticos! 

    Atentamente,

    Khosiyat RUSTAM

    Jefe – Editora del periódico » KITOB DUNYOSI» BOOK World

  • Palabra y silencio: una aproximación al rol femenino en la Historia

    Palabra y silencio: una aproximación al rol femenino en la Historia

    Un pueblo sin Historia es un pueblo con media identidad, puesto que desconoce, no sólo su origen, sino también la conformación misma de su razón social. Por ello, exaltar el pasado, venerar la Historia, es en gran medida un ejercicio de autoafirmación, mediante el que cada grupo cultural se identifica a sí mismo, como colectivo con unas raíces y un proyecto en común. Nuestra identidad más arraigada, nuestro yo más entrañablemente humano y más íntimamente apegado a la tierra, es inconcebible sin ese lazo atávico mediante el cual nos miramos y confirmamos cada día en el espejo de nuestros antepasados.

    Afirmación de tan severa contundencia no parece ofrecer razón alguna para hacernos sentir la tentación de arrebatar su mayúscula a la Historia, ni para cuestionar la validez o representatividad de esa selección de recuerdos que conforman y sostienen nuestra identidad cultural. Sin embargo, el tiempo es algo más que un simple aliado de la memoria. Con el tiempo cambian las personas y cambian las ideas, y mientras determinadas premisas afianzan su solidez, otras comienzan a ser presa de dudas o cuestionamientos…

    Es así como aprenden a convivir y combinarse, en el incesante devenir cronológico, la Memoria y el Olvido, la Presencia y la Ausencia, la Palabra y el Silencio. Es así como empieza a sustituirse la Verdad por pequeñas verdades cotidianas y como comienza a ceder terreno la Historia frente a las historias anodinas que han ido quedando relegadas en los dominios de lo nunca escrito. Pero es así, también, inmerso en esa dialéctica, como aprende el ser humano a no conformarse con un mundo de herencias (pre)establecido, y a construirse a sí mismo inmerso en una realidad en constante gestación, fruto del esfuerzo, de la inquietud y del afán de superación de cada día.

    Historia, palabra, escritura… son términos indisolublemente ligados a lo que podemos llamar Relato Oficial del Pasado. El pasado, sea reciente o remoto, es irrecuperable como tiempo real y accesible. Es imposible retener eslabón alguno de esa cadena temporal que fluye de forma imparable, y que hace de nuestra vida una sucesión de recuerdos, tejidos entre la experiencia personal y la herencia colectiva. Sin embargo, nuestra inquieta naturaleza humana nos impulsa permanentemente al conocimiento y al (re)conocimiento. Y ese impulso nos conduce a intentar recuperar un tiempo pasado sobre el que sustentar la identidad misma de nuestro ser social. Así nació, por ejemplo, la mirada feminista a la literatura: una necesidad de volver a mirar la existencia en todos sus vértices para (des)cubrir lo que quedó relegado por irrelevante o no ortodoxo, como el protagonismo de la mujer en el gran cuento del mundo.

    En la medida en que recordar nos ayuda a conocernos mejor, a mejor comprender nuestros miedos y anhelos y a hacernos un poco más humanos, en todo pueblo ha existido siempre una escrupulosa reverencia hacia su tradición. Reverenciar el pasado es conservarlo mediante su constante recreación verbal, mantenerlo vivo reafirmando aquellas claves y aquellos acontecimientos que nuestros antepasados han querido legarnos. Por eso, si ese legado pertenece a toda la Humanidad, parece a todas luces injusto que continúe, a través de los siglos, escribiendo y suscribiendo la autoridad de tan sólo una parte de ella.

    Resulta una suposición razonablemente aceptable el hecho de que los hombres no han podido forjar solos la Historia. Basta una breve reflexión sobre ello para advertir que ha sido necesaria y constante la aportación de las mujeres, como soporte estratégico en los grandes conflictos bélicos –desempeñando sus incansables roles de cocinera-concubina-enfermera del aguerrido luchador- y, por supuesto, como (re)productora de todos y cada uno de los hombres mediocres y sublimes del mundo –tarea insustituible en su trascendencia-.

    Decía Virginia Woolf, acerca de esta insoslayable pero obviada realidad, que las mujeres «[h]emos concebido y criado y lavado y enseñado, tal vez hasta los seis o siete años, los mil seiscientos veintitrés millones de seres humanos que ahora pueblan el mundo […] y eso también toma su tiempo» (1). Sin embargo, lejos de considerarse un factor históricamente decisivo, el rol femenino ha sido tradicionalmente mantenido en esa «aceptación razonable» que le impide desarrollarse más allá de lo «biológicamente natural». Ha sido mantenido «al calor del hogar» y de espaldas a los grandes acontecimientos, lejos de cuestiones sociales, políticas o jurídicas que entorpeciesen su sacrosanta función doméstica.

    Si la Historia es cosa de todos los seres humanos, es de justicia atender a la manera en que todos y cada uno de los grupos que componen nuestra especie -raciales, sexuales o culturales- han contribuido a su construcción. Sólo teniendo esto en cuenta podremos acceder al conocimiento de la Historia de la Humanidad y superar de una vez por todas ese modelo caduco de «historia universal» protagonizado y autorizado por el hombre-blanco-occidental en absoluta exclusividad.

    (1)  Virginia Woolf, Un cuarto propio, Madrid, Júcar, 1991, pág. 144.

  • Her-story: represión de la Iglesia Católica y resurrección artística de la mujer.

    Her-story: represión de la Iglesia Católica y resurrección artística de la mujer.

    “No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil” (Orwell, 1948, p. 101)

    El arte ha servido en la contienda contra las injusticias universales, promoviendo la libertad del pensador que es el fabricante de dichas piezas, con su peso reflexivo y deconstructivo. Una de las luchas en las que ha intervenido es contra el sistema católico occidental, desde el año 100 d.C. cuando las persecuciones contra los “paganos” se incluyó en la índole gubernamental. Dentro de este trabajo se busca evidenciar cómo ese veto religioso restringe el desarrollo de “ellas”, y cómo las mujeres encontraron la manera de escabullirse en el arte, especialmente en la poesía. En esa guerra extendida en varios siglos, por la oposición al paganismo, se ocultó parte importante de la alabanza a figuras femeninas, el reconocimiento de su sabiduría, e incluso se suprimieron los canales para su contribución pública.

    Desde la historia impopular, es decir la her-story, la mujer tuvo un poder nato que era visto como el primer milagro: la creación. De las caderas grandes de “esas otras” que parecían pares, se aproximaba una cabeza entre sus piernas. Como los humanos tienen el deseo de deificar aquello que les impacta, la llamaron “Diosa Madre”. Allí albergaron la promesa de la fertilidad para no extinguirnos. Siguiendo en esos años de las primeras pisadas en el paleolítico, hasta sus avances de herramentación en el mesolítico, nuestro inconsciente colectivo[1] relaciona el verde con la naturaleza, las primeras sociedades e incluso a la Diosa Ella.

     En varias culturas, como las vikingas, celtas, egipcias , entre otras, las mujeres y los hombres gozaban de los mismos derechos y oportunidades. Las féminas eran sinónimo de una erudición mágica, cuasi científica; cognición heredada que las hacía más conocedoras de las plantas, la colorimetría, los olores, enfermedades y cómo descifrar la somatización; relacionadas totalmente con la luna, fecundidad, y otros elementos que hasta la actualidad simbolizan una pureza congénita de sus entes. Nuevamente, el inconsciente colectivo trae a pensar en la chamana, sacerdotisa, bruja o curandera, que atendía con hierbas, y otros elementos que hoy son sintetizados en las pastillas. Aldeas y tribus que adoraron a un sin número de deidades, pero siempre con la injerencia de una Diosa Madre, fueron clasificadas en el diccionario católico, como paganas.

    Con la expansión de la cristiandad, muchos pueblos se vieron en la posición de ceder sus territorios, como fue el caso de los Vikingos ante Francia, por lo que perdieron muchas de las bases equitativas en materia de derechos paritarios. Se castigó a las religiones relativas a la naturaleza, eliminaron a las partes y cualquier rastro de poderío que considerase a las mujeres como dueñas de sus cuerpos o conocedoras de ciencia. Tal como la historia relata, para los años 1450, esa ciencia de las mujeres se transformó en la caza de brujas. Esta fue una matanza de entre 80.000 y 100.000 personas, de las cuales el 80% fueron mujeres; según los estudios de Geoffrey Scarre, de la Universidad Durham (Inglaterra). La ONU[2] también ha declarado que en la actualidad siguen desaparecidas y asesinadas miles de mujeres por crímenes de brujería; horror que está totalmente atribuido al sistema católico. Por ejemplo, con la publicación del Malleus Maleficarum, en 1484, por el Papa Inocencio VIII. En dicho libro se expande a las masas textualmente que las mujeres son de un linaje inferior, maleables al demonio y su manipulación. Además, representaba un texto de Derecho Penal, pensado en la inquisición y tortura para aquellas solteras, viudas, pobres o enfermas.

    Con todo apuntando a la angustia del hombre por la falta de control sobre los saberes que tenían ellas; el miedo generado y alimentado desde la Iglesia Católica construyó durante siglos nuestras sociedades. La repercusión se evidencia especialmente en tres grandes pilares: sexualidad, gnosis y estereotipos. La idea de la cristiandad en su contenido bíblico fue moldeada a generar recelo y pánico sobre estos temas. No por nada Eva, desobediente, tuvo que cargar con los dolores del alumbramiento; o en 1 Corintios 14: 34-35[3] se continúa incitando a la ignorancia y sometimiento. Se buscaba programar mujeres calladas, que no dudaran de lo que el hombre o la Iglesia proliferaba. Debían ir en contra del conocimiento para gobernarlo todo, y el conocimiento era la mujer per se.  Se les quitó el señorío a las mujeres, que en sánscrito proviene de “domin”, “dam”, que se entiende como “vencedor, quien manda, la cabeza, ilustre”, y se lo adjudicó al Dios católico, que lo heredó al hombre, específicamente al que era pilar de la familia, quien también manipularían con una promesa aduladora de recompensa: entre más cerca esté de Dios, más parecido es a él, propósito que solo puede cumplir por medio de la Iglesia como su intermediaria. Y la mujer “señorita”, por otro lado,  solo cambiaba y se adhería a este don cuando accedía a cumplir con la práctica de hogar que proponía la Iglesia, por medio del matrimonio.

    No hablaremos de los primeros y burlescos intentos de tratamientos médicos en la Edad Media, ni de sus castigos cruelmente infundados para profundizar la sumisión y repeler la rebeldía. Pero es importante acentuar que el sistema católico también se encargó de borrar el paso de creencias paganas que adoraban la feminidad, y colocar trabas contra las féminas tanto en la ciencia, la vida pública y el arte. La mujer fue privada de su valor equitativo, para debilitar su voz y su participación en la política, pues la Iglesia católica quería el autoritarismo en todos los niveles. Sin embargo, el deseo por acaparar supremacía repartida entre apenas unos pocos del clérico transmutó a dicho saber en uno bastante nublado. Sus propias inconsistencias en la visión del mundo causaron desatinos lamentables, que sentenciaron a la humanidad a un retroceso intelectual de muchos años.

    El arte, como se estipula al inicio de este ensayo, ha servido en repetidas ocasiones como búnker en medio del caos burocrático, ya sea a través de la pintura, teatro, baile, relatos, etc.; donde la poesía no puede faltar como un bálsamo a las abrumadoras realidades, o como mensaje encriptado entre los abyectos a los regímenes. Y en su paraguas de aceptación, las mujeres también han sido cobijadas por el uso poético. Muchas de ellas disfrazadas bajo seudónimos, alias o tomando prestado el nombre de sus maridos, empezaron una oleada de quejas directas a este producto social del catolicismo. Algunas como Sor Juana Inés de la Cruz, siglo XVI, jugaron con el propio sistema, con la simulación de estudiar en el nombre de Dios, para realmente permitirse la educación y eventualmente crear obras como el poema “Hombres necios que acusáis”. Como ella, se abrieron el camino Sor Ana de San Jerónimo, Sor María del Cielo, Sor Gregaria de Santa Teresa y otras más, siglo XVIII. En sus matices se encuentra mucho la poesía mística, como reflejan los trabajos de Santa Teresa de Jesús, que ya no refuerza la idea de inferioridad ante dos bandos, hombre y mujer, sino que se concede un alma digna del mismo amor del dios cristiano. Esta y otras autoras comparten la búsqueda de la unión con la divinidad católica, colocando a los humanos en la misma balanza valorativa.

    Citando al filósofo y escritor Umberto Eco: “No es que no existieran mujeres que filosofaban. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, quizás tras haberse apropiado de sus ideas.” (Eco , 2016). Así, las mujeres no solo vieron su expropiación en la metafísica, medicina, matemáticas, pintura, sino también en el mundo poético. Un momento crucial en la her-story, cuando el sostener este disfraz para la publicación de ideas geniales no podía continuar reteniendo el rostro de las mujeres, viene en el siglo XIX, gracias a los cimientos anteriores. Con la Revolución Francesa, las independencias y toda la propuesta de libertad en el aire, se empieza a relegar el papel de las monarquías y de la Iglesia, recordando que eran casi una sola fuerza. El discurso católico nunca fue inocente, pues para mantener su autoritarismo no cualquiera puede arrogarse la capacidad de hablar. Romper esta estructura determinada por la sociedad desde hace varios siglos es una tarea larga que se arrastra hasta estos tiempos.

    Esa idiosincrasia mandatoria usurpó identidades, lo cual quitó a las mujeres su conocimiento y las reprimió con el temor religioso para que no buscaran morder la manzana de la sabiduría nunca más, o serían arrojadas de la construcción comunal que edificaron, llamada paraíso. La entrada de la mujer al orden del discurso se introdujo con mucho camuflaje, travestismo y simulacros. Para la narrativa de Hélène Cixius: La escritura es precisamente la posibilidad de cambio, el espacio que puede servir como un trampolín para el pensamiento subversivo, el movimiento precursor de una transformación de las estructuras sociales y culturales. (Cixius, 1995)[4]. En donde la figura de la mujer en las luchas independentistas supuso un salto activo para participar en ellas.

    La prensa del XIX fue consciente en todo momento de su poder en la política, cultura y religión. A los hombres se les repartían ideas educadoras, mientras que para las mujeres, artículos sobre moda, cómo vestir como joven casadera y como madre de familia, aseverando la idea colonizadora de “el ángel del hogar”. Poco se habla, pero en esta misma prensa también se lee poesía escrita por mujeres como Carolina Coronado, Julia de Asensi, Faustina Saéz, Carolin Soto y Corro. Incluso mujeres hispanoamericanas, como Lola Rodriguez, Luisa Pérez y Esther Tapia,también tuvieron cabida en las páginas de publicaciones españolas, como Lola Rodriguez, Luisa Pérez y Esther Tapia. Generalmente, la persona escritora era intrínseca a otra profesión y la alfabetización era escasa, pero no minimizó la influencia de la prensa..

    En esas pequeñas brechas de progresismo, las mujeres se empapaban de intelectualidad. En la última década del siglo XIX, las revistas culturales consiguieron un lugar reconocido y prestigioso, lo que permitió acoger autores hispanos. Ventajosamente, el precio era más asequible que un libro, sumando lectores de distintos estratos sociales. Escritoras como Soledad Acosta, con opiniones de libros de Mercedes Cabello de Carbonera o de Lola Rodriguez a Manuel Corchado en su muerte “A mi patria”, empiezan a posicionarse en la prensa escrita.

    Conocer esto ayuda a la humanidad a la investigación de historia, en el proceso de reconstruirla, con más piezas elementales que proveen a las mujeres de esa identidad arrebatada, y a todos, de un conocimiento ancestral y progresivo. Dentro de la literatura, debemos entender que la prensa es un arma de doble filo, dependiendo hacia dónde apunta el poder mediático. La poesía, por su parte, es una puerta que escapa al mundo que crea el autor, inmiscuida en libre albedrío. La prensa es a veces corrompida, e impone una serie de concepciones culturales que determinan “cómo pensamos que es la mujer”. Las élites estudiadas son las que establecen un ordenamiento no solo legislativo, sino en el pensamiento de los ciudadanos. Y la educación fue una restricción para las mujeres. Es así que el rol de la prensa jugó en el siglo XIX el canal del ordenamiento social en las clases letradas.

    La poesía per se busca contar desde los ojos del escritor o desde la narración de la voz poética, el viaje del ser humano tanto en su actitud apostrófica, carmínica y enunciativa, que prácticamente resumen la conformación del individuo. Los tres matices son: su vida en sociedad cuando interactúa con otros en su jerga, el lado emocional, y finalmente la narración histórica de un antes, ahora o futuro. El inconsciente colectivo una vez más, evoca en nuestro cerebro la imagen de poetas masculinos como Federico García Lorca, Ruben Darío o Mario Benedetti. Sin desmerecer el trabajo prolijo de ellos, es difícil que asociemos la erudición artística en primer reflejo, con un nombre femenino. La investigadora Ana López Navajas realizó un estudio para la Universidad de Valencia, en el cual concluye que de cada 100 nombres que se mencionan en la educación secundaria obligatoria, 93 son de hombres (López, 2021)[5]. Vemos además que los caminos al arte poético fueron discriminados para las mujeres, como con la inclusión de la palabra “poetisa” en el siglo XVIII[6], connotando, denotando y marginando. “Poeta”, funcionó siempre desde la paridad, pero en ese momento histórico, Sarcásticamente, Juan Ramón Jiménez, acuñó el término “poetisos” para desacreditar a algunos de sus colegas varones.

    La cristiandad occidental de campañas militares y adoctrinarias son las causantes de casi todas las estructuras sociales actuales, que corrompen materia de derechos y libertad de pensamiento. Regresando a una idea pasada, la propia actitud lírica es la esencia humana per se. El rol del “ángel del hogar” limita totalmente lo que puede decir, hacer, sentir, creer, componer y destruir una mujer; verbos que permiten al poeta ser el dios de su universo gramático. Citando a Jorge Orwell, “el pensamiento corrompe el lenguaje y el lenguaje también puede corromper el pensamiento.” (Orwell, 1946)[7]; es imperante deconstruir esa tradición cultural de occidente, con el arma artística, poética, exenta; siendo la poesía el rescato emancipado que se ha usado a través de los siglos para el mismo ser humano. De la mano de la herstory, el lenguaje consciente, la retribución artística y la creación de caminos equitativos, se puede iniciar una demolición a este régimen.

    Poema adjunto de la autora:

    Mujeres y la Diosa Ella

    Hay magia en el sexo,

    porque de nuestras caderas salió el primer milagro de intriga;

    las verdes diosas, como su madre,

    que con el pasar de los años, fueron llamadas: sacerdotisas,

    “bacantes”, “mikos”,

    (con sus poderes celestiales/ intermediarias de lo no-ombrado,

    lujuriosas y curanderas).

    Hay magia en la música,

    porque a Ella la adoraban entre cánticos,

    venerando al cuerpo con la sexualidad erótica 

    de gambeteadores haciendo lunas con las caderas;

    miles y cientos de culturas alrededor del terráqueo,

    hace ya miles de abriles, (cuando no existían ni tu voz, pero sí la mía)

    se inventaron el baile; entre tantas leguas de lejanía

    y sin que el hebreo penetre al farsi.

    La humanidad colisionó en su complicidad saltando,

         cuando aún su inicio era puro, sin adoquines, callejas y cruzadas.

              Sabíamos el gran secreto de entrever las piernas…

    Antes de que el psicoanálisis vidente, en el reflejo de sus espejuelos,

    censurara la pelvis. 

    Mucho, mucho antes. 

    Cuando Malleus Maleficarum, no era un genocidio,

    y el verde seguía siendo naturaleza, y no de hechizo.

    Hay magia en la igualdad,

    porque cuando se resquebrajó el sistema económico parcelario,

    los testamentos eran fruto de dos trabajos en casa. Aunque haya durado

    lo mismo que una brisa fría en verano.

    Y éramos serpientes, y no la cola;     (CORINTIOS)

    porque el ofidio glauco, cuando pobladores oían a sus cientos de voces ancestrales,

    era símbolo de poder, fertilidad (como Ella), llama, el rugido de Egypt. Cuando aún no éramos pecado.

    Hay Magia en el pecado, 

    ¡Ya te lo he dicho! ¿dudas? Lee la biblia,

    pero estudia tu historia, ¡humanidad, te hablo!

    ¡Que Kali Ma se encienda!

    y seamos un calor de varias brujas. 

    Hay magia en las manzanas,

    por eso tuvo que caerse encima de un otro, para 

    gravitarnos de vuelta.

    Alguien llegó con pistas a indicarnos en el arte, 

    donde escondieron la sabiduría,

    (Nota: en el bosque de Eva, 

                 sobre óleo.)

    Hay magia en el poleo

    y de la menta surgió la medicina, 

                                       con ancianas;

    cuando éramos raíces perennes, conectadas con los suelos. 

    ¿Quién dijo que la cruz benigna se inventó a los demonios?

    Dibujos de oriente, moldearon un muñeco de acción 

    a su credo. ¡Vaya utopía, sin el Edén perdido,

    sin la desconexión del jardín, sin escondernos a Ella!

    Hay magia en las mujeres.


    [1] El inconsciente colectivo, dentro de la medicina psiquiatra,  Carl Gustav Jung, lo refiere como estructuras escondidas en nuestro cerebro inconsciente, de conocimiento compartido entre miembros de una misma especie; entendido como: “lo no dicho, pero que se sabe”

    [2] ONU. ACNUDH (2009).

    [3] “Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia”

    [4] Hélène Cixius, (1995) La risa de Medusa. Editorial Anthropos. España.

    [5] Ana López N. (2021) La exclusión de las aportaciones de las mujeres a la historia supone una pérdida cultural y una falta de rigor. Universidad de Valencia. España. El diario de la Educación. URL: https://eldiariodelaeducacion.com/2021/03/08/ana-lopez-navajas-la-exclusion-de-las-aportaciones-de-las-mujeres-a-la-historia-supone-una-perdida-cultural-y-una-falta-de-rigor/

    [6] Incluido por primera vez en Diccionario de autoridades.

    [7] Orwell J., (1946) 1984. Traducción: Rafael Vázquez Zamora. Salvat Editores S.A. Australia

  • I Certamen de poesía y relato corto de la Fundación Comillas

    I Certamen de poesía y relato corto de la Fundación Comillas

    La Fundación Comillas, a través de su centro universitario adscrito a la Universidad de Cantabria CIESE-Comillas, se complace en convocar la primera edición del certamen literario de poesía y relato corto.

    La participación en el certamen está dirigida a los alumnos de 4º de la ESO, primero de bachillerato y segundo de bachillerato (primera modalidad) o estudiantes universitarios de cualquier grado (segunda modalidad) con residencia en España. Cada participante presentará una única propuesta tanto en la categoría de poesía como en la categoría de relato corto.

    El plazo de presentación inicial de los originales será el 30 de marzo de 2022 y el plazo final, el 30 de abril de 2022, admitiéndose aquellos trabajos que en la hora de envío sea anterior a las 23:59 pm.

    Bases completas, aquí.

  • POESÍA Y COMPROMISO

    POESÍA Y COMPROMISO


    La literatura y la poesía, para enmarcar este artículo, es un elemento cultural vigente y en proceso constante de actualización. El tiempo no ha podido opacarlas, sino al contrario. Como las otras artes, han sido enriquecidas, renovadas y diversificadas. Podríamos preguntarnos por qué y es que la poesía es parte del hacer humano y cumple funciones vitales que van más allá de la poética.


    “Y así la poesía fue como el sol que sale finalmente después de la tormenta, o el canto de un pájaro que nos dice que hay vida alrededor” 1 . (Mempo Giardinelli)


    En la historia, la poesía ha estado impregnada de cuestiones sentimentales, filosóficas, metafísicas, religiosos, hechos cotidianos y sociales, que a la larga pasan a ser un legado del pensamiento y vida de cada época, sumando un aporte histórico en la actualidad.
    Podría decirse que la función de la poesía en el tiempo ha sido también además de la poética, el dar respuesta a interrogantes, expresarse libremente, celebrar la vida, lamentar sus pesares, guiar hacia nuevos horizontes.

    La Función poética es propia de la poesía, lo que le da identidad o vida como tal. De allí que dominar la técnica, los diferentes recursos literarios que permitan una estética, elegancia y belleza en el poema, son importantes. Se considera que la obligación directa de la poesía es con la lengua: conservarla, ampliarla y perfeccionarla. Pero ¿Acaso el poeta está blindado y su prioridad poética le impide aportar al mundo coexistente?

    Somos seres sociales inmersos en contextos diversos, gracias a la tecnología, nos enteramos de que situaciones aisladas, en realidad no lo son, y las condiciones son comunes en otros puntos del planeta y en diferentes épocas: pobreza, guerra, corrupción, hambre, exilio, discriminación, otros. Situaciones que sacuden al ser humano, lo sensibilizan, le hacen pensar, hacer, decir, actuar, denunciar, pedir justicia… ya sea localmente o a nivel más amplio. Todo arte comunica por lo que el poeta emisor también comunica un mensaje tan variado, como la vida misma o cómo él quiera hacerlo.

    Para ello quiero citar una pequeña estrofa de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz. Que nos brinda desde hace algunos siglos la problemática de la mujer, cuyo dedo acusador viril, solo ve en ella la causa del pecado.


    “Hombres necios que acusáis
    a la mujer sin razón,
    sin ver que sois la ocasión
    de lo mismo que culpáis»


    Permítaseme hacer este parangón. El príncipe feliz, deja de reír un tiempo, cuando ve el sufrimiento humano. ¿Debe el poeta cumplir a cabalidad con la función poética sin tener mayor compromiso social, evadiendo temáticas que la misma crudeza de la vida le arroja en su multiforme presentación?, la respuesta es sí. Puede hacerlo; pero la misma diversidad nos traerá poetas comprometidos socialmente cuyos aportes tienen el propósito denunciar condiciones adversas, dar su esfuerzo para generar conciencia social, aprovechar el poder de la palabra que motive a otros a la acción y búsqueda de soluciones. Otros lucharán por reivindicar la libertad de expresión u otros derechos. La vida nos ha dado artistas diversos y poetas que ponen el dedo en la llaga para ser la voz del pueblo y la luz en el camino. De allí el decir en mi país El Salvador “Los profetas y poetas, nunca mueren”, por la permanencia de la palabra. Son muchos los poetas que sin perder la belleza del poema se sienten comprometidos socialmente y más cierto también, que a otros les ha costado el exilio, la cárcel o la muerte.

    En El Salvador, se han tenido poetas de esta índole. Ejemplo de ello es la denominada “Generación Comprometida” que por los años 1950 inició con poetas latinoamericanos exiliados en el país, como Miguel Angel Asturias. El seguimiento en el tiempo por poetas como Ítalo López Vallecillos y un segundo grupo que tuvo origen en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador con poetas como Roque Dalton, cuyos detalles han sido plasmados en la revista de Poémame en el artículo denominado “Roque Dalton, Poesía y Revolución” 2 . La generación comprometida en sus diferentes momentos ha tenido gran influencia en otros grupos literarios en el tiempo, tanto para ahondar en la realidad salvadoreña, como por su interés de renovar la estética y progreso literario.

    El compromiso más allá de las letras y calidad es personal, moral, nacional, patriótico, social, por lo que las temáticas son más cercanas a la realidad con posibilidades de sentar las bases de una reflexión y debate literario, social.

    Cito el siguiente pensamiento que expresa una visión y misión del artista comprometido:

    “La Inteligencia y el Sentimiento no pueden ser apolíticos. No pueden serlo sobre todo en una época principalmente política. La gran emoción contemporánea es la emoción revolucionaria. ¿Cómo puede entonces un artista, un pensador, ser insensible a ella?”
    José Carlos Mariátegui, Signos y Obras, pág. 125, Biblioteca Amauta).

    Los miembros de la Generación comprometida no solo realizaron una actividad literaria, sino que también sobrellevaron la lucha política. Uno de ellos Roque Dalton que experimentó las tres. Esta traerá diferentes opiniones sobre cómo vivir la poesía. Al final
    cada poeta como ser humano, responde a sus necesidades y llamados internos. En El Salvador son muchos los escritores cuyo compromiso con la realidad social fue o sigue siendo plasmado en su poesía. Ejemplo de ello es Oswaldo Escobar Velado, Matilde Elena López, Otoniel Guevara, Kenny Rodríguez, por mencionar algunos. Así en el mundo muchos poetas revelan con sus letras las situaciones de su contexto: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Ernesto Cardenal, Mario Bennedeti, Jorge Luis Borges entre otros.

    Comparto unas muestras.


    «Perra de Hielo». Roque Dalton
    En El Salvador la violencia no será tan sólo
    la partera de la Historia.


    Será también la mamá del niño-pueblo,
    para decirlo con una figura
    apartada por completo de todo paternalismo.


    Y como hay que ver la casa pobre
    la clase de barrio marginal
    donde ha nacido y vive el niño-pueblo
    esta activa mamá deberá ser también
    la lavandera de la Historia
    la aplanchadora de la Historia
    la que busca el pan nuestro de cada día de la Historia
    la fiera que defiende el nido de sus cachorros
    y no sólo la barrendera de la Historia
    sino también el Tren de Aseo de la Historia
    y el chofer de bulldozer de la Historia.


    Mala noticia en un pedazo de periódico
    Hoy cuando se me mueren los amigos
    sólo mueren sus nombres.
    ¿Cómo aspirar, desde el violento pozo,
    abarcar más que las tipografías,
    resplandor de negruras delicadas,
    flechas hasta las íntimas memorias?

    Sólo quien vive fuera de las cárceles
    puede honrar los cadáveres, lavarse
    del dolor de sus muertos con abrazos,
    rascar con uña y lágrima las lápidas.


    Los presos no: solamente silbamos
    para que el eco acalle la noticia.

                 

    Van los niños descalzos. Irma Lanzas
    Bajo las golondrinas corre un tropel de voces,
    Y de manos heridas, y de pies sobre el lodo. 
         
    Van los niños descalzos… 
    ¡Ah, tambor por qué suenas! 
                           
    Van los niños descalzos… 
                             
    ¡Ah, clarín por qué cantas! 
                           
    ¿Por qué pregonan gloria, por qué hablan de futuro?

    Por los niños descalzos, 
                           
    Por los niños desnudos, 
                               
    No veo la mañana ni puedo oír la aurora. 
             
    Cuando no hay esperanza se ha perdido el camino, 
     
    Cuando un pueblo desangra las bocas de los niños 
     
    Mancha sus propias huellas   
                         
    Y mata su destino. 

    Roberto cea

    EL POTRERO Primera parcela. Las pocas personas que hablan de mi país, lo confunden con una provincia de Brasil o con la tierra primera que pisó Cristóbal Colón, cuando descubrió el Nuevo Mundo. Qué importa esa confusión geográfica, si nuestra propia vida es confusa. Eres confusa como un poema de Blake, le dije un día, y ella no se dio por enterada. Pero mi país es un potrero y en eso no hay confusión: Los caballos se ven en los automóviles, en las calles, en los barrios pobres y en las colonias de la burguesía y en los almacenes y en las oficinas públicas y privadas. En todo se ven los caballos y las vacas y las mulas, sobre todo las mulas y los bueyes y los toros y hasta los garañones en celo. No nos dejan mirar ni la mañana. No se ven ni la luna ni los niños ni el aire. 


    1 Poesía y Vida Editorial Buenos Aires Educación

    2 Roque Dalton. Poesía y Revolución. Revista Poémame.
    http://152.228.140.20/2018/02/27/roque-dalton-poesia-y-revolucion/

    3 Generación Comprometida
    https://es.wikipedia.org/wiki/Generaci%C3%B3n_comprometida