Cada época cree formular una pregunta nueva cuando, en realidad, regresa a una preocupación muy antigua: ¿cómo acercar la poesía a la gente?
Cambian las tecnologías, los hábitos de lectura y las formas de comunicación, pero la inquietud permanece. Desde hace siglos, poetas, maestros, editores, críticos y promotores culturales buscan romper la impresión de que la poesía pertenece a una minoría iniciada.
Hoy se organizan festivales, recitales multitudinarios, campañas institucionales o vídeos de unos segundos. Ayer fueron los cafés literarios, las tertulias, las revistas y las hojas volanderas. Cambian los instrumentos; persiste el mismo deseo.
Pero antes de preguntarnos cómo hacer popular la poesía, quizá convenga formular otra cuestión, mucho más reveladora:
¿Cómo ha llegado la poesía hasta nosotros?
La respuesta contiene una enseñanza decisiva. Si después de más de tres mil años seguimos leyendo versos nacidos en civilizaciones desaparecidas, es porque la poesía siempre ha encontrado un camino para atravesar el tiempo. No ha sobrevivido únicamente gracias a su difusión, sino porque ha sabido transmitirse de una conciencia a otra.
La memoria antes que el papel
Mucho antes de la imprenta, los poemas ya recorrían el mundo.
No viajaban impresos.
Viajaban en la memoria.
Los rapsodas, los juglares, los trovadores o los discípulos que aprendían de memoria las palabras de sus maestros hicieron posible que innumerables poemas llegaran hasta nosotros.
La escritura permitió fijarlos; la imprenta multiplicó sus lectores. Más tarde llegaron las escuelas, las bibliotecas, las editoriales, la radio, la televisión e Internet. Cada época añadió un nuevo medio de transmisión.
Pero ninguna encontró un sustituto para la lectura.
Porque ningún soporte puede leer un poema en lugar de una persona.
El tiempo del poema
Vivimos rodeados de velocidad. Las noticias envejecen en horas, las imágenes duran apenas unos segundos y los algoritmos premian aquello que captura una atención fugaz.
La poesía pertenece a otro tiempo.
No compite por la inmediatez.
Espera.
Un poema puede pasar inadvertido el día en que se lee y regresar muchos años después con una fuerza inesperada. Lo que parecía una imagen hermosa acaba convirtiéndose, tras la experiencia de la vida, en una revelación.
Quizá porque la poesía no trabaja sobre la actualidad, sino sobre aquello que permanece cuando la actualidad ha desaparecido: el amor, la pérdida, el miedo, la esperanza, la belleza o el paso del tiempo.
Por eso algunos versos sobreviven a los siglos mientras tantos discursos nacidos para su presente desaparecen con él.
Un cielo lleno de poemas
Hace unos días Barcelona acogió una iniciativa tan llamativa como simbólica. Un helicóptero lanzó miles de poemas sobre la ciudad como homenaje a la paz y como respuesta poética a los bombardeos sufridos durante la Guerra Civil.
La imagen era poderosa.
Transformaba las bombas en palabras.
Comprendo plenamente el sentido del homenaje. Sin embargo, aquella lluvia de poemas despertó en mí una pregunta distinta.
Ver no es leer
Con frecuencia confundimos dos objetivos que no son equivalentes.
Una cosa es hacer visible la poesía.
Otra muy distinta es formar lectores.
Un acontecimiento espectacular puede atraer miles de miradas durante unas horas. Pero la cuestión decisiva siempre aparece después.
¿Quién abrirá mañana un libro de poemas?
La difusión cultural es necesaria. También los homenajes públicos. Pero existe un instante que ninguna campaña puede sustituir: el momento en que alguien, a solas, abre un libro y comienza a leer.
La poesía no necesita únicamente espectadores.
Necesita intimidad.
Necesita tiempo.
Necesita lectores.
La transmisión invisible
Tal vez la poesía se haga verdaderamente popular de una forma mucho más humilde de lo que solemos imaginar.
Cuando una maestra encuentra el poema que cambia la relación de un alumno con las palabras.
Cuando un padre lee unos versos antes de dormir a su hija.
Cuando una biblioteca reúne a unas pocas personas alrededor de un libro.
Cuando un amigo presta el poemario que un día le ayudó a comprenderse.
La historia de la poesía está hecha de estos gestos casi invisibles.
La cultura rara vez avanza mediante explosiones.
Avanza mediante contagios.
El verdadero vuelo de un poema
Un poema viaja de una forma muy distinta a cualquier otro mensaje.
Pasa de una mano a otra.
De una voz a otra.
De una memoria a otra.
De una vida a otra.
Su verdadero vuelo no atraviesa el cielo.
Atraviesa las personas.
Los grandes poemas terminan dejando de ser literatura para convertirse en experiencia. Llega un momento en que ya no recordamos cuándo los aprendimos. Simplemente forman parte de nosotros.
Y quizá no exista destino más alto para un poema.
La popularidad que importa
Tal vez la poesía nunca sea un fenómeno de masas.
Quizá nunca compita con los grandes espectáculos ni con las plataformas que ocupan nuestro tiempo cotidiano.
Y acaso no deba hacerlo.
Su misión nunca ha consistido en reunir multitudes.
Ha consistido en acompañar conciencias.
Un poema leído durante unos segundos por millones de personas puede desaparecer al día siguiente.
Un poema leído de verdad por una sola persona puede permanecer vivo durante siglos si esa persona decide transmitirlo.
Toda la historia de la poesía parece confirmar esa paradoja.
Los poemas no sobreviven porque todos los vean.
Sobreviven porque alguien los guarda.
Porque alguien vuelve a ellos.
Porque alguien descubre que hablan de su propia vida.
La verdadera popularidad de la poesía no se mide por el número de ojos que alcanzan un verso.
Se mide por el número de vidas que ese verso llega a habitar.
Y ese lugar, silencioso, libre e íntimo, ha sido siempre la verdadera casa de la poesía.
Lo más frecuente es comentar obras de autores conocidos, que tienen resultado acreditado, que viven en las urbes, que forman parte de grupos, asociaciones o entidades más o menos conocidas e incluso hablar simplemente porque forman parte de las camarillas por las que nos movemos. Algo así como endogamia poética. Pero existen lugares alejados, poco habituales, distantes en espacio, que se mueven, crean y luchan, verbal y poéticamente, por resistir, forjar y escribir con la palabra comprometida. También en la llamada España Vacía. ¿Vacía de qué? Que cada uno responda.
Hay un pueblo en Soria, allí, en la Castilla la Vieja de las enciclopedias de antaño, que se llama Quintanas Rubias de Arriba. De Arriba porque hay otra de Abajo. Pues ahí, el voluntarismo personal ha hecho milagro. Desde hace tres años, vive y revive un grupo que lanzaron los hermanos Alfonso y Felipe Fresno, empujó la Asociación Cultural Amigos de la Villa y redondeó un conjunto de escritores sorianos. Ese grupo tiene el nombre, descriptivo y emocional, de Huerto Poeta. Porque lo es. Es huerto porque labra poemas de un buen conjunto de escritores. Es poeta porque crea. Isabel Goig Soler, Carmen Ruth Boíllos, Fermín Herrero, César Ibáñez París, Carmelo Romero, Albana Ridruejo, Bernardo Santos, Mariángeles Maeso, Jesús Gaspar, Alberto Arroyo o el músico Manuel Castelló, entre otros.
¿Y qué es el Huerto Poeta? Se abrió siendo una idea; luego, una realidad. Empezó a roturarse en 2023, con el primer encuentro, aunque, como digo, venía gestándose desde hacía unos cuantos años. Como en todo huerto que se precie, hay azada, surco, trabajo, riego, cultivo y fruto. En junio de ese año, pudo percibirse y celebrar la primera cosecha y el pasado 23 de mayo se celebró ya la IV Jornada Cultural, con la puesta en marcha de la Biblioteca de Autores QRA. En el primer encuentro, se plantaron poemas de un numeroso grupo de creadores y se rindió homenaje a uno de los amigos que se nos fue, gran poeta y ciudadano comprometido: José María Martínez Laseca. La tal cosecha fue una exposición permanente de textos líricos a lo largo de diferentes itinerarios en Quintanas Rubias de Arriba, que puede visitarse y gozarse. Al año siguiente, se completó con un nuevo encuentro e idea, que bautizaron, positivamente, como El chopo de la empatía, completado con el recuerdo de Jesús Bárez, concejal de cultura de Soria, que, entre otras cosas, lanzó una de las ideas más fructificadoras en esta ciudad machadiana: Expoesía, una semana del libro poético, por donde han pasado gentes de todas las lenguas y diversos países. Habrá que hablar otro día de ello. El Chopo de la empatía. La Naturaleza y la capacidad de compartir. El chopo, ese árbol que florece en nuestros ríos, en su verde atractivo, que ha recogido poemas en gallego (Eduardo Pondal), en vasco (Joxean Artze) y en catalán (Joan Margarit), como símbolo de que la palabra acerca, tiende lazos, comunica, crea y respeta. Cuatro lenguas, en otras tantas obras poéticas españolas que enriquecen. Ese fue el noble objetivo de 2025 en el Huerto Poeta que Alfonso se ha marcado y conseguido. La empatía, esa capacidad humana que nos abre la puerta a percibir la plural realidad desde perspectivas nuevas, compartidas por y con “el otro”. Poemas ahí sembrados y abonados, en esa pequeña villa del suroeste de Soria, compuestos por maestros del oficio en el oeste, en el norte, en el sur y en el este de nuestro país. Identificación desde el chopo como soporte emisor de la empatía social humana. Interculturalidad con el prójimo, conocimiento del otro, respeto a la palabra. El chopo de la empatía, compartido en libertad. Huerto Poeta. Que ahí sigue ya cada año. Cultivando. Creando. Conviviendo. Y con proyectos de futuro. Pero también ya con creaciones en las que la palabra es el instrumento. La Asociación Cultural, además de haber logrado su objetivo con esa plantación hortícola, nos regaló el año pasado un poemario bien curioso, que tituló Breves de agosto. El libro hermana poesía e ilustración, con la palabra breve de cada poema que describe, canta, reivindica todo aquello que forma parte de la vida del entorno, de la historia que fue, de una sociedad campesina y del presente que se busca encarnar. Un libro que se puede definir como “diccionario poético” o “poema adiccionariado”, de ciento veinte poemitas germinados alfabéticamente, desde la entrada de la A a la entrada de la Z, más uno previo y dos finales, con sintético y acertado texto de Fermín Herrero, prólogo ilustrador de Isabel Goig y práctico final de Víctor Santos.
Un libro que dejará memoria a los presentes y a las generaciones futuras, de este pueblo y de todos los de la zona, porque lo que aquí se escribe va más allá de estas lindes locales. Como decía, un libro a dúo, entre el autor de la palabra y la autora de las ilustraciones, Irene Camacho Álvarez, que reproducen con acierto lo que el verso cuenta. El formato sigue fielmente una pauta: el texto, arriba, y el dibujo, en la parte inferior, aunque hay algunos en los que ese formalismo se rompe, como en los poemas “Ausencia”, “Kikirikí”, “Perseidas” o “Rastrojos”.
Un poemario que es fruto de muchas cosas, entre otras de la experiencia vital del autor, como cuenta al principio: “Mientras llenamos la garrafa de agua en la fuente, cuando usamos la cámara fotográfica, al inspeccionar el corral para ver si hay alguna gotera… o durante los paseos por nuestro delicioso entorno, vamos capturando estampas que merecen ser contadas y que en este libro os presentamos…”. Amor a la tierra, observación y voluntad de hacer. En cuanto a la forma, todos los poemas se construyen en cinco breves versos, seguidos de un pareado final. Solo hay una excepción: el titulado “Cardelina”, nuestro jilguero local y familiar, al que se le dedican dos. Uno de ellos, en un magnífico romance. Los pareados suelen ser desde casi un refrán, a una conclusión oral, una fábula o una reflexión. E incluso el autor se permite jugar con él en ocasiones pues el final del primer verso y el final del segundo forman una oración curiosa. Variados son los poemas: desde recoger el léxico del pasado, a expresar la esencia de lo que se busca, la poesía de definición, la poesía sentenciosa, la poesía refrán o la poesía costumbrista. Esa variedad que responde a la pluralidad de la vida y a la riqueza vital del pasado campesino: “Alubias en el secadero./ Esmotar,/ cribar,/ lumbre, rescoldo/ y puchero”.
Alfonso sintetiza aquí el mundo que nos vio nacer, una sociedad que ya no existe más que en la memoria, desde una realidad social y cultural radicalmente distinta. Frente a la hoz, la parva, la reja o el trillo, nos inundan las nuevas tecnologías, la sociedad urbana, los 8.000 millones de individuos y la soledad de los campos. Víctor Santos Elvira, presidente de la Asociación Cultural de la Villa lo sintetiza en su texto final: “Considero que este libro es importante para nuestra asociación cultural porque contribuye a evocar la fascinación que nuestros antepasados sentían por su tierra y porque nos puede ayudar a mitigar nuestro gran deseo de aliviar las tensiones generadas por el trabajo diario”. Breves de agosto, en quintetos libres reflejando la dura realidad de nuestros pueblos y su pasado: “Fuimos,/ somos,/ seremos…/ historia/ de nuestros pueblos”. He ahí Alfonso Fresno y la Asociación Cultural Amigos de la Villa… de Quintanas Rubias de Arriba. “Tábano del tabanar/ ¿qué vienes a buscar/ en esta pobre despensa?/ Lástima./ Sangre, pena para chupar”. Búsquenlo y degústenlo.
La Fundación Reales Salinas de Arcos de las Salinas convoca el VIII Certamen de Poesía a la Virgen de los Dolores de Las Salinas que se enmarca en la recuperación de la Romería, tradición que se rescató en 2019 después de décadas sin celebrarse.
Hasta el 12 de julio de 2026 estará abierto el plazo de presentación en las 3 categorías de participación:
-Infantil hasta los 12 años -Juvenil de 13 a 18 años -Adultos a partir de 18 años
Consulta las bases y participa, colabora con la recuperación de las tradiciones : https://acortar.link/q36PEk
La antología World Poetry Yearbook 2025 es un extenso proyecto literario que presenta a 253 poetas de 104 países y regiones. Verdaderamente puede ser llamada un “atlas literario”, un anuario de poesía global. Ante nosotros se alza un palacio espiritual que nos permite reconocer patrones similares de pensamiento y emoción entre creadores de culturas completamente diferentes. Es, en esencia, una colección de diamantes poéticos.
Temas principales del libro
1. La poesía como puente – el poeta como guardián de la identidad
Muchos poetas en la antología exploran la pregunta: «¿Quién es el poeta?» y ven la poesía como su verdadero hogar, particularmente en situaciones de exilio o deambular. Algunos ejemplos:
Jeton Kelmendi (Albania-Bélgica) escribe que los poetas no tienen más hogar que sus poemas, viviendo entre los rastros del tiempo y los sueños.
Iris Calif (Israel) es descrita asumiendo un “llamado divino”, usando la poesía como una herramienta para transmitir mensajes de vida y sanación.
Iris Calif
2. Temas compartidos entre diversos creadores – pérdida, memoria y exilio
El tema del desplazamiento y la búsqueda de pertenencia recurre entre muchos poetas, ya sea refiriéndose al exilio físico o espiritual:
Angela Kosta (Albania-Italia) escribe sobre los recuerdos de la patria y la búsqueda de pertenencia a través del lenguaje. Tasneem Hossain (Bangladés) expresa la nostalgia de una inmigrante por su tierra natal, donde los recuerdos se guardan en su corazón como un cofre del tesoro.
3. Ansiedad existencial en medio de la naturaleza y el mundo moderno
Muchos poemas reflexionan sobre la fragilidad del mundo, tanto ecológica como políticamente: Liang Xiaoming (China) describe la oscuridad descendiendo sobre el mundo y el corazón; una sensación de que el tiempo pasa y deja a los humanos solos. Tang Shi (China), en “Las flores duermen mientras sostienen gotas de rocío”, escucha la voz de una flor al abrirse; este acto simple transforma todo el espacio.
El editor jefe del anuario es el poeta chino Zhang Zhi
Zhang Zhi
La antología está dirigida por el poeta chino Zhang Zhi, quien se desempeña como editor jefe. En su poema, presenta la filosofía subyacente de la antología: una visión cósmica de unidad. Zhang escribe sobre la fusión del ser con el universo. El poeta como un profeta moderno utiliza imágenes de galaxias, estrellas, luz y océanos para mostrar que todos los humanos comparten la misma cúpula; la poesía se convierte en su “primera lengua”, un lenguaje celestial: un reino de la poesía. Esta es la globalización de la poesía: un lenguaje que conecta corazones a través de las fronteras.
Somos testigos de un proceso espiritual en el que la “aldea” se transforma en un caleidoscopio de luz; un espacio sublime, casi un templo, donde los poetas intercambian rayos de inspiración. Zhang emerge como un líder espiritual, guiando a todos los poetas de la antología.
La Frecuencia Cósmica de la Antología:
La antología de Zhang Zhi no es solo una colección de poemas, sino un manifiesto de la globalización humanista. Mientras que el mundo moderno puede parecer mecánico y alienante, su enfoque visualiza la globalización como una red neuronal viva, con cada poema resonando en todo el mundo. Esto hace eco del concepto del “cumpleaños cósmico” en el poema de Agron Shele, simbolizando el renacimiento del yo como un microcosmos del universo. Colocar a Shele al comienzo de la antología es una declaración espiritual deliberada: la poesía es un puente que conecta naciones, llevando al individuo hacia la conciencia universal. La poesía es el “pegamento espiritual” que permite a poetas de diferentes culturas celebrar la existencia compartida. Esta es verdaderamente la importancia del editor Zhang como el director de toda la orquesta:
El editor como “encrucijada” de culturas: En el poema, Zhang describe un movimiento constante de ideas e imágenes que cruzan fronteras. Como editor, aplica esto seleccionando poetas de diferentes países (como Agron Shele), creando una “conversación” entre ellos dentro de las páginas del libro. Su poema da fe de un liderazgo que no es centralizado, sino que permite a cada voz mantener su singularidad dentro de un espacio compartido.
Una ética de compasión y responsabilidad global: Zhang expresa el concepto de que el sufrimiento de un individuo es el sufrimiento de toda la humanidad. Su liderazgo como editor se refleja en su elección de poemas que no se centran simplemente en el “yo” estrecho, sino en aquellos que resuenan con grandes preguntas morales. Bajo su batuta, la antología se convierte en una herramienta para el Tikkun Olam (reparación del mundo) a través de la palabra escrita.
La poesía como un “lenguaje alternativo” a la globalización: Mientras el mundo económico utiliza la globalización para homogeneizar culturas, Zhang el editor usa su poema para proponer una “globalización de profundidad”. Lidera una línea editorial que busca un espíritu común. Su poema sirve como la “llave”, instruyendo al lector a no buscar las diferencias entre los poetas, sino la “frecuencia” cósmica común que comparten.
El lema principal de Zhang Zhi es “Globalización de la Poesía”. Este es un proceso espiritual en el que “la aldea” se convierte en un lugar donde los poetas intercambian rayos de luz. Es la eternidad del brillo de la poesía lo que triunfa sobre todo. Esta frecuencia global está presente desde la apertura del libro.
La diversidad de los escritores atestigua una apertura; juntos, crean el equilibrio de la antología. Esta visión toca el corazón mismo de la colección. El poema de Sabyasachi Nazrul (Bangladés), titulado “World One Village One”, sirve como una especie de manifiesto para esa misma “humanidad unificada”. Hay una conexión espiritual que supera las fronteras políticas; todos somos residentes del mismo hogar físico y espiritual.
La poeta Taghrid Bou Merhi (Líbano-Brasil) conecta el motivo de la creación con la espiritualidad que une a la humanidad. Según su poema, la mujer es una creación divina armoniosa, una “melodía de serenidad”. La poeta utiliza el motivo de la creación para describir su esencia: la descripción bíblica de la “costilla” es elevada; en su poema, la mujer es creada a partir de materias primas espirituales. No fue formada de materia física simple, sino moldeada por el Creador. Su figura posee un poder casi mágico: cuando está triste o amargada, los jardines se marchitan; pero cuando sonríe, hay luz y “significados florecientes”. El poema concluye con una imagen magnífica: “Ella es la mujer… el libro abierto de la misericordia de Dios”. Este es el punto máximo de la descripción: la mujer es la expresión más tangible de la misericordia divina en el mundo.
Paisajes Diferentes – Una mirada al Paisaje Espiritual
Aunque los poetas provienen de diferentes regiones y paisajes vastamente distintos, el paisaje tiene un significado espiritual existencial para ellos. Por ejemplo, el poema de Duan Guang’an (China) describe un árbol junto a una roca; para él, su coexistencia expresa una idea que trasciende las preocupaciones materiales.
En el poema de Duan Guang’an, la imagen del árbol y la roca no es meramente una descripción botánica o geológica, sino una “pintura de paisaje” espiritual (afín a la tradición clásica de la pintura china), donde el escenario sirve como reflejo de la resiliencia, la asociación o la estabilidad espiritual. La antología está repleta de poetas que utilizan el “paisaje” como un espejo para revelar la existencia humana. Aquí hay varios ejemplos destacados:
Arslan Bayir (Turquía): Su presencia añade una capa de poder emocional y una conexión profunda con el paisaje y la humanidad sencilla, como parte del mosaico mediterráneo y de Asia Central. Representa la poesía como un puente entre la naturaleza y la cultura. Bayir escribe desde una profunda afinidad por la tierra y el espacio abierto. Transforma la geografía física en una geografía del alma.
Para la poeta Mariela Cordero [Venezuela] también, la geografía es una metáfora del espíritu humano. La “marea cruel” del mar es una alegoría del yo interior: el poema describe un momento de crisis donde la marea se vuelve tan “cruel” que amenaza con el ahogamiento. La idea central y reconfortante en el poema es que el sufrimiento y la dificultad (la “marea cruel”) no pretenden ahogar al individuo, sino “prepararlo para las profundidades de otro océano”.
En el poema titulado “LONGING…” del poeta Hassane Yarti, nos conmueve una obra lírica profunda que explora el proceso creativo nacido del dolor y la soledad. La escritura no se hace con tinta ordinaria, sino con un “alfabeto de lágrimas”. Esta es una imagen poderosa del vínculo inseparable entre el sufrimiento personal y la expresión artística.
También en el poema de Muhammad Gaddafi Masoud, la naturaleza y el otoño sirven como metáforas del espíritu humano. Gaddafi usa una imagen hermosa pero dolorosa donde la ansiedad “cultiva flores de insomnio”. La ansiedad no es simplemente una emoción negativa; es un ser vivo que crece dentro de la persona y le roba el descanso. El poeta describe una sensación de total impotencia dentro de la “tormenta”, probablemente el torbellino de sus emociones.
Bengt Berg (Suecia): Expresa un paisaje de contemplación y silencio desde el escenario escandinavo. Para él, la nieve, el bosque y los espacios abiertos no son meros paisajes, sino que expresan un estado humano de escucha al silencio. Hay poemas europeos cuyos paisajes revelan específicamente la fragilidad humana frente a los estragos del tiempo y la historia. En el poema de Maria Miraglia (Italia), el mar es la imagen de un alma que no conoce límites. Del mismo modo, entre los poetas latinoamericanos de la colección, la tierra es una entidad viva que conversa con el hombre, y el paisaje revela una humanidad que no está separada de la naturaleza, sino que se funde con ella.
El poema de Yehudit Malik-Shiran describe a la mujer como una provincia de esperanza; hay algo en ella más fuerte que el paisaje. La esperanza permite a una persona no irse incluso “a través de todas las tormentas”. Una de las imágenes más poderosas aparece en el “Puente”: “Las grietas son las que dejan brillar la luz hacia adentro”.
Los paisajes en los poemas de los autores adquieren matices de personificación y espiritualidad: la antología muestra que, a pesar de las diferencias en el escenario —la roca china, la nieve sueca o el mar italiano— la acción humana es idéntica: el hombre proyecta sus emociones más profundas sobre el paisaje para entenderse a sí mismo. El paisaje es el “lenguaje” a través del cual el poeta explica lo que significa ser humano.
Eco de este enfoque se encuentra en otros poetas: Xi Ke (China) pinta un cuadro emocional enfocándose en momentos fugaces de luz y sombra. Iris Calif escribe hábilmente sobre la luz como un elemento que transforma la existencia; en su poesía, la luz no es solo física sino espiritual, permitiendo la sanación y el cambio interno. Los poemas expresan la idea de que el hombre no está separado de su entorno; el paisaje no está solo “fuera de nosotros”, es un evento espiritual que ocurre dentro de nosotros. Parece que poetas de todo el mundo están de acuerdo: cuando observamos el paisaje profundamente, en realidad nos estamos observando a nosotros mismos.
La capacidad de sobrevivir a los cambios
En esta antología, la aspiración de entender el universo cambiante y adaptarse a las transformaciones de la vida (resiliencia) es un motivo recurrente:
Jeton Kelmendi (Albania/Bélgica): Escribe sobre el hombre como un caminante constante. Para él, la adaptación es la capacidad de llevar el propio hogar (memoria y lenguaje) dentro del corazón mientras el paisaje externo cambia.
Luis Benítez (Argentina): Observa el cambio a través de un lente más amplio. Para él, el viaje existencial es parte de una larga cadena humana. Entiende que el cambio no es el enemigo, sino la esencia de la vida misma.
Los cambios a lo largo de los años son factores que causan crisis en la vida matrimonial. El poeta ruso Alexey Evgenievich Kalakutin da a esto una expresión profunda: el poema presenta un agudo contraste entre el sueño ideal de una relación y la realidad desafiante, descrita como un “campo de batalla tormentoso”.
Jiang Yimao también elige describir una crisis. Su poema crea un momento de confesión expuesta. Su petición explícita al final —“Padre, perdona mis palabras mentirosas para consolarte”— es el corazón palpitante de la obra. Es una “falsedad” de gracia, un intento desesperado de un hijo por proteger a su padre del conocimiento de su muerte cercana.
Si en la obra de Yimao vimos el intento de preservar la humanidad en momentos personales de despedida, Natalie Bisso expande la mirada hacia la moralidad humana en un mundo violento y complejo. En su poema “Stay Human”, argumenta que nacer humano es un milagro, pero permanecer humano es un trabajo duro. Ella enfatiza la libertad de elección y la necesidad de permanecer fiel a los valores sagrados.
El poeta Dibran Fylli impresiona en su poema “Shadow of Hope”. Trata sobre la lucha por mantener la esperanza dentro de una realidad de dolor. Dibran usa la metáfora de la sombra no como algo amenazante, sino como una presencia guía que atestigua la existencia de la luz, incluso si la luz misma está oculta.
El poema de Mujë Buçpapaj (Albania), “The Invisible Victory”, trata sobre la tensión entre la existencia fugaz y el acto moral. Simboliza la transitoriedad del momento, recordándonos que debemos aprender a buscar la victoria invisible. Y hay cambios que exigen una respuesta a las distancias formadas por la necesidad de la realidad. Tasneem Hossain (Bangladés) escribe sobre las transformaciones de quien se aleja de su patria.
La Idea Común: se requiere que el hombre esté en constante movimiento. El denominador común universal aquí es la flexibilidad del espíritu. La poesía nos recuerda que, aunque el viaje existencial es individual, la aspiración de encontrar significado en él es común a todos. Arslan Bayir, como quien trae la voz del hombre sencillo, expresa un sentido de modestia y simplicidad que otorga a sus palabras la validez de la verdad.
El Lenguaje del Corazón – Nuestra Historia
Todos los poetas del mundo buscan darnos el lenguaje universal del corazón, la historia de todos nosotros. Isilda Nunes (Portugal) busca a lo largo de estos caminos el lenguaje interior de los sueños. Esta fascinante antología es una historia viva, un microcosmos de toda la humanidad. Funciona como una “familia de poetas” donde se inspiran unos a otros a través de las fronteras nacionales. Todo se convierte en una historia de vida fascinante y rica.
Dinámica de la Poesía Observando los Fundamentos de la Existencia
Fei Yifei es un poeta maestro de la mirada profunda; trae a la caravana humana el poder de observar la naturaleza. Se enfoca en pequeños detalles y los transforma en metáforas existenciales. Es hermoso comparar esto con la obra del prominente poeta chino Zi Wu, también editor jefe del anuario. Hay poder en su poema “A Strange Encounter Beneath the Ancient Banyan”; es fascinante leer sobre la tensión entre la palabra escrita, que es estática, y el “espíritu”, que es la esencia viva y cambiante de la experiencia humana y poética.
La Poesía como Herramienta de Comunicación y Expresión de Mensajes
El objetivo de la antología es la conexión con los lectores; la poesía como una herramienta para la conexión humana (redes del alma). Aquí es apropiado enfatizar el trabajo del poeta israelí Yehoram Galili, quien trae una voz clara que resalta la comunicación entre los seres humanos. Su poesía no se recluye en una torre de marfil, sino que se vuelve hacia afuera. Galili entiende que la palabra es un puente y busca el encuentro entre el “Yo” y el “Tú”.
De hecho, hay una variedad de poemas sobre el poder de la poesía: hay belleza en la obra de la poeta alemana Natalie Bisso. Su poema “The Silence of the Stones” trata sobre la tensión entre la naturaleza eterna y estática y la existencia humana fugaz y ruidosa. La tensión en la expresión poética recibe más interpretaciones en el poema “Earth’s Swan Song” del poeta Dimitris P. Kraniotis. Transmite un mensaje: el daño a la naturaleza se refleja directamente en el alma. Cuando perdemos la naturaleza, perdemos una parte de nuestra humanidad.
La Antología como Frente de Esperanza y Unidad Espiritual
El encuentro de 253 poetas es un acto de lucha contra la división global y la desesperación. La antología no abandona la creencia de que la palabra escrita puede unir a la aldea global. Es mucho más que una colección de poemas: es una hoja de ruta para el afrontamiento humano del dolor, la agitación y la búsqueda de libertad.
La poesía de Balfour Hakak (Israel) está empapada en la lucha entre la eternidad y el tiempo; una poesía vinculada indisolublemente a la existencia en la tierra de la Biblia. Su poema “A Small Sanctuary” (Mikdash Me’at) revela una búsqueda de lo sagrado dentro de lo profano.
El anuario World Poetry 2025 es la prueba de que, bajo todos los idiomas y paisajes diferentes, todos necesitamos el espíritu de creación. La poesía es la fuerza que asegura que, a pesar de los “inviernos” y las agitaciones, siempre vendrá un nuevo crecimiento. En el vasto desierto del siglo XXI, donde los ruidos de la guerra y el odio amenazan con destruir el denominador común humano, hay esperanza: hay unidad. Aquí marcha la “Caravana de Poetas”, buscando la redención. Está en el poder de los poetas restaurar la conciencia espiritual del mundo. La antología ilumina la conexión espiritual; hay esperanza para el mundo.
(Traducido del hebreo al inglés por Yarden Zehavi)
(Traducción al español por Mariela Cordero
Sobre el editor jefe y fundador del World Poetry Yearbook: Dr. Zhang Zhi (China)
Zhang Zhi (nombre de pluma: Diablo; nombre en inglés: Arthur Zhang), nacido en 1965, es un importante poeta, crítico, traductor y editor en la China contemporánea. Doctor en Literatura, es el actual editor jefe de Rendition of International Poetry Quarterly y asesor del Centro para la Globalización de la Poesía China de la Universidad de Nankai. Ha publicado siete colecciones de poesía en idiomas extranjeros y sus obras han sido traducidas a más de cincuenta idiomas. Reside en la ciudad de Chongqing.
Sobre el autor del artículo: Herzl Hakak
Herzl Hakak
Escritor, poeta y crítico literario excepcional. Ha publicado artículos sobre literatura, identidad y judaísmo. Fue presidente de la Asociación de Escritores Hebreos en Israel de 2003 a 2005 y de 2011 a 2015. Ha escrito 10 libros de poesía y, junto a su hermano gemelo, libros infantiles y de crítica literaria. Recientemente publicó su libro de poesía “The Song That Was Never Sung”.
Premios destacados: Premio Harei Harshon (1972, 1974), Premio Wallenrod (1980), Premio Uri Orbach de Poesía (2021), Premio ACG por Trayectoria en Poesía (2025).
Sobre Iris Calif (Israel)
Poeta internacional, escritora, bailarina y editora. Encargada de relaciones exteriores en la revista The Direction of the Wind y editora de antologías internacionales. Ha ganado múltiples premios, incluyendo el Premio Internacional de Literatura Italia-Milán 2024 («CITY OF GALATEO») por su poema «Angel of Life» y el premio Friedrich Schiller 2025 en Alemania por «The Desert Bride». En 2026 recibió el galardón “The Greatest Poets in the World”. Descendiente de cabalistas, su escritura está dotada de toques espirituales de mundos ocultos. Sus poemas han sido traducidos a numerosos idiomas, incluidos el español, árabe, chino y ruso. Sus libros publicados incluyen “A Pure Wild Moon” (2017) y “The Daughter of God” (2020).
Este texto no nace con la voluntad de reseñar un libro, sino con la de formular una pregunta a partir de él: qué entendemos hoy por poesía cuando la poesía deja de protegernos y empieza a desnudarnos. Para acercarnos a esa búsqueda no partiremos de teorías cerradas, sino del propio lenguaje del libro: observar cómo funciona la palabra cuando se acerca al cuerpo, cómo se transforma al nombrar el amor y cómo resiste cuando intenta decir lo indecible. El análisis no pretende dictar, sino escuchar.
No todos los libros se leen; algunos se atraviesan. La memoria de la piel pertenece a esa estirpe: no comunica una experiencia poética, la instala. Su lectura no es cómoda. Desde los primeros versos —«Peinar el tiempo es aflojar los hilvanes del olvido»—, la voz advierte que aquí no se viene a descansar, sino a enfrentar lo esencial: el cuerpo como archivo, el amor como riesgo y la palabra como frontera precaria frente al olvido.
Este libro no embellece la existencia: la somete a una prueba de resistencia. Cada poema actúa como una incisión en el idioma. No hay poética del consuelo, sino una ética de la lucidez. La escritura no maquilla el dolor: lo nombra. Leer La memoria de la piel es aceptar que el poema no siempre refugia; a veces expone.
El amor ocupa un lugar central en este universo. No aparece como promesa de armonía, sino como fuerza incandescente. En poemas como Amantes o Vino caliente, el deseo no construye abrigo: quema. El amante no se protege, se entrega. El verso lo dice con crudeza: «Arder en el fuego amado no es una elección, es un acto de rebeldía». Amar aquí es una forma de insumisión frente a la comodidad.
El cuerpo femenino no es escenario decorativo, sino territorio de batalla. La piel es memoria viva. No simboliza el dolor: lo encarna. En A bocajarro se condensa ese núcleo ético: «Hurgar en el dolor te hace más fuerte… o te liquida». Escribir no es neutro: tiene consecuencias.
El lenguaje avanza por acumulación y riesgo sintáctico. El verso no acaricia; sacude. No hay espacio para el ornamento. Cada poema exige presencia. En los textos metapoéticos —Anaqueles del olvido, La telaraña— la escritura se reconoce frágil. Tejer palabras es levantar una casa a la intemperie. La poesía no salva: insiste. No detiene el tiempo: lo hiere.
La aparición de los Sonetos del desasosiego no responde a nostalgia clásica, sino a refugio estructural. Cuando la palabra amenaza con quebrarse, la forma sostiene. No embellece: contiene. Permite que la emoción no se disperse, que el dolor encuentre contorno.
Todo ello aproxima esta poética a la idea de que el cuerpo no es objeto, sino lugar de experiencia. La piel no funciona como símbolo: es acontecimiento. Del mismo modo, aquí la palabra no representa la herida: la reactiva. El exceso verbal, la densidad del verso y la dificultad del decir no son estilo: son síntoma.
En el ámbito hispánico, la voz de este libro dialoga con una tradición que concibe la escritura como conocimiento sensible y con la noción de que la poesía no describe el mundo, sino que lo pone en estado de intensidad. Resuena también una ética radical: escribir no después del dolor, sino desde él. No como relato, sino como resto.
Desde ahí se comprende mejor la idea de poesía que emerge del libro:
La poesía, tal como se practica en La memoria de la piel, no es un lenguaje sobre la vida, sino una forma de vivirla. No embellece la herida: la vuelve visible. No promete refugio: sostiene la intemperie. No alivia: nombra. No salva: despierta.
En tiempos de poesía inofensiva, este libro recuerda que la palabra aún puede arder. Y que sólo cuando quema, ilumina.
CONCLUSIONES
La lectura de La memoria de la piel permite entender la poesía como una experiencia vital, no como adorno literario. El cuerpo aparece como espacio de memoria, el amor como riesgo y la palabra como acto ético.
No hay consuelo, sino lucidez. No hay refugio, sino conciencia.
La forma sostiene lo que el dolor desborda, y la memoria no se recuerda: irrumpe. En este libro, la poesía no explica la herida, la vuelve visible.
La memoria de la piel confirma que cuando la palabra arde, no destruye: ilumina.
Referencia
FERNÁNDEZ GUERRERO, Dolors La memoria de la piel. Ediciones Vitruvio, 2025.
Desde la redacción de Poémame queremos desearos unas Felices Fiestas y un mejor Año Nuevo. En esta ocasión hemos encargado a un nuevo colaborador, Antonio Sánchez Solá, un texto y poema de felicitación que os transcribimos a continuación.
Amigos, amigas, seguimos entre letras.
El equipo de Poémame
Alda, Hortensia, Gemma, José Luis, María, Mariela y Óscar.
EL POEMA MÁS FEO
Un Cuento de Navidad
Nací en una hoja reciclada, sin márgenes perfectos ni tipografías elegantes. No traía palabras difíciles ni metáforas vestidas de gala. Era apenas eso: unos versos honestos, escritos con tinta azul, todavía tibia, todavía con olor a mañana. Como todos los poemas, nací con un sueño: ser leído. Vivir en los ojos de alguien. Acompañar una tarde fría. Consolar un cansancio. Hacer compañía, aunque fuera en silencio.
Pronto comprendí que no todos los caminos estaban hechos para un poema humilde como yo.
Mi primera visita fue a una revista literaria famosa. Entré temblando, con mis estrofas recién ordenadas, intentando parecer más importante de lo que era. Me miraron como se mira un objeto fuera de lugar, buscando en mí un brillo que nunca apareció. Hablaban de poesía esencial, de resonancias profundas, de un yo inabarcable que yo no sabía pronunciar. No me leyeron. No hizo falta. Yo no pertenecía a esa categoría invisible que solo algunos entienden. Salí con mis versos un poco más arrugados, como si la tristeza también dejara pliegues.
Probé después en una revista moderna, llena de colores y palabras nuevas. Allí la poesía debía ser breve, libre, radical, deconstruida. Cuando dije que era un poema de Navidad, el silencio pesó más que cualquier crítica. Me llamaron normalito. Demasiado sencillo. Demasiado claro. Al irme escuché por primera vez ese nombre que me acompañaría un tiempo: el poema más feo. No por mi forma, sino por no esconderme. Por no maquillar lo que quería decir.
Seguí viajando. Revistas distintas, rechazos parecidos. En todas me explicaron cómo debía ser la poesía, qué debía doler, qué debía ocultar, cuántas capas necesitaba para ser tomada en serio. Y yo, que solo llevaba conmigo una pequeña luz, una verdad sencilla, empecé a creer que no bastaba. Que mis palabras eran demasiado pequeñas para un mundo tan grande.
Llegué a Poémame casi sin fuerzas. La puerta estaba abierta, como si alguien me hubiera estado esperando sin saberlo. Dentro no había solemnidad, sino calor. Libros, pantallas encendidas, café recién hecho. Me acerqué despacio, con la voz cansada de tanto decir lo mismo, y conté mi historia. Conté que nadie me había querido publicar. Que tal vez tenían razón. Que quizá yo no valía.
Entonces ocurrió algo distinto. No me definieron. No me clasificaron. Me preguntaron qué quería yo. Y por primera vez me quedé en silencio, sorprendido. Yo solo quería decir mi mensaje. Regalar lo que llevaba dentro. Nada más.
Me escucharon.
Mis palabras encontraron un lugar donde quedarse, alguien se reconocía en ellas. Si. Incluso los poemas más feos guardan una chispa capaz de iluminar a otros.
POEMA DE NAVIDAD
Hoy no vengo con palabras grandes, traigo pan recién horneado.
Vengo de unas tierras donde las campanas saben llorar y celebrar con la misma voz, la victoria y la derrota,
y las ausencias siguen ocupando su lugar a la mesa.
Ojalá esta noche nadie se sienta invisible, aunque esté solo.
Ojalá alguien piense en él, como se piensa un deseo.
Que la Navidad no sea una fecha sino un acto sencillo:
una sopa humeante, una llamada que rompe el frío,
un perdón dicho en voz baja para que no duela.
Que el año nuevo nos encuentre menos piedra, más abrazo.
Que sepamos quedarnos cuando huir fue fácil.
Porque las derrotas, cuando has luchado, también embellecen.
Y porque todos — personas y poemas— solo buscamos lo mismo:
un lugar donde quedarnos y alguien que nos lea con el corazón abierto.
Nota del autor: Una reflexión sobre el rito íntimo de escribir cada mañana y el poema que nació hoy entre el aroma del café.
Cada mañana, antes incluso de que el café termine de perfumar la cocina, sucede algo que ya forma parte de mi vida con la naturalidad de un latido. Me siento a la mesa, dejo que el aroma del desayuno me despierte del todo y, mientras doy el primer sorbo, la mente comienza a abrir lentamente el día: ¿qué verso querrá nacer hoy?
Al principio la intención era sencilla: escribir un pequeño poema para acompañar el desayuno. Casi un juego, una compañía discreta entre el café y la tinta. Pero con el tiempo ocurrió algo inesperado: la costumbre se volvió hábito, el hábito se volvió rito y el rito… adicción, si se permite la palabra. Porque ahora no es el poema el que acompaña al café: es el café el que espera pacientemente a que el poema decida aparecer, como un invitado que no quiere interrumpir el trabajo de la inspiración.
En cuanto tengo una idea —un destello, una palabra que respira, una imagen que se asoma desde algún rincón de la memoria— la mano se acelera como obedeciendo una orden silenciosa: vamos, ya es la hora. El bolígrafo corre por el papel como si conociera un camino que yo apenas intuyo. Hay mañanas en que siento que no escribo: me escriben. Como si la poesía se sentara frente a mí, madrugadora e impaciente, y me susurrara: “No me hagas esperar, que solo existo si me das palabras”.
La cosa ha llegado tan lejos que incluso los días sin desayuno no renuncio al poema. Me siento igual a la mesa, aunque no haya taza, y dejo que las palabras me calienten el cuerpo como lo haría el café. A veces escribo largo y profundo; otras, apenas unos versos que salvan la mañana. Pero siempre escribo. Esa constancia que no sabía que llevaba dentro se ha convertido en un ancla, en un hogar silencioso.
Y esta mañana no fue una excepción. Antes de que el vapor del café se disipara, llegó —casi entero— el poema que sigue. No lo invoqué: vino a sentarse conmigo, como un pájaro confiado.
SOMOS DEVENIR
Nacemos desnudos, arropados por manos que nos sostienen como quien protege una llama recién nacida.
Padres, maestros, voces que nos preceden, siembran en nuestra piel raíces que buscan tierra, límites que nos salvan, caminos que se abren como sendas de luz.
Y cada gesto suyo —leve o profundo— nos va modelando, barro tibio que el sol amasa sin prisa.
Pero un día despertamos. La conciencia, como un brote, rompe la corteza del sueño; la rebeldía germina, y la libertad, temblorosa, nos susurra que el mundo es más grande que las huellas que heredamos.
Entonces empezamos a ser: no solo lo que hicieron de nosotros, sino lo que decidimos hacer con ello. Forjamos destino con las manos manchadas de pasado y los ojos abiertos al porvenir.
Somos tránsito: un puente entre la memoria y la elección, entre la herida y el salto, entre lo que nos fue dado y lo que escogemos entregar.
Y así, paso a paso, vamos aprendiendo que la vida no es un molde, sino una forma que cambia, una pregunta que crece, un latido que se atreve.
Tras escribir el poema, tuve esa sensación que solo regalan algunos despertares: la de entenderse un poco mejor que el día anterior. Y entonces comprendí que no soy yo quien ha adoptado la poesía… es la poesía la que me ha adoptado a mí, regresando cada mañana para recordarme quién soy.
Si esto es una adicción, que nadie venga a curarla. Hay adicciones que no hieren: sostienen, iluminan, afinan la mirada. Y esta, la de escribir entre sorbos, es una de ellas.
En este artículo, que etiqueto como “Buscando la polémica” porque la polémica y la crítica constructivas son imprescindibles para analizar un tema, trataré de lo que diferencia a la “prosa” del “poema”, y digo poema y no poesía, ya que “prosa” y “poema” son formatos de escritura, mientras que “poesía” es un género literario normalmente lírico, épico o dramático.
Un género literario tiene que ver con el contenido del texto, por ejemplo: novela negra, romántica, de aventuras, de ciencia ficción, lírica, épica, humor, sátira, artículos técnicos, entrevistas periodísticas, autoayuda, etc. Por otra parte, un formato de escritura se basa en cuál es la estructura de un texto determinado del género que sea. Así, llamamos “prosa” a los textos corridos separados por signos de puntuación y párrafos sintácticos, y “poemas” a los textos cortados en versos. Estos cortes versales, que suelen corresponderse con estructuras sintácticas, salvo que haya encabalgamientos (lo que trataré en otro artículo) dan lugar a “versos” que tienen un ritmo generado por el número de silabas fonéticas y la distribución de las tonicidades de dichas sílabas que denomino «ritmo métrico». En otras ocasiones ese corte versal lo realiza el autor para resaltar su mensaje, prescindiendo del citado ritmo poético en versos que se denominan «versos libres» y no deben confundirse con los «versos blancos» que no tienen rima, pero están sujetos al ritmo métrico.
Esta clasificación se complica ya que la palabra “poesía” tiene un significado polisémico ya que a veces se la identifica con “poema”, otras veces va más allá de los versos o aún de un texto escrito. Es verdad que la mayor parte de la poesía se materializa en poemas formados por versos, pero hay textos de prosa poética que se consideran poesía, aunque no estén partidos en versos y se publican en libros de poemas. Sin llegar a lo escrito por Bécquer: “¿Qué es poesía? (…) Poesía eres tú”, se denomina poesía a objetos que suscitan profundos sentimientos líricos, como por ejemplo poemas visuales con más imágenes que textos.
Volviendo a lo habitual, la poesía se suele escribir en versos, aunque si te trata de versos libres están en una zona de frontera entre los poemas y la prosa poética. Del verso libre también pienso tratar en otros artículos, pero si queréis adelantar os dejo lo que escribí en la revista “Las nueve musas”: El verso blanco y el verso libre y El versolibrismo más allá de la métrica poética, o sobre Los encabalgamientos versales ya citados anteriormente.
Como consecuencia de lo anterior, hay una cierta confusión entre “poesía” y “poema”, y no siempre queda clara la distinción entre “verso” y “prosa”. Vayamos al Diccionario de la Real Academia para ver si nos ayuda a aclarar estos conceptos:
Poesía: 1. Manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa. / 2. Cada uno de los géneros en que se dividen las obras literarias. Poesía épica, lírica, dramática. / 3. Por antonomasia, poesía lírica. / 4. Poema, composición en verso. / 5. Poema lírico en verso. / 6. Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje. /7. Arte de componer obras poéticas en verso o en prosa.
Prosa: Forma de expresión habitual, oral o escrita, no sujeta a las reglas del verso.
Verso: Palabra o conjunto de palabras sujetas a medida y cadencia, o solo a cadencia. Usado también en sentido colectivo, por contraposición a prosa. Comedia en verso.
Verso libre: (Métrica) Verso que no está sujeto a rima ni a metro fijo y determinado.
En resumen: Respecto a “poesía” hay muchas acepciones, por la citada polisemia de la palabra (por ejemplo, en la 4 le da el significado de poema), pero en general la RAE la califica como género poético, sobre todo de contenido lírico.
Respecto a “verso”, “prosa” y “verso libre” el diccionario es mucho más conciso con las definiciones de las palabras.
Yo intento ser cuidadoso diferenciando “poesía” de “poema”. Reservo “poema” para las obras concretas poéticas escritas en verso, y a veces añado “poemas métricos” para que quede claro que se trata de versos sujetos a medida y cadencia, como ya apunta la R.A.E. Respecto a la “poesía”, intento reservar la palabra para los géneros literarios líricos que, como dice la RAE, “manifiestan por medio de la palabra la belleza o el sentimiento estético”, o también para géneros dramáticos o épicos. Si estos textos están escritos en versos los denomino, asimismo, “poemas”. Por ello, prefiero llamar “poemas”, y no “poesías”, a las composiciones en verso del género humorístico, satírico, de denuncia o de otros géneros no relacionados con los anteriores.
Volvamos al título de este artículo: ¿Qué diferencia al poema de la prosa? Queda claro que es el formato de la escritura, porque los poemas se escriben en versos (en general sujetos a medida y cadencia) y la prosa es la escritura normal en la que nos guiamos por las normas gramaticales. En cambio, el contenido del texto no es el condicionante y un texto lírico puede estar escrito como un poema lírico o como prosa poética.
Veamos dos ejemplos del poemario de Juan Ramón Jiménez“Diario de un poeta recién casado” (1916), titulados “El amor en el mar” y “Soledad”
El amor en el mar
¡Va a nacer también aquí y ahora! Vedlo. Nácares líquidos. Las sedas, las caricias, las gracias todas, hechas olas de espuma. ¡Ya!… ¡Allí!… ¿No?… ¿Será culpa del fraile?
¡Da ganas de llorar que el barco, ¡el oso este!, pese así, negro y sucio, sobre el agua, esa espalda de ternura! ¡A ver! ¡Que quiten de aquí el barco, que va a nacer Venus! -¿Y dónde lo ponemos? ¿Y dónde lo ponemos?
¡Apolo, amigo solamente de la diosa, que vas mientras tocan aquí el rosario, con tu ramo grana –blanco en la aurora, de oro al mediodía-, a tu casa del poniente! ¡Apolo, amigo solamente mío; Venus murió sin nacer, por culpa de la Trasatlántica!
Soledad
En ti estás todo, mar, y sin embargo, ¡qué sin ti estás, qué sólo, qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante, cual mi frente, tus olas van como mis pensamientos, y vienen, van y vienen, besándose, apartándose, con un eterno conocerse, mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes, tu corazón te late y no lo siente… ¡Qué plenitud de soledad, mar sólo!
Son dos realizaciones poéticas, o sea dos poesías, la primera como texto corrido en prosa y la segunda como poema de versos blancos que combina versos de 5, 7, 9 y 11 sílabas de ritmos acentuales armónicos. Esto, junto a la coincidencia de los finales versales con estructuras sintácticas (lo que facilita las pausas versales), justifica que este texto se parta en versos como un poema.
No obstante, hay algunos poetas contemporáneos que parten los textos en versos que no se sostienen ni por motivos sintácticos ni armónicos, ni tampoco por la descripción de las supuestas imágenes poéticas que contienen estos textos. Esto es algo que desmerece al verso, aunque pretenda ser “verso libre”, ya que el verso libre no sujeto a una cadencia rítmica debe tener, además de un contenido calificable como poético, un sostén sintáctico que no corte los “sirremas” gramaticales.
Antonio Quilis, uno de los mejores tratadistas métricos, define el “sirrema” como “la agrupación de dos o más palabras que constituyen unidad gramatical perfecta, unidad tonal, unidad de sentido, y que además forman la unidad sintáctica intermedia entre la palabra y la frase.” La ruptura del “sirrema” entre dos versos consecutivos es algo muy difícil y solo es posible en algunos “encabalgamientos”, con un sostén de rima o metro silábico, pero no es posible si se trata de un “verso libre”.
Quilis cita los “sirremas” típicos del español: sustantivo y adjetivo: la casa blanca; sustantivo + complemento de nombre: la casa de Juan; verbo + adverbio: vive bien; tiempos verbales compuestos: él había vivido; perífrasis verbales: tenía que venir; palabras con complemento preposicional: salir con Juan; y pronombre átono, preposición, conjunción con su elemento siguiente: lo siguió; por casa; aunque vino.
Pongo como ejemplo algunos cortes versales de Carlos Pardo; buen poeta, pero que a veces corta sus versos por donde no toca.
Aunque mi predisposición era la de quien ora al cuchicheo de la grava, me distraían dos souvenirs y recordé un hogar minimalista (…)
(…) Cambio de tema. No te conocí.
Para mí queda claro que: “era la de quien ora al cuchicheo /de la grava, me distraían dos / souvenirs” y “Cambio de tema. No / te conocí.”, se trata de versos mal cortados. ¿Qué sentido tiene separar “dos” de “souvenirs”, o “No” de “te conocí”?
Recuerda el paraíso. Era un lugar sin agua caliente. Una cortina partía en dos la casa (el horno de carbón a este lado —sin funcionar— y al otro aquel televisor en blanco y negro)
Este primer corte versal creo que no aporta nada, sino todo lo contrario: “Recuerda el paraíso. Era un lugar sin agua / caliente. Una cortina”. ¿Qué sentido tiene cortar en dos versos el sustantivo “agua” y el adjetivo “caliente”? Si lo que quiere el poeta es escribir versos con ritmo métrico, les tiene que dar alguna consistencia sintáctica, ya que aquí no la hay, y además un buen recitado debería eliminar la pausa versal.
Conclusión:
Prosa y poema son formatos de escritura. La “prosa” regida por las normas sintácticas y el “poema” por las normas métricas y la división en versos. De estas normas pueden escaparse los “versos libres”, pero siempre que los sustenten imágenes poéticas y estructuras sintácticas.
La “poesía” es un género literario asociado a lo lírico (o épico y dramático), pero hay una cierta polisemia de la palabra que la asimila a “poema”. Todos los poemas líricos son poesías, pero hay poemas humorísticos o de denuncia que no todo el mundo considera poesía.
La «prosa» abarca géneros muy variados y los influidos por el “lirismo” se consideran “prosa poética”, pero no poemas. Por último, los «poemas» deben estar divididos en “versos” que son más que renglones de escritura, ya que deben tener un cierto ritmo o cadencia, salvo que sean “versos libres” soportados por imágenes poéticas y por una estructura sintáctica.
No sé si habrán parecido claras a todos estas explicaciones, ya que son términos que a veces en la práctica se utilizan mal, se solapan o se confunden. Por eso, quedo a la disposición de los lectores para todas las aclaraciones o dudas que se presenten.
Si después de la lectura de este artículo os interesa profundizar más en la estructura rítmica de los poemas, que distingue los versos blancos o con rima de los libres, deberíais consultar algún libro didáctico de «métrica poética». La métrica está injustamente desprestigiada u olvidada por los críticos en estos tiempos en que lo poético parece que debe basarse solo en la inspiración del texto y no en su estructura, pero la mayoría de los mejores poetas siguen escribiendo con un ritmo métrico, más o menos visible en sus poemas. Además, «hasta para quienes quieren saltarse las normas, es preciso que las conozcan previamente, si no quieren que el salto sea al vacío». Yo, como autor os recomiendo mi tratado: «Métrica poética del idioma español» que pretende ser sencillo y la vez riguroso, oxímoron que intento romper con la exposición gradual de los temas y los múltiples ejemplos de versos y poemas.
Desde la Comunidad de poetas Poémame y la Dirección de la Revista tenemos el enorme placer de comunicar que nuestra directora de la sección internacional, la destacada poeta y traductora venezolana Mariela Cordero García, ha sido la ganadora de la VIII edición del Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español «M’illumino d’immenso».
El prestigioso certamen —que reunió a 84 concursantes de 16 países— desafió a los participantes a realizar la mejor traducción de dos complejas piezas poéticas: «I salesiani del ’57» (Los salesianos del 57) de Maurizio Cucchi, y las cuartetas 92-99 de «Discorso senza un alito di vento» (Discurso sin un soplo de viento) del poeta suizo-italiano Leopoldo Lonati.
Tras un exhaustivo análisis, el jurado eligió por unanimidad la traducción presentada por Mariela Cordero García, reconociendo la maestría y la profunda sensibilidad poética de su versión en español. La selección de los poemas estuvo a cargo de los organizadores Vanni Bianconi (Suiza) y Fabio Morábito (México).
Sobre la Ganadora
Mariela Cordero es poeta y traductora venezolana reconocida por su trabajo literario con varias distinciones, incluyendo el Tercer Premio de Poesía Alejandra Pizarnik (2014), el Segundo Premio de Poesía del Concorso Letterario Internazionale Bilingüe Tracceperlameta Edizioni (2015) y el Premio Literario Naji Naaman (2025).
Ha traducido poesía, ensayo, crónica y narrativa. Entre sus trabajos más notables se encuentran la traducción de la antología Tú eres todas las flores de cala (2021) del autor taiwanés Chen Ming-Keh (parte de la Taiwan Poetry Series); el ensayo Diez Cartas a Montaigne (2022), publicado por la Editorial de la Universidad de Jaén, España; y la antología poética Amor, Ilumínanos Aún (2023) del poeta estonio Jüri Talvet. También ha traducido al español el libro multilingüe Poein (2023) del poeta rumano Adrian Suciu; el poemario Mother’s Horse That Trotted Backwards / Mi madre tenía un caballo que trotaba hacia atrás (2023) del autor taiwanés Ching Fa Wu; y la obra de crónicas La sonrisa del cerdo (2024) del escritor francés Stéphane Chaumet, entre otras.
Actualmente, Cordero se desempeña como asesora literaria en la Revista del Instituto de Simbología de Corea del Sur y coordina el Dossier de traducción Poesía Africana para la revista Círculo de Poesía de México.
Ceremonia de Premiación en la Ciudad de México
La entrega de este importante galardón se celebrará en el marco de la XXV Semana de la Lengua Italiana en el Mundo (SLIM).
El Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México extiende una cordial invitación a la Ceremonia de Premiación de los ganadores de la VIII edición del Premio «M’illumino d’immenso» (del italiano al español) y de la III edición del mismo premio (del español al italiano).
La ceremonia de entrega, conducida por Barbara Bertoni, será precedida por un diálogo imperdible sobre traducción y poesía entre tres reconocidos poetas y traductores: Ana García Bergua, Fabio Morábito y Daniel Samoilovich.
Detalles del evento:
Día y Hora: Lunes 13 de octubre a las 19:00 horas.
Lugar: Auditorio del Instituto Italiano de Cultura.
Dirección: Avenida Francisco Sosa 77, Colonia del Carmen, Coyoacán, 04100 CDMX.
En el vibrante escenario cultural de Barcelona, Barcelona Poetry, liderada por Agatha Ben Gregory, se dedica a promover la poesía como un vehículo para despertar la conciencia y generar un movimiento emocional, intelectual y creativo. Esta iniciativa es un espacio que invita a las personas a conectar con la palabra y sus posibilidades transformadoras.
Barcelona Poetry organiza y apoya eventos poéticos que combinan versos con otras artes, como música, fotografía y performance, en Barcelona en espacios como el Mercat de San Antoni, el Centre Cívic Can Deu o la Llibreria de la Imatge. Eventos como el Festival de Radical 3 (2024 y 2025) o Poesia a cop d’ull (16 de enero de 2025) reflejan su compromiso con la diversidad lingüística, presentando poesía en catalán, castellano e inglés para conectar a públicos de todas las procedencias.
“La poesía es un puente para las emociones y las ideas. Queremos inspirar a las personas a sentir, pensar y crear”, afirma Agatha Ben Gregory, cuya visión impulsa recitales y performances que van más allá de la palabra escrita. En Barcelona, ciudad de literatura por excelencia, Barcelona Poetry demuestra que la poesía es un refugio para el éxtasis, un lugar donde se forjan amistades, se exploran filosofías de vida y se descubren propósitos profundos. A través de sus versos, los participantes resuelven conflictos internos, conectan con sus emociones más auténticas y despiertan a los gigantes que llevan dentro, celebrando la magia de la palabra en una ciudad que respira arte.
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Barcelona Poetry no solo celebra la poesía, sino que despierta conciencias, invitando a todos a ser parte de su movimiento.