Sobre la desaparición del mundo exterior en la poesía contemporánea
Hay algo llamativo en gran parte de la poesía que circula hoy: casi todo ocurre dentro de la persona.
Las emociones.
Los conflictos.
Las heridas.
Las dudas.
El mundo exterior aparece cada vez menos.
Vivimos en una cultura obsesionada con la interioridad.
La época contemporánea ha convertido el yo en el principal escenario narrativo.
Muchos poemas contemporáneos parecen escritos desde una habitación cerrada.
La ciudad ya no importa por sí misma.
Importa por cómo te hace sentir.
La política importa por el impacto emocional que produce.
Todo termina regresando hacia el interior.
Y quizá ahí haya una pérdida importante.
Porque la poesía también servía para mirar hacia afuera.
Para observar el mundo.
Para registrar escenas colectivas.
Para intentar entender estructuras más grandes que uno mismo.
Pero eso exige una atención distinta.
La obsesión contemporánea por el yo produce textos intensos.
Pero también corre el riesgo de producir textos cada vez más encerrados.
Y quizá una de las tareas pendientes de la poesía actual sea precisamente recuperar la capacidad de mirar el mundo sin convertirlo inmediatamente en espejo.



