Llegó el mes de agosto y con él nuestro resumen anual de lo publicado desde el pasado verano.
Este mes la revista saldrá tres veces a la semana durante las primeras tres semanas.
Todo el equipo de redacción de Poémame esperamos que pasen un buen verano y disfruten con la lectura de la buena poesía minoritaria que les venimos ofreciendo desde septiembre de 2016.
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Jaime D. Parra. Nacido en Huércal-Overa y residente en Barcelona. Interesado en las creaciones experimentales, la poesía de mujeres y el mundo de los símbolos. Autor de ensayos y antologías, como La simbología (2001), El poeta y sus símbolos (2001), Las poetas de la búsqueda (2002), Místicos y heterodoxos (2003), La poesía otra de Barcelona (con Carlota Caulfield, 2004), Poesía in-versa (con Amalia Sanchís, 2018), Claves de simbología (2018), Poéticas del origen (2019), Poéticas del caos (2019), Poesía bajo sospecha (2020) y Radical 3, I-II-III (2020, 2021,2022), que siguen siendo la base de su actividad ensayística y axiológica. En poesía ha escrito, expuesto o publicado obras como Contrición bajo los signos (1ª ed. 1978), Poemas gráficos (1994), La sombra y la nada (2003), Huellas vacías (2005), Escolium (2007), Dominós aperturas: Integral de Á má zú lat (2015), Éxodo y otros poemas (2021), Wyoming (2022) y Papeles del desierto (2022), que reunirá con Sueños, en Literatura no escrita. En la actualidad coordina el ciclo de lecturas poéticas Radical 3 de la Llibreria de la Imatge y colabora en las de Animal Sospechoso, ambas de Barcelona.
Ya en el prólogo, Carmen Borja nos informa que en mayo de 1978 aparecía la primera edición de Contrición bajo los signos. Se abría con una cita de la Ética de Spinoza («Contrito llámase al ser cuando está por debajo de sí por tristeza»), una «Invocación para que este libro concluya» y un prólogo manuscrito del autor, en el que exponía sus ideas sobre la vida en general, sus congojas en particular y los caminos por los que la poesía moderna podía rescatarse a sí misma. Había allí juventud, ingenuidad, ímpetu, autocompasión y un punto de jactancia, pero también ideas interesantes de cuño cernudiano —me refiero al Cernuda de la prosa crítica—, que en mi opinión no solo eran muy válidas sino imprescindibles. Aunque no aparezca en la nueva edición, sino un fragmento, no quería dejar de subrayar su valor.
Contrición bajo los signos es un poemario que se nos presenta de la mano, no solo del prólogo que hemos mencionado, sino también por un epílogo de Gustavo Vega que nos informa que estamos ante un libro complejo en el que se dan cita diferentes recursos de la llamada vanguardia clásica con otros más recientes del experimentalismo de los 60 y la poesía visual. Fue una primera, juvenil, y fructuosa experiencia de búsqueda —dentro y fuera del lenguaje—, que acompañará a Jaime D. Parra a lo largo de toda su vida y obra.
Tenemos entre manos un libro, publicado originalmente en 1978, que mantiene toda su frescura y personalidad. Tal como nos informa Miguel Ángel Ordovás en El Periódico de Aragón, Jaime D. Parra utilizó las técnicas de la vanguardia para amplificar la expresividad de la palabra, y no como un mero recurso decorativo o embaucador.Así, la introducción de dibujos y figuras, de números y figuras geométricas, de poemas escritos como un tebeo o un telegrama, lo que hacen es amplificar la intención del poeta para reflejar de manera extendida y poética “el vacío asfixiante en el que se vio y se movió”, como el propio autor indica en el currículum vitae que cierra el libro.
Entre las páginas del poemario asistimos también a un diálogo entre Parra y otros poetas como Juan Larrea, Octavio Paz, García Lorca, Rimbaud, Francisco Pino, Nicanor Parra o Carlos Edmundo de Ory.
Mientras que Contrición bajo los signos fue escrito entre los años 1974 y 1975, la edición que nos presenta Libros del Innombrable también recoge un segundo poemario, La contrición contrita, que fue escrito entre los años 1976 y 1977 del que destacamos el poema En el principio fue el caos.
En primer lugar existió el Caos (…) Del caos surgieron Erebo y la negra Noche. De la Noche a su vez surgieron Éter y el Día (…) Después de ellos nació el más joven, Cronos. Hesíodo
Solamente había inmovilidad y silencio en la oscuridad (…) llegó aquí entonces la palabra Popol Vuh
En el principio fue el caos, el torbellino esencial, la energía primera, la nada. Antes de la luz de la galaxia y el polvo de gas y azufre flotante. Luego vino la ráfaga de todo lo demás: el lado oscuro de la divinidad, negro total, la sustancia nebulosa. El sonido del resplandor. El caos como una sombra en espiral: aire y fuego girando en un vórtice. La palabra era esperada, como un teclado de sones y armonías. Pero el ruido la retrasaba. La onda expansiva fue jugando con lo líquido, lo gaseoso, lo terroso y lo ígneo; y del son surgieron las luminarias, la voz de los mundos, las estrellas chispeantes. Todo bello y terrible, como la visión de una roca en combustión. Nadie vino a saber en qué iba a terminar toda aquella conglomeración de materias convulsas, excesivas, diversas.. Gracias a la pulverización y a la condensación fueron surgiendo formas al principio informes, vermiformes, pluriformes, enanas o tamañas. Y fue repitiéndose la consideración de los patrones, los fractales: redondo, cuadrado, alargado, pisciforme, ovalado, puntiagudo, lanceolado. Y combinándose todo con todo y todo, se fue generando este puzle de casos. Y mundos y mundos y trasmundos dentro de otros mundos que generan mundos y devoran mundos fueron generándose. Nacimientos y devoraciones y defunciones y nuevos nacimientos helicoidales. Las formas del caos. La palabra llegó por fin y se hizo hermosa, cuando todo ya estaba inventado, intentando reinventarlo todo de nuevo, recrearlo. Y con ella llegaron los porteadores de sintagmas, los palabreros, que empezaron a crear delirios de palabras, aguijones de palabras, figuras de palabras, mejoradas con cosas extrañas: labios en flor, globos del agobio, vasijas donde contener un poco de viento. Pensamientos, enredos pulverizados, vocales, deseos. Cosas: Casos: Caos.
Las obras se pueden remitir hasta el 25 de julio a las 24:00 horas.
Género: Poesía, relatos, ensayos, obra gráfica, microteatro.
El criterio de selección será exclusivamente de la revista.
La revista tiene como norma: «Se decidirá motivadamente si se acepta la contribución para la revista. En este sentido, se intentará, en la medida de lo posible, mantener correspondencia con los autores para comunicar la decisión.»
Josep Masanés va néixer l’any 1967 al popular barri de Sants de Barcelona i va créixer tenint com a referents els paisatges pallaresos i garriguencs dels estius familiars. Fill de pares catalans emigrats a la ciutat comtal, va llicenciar-se en Dret a la Universitat de Barcelona. Des de fa vint anys viu a Menorca. Mai no ha freqüentat cap mena de cercle artístic, polític o literari. Escriptor i jurista ha publicat dotze llibres, tots ells reconeguts amb prestigiosos premis literaris com aquest que ara presentem. Josep Masanés es defineix com un amant del coneixement i de l’esperit creatiu, analític i moral com a motor del desenvolupament humà. Com ell ha declarat a la premsa: “l’escriptura és la meva manera de viure i veure el món”. El seu lema és un dels seus versos: “arribar a un lloc sec i càlid amb els teulats coberts de crespinell blanc”.
Funes, el meu nom és Toni Funes, el llibre que comentem avui, va ser l’obra guanyadora del XXV Premi de Narrativa Terra de Fang de Deltebre.
Funes és un escriptor que es fa gran i veu com el seu món s’ensorra, físicament i mental, però que, malgrat tot, no deixa d’escriure sobre el passat, el present i el futur amb una certa alegria. Un monòleg que ens interpel·la i ens obliga a pensar sobre el món en el qual vivim i el nostre paper com a individus. El jurat que li ha atorgat el premi, l’ha definit com “una novel·la en què cal valorar el seu hermetisme i una escriptura aparentment automàtica, però utilitzada per mantenir l’atenció del lector en tot moment. Una novel·la que demostra intel·ligència i mestria i que impacta pel seu sentit de l’humor i les reflexions filosòfiques que se’n desprenen”.
Ens trobem davant un soliloqui d’un vell escriptor desmemoriat. Un escriptor que no espera que el seu text sigui publicat ni llegit per ningú i espera, que quan ell falti, algú faci desaparèixer els textos. En Masanés fa un experiment amb la puntuació i obliga el lector a esforçar-se una mica per poder entendre i viure en el caos, com en Funes ens diu: «ordenar el món és saber viure integrar-se en el caos ser caos». No és l’únic experiment, al principi de cada capítol hi ha un índex que facilita la lectura.
Per altra banda, no sabrem gaire cosa del protagonista si no som capaços de recordar les pinzellades que ens va donant al llarg del monòleg. Funes es va explicant sense pedanteria, ens diu: «evidentment un no pot saber de tot…». Critica tot el que l’envolta sense preocupar-se pel que diran: «Veient el nivell de comprensió lectora que s’evidencia a les xarxes socials on un pot afirmar que la Lluna és rodona i un altre contestar que això no és veritat…». Tocs humorístics no en falten: «es fa difícil imaginar que algú sigui tan estúpid per escriure i més en català un llibre que sigui bàsicament un monòleg i a més a més es miri de trencar el sistema de comes…». Tocs filosòfics: «… això és el progrés, viure en la perpètua incoherència».
Josep Masanés és un escriptor i poeta tot terreny; com un diamant, té múltiples arestes i això el fa ser un dels escriptors catalano-menorquins més premiats i poc reconeguts per l’establishment ‘oficial’ literari d’aquest segle XXI. Per avalar aquesta afirmació, comproveu vosaltres mateixos el seu currículum recent: autor de la novel·la La vall de la matança guanyador del XXIX Premi Ribera d’Ebre de narrativa, finalista del Premi Ramon Llull 2013, guanyador del 25è Premi de Novel·la Josep Saperas organitzat per Òmnium Cultural del Vallès Oriental, amb l’obra Camins sense retorn. El 2015 va guanyar el Premi Literari la Vall de Sóller de novel·la amb La paradoxa de Schrödinger i el Premi Ciutat d’Eivissa de literatura (2015) amb La putrefacció de la llum. Guanyador del LII Premi de poesia Benet Ribas amb Radiació de Fons, del Premi de Novel·la Ciutat de Manacor 2017 Maria Antònia Oliver amb Pluja de fang, del Premi de Narrativa Vila de Lloseta 2018 amb Jo tenia deu oliveres. Premi de Novel·la Curta Baltasar Porcel, Andratx, 2018, amb El mapa de les eleccions. Guanyador del Premi de Narrativa Marítima Vila de Cambrils 2020 amb Lladre de mar. Guanyador del Premi de novel·la Òmnium del Vallès Oriental 2020 amb Una jurisdicció pròpia, i del IV Premi de Narrativa Antoni Vidal Ferrando Vila de Santanyí 2021 amb Els proscrits de Santa Fe.
Tamasma Cultural es una revista digital que pretende abrir un canal por el que fluyan las distintas vertientes culturales que se dan cita en las Islas Canarias. Está dedicada a todos los apasionados e interesados en los contenidos artísticos y culturales relacionados con la cultura canaria. Contiene información, análisis, artículos, reseñas, opiniones o comentarios, desde diferentes perspectivas y miradas sobre literatura, música, folclore, pintura, cine, teatro, danza… canarios. Regar, en definitiva, por sus páginas y secciones, las Artes y Letras para favorecer su difusión, lectura y promoción, como fuente de información, entretenimiento y de bienestar emocional.
Tamasma Cultural, tanto en su versión digital como en su tertulia quincenal, está dirigida por Luisa Chico, de quien ya hablamos aquí hace unas semanas al reseñar su poemario Delirios de madrugada, que escribió junto con el poeta Eduardo Savinien.
El primer número de la Antología de la revista, que nos llega bajo el título El Canto de la Alpispa, se presentó el jueves 22 de junio en el Espacio Joven de Candelaria, Tenerife, ante más de 100 personas, las cuales se llevaron su ejemplar de forma gratuita.
Esta Antología ha contado con el patrocinio del Ayuntamiento tinerfeño de Candelaria, el cual ha corrido con los gastos de publicación. El Canto de la Alpispa muestra los escritos de más de 40 autores que aman la cultura en Canarias y que han colaborado en los tres años de vida de la misma, elaborando artículos, poemas, experiencias, vivencias etc.. Se han editado 200 ejemplares que se reparten de forma gratuita entre los asistentes a las presentaciones hasta fin de existencias.
Las próximas presentaciones tendrán lugar:
El miércoles 19 de julio a las 19:30 horas, en la sede de la Orden del Cachorro Canario en el barrio de Vegueta de la capital grancanaria.
El jueves 27 de julio a las 19:00 horas, en Santa Cruz de Tenerife, en la sala del ámbito cultural de El Corte Inglés.
Isabel García Díaz (Barcelona-1958). Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Se dedica a la docencia y a la escritura. Ha escrito microrrelatos y cuentos (Revista Nagari). Próximamente se publicará su novela “Cuadernos de soledades” (Huerga y Fierro Editores). También ha realizado varios trabajos monográficos (UB/AEN) y ha impartido conferencias sobre literatura y cine. La última de ellas titulada “La lengua de las mariposas: del libro al cine” (ICAIC y Embajada de España en Cuba).
A continuación, destacamos algunos de sus microrrelatos.
NOSTALGIAS
ROPA BLANCA
No podía evitar un profundo desasosiego, cuando abría aquel armario en el que guardaba celosamente la ropa de familia. Aquel ajuar que había pasado de madres a hijas, y que ahora no utilizaba por una cuestión práctica. No se podía permitir el lujo de andar entre embozos y almidones. Tan sólo podía disfrutar de aquellas reliquias cuidándolas con esmero. Cada primavera sacaba la ropa, la lavaba y planchaba; después volvía a colocarla en el mismo lugar. Mientras hacía esta tarea sentía los alfileres de la nostalgia. Le parecía que antes toda la ropa era blanca. Así lo percibía desde el balcón de los recuerdos: blanca era la mantilla con la que se envolvía al recién nacido, blanco era el vestido de comunión de las niñas y el de las novias. Blanca era también la mortaja.
Sentía el peso del presente, lleno de tantos colores que la desconcertaban.
LA SEÑORITA MORERA
La señorita Morera fue mi profesora de latín durante cuatro años consecutivos. Era una mujer de ademanes metódicos, de carácter apacible y trato distante. Yo la admiraba porque sabía latín.
Siempre llegaba al aula puntualmente, abrazada a sus libros que colocaba cuidadosamente sobre su mesa. Acto seguido comenzaba la clase, jamás se alteraba cuando traducíamos barbaridades del tipo “los elefantes lucharon contra Anibal”. Tan solo entornaba ligeramente los ojos como si oyera un molesto chirrido.
A mí siempre me llamaba Díez, en lugar de Díaz. Al principio yo la rectificaba tímidamente, pero fue inútil. Así que me resigné a variar mi apellido y a aceptar su indiferencia.
Un día me llamó aparte y me dijo: “Díez, está Ud. en buena disposición, a ver si persevera”. Después de consultar el diccionario, la vi de un modo distinto. Me pareció que la señorita Morera era la encarnación de la perfección, a pesar de que me llamase Díez.
EL INFIERNO
En el comedor de la casa de mis padres había una vitrina en la que mi madre guardaba juegos de café, de té, vasos, copas y figuritas de porcelana.
Recuerdo un día en que ella estaba limpiando todos estos objetos de exposición. Yo quería ayudarla, pero ella no me dejaba porque era demasiado pequeña. Así que sólo podía observarla mientras jugaba con las pinzas de la ropa.
En una de aquellas limpiezas a fondo, se le cayó un angelito blanco de porcelana y se rompió en diminutos pedacitos. Yo la miré sorprendida, ella me dijo que no me moviera, a ver si me iba a cortar. Cuando volvió con la escoba y la pala, le pregunté que adónde iría el angelito mutilado; al cielo, me respondió. Entonces pensé en el infierno. Las monjas nos explicaban que allí iban las personas malas, las que habían muerto en pecado mortal. El infierno era un lugar tormentoso porque siempre ardía el fuego eterno.
Entré en la cocina, había una olla de caldo al fuego. Acerqué un dedo a la llama y rápidamente lo retiré. Pensé, de nuevo, en el infierno y por primera vez sentí la angustia del miedo.
TRISTEZA
El peso de la existencia me hunde en la tristeza. Las sombras del pasado son círculos negros que giran y giran desesperadamente como los cazos de aquel anemómetro, que con tanta precisión describía Azorín.