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  • 3 Poemas de Wi Sunhwan(위선환 시인) poeta surcoreano

    3 Poemas de Wi Sunhwan(위선환 시인) poeta surcoreano

     Wi Sunhwan (위선환시인) comenzó su carrera en febrero de 1960 tras recibir el Premio Literario Yong-a. Escribió poesía esotérica como poeta de vanguardia durante 10 años, pero dejó de escribir poesía a finales de 1969. Desde abril de 1999, 30 años después ha vuelto a escribir poesía y ha publicado 10 poemarios, entre ellos «The Collected Poems of Wi Sunhwan»(2022).  «El poeta persigue el trabajo del buscador que explora la propia ‘humanidad’. Se puede decir que la respiración y la yema de los dedos del poeta, que dan forma al espíritu, revelan el espíritu universal y el lenguaje mental universal en lugar de usar el lenguaje» (poeta-crítico Byeon, Euisu).

    Copio la bandada de pájaros

    Escribo «La estación en la que la bandada de pájaros va y viene» Escribo «Un grupo entra  y el otro sale volando», «Ahí está el aire»

    Estoy escribiendo «Dos bandadas de pájaros vuelan frente a frente; directamente se golpean entre sí; chocan picos, frentes, esternones y aletas» 

    Escribo «Los pájaros que se encuentran se penetran; un pájaro es traspasado por otro pájaro»

    Escribo «Las bandadas de pájaros se atraviesan unas a otras» Escribo «Ya se han atravesado», «las bandadas de pájaros voladores se miran entre sí»

    Escribo «Incluso el pájaro y la bandada de pájaros está limpia», «No  hay un pájaro con un agujero; no se ha caído un trozo de carne, un trozo de hueso pequeño ni una pluma»

    Escribo «El aire, está vacío del cuerpo de un pájaro», «también la bandada de pájaros, vacía del cuerpo grande» «Los cuerpos vacíos fueron perforados unos a otros», «Por lo tanto es el aire»

    Por la mañana

     

    Cómo nombraré al espacio entre la luz del río que miras y tus ojos

      Cómo llamaré al nombre entre tú en aquel final del tiempo y yo en este final

      Hay un tiempo cuando piso la calma y el tiempo cuando toco mi mano en la calma

      Empujé todo mi cuerpo entre el silencio que pisaba vacilante y el silencio que tocaba flexionado

      Como qué clase de buenas palabras debo leer los patrones de la luz del sol en mi carne

      Leo la hoja y la sombra de la hoja como el tiempo que va de la hoja a la sombra de la hoja

     Un árbol extiende ramas hacia el otro árbol, el otro árbol extiende su ramas hacia un árbol;

    Leo  «entre»  dos árboles que se apuntalan mutuamente los hombros;

    Hanro*

    Barrí el patio Mientras en un plato, recogí la luz del sol, la coloqué en el centro de mi morada Llega el invierno; estaré solo La piel desgastada, la carne como papel

    El hueso claro era delgado Te conocí, extendí mi hueso, atrapé tu hueso con mis manos desnudas Mientras tus huesos y los míos se curvaban y secaban en un anhelo;

    Enterré mis manos varias veces en el valle entre el hueso y el hueso de tu espalda hueca Una mano tocó la desolación escamada; las escamas eran duras, cortaron las yemas de mis dedos,

    Aquel día, la puesta de sol era roja en un extremo del patio que una larga y esbelta serpiente verde cruzó deslizándose rápidamente asomando su mandíbula colmilluda; me sentí mareado, dijiste que te había mordido

    Bajo el valle de los huesos entre la muerte y la oscuridad, más abajo donde la desolación crece en escamas, gotea veneno extiendo una mano, abro la palma, tomo la gota fría

    * El motivo de este poema, «hanro» se refiere a una condición climática

      justo antes de que el rocío se encuentre con el aire frío y se convierta en escarcha en Corea.

    Traducción al español por Mariela Cordero.

    Traducción al inglés por Byeon Euisu

  • Día Internacional de la Poesía

    Día Internacional de la Poesía

    Para conmemorar el Día Internacional de la Poesía, este año nos ha parecido bonito hacer un pequeño homenaje a nuestros poetas favoritos. Para eso, hemos publicado la propuesta en la web de Poémame, solicitando a los poetas que nos dejaran sus dos o tres versos favoritos.

    Con todo esto, hemos tejido un precioso ‘hilo’ hecho con versos de diversos autores a quienes, en cierto modo, les debemos que hoy estemos aquí escribiendo y compartiendo poesía.

    Pasen, lean y disfruten

    Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

    Su lágrima inmensa delira

    y grita que algo se fue para siempre.

    Alejandra Pizarnik

    Desenlace

    Yo vivo solo

    al borde de un agua sin esposa ni hijos.

    Derek Wallcot

    Día uno sin ti; te echo tanto de menos, que en el reloj aún es ayer…

    Día siete sin ti: mi madre me ha besado las orejas y he salido del ataúd que es mi cama sin ti, dejando al lado de la almohada una nota de resurrección…

    Día once sin ti: no eres tú, es la poesía.

    Elvira Sastre

    Desperté de ser niño:

    nunca despiertes.

    Triste llevo la boca:

    ríete para siempre.

    Miguel Hernández

    Yo amo los mundos sutiles

    ingrávidos y gentiles

    como pompas de jabón.

    Antonio Machado

    Soy un alma desnuda en estos versos,

    alma desnuda que angustiada y sola

    va dejando sus pétalos dispersos.

    Alfonsina Storni

    Para saber de amor, para aprenderle,

    haber estado solo es necesario.

    Gil de Biedma

    Yo no sé de pájaros,

    no conozco la historia del fuego.

    Pero creo que mi soledad debería tener alas.

    Alejandra Pizarnik.

    Me espanta las palabras de los hombres.

    Dicen todo con harta claridad:

    esto se llama perro, aquello casa,

    y aquí está el principio y allí el fin.

    Rainer Maria Rilke

    Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

    Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

    Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

    Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

    Pablo Neruda

    Cuando contemplo el roble solitario,

    este patriarca de los bosques pienso

    sobrevivió al cruel siglo de mis padres

    y sobrevivirá a este siglo nuestro.

    Alexandr Pushkin

    Y la gente se quedó en casa.

    Y leyó libros y escuchó.

    Y descansó y se ejercitó.

    E hizo arte y jugó.

    Y aprendió nuevas formas de ser.

    Y se detuvo…

    K. O’Meara

    Cielo desnudo desde un navío. Campo desde los cerros.

    Tu recuerdo es de luz, de humo

    de estanque en calma!

    Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.

    Hojas secas de Otoño giraban en tu alma.

    Pablo Neruda

    No soy nada.

    Nunca seré nada.

    No puedo querer ser nada.

    Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.

    Fernando Pessoa

    De la vida cotidiana

    de fuera a dentro

    penetra por mi piel

    cada momento.

    Gloria Fuertes

    Para mi corazón basta mi pecho,

    para tu libertad bastan mis alas.

    Pablo Neruda

    Dos cuerpos frente a frente

    son a veces navajas

    y la noche relámpago.

    Octavio Paz

    Muchas gracias a todos los que nos habéis ayudado a llenar de versos esta pequeña pantalla. Salud, poetas!

  • Poemareflexiona de verano IV

    Poemareflexiona de verano IV

    Durante el paréntesis estival os vamos a recordar algunos de los Poemareflexiona con …. que hemos publicado en la revista.

    En esta entrega veraniega vamos a reflexionar con cuatro poetas:

    Poemareflexiona con …. W.S.Merwin (II)

    Poemareflexiona con… Francisco Javier Irazoki

    Poemareflexiona con… Lao Tse

    Poemareflexiona con… Octavio Paz

  • «La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida», de Elvira Sastre (Visor)

    «La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida», de Elvira Sastre (Visor)

    Hay quien se empeña en encasillar a los autores en un único movimiento, generación o estilo. Sería como reducir todo el trabajo de Picasso en el modernismo y olvidar el resto de etapas por las que se deslizó el artista, dejando un gran rastro en forma de obras muy diversas. Sin embargo, esto suele ocurrir en la literatura, más aun en la actualidad. De guiarme por esa dinámica de la crítica inamovible, esta reseña no tendría en absoluto sentido.

    Elvira Sastre Sanz (1992, Segovia), La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, 2016, Visor Libros

    Elvira Sastre (Fuente: Wikipedia)

    La producción literaria de Elvira es abrumadora: desde el año 2013 ha publicado 5 libros, y en 2016, año de publicación del que hoy traemos a la revista, sacó a la luz dos obras: Ya nadie baila (Valparaíso Ediciones) y La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (Visor Libros). Sin embargo, no es esto lo que más llama la atención, sino la gran evolución que ha tenido en apenas un año. Puede dar la sensación de que la gran producción de la autora se deba a que publica todo lo que escribe; podría entender entonces que para esta última obra, Elvira reservase lo mejor. No obstante, son solo lucubraciones. Aferrándome a lo que cuentan las páginas, admito que estamos ante una voz que merece ser escuchada.

    Benjamín Prado comenta sobre la autora que es «la poeta que desde hace mucho tiempo estaba pidiendo a gritos la literatura española«. Lo cierto es que, al menos en esta última obra, surge una voz poética que parece relevar sutilmente las voces poéticas contemporáneas que hasta hace poco dominaban la escena. Me refiero a voces como la de Luis García Montero, Raquel Lasneros, Ángel González o el propio Benjamín Prado. De cualquier manera, y para excusarme de ponerla a la altura de estos magos del verso, es necesario destacar que tiene solo 25 años. Ahora vamos a lo importante: la forma y el relato, y como en las mejores obras, empezamos por lo último.

    Dime, mi amor,
    que nada de esto ha sucedido.

    Así da comienzo la obra, podemos imaginar qué nos espera, pero no cómo. El libro bien podría haberse llamado La herida de una puerta abierta, ya que encontramos la metáfora constante a lo largo de todo el relato. La intensidad con la que narra y versa cada palabra es sublime, nada sobra en el poema, y es que nada debe sobrar. La emoción, la sensación de abandono, el recuerdo, las preguntas lanzadas al aire, la profunda fuerza de cada poema; en resumidas cuentas, el relato es impecable, aunque resulta extraño leer algunos poemas en primera persona en los que utiliza el masculino.

    Ahora vamos al cómo. La forma, en la parte técnica, es lo más arriesgado. Obviamente, la voz del poeta que trabaja con el verso libre está en el ritmo y en el relato principalmente, pero la estructura también juega un papel fundamental. Concretamente me refiero a alinear el poema a la derecha en alguna ocasión, o notar un uso extraño de los signos de puntuación. Nada importante que impida comprender el poema, pero llama la atención. A fin de cuentas, la obra es suya, ella decide cada coma y cada punto.

    Fragmento de «Lo peor del abandono no es el silencio, es la puerta abierta»

    Pienso en irme,
    en colocarte aquí en un rincón bajo la luz
    de otra memoria,
    allí donde los sueños que no suceden
    esperan su momento y el león
    descansa entre rugidos.

    ¿Pero a qué lugar te lleva la habitación
    que dejas atrás
    si la puerta se queda abierta?

    Este libro era necesario que apareciese en la escena. Tal vez sea una transición, una nueva voz que permita orientar los focos hacia otro escenario a la altura de los contemporáneos. Era necesario un libro lleno de lucidez y precisión, dos características que, sin duda alguna, parecen estar en un segundo plano actualmente, y eso no es nada bueno para la poesía y sus amantes.

    (Crédito de imagen de cabecera: Elvira Sastre/Instagram)

  • «Elecciones personales», de Rafael Pérez Estrada (Miguel Gómez Ediciones)

    «Elecciones personales», de Rafael Pérez Estrada (Miguel Gómez Ediciones)

    Hace pocos días fue La noche de los libros en Málaga, así que decidí darme un paseo por el lugar donde se celebraba para probar suerte y encontrar algo atractivo entre tantas estrofas vacías. Entonces, en un stand de la editorial Miguel Gómez Ediciones, me topé con las letras de Rafael Pérez Estrada. Los cinco euros que llevaba en la cartera fueron los justos y necesarios para poder llevármelo a casa.

    Rafael Pérez Estrada (1934-2000, Málaga), Elecciones personales, una antología de urgencia (1996), Miguel Gómez Ediciones

    Muchas obras hacen de algún modo referencia a la poesía. La metapoética es un tema que funciona como recurso; hablar de versos y estrofas, de palabras e incendios en el papel, se vuelve con cierta retórica a favor del yo poético. Esta, concretamente, empieza dando la mejor respuesta que he leído a la tan retorcida pregunta sobre, ¿qué es la poesía? Me gustaría compartir la página completa que Rafael utilizó de una forma tan certera: Conceptos para una poética.

    Conceptos para una poética

    Era de noche y me encontré al poeta: estaba tiritando de inédito.
    Le pregunté y me dijo: Me pesa mucho la realidad para no ser poeta.

    La poesía trasciende la condición del poeta.
    La poesía debe ser eléctrica e inesperada, inmediata y en vena.
    Un poema sólo debe oler a poema, nunca a limón.
    Ni tampoco deben oler los poemas a pan recién salido del horno.
    Ni a tierra mojada por la lluvia.
    Si olieran así, olerían a tópico, y el tópico es como un caracol haciendo eses con su baba de plata.

    El poeta: cómplice del silencio.

    Sólo sé que, si abro el poema, deberá sangrar.

    Me hablaron de un poema milagroso que, en su soledad, llovía abundantemente.
    Al final hubimos de convenir que no era un poema, sino una nube.

    Rafael fue dibujante, escritor y un gran poeta, aunque no solía escribir en verso. De hecho, esta primera página es lo más parecido a ello que encontraréis a lo largo del libro. Solía decir que el género literario, no es solo una clasificación, sino también una frontera. Su estilo es predominantemente prosaico, manteniéndose en la lírica, en la poesía. Puede sentirse el ritmo en las palabras, el cuidado en el relato y la intención de penetrar en el alma de quien tiene uno de estos párrafos entre sus manos.

    La obra en cuestión es una antología personal, una selección de prosa lírica bajo criterio del autor compuesta por poemas de algunas de sus obras, como Las horas crueles, Libro de Horas o El domador entre otras. Podemos encontrar también poemas inéditos que, hasta esta última edición, no habían visto antes la luz. Presentimiento es uno de ellos.

    Presentimiento

    De pronto se oyen gritos. Sombras de gente corren para evitar un suceso que parece terrible.
    No me opongo, lo que no acontezca en este sueño ocurrirá mañana.

    Es difícil saber cuál fue el criterio. ¿Por qué esos poemas? La temática constante recuerda un poco al discurso de Ángel González en su obra póstuma,  Nada grave.

    «El domador de lunas y de estrellas», una ilustración de Rafael Pérez Estrada

    Parece que el poeta sabe cuándo acecha la muerte, cuándo se aproxima el final, y le mira a los ojos sin inmutarse demasiado: sabe que ya lo ha escrito todo, solo queda decir adiós. Tal vez fuera esa la función de esta antología, hacer ver lo humano de la muerte, que la tragedia no lo es tanto si se aprende, así es como Rafael plasmó su futuro infranqueable.

    El poema que cierra el libro parece una suerte de desafío, abandera el coraje al mismo tiempo que teme el final de sus días, cuando deje de escribir, cuando ya no tenga destino. Se titula, Diario.

    Diario

    He leído en mi propio diario: Escribir es el destino del hombre (el silencio, su cómplice), y ahora tengo miedo a dejar de escribir. Es la pasión la que nos sostiene. Cada astro es una letra componiendo un verbo difícil. Cada luz, un signo del cosmos. Morir, quizá sea escribir la palabra muerte.

  • «El silencio de los peces» de Jacobo Llano (Visor)

    «El silencio de los peces» de Jacobo Llano (Visor)

    Hay varias líneas bien definidas en la poesía contemporánea, y a los críticos nos resulta sencillo encasillar en una u otra tendencia poética las obras que llegan a nuestras manos. No es el caso del libro que tratamos hoy, y es que, aunque se haya dicho otras veces, este rompe con lo establecido en todos los sentidos.

    Jacobo Llano (Madrid,1971), El silencio de los peces (Visor), ganador del XXVI Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma

    Jacobo Llano recogiendo el Premio Gil de Biedma. Foto. Diario El Norte de Castilla

    Las obras galardonadas por el Jaime Gil de Biedma no dejan nunca que desear, pero esta vigesimosexta edición nos regala un relato conmovedor, accesible y muy atractivo para quienes tienen el corazón entre la narrativa y la lírica. En cierto modo, tras una primera lectura, puede parecer un libro de prosa poética escrita en verso, pues tiene una estética y una estructura peculiar, como si el salto de línea fuese forzado y no escondiese nada más. Pensar esto es un error, y la explicación podemos encontrarla en la fuerte influencia de la poesía anglosajona en el autor, ya que comparte la estructura, la forma del relato, el modo en el que Jacobo deja un puñal al final de cada poema.

    De El silencio de los peces emana frustración y rabia. A veces arrepentimiento, otras, admiración. Es un relato en verso de la relación paterno-filial, y de un modo autobiográfico y discursivo, nos permite ponernos en su propia carne. No hay que esperar demasiado para ver erizada nuestra piel, de este modo acaba Equinoccios, el poema que da comienzo al libro:

    […] Y me viene hoy,

    nueve años después de tu muerte, cuando me pongo

    tu chaqueta azul con las mangas ajustadas

    a tu talla. Raída y con manchas, la utilizo

    en el trabajo con orgullo indisimulado,

    aunque íntimo y hacia adentro. Entonces,

    un compañero de oficina me dice bromeando

    que los puños de la camisa sobresalen

    por debajo demasiado, como si estuviera

    continuamente intentando alcanzar

    algo

    y no llegara.

    Hay que reconocer la increíble facilidad con la que introduce al lector en el relato y, cuando menos lo espera, el poema acaba siempre con un final que lo dejará con los pelos de punta, y dudará, mientras suspira o coge aire, entre cerrar el libro para que no acabe tan pronto o pasar a la siguiente página.

    La grandeza de este libro reside en los finales. El silencio de los peces gustará al lector o lectora que busque algo nuevo y que no decepcione dentro de la poesía, una obra que tenga principio y fin, aunque sea la historia de un final, que se aparte de los tópicos temáticos de la época y sea verdaderamente creativo. Tal y como decía al comienzo, no podemos enmarcarlo en ninguna corriente actual ni pasada, pero tal vez sí futura. Lo que está claro es que es único, auténtico y agudo.