Choo-In Kim 김 추 인 nació en Hamyang, al pie de la montaña Jirisan, en la provincia de Gyeongnam (Corea del Sur). Obtuvo un máster en la Escuela de Postgrado de Educación de la Universidad Yonsei de Seúl, especializado en literatura moderna, y debutó en la literatura en 1986 con Hyundae Sihak (Poesía moderna). Ha publicado 11 poemarios, entre ellos Every Day Is Strange, The Code of a French Kiss, Children of the Planet, The One Who Loved Objects, Tidal Wave y To Giacometti’s Long Legs. También es autora de un ensayo de viajes sobre mochileros en África, titulado So, It’s a Desert. Su actividad literaria ha sido reconocida con varios premios, como el Korea Arts Award (2016), el Jilmajae Literary Award (2017), el Korean Lyric Poetry Award (2021), el Songok Literary Award (2023) y el The Book of the Year 2024 Literary Award (2024).
Las Palabras de un Caracol
– Homo biblos-*
Su verso resplandece,
plateado-brillante—
cruzando otra temporada agotadora,
escribe con las plantas de los pies
una frase única y vívida:
«Estoy en camino».
* Homo biblos; el humano que graba.
Meditación sobre Ilusiones
– Homo Patiens-*
En vano, reflexiono sobre cosas irreales.
¿Todo lo que veo a mi alrededor es meramente una ilusión?
Shoshana Vegh (Israel) Poeta, escritora, editora, traductora y editora. Tiene un máster en literatura hebrea. Es miembro de dos asociaciones de escritores de Israel, formó parte de la junta directiva de la Asociación Hebrea y es miembro de la asociación de creadores Acum. Dirige un grupo de poetas en su ciudad. También ha escrito muchos artículos sobre poesía para la revista Israeli poetry magazine. Ha sido miembro del WCP en dos ocasiones. En 2009 fundó una editorial llamada «Pyutit», especializada en la publicación de libros de poesía. Ha escrito 23 libros y ha editado más de 200 libros, de poesía y prosa. Recibió el premio de honor 2023 en el festival feminista de Estambul. Sus poemas han sido traducidos al francés, inglés, italiano, albanés, polaco, serbio. Tailandia, español, chino, serbio, turco y se han publicado en numerosas antologías.
El arma del amor
Cuando me preguntan en el aeropuerto
si alguien te dio algo
una pistola, un cuchillo o cualquier instrumento afilado
Liliana Quinto Laguna (Perú). Nació en Puno. Es periodista, poeta, escritora, fotógrafa y gestora cultural. Es directora en Perú del World Festival Of Poetry – Festival Mundial de Poesía. Realizó la convocatoria y edición de la Antología: En contra de la Violencia de la Mujer, con la presencia de representantes de 25 países del mundo. Recibió el Reconocimiento de la Unión Mundial de Escritores con EL ESCUDO DE PLATA, por su trabajo distinguido a favor de la Cultura, Arte y Poesía. Ha participado en Recitales y lecturas poéticas, su poesía se encuentra en Antologías de Italia, India, México, España, México, Francia, Perú y otros países. El Congreso de la República del Perú le otorgó un Reconocimiento por su trayectoria cultural y labor literaria. Así como el Ministerio de cultura, la Región y la Municipalidad de Puno. Es parte de fotógrafos del Mundo.
Cuando converso con alguien que me dice que no le gusta la poesía, siempre tropiezo con los mismos motivos o, mejor dicho, prejuicios. Algunos argumentan que es un género pasado de moda y utilizan adjetivos como afectado o artificial. A veces hasta lo califican abiertamente de cursi o ñoño y afirman que se emplea solo para hablar del amor romántico. Cuando les pido que me nombren algún poeta que conozcan, a menudo mencionan a Bécquer y sus versos más relamidos. Sin duda la ven como la hermanita fea y tonta de la Literatura.
En el lado opuesto están los que la consideran como algo demasiado complicado, sublime, tan elevado que es cosa de unos pocos elegidos. Sostienen que leer poemas les hace sentir incómodos porque no llegan a entender de manera clara lo que el autor quiere expresar. Me atrevería a decir que estas personas padecen algún tipo de metrofobia, es decir, sienten temor ante la poesía o, en muchos casos, ante su propia falta de control absoluto sobre el significado del poema. En mi experiencia, los aquejados por este problema suelen tener una mente analítica y pragmática y normalmente se inclinan por las Ciencias antes que por las llamadas Humanidades.
Pues bien, me gustaría intentar hacer cambiar de idea a unos y a otros. Sé que no es una empresa fácil y que no se pueden eliminar prejuicios como el que utiliza una goma de borrar sobre una frase escrita a lápiz, pero me voy a atrever a través de un pequeño experimento.
Para esta demostración voy a emplear poemas de dos grandes poetas uruguayas: Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) e Ida Vitale (Montevideo, 1923). El primero, el de Peri Rossi, se titula “La pasión”, pertenece a su poemario “Babel bárbara” de 1991, y es un poema de amor:
La Pasión
Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.
Difícilmente se podría definir este texto como un poema romántico en el sentido de sensiblero. La poeta describe el estado físico y emocional en el que se encuentra alguien tras una experiencia amorosa que se compara con la supervivencia ante un desastre. Sin embargo, y a pesar de no contener el vocabulario o las imágenes que normalmente asociamos con ellos, la pasión amorosa y el erotismo se pueden palpar en todo el texto.
El segundo poema de nuestro experimento fue escrito por la longeva y vitalista Ida Vitale, galardonada entre otros con el Premio Cervantes en 2018, se titula “El Pozo” y aparece en el poemario “De palabra dada” de 1953:
El Pozo
Suponiendo que estamos en el fondo de un pozo imaginario; que ese pozo tiene altura, brocal, más allá cielo para alguien que lo alcance; y dando por sentado que tiene un contenido en esperanzas yertas, averígüese el tiempo que habrá de transcurrir para que quien está en lo más hondo de él llegue hasta arriba. Formúlese la respuesta en sueños viables, fines laberintos, ilusiones volátiles. Calcúlese también la energía perdida cada vez que se vuelve a tocar fondo.
La genialidad de esta composición poética reside en que tiene el formato característico de un ejercicio de Física y, sin embargo, trata de la desesperanza, el desánimo, el abatimiento, algo que difícilmente se puede superar mediante una fórmula matemática. Las emociones que transmite van más allá de cualquier experimento empírico y son imposibles de medir en magnitudes físicas.
La originalidad de estos dos poemas queda patente en el enfoque novedoso que las dos poetas dan a los temas tratados, sin embargo, esto no es suficiente para que sean calificados como de calidad. Que algo sea innovador, diferente, no significa necesariamente que sea bueno. Entonces, ¿qué hace extraordinarios a estos versos que, por otra parte, no son sino un ejemplo de los muchos que podríamos encontrar en la Literatura en español?
Tanto Peri Rossi como Vitale demuestran una gran maestría en lo que en mi opinión son los elementos imprescindibles de la buena poesía: Las dos han seleccionado el vocabulario de forma minuciosa y coherente con el mensaje y la forma; han logrado imprimir ritmo y musicalidad (algo que se demuestra con la lectura en voz alta de los textos) aunque los poemas no contengan rimas ni una métrica definida; evitan el empleo de “lugares comunes”, esos clichés tan manidos que ya no nos conmueven (de hecho la “rareza” de las imágenes empleadas impacta al lector y le hace seguir la lectura con interés); finalmente, el mensaje que transmiten se sugiere, se insinúa, y de esta forma se hace atemporal y universal, cualquiera puede hacerlo suyo por mucho tiempo que haya transcurrido desde su publicación.
Si han llegado hasta aquí leyendo este artículo, doy por bueno el experimento, aunque no haya convencido a nadie de que la poesía no tiene por qué ser cursi ni llena de tópicos ni ser sólo para un grupo de intelectuales ociosos. En cualquier caso, cada amanecer nos brinda una nueva oportunidad para disfrutar de ella, lo que no es poco.
Nacido en 1962 en Chungju, Chungcheongbuk-do, se licenció en el Departamento de Escritura Creativa del Instituto de las Artes de Seúl y debutó en la literatura en 1988. Publicó su primer poemario, One Day of Mr. Melancholy, en 1990, entre muchos otros.Ha recibido premios como el Today’s Young Artist Award del Ministerio de Cultura y Turismo (1996), el 18º Premio Literario Yusim en la categoría de poesía (2020), el Violet People’s Poet Award (2011), el gran premio en la categoría literaria del 6º Premio Yoon Dong-ju (2011) y el 2º Premio Literario Aegi (2005).
El árbol muerto
Un árbol muerto, dejado en pie,
aunque una vez quise cortarlo.
En el árbol muerto, la muerte vive.
Raíces, tronco, hojas y florecimientos abandonados,
el árbol está solo, sostenido por la muerte.
Trato de nutrir a la muerte, pero la muerte no es algo que se pueda cultivar.
Observo la muerte: todas las muertes son una.
El árbol muerto se mece con el viento, se empapa con la lluvia,
pero la muerte no se mece, ni se moja.
El árbol muerto no necesita agua ni alimento.
Las arañas tejen sus casas, los pájaros se posan y descansan.
La sombra yacente de la muerte en pie -.
Cuando el árbol muerto desaparezca, también desaparecerá la muerte.
Esta quietud-.
Un árbol de la muerte iluminando la vida-.
Un tiempo de modesta decadencia sin hedor-.
Ahora, por fin, renuncio a una parte de mí,
y observo el árbol.
Caja de herramientas
La muerte es una llave inglesa que aprieta y afloja la vida.
La muerte es un lubricante que la da a la vida un giro suave.
La muerte es una cinta métrica que se desenrolla para medir la vida.
La muerte es un martillo que sujeta la vida firmemente en su lugar.
La muerte es un cepillo de alambre que raspa el óxido de la vida.
La muerte es un pegamento instantáneo que une un momento de la vida a otro.
La muerte es una línea de tiza que marca la dirección de la vida.
La muerte es un nivel que equilibra la vida.
La muerte es una alisadora, que elimina las redundancias de la vida.
La muerte es una cizalla que corta la vida.
Ah, la muerte es una caja de herramientas, que contiene toda la vida.
La muerte no existe, porque está vigorosamente viva.
La vida es una caja de herramientas,
cargada de muerte que no existe.
Apuntalando el vacío
Una flor es un color que florece en un mundo de matices.
Todos los colores de este mundo se han rendido, excepto el de la flor,
¡Qué vasto borde guarda la flor!
¡El fragante, silencio hueco!
La flor descansa en el corazón mismo de una despedida.
On-yun Jo 조온윤Tras graduarse en el Departamento de Escritura Creativa de la Universidad de Chosun, ganó el Concurso Literario de Año Nuevo de Munhwa Ilbo en 2019. En 2022, publicó su poemario Basking in Sunlight y fue seleccionado como investigador literario para la Academia Coreana de Creación Artística. También fue invitado al Festival Internacional de Escritores de Seúl.
«Recojo frases de los asuntos mundanos del día y las llevo a la noche, donde las convierto en poesía. Capturo las escenas que encuentro en la vida cotidiana o las imágenes que surgen cuando sueño despierto y las almaceno en forma de frases. Cuando cae la noche, me siento en mi escritorio y las transformo en poemas. Especialmente cuando escribo poesía, creo que es esencial sumergirme en la sensación de estar «solo». Por eso suelo escribir poemas a altas horas de la noche o al amanecer, cuando siento que soy la única que queda en el mundo». (On-yun Jo)
Tres caminantes
Tres personas caminaban
uno necesitaba a los tres:
al que ama,
al que más ama – a sí mismo
y al que no ama –
¿De qué otra manera podría decidir
quién merece el pan tierno que no se ha comido?
incluso aquel a quien
la ternura del pan era desconocida
necesitaba a los tres.
con tres,
incluso si uno se mantenía alejado,
los otros dos no se sentirían solos.
La familia parasitaria
Dicen que algunos pájaros ponen sus huevos en los nidos de otros pájaros
y dejan que críen a sus crías.
Entonces, ¿de qué se nutren estas aves?
quizá sólo cuenten piedras.
Cada familia en el mundo
ha sido engañada por los trucos parasitarios de Dios.
Creen que compartir un techo asegura el amor por sus crías…
¡Pero ten cuidado al contar!
mi cuerpo nunca es dos, siempre es uno
mi parte nunca es dos, siempre es una.
¡Sólo aquellos que cuentan mal nutrirán el amor!
El Archivista
Nadie golpeó,
Sin embargo, abrí la puerta.
Un trozo de luz solar, encajado en la grieta de la puerta,
cayó a mis pies.
La nota no contenía un mensaje,
como si no traicionara a las horas
que habían estado encerradas durante tanto tiempo.
Como una pelota que se detiene, demasiado tímida para rodar,
parecía confiar a mis registros
los secretos de la noche, agazapados.
lo escribí como «hibernación».
luego como «autorreflexión».
Si preguntas «¿de qué?», yo diría que es
de las sombras encerradas demasiado tiempo,
de la enfermedad confiada sólo a mí.
Por primera vez, las anoté,
dirigiendo una carta a un futuro extraño,
sorprendido por la calidez de una palmada desconocida
juntándose en mi hombro.
Aunque nadie llamó,
abrí la puerta y miré alrededor de la silenciosa habitación.
Sin una palabra de perdón,
la luz del sol entró,
reclinándose a placer.
Si pudiera asirla y desplegarla,
si esas horas, nunca grabadas
por fin llegasen a mi puerta,
seguramente escribiría esto:
«No haré preguntas.
Perdonaré lo que ha hecho tu soledad,
como los niños que tocan el timbre y salen corriendo».
Jae-nam Kang 강재남Nació en Tongyeong, Gyeongnam, y debutó en la literatura en 2010 a través de Poetry Literature. Ha publicado dos poemarios, Strange and Beautiful, The Shadow Grew in Secret, y un ensayo poético titulado Words That Could Not Reach You. Ha ganado el Korea East-West Literary Award, el Dongju Literary Award y el Sisanmaek Poetry Award. También fue seleccionada para el Programa de Apoyo a Jóvenes Artistas de Arte y Cultura de Corea y recibió la Beca Creativa ARKO Artist. En la actualidad, escribe una columna de prosa en el periódico Gyeongnam y es presidenta de la Asociación de Poesía de Tongye. Presidenta del Comité Operativo del Premio Literario Tongyeong.
Así fue
Me encontré con un verano. ¿Fue el último día de carnaval? ¿O quizás un domingo de Cuaresma? Rastreando en mi memoria, debió de ser en un pueblo de las tribus germánicas.
A la sombra de un roble mongol, canté el Nibelungenlied. Era joven, vagaba sin rumbo, arrastrando una muñeca juguetona, completamente envuelta en niebla.
Llamé a la muñeca «Dengdit», un nombre parecido a la palabra «cielo». No ha llovido.
Hoy puede llamarse «hoy», porque ha sobrevivido y aún perdura. Sigo viviendo, envejeciendo y volviéndome inútil, deslizándome inevitablemente hacia la enfermedad. Así es como vivo.
En el bosque, el aire estaba cargado del olor acre del agua estancada. La noche de los frutos silvestres podridos –
El decimoctavo sol se alzaba sobre la sabana.
¡Era la estación seca del monzón!
Incapaz de llamarme por un cierto nombre
Quizás comencé primero en tu camino,
pero el viento se detuvo sólo brevemente, y luego siguió adelante.
Escribiendo mi nombre en la esquina del viento que pasa,
me sentí triste, porque el otoño ha llegado con tanta indiferencia.
A medida que las hojas se volvían rojas, tu figura se volvía distante.
Soporté la agonía de verte partir,
y ahora estoy de pie en el viento otoñal, entre las hojas.
Me pesa reconocerme,
así que hoy doy sólo unos pasos,
arrancando un trozo de nube para usarlo como telón de fondo.
Viejas penas abrazan a las nuevas,
y lloré como las hojas del zumaque.
El mundo estaba sumido en silencio
entregándome a un día cada vez más frágil,
envío un fragmento de mi pena hacia el oeste.
¿Podría yo también envejecer tan despreocupadamente?
Vivir el otoño, esperando a que caigan las hojas, es doloroso.
Mi humilde vida se siente como si se prolongase por cien años.
Soliloquio a la deriva
El atardecer llegó tarde, y todo lo que yo sabía era esperar.
El atardecer llegaba tarde, y yo sentía que podía crecer rápidamente durante él.
El girasol, apoyado en la pared, era recatado.
Aquella tarde, cuando las semillas se derramaron de sus labios herméticamente cerrados…
Me tragué las palabras del girasol, deseando disolverme en la pared, envejecer y secarme.
El atardecer llegó tarde, y mis palabras no pudieron viajar lejos; las frases no escritas me pesaban.
Los tentáculos de la vida echaron raíces en el pesado silencio,
y hasta que pude reconocerme, tuve que abrazar mi propia espalda.
De haber sabido que el sonido de los pétalos cayendo brillaría en mis ojos, habría dicho: «No te sientas culpable».
Cuando volvieron las palabras, huecas y despojadas de sus significados, debería haber dicho: «No permanezcas en silencio».
Pero no sabía que la tarde se apuntaba a sí misma con una pistola, y de su boca brotaban flores negras.
El atardecer llegaba tarde, y yo no podía prever en qué dirección iría el resplandor vespertino,
Y de repente, recordé la espalda de mi joven padre mientras cruzaba la galaxia.
La tarde llegó tarde, y no pude descifrar las huellas que las mariposas dejaron en las venas abultadas de mis dedos.
Fallé en tirar del hilo final de la oscuridad que aún permanecía sin revelar.
Audre Lorde, fue, como ella misma se definía, una guerrera, poeta, feminista, negra y lesbiana nacida en pleno barrio de Harlem, Nueva York, en el año 1934, hija de inmigrantes caribeños, con los que no tenía una excelente relación, puesto que había cierto distanciamiento y Audre era una chiquilla más bien introvertida y de altas capacidades intelectuales. Encontró en la poesía una salida y una manera de comunicar sus ideas y pensamientos, desarrollando un gran don para esta disciplina literaria ya desde bien jovencita.
Se graduó en Literatura y Folosofía en el Hunter College, donde acabó, con los años siendo profesora. Sufrió discriminación y homofobia a lo largo de su vida, como cuando quiso introducirse en la asociación de escritores Harlem Writers Guild, en los años 50, pero esto, lejos de hacerla desistir, afianzó su fuerza y su lucha para enfrentarse a la discriminación, a las injusticias, y reafirmó todavía más su identidad como mujer, negra y lesbiana. Su vida, de hecho, fue una constante lucha contra toda la opresión que vivía la sociedad norteamericana.
Audre Lorde. Fuente The poetry Foundation.
Por ejemplo, fundó la editorial The kitchen table, para editar a escritoras de color, fundó también organizaciones para ayudar y asistir a víctimas de abusos sexuales o de violencia de género, y fue codirectora del periódico lésbico Chrysalis.
Estuvo unos años en México, durante los cuales asistió a la Universidad Autónoma de México, y se integró en círculos de exiliados norteamericanos y fue en este período que reafirmó su identidad como personal y artístico como poeta y lesbiana.
Después de obtener un Máster de biblioteconomía en la Universidad de Columbia, trabajó como bibliotecaria durante años, pero poco después se afianzó como profesora universitaria, siendo contratada como poeta residente por el Tougaloo College, donde conoció la que fue su pareja durante 19 años, Frances Louise Clayton.
También vivió ocho años en Berlín, donde obtuvo un importante reconocimiento en Alemania y en Europa siempre sin abandonar su lucha y organizando el movimiento de africanos y afrodesdecientes en Alemania.
A lo largo de su vida, Audre fue muy consciente de la opresión que existía en el mundo, por diversas vertientes, el color, la sexualidad, el género, y eso hizo que su obra destilara rabia e ira, y fuera parte de su lucha contra estas injusticias. Usó el lenguaje como una fuerza y arma de resistencia.
En el año 1987 se le diagnosticó un cáncer de mama que la llevó a tener que realizarse una mastectomía, para después sufrir un cáncer hepático. De ahí salió una de sus obras más importantes, The Cancer Journals, pulicado en el año 1981, donde habla íntimamente sobre sus viviencias con esta enfermedad; una obra muy recomendada para mujeres que la sufren o la han sufrido.
Respecto a su obra, marcada especialmente por su incansable lucha contra las injusticias, las opresiones, destaca su primer libro de poesía, publicado en el año 1968, The First Cities, aunque su obra más conocida es Sister Outsider, que es una colección de ensayos sobre la lucha contra el racismo, el machismo y la opresión heteronormativa.
Os dejamos a continuación seis poemas de Audre.
Quién dijo que era fácil
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se juntan antes de marchar,
hablan sobre las chicas problemáticas
que contratan para ser libres.
Un empleado casi blanco ignora
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no se dan cuenta y rechazan
los pequeños placeres de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
como por mi cama
como también en el sexo.
y me siento acá preguntándome
cuál de mis yoes sobrevivirá
a todas estas liberaciones.
Oaxaca
Bajo el pedazo de madera que labra
se mueve lentamente la tierra.
Pero los relámpagos se acercan.
Cultivando su secreto en la tierra ocre
tendida como una mujer
la osadía es una labor agotadora
para hombres de ojos inmóviles
que cuidan sus semillas
y una dura vigilia en la estación sin lluvia.
Pero en el fino y brillante borde del día,
más allá del arado partido, miran hacia las colinas
los relámpagos que se incuban
pues la tormenta es conocida.
Se mueve lentamente la tierra.
Aunque la víspera del relámpago
puede romper con un destello
la cara de una montaña, frágil como el vidrio,
la tierra se mueve lentamente.
Toda la fuerza de un hombre en brazos de su hijo
por tal de esculpir un surco
en duro suelo desafiante,
y la tendida tierra aguarda.
Largo y lento el arado
a través de la ocre estación seca,
y se mueve lentamente la tierra.
Pero los relámpagos se acercan.
Letanía de la supervivencia
Para las que vivimos en la orilla
paradas sobre el borde constante de la decisión
cruciales y solas
para las que no nos podemos permitir
los sueños pasajeros de la elección
las que amamos en los umbrales yendo y viniendo
en las horas entre los amaneceres
mirando hacia dentro y hacia fuera
al mismo tiempo antes y después
buscando un ahora que pueda engendrar
futuros
como el pan en la boca de nuestros hijos
para que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros;
Para las que
fuimos marcadas por el miedo
como una suave línea en el medio de nuestras frentes
aprendiendo a tener miedo con la leche de nuestra madre
porque con esta arma,
la ilusión de poder encontrar más seguridad,
los torpes esperaban silenciarnos.
Para todas nosotras
este instante y este triunfo
No se suponía que íbamos a sobrevivir.
Y cuando el sol sale tenemos miedo
de que no permanezca ahí
cuando el sol se pone tenemos miedo
de que tal vez no salga en la mañana
cuando nuestros estómagos están llenos tenemos miedo
de la indigestión
cuando nuestros estómagos están vacíos tenemos miedo
de nunca volver a comer
cuando nos aman tenemos miedo
de que el amor desaparezca
cuando estamos solas tenemos miedo
de que nunca vuelva el amor
y cuando hablamos tenemos miedo
de que nuestras palabras no se escuchen
de que nuestras palabras no se escuchen
pero cuando estamos calladas
todavía tenemos miedo
Así que es mejor hablar
recordando.
No se suponía que íbamos a sobrevivir.
Carbón
«Yo»
es el negro completo,
algo hablado del interior de la Tierra.
Hay muchas clases de «abierto»-
como un diamante se vuelve en nudo de llama,
como un sonido se vuelve una palabra,
coloreado por quien-paga-cuál para hablar.
Algunas palabras son abiertas
como un diamante sobre ventanas de cristal,
cantando en alto dentro del choque pasajero del sol.
También hay palabras como
apuestas grapadas en un libro perforado
(cómpralo, fírmalo, y depedázalo)
y pase-lo-que-pase anhela todas las oportunidades;
queda el boleto, y un diente extraído (incorrectamente)
con un borde desigual.
Unas palabras viven un mi garganta,
engendradas como culebras.
Otros conocen el sol,
buscando como gitanos sobre mi lnegua
para explorar a través de mis labios
-como gorriones jóvenes que brotan de su cáscara.
Hay ciertas palabras
que me importunan.
«Amor» es una palabra -y una otra clase de «abierto».
Así como un diamante se vuelve en nudo de llama,
yo soy «Negro» – porque me origino del interior de la tierra.
Ahora: toma mi palabra -como una joya-en tu luz abierta.
Poema de amor
Canta, tierra, y bendíceme con lo que es más rico
haz que el cielo haga fluir la miel de mis caderas
rígidas como las montañas
tendidas sobre un valle
carcomido por la boca de la lluvia.
Y supe cuando entré en ella que yo era
viento alto en el hueco de sus bosques
susurrando sonido los dedos
miel derramada
de la copa partida
empalada en una lanza de lenguas
en las puntas de sus pechos de su ombligo
y mi aliento
aullando en sus entradas
a través de sus pulmones doloridos.
Codiciosa como una gaviota
o como una niña
me balanceo sobre la tierra
una vez
y otra.
Libro de cuentos en la mesa de la cocina
La matriz dolorosa de mi madre escupió algo: yo.
Escupió “yo”
en su arnés incómodo de desesperanza,
en sus engaños,
donde la ira me concibió (una segunda vez),
perforando mis ojos, como flechas
señaladas por su pesadilla de la “ella” que yo no me volvía.
Y ella, yendo, dejó en su lugar
unas doncellas de hierro que me protegieran;
y mi comida fuera
la leche arrugada de leyenda
donde yo, envuelta de pesadillas,
vagabundeaba a través de las habitaciones aisladas de la tarde.
Hugo Patuto (Argentina, 1961) Poeta, escritor, docente. Ha publicado libros de poesía y narrativa. En el año 2015 obtuvo el primer premio en el Certamen “Grieta 32” en Santander (España) por la novela corta “Nubia”. En el año 2018 fue distinguido con el Premio Honoriífco “San Nicolás de Bari” por la asociación de escritores nicoleños, en reconocimiento a su persona y obra.
¿Que reservan tus pasos al brotar en un espejo?
¿Qué reservan tus pasos al brotar en un espejo
simulando el néctar de la caricia
bajo los cadenciosos trazos del amante
o del imperio que sucede y te abandona?
¿Qué guarda ese animal violento
detrás de su lotería espumosa
para negar el abanico
en el que tu palabra me difunde?
¿Qué necesita el rastro nocturno
fuera de lo que destiñe con penumbra
al par que sonríe dulcemente
con las notas del saxo?
(De “El tatuaje de las voces”, Ediciones Muestrario, Buenos Aires, 2009)
Cuando la tarde
El cabello suelto como el dibujo de una galaxia
las ganas de correr hacia el nudo mismo
cuando la tarde se piensa noche
dentro del código de la siembra.
Atenazado por el viento,
ese papel trae un reflejo dorado
que te nombra.
(De “Algo tenemos con la lluvia”, Poemanía Colectivo Editor Latinoamericano, San Nicolas, 2016)
21
La casa confirma el pacto de la intemperie,
una probada escala con mariposas
bajo titular y pocillo
caminando en otro hasta el parque.
Aminorar la excesiva noción del destino
(brisa que los árboles cavan)
esa pregunta hecha por el niño a toda ceniza,
tren robado como aliento de la sombra.
(De “Tigres para hendir el ocaso”, Eos Villa, San Nicolas, 2021)
Jorge Aliaga Cacho (Perú). Fue presidente de la Asociación de Trabajadores del INC. En 1981, se autoexilió en el Reino Unido. Fue investigador de noticias, promotor cultural e impartió clases en Telford College, West Lothian College, y George Heriot’s School en Escocia. Ha publicado: «Secreto de desamor», «Mufida, La angolesa», «Mujeres malas, mujeres buenas».
Piruetas
Ayer mi pena fue alegre
porque se cansó de triste
y tú la animaste… ¿Sabes?
Cuando tus manos tomaron las mías
mientras el viento de nosotros hacía
piruetas de alegría.
Tú estabas de azul plomo
como tus ojos,
como mis días,
como los besos que enjuagaste en mi boca,
y que la noche se llevó
en su vacío.
Ayer mi pena fue alegre
porque se cansó de triste.
Khuyapapay
Barrito bañado en agua
cianuro hijo del diablo
por qué matan mi tierra
que otrora papa me daba.
Mi lagunita se ha muerto agüita negra diciendo
agüita negra muriendo.
Venenos evaporados tóxicos que respiro plantitas, vaquitas