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  • Los versos rotos de Constanza Everdeen

    Los versos rotos de Constanza Everdeen

    “Los poemas bonitos son la voz del viento y se pasean por tu vida como un gato», así es como nos los define la poeta Constanza Everdeen y se me ha antojado comenzar esta reseña con esta cita, porque creo que es la mejor definición y presentación a su poesía.

    Cuando leí por primera vez a Constanza  me llamó la atención la elegancia con la que acarician sus versos y la sutileza que tiene su pluma para girar la tinta y lanzarnos un zarpazo.

    Siempre elegante

    Como Hades emergiendo desde la profundidad de mis entrañas,
    el otro día casi te deseo el mal.
    Pero lo hice bien,
    deseé tu caída amortiguada sobre ese lecho neumático,
    del color del que nunca tintaría mi cabello.Lo hice bien, sí.
    Porque estando a finales de verano,
    una sabe que no puede pedir primaveras tardías,
    y hay un estatus de madurez y maestría que mantener.Para que no corra la sangre, corre la tinta,
    y te escribo sobre fases lunares,
    con la esperanza de que entiendas mis cíclicos demonios.No hallarás nada más puro y veraz,
    contenido entre curvas y sensuales aromas.

    Porque en ese lugar en el que temo tu orden,
    yo desordeno la ropa y silencio los insomnios.

    Sus versos son una lluvia de pétalos en noviembre que dejan la fragancia de mayo:

    Otro punto de sutura

    Le dije al mar que según para qué mensajes, es mejor que la botella que arroje esté llena.

    Me quedé mirando un reloj con agujas sin sentido,
    rodeada de un cementerio de elefantes sin memoria,
    pasando la hoja a un calendario de días inciertos.

    La cara oculta del amor es liberar el sufrimiento en defensa propia,
    masticar los cristales rotos y descubrir su dulce sabor.

    Le puse voz al amor para no acallar la herida,
    y me quedé con las letras en las manos.

    Te escribí el mar y el cielo con la esperanza de ver una revelación en tus ojos,
    pero sólo me vi a la deriva flotando en tu iris airado.
    No sé en que marea te perdiste,
    ni cuándo se hizo Noviembre y abandonaste mi silencio.

    Solo sé que tu inclinación al derribo,
    no pudo con mi revolución.

    “A veces no encuentro las palabras pero te veo escrito en todas partes». Y es que sus letras son el silencio de un suspiro que se hace verso.

    Los hados reclaman

    Te paseas ante mis ojos inconsciente del fuego,
    te persigo ávida sin mirarte,
    en vehemente consecución de mi cánido designio.
    Reclamo y me das aguaceros intermitentes,
    donde bailo al ritmo de los tambores de tu pecho.
    Pienso y camino inane,
    codiciando entregas,
    resistiendo sequías en las manos.
    Se graban en ellas líneas de ausencias y lacónicas supernovas.
    Me rindo a la estela fugaz del astro que me reina,
    cedo a su gobierno para no perderme entre rebelión de vendavales.
    Anhelo que se te haga incontable el número que destinas a los hados,
    que sientas la revelación
    y te arrojes a mi esfera en llamas.

    Su poesía nos vuelca en una historia de amor que aún en la sombra se sostiene entre las luces intermitentes del recuerdo.

    Más de mil

    Tengo más de mil leyendas para desvelarte las noches.
    Para aplacar voluntariamente tu tormento.
    Erosionando el cantil, fundiendo el hielo,
    abriendo sendas de letras floridas donde te reconcilias con todo.Guardo más de mil mitos dentro de una cajita para que nada se te desarme.
    Versando tu sangre,
    te devuelvo a la esperanza.
    Besando tu carne,
    te hago justicia en el averno.Escondo más de mil cuentos en cadena,
    para anclarte a la cara oculta del rebalaje.
    Soy lo que aparece en tus sueños después de frotar la lámpara,
    el santuario de tu condena.

    El lugar donde cada vez que mueres, más te agarra la vida.

    Sus versos se deslizan como pasos de baile en la coreografía de un amor aún latente en su música, pero que va perdiendo el compás de sus pasos tras las agujas inexorables del tiempo.

    58 minutos

    Hablabas de ser agua,
    yo esperaba una ilusoria previsión de lluvia,
    con el paraguas roto,
    en un andén fantasma.
    Ahogamos los gritos por temor a que toda réplica,
    fuera el eco de lo que fuimos.
    Evité las transparencias,
    con una combinación de decepciones
    y algún depósito de sangre.
    Falsamente nos sorprendió la rutina en la retina,
    tú detonaste la caja,
    yo apreté el gatillo,
    nadie recogió el escombro.
    Una demora de una hora,
    o de incluso 58 minutos menos,
    dejan los versos fríos en el plato.
    El tiempo no significa nada,
    pero siempre resulta mortal.
  • Subsistir con la poesía de José Robles

    Subsistir con la poesía de José Robles

    José Robles (@Jose_Robles) trae a Poémame una poesía para subsistir en una realidad que a veces se torna surrealista.

    Y es que qué mejor remedio que sus versos para sobrevivir en el laberinto de los pensamientos que se esconden en la cotidiana vida de la que somos pasajeros. José nos contagia con una poesía compleja y, sin caer en la confusión, nos adentra en un sinfín de historias mediante un mensaje sencillo y claro, vivir para subsistir.

    De cómo plantar un globo y no llorar en el intento (Poesía para la mera subsistencia)

    Se desangra la letra
    en impertinentes laberintos
    de estéticas burdas,
    o certeras.
    En autovías de pensamiento sin quitamiedos.
    En expositores de sensibilidad en trágico desborde.
    En las más que absurdas buhardillas
    llenas de objetos y palabras viejas,
    y en oscuros sótanos con cadáver escondido,
    con miles de cajas de cartón cubiertas de polvo,
    llenas de inválidas ideas,
    que me impregnaron.
    Y de las que no consigo desentenderme
    ni un solo momento.
    Ni tampoco deseo dejar de soñarlas. Boquiabierto.
    Se desangra la letra.

    Pero tengo en casa a mi fiel compañera.
    Una macetilla pequeña encima de un mueble.
    Es preciosa,
    y buena gente.
    Si yo no me meto con ella, ella me respeta
    y me deja vivir tranquilo mi vida.
    Lo sabe todo de mí, pero alardea de prudencia.

    La sonoridad de su poema “Seis lunas” nos entrega alegrías y deja un grato sabor de boca por sus cálidas y sencillas estrofas que envuelven su lectura hasta el final:

    Seis lunas

    Caliente caliente
    como agua de la fuente.
    Poemas, estrofas, letras.
    Versos contracorriente.

    Tres de Pi
    cinco de cuatro.

    Ojos de fuego.
    Beso amargo.

    Seis lunas
    miran al gato.

    Rosa tronchada.
    Mudo el piano.

    Tres de Pi
    cinco de cuatro.

    Seis niñas
    mira el gato.

    En su poema “SN4 (no es una fórmula)“, José nos regala unos versos únicos y originales, carismáticos y fáciles de leer, pero que no por ello carecen de un mensaje que, en su cotidianidad, nos lleva a reflexionar desde el surrealismo más audaz de su poesía.

    SN4 (no es una fórmula)

    Maldiciendo el barro,
    el olvido, o el recuerdo.
    ¡Que sé yo!
    Cogiendo el bus
    o encogiendo,
    y no bajándome nunca.
    ¡O bajiéndo!

    Vueltas. Mas vueltas.
    Y vueltas.
    A absurda velocidad
    como de estar parados.
    ¡Corriando! ¡corriendo!
    Viéndola pasar
    ¡O viviando! ¡o viviendo!

    ¿Las otras? ¿La mía?
    ¿La veo?
    Apenas veo nada.
    Vida ciega, de enceguecida.
    Comprometida,
    con la pura existencia
    inconsistente
    pero inconsciente
    sin consistencia, sin consciencia
    solo maquiavélicamente viviente.

    Si tuviera que escoger un poema, me quedo con “Reincidencia”, me gusta su mensaje valiente y real en un surrealismo que nos acompaña todo el tiempo.

    Reincidencia

    Mientras dormito
    escucho los sonidos
    y no puedo dejar de ver
    y oír
    tanto cuerpo destrozado
    por bombas, balas y metralla
    con sus correspondientes gritos
    y aullidos.
    Y estoy sentado en un hot dogs
    cerca del mar
    en una playa de un desasosegado
    pueblecito pervertido.
    Sentido amordazado por tres asesinas
    palabras:
    No te quiero.

    NECESITO DESCUBRIR quién eres
    realmente.
    O más exactamente QUE FUISTE.
    Sigue siendo inhóspito e inhabitable
    para seres muertos como yo.
    Como todas las acostadas desde más de mil años
    me duermo, o eso creo, con la vista infiltrada
    en el inmenso agujero negro, como cabeza de alfiler.
    Una galaxia cercana se ha desplazado
    un trillón de años luz. Desde ayer.

    Empiezo a soñar.
    Y sueño que quizá, después de todo
    hasta puede que sea una persona normal.
    Siento un tremendo escalofrío. Es ya hora
    de despertarse antes de que en verdad
    me duerma.

    Y es el amanecer del mismo día.
    ¡Venga chico! me grita
    ¡Sin miedo!
    ¡ahí, esos valientes!
    ¡conquistadores de reinos con princesas desvalidas!
    Vamos a vivirlo otra vez.
    ¡Ánimo, que solo son 24 horas!
    Todo, y más aún, me grita la mujer china
    de al lado del hot dogs
    empeñada en cazar las águilas al vuelo
    con sus finos palitos de comer.

    Que la poesía siga siendo la mejor catarsis para la vida. José Robles lo entiende así, y lo plasma en cada uno de sus versos con extraordinaria alegría.

    De qué hablamos

    Según los expertos
    en el juego del amor
    existen tantos amores…

    Amores a través del tiempo
    y lejanos, en la lejanía
    los que cruzan mares
    y fronteras
    amores en estado puro
    y algunos de puro saldo.
    Los menos,
    enredados en una canción.

    Luego está el que yo siento.

    Según los expertos
    sin clasificación.

    Estoy dispuesto
    a pasarme la vida entera
    dándote
    una explicación.

  • Un año de viaje junto a Alejandro Poetry… mirada y alma como único billete

    Un año de viaje junto a Alejandro Poetry… mirada y alma como único billete

    Lo primero que destaca del estilo de Alejandro es su versatilidad: con pasión y dedicación trabaja con habilidad estilos tan distintos como las formas poéticas japonesas, el verso clásico, o la prosa.

    Ha recorrido la senda de la Escuela de la Sociedad Secreta del Haijin, de la que forma parte activa y en la que imparte sus conocimientos como maestro Senpai.

    Chöka (fin de la canción)

    El sol sacude
    su melena de fuego
    ante mortales
    en un planeta azul,
    baila la vida
    la sinfonía cósmica;
    paciente espera
    la oscura muerte trágica
    el fin de esa canción.

    Estricto y paciente, siempre en busca de la perfección, aborda con disciplina el verso clásico, respetando sus anclajes métricos y dominando los vértices de sus acentos melódicos, para terminar coronando con maravillosos estrambotes.

    Es que a dónde se esconde, lo infinito me hastía,
    mi señora maldita, mi final tan bendito
    podadora de vida, sembradora de ruinas.

    Putrefacta la espina
    corroyendo mi esencia, putrefacta aureola
    coronando el abismo, revolcando las olas.

    De mente inquieta y con una desbordante imaginación, Alejandro es un poeta cósmico en un universo paralelo, y un creador nato de mundos siderales con millones de vidas estelares, más una: la suya y todas las que no se atrevió a vivir.

    o como cuando se apagó el sol
    del ocaso número
    nueve mil novecientos noventa y nueve
    ─en alguna de todas esas vidas que aún no he vivido─
    y qué de aquella vez que expiré
    al caer aquella hermosísima estrella fugaz…

    __ y siempre,
    ____ en ese último instante,
    ______ estaba,
    ________ pensando en ti…

    Os invito a subir al tren de su intrépida poesía con estos cuatro vagones que he seleccionado para la ocasión. Comenzad el viaje.


    Nos rasgamos la piel y nos la erizamos en las profundidades de este primer intenso vagón de versos:

    Oscuridad

    Oscura está la habitación de mi alma.
    Hasta los silencios huyeron despavoridos
    antes de cerrar la última ventana.

    El arce desfallece y se abraza
    con sus atribuladas ramas secas,
    esta mañana sacrificó
    su última hoja de esperanza.
    Se la dió al otoño gris
    que me obsequió
    su última sonrisa ocre ilusión.

    Tengo el paladar marchito,
    trago saliva de un pozo seco
    al que no le quedan gotas de fe.

    El futuro es una bola disforme
    de sueños fracturados.

    Afiladas dagas caen del techo,
    con tino mortífero
    se incrustan en cada poro,
    en cada herida mortecina,
    de la calcinada piel
    que cubre mi pusilánime figura.

    En esta extensa planicie de oscuridad
    ni mi sombra me hace compañía,
    se quedó allá afuera,
    columpiándose del neumático
    de una vida ancestral
    en la que quizás, fui feliz.

    El reloj de arena
    en el centro de mi habitación,
    es una silueta difusa
    con contornos de mujer ardiente.
    Cada grano de arena que cae
    me recuerda la cuenta reversa
    e irreversible de la vida
    que se me escapa a borbotones.

    Quiero vivir,
    quiero ver el sol,
    quiero oler la primavera,
    abrir las ventanas de mi alma
    tan solo una vez más.

    Desnudo me arrastro a cuclillas
    por kilometros interminables de oscuridad,
    en el aire respiro cristales de muerte,
    imposible llegar al lindero de mi alma.

    Quiero llorar un río de tristeza,
    mas la fuente de mi alma
    es un árido desierto
    sin agua salina para las lágrimas.

    Nada queda, solamente…

    Oscuridad.

    Arrancamos las agujas al reloj, y con ellas entre las manos y la vida de segundos fulminantes entre los barrotes del tiempo, vamos en busca de la llave que esta prosa poética esconde.

    La celda

    Estoy atrapado en una celda de barrotes de oxígeno inoxidable. Mis carceleros son segundos mudos e implacables. Me cambian los carceleros a cada instante; cada que volteo a ver, se han ido los anteriores y vienen unos nuevos; más implacables y más mudos que sus predecesores.

    Subyugado a la tiranía del presente, desde esta celda invisible; soy incapaz de caminar a la habitación contigua, la del ayer; sólo se me permite verla desde un cristal a prueba de balas atemporales.

    Enfrente, observo constantemente, la habitación del mañana; pero no lo distingo claramente; hay una cortina de bruma que me la desdibuja. Por ratos la veo soleada, asombrosa y esperanzadora; por ratos la veo sombría, quejumbrosa y aterradora.

    Cada vez que despierto, tengo la sensación de despertar en lo que parecía la habitación del mañana; pero la observo a detalle, veo el papel tapiz, los cuadros de arte abstracto que cuelgan de sus paredes, el color y textura del piso; el techo, esa misma mancha en una de sus esquinas, esa misma gotera que tanto me desespera; y concluyo, que sigue siendo la habitación del presente.

    Durante el día, me siento en un banco de circunstancias; tiene tres patas desiguales; con mucho trabajo mantengo el equilibrio. Desde mi banco veo los segundos pasar; tan mudos, nunca me dicen nada, ni me saludan ni se despiden; tan implacables, de reojo me miran con desdén. Desfilan instante a instante frente a mí. La otra vez quise sujetar uno de ellos de una de sus piernas; era tan escurridizo y resbaloso; se me escapó en un segundo el muy taimado.

    Tengo esta lista de cosas por hacer en este presente constante, y se me va la vida en hacer y hacer. A veces estoy tan ocupado en el hacer, que ni veo los segundos pasar; solo tengo esa sensación de que son multitud de ellos los que se han ido y han llegado, casi sin dejar huella en mi celda del ahora.

    Después de un tiempo, empiezo a notar en carne propia, lo verdaderamente implacables que han sido (esa infinidad de segundos que han pasado).
    ¡Mira como me van dejando el cuerpo! Todo gastado, cada vez más marchito y mallugado; segundos desalmados.

    Y sigo aquí, con mi lista del hacer; haciendo, deshaciendo y volviendo a hacer. Sin notar el ejercito de segundos que desfila frente a mi celda; sin sentir el daño que le hacen a mi cuerpo, a mi alma. Luego de un buen tiempo me doy cuenta, que la verdad; es que me están matando de a poquito, haciéndome pequeñito.

    Un día desperté con esa sensación, clavada como puñal en el centro de mi corazón; ya no habrían más segundos para ver pasar, mi cuota estaba por alcanzar. La promesa contínua (que siempre se cumplió) de seguir viendo el mañana, se había acabado. Ese día quise contemplar el mañana a través de la bruma; mas una cortina de hierro me separaba de él. La cortina estaba recubierta de espadas de dos filos de distintos tamaños; en cada espada caminaban, a cada lado, escorpiones ponzoñosos de aspecto formidable. Infranqueable.

    Me senté en mi banco de circunstancias. Miré mi lista de cosas por hacer, estaba vacía; del asombro casi me caigo de mi banco, al perder el equilibrio. Me parecía que los segundos pasaban más lento, casi se congelaban; y en ese momento observé sus rostros con todo detalle; cada uno tenía un rostro diferente, pero era obvio que todos, eran los rostros de la muerte.

    El último segundo que llegó, tenebrosamente enmudecido; tenía los mil rostros de la muerte. Llevaba una túnica negra muy larga, parecía tan antigua. Su cuerpo parecía totalmente atemporal, desprovisto de temperatura; sin embargo, daba la sensación de estar envuelto en llamas ancestrales; pero las llamas no abrasaban, todo lo contrario, eran tan terriblemente frías; como salidas de un invierno recalcitrante, desde el origen de los tiempos de todos los universos. Llevaba un aro muy grande de plata, del cual pendían miles de millones de llaves de eternidad (no sé como le cabían tantas). Tomó una, la introdujo en el cerrojo de mi celda del ahora y la abrió.

    ─Eres libre ─me dijo─ ¡Todo ha terminado!

    Nos lanzamos la flecha de cupido y nos dejamos enamorar con las notas carmesí que fluyen del corazón de estas sextillas.

    El placer en tu arte

    Reflexiono al desnudarte
    que en tu piel de porcelana
    habita un dulce misterio;
    trazos gráciles del arte
    en azul, en negro y grana,
    dioses de un antiguo imperio.Y no puedo sino amarte,
    hacerte mi ansiada diana.
    Mis ojos en cautiverio
    no hacen sino desearte.
    Y si la belleza es vana,
    no estoy para un monasterio.Aunque mi mirada te harte,
    te besa, le viene en gana.
    Sufro cualquier vituperio
    para poder contemplarte.
    Tu hermosura brota y mana,
    cual fuego sacro, sahumerio.Grácil pincel te dibuja
    una forma caprichosa,
    figuras despampanantes;
    tejiéndote con aguja
    la intensa tinta dichosa
    sobre carnes abundantes.Hay un grafo que me embruja
    en tu figura de diosa,
    y ya no soy el que era antes.
    Un deseo me apretuja
    por tu estampa voluptuosa
    con acertijos fragantes.Mi alma se desarrebuja
    ante la vista gloriosa
    de curvaturas vibrantes.
    Usando la tientaguja
    explorando tierra y rosa
    de colores tan brillantes.Eres sublime visión,
    ríos de extensa locura,
    tu alucinante esplendor
    hace estallar mi pasión
    y alza mi temperatura.
    Contigo soy soñador.Va en aumento mi ambición,
    tus colores son mi cura,
    te idolatro con fervor.
    Tu arte va a ser mi canción,
    tus círculos verdad pura
    y tus labios mi temblor.

    Te entrego mi rendición,
    mi alma lealtad te jura,
    lo hace sin ningún temor
    así sea perdición.
    Te voy a amar sin mesura
    a ti, a tu arte y a tu amor.

    Y llegamos  al último vagón  de este tren poético de distancias cortas para quedarnos a vivir aquí “congelados” en esta preciosa estampa de invierno que este Haibun de raíces japonesas nos obsequia y del que yo personalmente me siento cautiva por las bellas sensaciones que logra  transmitir y por el origen de su inspiración.

    Noches blancas

    Se asoma la noche con su blanquísimo abrigo sorprendiendo al farol en su amena charla con los árboles de su barrio. Conversan sobre caprichosos copos de nieve, y de niños juguetones que construyen sus blancos muñecos, con escobas, sombreros, y pipas viejas. Hablan de parejas de enamorados que se sientan en las bancas del parque a jurarse sus amores eternos. De lejos se asoma el viento, silbando cánticos de invierno y danzan los árboles tomados de las manos de sus níveas ramas. El farol prende su antorcha y los pajarillos acurrucados en sus nidos cantan nanas a sus hijos hasta verlos dormidos. Una manta de bruma lo envuelve todo, envuelve al viento, su silbido, a los pajarillos y a sus hijos dormidos. Tan gélida es la noche que ni la blanca luna asoma su redonda cara, se queda en cama, recostada sobre almohadas de esponjosas nubes en cubiertas de nieve.

    Duerme la nieve
    sobre los fríos árboles.
    Vela el farol.


    Amigo, poeta y, en muchas ocasiones, maestro al que admiro y al que tengo especial cariño, gracias Alejandro por compartir este año de viajes aquí, en este, nuestro bar de letras, y que nunca falten.

    ¡Feliz aniversario!

  • Pólvora en los versos de David R.

    Pólvora en los versos de David R.

    Febrero abandona con prisas el calendario, igual que siempre, pero esta vez nos deja con los versos de @David_R en nuestras manos, como un regalo de despedida.

    Recién llegado a Poémame, David, nos muestra un estilo propio con versos cortos que juegan con las palabras dotándolas de ritmo, de mensajes con cierta desesperanza; reivindicando la lucha, el cambio y un futuro de igualdad. Una poesía social fresca y enérgica que despierta los ojos dormidos llenándolos de pólvora.

    El mundo precisa sin falta
    recobrar la normalidad,
    montañas de cimas más altas:
    al mundo le falta igualdad.

    David tiene cierto aire de cantautor rebelde y parece que entona una melodía muy particular con poemas dedicados al amor, mostrando su lado más profundo o afilando sus letras con el fin de identificar al lector con su dolor, de sangrar junto a él y, de esa forma, reparar sus heridas y sentirse comprendido. Así lo transmite en su poema «Al fondo del pecho» o en su prosa poética «Frutos secos«.

    … Me pregunto si antes de la cena habrán servido frutos secos. Con un poco de suerte, a lo mejor te muerdes la lengua y el dolor te recuerda a mí. A mi ausencia.

    La poesía de David es una sorpresa cargada de creatividad, contenido, de anuncio del cambio y con significado, que llega directa a las venas, remueve la sangre y altera los latidos.

     

    Instinto

    Ese animal que revienta los burkas mentales
    y esquiva las verjas de acero más altas,
    ese animal que quebranta las leyes, las normas
    y deja que el miedo se aburra a sí mismo…

    Ese animal que se lanza del barco en la noche
    y grita aun sabiendo que nadie lo escucha,
    ese animal que resiste a la lluvia más densa
    y aprieta los puños de rabia y coraje…

    Ese animal ancestral al que no hay escopeta
    ni dardo moral que lo pueda frenar,
    ese animal imponente que lucha sin tregua
    en mitad de decoros, recato y pudores…

    Bestia ambiciosa que ignora confines y formas,
    que ruge en la aurora primera del tiempo;
    bestia que acecha los prados más verdes y libres,
    que escarba en el pecho el camino a la acción…

    Fiera indomable y certera que habita lo mismo
    las tripas del hombre vulgar y erudito,
    que el vientre del necio, el poeta o el monarca;
    fiera indomable y certera que habita lo mismo…

    Eres el lazo al origen del cielo y la tierra,
    la voz que recuerda que somos salvajes,
    eres la lengua que quiso cortar el poder
    para hacer de nosotros a un perro sumiso.

     

    El éxtasis del ridículo (o la crítica esdrújula)

    Soy contemporáneo de una época
    rica en célebres déficits,
    insípidos ídolos,
    cólera poética
    e hígados cirróticos.

    Cálculo en las vísceras
    este diabólico período
    próspero en cárceles,
    teléfonos móviles
    y héroes erráticos.

    Cráneos del jurásico
    como género modélico
    y bárbaros histéricos
    como bálanos eléctricos;
    es el éxtasis del ridículo.

    Ganaron las fábricas inhóspitas,
    los códigos fácticos,
    los antipáticos cómicos
    y la genética misógina.

    Vencieron los cánceres de esófago,
    los estériles atléticos,
    las diabéticas metáforas
    y los alérgicos a lo auténtico.

    Triunfaron las cópulas inalámbricas,
    la física sin química,
    los clásicos sin micrófono
    y los caóticos crónicos.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Soy contemporáneo de una época
    rica en mórbidas imágenes,
    pacíficos bélicos,
    lágrimas sintéticas
    y brújulas sin ártico.

    Ángulo cóncavo
    este gráfico de la década
    próspero en crítica,
    cómodos líderes
    y cínica política.

    Lo extrínseco a la cáscara
    como límite, cúspide
    y los típicos tópicos
    como sólidas máximas;
    es el éxtasis del ridículo.

    Ganaron los médicos hipocondríacos,
    las búsquedas frívolas,
    el vértigo ortográfico
    y los dentífricos sin éxito.

    Vencieron las soporíferas dialécticas,
    los autócratas de fábula,
    los ávaros filántropos
    y los vehículos fantásticos.

    Triunfaron las clínicas estéticas,
    la ética anoréxica,
    los catedráticos neófitos
    y la música diarréica.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Soy contemporáneo de una época
    rica en póstumos panegíricos,
    periódicos hipócritas,
    tentáculos económicos
    y pólvora informática.

    Película tragicómica
    esta crónica patética
    próspera en estadísticas,
    tétricos retóricos
    y monótonos sábados.

    Oráculos catódicos
    como simpáticos psicópatas,
    y decrépitos prostáticos
    como esperpénticos playboys;
    es el éxtasis del rídiculo.

    Ganaron los estúpidos estrépitos,
    los lúgubres propósitos,
    los demócratas de plástico
    y los discípulos del desánimo.

    Vencieron los créditos escuálidos,
    la gramática equívoca,
    los católicos heréticos
    y la mísera lírica.

    Triunfaron las matemáticas erróneas,
    los alcohólicos anónimos,
    los cónyuges apáticos
    y el pánico a lo artístico.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Es el éxtasis del ridículo.

    O la crítica esdrújula.

     

    Te amo, te quiero; deseo

    Las huellas del tiempo vivido
    rebosan de lluvia agridulce,
    los ecos lejanos resuenan:
    te amo, te quiero; deseo.

    El hondo pesar de tu ausencia
    corroe mi alma constante
    y vivo sumido en un sueño
    que intenta arrastrarme al vacío.

    Camino por néctar ardiente
    descalzo, perdido y sin rumbo,
    bebiendo los soles que nunca
    jamás volverán a dorarme.

    Divinos amores malditos
    cargados de sombras inertes
    que surcan mi cuerpo de llagas;
    anhelo el marfil en los labios.

    Aquellos manteles ajados
    manchados con vinos añejos
    aún se retuercen aullantes:
    te amo, te quiero; deseo.

    Varaste mi carne en el aire,
    golpeas mi mente suicida,
    serás un tañir, unas flores
    y el mármol guardando mis huesos.

    Tus ojos nocturnos, tu verbo
    candente, afilado y rosado;
    tus hondas caricias, tu denso
    sentir en mi cama empapada.

    Te llevo cosida a las tripas
    igual que el sudor en la frente
    del pobre labriego que bate
    sus manos en tierra quemada.

    Habitas en mí para siempre,
    habitas en mí para nunca,
    habitas en mí y te repito:
    te amo, te quiero; deseo.

  • «Enganchados» a la poesía de Félix Santiago

    «Enganchados» a la poesía de Félix Santiago

    La poesía de Félix Santiago o @cafe_lix (como firma sus textos en Poémame o en su perfil de Instagram) «engancha». Engancha por su ingenio y originalidad. Engancha por el uso de metáforas y símbolos, aparentemente sencillos y cercanos, pero que golpean en el punto preciso para  que el lector no puede ya pasar por alto.

    He llenado la tina de tréboles para hundirme en ellos
    para dejarme atrapar por su olor a suerte (…)

    Entre el verso y la prosa poética, sus letras consiguen encender esa bombilla en la azotea y que te quedes en ella… esperando encontrar entre líneas el interruptor que la hizo encender, disfrutando de su lectura. Enganchada.

     

    El primero es para mí

    Porque hay gente que se ríe contigo y no saben lo que hay detrás. Porque puedes verte en sus ojos y partirte en risa y frente al espejo quebrar en llanto.

    Porque hay gente que te desea tanto bien como mal, tanto amor como desamor, que no puede con tu tristeza y decide llevarla a cuestas contigo para reírse de ella cuando tú no puedas más y luego dejarte.

    Porque hay gente que no te abandona aunque tú lo quieras. Porque hay gente que se queda aunque te exaspere su (no) presencia.

    Porque hay música que te toca las entrañas y remueve tus recuerdos. Porque el pasado que no muere te mata y te ancla a la nada. Porque hay colores pasteles que no te quedan y los grises son nubes muy pequeñas para tanta tormenta.

    Porque el café no sabe a gloria en los días alegres ni las mentiras parten en dos a quien siempre las cree y no las descubre. Porque hay más sexo entre un cruce de miradas de dos segundos que en media hora de gemidos , porque una sonrisa en la boca correcta es más letal que el arsénico pero más dulce que la miel y un té con tres de azúcar -en los días fríos.

    Porque está quien me dijo: Nadie te va a amar como yo -como no me lo merecía- y esa profecía no deja de cumplirse y me muerde cada que un amor toca la puerta y se esconde mientras intento observar por la mirilla.

    Porque está(n) ella(s) que me lee(n) y se burla(n).

    Porque está él que ahora busca una nueva vida lejos y otro que nunca lo supo.

    Porque estoy yo que escribo para ahogarme en el pasado que retorna y pisar de puntas el futuro que no llega, que me corto la piel entre tantos hilos rojos. Que no sé soltar lo que ya no me sostiene y que floto sin despegarme del suelo.

    Porque estamos (des)unidos en palabras que nadie escribe y en rimas que no existen, en canciones que no se bailan, en colores que el caleidoscopio no refleja, en lluvia que nunca cae, en corazones que no se rompen y en sonrisas que no iluminan ciudades.

    Porque está él que es todo lo púrpura que encuentro en una canción triste y está ella que tiene aires de saber a azul y rojo, combinados.

     

    Duend3

    Si es por mí, que el universo te dé todo lo que le pides
    que la gente se canse de ti, de tu maravillosa risa
    que se harten de que su vida se ilumine con tu presencia.

    Que a ti no te importe.

    Espero que hagas pataletas para conseguir lo que quieres
    porque crees que te lo mereces
    que es lo justo
    espero que el suelo por donde flotes se muera por subir a la altura de las plantas de tus pies.

    Y florezca(s).

    Si es por mí, que las únicas veces que llores sea porque no te cabe tanta felicidad en el pecho y se te salga por los ojos en forma de recuerdos futuros.

    Para que te hagas nube.

    Que los arcoíris te salgan de la boca y guíen a cualquier duende -como yo- al tesoro que hay en tu cabeza.

    Porque tú eres camino y hueles a vida.

    Si es por mí, que siempre tengas días a blanco y negro para que cada mañana decididas entre pintarlos como quieras o cerrar el cuaderno para seguir durmiendo
    pues hay días que no valen el esfuerzo.

    Y eso está bien.

    Espero que logres volver a ser eso que nunca fuiste
    que me mojes los parpados -con besos- a la distancia
    me sostengas tan fuerte que parezca que aún estás aquí.

    Porque sí lo estás.

    Si es por mí, que nada ni nadie te quite la alegría
    que tus orugas siempre se transformen en mariposas
    y que tus luciérnagas nunca mueran.

    Porque tú eres
    y siempre serás jardín.

     

    Treinta y uno cero ocho

    Desde aquí se puede ver
    la cantidad de tristeza que hay en tu taza de café
    y yo quisiera un sorbo.

    Me explico:
    disculpa por querer colorear cada lágrima que salía de tus comisuras
    es que el peso de algo que no es mio siempre me llama cuando lo veo reflejado en alguien más y se me hace inevitable no querer colgarme de sus pies para evitar que anden por el mundo así,flotando.
    Disculpa por abrirme el pecho ofreciéndote un lugar donde dejar toda la basura que llevas a cuestas pero es que mientras me esquivabas la mirada en tu espalda me pedía que te arropara y a mí las palabras que no salen de la boca siempre me han dominado.
    Lo siento, no quería hacerme puesto en tu vida solo me tocó montar el mismo bus que a ti pero tu parada llegó antes y a mí me quedó estar sentado junto a puesto vacío.

    Me recontra explico:
    Tus caricias en mi pelo no generan nada más que una explosión de estrellas debajo de mis párpados
    pero en serio, perdóname, yo no quería que mi lista de cosas que jamás voy a necesitar en la vida se viera tachada con tu nombre
    debí quedarme viendo a través de la ventana del bus cómo te marchabas.
    Siento que no sepas nada de esto pero no podría soportar el momento en que me soples los párpados
    apagues las luces de mi ciudad
    me partas la piernas
    precipites mis nubes
    desatures mi arcoiris
    explotes
    me dejes fueras de la habitación
    me hagas correrme
    o que luego me pidas que me marche mientras al mismo tiempo me sostienes por la cintura con los dientes.

    Debo tomar otro bus.
    Debo tomar otro bus.

    Me obligaré a tomar otro bus.

    Porque desde aquí se puede ver
    la cantidad de tristeza que hay en tu taza de café
    y yo quisiera un sorbo
    con
    tres
    de
    azúcar.

  • La poesía audaz de Alex Richter-Boix

    La poesía audaz de Alex Richter-Boix

    Estrenamos con Alex Richter-Boix esta serie de artículos mediante la que, a modo de mención o breve reseña, queremos reconocer a aquellos poetas de Poémame que destacan tanto por la calidad como por la constancia en sus aportaciones a nuestra comunidad literaria.


    Recién llegado al «bar de poesía» de Poémame, Alex cautiva con la frescura de sus letras, con el formato y contenido de sus versos y prosas poéticas: salta con audacia y agilidad de una imagen a la otra, de un pensamiento a otro; e imprime sensaciones en el lector que no son fáciles de olvidar. Posee una gran facilidad para unir elementos aparentemente distantes en significado y los envuelve en un lirismo tan suyo, tan característico de su pluma:

    Tres mil millones de brutalidad (fragmento)

    Allí, en ese mundo,
    soy tres mil millones de brutalidad.
    Tres mil millones de pares de bases enlazadas,
    con la finalidad de ordenar lo imposible.
    Mi brutalidad pisa una orquídea.
    Treinta y cuatro mil millones pares de bases,
    reducidas bajo una bota.
    Treinta y cuatro mil millones pares de bases,
    de información para moldear la belleza.
    La mía, la partitura que me compone,
    cabe en uno solo de sus cromosomas.
    ¡Uno!

    Poemas como «Tres mil millones de brutalidad«, «Madre que acicala cabellos alborotados«, «Paseo entre la ventisca» y la trilogía de prosa poética «La noche es el vestido del mundo» dejan entrever un genio y una habilidad literaria incipiente y prolífica, en la que la naturaleza -salvaje o urbana, visible o invisible- sirve de puente entre el lector y la realidad poética de la vida. Esperamos sus siguientes entregas y brindamos por él desde este rincón de poesía.

    La noche es el vestido del mundo (I)

    Un relincho de caballo.
    Una expiración.
    Un lomo sudado.
    Húmedo.
    Intenso.
    Extenuado.
    Repican los cascos de los caballos.
    Adoquines húmedos por la lluvia de esta tarde.
    Un charco captura la profundidad y delicadeza del cielo estrellado.
    Hace bailar las constelaciones al son de los caballos.

    Las cornejas alzan el vuelo ensombreciendo la noche.
    Dejando un rastro de plumas descosidas.
    ¿Dónde irán a estas horas?
    La oscuridad se las traga.
    Devolviendo el eco del graznido.
    Las sombras ya no tienen cabida.
    El negro se cierne de nuevo sobre las calles.
    Algo se ha comido a la luna y el charco ya no refleja nada.
    No me veo.
    Mejor.
    En los espejos siempre veo al otro.
    Por eso los rehuyo.
    Me dan miedo.
    Me dibujo de gato pardo y sigo mi camino.

    La oscuridad es el vestido del mundo.
    Con la noche en mundo calla.
    La ciudad que me habita se despliega a cada paso que doy.
    Las nubes siegan un cielo empapelado con postales de otros tiempos.
    Identifico un nuevo punto de luz en la bóveda.
    Un destello que tuvo lugar hace miles,
    quizás millones de años, y que hoy me llega haciendo presente el pasado.
    No existo para quien nos esté observando desde la oscuridad del espacio.
    En este momento soy futuro no presente.

     

    Madre que acicala cabellos alborotados

    Es un peine que doma un cabello rebelde
    No hay destino en ello,
    sólo biología y leyes.
    Como lo hicieron antes,
    las cosas ocurren,
    sin oráculo
    sin profecia
    sin cabala
    ocurrirán mañana,
    como lo han hecho hasta ahora;
    con el mismo principio
    con el mismo final.
    Siempre la misma vieja memoria
    extendiéndose en el tiempo.

    Toda revolución acaba convertida en peine.
    Todos los muertos tienen el mismo final.
    Comida para el tiempo,
    para el podenco tuerto.
    Tierra sobre tierra que traga tierra.
    Corren en la misma dirección,
    para llegar a ninguna parte.

    La transgresión agotada
    da dentalladas al aire,
    traga polvo en su sueño
    que es sabor a muerte por la mañana.
    Se enjuaga en el lago,
    donde salta la trucha,
    donde aguarda siempre una muchacha
    de ojos níveos cortados a tijerazos,
    mirada de incontables dimensiones
    que siguen viéndote,
    evocándote,
    mientras los crímenes se repiten
    en un Universo plano,
    no excavable.

    La memoria socava la vida,
    la sumerge en un estado somnoliento
    de lento inconsciente.
    Su mirada bordada,
    refleja mundos distantes,
    bajo otro sol
    de otra galaxia
    de silencios que acechan,
    de los que nos echan sobre los hombros
    los muertos,
    desde una eternidad caduca
    que se pliega sobre sí misma,
    donde todo queda solo
    entre cabellos alborotados,
    enmarañados, que ondean al viento
    en una tormenta de harina
    por la que pasean furtivamente
    un muerto tras otro,
    hasta esa madre de madres
    que acicala dulcemente sobre sus rodillas
    la vida que quiere ser vivida.

     

    Paseo entre la ventisca

    El cielo se volcaba delicadamente sobre el suelo en un movimiento lento y fluido.
    El mundo había quedado reducido a un torbellino de cenizas blancas que borraba el horizonte.
    Todo parecía estar suspendido en la nada.
    Tú estabas a mi lado pero el espacio entre nosotros parecía cada vez mayor.
    Más espeso y etéreo al mismo tiempo.
    Simplemente se difuminaba lo que había entre nosotros.
    Eramos pura ventisca arrastrándonos el uno al otro.
    Subiendo y bajando,
    arrojándonos,
    de un lado para otro,
    de aquí para allá,
    contra un paisaje que desaparecía en cada uno de nuestros arrebatos.

    Cuando la tormenta arrió estaba sólo.
    Caminé por un campo de nieve sembrado con cabezas de caballo.
    Sus lenguas congeladas colgaban pintorescas de unas bocas grandes y grotescas.
    Era un espacio virgen y estéril.
    Muerto.
    Allí donde la razón y la palabra son imposibles.
    Ese punto en el cual se desata la tragedia.
    Al cerrar los ojos no reconocía a quien veía.
    ¿Eras tú?
    Temo que fuese otra persona.
    Me aterra pensar que he olvidado tus facciones.

    El desenlace de la tragedia carece de toda importancia.
    No se sobrevive a ella,
    lo que resulta es algo completamente nuevo,
    distinto a lo que había precedido.

    Pienso a menudo,
    caminando todavía entre esas cabezas congeladas,
    en el camino,
    el sendero que nos llevó a despojarnos del lenguaje y la conciencia.
    Sin ellos estamos ahora incapacitados para todo.
    Entramos,
    jugando como quien no quiere la cosa,
    en el espacio de la incertidumbre.
    Nos dejamos llevar,
    y ahora, aquí, en este páramo helado y vacío,
    intento volver la vista buscando un paisaje familiar.
    Sólo veo cabezas equinas de rostros esperpénticos y lenguas frías.
    La palabra es imposible para ellas.
    Aquí estamos todos mudos.
    Un pajarito de las estepas,
    posado sobre mi labio,
    se ha llenado el buche con todo mi lenguaje.