Etiqueta: poeta del mes

  • José Manuel Pérez: “Me esfuerzo en resucitar el poema y no hay poema. Simbolizarlo en el folio blanco y no hay pureza…”

    José Manuel Pérez: “Me esfuerzo en resucitar el poema y no hay poema. Simbolizarlo en el folio blanco y no hay pureza…”

    En el mes de agosto llegó a nuestra Comunidad un poeta salmantino de verso firme y palabra profunda; a veces sobria y clara, a veces densa, oscura, compacta…sobre todo en sus últimas obras.

    Se trata de nuestro compañero José Manuel Pérez González, licenciado en Geografía e Historia y dedicado a la docencia, según nos cuenta. Un autor prolífico y madurado que, en poco más de medio año, nos dejó en su perfil de Poémame más de doscientos poemas y formando ya parte activa de la Comunidad, participando en nuestros retos e interaccionando con los demás. 

    Leerlo…es viajar a su mundo poético, llevarnos a los páramos castellanos secos y recios donde nació, parajes que han dejado rastro en su quehacer poético. 

    Se declara admirador de Machado, cuya influencia se aprecia en su poesía. Y en este poema asoma también y respira, la prosa magnífica de Ortega y Gasset y su “España Invertebrada”… 

    “No es cierto que Castilla sea un océano,
    a menos, que veamos maremotos en sus cerros
    y andemos sobre arcilla en el Mar de los Sargazos,
    más bien, es cuero,
    cilicio en la espalda de la Armuña,
    gatuña dolorosa entre lentejas y algarrobas.

    “Es ancha y plana como el pecho de un varón”
    y hace a España invertebrada,
    tierra y cielo,
    cobijo en apariencia,
    adobe y piedra heredados con la mugre
    y el hambre que la cal confunde y hermosea.”

    Casi se siente la inmensidad y la desolación en estas hermosas y hondas descripciones, llenas de un lirismo recio y áspero de campos y pueblos casi abandonados de Castilla, que nos llega tan adentro…

    “Llanos inmensos, calcinados,
    desgarrados de calima y llanto;
    acezan los lagartos, tallados
    en silencio, luz y amianto.
    Sedientos campos arados
    y, entre encinas, toros bravos;
    huele a estiércol de ganado:
    campo charro, llano como la mano.”

                                              (De “Garabatos”)

    Y nos introduce, así mismo, en el ambiente decadente y polvoriento de la monotonía del vivir y del paso del tiempo, que hace estragos y se desprende a veces de sus versos, de los recuerdos y de sus íntimas reflexiones…fruto de la experiencia, las lecturas y el bagaje cultural que ha acumulado a lo largo de los años.

     Y en ellos, busca respuestas a sus dudas existenciales…

    “El tiempo pasa, demuele, turba, cansa,
    deja cicatrices y vacíos en la casa,
    dédalo de sueños pavorosos.
    Aterido en la sábana,
    no puedo concentrarme en Sófocles.
    El ojo azul, como un breve e inesperado meteoro
    empuja a escarbar en los recuerdos
    con la añoranza adolescente de rellenar lagunas,
    el ojo azul inquietándome de nuevo.”

                                         (De “Poemas Interiores”)

    En el poema que sigue, nos lleva al último tramo de su trayectoria poética y de vida. Una mirada a sí mismo cargada de autenticidad y con una buena dosis de fina y sutil ironía… 

    “Aproximación poética a la vida 3. Madurez”

    “Retomo aquí tu biografía.
    Durante tres años fue invierno para el árbol.
    Lo medito. Me explico:
    un millar de días amputaron ilusiones,
    sin descanso, miopizando.
    Así decías. Dioptrías.
    Constatabas que tu esperma, inútil tantas veces,
    se dispuso a aportar sus cromosomas,
    perdiste espermatozoides, bastoncillos y neuronas.
    Trompo sin apéndices,
    conectado al engranaje, sin salida.
    Por ósmosis, la ameba
    fue inoculada contra el siglo. Semiótica.
    La vida, percibida en premoniciones esporádicas,
    Samuel Beckett dedicado a la enseñanza,
    te atiborró de incongruencias
    para mitigar absurdos.
    La sociedad se cobró por servicios remisos.
    Durante un millar de días fuiste transformándote
    en un convencional padre de familia.”

                                    (De “Ordalías del nuevo ciudadano”)

    La mayoría de sus poemas los escribe en verso libre, pero también cultiva el clásico. Ya tiene publicados varios poemarios.

    No ha sido fácil para mí hacer esta pequeña muestra de sus poemas, por la calidad que se desprende de sus escritos y la variedad de los temas que toca. Os invito a pasar por su perfil de Póemame para conocerlo un poco más y disfrutar de su obra. Ha sido todo un placer para mí, escribir esta reseña, su obra lo merece.

    Y para terminar y a modo de despedida, este otro fragmento de uno de sus últimos poemas publicados, en el entorno inhóspito de la gran ciudad …

    “Los perros del otoño me azuzan con ladridos
    de incertidumbre y desesperación;
    hostiles agigantan el cansancio,
    mi aprensión,
    a medida que medito los presagios
    por la ruidosa avenida de la Castellana:

    Es septiembre, llegó la hora de emigrar
    al sur, como los pájaros.
    Asisto a asambleas, trato de evitarlo,
    sorteo autobuses que me esquivan de milagro,
    pero el destino acecha y nunca yerra.”

                                      (De “Poemas interiores”)

  • Mabel, poesía que respira

    Mabel, poesía que respira

    Mabel apareció en Poémame en septiembre de 2022, pero no fue hasta este diciembre que comenzó a regalarnos su poesía.

    Hay tantas formas de poesía como poetas. Creo que no hay dos iguales, cado uno siente y escribe como solo él o ella saben. Somos únicos y tenemos un sello propio y distinguible.

    A menudo hablamos de quien nos influenció o quien nos influye, pero no escribimos igual que nadie. Solo son eso, influencias.

    Mabel es ella en sus versos, es única como solo ella puede escribir. Tiene un trazo en verso que pinta la vida clara, transparente y preciosa. Algunas veces amarga. Se puede decir que su poesía respira.

    El verso que incluyo en la foto de portada de este breve artículo, es el primer verso que leí de un poema suyo.

    «En aquella esquina

    donde duerme la línea recta

    se curva mi corazón esperándote»

    Y ya desde ahí me atrapó. Su poesía es así, una vez que empiezas a leer te agarra y ya no te suelta.

    Adorna el verso con palabras sencillas y profundos matices. No apaga el sentido del lector con retórica hueca.

    Dice en su poema “Metamorfosis”

    Tienes que saber

    cambiar el color del hilo

    que cose tu vida a otra.

    Un día te amaron

    y otro dejaron de bordar corazones

    para bordar amapolas.

    Ya no te aman y lo sabes.

    Duele por profundo y cierto, y esa profundidad y certeza, es la que te dice que necesitas saber más de ese “bordado en constante cambio de color”.

    En el siguiente poema, describe unos gustos personales con los que me identifico:

    Te invito a un café

    Te invito a mi vida

    a darte la mano y un café muy cargado

    escuchando música de jazz.

    A charlar de libros que ya están descatalogados

    a echar unas risas mirando unas fotos antiguas

    con ridículos peinados.

    Te invito a quererte

    a que dejes que te quiera, un rato nada más

    sin tocarte, sin compromiso.

    A ser como tú seas

    a fumar o beber, aunque yo ni fumo ni bebo.

    No te leeré un poema

    ni intentaré estúpidamente enamorarte

    ni tu ibas a querer ni yo podría.

    Te invito a un café

    sentadas en un sofá o en el suelo

    de mi corazón, eso si

    sin decirte ni un TE QUIERO

    no vayas a pensar que al invitarte a un café

    es algo más lo que pretendo.

    Te invito a un café

    luego, si tenemos tiempo y estamos a gusto

    El Jazz, los libros, el café…la vida y un TE QUIERO que se quedó pendido en la comisura de los labios. Así es como yo lo veo y lo entiendo.

    Pero para conocer mejor su poesía, te invito a visitar su rincón en Poémame .

  • Los versos de Rraffa: Poesía en sueños, sueños en poemas

    Los versos de Rraffa: Poesía en sueños, sueños en poemas

    Cuando entro en la poesía de Rraffa, tengo la sensación de atravesar un bosque de niebla con luces que aparecen y desaparecen. Estar roedada de una soledad fría y húmeda, pero a su vez, sentir el tacto suave de una mano cálida.

    Rraffa nos lleva hacia su territorio de lluvias, océanos y sueños con poemas terriblemente intensos, creando ambientes que traspasan el papel, rodean nuestro espacio sin darnos cuenta degradando las luces, activando la noche, y abrazando con todo el sentimiento que un poema puede guardar.

    Ya sea en verso libre, ya sea adoptando alguna forma de poesía clásica, incluso métrica japonesa, todos sus poemas cuentan con una cadencia en los versos que parece involuntaria, pero que los dota de una musicalidad y un ritmo que los hace realmente agradables al oído.

    Vientos de olvido

    Una puerta cerrada entre los dos,
    retumba el golpe.
    La escalera se hace eco de tus pasos
    que resuenan con sabor a olvido
    en mis pulmones. Duele la memoria,
    tiemblan los cimientos de la casa.

    Abro la ventana ¿dónde el aire?
    ¿Dónde están las luces de la plaza?
    ¿Dónde las voces de la gente?
    ¿Dónde el mar?
    Sobre todo ¿dónde el mar?

    Burocracia del poema, letra estéril,
    palabras que vuelven al silencio,
    cenizas esparcidas por el suelo
    -se apagó el fuego-

    Al cerrar la puerta del olvido
    se lo llevó todo
    el viento de tus pasos.

    Muerte más allá del amor

    “… polvo serán, mas polvo enamorado”
    Quevedo

    Sí, bien rara es la vida que vivimos,
    no pagamos por sueños ni esperanzas,
    tardamos en armarla y en amarla,
    nada más aprender nos despedimos.

    Ya sé que somos longitud y tiempo,
    dependemos de fuerzas y de masas,
    sabemos que las horas siempre pasan
    y así evitamos todo contratiempo.

    No nos sirven lisonjas ni medallas
    pues seremos materia sin presencia
    en cuanto llegue a buscarnos la parca;

    al menos podremos decir bien alto:
    que la vida vivir hemos vivido
    si un día somos polvo enamorado.

    Algo recurrente en su poesía son los elementos que suelen asociarse al romanticismo, el mar, la lluvia, los sueños, la oscuridad, la nostalgia… pero, a su vez, siempre suelen aparecer con algo contrario que les arroja la luz necesaria; podríamos decir que a pesar de la melancolía que a menudo los suele rodear, siempre hay un pequeño asomo de esperanza, algo que nos dice que todo pasa.

    Así mimo, hay cierta comunión en algunos de sus poemas, entre el paisaje exterior y el estado interior. En este sentido, me parece precioso y muy significativo el poema Nubes, en el que, al leerlo, el lector puede acabar confundiendo el ambiente de fuera con el sentimiento de dentro; llega un momento que se produce tal fusión, que las nubes de fuera pasan a poblarnos por dentro:

    Esos días en que una nube
    anida en tu corazón
    se hace allí un hueco
    y acaba asomando por los ojos.
    No sabes que viento la ha traído;
    alguna melancolía del pasado
    que se escondió entre los pliegues
    de tu vida, espiral de recuerdos
    mal cosidos. Como esa piedra
    que espera en el zapato a qué comiences
    el camino y no te explicas
    como pudo entrar en él.
    Quizás es nube agazapada
    de una tormenta, que escondida,
    asoma al horizonte y la presientes,
    un aire frío recorre tu mirada.
    Esos días en que todo queda lejos.
    Esos días no te mueves,
    en silencio te acurrucas
    en tu mundo adoquinado
    de tristeza,
    a ver si escampa,
    si la nube no derrama
    mucha agua,
    si deja de oprimirte el corazón,
    si el vacío que sientes
    se vacía

    Antes de terminar, me gustaría destacar la capacidad de crear que guarda su poesía: una imagen, una atmósfera, que nos permite casi ver lo que cuenta el poema, a la vez que juega con los sonidos, dejando en sus versos sutiles aliteraciones, para hacernos casi tangibles las emociones que se describen. Pongo como ejemplo los dos primeros versos del poema Soledades: Por las calles vacías, sol, soledad; en los soportales: sombra, oscuridad. El sonido de la s aparece de manera reiterada, marcando cómo el tiempo se arrastra por el suelo en soledad.

    Por calles vacías: sol, soledad;
    en los soportales: sombra, oscuridad.
    Aire irrespirable de mitad de agosto,
    corazón sin agua, paisaje desierto.
    Esquinas, aceras, algún paseante
    llevando tristezas a ninguna parte.
    Pasan autobuses vacíos de aire,
    sin chofer, sin gente, destino al pasado.
    Árboles cansados ya no dan su sombra,
    nadie se cobija, no se ven sus hojas.
    El sol en lo alto al caos no lo ordena,
    cansar su mirada pides a la noche.
    El futuro allá lejos no sabes qué espera:
    está el mar oculto tras un baluarte.
    Buscando otros ojos no encuentras a nadie,
    contienes el caos con cadenas de sueños
    y vives de noche por no ver el cielo.
    Podrías volar, superar las cadenas…
    pero Ícaro es frágil, sus alas de cera

    Si bien su poesía tiene un sello muy personal, creo que marcado en parte por el vocabulario que usa, por la atmosfera que las palabras crean, cabe decir que en toda su poesía podemos encontrar diversidad temática; desde pequeñas lecciones encapsuladas en pequeños poemas:

    Ambición

    Una palabra, henchida de sí misma,
    fue sumando letras orgullosa,
    quiso decirlo todo,
    llegó muy alto…
    y al final calló,
    sin ruido,
    en el silencio.

    poemas inspirados por la propia poesía, en este caso, por un verso de Rilke: «Son como el viento que roza la rama y dice: mi árbol.»

    «Hechuras extrañas» (Rilke)

    ¿Quién dice mío?
    Los que tropiezan con las manos extendidas,
    avaros de sí mismos a pedestal subidos;
    de hechuras extrañas y patrias pequeñas.
    ¿Acaso hay algo nuestro?
    El viento no dice mía
    a la rama que mueve.

    Instantes descritos en los que, una vez más, encontramos cierta conexión entre el ánimo del autor y lo que este contempla:

    Desde mi ventana

    La lluvia esparce su sonido,
    gotas que repican en el agua,
    sonoro silencio repetido.
    Sin sonido se mueven
    las copas de los pinos;
    entre sus ramas, el mar
    y una gaviota bailan
    al son de una canción
    que dibuja en el aire
    melodías transparentes.
    El mar le cuenta historias
    de otras costas, con ríos
    y arenas en la orilla.
    La gaviota sueña,
    imagina nuevos vientos,
    caminos, libertad, otros paisajes.
    Un día partirá,
    verá mares turquesas,
    un aire cálido en sus alas
    sustentará su vuelo;
    otros cielos recogerán
    sus huellas, sus sonidos.
    No volverá…
    Y yo me quedaré
    mirando el mar,
    escuchando el repicar
    silencioso de la lluvia.

    En sus versos, siempre encontraréis complicidad emocional; sin daros cuenta, posando la lectura tras los versos, estaréis asimilando sutiles consejos para lidiar con algunos sentimientos, e incluso con la vida misma, o sintiendo una mano empática y amiga que, de alguna manera, reconforta el alma y hace que nos sintamos un poquito menos solos.

    De todas formas, la mejor manera de sentir la poesía de Rraffa es adentrándonos en ella. A tal objeto, dejamos aquí una pequeña selección de cinco poemas no sin antes, como siempre, recomendaros que deis un paseo por su perfil en la web de Poémame Poesía, Rraffa; pues allí encontraréis herida y cura, soledad y abrazo, caricia, sol y lluvia. Que lo disfrutéis.

    Nostalgia

    Un lagarto,
    desde lo alto de una piedra
    te mira con tristeza,
    reflejo de tus ojos en los suyos;
    la piedra, quemada por el sol,
    certifica la nostalgia.

    Melancolía

    La larga y sutil mano de la niebla
    surge del mar y aprieta mi garganta.
    Olas grises se agitan por la sangre
    y una nube anida en mis pestañas.
    Ya el horizonte es lo que fue,
    un punto en una esfera que se aleja.

    Dureza de las rocas en la orilla
    que hablan de naufragios muy antiguos,
    restos de otras vidas,
    de un tiempo adormecido.

    Del fondo de las aguas
    retornan recuerdos del pasado,
    sueños rotos cubiertos por las algas,
    almas atadas a tablones.
    Melancolía derramada por la playa
    … todo llora con el mar.

    Poesía en Otoño

    Me gusta el comienzo del otoño,
    no es tiempo para poetas malditos
    de calles apagadas y bares de absenta.
    Atrás quedaron ardientes arenas del verano,
    horizontes con sol que no se esconde.
    Lejos se ven inviernos infinitos
    con un frío de nieblas y de mármol.

    El espejo te pregunta ¿tú quién eres?
    olvidando las huellas de tu vida.
    Ya no eres ayer, aún no eres nada;
    ya no tienes frente a ti toda una vida,
    se acabó la incertidumbre del futuro,
    que ahora sabes ( ¿aceptas? ) lo que espera.

    Los relojes caminan con paso tranquilo
    por poemas que te hablan de sueños,
    por sueños que conviertes en poemas.

    Haiku

    El sol, tan grande,
    se pliega en una línea,
    llega la noche.

    Tanka

    Quisiste volar,
    ¡tristes tus alas rotas!
    queda el llanto.
    Recoges las lágrimas,
    haces nubes con ellas.

  • Jorge Inojosa: la crudeza en los versos de un no poeta

    Jorge Inojosa: la crudeza en los versos de un no poeta

    Él mismo lo dice: Poetas, escritores… No soy uno de ellos,/ los respeto mucho como para decir eso. Sin embargo, hemos podido encontrar en los poemas de Jorge Inojosa (@JTricker) un mundo de reflexiones que, a veces, dan la impresión de dejar sobre nosotros un toque agrio, creciente, conforme avanzan los versos (Aferrado y sin acción,/meditando mi contexto, mi situación,/no veo la mano indolente acercándose a mí,/aplastándome y haciéndome incapaz de sufrir./Un charco de sangre que ni siquiera era mía, sino de muchos otros,/es lo que queda de mí, lo que permanece para otros ojos.); y otras veces, nos sacuden la conciencia como para hacernos despertar. Esto último lo vemos en su poema La red:

    Estamos todos dentro de esta bien llamada red,
    como un cardumen de peces sin rostro. 
    Como delata su humanidad esta red, 
    al ser tan versátil, tan sabia, tan útil, y tan perversa. 
    Que pintura tan diversa de la humana naturaleza. 
    Ayer alguien opinó igual que yo, 
    jamás lo conoceré. 
    Hoy jugué con alguien, 
    jamás lo conoceré.
    Mañana veré una mujer hermosa, 
    jamás la conoceré.

    El poeta se muestra crítico consigo mismo, pero también con el resto y nos invita a adoptar esa actitud, a no creernos todo lo que tradición nos pone sobre los ojos. Así los versos: “más vale pájaro en mano, que cien volando”. /Frase derrotista, cobarde, asquerosa y conformista; /no vayas por nada más, aun si las oportunidades vuelan ante ti por cientos, /no vaya a ser que pierdas lo poco que tienes como sustento. Podría parecer que guarda pocas esperanzas, que impregna de negatividad su poesía. Nada más lejos para alguien que ve una nueva oportunidad hasta en un día gris: A muchos les parece triste o deprimente, /mi estado favorito del ambiente. /No hay calor que me moleste. /No hay brillo que me encandile.

    O también, su poema La muerte, una declaración de intenciones y, por qué no, un desafío a la vida. Con él os dejo, a la espera de nuevos versos que nos arrastren a lo más profundo de nuestras inquietudes, de nuestros deseos y nuestros miedos. 

    “Al fin va a descansar”.
    “Tal vez fue lo mejor”. 
    “Lo mejor es aceptarlo”. 
    “No hay que temer, es natural”. 
    “La muerte no es el final”. 
    Todas frases de consolación, 
    mentiras que nos decimos para lidiar con la muerte, 
    mentiras que incluso yo mismo he dicho y creído alguna vez. 
    La verdad es que pocas cosas generan tanto ruido en mi ser, como ella. 
    Un ruido escandaloso, triste, amargo e iracundo. 
    Estaría mintiendo si digo que no le temo a la muerte, 
    pero sin pretender ser fuerte, no es mi mayor emoción. 
    Son la angustia y la ira las que más invaden mi corazón, 
    pues palidece el temor ante la preocupación y la frustración. 
    Preocupación de no lograr la miseria que como humano puedo permitirme ambicionar. 
    Frustración de que sea una miseria lo que mi condición de humano me permite ambicionar. 
    ¿Qué son cien años o menos? En este mundo de límites tan extremos y de tortuoso avanzar. 
    La muerte hace que mis oportunidades sean más preciosas, para las más importantes cosas podré dos o tres veces fallar. 
    La muerte me separa de mis seres queridos, y personas que admiro, todo me quiere arrebatar. 
    Por esto y muchas cosas más, te odio, maldita muerte, y lo haré hasta mi amargo final.

  • Los colores y los aromas en la lírica de Yaneth Hernández

    Los colores y los aromas en la lírica de Yaneth Hernández

    Todos tenemos más o menos claro lo que nos gusta de la poesía, a veces un poema es profundo, otras veces matizado, penetrante, colorido y lleno de metáforas y de una lírica que nos hace volar en cada letra que leemos de un verso.

    Yaneth nos lleva con sus poemas a lugares lejanos, a sabores exóticos, a sentimientos profundos de una manera tan rica y llena de matices y colores que cuesta trabajo escoger un poema o extracto de un poema para sobresaltarse de los demás.

    Latinoamérica y Sudamérica ha sido a través de los años un nicho de poetas de habla hispana, grandes contadores de historias, grandes forjadores del idioma; los matices y el sentimiento en el americano es algo sin comparación. Yaneth es un ejemplo de ello.

    La poesía es y seguirá siendo un extraordinario vehículo para expresar lo que sentimos, con matices y maravillosas maneras de describir sentimientos y sazones.

    Muchas gracias Yaneth por hacerme amar la retórica, la metáfora y la lírica.

    Deleitémonos con algunos extractos de sus mejores poemas y disfrutemos de la lectura.


    MALABARES

    Hay tantas rocas en el fondo de mis manos

    que mis tendones se doblan,

    no pretendo librarme de ellas

    sería sucumbir en vano.

    Acaso tendré que desangrarme para que entiendas

    cada lágrima vertida por los días

    que pienso en los poros de tu piel

    en tus latidos ajenos

    y en las frases inconclusas de tu mirada,

    no te prometo continuar haciendo

    malabares mientras decides matarme o dejarme con vida.

    Quizá alguna madrugada lance las rocas

    al mar para ahogar

    los kilómetros de ternura

    que se resisten a desaparecer

    o tal vez huya para no compartir

    las mismas agonías que una vez nos unieron.

    INQUIETUDES

    La melancolía es una leyenda

    para los estoicos,

    para mis días es una canción que pareciera emerger

    del último teclado de Chopin

    al compás de un par de recuerdos inútiles

    que abren zanjas a mi costado,

    pero la necedad del inconsciente

    tiene más temple que la razón

    al insistir arrancarte a dentelladas

    de mis pensamientos.

    Con cada amanecer se afianza

    la necesidad de escuchar tus estrépitos

    el contoneo de tus dudas

    y esa caricia malhumorada de tus manos.

    AL MEJOR ESTILO DE BUKOWSKI

    Si nada de lo que se cuenta y se siente

    de ambos lados de la orilla no tiene ningún

    tinte real y honesto, qué sentido tendría

    seguir en la cuerda floja para saber

    lo que de antemano conocemos.

    Nos seguiremos encontrando bajo diferentes

    armaduras, con historias distintas

    con la maldición de escondernos detrás de una inusitada,

    oscuridad para intentar que la una capture a la otra,

    un juego de mucha seducción psicológica que nos mantendrá

    al filo de lo intangible y con final nada predecible.

    Y el amor aquí no tiene cabida,

    sería morir en masoquista lentitud.

    ¿QUÉ OPRIME AL MUNDO?

    ¿Qué oprime al mundo?

    ¿La egocéntrica sed de poder?

    ¿El individualismo?

    ¿La carencia de una conciencia más coherente?

    ¿El desuso de los valores?

    ¿La pleitesía que se le rinde a la vileza?

    El infinito cobija una bandera

    clama por alianzas que desarticulen

    a los enemigos y por otro lado

    las grandes potencias

    en silencio, escalofriante,

    ignoran los cuervos que extirpan ojos.

    Los grandes portadores de la salvación

    desgarran sus vestiduras piden

    unión a los pueblos, cadenas de plegarias

    a un cielo que hace mutis y ¿qué aportan

    ellos cuando tienen en sus manos

    la guerra o la conciliación?

    NO SABÍA

    No sabía

    que tus ojos lloraban

    luciérnagas.

    No sabía

    que el lenguaje

    de tus manos, era triste. 

    No sabía

    que tu sonrisa

    vivía en duelo.

    No sabía

    que tu soledad

    era una bastilla

    en muerte flemática.

    Aspirabas salvación

    y un planeta de sueños desnudos.

    No sabía

    que a tu mundo le faltaran mariposas

    un campo de dulces aromas

    y una mañana sin lluvia.

    No sabía

    cuando, acaricie tu pelo

    la demencia que destilabas.

    No sabía

    qué hablabas con las sombras

    del amor que me profesas.

    DÍAS DE LLUVIA SOLITARIA

    Siempre que pronuncio tu nombre

    las luces se espantan

    y una suerte de enjambre,

    enreda mi garganta, supongo que haber sido,

    abandonada no podría producir

    otro efecto en mis cuerdas vocales.

    Me siento a contemplar los graznidos

    del silencio y una cofradía de mariposas azules

    alientan mis labios a sonreír

    la realidad es que mi ánimo

    está distorsionado y concebir

    un ápice de alegría es imposible.

    A veces quisiera, entender esos amores

    que andan en derrumbe sin embargo

    cada noche sus pieles se bautizan

    de saliva y lenguas sumariales

    maúllan como gatos poseidos

    mientras yo me conformo con Mendelssohn.

    CREO ESCUCHAR LA OCTAVA SINFONÍA DE TU DISTANTE BESO

    En una noche escrita por Benedetti mis lágrimas corrían.

    Caminé bajo la luna preñada de luz y me desnudé de melancolía.

    Te encontré en un templo llamado estrella parecías lúcida

    como un cristal que gira en el fondo de un joyero dormías.

    Abrace el silencio que en tus ojos agonizaba

    tenías la piel de nácar y una mirada que espantaba el alba

    sentí la lluvia de tu aliento, la tesitura de tus cabellos,

    comprendí que era un espejismo una lastimosa agonía.

    Me vacié el alma de aquello que me ahogaba

    y al escuchar el latido del viento en las gárgolas

    y la señal mustia de una sombra en la enredadera

    dejé volar el último sonido de mi respiro.

    Es de noche de nuevo y Benedetti la conjuga con un verso lejos.

    Tú ya no apareces, sólo un par de luciérnagas sin dueño.

    Aún creo escuchar la octava sinfonía de tu distante beso.

    EL SILENCIO DEJA SUS SANDALIAS

    De repente la noche se hace hiedra

    en los bordes de tu respiro

    y la canela de tus labios,

    aromatiza mi aliento,

    en volutas de miel.

    El lucero busca el tálamo

    en la luna nupcial,

    espera ver las corolas de tus ojos

    como lámparas que acompañan los desiertos.

    Y tu pecho, exhala una rosa púrpura

    mezclada con el fuego

    que germina en tus arterias.

    POR TI SERÉ…

    Cascadas de astros sobre

    un lago de perla marroquí;

    el zazen de una mañana sánscrita;

    el molino quieto en el numen de los cielos;

    la sabiduría de una lágrima mártir.

    Por ti seré…

    el pincel del Greco deslizándose

    en el mítico tiempo de la oscuridad;

    templos a orillas del mundo;

    el sudario de los caídos.

    Por ti seré…

    ánforas en el Universo;

    el destino de la luz;

    la paz que reposa en las comisuras

    eternas de Gibrán.

    Por ti seré…

    una franquicia del Paraíso;

    sonetos calcados en cometas de espejos;

    la tibieza de unas alas de arcángel

    y un remanso perpetuo de alabanzas.

  • La poesía surrealista de Moh

    La poesía surrealista de Moh

    El surrealismo, contrariamente a lo que se suele entender, no es el reflejo artístico de lo irreal sino, antes bien, de lo que está por encima de la realidad. El término lo acuño el escritor francés Guillaume Apollinaire en 1917 y el movimiento, que alcanzó su apogeo en los años 20 y 30 del pasado siglo y se extendió a otras artes, como la pintura o la escultura, se inspiraba en técnicas como el psicoanálisis, la transcripción de los sueños o la escritura automática para trascender esta realidad.

    Que Moh tenga @nombredeusuarionotengo como nombre de usuario es quizá una declaración de intenciones. Su poesía es una rareza literaria que oscila sobre esa línea que separa la realidad de la súper-realidad de los surrealistas.

    Estamos leyendo tranquilamente uno de sus poemas y, de repente, un verso rasga el espacio-tiempo y nos traslada a otra dimensión. Como el Upside Down de Stranger Things. Inquietante, sí, porque descubrimos una nueva realidad que desconocíamos y que, sin embargo, subyace en nuestra cotidianidad. Como dice Moh en uno de sus poemas, «lo real, lo palpable por todos, está sobrevalorado».

    Son versos aparentemente sencillos, directos, pero que revelan su complejidad cuando los releemos desde distintos ángulos: cordura y locura, depresión, angustia y temor pero también ilusión y toma de consciencia, toda una gama de claroscuros que no os dejarán indiferentes.

    No tendrá nombre de usuario pero su poesía sí, y es de la buena.


    MOH

    Eme, o, hache
    Moh.
    Me oxido
    me oxido hoy
    ayer me oxidé también
    pero quién sabe mañana,
    espero no oxidarme mañana.

    Necesito pulidora y sequía
    pulidora y refugio
    pulidora y quietud.

    17-10

    Este ansia
    este nerviosismo 
    que me provocan (que me provoco)
    al controlar cualquier interacción con el resto de seres humanos
    temor a que me vean de verdad
    porque en mi subfondo encuentro cosas que no supe defender cuando mostraba
    y ahora me da miedo 
    y no las enseño normalmente
    y me limito.
    ¡A la mierda! A la mierda los auto-ocultismos 
    soy yo quien me conozco y me valido.

    VIEHO

    El viejo está vieho
    está cansado
    está gastado
    está deshinchado y medio roto
    el viejo está en mí
    y en todos lados en verdad
    el viejo es desidia, apatía
    el viejo no aprecia ni se interesa
    el viejo está vieho porque ya no busca, ya no ve, ya no aprende ni se pregunta
    al viejo hay que matarlo o bañarlo en aceites para eliminar las arrugas, sacarlo a pasear, ponerle música y leerle mucho, 
    pero no cosas mundanas, al viejo hay que sacarlo de esta realidad 
    el viejo necesita sentir chisporroteos de algo en el cuerpo, pero al viejo lo mundano ya no le sirve,
    lo que viva el viejo debe ser invención,
    porque ver lo real, lo palpable por todos, está sobrevalorado y no le sirve al viejo, no seáis pesados que ya os lo he dicho.
    El viejo tiene que volverse loco o morir (matarlo).

    MₒᵥₑDᵢZₐₛ

    Esa soga que os ata
    cordura es mentira

    El cuerdo vaga vagabundo 
    y no vuela

    Nada es

    Todo es ambiguo

    02


    Miedo asusta
    miedo duerme
    miedo se cansa y me mima
    padre de mis lágrimas
    padre de mi consciencia,
    me pegas
    y me arrastras
    por los recuerdos de mis muertes,
    se hace presencia permanente,
    padre, tu ausencia puede matarme
    de tí soy cuerpo vivo
    de tí no son hombres muertos
    y manos mías con sangre,
    pero de ti soy consciencia enferma
    ¿Cuál es tu origen, infeccioso?
    Y cuál tu final.
    No se si te amo
    o me resigno a aceptarte.
    Miedo, padre.

    REAL INTERNA

    Y si no consigues destaparte conmigo,
    si no te quitas la interpretación,
    si no consigo quitar la mía para que tú te la despellejes,
    podemos aceptar el acto y vivirlo todo por dentro,
    debajo de las máscaras y túnicas.
    Prefiero eso a la livianez de la no-acción en esto.

    • •°°°

    Claro-oscuro
    son dos
    o son uno de distinta forma

    se reducen, se intensifican
    son plásticos
    nada es

    nada es estático
    nada es, 
    todo es un no ser nada,
    sopa de cúmulos reducidos
    que al mezclarse ya son otra

    nada es nada 
    porque moldearse es su naturaleza
    nada es malo porque todo es deslizante
    más amplio de lo que tu cuerpo entero procesa
    más rápido en transformarse que tu capacidad para clasificarlo.

  • Nostalgia, emoción y vida desde una esquina soleada en los versos de Karlos V

    Nostalgia, emoción y vida desde una esquina soleada en los versos de Karlos V

    Llegó de puntillas, despacito, sin hacer mucho ruido. Como cuando vas caminando por una calle y de repente encuentras una esquina donde da el sol Otoñal, y te quedas ahí, con los ojos cerrados y aun así, mirando esa cegadora luz que te calienta la piel; y esa esquina es casi poética. Ahí se encuentra nuestro compañero Carlos Bernabeu, con una mesita y una pluma, dispuesto a regalarnos sus versos. Y es que a Karlos V le gusta escribir desde su esquina soleada, pues sus ideas nunca se detienen, ni siquiera en esos momentos de paz:

    Aparece un rayo de sol en la ventana sur,
    la tarde se colma de gracia, las manos y los pies se calientan,
    las ideas siguen su curso y duermen

    Hablar de su poesía es hablar de emoción, de nostalgia, de vida. Y todo con una profundidad casi imperceptible, pero sus versos tienen la capacidad de adentrarse mucho más adentro, no quedarse únicamente en la belleza, en la cadencia o el ritmo, sino que intenta adentrarse hasta llegar a aquellas zonas más oscuras, que no siempre nos gusta visitar de nosotros mismos, y dejarnos con el alma en suspense.

    También cabría destacar cierta melancolía sutil que a veces impregna sus versos. Da valor al pasado, a los recuerdos, es como si el pasado estuviera detrás de nuestra espalda, dispuesto a sacar la cabeza cuando más lo hayamos olvidado. Da importancia a los recuerdos (el presente es una fábrica de recuerdos, afirma) y a veces hay cierta tristura empañando sus versos, el pasado a veces sobrevuela su poesía muy suavemente, a veces con nostalgia, a veces con dolor, pero siempre de una manera sutil, como si no quisiera darle la importancia que realmente le da.

    Esta idea se puede ver por ejemplo en su poema Orígenes,

    Orígenes

    Tu lugar es la suma
    de muchos lugares superpuestos,
    como las calles de tu pueblo
    cuarenta años después,

    tu lugar quedó para siempre enmascarado
    por un arroyo de tiempo, ignorancia y sordera,

    ahora ya es tarde
    para sentir aquel calor olvidado
    que te acecha obstinadamente,

    imagina lo que tendrás que escarbar para llegar a reconocer algún vago
    recuerdo, para orientarte entre la nada,

    imagina el tiempo que te llevará reconocer algún rostro
    que te llevará a otro rostro y este a otro más,

    llegarás a un rostro final
    que son trazos de sombras que anidan en tu memoria,

    buscarás hasta que comprendas que se puede comprender
    lo mismo de otra manera, hasta que el frío y la oscuridad
    te desalienten,

    mirarás fijamente a los ojos de la gente
    queriendo imaginar lo que ocurrió en tu ausencia,
    pero nunca podrás entender lo que nació entre humo,

    no podrás dar significado a las palabras que entonces
    no quisiste oír,
    a todas aquellas tardes que pasaste con los ojos cerrados
    esperando despertar en otro mundo.

    Se considera un alma rebelde en un cuerpo domesticado, y esta idea indirectamente se ve plasmada en sus versos: verso libre, no se adapta a una métrica fijada, sino que deja que las palabras tengan vida propia. Sin embargo, sus poemas están cuidadosamente escritos, de manera que tienen una belleza y un ritmo que parecen innatos. Son como preciosos pedazos de vida o emoción que el autor decide compartir.

    Al leer sus poemas, una tiene la sensación que le están hablando directamente, hay una cercanía entre lector y autor, quizás por empatía, quizás por la emoción que sus versos esconden, sin caer en una sensiblería innecesaria; de hecho, sabe jugar con las emociones y el sentimiento en su justa medida. De ahí que muchos de sus versos calen hondo sin saber muy bien por qué.

    Noches y olvido

    I

    Cae la noche
    sobre los rostros que el sol
    había tatuado en tus ojos,
    baña la tierra
    el manto frío que habita el cielo,
    goza la hierba
    y el matorral que todo lo admite,
    el silencio también acaba cubierto de oscuridad,
    las piedras ocultan
    su color
    el hombre acerca sus manos al fuego
    y aprende a aceptar
    su suerte.

    II

    Los minutos son bocados
    de tiempo
    sobre tu cuello blanco
    y brilla tu rostro mientras
    tu alegría se refugia
    en un rincón desolado
    a la espera del sol, de la música de un barco,
    de la sal que el mar
    le regala al viento,
    la muerte no existe en este mundo
    salado,
    la luz de tus manos
    gana la eternidad y la sombra de tu cuerpo
    es ya un extraño
    que habita en ti
    cuando acaba el día,
    el brillo de tus ojos
    atraviesa el espejo al que se rinde tu rostro,
    así todas las noches de lluvia, cada domingo
    encharcado de ausencias,
    la harina que el tiempo
    ierte en tu cuerpo
    acaba entre los dientes de todos los seres
    que ocupan para siempre
    tu imaginación.

    III

    Toda la sal que habita en tu piel
    son residuos de madrugadas rotas y amores
    perdidos.

    IV

    La noche es una mujer
    desconocida en el tiempo,
    con su oscuridad nos anuncia el fin,
    el minúsculo adiós, el ocaso que a todos
    nos espera,
    será una noche, una solitaria sin la mirada azul
    de la luna, nos abrazará en silencio,
    lentamente hasta presentarnos
    al último frío.

    V

    Sé que ya han comenzado a enfriarse
    las paredes
    de mi nuevo destino, allí
    comenzaré a desvestir
    lo que hasta hoy me empeñé
    en ocultar,
    todos los vicios que hacían mal
    ya no son nada,
    todo el temor al dolor
    y a vivir en soledad
    es ya una broma,
    ahora
    el frío final está cada día más cerca,
    ese abrazo fraternal que tanto añoré
    ya no puede con esta furia, con la
    templanza y seguridad que da
    el saberse perdido
    al perder el miedo a abrazar
    de cuerpo entero
    el olvido.

    Ah, pero no todo se queda ahí…. el amplio abanico emocional de sus poemas también pasa por el amor.

    volver a verte, a tocarte
    y sentir que todo cobra sentido
    deliberadamente

    Como todo poeta, ama, y ese amor se ve en pequeños versos que a veces se cuelan, en pequeños instantes que por un momento acarician el latido y hacen que el corazón nos tiemble un poquito.

    Leamos por ejemplo su poema Fragmento:

    Fragmento

    Entre las sábanas sucias de un otoño olvidado
    se desliza tímido el invierno,

    he regado las plantas
    y quitado el polvo de los libros que aún me quedan
    por leer,

    he buscado información contrastada y advertido que
    norte y sur no tienen la misma piel,

    febril voz la mía
    que trata de frenar el ímpetu del viento,
    que espanta las respuestas y desgarra el silencio,

    recuerdo el sonido de tus pasos
    aquel último domingo camino de la estación,
    nuevos mundos en la retina, ritmos internos que revivirían
    nuestros cuerpos,

    sin saliva te dije adiós,
    en mi interior surgía una voz que me rogaba
    que todo fuera mentira,

    cuando se adivina un error
    tiembla el terreno por el que se camina,

    volví a casa
    perdido ya de inviernos
    y recorrí uno a uno todos nuestros secretos:

    aquel banco de madera blanca bajo el olmo,
    la vieja taberna y su dueña temblorosa,
    el paseo junto al río, la luz
    apagada de tu ventana, el mercado cerrado y la barca oxidada
    desde la que inventábamos las noches de marea alta
    un idioma que nos impidiera recordar,

    te dije adiós con la boca seca
    y guardaré silencio hasta que vuelvas.

    Es un amor suave, una nostalgia delicada que acaricia el poema entero, pero con ese velo triste y nostálgico que disparan la emoción por dentro, pero a su vez, sus versos aportan una paz emocional que es difícil explicar con palabras.

    Me gustaría que os adentrárais en su maravilloso universo poético y os dejéis envolver por su emoción, su vida, su nostalgia, su paz.

    Los años que nos pasan

    La vida te pide amar,
    pero el miedo es hierba mala
    que no se deja intimidar
    por sombras ni colores,
    que no se combate con la química
    de unos ojos, de unos labios
    o con millones de promesas.

    Las noches de luna fría
    buscan asustar tu piel
    y hacer temblar tu corazón,

    la luna
    es una hoz de plata afilada,
    una guadaña sonriente
    que te amenaza con su luz.

    Hay noches que propician el encuentro
    de todas esas armas rutilantes,
    son madrugadas que se graban en la frente
    al juntarse dolor y placer
    abrazos, sudor y lágrimas,
    pies descalzos entre el fuego
    y el hielo,
    madera y acero.

    Esas noches disueltas, perdidas
    en el éter,
    sin memoria,
    que albergan cuerpos
    destruyéndose en su roce,
    amor que se evapora,
    que huye por las grietas
    dejando en el suelo el áspero puñal
    de los años que nos pasan.

    Alentejo

    Los días gotean sus horas
    sobre este mar tan amplio como seco,
    entre el granito y las cicatrices de unas casas
    que viven por viejas,

    sólo el pájaro
    rompe el inmenso silencio
    de una paz que cuesta asimilar,

    la tierra de este sur
    revela sus ausencias
    y ordena,
    bajo su capa de calor,
    las imágenes de un tiempo
    destinado a perdurar
    más allá de nuestros huesos.

    El sol del poeta

    Los días se escurren entre las manos como alimento extraño
    por el paladar de un hambriento,
    se vive aguardando la llegada
    de algún hecho, un cambio,
    esperamos, sin sabernos dormidos
    que algo nos despierte, nos ilumine,
    algo que no está en ninguna página
    ni en ninguna canción,

    creemos
    en el brillo de una mirada, en alguna
    sombra pasajera, sin embargo somos incapaces
    de retener la alegría,

    se inunda el jardín lleno de flores
    antes de que aparezca la lluvia, deseamos sin
    identificar nuestro anhelo, y por ello
    todo pasa y seguimos atendiendo, subidos al
    carro del tiempo, pretendiendo que no seguimos
    su curso, que él no pasa por nosotros,

    nosotros, que perdimos tanto en el camino, que
    no supimos nunca descifrar más de un idioma,
    porque nuestra verdadera lengua siempre fue
    la que usamos en los sueños, en esas aventuras que luego
    tratamos de entender y transformamos en luces, estrellas, vientos,
    brisas, abrazos o besos,

    por eso la palabra es la herramienta que mejor
    rastrea el futuro, la que ayuda con sus destellos
    a iluminar los escondrijos donde se cobija
    lo que nos preocupa, lo que no conocemos y sin embargo
    late dentro, muy dentro de nosotros sin saberlo,

    por eso el poeta sabe que algo va a acontecer y viaja
    subido en el río de la palabra, en el aura
    que emite una mirada, en el silencio que cabalga
    cada noche en el interior de su pecho, en un más allá
    que aparece en el sonido de una radio, en el aroma que escapa
    de un balcón, en la fuerza protectora
    que fluye por sus venas
    y en el sol que nunca lo abandona.

    Abandono

    Un día abandonas
    la sensación de soga al cuello,
    los restos mohosos de tantos sueños
    devorados,
    la corbata impronunciable,

    abrigado sólo por la luna
    bordeas la cuneta de la vida
    y sientes en la nuca el roce de la paz,

    una vez el abandono comienza su conquista
    existe el riesgo
    de querer succionar todo demasiado rápido,
    aligeras el equipaje y deambulas por aceras sucias,
    mercados callejeros, las suelas de los
    zapatos empapadas de fruta podrida y grasientas tripas de pescado,

    la libertad es un vapor
    que ofrece su alcohol entre dolores de cabeza
    y estómagos vacíos,

    el abandono tiene por bandera una camisa sucia
    y arrugada al viento de un mundo pasajero,
    unos ojos que miran sin pedir nada,
    una frente cansada, un silencio tan amplio
    que te persigue cuando paras,

    el abandono es un perro que ladra sólo para ti,
    la sombra que te huye, los pies que duelen antes de andar
    mientras la vida se diluye al fondo de los parques,

    ahora,
    cuando todos tus bienes son casi todo males,
    buscas el calor entre cartones,
    nadie conoce el orden en ese rincón oscuro del puerto
    donde seres en vela celebran su eterno verano,

    mañana es un arco iris en blanco y negro
    que despide migas de una hogaza caliente y pura,
    las migajas que aún concede la vida
    a quienes abandonaron su miedo
    a tiempo.

    Y para terminar, os dejo con uno de mis poemas favoritos de Carlos, donde podemos encontrar justo los elementos más característicos de su poesía: la nostalgia, belleza y emoción. No sin antes invitaros a dar un paseo por su perfil de Poémame o por su blog, Mi esquina soleada.

    Volver

    Volver a casa, regresar de una prolongada ausencia,
    encontrar entre el silencio de las paredes
    el eco de aquellos días lluviosos,
    aquellas tardes grises
    que batían sin saber nuestra distancia,

    ver entre la penumbra mi figura, aquel joven
    inquieto libro en mano, buscando palabras que explicaran algo
    que ya sabía inexplicable,

    dejar entrar de nuevo la luz y el viento
    para que limpien el poso de tantos lamentos,
    lloros y risas acumuladas en estos pasillos
    donde por primera vez
    roce tu mano,

    volver a verte, a tocarte
    y sentir que todo cobra sentido
    deliberadamente,

    sé que sólo seré sombra sin la luz de tu mirada, esa luz
    que me trajo hasta aquí, hasta el principio, para intentar recobrar
    entre el tiempo todas las caricias perdidas,
    para saber que mi lengua necesita ser hablada
    y mis ojos advertir tu piel,

    uno no recoge todo lo que siembra
    y a veces sufre con las cosechas ajenas,
    uno mira siempre al frente tratando de olvidar un dolor
    que ya no duele,
    un peso que se agolpa en la espalda como si el pasado
    fuera una herida sin rostro,
    una deuda impagable que adquirimos al nacer.

  • Savia viva en los versos de María Prieto

    Savia viva en los versos de María Prieto

    Una de las últimas incorporaciones a nuestro parnaso, llega con olor a salitre y a tierra húmeda. María Prieto Sánchez consigue que la naturaleza palpite en sus versos y retrata con maestría la belleza de una callejuela, de un caserón y hasta del propio olvido. Ya en la biografía de su perfil nos deja claro que la poesía le sirve, sobre todo, para entenderse, para poner en orden su caos y desorden interior. No lo duda: Por eso escribo. ¿Quieren pruebas?

    Con ojos de otoño

    Como fruta madura de final de verano,
    voy mirando la vida
    con los ojos de otoño.
    Soy octubre templado derramando semilla
    en parda sementera,
    despejando silencios; deambulando
    entre mis surcos con los ojos
    cerrados.
    Evocando primaveras…
    Voy tomando la sazón del áspero
    membrillo.
    Rosa abierta de sangre de granada.
    Son mis manos
    sarmientos de las vides del tiempo.
    Es mi piel
    vino añejo, entre soles dorados.
    Mi perfume,
    el aroma de la tierra mojada.
    Soy amiga del aire que estremece mi pelo
    y salgo a los caminos a extender mis alas
    contra la húmeda brisa que
    presagia la lluvia.
    A veces,
    estoy triste y me visto de niebla
    y me escondo en su manto y me vuelvo brumosa
    como el cielo en el alba.
    A ratos, luminosa,
    como sol de mañana
    o silente y profunda
    como noche
    cerrada.
    Soy el fuerte aguacero que me inunda
    por dentro,
    esas gotas primeras que levantan
    el polvo,
    la llovizna suave que te cala
    en el alma
    o el torrente feroz de amarga
    dentellada.
    Soy noviembre que arrastra torbellinos de oro…
    Me pierdo por senderos tranquilos y enredados.
    (Crujidos de hojas secas
    son mis pasos…)
    Me diluyo lentamente entre las frondas,
    con el pálido sol de la tarde.
    Y me miro en el agua…y me siento lejana…
    Y remonto
    a lo más alto – blanca soledad de nubes –
    en el vuelo triangular de las aves.
    Unas veces me río. Otras veces me callo.
    Y acumulo recuerdos del cajón
    de mi olvido,
    de batallas ganadas y de guerras perdidas.

    Tiembla aún la mirada de la niña
    que fui,
    guardando mil secretos
    entre los pliegues del sueño.
    Y tirita mi cuerpo a la luz de la luna
    irremediablemente inmerso
    en los ciclos vitales de las estaciones.
    Ese ritmo inclemente…
    de inicios y finales…
    Devenir eterno de
    los días
    y las noches.
    Luego vendrá
    el invierno
    con su capa de armiño
    y abrigaré mi corazón
    (suspiro de madroño anaranjado).
    Y volaré con las grullas a remotos lugares.
    Más cálidos…

    Partiré con el alba. Cuando nadie me vea…
    (Y ese día
    mis ojos
    lloverán
    estrellas.)

    La poeta se transforma con el paso del tiempo, su cuerpo, su voz y sus versos sirven de recipiente a todo cuanto acontece, ya sea cálido, ya sea gélido. Su sensibilidad a la hora de transmitirnos las emociones que la embargan, es enorme y hace magia y cosquillas en cada fibra del alma que llegan a tocar sus letras. ¿No me creen? Les invito a dar un paseo con ella a través de sus Retazos del verano, justo en el momento que nos dice:

    Y camino persiguiendo mi sombra, cada vez más alargada con el caer de la tarde, entre el agua fría y transparente y el albo nácar de las conchas que crujen bajo mis pies. Acompasar mis pasos a ese ritmo sonoro, cadencioso, continuo y ancestral de las olas y mareas estrellándose, incansables, contra las rocas.

    ¿No es hermoso? Por ahora, siete maravillosos poemas ha dejado en la palestra de Poémame. Dejo abiertas las ventanas de mis ojos a lo que quiera seguir susurrándonos su poesía. No se la pierdan.

  • La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    A las personas nos encanta clasificar. Debe ser algo insertado en nuestro cerebro. Cuando hablamos de poesía, nos fijamos en su estilo, en su forma, o en los temas que trata: verso clásico o verso libre, poesía superficial o profunda, accesible o sofisticada, sencilla o compleja.

    Pero la poesía no es sólo el poema, como objeto de lectura en sí, es también el efecto que produce en el lector. Y desde esta perspectiva descubrimos poesía que resulta difícil de clasificar, poesía que independientemente de su apariencia transmite no solo un mensaje, sino también una actitud, un estado de ánimo.

    Es este el caso de la poesía de José Manuel Gómez Mira. Sus poemas nos hablan desde la serenidad -como el eco de una larga conversación junto a la hoguera- del paso del tiempo y de la naturaleza: tardes de lluvia, árboles y arroyos, inviernos pasados y futuros… En sus versos se intuye un poso de Neruda y de Machado, y una observación íntima y atenta del entorno que le rodea y que le inspira, de la vida.

    Escribe José Manuel en primera persona, dirigiéndose con frecuencia a ella, amada o acompañante, o interpelándonos directamente como lectores. Sus poemas, ajenos a los textos de consumo rápido tan habituales hoy en día, nos exigen una lectura sosegada; aquella en la que, llegados al último verso, volvemos atrás para entretenernos en alguna estrofa o contemplar el poema en su totalidad, como el caminante que tras ascender a un altozano se detiene para admirar y recordar el camino recorrido, y descubrir así nuevos significados y matices.

    Sin extenderme más, comparto con vosotros una breve muestra de la obra de José Manuel y os invito a seguir descubriendo y disfrutando su poesía.


    Amores largos

    Mi amor es largo
    en tiempo y distancias,
    largo en ausencias,
    es camino largo
    de tierra y aguas
    con una meta:
    alcanzar tu cintura,
    tu piel serena.

    Llegaré hasta tu puerta;
    una rosa en la mano,
    y unos besos prendidos
    entre los labios
    para entregarte
    en la noche de fuego
    que nos espera.

     

    Sabiéndonos presentes

    Se hincan de rodillas las nubes
    ante el fragor sereno de tu transparencia,
    se postran con el diálogo permanente
    del vuelo de tus flores aladas.

    Soy tuyo
    cuando con la amanecida
    se transforman tu Luna y mi Fuego
    en patria de eclipses creadores
    de un mismo caudal casual de voluntad,
    eres mía
    en la búsqueda con tus pensamientos
    de cualquiera avalancha cálida y vibrante
    entre tus labios,
    somos nuestros
    con la charla plácida donde cerramos,
    abandonadas,
    las ventanas maleducadas del ayer,
    somos nosotros
    al hacernos barrenderos de las hojas secas
    y en la confesión de las aceras.

    Es entonces nuestra la lumbre,
    tú las pavesas,
    y yo la ventolera
    que las eleva hasta donde cruje
    nuestra madera sagrada,
    eres entonces perfume indomable de acacias,
    perímetro constante a conquistar
    en mis tardes y en mis noches
    congestionadas ante el poder de tu pasión,
    es para entonces nuestro también el azar
    cuando se afina con el anochecer
    en nuestro lecho de distancias.

     

    En tu cintura

    Ardiendo en tu cintura
    un nido de hipocampos
    me anuncia amaneceres
    cruzados por cascadas,
    al lado de tu pecho
    se acogen terremotos,
    renuncian los temores,
    se esconde el viento sabio.

    Callado a ti me acerco,
    armado de inocencia,
    hundido en ti me pierdo.

    Sintiendo la cadencia
    del alma en tus latidos
    adorno con guirnaldas
    los valses de tu vientre,
    decoro de rubores
    las llamas de tus senos.

    Ardiendo en tu cintura
    se incendian cataratas
    de hielo y de rocío,
    de nieves en tu espalda
    rozada por el tibio
    temblor de la esperanza.

     

    Que estalle la paz

    Afilemos viejos lápices,
    esgrimamos tizas blancas,
    unámoslos en barrera de armonías,
    detengamos con su fuerza
    la agonía de cañones
    del hambre de los hombres,
    escribamos las palabras
    con las que remendar auroras
    en ofrenda de las selvas.

    Que nos inunde la paz,
    volteada como diábolo
    en su cuerda,
    disparada como flecha
    hacia la diana
    de los sentimientos libres,
    que estalle repentina
    la esperanza contundente y absoluta
    cuando cese la epopeya
    de los duelos,
    el combate por el pan
    de cada día.

    Soñemos
    ocho estrellas blancas,
    soñemos limpia la bandera
    hoy ultrajada por manos negras,
    soñemos en la paz,
    en la esperanza,
    volvernos sobre el mar
    como una lanza
    cargada de justicia y de prudencia.

    Roguemos
    por el tiempo en que será
    la libertad
    con la que abrazar la tierra,
    con la que respirar presencias,
    en la que dibujar
    sin sombras
    ni silencios ni cadenas.

    De pronto se hará el mañana,
    y este tiempo,
    inflado de paciencia,
    verá crecer los hongos y los setos,
    y hasta el río,
    guardián de los secretos,
    hará remansos,
    deteniendo el curso de su llanto.

    Asaltados nuestros diques
    reventará la paz en mil burbujas,
    con cada espina,
    en cada esquina,
    en tus ventanas,
    bajo mis puertas.

     

    Tu silencio rueda

    A la vera de tu torre,
    aderezada por el batir de las tormentas,
    vas olvidando el tiempo
    entre el solo de una flauta
    y en la gratitud de tu grito sincero.

    Más allá de las leyendas
    (y de los años)
    está el clamor de tus esferas abatidas,
    llora y vibra
    en el quejido solidario
    del hierro oxidado de tus rejas
    el solfeo áspero de las abejas despistadas,
    la alquimia desmembrada
    por tus rúbricas de insomnios.

    Tu silencio respira en un reloj de Sol,
    se bebe el tiempo a sorbos
    (y a tientas)
    más allá de las brumas,
    cuando marca las diez
    en tu ermita de paredes invisibles
    y en el canto madrugador y sin consuelo
    de un petirrojo en su espadaña.

    Sabes que callas para escuchar
    con el ronroneo meritorio de la lluvia
    la vergüenza del satélite
    agachado tras tu sombra,
    sabes que caminar es el destino
    de los que buscan la paz,
    y se hunden sin pudor en el vértigo del valle,
    conoces cómo has de tallar las piedras
    para olvidar esas torres
    hoy presentidas de tristeza,
    ahora confusión de letras rotas
    y de pecados del habla.

    Más allá de donde las fuentes
    regalan sus gotas doloridas
    sobre tu torso helado
    tu silencio ha de mudar
    en sonido de la hiedra creciente
    agarrada con ansiedad al mampuesto,
    expuestas sus raíces hacia el aire,
    cuaderno de bitácora desde donde redactar
    la historia descosida de sus cabrestantes,
    será diez kilogramos de ideas
    suspendidas en lo alto
    de una columna y de un capitel
    sencillos y tallados de agua,
    trasiego perpetuo del convencimiento,
    espejo trashumante
    en perspectiva de destino.

    No será tu silencio túnel desfallecido
    o inmenso secarral
    de presente y de futuro,
    no se tornará escala de patíbulo,
    raíz cuadrada de la nada
    o higuera infértil,
    pues tus lágrimas las disipará el contraste
    de un tañido ufano de campanas.

     

    Piel del roble

    Mi árbol antiguo,
    roble viejo,
    renacido en la colina en primavera,
    haz que el aire hable en ti,
    que te dé voz
    para contarme en cada frase tuya
    lo que sientes,
    lo que vives,
    lo que esperas.

    Díctame con tus hojas,
    con su envés,
    los secretos más profundos,
    nárrame a través de tus raíces
    como es la tierra nuestra
    que te envuelve,
    para sentirte en mí,
    para gozarte,
    para darme la paz
    que ahora presiento
    en la columna suave de tu tronco.

    Como lluvia que golpea
    tu estructura centenaria
    háblame con calma de los tiempos,
    como Sol que le da luz
    a tus nidos y a tus brotes,
    dibuja en mi alma trazos nuevos,
    de juventud en tantos años renacida.

    Viejo amado,
    roble viejo,
    perspicaz anacoreta de los bosques,
    anciano redimido por los años
    de tus musgos,
    de tus hiedras,
    canta con mi abrazo
    la eternidad de la sonata de tus sendas,
    sé mi albergue
    cuando llegue el día,
    y que sean mis cenizas
    alimento de tu herencia.

     

    Pluma de tarde y aguas

    No menguan los instantes
    que tus frases rozan,
    ni se borran los minutos
    cuando te ausentas.

    Flota cada noche en mis moradas
    tu voz de incipiente incienso verde,
    boga en la penumbra
    el canto imaginario de tus cejas,
    leo entre la llama de una vela blanca
    el Todo de este tiempo,
    el Ahora presente entre nosotros.

    Me vuelvo jinete
    en cabalgada hacia los prados
    donde presumo que te apostas,
    calzo espuelas de aires suaves.

    Floto ante la carantoña de los vidrios,
    rumio versos sobre un diván de lluvias
    en estas líneas breves
    redactadas con la pluma de mis tardes.

     

    Hinojos

    Mientras siga sonando
    la canción de los grillos en celo
    he de lograr que estos mansos pasos
    pueblen veredas.

    Si veis que continúo
    hablándoos sin descanso
    de mis edades sin pausa,
    comprendedme,
    pues quiero explicaros
    cada minuto de permanencia
    entre este alma y esta piel,
    explicaros una a una cada una de las grietas
    del tiempo que respiro y atrapo
    en un segundo de coraje,
    y de cómo es la sombra permanente
    del árbol que se acerca
    cuando detengo mis pasos
    entre las rutas sacras de mi verde país.

    Mientras suene
    la canción de los grillos en celo
    arrancaré las hojas y semillas del hinojo
    tal y como mi abuelo me enseñó
    en un día lejano de un junio,
    las restregaré entre mis manos,
    y así seguiré
    reservando el aroma de vida
    sobre los dedos
    hasta nutrirme con su olor,
    así seguiré,
    explicándoos el por qué de las arrugas
    que ensalzan gozosas mi frente.

  • Satanás is alive, y nunca hubierais dicho que fuera poeta

    Satanás is alive, y nunca hubierais dicho que fuera poeta

    @SatanasIsAlive aterrizó en Poémame a principios de junio para revolucionar el Bar de Poémame con su poesía absolutamente cautivadora.

    Adentrarse en sus versos, es introducirse en un universo dotado de cierto romanticismo crudo, mucho sentimiento, madrugadas, frío, cuerpos y con un sello personal indiscutible que los convierte una red en la que el lector queda atrapado sin apenas darse cuenta.

    Dice que le frustra no saber dar un final correcto a sus escritos, pero lo cierto es que sus poemas tienen un principio y un final que se dan la mano para hacer un poema cerrado y redondo. Os ofrezco un repaso por algunos de sus poemas, para saborear los diferentes colores, emociones y matices que se encuentran en sus versos.

    Hay poemas que traen un frío que nada es capaz de aliviar:

    Un café, en el anochecer de las mañanas

    Y entonces no,
    supe que no me interesaba
    sentir desaires
    al borde de un suspiro.

    Ni los reproches
    de una mente desgastada.

    No me interesaba
    sentir un abrazo
    frío,
    ni un tibio café
    por las mañanas.

    Yo era el barco
    de papel,
    ella la laguna
    al borde de los
    recuerdos.

    Y no necesité «Te quieros»
    como desayuno,
    no necesité más
    abrazos del viento
    ni piel de porcelana.

    Los pies
    caminaron por ruinas
    de caminos
    que nunca fueron
    ciertos y
    las lágrimas
    de una luna me abrazaron
    a través de
    la ventana.

    Y desde entonces
    la duda es cierta
    la mentira es vana,
    las curas vienen muertas
    con un frío café
    por las mañanas.

    En algunos de sus poemas, el tiempo, la soledad y la desolación se abren paso para quedar clavados en el alma del lector.

    Cuarenta veces invierno

    Olvídate de las flores bajo la aurora de tu mirada,
    olvídate del calor del café de la mañana,
    deja atrás al fantasma del pasado,
    ponle el cerrojo al corazón cuando salgas por la puerta.

    Porque olvidas besos y te quedas con los versos, que se ahogaron en tu boca
    y lloraron en tu mirada.
    Porque floreces cuando amaneces pero relampagueas de lluvia bajo el insomnio.

    Porque siendo fuerte te haces frágil,
    porque siendo frágil aprendes a ser fuerte,
    pero para ese rancio corazón ya no es fácil,
    olvidar querer, sin querer la vida ni la muerte.

    Has bailado sola,
    las manos del tiempo han dado arrugas de brisa a tu piel,
    la mirada de las nubes han dicho,
    que no has aprendido a caminar,
    por primero querer correr.

    Y desde entonces caminas en arrabales de sentimientos marchitos,

    donde los corazones vacíos se ahogan en mares de ron,
    donde la cura es el dolor y la sed de aliento es insaciable,
    donde mueres sin ser tú, sin ser nada, sin ser nadie.

    A veces plasma el amor en las letras de una manera casi musical, ese besar los versos, ese perder el corazón en un poema, dejando claro que alma con sus suspiros es poesía.

    Dejó de ser poesía

    Hice de versos rimas,
    condené la vida en un escrito perverso,
    asesiné al tintero sin conocer la vida,
    enterré el cadáver entre el paréntesis de un verso.

    Respiré en el cuello de una línea,
    besé las letras de una piel como mejor lienzo.
    Naufragué en una boca como Joaquin Sabina,
    en un retazo de papel le di la vuelta a un universo.

    Desde entonces
    ha de condenarme
    la mirada de una rima,
    la bocanada de un papel,
    escrito en un viejo recordatorio
    en los recónditos lugares,
    donde habitan los retazos de una piel.

    El alma de un libreto vaga entre prosas,
    las hojas pasaron a ser muchas cosas,
    pasó a no ser lo que parecía,
    perdió el suspiro del alma y dejo de ser poesía.

    Hay poemas que aparecen marcados por una herida triste que sólo la lluvia y la luna pueden mitigar.

    La falda de una habitación

    Se dice que en el amanecer de una noche,
    se dejaron besos empapados en el ombligo de un cuerpo,
    se dice que bajo el infierno de la luna y el capó de un coche,
    las mariposas hicieron ríos de un mar muerto.

    El renacimiento
    al tintero del tiempo
    cobró vida,
    los corazones
    posan cada noche
    en las miradas
    que nunca tocaron,
    de los abrigos de seda
    sin despedida.

    Las nubes
    levantan sus faldas,
    consienten las almas
    de vidas perdidas,
    al caer la noche
    bajo la falda
    no hay abrigo
    tampoco almas,
    está la lluvia
    de su lado y la luna,
    aliviando la grieta
    de la herida.

    Las ojeras del viento,
    posaron en los rostros del tiempo,
    y las dudas del pasado,
    no saciaron el arrepentimiento.

    En el matiz oscuro
    de un cielo gris
    hubo una historia
    con principio sin fin
    donde el amor,
    por noches lo decide
    el viento de los sentimientos
    del refugio,
    y la voluntad,
    era olvidada
    en la gaveta de una habitación.

    En algunos poemas es capaz de meter el universo entero en un solo verso.

    A veces el universo

    A veces el universo
    se atasca en un abismo,
    ese que deja muda a la letra,
    ciego al sentimiento,
    a veces el universo
    se atasca en las orillas
    del recuerdo.

    A veces el universo
    suplica piedad
    de las almas,
    y pide clemencia por las mismas.

    A veces el universo
    va de la mano,
    con otro universo,
    a veces hace de sí
    mismo lluvias,
    e inunda mares,
    donde creía
    haber desiertos.

    A veces el universo
    se llena de dudas,
    y rompe en letras
    las penas que viven
    dentro de sus sentimientos.

    A veces el universo,
    es solo otro universo,
    y de vez en cuando,
    cabe el mismo,
    en la escritura de un verso.

    Para acabar este breve recorrido por los poemas, os dejo un poema que sobresale por su exquisita belleza y esperanza, puesto que después de cualquier tormenta, siempre, siempre escampa.

    Cuando el corazón escampa

    Ya no llueve,
    ya el cielo no nubla
    sus arrabales
    de montañas rosadas,
    las viejas miradas
    han dejado de ser
    tan grises,
    la lluvia ha dado
    espacio al sol
    sobre las mejillas.

    El Jazz acampa
    en los oídos,
    de los apasionados
    escritores,
    que dan vida
    a las letras en versos
    de su universo.

    El sol
    ha dejado de quemar
    la lluvia
    ha dejado de doler.
    las mañanas,
    el pasto fresco,
    el «Buenos días»
    de una madre,
    las ganas
    de querer,
    el querer poder.

    Las mañanas
    ya son frescas,
    las tardes
    han caído
    cálidas,
    y la noche
    se ha vuelto nuestra.

    Ya no hay escombros
    en el cementerio de
    recuerdos,
    al son del fuego
    se han vuelto cenizas,
    se han ido
    sin decir adiós,
    el tiempo pasó,
    y al mal
    se lo llevó la brisa.

    Ya
    la falda de la luna
    no baila sola,
    y el sentimiento
    olvidado
    ha tomado vida
    como recuerdo,
    ya
    la vida no va
    tan lenta,
    va rápida
    para el loco
    que fingió ser
    feliz,
    cuando siempre
    habitó
    en la mente
    de un cuerdo.

    Pero escampa,
    para los ojos
    que llovieron,
    y ahora,
    sale el sol
    por las mañanas,
    con su abrigo de piel,
    para el corazón
    que supo naufragar
    algún vano
    sentimiento perverso.