Adentrarse en A las puertas del hueso no invita a una lectura pasiva; se trata más bien de un ejercicio de exposición. Natalia se sacude todas las capas para mostrarse sin defensas y eso, a los ojos del lector, lleva aun efecto espejo. Los versos, tan directos, crean en el alma del lector una sacudida emocional, de manera que se encuentra frente a frente con sus propias heridas. Desde la primera página una se da cuenta que no estamos frente a algo puramente retórico, sino ante una voz de autenticidad radical que no tiene miedo de mostrarse vulnerable y hace que, a su vez, el lector se sienta del mismo modo.
A rasgos generales, podríamos decir que el poemario destaca por su madurez en la gestión del dolor y la identidad, huyendo de artificios y ornamentación innecesaria, centrándose en lo que es más esencial. De aquí que el título no sea algo banal, sino que puede considerarse una muestra de lo que vendrá a continuación: el hueso representa aquello que queda cuando sacas todo lo demás: la piel, las apariencias, la carne… Natalia ya nos avisa que estamos frente a un poemario crudo y desnudo.
Nos damos cuenta, a medida que avanzamos por el poemario, que el cuerpo no es solamente un “envase” para los huesos, sino que es un lugar donde ocurren cosas. Sufre dolor, sufre deseo, sufre ausencias y se hiere. Ahondando, a su vez, en una fragilidad que nace, en cierto modo, de la constante dualidad entre lo que hace daño y el querer o intentar mantenerse en pie.
Es un poemario muy intenso, pues a pesar de ser breve, tiene una inmensa carga emocional, todo verso se convierte en esencial. Ese estilo tan particular dota la poesía de Natalia de una autenticidad única, su voz suena desnuda y pura, sin filtros, sin pretensiones. Esto es lo que soy, esto es lo que siento.
Vacía, ausente.
Un conato,
un ensayo de vida estéril.
Me pierdo entre lo inexistente.
Abandono la verticalidad
y muto a la forma difusa
de mi no consciencia.
Un espacio vacío
donde ni mi saliva me reclama.
-Fragmento del poema Lista de Espera
A menudo ocurre que la poesía quiere fascinar con belleza y hermosas palabras, pero Natalia lo que hace es huir de florituras, mostrar su espacio más privado, “sus huesos”, y muestra sin tapujos lo que siente. Nos abre su cuerpo hasta llegar a lo más hondo, y muestra ahí la tristeza, el dolor o incluso la resistencia en su lado más crudo. Podríamos decir que Natalia no escribe desde una comodidad contemplativa, sino que se implica con todo su ser, hace un ejercicio de despojarse de todo lo innecesario y nos muestra su esqueleto emocional. Muestra aquellas emociones que, por norma general, solemos guardamos para nosotros mismos y nuestra propia intimidad, tales como el dolor, o la fragilidad, o la lucha con la ausencia.
De esta forma, el poemario se convierte en una experiencia compartida con el lector: la autora nos invita, a través de sus emociones y sentimientos, a dejar de lado todas las apariencias, nos arrastra a descubrir la parte más íntima, humana y elemental de nosotros mismos.
En mi opinión, el poemario de Natalia se me aparece como un canto a la resistencia y la supervivencia emocional. A pesar de todo el dolor, de las pérdidas, de los desengaños, de algún modo, el ser sigue en pie, y eso convierte la fragilidad en una suerte de fortaleza, los huesos se mantienen, porque ya no tienen el miedo a romperse, porque se han roto y han resurgido.
Es un poemario que pide que se lea poco a poco, que cada poema se mastique, y que nos obliga a respirar después de cada poema.
Resumiendo, podríamos decir que, con una poesía afilada y cortante, en la que nos hace ver que sólo llegando al hueso logramos hablar el lenguaje de la verdad emocional más pura y cruda, pero con una factura poética impecable, Natalia se confirma, con este su primer poemario, como una sólida voz, capaz de transformar la experiencia íntima de leer el poemario en una verdad pura que sacude la esencia del lector.
Lo primero que puedo decir de este poemario es que es realmente sorprendente. José Siles se desmarca de la armonía de la rima clásica y se adentra en el mundo de la poesía libre y con cierto aire vanguardista, invitándonos a recorrer un camino intelectual y estético que nos lleva hacia las raíces de nuestra existencia, usando la vanguardia y la originalidad como un cuchillo que se dispone a abrir en canal nuestra historia, nuestra existencia y nuestro hacer.
Adentrándonos en el poemario, se hace casi inevitable acordarse de la conocida teoría de McKenna, El mono dopado, donde se dice, a grandes rasgos, que el paso hacia el Homo Sapiens se dio debido a unos hongos.
El poemario está estructurado en cinco partes, de las cuales hablaremos un poquito aquí, pero un poquito, porque considero que este libro hay que leerlo no una vez, sino dos como mínimo, con la mente abierta y dispuesto a preguntarse sobre el camino de la humanidad en el mundo. Estas cinco partes huyen de la belleza efímera y se centran en ese espejo que muestra la cruda realidad, transitando desde lo más primitivo a una sátira afilada y aguda de la sociedad actual.
Espejo de monos alumbrados.
Cogiendo como tema central la evolución del primate a ser humano consciente, del árbol al bipedismo, el mono alumbrado aparece como la figura central, influenciado por substancias externas (como declara la teoría de Mckenna) que se hacen parte indispensable en esa evolución.
Estos monos colocados
se hicieron notar,
alcanzando cierta fama por la intensidad dramática
de sus trascendentes trances,
siempre trotando alrededor de la pira,
hartos de setas y aullando mantras,
como lobos enrabietados.
Es palpable el tono filosófico en estos versos, donde abundan las preguntas indirectas sobre esa “luz” que alumbra a los monos, que los ilumina y no somos capaces de afirmar si esa luz es un logro, un pedacito de fortuna, o más bien una condena.
Manadero de místicos mántricos
Se me antoja como la parte más oscura y profunda del poemario. Es como si el individuo estuviera como atrapado entre la lucidez y el desvarío, la trascendencia frente a la inevitable finitud. Son poemas que podría reflejar el ritmo de la vida actual, como acelerado, como ligeramente caótico, oscuro y a veces imprevisible.
Sigo percibiendo la crítica social, quizás un poco menos obvia y más inteligente
en esa vida anonadada,
donde reposa sin descanso
y en vilo de relapso perpetuo
el alma de un cuerpo de mujer
quemado vivo ante un público expectante.
Todo ello regado con cierto aire de desamparo existencial, como si esa evolución de la que hablaba en los anteriores poemas fuera un paso al caos, mostrando que luz, quizás, sí era más una condena que una suerte.
Griegos, si aún recordarais algo de lo que fuisteis: ¡saltad!
Aparece algunos de los grandes temas poéticos, como el tiempo y, sobretodo, la muerte. La vida persiste en el paso del tiempo, a pesar de las oscuridades, de la búsqueda incesante de una verdad que quizás ni siquiera existe o, si existe, se nos muestra como confusa y ligeramente delirante.
Hay cierto aroma a bajeza humana que se planta ante nuestros ojos casi haciendo daño, incomodándonos y haciéndonos enfrentar con lo que realmente somos.
Mis ojos, asomándose sin recelo
a los ventanales que se abren al infinito inédito
donde estuvimos, estamos o estaremos alguna vez,
contemplan las lejanías inclasificables,
remotos horizontes donde los dogmas
que aún ningún profeta ha escrito
se desvanecen antes de nacer.
Sinfonía de hachas y hogueras: versos de alumbrados ajusticiados.
Quizás esta sea la parte más cruel o más violenta del poemario. Seres alumbrados son ajusticiados ante la irracionalidad. Una vez más veo entre líneas que la luz deviene condena antes que fortuna.
Es necesaria una verdad, pero tiene porqué ser la verdad más pura, sino aquella más imprevisible, la que refleja el espejo. La lucidez frente al desvarío, las hachas como armas para destrozar esos espejos y romper con esa “verdad” mediante la reflexión que despiertan estos versos.
Ahora, en el siglo del posmodernismo,
el ajusticiamiento público y ejemplarizante
de las brujas, mujeres sabias del siglo XXI,
no ha cambiado de causa:
purificarlas
de su delictivo conocimiento.
Tomando ron bajo las estrellas en la popa del Líricus
Vendría a ser un cierre o conclusión del viaje filosófico y satírico al que el autor nos ha sometido.
Aparecen sutilmente los espejos y los espejismos, como un cierre cíclico que nunca acaba de cerrar. La humanidad sigue su camino y vuelve a su inicio, una involución vestida de evolución
La búsqueda incesante de la verdad y de los orígenes puede llevarnos a ver la luz o condenarnos por ella.
Desde tiempos inmemoriales, esta fascinación ha orientado
al bicho bípedo impulsándolo, cada noche,
a mirar más allá de lo común que tienen las estrellas
elaborando fábulas, mitos y religiones
para concebir fenómenos inasimilables.
Es un poemario que, de la mano de decenas de personajes históricos, nos lleva de la mano por nuestro propio camino; desde los primates hasta los humanos racionales, mostrando la parte más oscura, que nunca cambia. Logra conectar el pasado evolutivo de la humanidad con un presente poético cargado de preguntas indirectas que no nos dejan huir por atajos, que nos hacen seguir el camino que el autor propone, para darse de bruces con lo que en realidad es el ser humano.
Este poemario no solo se lee; se nos incrusta en la piel como una pregunta incómoda sobre quiénes somos realmente. Eso sin deslucir la clara sátira social que destilan estos versos, mostrando la autodestrucción propia del humano, la hipocresía, la ceguera voluntaria, que nos hacen preguntarnos si nuestro comportamiento realmente es civilizado y racional, o simplemente es una pureza primitiva con diferentes trajes.
Es un poemario que logra mantener al lector y su mente abiertos y activos, usando un lenguaje científico, referencias históricas, y la libertad que otorga el verso libre, junto con tintes de poesía vanguardista; implica al lector en todos y cada uno de los poemas, atrapándolo y no dejándole escapar.
Ciertamente, no es un libro fácil, precisa de diversas lecturas y, como hemos dicho, de una mente despierta y preparada para afrontar diversas verdades que pueden parecer incómodas. Es sacar toda la paja y los distintos embellecedores de la humanidad, para quedarse con la parte más primitiva y pura.
En el panorama poético actual, a veces saturado de estruendos y grandilocuencia, el poemario Más que palabras, de José Molina Melgarejo, aparece como un oasis de paz, un lugar en el que una puede refugiarse para disfrutar de un rato emotivo y calmo, dejando una estela de paz una vez se han cerrado sus páginas.
Es un poemario que ya desde su inicio nos lleva de la mano hacia un camino de introspección; explorar esos instantes y esas emociones para los que el lenguaje a veces se hace insuficiente, y nos invita a ir más allá de lo que nuestros ojos perciben en los versos.
Con un puñado de palabras se pueden tejer versos y trazar poemas. Pero las palabras no siempre bastan para que los versos o los poemas cobren vida. En muchas ocasiones se necesitan más que palabras; se requiere un bramido de pasión, una ráfaga de emoción contenida o sin contener.
Cuando una se introduce en los poemas de José Molina, se da cuenta, poco a poco, que el autor no busca describir la realidad, sino más bien evocarla a través del hilo invisible del sentimiento; la poesía se convierte en una ventana desde la que se observan las distintas emociones: melancolía y memoria, dolor, amor…
La importancia de las palabras como camino para desgranar las emociones es innegable en este poemario. Pero ya no sólo de las palabras; sino también de todo aquello que de ellas se desprende y que no podemos llegar a percibir simplemente con nuestra mirada, sino que hay que ir un poco más allá, abrir el alma y darse cuenta de que todo lo que nos cuentan va un paso por delante de las propias palabras.
El poemario aborda temas recurrentes en la poesía; el amor, la guerra, la muerte, el dolor, el recuerdo… la vida en general, pero tratados de una manera tan sutil, tan suave, que sin darnos cuenta va adentrándose en nosotros hasta llegar, si se lo permitimos, a ser parte de nosotros mismos. El autor ahonda en estos temas de una manera profunda y madura, que “obliga” en cierto modo al lector a poner de su parte para poder sentirlos en su absoluta plenitud.
Se diluye el tiempo,
el que volaba a corazón abierto
a cualquier lugar del universo
y ahora vuela a ras del suelo,
sin poder batir sus alas,
que un soplo de aire punzante
laceró sus plumas a medianoche
y ahora se arrastra de día.
He de decir que, en mi opinión, Más que palabras es un poemario muy humano y sentido, y no solamente por las emociones y por esa incesante búsqueda del yo, de la esencia, sino también por la denuncia y la pena de ciertos temas, como desastres naturales o guerras, que convierten el poema en un grito que resuena dentro.
Quizás sea por eso que a veces se leen los poemas tras un velo de desesperanza o pesimismo, como si una negrura asediara los días, la vida, el mundo, y las palabras solas no son capaces de disipar.
Más que palabras es un poemario maduro y profundo que requiere que el lector ponga de su parte para dejarse penetrar por los poemas, y llegar a su fondo, aquel fondo que no se solamente en las palabras, sino que requiere de la pasión, del bramido, del sentimiento.
Os invito a entrar en el poemario y dedicarle el tiempo que merece; uno no puede abrir el libro, leer un poema y cerrarlo. Debemos adentrarnos y dejar que el poemario nos entre, hasta hallar esa conexión emocional que nos hará abrir los ojos, pero por dentro.
José Molina Melgarejo es miembro de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios, y colaborador de la revista Entreletras. Es autor de libros de relatos y cuentos, así como de novela y poesía. Tiene numerosa obra publicada que, dicho sea de paso, os recomiendo que investiguéis, porque no os dejará indiferente. En definitiva, un autor consagrado de gran talento, con una obra limpia y despojada de innecesidades, para traernos lo más pudro del sentimiento, de la palabra.
Trece instantes configuran este primer poemario de Olga González Latapi. Trece instantes en los que una se sienta en esa silla amarilla que espera, dentro de nosotras, a que nos atrevamos a iniciar ese volar hacia adentro que durará apenas unos instantes, hasta que volvamos a sentarnos.
En esos instantes, abrimos los ojos por dentro y encontramos, en esta soledad, la más pura esencia de las distintas emociones que configuran este poemario. Escrito en verso libre, con una libre disposición de las palabras (el espacio también es parte del poema), estos poemas invitan a una reflexión sincera, sin distracciones. Una silla que abre lo que más adentro llevamos.
En esos instantes, abrimos los ojos por dentro y encontramos, en esta soledad, la más pura esencia de las distintas emociones que configuran este poemario. Escrito en verso libre, con una libre disposición de las palabras (el espacio también es parte del poema), estos poemas invitan a una reflexión sincera, sin distracciones. Una silla que abre lo que más adentro llevamos.
Creo que hay que ser valiente para enfrentarse a este poemario; ser valiente, como lo ha sido Olga a la hora de desnudar esas emociones tan intensas, esa soledad que le ha permitido bucear en sí misma y, por extensión, el lector se verá arrastrado a su propia soledad analizadora de su propia esencia.
Creo que hay dos verbos que rigen el poemario de principio a fin: ser y estar. En el momento en que aceptas sentarte en esa silla, eres y estás contigo. Y ahí es cuando empezamos a descubrir algo que quizás ni imaginábamos. Nuevos caminos en nuestra memoria, nuevos caminos en nuestra piel, nuevos caminos en nuestros ojos que, quizás por primera vez, miran de verdad hacia adentro. Esa soledad que nos rodea, la masticamos despacio mientras nos vamos (re)descubriendo.
todos los días escucho afuera de mi puerta
voces de descanso
una ciudad lejana
residuos sobre mi ventana
el constante de mi cerebro
dentro de este espacio
ahora escucho el día
-Fragmento del poema Pasos fantasmas.
La autora, con sólo trece poemas, hace una muestra de su dominio del lenguaje, de la capacidad de traspasar la piel del lector y hacerle dar la vuelta para verse desde dentro. Y sentir. Sobre todo sentir y palpar cada una de las emociones que se describen.
Personalmente, este poemario me ha parecido una manera de bucear en una misma y hablar directamente con las propias emociones. Son poemas que necesitan ser leídos más de una vez, abandonándonos a la reflexión sin miedo, sin tapujos ni distracciones; con una desnudez emocional que debemos afrontar. Son poemas realmente profundos, que no me parecen de fácil lectura, pero el esfuerzo de adentrarnos en ellos tiene una grandísima recompensa: descubrir, conocer, aceptar. Y como no, darnos el gusto de conocer una voz poética diferente, directa, que ha sido capaz de remover, con trece poemas, lo más puro de nosotras mismas.
Personalmente, este poemario me ha parecido una manera de bucear en una misma y hablar directamente con las propias emociones. Son poemas que necesitan ser leídos más de una vez, abandonándonos a la reflexión sin miedo, sin tapujos ni distracciones; con una desnudez emocional que debemos afrontar. Son poemas realmente profundos, que no me parecen de fácil lectura, pero el esfuerzo de adentrarnos en ellos tiene una grandísima recompensa: descubrir, conocer, aceptar. Y como no, darnos el gusto de conocer una voz poética diferente, directa, que ha sido capaz de remover, con trece poemas, lo más puro de nosotras mismas.
No estaré aquí cuando tiembles es un poemario de miedo, de búsqueda, de aceptación, de luz. Se nos presenta dividido en tres partes, de las cuales hablaremos a continuación.
1. La bruma, la herida.
Una primera parte sombría pero no carente de algún rayo de luz ajeno, externo. El autor parece enlazar sus emociones y sentimientos con las imágenes que lo rodean, una herida ajena a lo que más adelante puede suceder, sintiéndose pequeña pero quizás en vistas de crecer y hacerse más profunda.
Poca luz, sombras y brumas acompañan ese ánimo que se muestra a través de las pequeñas pinceladas de arte como son una herida en un cuadro de Sorolla, o la soledad de quien mira fuera desde dentro, en un cuadro de Hopper.
Desaliento, desasosiego y una tenue resignación a la herida se detectan en estos poemas, que intentan abrirse paso hacia una luz que se presenta ajena. La vida sigue y se va abriendo camino a pesar de la incerteza, del frío, de la innegable impotencia que cubre esa herida.
2. Animal desvalido, peregrino en el tiempo.
El autor parece reflexionar sobre la soledad, el vagar sin un rumbo, sin esa palabra que nos vertebreba.
Ya no nos cala esta ausencia
de palabra, hoy entendida
como un sonido vano que
ayer nos vertebró y ahora
vaga por páramos y calles
como una antigua diva,
la pobre venida a menos.
-Fragmento de Como una antigua diva.
Los recuerdos van tomando forma, y se contraponen con un presente vacío y herido. Las ausencias, el dolor, las palabras-acero que dejan su imponente marca en el alma. Es como si la vida fuera totalmente ajena, el mundo avanzara y siguiera su curso fuera de nosotros mismos. En cierto modo, pero, se sienta una búsqueda, unas ganas de ir más allá y encontrar aquella mano, aquella voz que nos devuelve a la vida.
Y se alarga mi mano para coger
al amigo del hombro y pedirle
que no se vaya.
Pero no me pertenecen
ni mi mano ni su hombro,
lo que vivimos juntos solo
se nos había prestado.
-Fragmento de Nada es mío.
El pasado pesa sobre nuestra sombra, y nos convierte en peregrinos del tiempo en esa búsqueda de algo que ni siquiera sabemos si encontraremos. Pero aún queda una esperanza, la búsqueda de un atajo que nos devuelva a la luz.
3. Amor y misterio, lumbres que prenderán.
La certeza de ser y de que no siempre se será. La certeza de la ilusión que siempre se desvanece. La certeza de la incerteza.
Hoy sé
que no habrá respuestas
como luciérnagas que lucen en la noche,
tan reales,
tan difíciles de encontrar.
-Fragmento de Luciérnagas (poema en tres actos)
Personalmente, noto un cambio interesante entre las dos primeras partes del poemario y esta tercera. Así como las dos primeras se me antojan más emocionales, más sentimentales, más etéreas, esta tercera se abre ante mis ojos como algo más racional, más analítico, más reflexivo, tomando conciencia de la vida y sus avatares incontrolables, de los inicios y de los finales.
Me llama la atención, en este sentido, como, a medida que avanzan los poemas, el pasado se va aceptando, los recuerdos se van asumiendo y dejamos que nos vayan configurando
Y de repente, esa mano aparece, esa tabla de salvación llega y se nos posa delante, para que podamos cogerla y salir de nuevo a flote, con nuestras sombras, con nuestros pactos con el pasado, con nuestras heridas, pero a flote.
Y ahí aparece de nuevo la voluntad de volver a arder, de seguir y de ser
Quiero sentir calor en las entrañas
y que arda el miedo.
Quiero que el a mor
sea un perpetuo combustible
que calienta, en inverno, mi hogar.
-Fragmento de Que prenda el fuego
La voluntad de ser amado y, sobretodo, de amar. Los últimos poemas de esta segunda parte nos dejan ver de nuevo que el amor está, que existe, que somos, y es casi como si se cerrara un ciclo, desde la bruma, hasta la llama, pasando por un peregrinaje hacia la búsqueda de esa luz.
No estaré aquí cuando tiembles es un poemario que sorprende. Poemas sutiles que envuelven, emociones y sentimientos que nos hacen ver que nosotros también los llevamos dentro. Imágenes cotidianas y reflexiones profundas a raíz de esas imágenes, que nos llevan a deslizarnos desde la oscuridad hasta la luz.
Poemas maduros, excelentemente escritos, se nos clavan en los ojos precisamente para ayudarnos a ver, a comprender que tras las brumas y la soledad, hay siempre una pequeña llama que espera prendernos y una mano que nos puede acompañar. Y a menudo, esa mano está mucho más cerca de lo que creemos pensar.
Andrés de la Escosura es profesor de Química en la Universidad Autónoma de Madrid y ha escrito multitud de obra científica. Pero por otro lado, es amante de la literatura y ha escrito poesía casi toda su vida. No estaré aquí cuando tiembles es su primero poemario y, estoy segura, no será el último. Os recomiendo que al calor de una taza de té o de café, os dejéis llevar por estos poemas maduros y profundos, y dejéis que ellos os muestren que la luz todavía existe, y que el fuego no ha dejado nunca de arder.
Nacida en 1850, Rosario de Acuña fue una escritora, poeta, pensadora y periodista considerada una adelantada en el proceso de la igualdad entre hombres y mujeres, y la en la lucha por los derechos de los más débiles.
Desarrolló una enfermedad ocular que le ocasionaba la pérdida intermitente de visión, cosa que hizo que su enseñanza y educación difería en cierto modo de la enseñanza oficial que se daba a las mujeres, siendo educada en su propia casa, con un pleno contacto con la naturaleza, y al cuidado de unos padres dedicados totalmente a Rosario, como hija única que era. Esta educación despertó en ella un interés por la Historia y por las Ciencias Naturales, adquiriendo, en parte también gracias a sus estancias en Roma, en tierras andaluzas o a la vera del Cantábrico, un conocimiento tremendo del mundo animal y vegetal. Sus periódicos viajes al extranjero, París, Bayona, Roma, alimentaron su curiosidad por el mundo que la rodaba y su cultura, así como su talante libre pensador y republicano.
Cuando apenas contaba veinticinco años, se estrena en el mundo literario ni más ni menos que en el Teatro Español de Madrid, siendo la segunda mujer que lo lograba, después de Gertrudis Gómez de Avellaneda. Después de este magnífico estrenó, que le brindó el aplauso del público asistente, con una obra, Rienzi el Tribuno, que se centraba en ser una crítica a la tiranía y un grito a la libertad. A su vez, inevitablemente, también levantó las críticas de algunos sectores.
Se casó poco después, trasladándose a vivir a Zaragoza, pero el matrimonio no duró demasiado y Rosario decidió abandonar a su marido por sus repetidas infidelidades; otra muestra más de que Rosario era una mujer adelantada y valiente, puesto que en esa época no que la mujer abandonara al marido era algo casi inconcebible.
Paralelamente, no abandonó su producción literaria, publicándose, en 1874, el largo poema Ecos del Alma, que le abrió las puertas a diversas revistas como La Mesa revuelta, o El imparcial.
A mediados de los años 1880, fue la primera mujer en ocupar la tribuna del Ateneo de Madrid, realizando una lectura poética y, posteriormente, también en el Fomento de las Artes, centro de acogida de escritoras liberales. Por su obra y su manera de ser, se ganó la simpatía de las corrientes y sectores librepensadores del país, grupos cercanos a la ideología republicana y defendiendo la separación de la iglesia y el estado, así como en la intromisión de la iglesia en la intimidad de las conciencias. Siguiendo su pensamiento, ingresó en una Logia masónica, y estuvo igualmente vinculada a otras dos logias más, Las Hijas del progreso, de Madrid, y la Logia Jovellanos, en Xixón.
Sus ideas, su obra y su valentía la convirtieron en una de las primeras mujeres en vivir el éxito y abrirse camino en un mundo dominado por los hombres, clamando a viva voz por la igualdad de derechos. Una muestra podría ser el estreno de su obra El padre Juan, una de las más polémicas de su carrera, puesto que presentaba en escena los falsos valores de la religión católica, las deformadas creencias religiosas y el fanatismo, contraponiéndolos con personajes que encarnan la razón, la bondad y la justicia. La obra fue un escándalo para la época e incluso llegó a prohibirse, cerrando las puertas del teatro.
Decidió abandonar la capital e instalarse en un pueblito de Cantabria, convirtiéndose en una experta avicultora, destacando igualmente en esta faceta, por su labor como investigadora y difusora de la industria avícola. Rescindido el contrato de su vivienda en cántabra, se trasladó a Asturies, donde habitó hasta su muerte en el año 1910. Allí continuo con sus ataques contra el conservadorismo y los estamentos más convencionales, con diversas publicaciones en distintos medios, siempre fieles al librepensamiento, denunciando el maltrato a las mujeres, la situación de los obreros y la dureza de la vida en algunos sectores más oprimidos. Y allí fue donde finalmente se estrenó su obra El padre Juan, gracias a la Sección Artística Obrera del Ateneo, siendo representada en el Teatro Robledo de Xixón. Falleció en el año 1923, en Asturies, por una embolia cerebral.
Es importante también su faceta como periodista, la cual se centró en la denuncia de las desigualdades existentes entre la mujer y el hombre, destacando sus colaboraciones en Las Dominicales del Libre Pensamiento, un periódico que ya gozaba de bastante crítica y con multitud de denuncias por su contenido.
En definitiva, Rosario fue una mujer adelantada a su tiempo, valiente, que se enfrentó a diversos sectores del conservadorismo, viviendo incluso la amenaza de entrar en prisión, cosa que la llevó a exiliarse durante un tiempo a Portugal. Su obra es una muestra de su manera de pensar, de su lucha y de su ideología.
Su obra como dramaturga es quizás la más destacada de toda su producción, logrando un éxito hasta entonces casi sin precedentes por una mujer, pero aquí os vamos a compartir cinco poemas suyos. Esperamos que los disfrutéis.
Susana Thenón llegó al mundo en el año 1935. De familia judía, desde bien pequeñita estuvo rodeada por el mundo de la cultura y el arte. Formó parte del grupo de jóvenes actores del Teatro Cervantes, y estudió la Licenciatura en Letras Clásicas en la Universidad de Buenos Aires. Contaba solamente 23 años cuando se publicó su primer libro de poesía, Edad sin tregua, en el año 1958 y, al año siguiente, salió a la luz Habitante de la nada.
Junto con otros autores argentinos, como Alejandra Pizarnik o Alejandro Vignati, fundó la revista literaria Agua Viva, y quedó plenamente introducida en el mundo de la poesía. Se dedicó durante algunos años, aproximadamente a partir de mediados de la década de los 60, a la traducción de textos y fue entonces cuando publicó su tercer poemario, De lugares extraños, en el año 1967.
A pesar de ser parte de algunos círculos intelectuales, lentamente se fue separando alejándose en cierto modo del mundo literario, tomando su propio camino, siendo fiel a las voces de su interior para sacar a la luz una poesía cruda, desnuda e incluso a veces hiriente.
En la década de los 60, centró su atención en su faceta fotográfica, fotografiando a la que fue su pareja, la bailarina Iris Scaccheri. De hecho, su obra como fotógrafa se consolidó con diversas exposiciones en diferentes Galerías de Europa, e incluso logró el Premio de Fotografía Parisien, con su serie Humor Blanco Humor Negro. No publicó nada más de poesía hasta el año 1984; de hecho, su última obra publicada fue Ova completa, en el año 1987, pero a pesar de casi no publicar nada, siguió escribiendo y eso se muestra en la publicación de obras póstumas como La morada Imposible I y II, compilada por la poeta María Negroni, o Paraíso de Nadie.
Falleció también en Buenos Aires, en el año 1991.
Su poesía aborda temas como la soledad, la oscuridad, el deseo negado cosa que la llevó a ser, en cierto modo, comparada con la poesía de Pizarnik. Lo ausente está paradójicamente muy presente en su poesía, lugares extraños, sombras e imposibles. Es una poesía casi tangible que parte de su propio yo más íntimo para adentrarse en el mundo del lenguaje, de la oscuridad y del extravío. Su poesía contaba con un punto irreverente, despojada de adornos, directa y con un lenguaje afilado; lo que pretendía Thenón no era adaptarse a las corrientes literarias de su época, sino ser fiel a su yo más íntimo.
A continuación os dejamos una selección de cinco poemas, no sin antes recomendaros que profundicéis un poco más en su obra. La poesía de Thenón ha sido en cierto modo injustamente eclipsada por otros autores argentinos de gran renombre, pero es una poesía que no dejará indiferente a nadie y podría incluso ser una poesía, a pesar de los años, de lo más actual.
Audre Lorde, fue, como ella misma se definía, una guerrera, poeta, feminista, negra y lesbiana nacida en pleno barrio de Harlem, Nueva York, en el año 1934, hija de inmigrantes caribeños, con los que no tenía una excelente relación, puesto que había cierto distanciamiento y Audre era una chiquilla más bien introvertida y de altas capacidades intelectuales. Encontró en la poesía una salida y una manera de comunicar sus ideas y pensamientos, desarrollando un gran don para esta disciplina literaria ya desde bien jovencita.
Se graduó en Literatura y Folosofía en el Hunter College, donde acabó, con los años siendo profesora. Sufrió discriminación y homofobia a lo largo de su vida, como cuando quiso introducirse en la asociación de escritores Harlem Writers Guild, en los años 50, pero esto, lejos de hacerla desistir, afianzó su fuerza y su lucha para enfrentarse a la discriminación, a las injusticias, y reafirmó todavía más su identidad como mujer, negra y lesbiana. Su vida, de hecho, fue una constante lucha contra toda la opresión que vivía la sociedad norteamericana.
Audre Lorde. Fuente The poetry Foundation.
Por ejemplo, fundó la editorial The kitchen table, para editar a escritoras de color, fundó también organizaciones para ayudar y asistir a víctimas de abusos sexuales o de violencia de género, y fue codirectora del periódico lésbico Chrysalis.
Estuvo unos años en México, durante los cuales asistió a la Universidad Autónoma de México, y se integró en círculos de exiliados norteamericanos y fue en este período que reafirmó su identidad como personal y artístico como poeta y lesbiana.
Después de obtener un Máster de biblioteconomía en la Universidad de Columbia, trabajó como bibliotecaria durante años, pero poco después se afianzó como profesora universitaria, siendo contratada como poeta residente por el Tougaloo College, donde conoció la que fue su pareja durante 19 años, Frances Louise Clayton.
También vivió ocho años en Berlín, donde obtuvo un importante reconocimiento en Alemania y en Europa siempre sin abandonar su lucha y organizando el movimiento de africanos y afrodesdecientes en Alemania.
A lo largo de su vida, Audre fue muy consciente de la opresión que existía en el mundo, por diversas vertientes, el color, la sexualidad, el género, y eso hizo que su obra destilara rabia e ira, y fuera parte de su lucha contra estas injusticias. Usó el lenguaje como una fuerza y arma de resistencia.
En el año 1987 se le diagnosticó un cáncer de mama que la llevó a tener que realizarse una mastectomía, para después sufrir un cáncer hepático. De ahí salió una de sus obras más importantes, The Cancer Journals, pulicado en el año 1981, donde habla íntimamente sobre sus viviencias con esta enfermedad; una obra muy recomendada para mujeres que la sufren o la han sufrido.
Respecto a su obra, marcada especialmente por su incansable lucha contra las injusticias, las opresiones, destaca su primer libro de poesía, publicado en el año 1968, The First Cities, aunque su obra más conocida es Sister Outsider, que es una colección de ensayos sobre la lucha contra el racismo, el machismo y la opresión heteronormativa.
Os dejamos a continuación seis poemas de Audre.
Quién dijo que era fácil
Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se juntan antes de marchar,
hablan sobre las chicas problemáticas
que contratan para ser libres.
Un empleado casi blanco ignora
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no se dan cuenta y rechazan
los pequeños placeres de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
como por mi cama
como también en el sexo.
y me siento acá preguntándome
cuál de mis yoes sobrevivirá
a todas estas liberaciones.
Oaxaca
Bajo el pedazo de madera que labra
se mueve lentamente la tierra.
Pero los relámpagos se acercan.
Cultivando su secreto en la tierra ocre
tendida como una mujer
la osadía es una labor agotadora
para hombres de ojos inmóviles
que cuidan sus semillas
y una dura vigilia en la estación sin lluvia.
Pero en el fino y brillante borde del día,
más allá del arado partido, miran hacia las colinas
los relámpagos que se incuban
pues la tormenta es conocida.
Se mueve lentamente la tierra.
Aunque la víspera del relámpago
puede romper con un destello
la cara de una montaña, frágil como el vidrio,
la tierra se mueve lentamente.
Toda la fuerza de un hombre en brazos de su hijo
por tal de esculpir un surco
en duro suelo desafiante,
y la tendida tierra aguarda.
Largo y lento el arado
a través de la ocre estación seca,
y se mueve lentamente la tierra.
Pero los relámpagos se acercan.
Letanía de la supervivencia
Para las que vivimos en la orilla
paradas sobre el borde constante de la decisión
cruciales y solas
para las que no nos podemos permitir
los sueños pasajeros de la elección
las que amamos en los umbrales yendo y viniendo
en las horas entre los amaneceres
mirando hacia dentro y hacia fuera
al mismo tiempo antes y después
buscando un ahora que pueda engendrar
futuros
como el pan en la boca de nuestros hijos
para que sus sueños no reflejen
la muerte de los nuestros;
Para las que
fuimos marcadas por el miedo
como una suave línea en el medio de nuestras frentes
aprendiendo a tener miedo con la leche de nuestra madre
porque con esta arma,
la ilusión de poder encontrar más seguridad,
los torpes esperaban silenciarnos.
Para todas nosotras
este instante y este triunfo
No se suponía que íbamos a sobrevivir.
Y cuando el sol sale tenemos miedo
de que no permanezca ahí
cuando el sol se pone tenemos miedo
de que tal vez no salga en la mañana
cuando nuestros estómagos están llenos tenemos miedo
de la indigestión
cuando nuestros estómagos están vacíos tenemos miedo
de nunca volver a comer
cuando nos aman tenemos miedo
de que el amor desaparezca
cuando estamos solas tenemos miedo
de que nunca vuelva el amor
y cuando hablamos tenemos miedo
de que nuestras palabras no se escuchen
de que nuestras palabras no se escuchen
pero cuando estamos calladas
todavía tenemos miedo
Así que es mejor hablar
recordando.
No se suponía que íbamos a sobrevivir.
Carbón
«Yo»
es el negro completo,
algo hablado del interior de la Tierra.
Hay muchas clases de «abierto»-
como un diamante se vuelve en nudo de llama,
como un sonido se vuelve una palabra,
coloreado por quien-paga-cuál para hablar.
Algunas palabras son abiertas
como un diamante sobre ventanas de cristal,
cantando en alto dentro del choque pasajero del sol.
También hay palabras como
apuestas grapadas en un libro perforado
(cómpralo, fírmalo, y depedázalo)
y pase-lo-que-pase anhela todas las oportunidades;
queda el boleto, y un diente extraído (incorrectamente)
con un borde desigual.
Unas palabras viven un mi garganta,
engendradas como culebras.
Otros conocen el sol,
buscando como gitanos sobre mi lnegua
para explorar a través de mis labios
-como gorriones jóvenes que brotan de su cáscara.
Hay ciertas palabras
que me importunan.
«Amor» es una palabra -y una otra clase de «abierto».
Así como un diamante se vuelve en nudo de llama,
yo soy «Negro» – porque me origino del interior de la tierra.
Ahora: toma mi palabra -como una joya-en tu luz abierta.
Poema de amor
Canta, tierra, y bendíceme con lo que es más rico
haz que el cielo haga fluir la miel de mis caderas
rígidas como las montañas
tendidas sobre un valle
carcomido por la boca de la lluvia.
Y supe cuando entré en ella que yo era
viento alto en el hueco de sus bosques
susurrando sonido los dedos
miel derramada
de la copa partida
empalada en una lanza de lenguas
en las puntas de sus pechos de su ombligo
y mi aliento
aullando en sus entradas
a través de sus pulmones doloridos.
Codiciosa como una gaviota
o como una niña
me balanceo sobre la tierra
una vez
y otra.
Libro de cuentos en la mesa de la cocina
La matriz dolorosa de mi madre escupió algo: yo.
Escupió “yo”
en su arnés incómodo de desesperanza,
en sus engaños,
donde la ira me concibió (una segunda vez),
perforando mis ojos, como flechas
señaladas por su pesadilla de la “ella” que yo no me volvía.
Y ella, yendo, dejó en su lugar
unas doncellas de hierro que me protegieran;
y mi comida fuera
la leche arrugada de leyenda
donde yo, envuelta de pesadillas,
vagabundeaba a través de las habitaciones aisladas de la tarde.
Joana Raspall va néixer l’any 1913 al barri barceloní de la Barceloneta, tot i que la seva família provenia del Masnou. Tanmateix, quan tenia tres anys, es van traslladar a la localitat de Sant Feliu de Llobregat, on hi va viure tota la seva vida i on va morir amb cent anys, l’any 2013.
La seva activitat literària no podria tenir un any d’inici donat que ho duia a la sang, però podem considerar que és en plena dictadura de Primo de Rivera, a la dècada dels anys 20, que comença en ferm la seva activitat ja no només literària, sinó també cultural i activista catalana, escrivint poesia, prosa i teatre, publicant a revistes com El Eco del Llobregat o Camí i Claror, alhora que inicia una campanya per obrir una biblioteca infantil a Sant Feliu, on ella viu. Animada per aquest fet, comença els estudis de bibliotecària fins acabar aconseguint una feina a la Biblioteca de Vilafranca del Penedès. És a les acaballes de la Guerra Civil que ho ha de deixar no sense abans, amb l’ajuda d’una companya, treure i salvar molts exemplars de llibres, especialment catalans, de caure en mans dels nacionals, duent-los a la Biblioteca de Catalunya.
Acabada la guerra, la Joana continua amb la seva activitat literària, publicant en mitjans clandestins i fugint de la censura, sense abandonar mai l’activisme actiu en favor de la llengua catalana; fet que a la llarga va fer que fos guardonada amb la Creu de Sant Jordi l’any 2006, com a reconeixement per la seva lluita en favor sempre de la llengua i la cultura catalanes. Fins i tot, quan l’ensenyança del català era prohibida, ella feia classes al seu domicili de manera clandestina.
Joana Raspall. (Font: Núvol)
Un fet curiós és que la Joana recopilava fitxes de paraules i sinònims; passió que va desembocar en l’edició, juntament amb Jaume Riera, del Diccionari de Sinònims, l’any 1972. Posteriorment, la seva faceta de lingüista la va dur a editar el Diccionari de Locucions i Frases Fetes, l’any 1984, i el Diccionari d’homònims i parònims, amb Joan Martí.
L’obra de Joana Raspall és terriblement extensa i variada. La poesia infantil és potser la vessant que la va fer més reconeguda, considerant-la, en certa manera, una de les primeres autores, si no la primera, en fer poesia i literatura infantil i juvenil, però sense menysprear gens ni mica la seva poesia per a adults, les seves obres de teatre infantil, que la van dur a obtenir un reconeixement, o la narrativa, arribant a publicar també una novel·la, Diamants i culs de gots, l’any 2006, i un recull de narracions.
La seva extensa obra, doncs, inclou més d’una vintena de llibres de poesia infantil i juvenil, set poemaris de poesia per a adults, una trilogia de teatre infantil, així com narravita, tan infantil i juvenil com per a adults.
Joana Raspall fou una dona que mai no va abandonar la lluita per la llengua i la cultura del seu país, especialment en temps convulsos i difícils per aquesta cultura, activa i amb empenta i amb una vessant creativa infinita.
Feta aquesta petita introducció, us compartim a continuació cinc poemes de la Joana Raspall. Esperem que els gaudiu!
David González nos presenta un libro donde el Amor, con mayúsculas y en todo su esplendor, es el protagonista; no sólo amor de pareja, sino el amor a la vida, al mundo, al propio amor, a su ciudad, al arte, a la poesía.
Es un libro escrito enteramente en sonetos, cosa que puede parecer de cierta osadía puesto que el soneto, para mí, es la composición clásica por excelencia y, ante tanto verso libre, tanto poema que a veces no es poema, tanto verso partido por la mitad, hallarse ante un libro todo con sonetos magistralmente escritos es todo un reto y, desde mi punto de vista, hoy en día, todo un lujo. Y más si tenemos en cuenta que los sonetos de David, endecasílabos perfectos, le surgen de una manera tan natural, que convierten el libro en toda una delicia.
El poemario se divide en cuatro partes, Ars Amandi, Modus Operandi, Si Vis Pacem y la última Tempus Fugit. La primera parte se me antoja como más contemplativa; el amor está, se siente, se ve y se vive, ya sea a través de una persona, de una obra de arte, o de un instante. La segunda me hace pensar más en esas acciones que aportan amor, y a su vez, el amor por esas acciones, correr, observar, escribir… Si Vis Pacem, la tercera parte, me lleva a darme cuenta que para conseguir la pureza, la paz, el amor, a veces hay que cruzar caminos oscuros. Y finalmente Tempus Fugit, que me parece quizás la parte más sombría. De esta manera, siento que el poemario guarda en sí mismo esa luz que da claridad a lo sombrío. El mismo poemario contiene la sombra y la luz, iluminándonos los ojos y el alma, oscureciéndolos, y volviendo a iluminarlos.
Porque amar es la opción más prohibitiva:
soportar y a la vez ser el soporte
y exprimir la pasión más primitiva.
Fragmento del poema Nieve en primavera.
El amor aparece como elemento de unión en todos los poemas, en diferentes vertientes, pero siempre como el elemento positivo que aporta ese fuego que tanta falta hace en lo sombrío.
Todo el poemario me parece de una fuerza tremenda, con claroscuros que muestran que la vida, a al final, es eso, caminos de sombra para llegar a la plazoleta de la luz.
El amor como ese elemento puro que llega, esperado, y revuelve todo nuestro mundo para convertirlo en algo luminoso y nuevo, en algo que nace de repente y lo llena todo de flores y perfumes:
Llegaste con el arte por bandera.
Contigo el mundo es un lugar mejor.
Contigo comenzó la primavera.
Fragmento del poema Soneto Confidente.
Es un poemario que se hace cercano y es inevitable caer en sus redes y, nunca mejor dicho, enamorarse de los sonetos. Pero que precisa de una leída tranquila, con mimo, que nos permita entrar en todos y cada uno de sus versos para darnos cuenta de la fuerza que contiene y de que a veces, la luz, la podemos encontrar donde menos esperamos.
Un mensaje luminoso y tan necesario en los días que corren hoy en día, un remanso de paz amorosa que nos acoge con los brazos abiertos y nos libra de las tinieblas.
Amemos como un brujo en pleno trance:
con fe, convencimiento y osadía;
amemos sin medir ni hacer balance.
Fragmento del poema Desbordar el recipiente.
Soy consciente que en esta reseña no os desvelo mucho de lo que encontraréis en este poemario; y eso es porque me gustaría que lo leyerais, que entrarais en él y vierais por vosotros mismos todo lo que esconde. Como pequeña pista os diré que quizás este libro os traiga un poquito de luz en lo sombrío.
David González Lago, Córdoba, 1981, licenciado en Historia del Arte y en Antropología Social y Cultural, es profesor de Geografía e Historia. Su faceta como escritor lo ha llevado a tener seis libros publicados, dos de los cuales han sido reseñados en esta revista: Animalicémonos y Artefactum. Luz en lo sombrío es su séptimo poemario.