Nostalgia, emoción y vida desde una esquina soleada en los versos de Karlos V

Molino de cielo. Foto: Sili[k} (Flickr/CC BY-SA 2.0)
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Llegó de puntillas, despacito, sin hacer mucho ruido. Como cuando vas caminando por una calle y de repente encuentras una esquina donde da el sol Otoñal, y te quedas ahí, con los ojos cerrados y aun así, mirando esa cegadora luz que te calienta la piel; y esa esquina es casi poética. Ahí se encuentra nuestro compañero Carlos Bernabeu, con una mesita y una pluma, dispuesto a regalarnos sus versos. Y es que a Karlos V le gusta escribir desde su esquina soleada, pues sus ideas nunca se detienen, ni siquiera en esos momentos de paz:

Aparece un rayo de sol en la ventana sur,
la tarde se colma de gracia, las manos y los pies se calientan,
las ideas siguen su curso y duermen

Hablar de su poesía es hablar de emoción, de nostalgia, de vida. Y todo con una profundidad casi imperceptible, pero sus versos tienen la capacidad de adentrarse mucho más adentro, no quedarse únicamente en la belleza, en la cadencia o el ritmo, sino que intenta adentrarse hasta llegar a aquellas zonas más oscuras, que no siempre nos gusta visitar de nosotros mismos, y dejarnos con el alma en suspense.

También cabría destacar cierta melancolía sutil que a veces impregna sus versos. Da valor al pasado, a los recuerdos, es como si el pasado estuviera detrás de nuestra espalda, dispuesto a sacar la cabeza cuando más lo hayamos olvidado. Da importancia a los recuerdos (el presente es una fábrica de recuerdos, afirma) y a veces hay cierta tristura empañando sus versos, el pasado a veces sobrevuela su poesía muy suavemente, a veces con nostalgia, a veces con dolor, pero siempre de una manera sutil, como si no quisiera darle la importancia que realmente le da.

Esta idea se puede ver por ejemplo en su poema Orígenes,

Orígenes

Tu lugar es la suma
de muchos lugares superpuestos,
como las calles de tu pueblo
cuarenta años después,

tu lugar quedó para siempre enmascarado
por un arroyo de tiempo, ignorancia y sordera,

ahora ya es tarde
para sentir aquel calor olvidado
que te acecha obstinadamente,

imagina lo que tendrás que escarbar para llegar a reconocer algún vago
recuerdo, para orientarte entre la nada,

imagina el tiempo que te llevará reconocer algún rostro
que te llevará a otro rostro y este a otro más,

llegarás a un rostro final
que son trazos de sombras que anidan en tu memoria,

buscarás hasta que comprendas que se puede comprender
lo mismo de otra manera, hasta que el frío y la oscuridad
te desalienten,

mirarás fijamente a los ojos de la gente
queriendo imaginar lo que ocurrió en tu ausencia,
pero nunca podrás entender lo que nació entre humo,

no podrás dar significado a las palabras que entonces
no quisiste oír,
a todas aquellas tardes que pasaste con los ojos cerrados
esperando despertar en otro mundo.

Se considera un alma rebelde en un cuerpo domesticado, y esta idea indirectamente se ve plasmada en sus versos: verso libre, no se adapta a una métrica fijada, sino que deja que las palabras tengan vida propia. Sin embargo, sus poemas están cuidadosamente escritos, de manera que tienen una belleza y un ritmo que parecen innatos. Son como preciosos pedazos de vida o emoción que el autor decide compartir.

Al leer sus poemas, una tiene la sensación que le están hablando directamente, hay una cercanía entre lector y autor, quizás por empatía, quizás por la emoción que sus versos esconden, sin caer en una sensiblería innecesaria; de hecho, sabe jugar con las emociones y el sentimiento en su justa medida. De ahí que muchos de sus versos calen hondo sin saber muy bien por qué.

Noches y olvido

I

Cae la noche
sobre los rostros que el sol
había tatuado en tus ojos,
baña la tierra
el manto frío que habita el cielo,
goza la hierba
y el matorral que todo lo admite,
el silencio también acaba cubierto de oscuridad,
las piedras ocultan
su color
el hombre acerca sus manos al fuego
y aprende a aceptar
su suerte.

II

Los minutos son bocados
de tiempo
sobre tu cuello blanco
y brilla tu rostro mientras
tu alegría se refugia
en un rincón desolado
a la espera del sol, de la música de un barco,
de la sal que el mar
le regala al viento,
la muerte no existe en este mundo
salado,
la luz de tus manos
gana la eternidad y la sombra de tu cuerpo
es ya un extraño
que habita en ti
cuando acaba el día,
el brillo de tus ojos
atraviesa el espejo al que se rinde tu rostro,
así todas las noches de lluvia, cada domingo
encharcado de ausencias,
la harina que el tiempo
ierte en tu cuerpo
acaba entre los dientes de todos los seres
que ocupan para siempre
tu imaginación.

III

Toda la sal que habita en tu piel
son residuos de madrugadas rotas y amores
perdidos.

IV

La noche es una mujer
desconocida en el tiempo,
con su oscuridad nos anuncia el fin,
el minúsculo adiós, el ocaso que a todos
nos espera,
será una noche, una solitaria sin la mirada azul
de la luna, nos abrazará en silencio,
lentamente hasta presentarnos
al último frío.

V

Sé que ya han comenzado a enfriarse
las paredes
de mi nuevo destino, allí
comenzaré a desvestir
lo que hasta hoy me empeñé
en ocultar,
todos los vicios que hacían mal
ya no son nada,
todo el temor al dolor
y a vivir en soledad
es ya una broma,
ahora
el frío final está cada día más cerca,
ese abrazo fraternal que tanto añoré
ya no puede con esta furia, con la
templanza y seguridad que da
el saberse perdido
al perder el miedo a abrazar
de cuerpo entero
el olvido.

Ah, pero no todo se queda ahí…. el amplio abanico emocional de sus poemas también pasa por el amor.

volver a verte, a tocarte
y sentir que todo cobra sentido
deliberadamente

Como todo poeta, ama, y ese amor se ve en pequeños versos que a veces se cuelan, en pequeños instantes que por un momento acarician el latido y hacen que el corazón nos tiemble un poquito.

Leamos por ejemplo su poema Fragmento:

Fragmento

Entre las sábanas sucias de un otoño olvidado
se desliza tímido el invierno,

he regado las plantas
y quitado el polvo de los libros que aún me quedan
por leer,

he buscado información contrastada y advertido que
norte y sur no tienen la misma piel,

febril voz la mía
que trata de frenar el ímpetu del viento,
que espanta las respuestas y desgarra el silencio,

recuerdo el sonido de tus pasos
aquel último domingo camino de la estación,
nuevos mundos en la retina, ritmos internos que revivirían
nuestros cuerpos,

sin saliva te dije adiós,
en mi interior surgía una voz que me rogaba
que todo fuera mentira,

cuando se adivina un error
tiembla el terreno por el que se camina,

volví a casa
perdido ya de inviernos
y recorrí uno a uno todos nuestros secretos:

aquel banco de madera blanca bajo el olmo,
la vieja taberna y su dueña temblorosa,
el paseo junto al río, la luz
apagada de tu ventana, el mercado cerrado y la barca oxidada
desde la que inventábamos las noches de marea alta
un idioma que nos impidiera recordar,

te dije adiós con la boca seca
y guardaré silencio hasta que vuelvas.

Es un amor suave, una nostalgia delicada que acaricia el poema entero, pero con ese velo triste y nostálgico que disparan la emoción por dentro, pero a su vez, sus versos aportan una paz emocional que es difícil explicar con palabras.

Me gustaría que os adentrárais en su maravilloso universo poético y os dejéis envolver por su emoción, su vida, su nostalgia, su paz.

Los años que nos pasan

La vida te pide amar,
pero el miedo es hierba mala
que no se deja intimidar
por sombras ni colores,
que no se combate con la química
de unos ojos, de unos labios
o con millones de promesas.

Las noches de luna fría
buscan asustar tu piel
y hacer temblar tu corazón,

la luna
es una hoz de plata afilada,
una guadaña sonriente
que te amenaza con su luz.

Hay noches que propician el encuentro
de todas esas armas rutilantes,
son madrugadas que se graban en la frente
al juntarse dolor y placer
abrazos, sudor y lágrimas,
pies descalzos entre el fuego
y el hielo,
madera y acero.

Esas noches disueltas, perdidas
en el éter,
sin memoria,
que albergan cuerpos
destruyéndose en su roce,
amor que se evapora,
que huye por las grietas
dejando en el suelo el áspero puñal
de los años que nos pasan.

Alentejo

Los días gotean sus horas
sobre este mar tan amplio como seco,
entre el granito y las cicatrices de unas casas
que viven por viejas,

sólo el pájaro
rompe el inmenso silencio
de una paz que cuesta asimilar,

la tierra de este sur
revela sus ausencias
y ordena,
bajo su capa de calor,
las imágenes de un tiempo
destinado a perdurar
más allá de nuestros huesos.

El sol del poeta

Los días se escurren entre las manos como alimento extraño
por el paladar de un hambriento,
se vive aguardando la llegada
de algún hecho, un cambio,
esperamos, sin sabernos dormidos
que algo nos despierte, nos ilumine,
algo que no está en ninguna página
ni en ninguna canción,

creemos
en el brillo de una mirada, en alguna
sombra pasajera, sin embargo somos incapaces
de retener la alegría,

se inunda el jardín lleno de flores
antes de que aparezca la lluvia, deseamos sin
identificar nuestro anhelo, y por ello
todo pasa y seguimos atendiendo, subidos al
carro del tiempo, pretendiendo que no seguimos
su curso, que él no pasa por nosotros,

nosotros, que perdimos tanto en el camino, que
no supimos nunca descifrar más de un idioma,
porque nuestra verdadera lengua siempre fue
la que usamos en los sueños, en esas aventuras que luego
tratamos de entender y transformamos en luces, estrellas, vientos,
brisas, abrazos o besos,

por eso la palabra es la herramienta que mejor
rastrea el futuro, la que ayuda con sus destellos
a iluminar los escondrijos donde se cobija
lo que nos preocupa, lo que no conocemos y sin embargo
late dentro, muy dentro de nosotros sin saberlo,

por eso el poeta sabe que algo va a acontecer y viaja
subido en el río de la palabra, en el aura
que emite una mirada, en el silencio que cabalga
cada noche en el interior de su pecho, en un más allá
que aparece en el sonido de una radio, en el aroma que escapa
de un balcón, en la fuerza protectora
que fluye por sus venas
y en el sol que nunca lo abandona.

Abandono

Un día abandonas
la sensación de soga al cuello,
los restos mohosos de tantos sueños
devorados,
la corbata impronunciable,

abrigado sólo por la luna
bordeas la cuneta de la vida
y sientes en la nuca el roce de la paz,

una vez el abandono comienza su conquista
existe el riesgo
de querer succionar todo demasiado rápido,
aligeras el equipaje y deambulas por aceras sucias,
mercados callejeros, las suelas de los
zapatos empapadas de fruta podrida y grasientas tripas de pescado,

la libertad es un vapor
que ofrece su alcohol entre dolores de cabeza
y estómagos vacíos,

el abandono tiene por bandera una camisa sucia
y arrugada al viento de un mundo pasajero,
unos ojos que miran sin pedir nada,
una frente cansada, un silencio tan amplio
que te persigue cuando paras,

el abandono es un perro que ladra sólo para ti,
la sombra que te huye, los pies que duelen antes de andar
mientras la vida se diluye al fondo de los parques,

ahora,
cuando todos tus bienes son casi todo males,
buscas el calor entre cartones,
nadie conoce el orden en ese rincón oscuro del puerto
donde seres en vela celebran su eterno verano,

mañana es un arco iris en blanco y negro
que despide migas de una hogaza caliente y pura,
las migajas que aún concede la vida
a quienes abandonaron su miedo
a tiempo.

Y para terminar, os dejo con uno de mis poemas favoritos de Carlos, donde podemos encontrar justo los elementos más característicos de su poesía: la nostalgia, belleza y emoción. No sin antes invitaros a dar un paseo por su perfil de Poémame o por su blog, Mi esquina soleada.

Volver

Volver a casa, regresar de una prolongada ausencia,
encontrar entre el silencio de las paredes
el eco de aquellos días lluviosos,
aquellas tardes grises
que batían sin saber nuestra distancia,

ver entre la penumbra mi figura, aquel joven
inquieto libro en mano, buscando palabras que explicaran algo
que ya sabía inexplicable,

dejar entrar de nuevo la luz y el viento
para que limpien el poso de tantos lamentos,
lloros y risas acumuladas en estos pasillos
donde por primera vez
roce tu mano,

volver a verte, a tocarte
y sentir que todo cobra sentido
deliberadamente,

sé que sólo seré sombra sin la luz de tu mirada, esa luz
que me trajo hasta aquí, hasta el principio, para intentar recobrar
entre el tiempo todas las caricias perdidas,
para saber que mi lengua necesita ser hablada
y mis ojos advertir tu piel,

uno no recoge todo lo que siembra
y a veces sufre con las cosechas ajenas,
uno mira siempre al frente tratando de olvidar un dolor
que ya no duele,
un peso que se agolpa en la espalda como si el pasado
fuera una herida sin rostro,
una deuda impagable que adquirimos al nacer.


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Ze Pequeño

Ze Pequeño, también conocida como Gemma Rabaneda Sureda, nacida una fría Nochebuena en Barcelona. Autora de los poemarios ‘Poetitzant-te’, Editorial Neopàtria (2014) y 'Setenta Lunas de Abril y un baile póstumo', Balanceo Poesía (2018).

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6 Respuestas

  1. jose luis dice:

    Una gozada de artículo. Felicidades.

  2. Carlos dice:

    Uff estoy leyendo tu artículo en un bar y tiembla el taburete. Mil gracias poeta, es verdaderamente nutritivo. Abrazo grande.

    Carlos

  3. Óscar David Sánchez dice:

    Hola Ze! Excelente artículo!

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