Etiqueta: rosa galdona

  • #PoémameVerano: Enero 2025

    #PoémameVerano: Enero 2025

    Hola,

    Llegó el verano y con él nuestro resumen anual de lo publicado desde el pasado mes de septiembre de 2024. Les incluimos una relación de los artículos de más interés que fueron publicados.

    El equipo fijo de la revista está compuesto por @osvid , @aldapascuzzo , @horten , @ze_pequenho , @marielacordero , @mariaprieto y @jlregojo . Esperamos que pasen un agradable verano y disfruten con la lectura de la buena poesía que les venimos ofreciendo desde septiembre de 2016.

    José Luis Regojo (jregojo@gmail.com)

    Director Revista Poémame

    3 Poemas de Jae-nam Kang 강재남, poeta surcoreana

    Poesía protesta

    3 Poemas de On-yun Jo 조온윤, poeta surcoreano

    Elogio de la oda

    3 Poemas de Min-bok Ham 함민복, poeta surcoreano

    Clima y literatura canaria

    3 Poemas de Tae-il Park 박태일, poeta surcoreano

    Poesía es todo

    3 Poemas de Ha-seok Lee 이하석, poeta surcoreano

  • #PoémameVerano: Octubre 2024

    #PoémameVerano: Octubre 2024

    Hola,

    Llegó el verano y con él nuestro resumen anual de lo publicado desde el pasado mes de septiembre de 2024. Les incluimos una relación de los artículos de más interés que fueron publicados.

    El equipo fijo de la revista está compuesto por @osvid , @aldapascuzzo , @horten , @ze_pequenho , @marielacordero , @mariaprieto y @jlregojo . Esperamos que pasen un agradable verano y disfruten con la lectura de la buena poesía que les venimos ofreciendo desde septiembre de 2016.

    José Luis Regojo (jregojo@gmail.com)

    Director Revista Poémame

    3 Poemas de Gisela Cappellin #PoesíaVenezolana

    Ana María Fagundo Guerra

    3 Poemas de Lidia Salas #PoesíaVenezolana

    Introducción a “Diálogos entre un poeta y su lectora” 

    3 Poemas de Giordana García Sojo #PoesíaVenezolana

    Cinc poemes de na Joana Raspall

    3 Poemas de Hwi-woong Choi최휘웅, poeta surcoreano

    Poesía, vida y muerte de Teresa Wilms Montt

    3 Poemas de Jasna Gugić, poeta croata

  • Notas y relatos desde Candelaria, de José Luis Regojo (Ed. Fuerte Letra, 2025)

    Notas y relatos desde Candelaria, de José Luis Regojo (Ed. Fuerte Letra, 2025)

    José Luis Regojo (1958, Caracas, Venezuela), vive en Candelaria (Sta Cruz de Tenerife). Es catedrático de lengua inglesa y traductor de la obra del ecopoeta estadounidense beat Gary Snyder, al castellano y catalán. Autor de diversos libros de gestión de entidades sin ánimo de lucro y artículos periodísticos en Es Diari de Menorca. Ha publicado los álbumes ilustrados Max y su sombra (Ed. Proteus, 2012) y Cuento contigo, Nala (Ed. Escribe Conmigo, 2021). También es autor del poemario Fronteras (Autografía, 2018), de los libros de relatos Recetas y relatos de un año bisiesto (Autografía, 2019), Trece meses (Ed. Platero, 2021) y la novela-diario El pino (Ondina ed., 2023).

    Ha publicado poemas y relatos en antologías y distintas revistas digitales. Es director de la Revista Abierta de poesía, Poémame (http://152.228.140.20/ y Secretario de la Asociación Cultural Canaria de Escritores (Acte).

    Tal como nos avanza el autor en la cubierta del libro, ¨Notas y relatos desde Candelaria¨, publicado por la editorial Fuerte Letra, “se comenzó a escribir durante el otoño del año 2022 y finalizó el mes de diciembre de 2024. La semilla de algunos de los textos que van a leer a continuación, vieron la luz “digital” en revistas de literatura con sede en Candelaria, como las revistas de la Asociación Tamasma Cultural y de la Asociación Cultural Canaria de Escritores (Acte), así como en mi blog personal”.

    La lectura de este libro va a sugerir al lector un puñado nada desdeñable de emociones. Porque cualquier isleño con raíces candelarieras se dará por aludido en los relatos protagonizados por el océano. A nadie dejará indiferente la Casa Las Miquelas, centro alfarero fundamental para ayudar a mantener viva la tradición alfarera guanche en la villa mariana. De la misma manera, nos tocará el alma, ese mito extendido de nuestra amabilidad y mansedumbre que se pasea por todo el libro. Como canaria, me siento identificada con ese carácter tranquilo, que no es docilidad, no se confundan, sino amor a la placidez y la calma.

    Desde la playa de La Viuda a Igueste, pasando por Cuevecitas o Barranco Hondo, Caletillas, Malpaís, Araya o la propia Villa, el lector pasea por los espacios conocidos y por los paisajes humanos más emblemáticos y queridos de Candelaria. El catalán que vino a sentir canario ha firmado su testimonio literario de estos lares. Y lo ha firmado desde su balcón, como a él le gusta decir. Con su afabilidad innata y sus horizontes de para en par, José Luis no ha tenido problema alguno en sentirse canario. Ha abrazado sin pudor nuestro léxico y nuestros modismos hasta hacerlos suyos. Se ha acostumbrado (no sin cierto esfuerzo, eso sí) a nuestro elogio de la lentitud en el día a día. Y se ha dejado meter hasta el tuétano esa canariedad que solo el que ama esta tierra conoce de verdad.

    “El libro está compuesto de sensaciones, reflexiones, divertimentos, todos ellos surgidos mientras miraba el océano a nuestro alrededor, (desde su ventana, añado yo) y que tenemos por espejo desde la costa candelariera, sin olvidar, por supuesto, los susurros permanentes de los barrancos que nos abrazan. Nada ni nadie es real, todo es fruto de la ficción”.

    Pero entre ficciones y veras, asoman en la obra la mirada crítica de quien ve al océano escupir un pañuelo palestino, o el asombro casi pueril de quien se sorprende ante la inmensidad de una tierra volcánica de sequero que dificulta el caminar, la admiración ante las leyendas de Barranco Hondo o Malpaís o la actividad cultural permanente de la Villa. Todo le fascina. Todo lo sorprende. Esperamos que a ustedes también. Felicitamos al autor por este trabajo, que sin duda aporta unas pinceladas de  literatura inigualables al panorama cotidiano de Candelaria, al paisajístico, al histórico y al humano.

  • Poesía y erotismo

    Poesía y erotismo

    ¨La relación entre erotismo y poesía es tan íntima que puede decirse, sin afectación, que el primero es una poética corporal y que la segunda, es una erótica verbal. Ambos están constituidos por una oposición complementaria. El lenguaje- sonido que emite sentidos, trazo material que emite ideas incorpóreas- es capaz de dar nombre a lo más fugitivo y evanescente: la sensación; a su vez, el erotismo no es mera sexualidad animal: es ceremonia, representación. El erotismo es sexualidad transfigurada, metáfora”[1].

    Estas palabras del escritor mexicano Octavio Paz nos vienen a poner sobre la mesa una realidad que muchas veces no advertimos: la sensualidad de la palabra es infinita. Así como las palabras coquetean y escenifican un baile seductor nuevo cada vez que juegan a ser poesía, de la misma manera los cuerpos flirtean y se cortejan mediante el baile del erotismo. Poesía y erotismo son dos herramientas que, combinadas, pueden hacer del hombre y de la mujer unos seres capaces de tocar lo inmaterial entre beso y verso.

    Decía la poeta norteamericana Silvia Plath:

    Cierro los ojos y el mundo muere;
    Levanto los párpados y nace todo nuevamente.
    (Creo que te inventé en mi mente).
    Las estrellas salen valseando en azul y rojo,
    Sin sentir galopa la negrura:
    Cierro los ojos y el mundo muere.
    Soñé que me hechizabas en la cama
    Cantabas el sonido de la luna, me besabas locamente.
    (Creo que te inventé en mi mente).
    Dios cae del cielo, las llamas del infierno se debilitan:
    Escapan serafines y soldados de Satán:
    Cierro los ojos y el mundo muere.
    Imaginé que volverías como dijiste,
    Pero crecí y olvidé tu nombre.
    (Creo que te inventé en mi mente).
    Debí haber amado al pájaro de trueno, no a ti;
    Al menos cuando la primavera llega ruge nuevamente.
    Cierro los ojos y el mundo muere.
    (Creo que te inventé en mi mente)[2].

    El erotismo en la escritura es tan antiguo como la propia literatura. Porque el ser humano es ser social desde su origen. Y es ser amante y galanteador también desde su esencia. Los primeros textos de literatura erótica se remontan a la antigua Grecia, en torno al 400 a. C. donde el amor al placer por lo estético era puramente hedonista. En una cultura así, el erotismo llenó la vida cotidiana de vasijas y otros objetos decorativos con diversos motivos sexuales.  En otras ocasiones, el erotismo literario se asoció a la sátira y la crítica social. El libro Los diálogos de las cortesanas, por ejemplo, se atribuye al escritor griego Luciano (S. II) y está considerado el libro pornográfico más antiguo. Es curioso resaltar que fue precisamente Luciano quien empleó por primera vez el término lesbianismo para referirse a la homosexualidad femenina, realidad que se mantenía camuflada o ignorada, puesto que las mujeres se consideraban seres inferiores, tanto en sí mismas como en lo concerniente a nombrarlas.

    La poesía amatoria la encontramos en Grecia con Píndaro, Marco Argentario, Safo, Anacreonte o el propio Sócrates, quien recita a su amante: “Mientras besaba a Agatón mi alma inflamó mis labios/ ahí se detuvo, doliente, habiendo querido saltar a él[3].

    En el sigo IV llegó el Kamasutra, considerado el más universal de los manuales sobre sexualidad. Escrito por Vatsiaiana Mallanaga como un texto religioso dirigido al pueblo de la India, la obra es un tratado de usos y consejos de las artes eróticas, que van desde la sensualidad más sutil a la más gráfica reproducción de posturas para el acto sexual.

    Desde entonces, todas las épocas literarias han tenido su capítulo amatorio-erótico, aunque ha de decirse que la Edad Media no propició mucho el género, (el Libro de buen amor, del Arcipreste de Hita en el siglo XIV, fue un buen ejemplo excepcional de cómo hasta el clero añoraba los sentires y placeres del cuerpo en aquellos siglos oscuros previos al Renacimiento). Otro ejemplo de esto lo constituye la misa conocida como Risus Paschalis en la que se celebraba la alegría de la Pascua frente a la tristeza de la Cuaresma, ensalzando a través de la burla el triunfo de Cristo sobre la muerte. El sacerdote debía provocar la risa en el pueblo durante la misa de la mañana de Pascua. Para conseguirlo utilizaba los medios que tenía a su alcance, pero sobre todo un buen puñado de recursos cargados de contenido sexual. Contaba chistes picantes, usaba expresiones eróticas, utilizaba marionetas, hacía gestos obscenos, simulaba relaciones sexuales y hasta enseñaba los genitales para arrancar las carcajadas de sus fieles. El pueblo reía las gracias, se contagiaba de la alegría y alimentaba con nuevas bromas y burlas la celebración de la Pascua[4].

    La tradición nació en Francia durante el siglo IX, se extendió por todo el norte de Europa, Italia y España. Sin embargo, donde realmente caló esta celebración fue en Baviera. Se cuenta que allí la Risus Paschalis rozó el desenfreno total y que incluso varios actos sexuales explícitos se celebraron dentro del templo.

    Pero es en los siglos XVI y XVII cuando el erotismo eclosiona. Y lo hace de una manera total: con un lenguaje muy elaborado y que apela en todo momento a la sensualidad, uniendo el placer sexual con la exploración del cuerpo desde las distintas formas de entender la sexualidad y sin evitar, siquiera, la trasgresión moral ni la ruptura de tabúes (Garcilaso, Quevedo, Dante, Petrarca…). Y ya no para hasta la actualidad.

    Blas de Otero, José Agustín Goytisolo, Gioconda Belli, García Lorca, Cristina Peri Rossi, Paul Verlaine, Charles Baudelaire, Alejandra Pizarnik, César Vallejo… son tantos los nombres en los que el erotismo se hace poesía que, como diría Cortázar, “me tienes la ortografía llena de puntos suspensivos»:

    Un alevoso seno picassiano baila

    ex tempore celebrando banquetes de impudor.                

    Se entrona libidinosamente

    entre babas y excesos.

    Enajena la prudencia y

    en carne viva

    la acribilla.

    Muere la mesura asfixiada entre lentejuelas

    consexuadas y jadeos de saxofón de raso.

    Un alucinógeno oleaje de cópulas eufóricas

    traza círculos orgásmicos en aquelarres sinuosos

    de manos, muslos y sudor.

    El pezón sigue erecto tras el pitillo.

    Las sábanas son sabanas de delirio

    entre signos de exclamación desmadejados.

    ©Rosa Galdona.

    La gramática del deseo no tiene verbos,

    ni nombres ni adverbios,

    solo tiene tu sinuosidad lasciva sosteniendo

    erecta mi ortografía (des)perfecta y hambrienta.

    ©Rosa Galdona.

    La conjugación de tus muslos y mis entrañas

    comulga

    en el sacrilegio concupiscente

    de un cosmos de simas.

    [1] Octavio Paz, La llama doble.

    [2] Canción de amor de la joven loca, de Sylvia Plath.

    [3] Platón [429- 347 a.C. Discípulo de Sócrates y fundador de la Academia]

    [4] Enrique Martínez-Salanova Sánchez, Erotismo en el arte del Renacimiento.

    Artículo publicado en la revista canaria Tamasma Cultural.

  • IGNACIA DE LARA, ESCRITORA Y FEMINISTA

    IGNACIA DE LARA, ESCRITORA Y FEMINISTA

    Buscando personajes canarios que merecen un lugar en nuestras páginas memorables, me he encontrado con Ignacia de Lara Henríquez. Según la Real Academia de la Historia, nació el 16 de agosto de 1880 y murió el 1 de septiembre de 1940. Su madre fue Victoria Henríquez Rivero, natural de Las Palmas, y su padre Antonio de Lara y Berraquero, nacido en Osuna, Sevilla.  Fue la tercera de ocho hermanos. Se crio en Vegueta, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, y se educó en el Colegio de las Dominicas de esa misma ciudad.

    Ignacia de Lara

    Cronológica y formalmente perteneció al modernismo y los albores de la generación del 14, junto a los escritores Saulo Torón, Néstor de la Torre, Domingo Rivero, Josefina de la Torre, Tomás Morales o Alonso Quesada. Con Alonso Quesada, Tomás Morales, Francisco González Díaz, Sebastián Jiménez Sánchez o los hermanos Millares Cubas compartió amistad. Fue además, coetánea de Josefina de la Torre, Chona Madera y Pino Ojeda.

    Según nos cuenta su biógrafa “De Lara contrajo matrimonio en el año 1909 con Miguel Colorado D’Assoy, natural de Mallorca. Las infidelidades de su marido y los dos hijos que tuvo él fuera del matrimonio, sirvieron de base a su primer libro de poemas titulado Para el perdón y para el olvido que se publicó en Barcelona. Su obra queda dividida en dos fases. La primera se refleja en el ya citado poemario. La segunda abarca con Entre Paisanos. Cantares desde su regreso de Madrid a Las Palmas de Gran Canaria, en el año 1931, hasta su fallecimiento por cáncer, en 1940”[1].

    Su obra literaria se vio desbordada por su compromiso sociocultural como mujer. De carácter inquieto y progresista, era consciente de que el entorno agrario y masculino constituía esencialmente un muro a derribar en aquella sociedad. Eso la hizo dedicar esfuerzos la creación de espacios donde las mujeres empezaran a tener la oportunidad de entrar en contacto con la cultura. Ignacia de Lara fue pionera en la lucha por los derechos de la mujer. Como afirma Inmaculada Egüés en su Biografía, “si son conocidos los casos vinculados a fuerzas progresistas como Hildegart Rodríguez Caballeira, Clara Campoamor, Victoria Kent o Margarita Nelken, Ignacia de Lara, con la II República, también canalizó su inquietud social a través de la política. Adscrita en un inicio a la CEDA, el partido de Gil Robles no consintió que ocupara un lugar preferente en las listas para las elecciones de noviembre de 1933. Con todo, su ingente labor social en años anteriores y su reivindicación del sufragio femenino, llevó a las implicadas en la lucha por el desarrollo de la mujer a impulsar su candidatura independiente”[2].

    Fue presidenta de la entidad Acción Popular de la Mujer (1931-1933), una organización de acción católica femenina fundada en los años 1920 cuyo objetivo era intentar conseguir mejoras sociales y culturales para las mujeres. Durante esta etapa realizó muchos artículos periodísticos, de corte feminista, de compromiso social sobre personajes literarios. Entre las principales colaboraciones, destacaron las de los diarios El Defensor de Canarias, La Falange y La Voz Obrera[3]. ​

    De Lara defendió la igualdad de los derechos de las mujeres y de las clases obreras y solicitó la urgencia de un cambio social. Utilizó la palabra como herramienta principal en su lucha. Llegó a postularse como candidata a diputada a las Cortes españolas en 1933, pero no consiguió el acta por el hecho de ser mujer[4].

    Como suele suceder con los profetas en su tierra, la labor Ignacia de Lara no fue reconocida hasta después de su fallecimiento. Nada menos que 14 años después de su muerte (1954), el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria decidió reconocer su trayectoria poética y su lucha en defensa de la mujer, poniendo una calle a su nombre en el barrio de Escaleritas. Más tarde aún se puso otra calle a su nombre en Jinámar (2013).

    1] Egüés Oroz, María Inmaculada; Ignacia de Lara, perfil biográfico. Obra poética y obra en prosa. Cabildo de Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria, 2004

    [2] Ídem.

    [3] Real Academia de la Historia.

    [4] “Ignacia de Lara: una mujer en el archivo de El Museo Canario”. Blog del archivo de El Museo Canario.

    *Artículo publicado en la revista canaria Tamasma Cultural.

  • INOCENCIA PÁEZ, LA VOZ DE LA GRACIOSA.

    INOCENCIA PÁEZ, LA VOZ DE LA GRACIOSA.

    MI ISLA, MI SUEÑO

    Eres mi isla Graciosa

    tan bonita y tan pequeña

    que voy a hacerte una cuna

    para yo mecerte en ella

    y te cantaré una nana

    con una voz de sirena

    y un dulce sueño te envuelve

    a la luz de las estrellas

    y soñarás tantas cosas

    que no dices lo que sueñas

    por temor de que el futuro

    no sea como tu quisieras(..)[1]

    Inocencia Páez nació el 27 de junio de 1927 en la isla de La Graciosa. Dedicó su vida al cuidado de los demás y luchó desde muy pequeña para sobrevivir en el medio desfavorable en el que había nacido.
    Desde muy niña se sintió atraída por la poesía. Escribió sus primeros versos con 12 años, una vez finalizada su formación académica, pero, desde mucho antes, hacía de la rima su método de expresión.

    En la niñez jugó con muñecas, calderos de piedra y cucharas de lapa. Además, colaboraba en las labores de pesca y cuidaba de su hogar. En su juventud, realizó un curso de corte y confección y se dedicó por un tiempo a la costura, que también le divertía mucho. Trabajó como cualquier mujer de su época, de forma silenciosa y constante. Subía y bajaba el Risco cargando jareas, como tantas mujeres de Caleta del Sebo. Cuidaba de los mayores. Ayudaba a todo el que lo necesitaba. Y aun así, pudo dar rienda suelta a su creatividad literaria. Es un ejemplo de lucha, constancia y confianza en sí misma, que hizo que se atreviera a contar historias de una forma poco común y desconocida en esa época, que supo llenar de belleza y que cautivó a todo el pueblo graciosero. Gozaba de la palabra escrita que le salía a borbotones sin previo aviso, mientras barría o cuando se levantaba por las mañanas, o haciendo la comida … de repente dejaba todo y escribía en sus papeles -decía-.

    Inocencia permaneció toda su vida en la isla que le dio vida y falleció en ella en el año 2007. Fue admirada por las mujeres gracioseras que la conocieron y por las que han leído su obra. Amante de su pueblo pesquero y querida por hombres y mujeres del mar, fue una mujer inquieta y activa que dejó marcado el corazón de un pueblo.

    Inocencia Páez, la mujer que llevó las vivencias, costumbres y tradiciones de los gracioceros a través de su poesía. Desde sus primeros años en la escuela, se siente atraída por la poesía, decía «que era la mejor forma que tengo de expresar lo que siento». La Poesía de Inocencia Páez era la voz de su pueblo que reclamaba una y otra vez, los derechos, que como ciudadanos de una pequeña isla les correspondía. Ella fue la portavoz del pueblo, cuando el Capitán General de Canarias García Escámez, visitó la Isla[2].

    Más adelante, su espíritu inquieto la llevó a formar un grupo de teatro con otras mujeres, Margarona y Agustina. Además, acompañaba a personas enfermas y participaba en la parroquita de la Virgen del Mar y en la Asociación de Vecinos de la isla. Caracterizada por la pasión hacia su tierra, participó en los eventos más relevantes de la isla con poesías improvisadas: en la visita del rey Don Juan Carlos I, en la Romería de los dolores, en las fiestas del Carmen o en el hermanamiento con Betancuria. Además, con la venida del general García Escámez, hizo de portavoz para gestionar las necesidades de la isla, convirtiéndose en un símbolo de esta.

    Se han publicado dos libros que recogen las obras de Inocencia, El alma de una Isla (Ayto. de Teguise, 2000) y Poemas, (Ministerio de Agricultura, 2006) aunque se sabe que existen muchas más obras que no han sido publicadas. A través de la poesía mostraba su amor por los lugares de La Graciosa. Tuvo el don de captar cada detalle de las maravillas de la isla de pescadores y gente sencilla, los cuales quedaron plasmados en su obra. Daba voz a su pueblo y disfrutaba creando y consolidando sus poesías con un estilo sosegado y noble. El relato rítmico de la vida cotidiana de las gentes, de las preocupaciones y de las luchas, de sentimientos y emociones, convierten la poesía de Inocencia en un referente sentimental para todas aquellas personas que, como ella, aman la isla.

    Se conoce a Inocencia Páez como una contadora de historias, recolectora de recuerdos y creadora de ritmos sobre su isla. Supo captar con intensidad la belleza del mar, la isla y sus gentes, identificándose de manera plena con su pueblo. En sus obras visibiliza el valor de las mujeres de su entorno, así como la lucha y la fuerza de todas aquellas que están ocultas. Fue una mujer empoderada en su época, que consiguió que las condiciones en las que vivía y la falta de oportunidades no fueran obstáculos para luchar por sus ideales y derechos del pueblo.

    El Centro Sociocultural de La Graciosa lleva el nombre de Inocencia Páez. Se consiguió en el año 2000 tras la petición de los vecinos y vecinas de la isla y de la directiva del centro al Ayuntamiento de Teguise[3]. El consejo de Ciudadanía de La Graciosa creó en 2010 el Premio de poesía Inocencia Páez en honor a su obra y trayectoria. En 2018, el Gobierno de Canarias la incluyó en el proyecto educativo Constelación de Escritoras Canarias, a través del cual se pretende visibilizar la obra y vida de las escritoras de las Islas[4].

    Para terminar, leamos a su nieta Nerea en su blog recordando la figura de su abuela:

    Inocencia Páez, digna representante de todas las mujeres gracioseras, que luchó desde muy niña para sobrevivir en ese medio desfavorable a la par que ayudar a las suyos, ha sabido como nadie en la isla de La Graciosa exteriorizar sus sentimientos y vivencias, relatados en forma de poesía costumbrista. En la exaltación puntual de su más hondo sentir se ha identificado de manera plena con su pueblo.

    En medio de tanta adversidad, solo entendida por quienes la vivieron, Inocencia supo captar con toda intensidad la innata belleza del mar, la isla, sus gentes y cuantos elementos forman parte de un estilo de vida peculiar.

    Su primera travesía hacia las Islas Salvajes a bordo de un pequeño barquillo de vela de la época; las visitas de los jefes del mando económico-militar de posguerra, a quienes recibía con sus poesías pidiendo mejoras para su pueblo, o la siempre eterna poesía a la Virgen del Carmen el 16 de Julio de cada año, arropada por todos los emocionados hombres y mujeres de la mar, han consolidado a Inocencia como un referente sentimental, con sus poesías, para quienes tienen sus raíces ancladas en esta tierra.

    Tradicionalmente la mujer graciosera ha sido pilar fundamental en la construcción y afianzamiento de la idiosincrasia insular, factor ésta que también Inocencia supo captar en base a sus vivencias, transcritas desde el corazón con su estilo sosegado y noble, pero nunca resignado.

    Y es que Inocencia, que un día se sintió sirena para cantar una nana a su isla, todavía se despierta con el canto de las gaviotas; aún el incesante batir de las olas la van su rostro, y la brisa lo embellece. Y es que todavía, al amanecer, la aurora ilumina a Inocencia y a La Graciosa, dos nombres que permanecerán unidos.

    Ella era una mujer muy especial para mí, ya que era mi abuela y ahora ya no está con nosotros, pero yo la siento cada día más cerca. 
    ABUELA: aunque sea tan largo y cruel el tiempo que estaremos sin tu presencia te llevamos tan dentro, que ni la muerte nos podrá separar jamás. ¡TE QUIERO![5]


    [1] Vilas, Pablo (14 de noviembre de 2019). «Diez Escritoras Canarias que debes conocer (Parte II)»Alegando! Magazine.

    [2] Francisco Hernández Delgado. Cuaderno de Difusión Cultural nº 32- Año 2010.

    [3] WEBGRAFÍA
    http://memoriadelanzarote.com/contenidos/20131205144851alma.pdf
    https://historiadeteguiseblog.files.wordpress.com/2016/05/inocencia-paez.pdf
    https://historiadeteguise.com/2016/04/02/inocencia-paez/

    [4] https://www3.gobiernodecanarias.org/medusa/ecoescuela/escritorascanarias

    [5] http://nereahernandezhdez.blogspot.com/2011/01

    *Artículo publicado en la revista canaria Tamasma Cultural

  • Poesía es todo

    Poesía es todo

    La poesía es como el viento,

    o como el fuego, o como el mar.

    Hace vibrar árboles, ropas,

    abrasa espigas, hojas secas,

    acuna en su oleaje

    los objetos que duermen en la playa…»

    José Hierro (poeta español)

    Estas palabras son, acaso, la instantánea que capta la esencia misma de la poesía. Poesía es todo. Cualquier cosa. Un sentimiento en primera persona y una voz que lo verbaliza. Ya está. Es algo tan dúctil, tan flexible, tan vasto en el universo vasto de los sentimientos humanos, que solo hay que dejar fluir pensamiento y palabra. Y ahí nace.

    La poesía, como creación humana, se remonta a la Grecia de Platón, quien en su Banquete la define como poiesis, es decir, creación o producción que nace para ser y, por consiguiente, para dejar de “no ser”. De la inexistencia al acaecer. Esa es la génesis de cualquier realidad. Desde Platón ha pasado mucho tiempo, pero la esencia de la creación artística sigue siendo fiel a aquella filosofía de “construir de la nada (pensemos, si no, en una escultura, en una pintura, en una partitura… el creador materializa lo que antes solo estaba en su cabeza).

    Es tan amplio el camino de la creación poética en la Historia de la Humanidad que intentar un viaje por los versos es una aventura, a priori, incompleta y por supuesto subjetiva. Tanto como la poesía misma. Por eso, la selección que se haga en esta sección no aspira a otra cosa que la de esbozar una pincelada del maravilloso y anchísimo mundo de los versos. Bienvenidos al viaje.

    Decía Gloria Fuertes en “Sale caro ser poeta”:

    Sale caro, señores, ser poeta.

    La gente va y se acuesta tan tranquila

    -que después del trabajo da buen sueño-.

    Trabajo como esclavo llego a casa,

    me siento ante la mesa sin cocina,

    me pongo a meditar lo que sucede.

    La duda me acribilla todo espanta;

    comienzo a ser comida por las sombras

    las horas se me pasan sin bostezo

    el dormir se me asusta se me huye

    -escribiendo me da la madrugada-.

    Y luego los amigos me organizan recitales,

    a los que acudo y leo como tonta,

    y la gente no sabe de esto nada.

    Que me dejo la linfa en lo que escribo,

    me caigo de la rama de la rima

    asalto las trincheras de la angustia

    me nombran su héroe los fantasmas,

    me cuesta respirar cuando termino.

    Sale caro, señores, ser poeta.

    En efecto, ser poeta no es labor baladí. Ni un entretenimiento para “señoritas desocupadas” al más puro estilo decimonónico. Ser poeta -si es que se consigue- es una lucha contra los elementos, contra las musas que no madrugan, contra el desánimo, contra los desasosiegos internos que no atinan a salir, contra los oídos sordos que pasan por ahí afuera, … contra tantas adversidades, que, realmente, quien escribe lo hace por auténtico amor a las letras:

    Un verso corteja errante

    las esquinas de mis manos.

    Un verso que es capítulo despistado

    del libro de los paladares de yerbabuena.

    Un verso desorbitado que mezcla

    huracanes y vértices,

    molinos y membranas de ángel,

    vinilos de jazz y abrazos de niña en busca

    de la receta perfecta del verbo…

    *Publicado en la revista canaria Tamasma Cultural

  • Poesía protesta

    Poesía protesta

    Para la libertad sangro, lucho, pervivo.

    Para la libertad, mis ojos y mis manos,

    como un árbol carnal, generoso y cautivo,

    doy a los cirujanos.

    (…)

    Para la libertad me desprendo a balazos

    de los que han revolcado su estatua por el lodo.

    Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,

    de mi casa, de todo.

    Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

    ella pondrá dos piedras de futura mirada

    y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan

    en la carne talada.

    Miguel Hernández (poeta español)

    La poesía siempre ha sido una voz subjetiva. Una presencia del yo que canta y grita y llora y cuenta lo que siente, lo que ama, lo que añora o lo que detesta. La crítica social es una actividad fuertemente ligada a percepciones personales de índole filosófica, moral, religiosa y social desde la Antigüedad. La poesía no es una excepción. Es un deber del escritor “no mirar hacia otro lado”[1]. Todos nosotros nos quejamos de aquello que no nos place o nos molesta, es nuestra naturaleza. En literatura, las Sátiras de Juvenal, escritas en el s. I de nuestra era, constituyen una crítica de la decadente sociedad romana que trata en dieciséis poemas cuestiones como la hipocresía, la servidumbre, las supersticiones o la corrupción, entre otros[2].

    La Edad Media nos deja ejemplos como el Cancionero profano de Alfonso X, el Barroco nos deja los Sueños y discursos, de Quevedo. La Ilustración, por su parte, nos deja el Teatro crítico Universal de Feijoo, con su intento de corregir viejas supersticiones, prejuicios y costumbres de la época. El siglo XIX nos ofrece la mirada crítica inigualable de Mariano José de Larra o Espronceda. El siglo XX comienza con los cuestionamientos filosóficos de la Generación del 98, con el rupturismo de las vanguardias, con el rechazo a la razón dieciochesca y al prosaísmo del siglo XIX de la Generación del 27 y los simbolistas. Y luego, la guerra. La guerra y su paréntesis de muerte, miedo y letargo de la cultura.

    Tras la pesadilla de la contienda civil, nació la poesía social como tal. Brotó como una necesidad expresiva a raíz de la represión brutal que sufrió la sociedad española tras el enfrentamiento. Hubo en aquellos años una censura de prensa tan estricta (dictada por una ley de 1938) que imponía la revisión censora de cualquier escrito antes de ser publicado. En ese escenario, fue la cultura fue un movimiento conocido como comprometido que se dedicó a denunciar las injusticias del franquismo más férreo. Desde la literatura se manifestaron voces como Gil de Biedma, Blas de Otero, Gloria Fuertes o Miguel Hernández, entre otros. Desde el plano musical no podemos obviar el protagonismo que tuvo la música de Luis Eduardo Aute, Paco Ibáñez, Serrat, Rosa León o Raimon, puesto que consiguieron traspasar nuestras fronteras con su grito contra los desmanes del franquismo. ¿Quién no ha oído la canción de Aute Al alba?

    https://youtube.com/watch?v=0U_Qic-AZv8%3Ffeature%3Doembed

    La canción habla en clave metafórica de los últimos fusilados por el franquismo en 1975, dos de ellos pertenecientes a ETA político-militar y tres al Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). De la misma manera, y volviendo a la literatura, poetas como Dámaso Alonso alzan la voz como un signo de interrogación gigante ante tanta iniquidad e injusticias circundantes:

    Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres (según las últimas estadísticas).

    A veces en la noche yo me revuelvo y me incorporo en este nicho en el que hace 45 años que me pudro,

    y paso largas horas oyendo gemir al huracán, o ladrar los perros, o fluir blandamente la luz de la luna.

    Y paso largas horas gimiendo como el huracán, ladrando como un perro enfurecido, fluyendo como la leche de la ubre caliente de una gran vaca amarilla.

    Y paso largas horas preguntándole a Dios, preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,

    por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad de Madrid,

    por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.

    Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?

    ¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?[3]

    Estos versos pertenecen al poema Insomnio, incluido en libro Hijos de la ira, considerado un precedente del existencialismo literario. En palabras de su autor se trata de «un libro de protesta escrito cuando en España nadie protestaba. Es un libro de protesta y de indagación. Protesta ¿contra qué? Contra todo… Habíamos pasado por dos hechos de colectiva vesania, que habían quemado muchos años de nuestra vida, uno español y otro universal, y por las consecuencias de ambos. Yo escribí Hijos de la ira -confiesa Dámaso Alonso- lleno de asco ante la estéril injusticia del mundo y la total desilusión de ser hombre. De manera similar. Blas de Otero escribe a grito limpio contra la inutilidad y la rabia de vivir en la náusea del terror:

    A la inmensa mayoría

    Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre

    aquel que amó, vivió, murió por dentro

    y un buen día bajó a la calle: entonces

    comprendió: y rompió todos sus versos.

    Así es, así fue. Salió una noche

    echando espuma por los ojos, ebrio

    de amor, huyendo sin saber adónde:

    adonde el aire no apestase a muerto.

    (…)

    horribles peces de metal recorren

    las espaldas del mar, de puerto a puerto.

    Yo doy todos mis versos por un hombre

    en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,

    mi última voluntad. Bilbao, a once

    de abril, cincuenta y tantos. Blas de Otero.[4]

    Cuando el entorno nos asfixia, surge nuestra voz, incluso desde más allá de las palabras y levanta la mano. Exige su catarsis y habla. Es difícil que la poesía no sea un compromiso, del tipo que sea, con lo que uno siente. Galeano protesta contra la sociedad que lo asfixia, contra el sistema:

    Los funcionarios, no funcionan.
    Los políticos hablan, pero no dicen.
    Los votantes votan, pero no eligen.

    Los medios de información desinforman.
    Los centros de enseñanza, enseñan a ignorar.
    Los jueces, condenan a las víctimas.

    Los militares están en guerra contra sus compatriotas.
    Los policías no combaten los crímenes, porque están
    ocupados en cometerlos.

    Las bancarrotas se socializan, las ganancias se
    privatizan.

    Es más libre el dinero que la gente.
    La gente, está al servicio de las cosas[5].

    Así, frente a aquello que no nos deja indiferentes porque no nos deja ser, hay que alzar la voz. Alzarla hasta la extenuación, si hace falta. Pues, como dijo Álvaro Mutis:” Que te acoja la muerte/con todos tus sueños intactos[6].

    Dame un unicornio oxidado

    y mataré los mohos de lo cotidiano.

    Dame una melodía de jazz en clave de sol matutino

    y ahorcaré a los hijos pestilentes de la mediocridad.

    Dame una cuerda dúctil de chelo

    y la canción de tus sueños

    te será concedida aun naciendo

    en el ojo grave del huracán.

    Dame un átomo de polvo de hadas

    y el mundo de las gentes buenas

    hervirá en la marmita de mi conjuro

    hasta retoñar

    como rama virgen

    en los ojos redondos y transparentes

    de la niña de la esquina.

    Dame un unicornio viejo, aburrido y oxidado

    y verás cómo aniquilo todos los mohos

    de lo cotidiano.

    ©Rosa Galdona

    Ayer me contó la conciencia

    que hay niños hambrientos

    implorando por los portales.

    Que hay hombres sin techo,

    mujeres sin cara y sin voz,

    sueños ahorcados por la injusticia.

    Anoche lloró mi vergüenza

    por la desidia humana

    que amortaja a las niñas de alquiler.

    Cada día da patadas mi impotencia

    ante los grilletes que asfixian la ilusión humana.

    Y la desnucan. Y la asesinan impunemente

    ante la indolencia de quien ya no quiere

    ni creer ni luchar.

    ©Rosa Galdona.

    Detrás del burka respira una mujer.

    Una hembra nacida y adiestrada para existir

    en su calabozo de tela,

    diminuto e infinito.

    Ella es atrofia de vida y mutismo de tiempos.

    Ella es sexo ajusticiado y útero útil,

    y aliento de pánicos ahogados en sus propios fluidos.

    Ella es obediencia de ancestros y sumisión subyugada

    en nombre del hombre y del dios.

    Detrás de cada burka respira una mujer

    Espoleada y clavada a su cárcel de cachemir.

    En nombre del hombre y del dios.

    [1] Jorge Riechmann establece en su poética que el escritor tiene la obligación de decidir qué hacer ante una realidad concreta (Una morada en el aire, Barcelona, El Viejo Topo, 2003).

    [2] En la actualidad se considera esta obra de Juvenal uno de los ejemplos más antiguos de literatura de protesta.

    [3] Alonso, Dámaso, Hijos de la ira, 1944.

    [4] Blas de Otero: Pido la paz y la palabra, (1955).

    [5] Eduardo Galeano, incluido en su libro Días y noches de amor y guerra.

    [6] Álvaro Mutis, poema Amén de su libro Los trabajos perdidos.

    *Artículo publicado en la revista canaria Tamasma Cultural.

  • Ana María Fagundo Guerra

    Ana María Fagundo Guerra

    Ana María Fagundo Guerra nació en Santa Cruz de Tenerife un 13 de marzo del año 1938 y murió en Madrid el 13 de junio de 2010. En 1950, ingresó en la Escuela Profesional de Comercio de su ciudad natal y en 1955 obtuvo el título de Perito Mercantil. Tres años más tarde embarcó rumbo a California a ampliar sus estudios. En 1963 se graduó en las especializaciones en Literatura Inglesa y Española. Pasó luego a estudiar en las Universidades de Illinois y Washington, obteniendo de esta última el Doctorado en Literatura Comparada (1967). En Riverside ejerció la docencia de Literatura Española desde 1967 a 2001, año en que se jubiló.

    A lo largo de estos años publicó numerosos trabajos sobre literatura española, hispanoamericana y norteamericana. En 1972 publicó Vida y Obra de Emily Dickinson, uno de los ensayos más completos y rigurosos que se había hecho hasta el momento sobre la escritora estadounidense. Pero hemos de decir además, que la labor investigadora y docente no le impidió desarrollar una trayectoria poética más que destacada. Sus poemarios publicados son:

    Brotes, La Laguna (Tenerife), Maype, 1965.

    Isla adentro, Santa Cruz de Tenerife, Gaceta Semanal de las Artes, 1969.

    Diario de una muerte, Madrid, Agora, 1970.

    Configurado tiempo, Madrid, Oriens, 1974.

    Invención de la luz, Barcelona, Vosgos, 1978 (Premio Carabela de Oro, 1977).

    Desde Chanatel, el canto, Sevilla, Ángaro, 1981 (Finalista del premio Ángaro, 1981).

    Como quien no dice voz alguna al viento, Santa Cruz de Tenerife, Caja de Ahorros de Canarias, 1984.

    Retornos sobre la siempre ausencia, Riverside (California), Alaluz, 1989.

    El sol, la sombra, en el instante, Madrid, Vérbum, 1994.

    Trasterrado marzo, Sevilla, Ángaro, 1999.

    Palabras sobre los días, El Ferrol, col. Esquío, 2004.

    Materia en olvido, Santa Cruz de Tenerife, Idea, 2008.

    Le editaron en dos ocasiones sus obras completas:

    Obra poética: 1965-1990, intr. Candelas Newton, Madrid, Endymion, 1990.

    Obra poética (1965-2000), ed. Myriam Álvarez, 2 vols., Madrid, Fundamentos, 2002.

    Y publicó también un libro de relatos en 1994, La miríada de los sonámbulos, su única obra narrativa.

    Tuvo mucha relevancia, también, la revista de ensayo, narración y poesía que fundó y dirigió: Alaluz. Esta revista, que tuvo un alcance internacional entre la intelectualidad europea y americana, funcionó desde 1969 (desde Riverside al mundo) hasta 2001, año en que cesó toda su actividad investigadora. Según cuenta ella misma en una entrevista concedida a Victoria Urbano “la fundé en la Universidad de California en 1969 y la publico dos veces por año. Da cabida a poetas y narradores españoles e hispanoamericanos. Tiene una sección de reseñas de libros recientes y últimamente estoy dedicando unos breves estudios seguidos de antología de poetas ya con una obra poética hecha. En cuanto a los recursos, no son muchos. La Universidad de California me da una modesta ayuda y las suscripciones son también otro medio de financiar los considerables gastos de este tipo de revistas”. (Ana María Fagundo, Victoria Urbano, Letras Femeninas, Vol. 10, No. 2 (1984), pp. 74-81 (8 páginas))

    Por sus páginas pasaron Alejandra Pizarnik, a quien Ana María descubrió por casualidad y le fascinó. (Afirma Ana María Fagundo que “entre las colaboraciones recibidas en los primeros años en que fundé en la Universidad de California (campus de Riverside) la revista de poesía, narración y ensayo Alaluz (1969-2001) hubo una que me llamó poderosamente la atención. Se trataba de una poeta argentina, para mi desconocida en ese momento, cuya poesía sobresalía por la intensidad expresiva, por la fuerza de los versos, por la desnudez punzante de su decir. Sin duda, me encontraba ante una mujer a la que le dolía profundamente el vivir”. CVC. Alejandra Pizarnik. Testimonios. «Alejandra Pizarnik y «Alaluz»», por Ana María Fagundo. (cervantes.es)). Jorge Guillén, Cristina Peri Rossi, Gabriel Celaya, Ernestina de Champourcín, Blas de Otero, Josefina Aldecoa, Concha Lago, Carmen Conde, Clara Janés… y también nombres insulares como Pedro García Cabrera, Emeterio Gutiérrez Albelo, Chona Madera o José María Millares, Pino Ojeda, Carlos Pinto Grote o Sebastián de la Nuez, Pino Betancor, Pilar Lojendio, Alberto Omar, Sabas Martín y muchos otros.

    Pero pasemos a su faceta creativa: La poesía de Fagundo, según ella, es «afirmar vida pese al vacío”. Esa afirmación la hace permanentemente en torno unos ejes identitarios en su poesía:

    1. El paisaje isleño. Paisaje como enclave del ser, que se siente isla como persona, como ente que respira en un entorno que la abriga y le regala belleza (“Altas, señeras cumbres de Anaga/ apuntados tajinastes del Teide/ tabaibas de mis laderas/ arenas negras de mis playas”). Me pregunto si hay aquí un preludio del ecofeminismo… Su Chanatel es el Comala de Rulfo o el Macondo de García Márquez. El espacio físico y literario de dimensiones mágicas que enmarcan a la poeta en su lugar amado, desde siempre y por siempre, pese a los golpes, pese a las ausencias:

    Chanatel es la marcha y el regreso, es el confinar al tiempo entre dos extremos que no se tocan, aunque la mano palpe la aurora de las sábanas y haya un olor a lumbre por la casa y hasta los pasos de la ciudad se sientan dentro de la sangre. Chanatel es esta marcha y retorno que no cesan, es la vida que corta hojas, que tala ramas, que arranca raíces, que violenta vientos, que siembra, siembra siempre mientras cercena con golpes ciertos los brotes más tiernos.

    2. El segundo eje es el mundo femenino. La poeta canta a la mujer, en primer lugar, por su capacidad de crear vida. En segundo lugar, con la conciencia de ser el segundo sexo, que diría Bouvoir. En este sentido, la propia autora reconoce “que existe una cierta idea de que la escritora, de alguna manera, no alcanza el nivel del escritor. ¿Dónde están las grandes novelistas mujeres del XX o las grandes poetas o autoras dramáticas? Y la verdad es que habría que hablar de lo que hace la promoción para crear a los «grandes» de esto o de aquello. A la mujer escritora, creo que no se le promociona como al hombre. (Mi) modesta contribución (consiste en dar) asignaturas dedicadas a la mujer escritora del siglo XX español siempre que puedo en mi cátedra de la Universidad de California y a través de mi revista ALALUZ he hecho, creo, una buena labor de promoción también”. (Ana María Fagundo, Victoria Urbano, Letras Femeninas, opus cit.)

    En esta misma línea se avanza ya desde 1998 en un estudio realizado en la Universidad de California, donde podemos leer que “su discurso poético expone el discurso patriarcal a la contradicción y a la diferencia presentando modelos alternativos de subjetividad basados en una apertura a lo otro y al cuerpo. En él hay pautas de la decibilidad de su experiencia y de su lugar de enraizamiento en el mundo, como así también, el reconocimiento de ser parte de una historia y de un tiempo en el que se inserta, se pone nombre e identidad. Esto se logra de tres modos fundamentales dentro de su poesía, que, aunque se estudien independientemente, forman parte de un mismo proceso.

    En primer lugar, Fagundo parte del hecho que el origen de la palabra, como el del ser humano, está en el cuerpo femenino, y es en femenino que concibe al verbo poético. Segundo, la autora presenta a la palabra como espejo del yo. A través de ella piensa, siente y se siente ser. En ella habita, se refleja, se articula y se perpetúa. En tercer y última instancia, la poeta es poseedora de y poseída por la palabra, con cuya luz se lanza a configurar, a ponerle hechura y a preservar el mundo.

    Con ella va tejiendo la vida, ordenando su cauce, vertigineando al tiempo, siempre en pos de negar la destrucción, de llenar la ausencia. Palabra y cuerpo femeninos tienen la capacidad de significar y de dar sentido al mundo, de elaborar símbolos y comunicar sobre y desde sí mismos. Dichos cuerpos y el goce de los mismos, así dados a luz, son centrales en la obra de Fagundo. Es lógico, por tanto, que en esta poesía, cuyo universo simbólico celosamente guarda la experiencia vital de su autora, la figura materna sea de suma importancia, pues el eje esencial de ese universo corresponde al origen de la existencia, que la poeta articula en su relación con la madre y con la palabra, destacando el lazo indestructible que la une a ambas” ( Silvia Rolle-Rissetto (CALIFORNIA STATE UNIVERSITY), LA RESTITUCIÓN DE LO FEMENINO EN EL DISCURSO POÉTICO DE ANA MARÍA FAGUNDO. Actas del XIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas, Tomo II). Así describe la muerte de la madre:

    La palabra intenta el lugar de la ternura,

    la brisa salvadora del recuerdo

    pero el sol roto y disperso

    deja su apenas luz,

    su apenas calor,

    en resquicios de nieve,

    en grutas húmedas,

    en áridos parajes sin historia

    y se disuelven sus rayos

    cegados por palabras que no son,

    palabras que no pueden ya ser.

    3. En tercer lugar, están la palabra y el tiempo. El verbo como la materialización de la vida, de la luz, del aliento mismo de quien escribe, la huella de la existencia, instantánea y eterna a la vez. “Afirmar pese al vacío”. El suyo es un canto optimista que huye hacia adelante para negar la nada. Su palabra canta el instante mágico que constituye la totalidad de la existencia: ni pasado ni futuro, sino el presente absoluto de la palabra.

    El paso no tiene norte preciso.

    Van a su ritmo de plata las cosas.

    Fríos cometas inmensos

    trazan sus flechas certeras

    en el infinito.

    Y ese es el triunfo, el monumento que yergo

    con mis manos, desde mi sangre,

    desde el hondón de mi poema,

    para decir que sí, que fui, que soy,

    que estas son mis señas,

    mis huellas,

    mi única posible identidad para la sombra

    y para la luz;

    para la brisa suave de los tactos

    y para el aguijón agudo de los gritos.

    Este es mi triunfo:

    palabra siempre viva,

    palabra siempre en ciernes.

    Su último libro fue Materia de olvido. Un poemario que la propia autora, enferma ya, reconoció como su testamento vital:

    “MATERIA EN OLVIDO es mi testamento poético y, por tanto, es mi última voluntad, es decir, en él se encuentran mis conclusiones después de una ya dilatada vida y es, por ello, que ya no deseo publicar ningún poemario más […] Vine a esta extraña y extraordinaria dimensión que llamamos VIDA a escribir mi poema y a darlo a los cuatro vientos […] Ahora solo falta que el ciclo vital se complete y el silencio se cierna sobre el ser que ahora escribe estas páginas; que la materia cumpla con su inescapable destino de ser polvo perdido entre el polvo de los siglos”. (Palabras pertenecientes a su“Diario”, que permanece inédito, pero del que se puede leer en parte en El Tablón, una página de internet con novedades que mantiene la Biblioteca de la Universidad de La Laguna (Tenerife), y en la que a fines de junio de 2010 se anunció el fallecimiento de Fagundo.)

    En efecto, Ana María da otra vuelta de tuerca a su poética para volver adonde ha estado siempre, a la búsqueda de la eternidad en los instantes efímeros y eternos de ser, de existir, de sentirse materia que acaba pero queda, inscrita en el verbo, en la palabra:

    La respuesta

    estaba en la materia,

    era todo materia.

    Materia en ebullición,

    creando y creándose,

    siéndose y dejando de ser.

    […]

    continuadamente,

    persistentemente,

    ciegamente,

    en roca, mar,

    aire, fuego,

    carne.

    Gloria, afirmación y podredumbre,

    con una sola y única meta: serse,

    afirmarse y

    no serse

    para volver a serse,

    para volver a afirmarse,

    para volver a no serse.

    Ese era el secreto de los secretos,

    (…)

    la palabra,

    el pincel,

    el cincel,

    y el pentagrama:

    nuestras huellas de que habíamos habitado

    la materia.

  • 13 preguntas y una poeta: Rosa Galdona

    13 preguntas y una poeta: Rosa Galdona

    Rosa Isabel Galdona Pérez es natural de Güímar. Doctora en Filología, investigadora, docente y escritora. Ha impartido cursos en las universidades de Santander, La Laguna, Las Palmas de Gran Canaria y Alcalá de Henares. Su tarea investigadora ha abarcado la Semántica, la Teoría literaria y la Crítica feminista aplicada a la novela. Dejó huella de ello en publicaciones como Alaluz (Universidad de Riverside) o el Anuario de la Universidad de Extremadura, entre otras.

    Su tesis doctoral, Discurso femenino en la literatura española de posguerra: Carmen Laforet, Ana María Matute y Elena Quiroga, fue pionera en Canarias en utilizar el enfoque feminista para identificar las diferencias sociales por cuestión de género en la narrativa. Como reconocimiento, fue premiada por el Instituto Canario de la Mujer al mejor trabajo de investigación y publicada por la Universidad de La Laguna. La Real Academia de la Historia contó con ella para realizar la biografía de la escritora Elena Quiroga, incluida en el Diccionario Biográfico Español.

    Es autora de los poemarios: Algunos amaneceres deshabitados, Enllantecida Wendy, Reflexionario de mareas, Egográficas, Ablativa, La última esquina del viento, La grandeza de las simples cosas y del libro de relatos: Estampas de tinta.

    Actualmente, es vicepresidenta de la Asociación Cultural Canaria de Escritores con sede en Candelaria (Tenerife).

    1 – ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Soy docente jubilada y dedicada, desde entonces, al mundo de los libros, como lectora y como escribidora. Escribo y leo por placer desde adolescente. Creo que ambas actividades se complementan (al menos en mí), porque alguien que no lee es muy difícil que escriba. A publicar comencé mucho más tarde. Fue hace un par de décadas, allá por los comienzos del siglo XXI. Desde entonces, con apoyo editorial o con autoedición, no he dejado de publicar lo que hago.

    2 – ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Con 15 años leí a Lorca y me fascinó.  Su Romancero fue para mi adolescencia un faro de sentimientos. Luego me siguió fascinando. Hasta la actualidad. Para mí es EL POETA, a secas. A Poe y a Baudelaire los leí también muy joven y me encantaron, a pesar de que estoy convencida de que un poema traducido pierde parte de su alma en el cambio de idioma… También descubrí a Machado, a Miguel Hernández, a Cernuda, a Blas de Otero, a José Hierro… el primer tercio sel siglo XX dio muy buenas voces poéticas en español… y fueron todos autores que tocaron mi alma de alguna manera. No sé… más tarde conocí otros autores que me penetraron con similar intensidad: Walt Whitman, Rosalía de Castro, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Alfonsina Storni, César Vallejo, Pizarnik, Octavio Paz… tantos… Y no quiero obviar en el ámbito regional la que ha sido sin duda para mí un referente: Ana María Fagundo. Su voz tan particular, tan insular, tan íntima y tan bien articulada en el discurso es única.  No sé afirmar con claridad cuáles de mis lecturas me han influenciado más. Supongo que todas un poco, porque, indudablemente, uno es lo que siente, pero también lo que lee. Si tuviese que elegir solo a uno, sería Lorca. Yo no escribiría como lo hago sin haber bebido en él.

    3.- ¿Cómo definiría a su poesía?

    Un grito que sale a superficie como una erupción volcánica, que si no sale, revienta. Un grito que libera fantasmas propios, sufrimientos ajenos que me dañan los ojos, reflexiones sobre lo importante y lo frívolo que veo de la existencia humana… Mi poesía es una forma de respirar para mí. Respirar con palabras que pautan mi aliento mientras miro a mi alrededor y a mi interior.

    4 -¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    Evolucionar o morir, ¿no? Evidentemente, todo lo que vive se transforma. El poeta y su voz no son menos. Mi palabra poética ha evolucionado conmigo. Seguramente ha madurado, se ha afilado, incluso, porque el proceso de la vida es aprendizaje también. Y la escritura no es más que otro reflejo de cómo crecemos y nos vamos modelando con nuestras experiencias. También, creo, mi discurso lírico se ha vuelto menos críptico con el tiempo. Se ha depurado, supongo, y se va perfilando como una voz más mía, más reposada y más diáfana en la expresión. Supongo que la experiencia va tallando ese estilo sencillo en el que ahora me veo escrita.

    5 – ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    El poema, habitualmente, brota como un champiñón. De pronto lo sientes en tu cabeza y lo estampas en una servilleta o en la agenda del móvil. Y se queda reposando, a lo mejor, semanas o meses. Luego, sin saber por qué, un día lo vuelves a leer, lo retocas y decides que ya está, que no hay que tocarlo más porque como decía Juan Ramón, “así es la rosa”.

    6 – ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    No tengo pretensiones concretas. Quizá tener una voz propia que toque la sensibilidad de algunos lectores. Hallar receptores de mi mensaje que hagan suya mi expresión poética.

    7- ¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Un lugar fundamental. La poesía es un pariente cercano de la música. La poesía es rima, o cadencia, o aliteración, o anáfora, es muchas cosas relacionadas con la musicalidad y la oralidad. Por lo tanto, leer poesía es darle una vida para la que ha sido concebida y en la que vibra de una manera única. La conexión entre escritor y lector (oyente, en este caso) en un recital es una suerte de ritual mágico en el que la poesía cobra vida. Y la cobra de una manera plural, puesto que cada voz le puede dar (y le da) una impronta y un sentido diferente a un mismo poema. Es como una conjura verbal en la que las palabras habladas hacen latir en vivo y en caliente al discurso lírico.

    8 – ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

    Me parece altavoces maravillosos para llegar al lector. Todo lo que sume es positivo.

    9 – ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor/a que le haya gustado mucho? 

    Este poema de Lorca siempre me ha fascinado, por la conjunción perfecta entre su mensaje y la contundencia de sus imágenes. Me parece una obra maestra. Se titula Aurora:

    La aurora de Nueva York tiene

    cuatro columnas de cieno

    y un huracán de negras palomas

    que chapotean las aguas podridas.

       La aurora de Nueva York gime

    por las inmensas escaleras

    buscando entre las aristas

    nardos de angustia dibujada.

       La aurora llega y nadie la recibe en su boca

    porque allí no hay mañana ni esperanza posible.

    A veces las monedas en enjambres furiosos

    taladran y devoran abandonados niños.

       Los primeros que salen comprenden con sus huesos

    que no habrá paraíso ni amores deshojados;

    saben que van al cieno de números y leyes,

    a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

       La luz es sepultada por cadenas y ruidos

    en impúdico reto de ciencia sin raíces.

    Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes

    como recién salidas de un naufragio de sangre.

    10 – ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Pues estoy leyendo a María Luisa Bombal, una autora del Boom hispanoamericano fascinante. Es un libro de relatos entre los que destacan La amortajada o La última niebla. Esta mujer posee una prosa tan lírica (la paradoja es intencionada), tan personal, tan onírica, tan sutil, tan llena de imágenes y de plasticidad que resulta un deleite para los sentidos leerla. Creo que el realismo mágico no hubiera sido lo mismo sin ella, pese a que su nombre no haya sonado entre los grandes.

    11.-¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Que escriba lo que quiera y como lo quiera hacer. Porque solo lo auténtico vale la pena. Y con la autenticidad en los bolsillos, tarde o temprano hallará el camino que necesita para hacerse oír.

    12.-¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Muy centrada en las ventas y muy alejada de lo literariamente valioso. Creo que, como siempre, los dineros copan el mercado. Hay muy pocas editoriales que apuesten por los autores que no pueden ofrecer un récord de ventas. Tendría que cambiar el panorama, creo,  pero no tengo la fórmula mágica, desgraciadamente.

    13.-¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    Me hubiera gustado la siguiente pregunta:

    ¿Qué libro de poesía de los que conoce le hubiera gustado haber escrito?

    Poeta en Nueva York, de Lorca.

    Por último, y fuera del cuestionario, nos gustaría que se autograbase recitando un poema que usted haya escrito y sea especial por algún motivo y nos explicase el porqué para nuestro canal de Youtube. 

    Aquí está: https://youtu.be/3W3QULaTeWo?feature=shared

    Gracias, Rosa!

    ¡Ah! Además, pueden ir a la presentación de su último libro el miércoles 18 de septiembre a las 18 horas, en la Biblioteca de la Zona Joven en Puntalarga (Candelaria – Tenerife). ¡Les esperamos!