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  • 2 poemas de Sylvia Plath, la poeta que quería ser Dios

    2 poemas de Sylvia Plath, la poeta que quería ser Dios

    Sylvia Plath, considerada como una de las mejores poetas del siglo XX, nació un 27 de octubre y es por ello que, en Poémame, hemos querido rendirle homenaje. 

    Sobre su persona hay opiniones para todos los gustos y su figura se ha visto mercantilizada y frivolizada hasta la saciedad.

    Hoy queremos, simplemente, hacernos eco de la poeta en relación con su persona, de su trayectoria, de la influencia que tenía el mundo sobre sus letras. En el artículo publicado el año pasado nos acercábamos a ella con un poema. Hoy nos aproximaremos a su vida y a su obra.

    Plath nació en octubre, en el mes del almacenaje, como expresaba en uno de sus versos. Desde muy joven se interesó por la escritura, su primer poema lo escribió a los 8 años. La educaron para ser una mujer complaciente y moderada. Ella quería cumplir con su papel, hacía lo posible para contentar las expectativas del resto, evitando mostrar sus debilidades, pero también, sus inquietudes. Esa careta de vigorosidad, perfección y alegría, dejaba tras de sí la frustración y el agotamiento que arrastraba. 

    La chica que quería ser Dios, como su diario rezaba, destacaba, poseía una brillantez innegable, constantemente deseaba superarse y solía abarcar tantas ocupaciones que acababa sobrecargada, procurando además, ser la esposa y madre ideal. Amante del arte, dibujaba para desarrollar su creatividad, a instancias de su marido. 

    Se suicidó muy joven y se convirtió en un mito. Se le atribuye un trastorno bipolar. Se hablaba de sus depresiones, de sus crisis, de la desesperanza ante la muerte de su padre, de los problemas en su matrimonio, de la soledad y el vacío que la embargaba. 

    En el último periodo de su vida incrementa su productividad, aunque en vida solo publicó la primera recopilación de su poesía The colossus. A título póstumo, recibió el Premio Pulitzer (1982).

    Decía en uno de sus poemas que intentó no pensar demasiado, trató de ser natural y amorosa como las demás mujeres. ¿Lo consiguió? ¿Acaso era necesario?

    Os dejamos con un par de poemas.


    Soy vertical

    Pero preferiría ser horizontal.
    No soy un árbol con las raíces en la tierra
    absorbiendo minerales y amor maternal
    para que cada marzo florezcan las hojas,
    ni soy la belleza del jardín
    de llamativos colores que atrae exclamaciones de admiración
    ignorando que pronto perderá sus pétalos.
    Comparado conmigo, un árbol es inmortal
    y una flor, aunque no tan alta, es más llamativa,
    y quiero la longevidad de uno y la valentía de la otra.
    Esta noche, bajo la luz infinitesimal de las estrellas,
    los árboles y las flores han derramado sus olores frescos.
    Camino entre ellos, pero no se dan cuenta.
    A veces pienso que cuando estoy durmiendo
    me debo de parecer a ellos a la perfección—
    oscurecidos ya los pensamientos.
    Para mí es más natural estar tendida.
    Es entonces cuando el cielo y yo conversamos con libertad,
    y así seré útil cuando al fin me tienda:
    entonces los árboles podrán tocarme por una vez, y las flores tendrán tiempo para mí.

    Nacidos muertos

    Estos poemas no viven: el diagnóstico es triste.
    Los dedos de manos y pies crecieron bastante,
    sus pequeñas frentes se abombaron por la concentración.
    Si no caminaron por ahí como personas
    no fue por falta de amor materno.
    ¡No puedo entender lo que les ocurrió!
    Tienen la forma, el número, los miembros precisos.
    ¡Se ven tan bien ahí en su líquido de adobo!
    Sonríen, sonríen, sonríen, me sonríen a mí.
    Pero los pulmones no se hinchan y el corazón no bombea.
    No son cerdos, ni siquiera son peces,
    aunque tienen un cierto aire de cerdo y de pez,
    sería mejor que estuvieran vivos, y así es como estaban.
    Pero están muertos, y su madre, casi muerta de enajenación,
    y miran como estúpidos, y no hablan de ella.

  • 5 poemas de Anne Sexton

    5 poemas de Anne Sexton

    No pretendo hablar de Anne Sexton como si la conociera, como si hubiera registrado cada libro, cada folio de lo que se ha dicho y escrito sobre ella. Ni siquiera me atrevería a juzgarla. Sin embargo, he querido investigar su vida y su obra y traeros un trocito de todas las impresiones, de la información que he ido recabando. Ojalá sirva para aumentar vuestra curiosidad, en el caso de aquellos que no la conocierais. Ojalá sirva de pequeños trazos de recuerdo para los que ya sabíais de su existencia.

    Anne Sexton (1928-1974) nació el seno de una familia burguesa y vivió su infancia y adolescencia aprendiendo a desempeñar el papel de una mujer de su clase. Ella mismo explicó que se sentía víctima del sueño americano, casada a los veinte años, ama de casa, a los veinticinco su primera hija, a los veintisiete la segunda. La armonía y la estabilidad aparente frente a su depresión posparto, los intentos de suicidio, las hospitalizaciones… Alentada por su médico, comenzó a escribir como terapia, un método que le ayudaría a explicar y desahogar los traumas que la atormentaban. “Creen que me he curado, pero solo me he hecho poeta”. Su poesía confesional sirvió de voz rebelde frente a los convencionalismos de la época, rompiendo el silencio y tabúes ante la drogadicción, el aborto, la masturbación, la menstruación, el suicidio… 

    Tumba de Anne Sexton, en el cementerio de Forest Hills, a las afueras de Boston. Foto: David Bruce (Flickr/CC BY-NC-ND 2.0)

    Ganó el premio Pulitzer de poesía en 1967. Consiguió suicidarse (tras repetidos y fallidos intentos) a los 45 años, un cuatro de octubre. Tachada de egoísta, de loca, de no saber qué hacer con su vida de madre y esposa. Lejos de las atribuciones de otros, cinco poemas para empezar a conocerla. Solo cinco. Una delicia.

    DESCALZA

    Amarme sin zapatos
    significa amar mis piernas largas y bronceadas,
    queridas mías, buenas como cucharas;
    y mis pies, estos dos chicos
    que se escaparon a jugar desnudos. Intrincados nudos,
    mis dedos. Libres ya de sujeción.
    Y todavía más, miren las uñas y
    cada una de las diez etapas, tubérculo a tubérculo.
    Vehementes y alocados, todos ellos, este cerdito
    fue al mercado y este otro se
    quedó. Largas piernas bronceadas, y largos y bronceados dedos.
    Más arriba, cariño, la mujer
    confiesa sus secretos, pequeñas casas
    y pequeñas lenguas que te lo cuentan todo.

    No hay nadie más que tú y yo
    en esta casa de la península.
    El mar lleva un cencerro en el ombligo
    y yo soy tu sirvienta descalza
    por una semana entera. ¿Quieres un poco de salame?
    No. ¿Quieres un whisky, a lo mejor?
    Tampoco. Tú no eres de beber. Tú
    me bebes a mí. Las gaviotas persiguen a los peces
    gritando como chicos de tres años.
    Las olas son narcóticas, me llaman
    Yo soy, yo soy, yo soy
    toda la noche. Descalza
    te camino por la espalda.
    A la mañana corro por la cabaña,
    de una puerta a otra, jugando a perseguirnos.
    Ahora me agarras por los tobillos.
    Ahora vas trepando por mis piernas
    hasta que atraviesas la marca de mi anhelo.

    JOVEN

    Hace mil puertas
    cuando yo era una chiquilla solitaria
    en una gran casa con cuatro
    garajes y era verano
    según creo recordar,
    yacía por la noche sobre la hierba,
    los tréboles cedían bajo mi peso,
    las estrellas sabias fijas por encima de mí,
    la ventana de mi madre un embudo
    por el que escapaba un calor amarillo,
    la ventana de mi padre, a medio cerrar,
    un ojo por donde pasaban durmientes,
    y las tablas de la casa,
    suaves y blancas como la cera
    y probablemente un millón de hojas
    se mecían sobre sus extraños tallos
    mientras los grillos cantaban al unísono
    y yo, en mi cuerpo recién estrenado,
    que aún no era el de una mujer,
    interrogaba a las estrellas
    y pensaba que Dios realmente podía ver
    el calor y la luz pintada,
    codos, rodillas, sueños, buenas noches.

    AMAS DE CASA

    Algunas mujeres se casan con casas. 
    Es otra especie de piel; tiene un corazón, 
    una boca, un hígado y movimiento de intestinos. 
    Las paredes son estables y rosadas. 
    Mirad cómo se pasa el día hincada de rodillas, 
    lavándose fielmente. 
    Los hombres penetran a la fuerza, retrocediendo como Jonás 
    dentro de sus gordas madres. 
    Una mujer es su madre.
    Eso es lo más importante.

    LA BALADA DE LA MASTURBADORA SOLITARIA

    Al final del asunto siempre es la muerte.
    Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,
    fuera de la tribu de mí misma mi aliento
    te echa en falta. Espanto
    a los que están presentes. Estoy saciada.
    De noche, sola, me caso con la cama.
    Dedo a dedo, ahora es mía.
    No está tan lejos. Es mi encuentro.
    La taño como a una campana. Me detengo
    en la glorieta donde solías montarla.
    Me hiciste tuya sobre el edredón floreado.
    De noche, sola, me caso con la cama.

    Toma, por ejemplo, esta noche, amor mío,
    en la que cada pareja mezcla
    con un revolcón conjunto, debajo, arriba,
    el abundante par espuma y pluma,
    hincándose y empujando, cabeza contra cabeza.
    De noche, sola, me caso con la cama.

    De esta forma escapo de mi cuerpo,
    un milagro molesto, ¿Podría poner
    en exhibición el mercado de los sueños?
    Me despliego. Crucifico.
    Mi pequeña ciruela, la llamabas.
    De noche, sola, me caso con la cama.

    Entonces llegó mi rival de ojos oscuros.
    La dama acuática, irguiéndos en la playa,
    en la yema de los dedos un piano, vergüenza
    en los labios y una voz de flauta.
    Entretanto, yo pasé a ser la escoba usada.
    De noche, sola, me caso con la cama.

    Ella te agarró como una mujer agarra
    un vestido de saldo de un estante
    y yo me rompí como se rompen las piedras.
    Te devuelvo tus libros y tu caña de pescar.
    El periódico de hoy dice que os habéis casado.
    De noche, sola, me caso con la cama.

    Muchachos y muchachas son uno esta noche.
    Se desabotonan blusas. Se bajan cremalleras.
    Se quitan zapatos. Apagan la luz.
    Las criaturas destellantes están llenas de mentiras.
    Se comen mutuamente. Están más que saciadas.
    De noche, sola, me caso con la cama.

    LA VERDAD QUE LOS MUERTOS CONOCEN

    Se acabó, digo, y me alejo de la iglesia,
    rehusando la rígida procesión hacia la sepultura,
    dejando a los muertos viajar solos en el coche fúnebre.
    Es junio. Estoy cansada de ser valiente.
    Conducimos hasta el Cabo. Crezco
    por donde el sol se derrama desde el cielo,
    por donde el mar se mece como una cancela
    y nos emocionamos. Es en otro país donde muere la gente.
    Querido, el viento se desploma como piedras
    desde la bondadosa agua y cuando nos tocamos
    nos penetramos por completo. Nadie está solo.
    Los hombres matan por ello, o por cosas así.
    ¿Y qué ocurre con los muertos? Yacen sin zapatos
    en sus barcas de piedra. Son más parecidos a la piedra
    de lo que lo sería el mar si se detuviera. Rehusan
    ser bendecidos, garganta, ojo y nudillo.

    Para saber más

    • BEGOÑA CALLEJÓN (2018) Hijas de la melancolía: mujeres que rompen su jaula. Verbum.
    • ANNE SEXTON (1996). El asesino y otros poemas. Icaria editorial.
    • ANNE SEXTON (2013). Poesía completa. Linteo.
  • 5 poemas de Gabriela Mistral

    5 poemas de Gabriela Mistral

    Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga nació en Chile, el 7 de abril de 1889. Todavía no era Gabriela Mistral, pero no tardaría mucho en adoptar ese seudónimo. Sería en 1908, a partir de su poema «Del pasado», cuando decidió combinar ambos hasta ser conocida mundialmente por Gabriela Mistral, transmutándose. Quizá, más que un seudónimo, fuera su heterónimo, como apunta Ana Pizarro en su libro “Gabriela Mistral: el proyecto de Lucila”.

    No es difícil encontrar información sobre su vida y su obra, por tanto, no pretende el artículo hacer un recorrido por toda su trayectoria, personal y laboral. Sobrarán unas nociones básicas, brochazos, apuntes destacables de esta escritora, como personaje histórico y simbólico en el mundo de la literatura. Simplemente, un puñado de datos que animen a quien lo lea a seguir indagando en ella. 

    Gabriela Mistral sobrevivió a un hogar difícil durante su infancia. Fue autodidacta, amante de la naturaleza, apasionada por la enseñanza y de una gran conciencia social que reflejó en sus obras, donde también sería una constante la ternura hacia los niños.  En 1914 ganó el concurso de Juegos Florales con los «Sonetos de la muerte», que la convirtieron en una joven promesa de la literatura chilena. Gracias a este premio, comenzó a adquirir fama y visibilidad. 

    Su historia estuvo marcada por la literatura, pero también por una bella labor social. Enamorada de la pedagogía, luchó por los derechos educativos de las mujeres y de los más desfavorecidos. En 1945 recibió el Premio Nobel de Literatura, el primero para las letras latinoamericanas y el quinto para una mujer. También fue la primera mujer chilena en ocupar un cargo diplomático. 

    Murió en Nueva York, Estados Unidos, el 10 de enero de 1957; pero nos dejó sus obras, que no entienden de fronteras y han sido traducidas a más de veinte idiomas. 

    La selección de poemas que he realizado no es más que un antojo personal y cinco ventanas desde las que poder observar el enorme mundo mistraliano. A partir de ahí, cada cual elija lanzarse, seguir mirando o correr la cortina. 

    PIECECITOS

    Piececitos de niño,
    azulosos de frío,
    ¡cómo os ven y no os cubren,
    Dios mío!

    ¡Piececitos heridos
    por los guijarros todos,
    ultrajados de nieves
    y lodos!

    El hombre ciego ignora
    que por donde pasáis,
    una flor de luz viva
    dejáis;

    que allí donde ponéis
    la plantita sangrante,
    el nardo nace más
    fragante.

    Sed, puesto que marcháis
    por los caminos rectos,
    heroicos como sois
    perfectos.

    Piececitos de niño,
    dos joyitas sufrientes,
    ¡cómo pasan sin veros
    las gentes!

    YO NO TENGO SOLEDAD

    Yo no tengo soledad
    Es la noche desamparo
    de las sierras hasta el mar.
    Pero yo, la que te mece,
    ¡yo no tengo soledad!

    Es el cielo desamparo
    si la luna cae al mar.
    Pero yo, la que te estrecha,
    ¡yo no tengo soledad!

    Es el mundo desamparo
    y la carne triste va.
    Pero yo, la que te oprime,
    ¡yo no tengo soledad!

    TODAS ÍBAMOS A SER REINAS

    Todas íbamos a ser reinas,
    de cuatro reinos sobre el mar:
    Rosalía con Efigenia
    y Lucila con Soledad.

    En el valle de Elqui, ceñido
    de cien montañas o de más,
    que como ofrendas o tributos
    arden en rojo y azafrán.

    Lo decíamos embriagadas,
    y lo tuvimos por verdad,
    que seríamos todas reinas
    y llegaríamos al mar.

    Con las trenzas de los siete años,
    y batas claras de percal,
    persiguiendo tordos huidos
    en la sombra del higueral.

    De los cuatro reinos, decíamos,
    indudables como el Korán,
    que por grandes y por cabales
    alcanzarían hasta el mar.

    Cuatro esposos desposarían,
    por el tiempo de desposar,
    y eran reyes y cantadores
    como David, rey de Judá.

    Y de ser grandes nuestros reinos,
    ellos tendrían, sin faltar,
    mares verdes, mares de algas,
    y el ave loca del faisán.

    Y de tener todos los frutos,
    árbol de leche, árbol del pan,
    el guayacán no cortaríamos
    ni morderíamos metal.

    Todas íbamos a ser reinas,
    y de verídico reinar;
    pero ninguna ha sido reina
    ni en Arauco ni en Copán…

    Rosalía besó marino
    ya desposado con el mar,
    y al besador, en las Guaitecas,
    se lo comió la tempestad.

    Soledad crió siete hermanos
    y su sangre dejó en su pan,
    y sus ojos quedaron negros
    de no haber visto nunca el mar.

    En las viñas de Montegrande,
    con su puro seno candeal,
    mece los hijos de otras reinas
    y los suyos nunca-jamás.

    Efigenia cruzó extranjero
    en las rutas, y sin hablar,
    le siguió, sin saberle nombre,
    porque el hombre parece el mar.

    Y Lucila, que hablaba a río,
    a montaña y cañaveral,
    en las lunas de la locura
    recibió reino de verdad.

    En las nubes contó diez hijos
    y en los salares su reinar,
    en los ríos ha visto esposos
    y su manto en la tempestad.

    Pero en el valle de Elqui, donde
    son cien montañas o son más,
    cantan las otras que vinieron
    y las que vienen cantarán:

    «En la tierra seremos reinas,
    y de verídico reinar,
    y siendo grandes nuestros reinos,
    llegaremos todas al mar.»

    DAME LA MANO

    Dame la mano y danzaremos;
    dame la mano y me amarás.
    Como una sola flor seremos,
    como una flor, y nada más…

    El mismo verso cantaremos,
    al mismo paso bailarás.
    Como una espiga ondularemos,
    como una espiga, y nada más.

    Te llamas Rosa y yo Esperanza;
    pero tu nombre olvidarás,
    porque seremos una danza
    en la colina y nada más…

    EL PAVO REAL

    Que sopló el viento y se llevó las nubes
    y que en las nubes iba un pavo real,
    que el pavo real era para mi mano
    y que la mano se me va a secar,
    y que la mano le di esta mañana
    al rey que vino para desposar.

    ¡Ay que el cielo, ay que el viento, y la nube
    que se van con el pavo real!


    Referencias bibliográficas

  • Cuestionario de los 100: Soraya Benítez

    Cuestionario de los 100: Soraya Benítez

    Esta semana tenemos el cuestionario de @_Sejmet_. Ya sabes, si has superado los 100 poemas publicados en nuestra web, escríbeme al correo interno de la revista y me pondré en contacto para publicar vuestras respuestas. Gracias.

    El libro que estoy leyendo: Cómo acabar con la escritura de las mujeres (y doscientos más, a la vez).

    El primer libro que recuerdo haber leído: a los 3 años, de esos de pocas páginas: Las aventuras de Pipo y Popy.

    El libro que cambió mi vida: La voz a ti debida (Pedro Salinas).

    El libro que más ha influido en mi manera de escribir: en prosa: Atlas de geografía humana (Almudena Grandes), en verso: Trama de niebla (Felipe Benítez Reyes).

    El libro que me gustaría haber escrito: Dime quién soy (Julia Navarro).

    El libro que está (según su criterio) más sobrevalorado: de los que he leído, ninguno.

    El libro que está (según su criterio) más infravalorado: Nada (Carmen Laforet).

    El último libro que me hizo llorar: Dime quién soy (Julia Navarro).

    El último libro que me hizo reír: Sin noticias de Gurb (Eduardo Mendoza)

    El libro que no pude acabar de leer: Los hermanos Karamazov (Fiodor Dostoyevski)

    El libro que me avergüenza no haber leído: Cien años de soledad (Gabriel García Márquez)

    ‘Ese’ libro que me encanta y leo a escondidas: Libro del desasosiego (Fernando Pessoa)

    El libro que regalo: no suelo regalar uno en concreto, depende de los gustos de la persona.

    El poema por el que me gustaría ser recordado: Si quieres que te olvide

    Si quieres que te olvide
    tendrás que poner empeño
    volcando todas tus fuerzas,
    sacando leña del fuego
    para que no me acuerde
    de cómo crepita un cuerpo
    cuando tiene la suerte
    de que lo toquen tus dedos.

    Por aquel entonces,
    verde era el cielo.

    Si quieres que te olvide
    tendrás que borrar mis versos
    deshilachando las letras,
    agonizando los verbos.
    Huérfanas las imágenes,
    huérfanos los recuerdos.
    Y puede que así consigas
    que mis poemas ignoren la esencia
    de la memoria,
    que no describa lugares,
    que cierre un poco la boca,
    que deje de dar detalles
    de cuando era verde el cielo.

    Si quieres que te olvide…
    en realidad, no quiero.

  • 13 preguntas y una poeta, Soraya Benítez: «No hay nada más hermoso que el vínculo que se establece entre escritor y lector»

    13 preguntas y una poeta, Soraya Benítez: «No hay nada más hermoso que el vínculo que se establece entre escritor y lector»

    A través de la sección Slam de la web de Poémame supe de la edición del poemario Mirlo Blanco, recuerdo azul (Ed. Camelot, 2018) de Soraya Benítez. Éste llega después de Mi mejor abril (Ediciones Mouse, 2018), su primer poemario, fruto de un blog homónimo donde Soraya escribe, según sus propias palabras, «para no perder el sur. Una suma de poemas que resta dolor, nostalgia y soledad, plasmando las inquietudes que hacen temblar a la primavera y al corazón. Un paracaídas fabricado con versos."

    Soraya Benítez es una diplomada en Magisterio de Educación Física y licenciada en Psicopedagogía apasionada de los libros, de los viajes, de la naturaleza, de la música, de la actividad física, de la comida… De todo lo que da un soplo de vida y te hace respirar. Tiene una novela a punto de ser publicada y otra en proceso de ebullición.

    Antes de empezar la entrevista, vamos a escucharla recitar uno de sus poemas, “Si quieres que te olvide”

    Este poema pertenece a Mi mejor abril. Es uno de sus poemas preferidos, porque «se suele hablar mucho del olvido, pero poco de las ganas reales de olvidar. Cuesta olvidar, claro que cuesta, aunque hay ocasiones en las que se hace más difícil porque, lo reconozcamos o no, no queremos hacerlo

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    No hay mucho que contar, mi biografía se va haciendo más sencilla y austera conforme pasa el tiempo. Nací en Córdoba, en el verano que inauguró la década de los ochenta y, actualmente, resido en Gijón. Entre lo uno y lo otro, he vivido. Se podría decir que, en ese recorrido por los años, la literatura ha sido una compañera inseparable, en forma de lectura o de folio en blanco a la espera de que volcara en él mis inquietudes, mis temores, mis preguntas.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron? 

    Mis primeros encuentros con la poesía fueron triviales o, al menos, así los recuerdo. No me acerqué yo a ella sino ella a mí, en forma de obligación escolar. Conocí a Juan Ramón Jiménez, a Bécquer o a Antonio Machado, entre otros. 

    Muchos años después, volvió a acercarse a mí, no ya como obligación sino a través del amor. Llegó Neruda, Pedro Salinas, Lorca, Cernuda… A partir de ese momento, no he dejado de ser yo la que acuda en su búsqueda, como terapia, respuesta y sosiego. 

    Aparte de los ya nombrados, supongo que cualquier autora o autor que caiga en mis manos, deja algo suyo en mí, aunque siempre recaigo en la lectura de Cristina Peri Rossi, Ángel González, Felipe Benítez Reyes, Fernando Pessoa o Anne Sexton.

    Mirlo blanco, recuerdo azul, de Soraya Benítez (Ed. Camelot, 2018).

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    Mi poesía habla de mí y de todo aquello que me emociona. No sabría definirla, pero sí tengo claro lo que me gustaría conseguir con ella: me encantaría que aquello que cuento en mis poemas, no fuera solo mío, que pudiera servir a otros para sentirse identificados, acompañados y entendidos.

    ¿Cree que la poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    Creo que debería evolucionar en su escritura. Decir que se mantiene inalterable sería como afirmar que no se ha visto salpicada e influida por los acontecimientos que ha ido viviendo, las personas que ha ido conociendo, las lecturas que han pasado por sus ojos… Creo que todo eso actúa sobre nuestra manera de ver las cosas y, por supuesto, repercute en nuestro estilo y nuestro lenguaje poético. El mío ha ido cambiando a lo largo de los años, quiero pensar que progresando, gracias a no decaer en el hábito de la lectura y a la búsqueda constante de mejora, siendo autodidacta.

    Al final  del puente de Brooklyn

    El sol se abre paso entre gigantes
    que me acechan, desde lejos, cuando avanzo lentamente, como pez serpenteante
    por las aguas del East River.
    Amanece y tengo sueño.
    Me adormecen los gruñidos de madera,
    de pisadas más precoces que las mías
    con el rumbo de memoria aprendido
    en la planta de sus pies.

    Tiemblan los brazos de acero cuando bosteza la brisa, soplo marmóreo que vaga
    a mi alrededor.

    Sin duda, Lorca también temblaría sobre esta lengua inagotable.
    ¿Qué encontraré al final,
    cuando llegue?

    ¿Quién más habrá?

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    A veces, hago un esfuerzo para dar por concluida la corrección de un poema. Siempre encuentro una expresión o una palabra que defina mejor lo que quiero contar. Me resulta indispensable tener a mano un diccionario y suelo recitar en voz baja el poema, buscando una melodía que me guste, el ritmo adecuado.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Hice referencia a ello anteriormente, creo que no hay nada más hermoso que el vínculo que se establece entre escritor y lector, esa especie de reflejo. Al final, es como un guiño, te sientes  acompañada o entendida por otra persona, allá donde esté. Esa empatía es fantástica. 

    Mi mejor abril, de Soraya Benítez (Ed. Mouse, 2018)

    ¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Prácticamente, no he participado en ellas, aunque no me desagradan. Son otra forma más de expresión y comunicación. La voz del poeta, sus gestos, su forma de recitar… enriquecen el poema. Otras formas más teatrales como las Poetry Slam, también me parecen estimulantes y necesarias. 

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?

    Me parece estupendo. No deja de ser una adaptación a la era tecnológica que vivimos. Es normal que se adapten los medios y las técnicas utilizadas para hablar sobre poesía, para escribirla, para leerla. Puede que haya a quien le guste que la poesía sea un género incomprendido, para una minoría privilegiada, sin embargo, con Internet se rompen muchas barreras y el deseo de unos pocos poco importa.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor/a que le haya gustado mucho? 

    Hay muchos que me han gustado mucho, pero… si tuviera que recomendar uno, diría Advertencia, de Felipe Benítez Reyes. No tiene desperdicio y lo interpreto, desgastando la ironía que subyace en la poesía de Felipe. 

    Advertencia (recitado por el propio poeta)

    Si alguna vez sufres -y lo harás-
    por alguien que te amó y que te abandona,
    no le guardes rencor ni le perdones:
    deforma su memoria el rencoroso
    y en amor el perdón es sólo una palabra
    que no se aviene nunca a un sentimiento.
    Soporta tu dolor en soledad,
    porque el merecimiento aun de la adversidad mayor
    está justificado si fuiste desleal a tu conciencia,
    no apostando sólo por el amor que te entregaba
    su esplendor inocente, sus intocados mundos.

    Así que cuando sufras -y lo harás-
    por alguien que te amó, procura siempre
    acusarte a ti mismo de su olvido
    porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
    Y aprende que la vida tiene un precio
    que no puedes pagar continuamente.
    Y aprende dignidad en tu derrota,
    agradeciendo a quien te quiso
    el regalo fugaz de su hermosura.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Me pone nerviosa leer solo un libro. Necesito tener empezados cinco, seis, siete… a la vez. Y así, pasa, que tardo la vida para acabarlos. Actualmente, estoy haciendo más hincapié en Dime quién soy, de Julia Navarro, una novela maravillosa.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    No soy quien para dar consejos a nadie. Al fin y al cabo, los consejos son maneras de contar nuestra experiencia, para que sirva de referencia o punto de apoyo y no de dogma. Y mi experiencia en el mundo de la poesía no es tan dilatada. Eso sí, considero fundamental leer mucho y escribir mucho. 

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    La veo con ojos de escritora novata, desconozco el mundo editorial como para opinar con datos y argumentos bien formados. No obstante, me da la impresión de que una editorial es más empresa que nunca y busca beneficio, por encima de todo. 

    Noviembre, última forma de amar

    Noviembre, enfrías las manos dejando lágrimas sobre las hojas de los árboles que han llorado esta mañana.

    Suspiras y cortas los labios,
    agrietas la cara, instauras desorden
    en cada peinado, asustas ventanas
    y alzas el vuelo de las servilletas
    que llevan escritos mis últimos versos.

    Noviembre, roba domingos,
    piel de otoño que llena la nada de niebla, tardes de marco plomizo.
    Al otro lado, se oye el eco de un recuerdo que, todavía, no he tenido.

    Cómo va a cantar el mirlo en otoño…

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    No me ha preguntado nada acerca de nuestro parnaso, nuestro bar de letras de Poémame, como lo bautizamos desde un principio, @Pequenho_Ze y yo. Creo que es mucho más que una plataforma literaria virtual para los apasionados de la poesía. Escaparate, verbena, palestra… y, sobre todo, punto de encuentro donde, a veces, es posible que surja la magia.

    Ahora, antes de acabar toca el regalo a nuestros lectores. Si os ha gustado la poesía de Soraya no podéis dejar de visitar su blog Mi mejor abril.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Fallo del concurso poético Poémame – «Primavera»

    Fallo del concurso poético Poémame – «Primavera»

    El jurado compuesto por la autora de la obra, la poeta Soraya Benítez; la poeta y colaboradora de la revista de Poémame, Verónica Teja; y el poeta y también miembro del equipo editorial de la revista de Poémame, Guillermo Vera, ha seleccionado, de entre los más de 40 textos presentados, a Florecer, un poema en verso libre de Carmen, como ganador del concurso. ¡Felicidades!

    El fallo ha estado sometido a la adecuación del poema a la temática propuesta (la primavera), el uso del verso libre y la bella evocación de las imágenes poéticas utilizadas.

    El jurado, también quiere hacer mención especial al poema Primavera en la mirada, de Hortensia.

    Sin más, os invitamos a disfrutar de la lectura del poema ganador:

    Florecer

    Tarda en florecer la primavera
    pero una mañana
    en el aire líquido y transparente
    o en la levedad de la lluvia
    sentirás
    los tallos febriles de las espigas
    la carne entregada de las corolas
    sentirás
    que tus labios se deshacen
    en murmullos de hierba
    con un nuevo temblor de vida.

    ¡Muchas gracias por vuestra participación!

  • «Para ser viento contigo», un poema para tres poetas (y viceversa)

    «Para ser viento contigo», un poema para tres poetas (y viceversa)

    Lo hemos dicho en más de una ocasión, que sin duda lo más maravilloso que ha ocurrido en Poémame es la comunidad de poetas que se ha creado en torno a este espacio de poesía en la red. Fruto de ello son los numerosas colaboraciones poéticas que han surgido. Voces poéticas diversas que se enlazan unas con otras, como en un abrazo, o un beso. Poemas escritos a cuatro, seis ¡y hasta ocho manos!

    Hoy sin embargo compartimos con vosotros una creación aún más especial: un poema de la poeta Verónica Teja titulado «Para ser viento contigo«, al que Soraya Benítez pone su voz  y Arturo Carballo su música. Os invitamos a disfrutar de su escucha y de su lectura.

    Para ser viento contigo

    A veces te imagino
    como un viento cálido,
    llegando a todos los rincones
    desde algún paraíso del sur,
    despeinando el océano,
    acariciando los campos,
    bailando entre las montañas
    soplos de melodías
    como si fueras un ángel.

    Llegas a la orilla del mar
    haciendo cantar a las caracolas,
    y tanto ellas, como yo,
    no paramos de susurrarte al oído.
    No sé qué tienes,
    pero tampoco me importa.

    Agarro tu cabello
    como a las recias crines
    de un caballo salvaje,
    caballo de brisa
    con alas de sueños…
    y me haces volar.

    Por fin soy liviana,
    soy de aire y me elevo.
    Ya no tengo miedo.
    -¿Cómo darte las gracias?-

    Ahora me siento segura
    sabiendo que mis suspiros
    no son más
    que las letras de tu nombre,
    que se escapan de mi boca
    para ser viento contigo.

  • Concurso poético Poémame – «Primavera»

    Concurso poético Poémame – «Primavera»

    «Mi mejor abril», de Soraya Benítez (Ed. Mouse, 2018)

    Con motivo de la publicación del poemario «Mi mejor abril» de la poeta Soraya Benítez, y con la colaboración de la propia Soraya, es un placer convocar un nuevo concurso poético de Poémame, de acuerdo con las siguientes BASES:

    1. Podrán concursar en este premio autores sin limitación de edad, nacionalidad o residencia.
    2.  Los originales presentados deberán estar escritos en castellano.
    3. Los originales podrán estar escritos en verso libre, clásico o prosa, la temática deberá tratar sobre la «primavera» y la extensión estará comprendida entre 4 y 20 versos (o líneas el caso de trabajos en prosa).
    4. Los originales se presentarán a través del sitio web de Poémame, hasta el domingo 4 de marzo de 2018, mediante el formulario empleado habitualmente para publicar poemas (opción “Publicar“) y deberán especificar la etiqueta “concursoprimavera” en el campo etiquetas del formulario, para ser incluidos en el concurso.
    5. El jurado estará compuesto por la poeta Soraya Benítez, la poeta Verónica Teja y el poeta y miembro del equipo editorial de la Revista de Poémame, Guillermo Vera. El fallo del premio tendrá lugar a lo largo del mes de marzo de 2018 y se dará a conocer en los sitios web de Poémame y en sus redes sociales.
    6. El premio consistirá en un ejemplar del poemario “Mi mejor abril» dedicado por Soraya Benítez, que será remitido por correo ordinario a la dirección postal que indique el ganador o ganadora del sorteo. En el caso de que éste no facilite una dirección postal en el plazo de 15 días desde la publicación del fallo del jurado, el jurado podrá optar entre seleccionar un nuevo ganador o dejar desierto el premio.
    7. La presentación a este concurso supone la plena aceptación de sus bases.

    Cualquier consulta sobre el concurso, sus bases o la forma de participación podrá formularse por correo electrónico o a través del perfil de Poémame en FacebookTwitter e Instagram.