Categoría: Opinión

  • The World Wide Poetry: la revolución de la poesía

    The World Wide Poetry: la revolución de la poesía

    El nacimiento de esto que llamamos Internet ha llevado la poesía a otro nivel: ya no hace falta publicar un libro en papel o declamar en un salón para ser considerado, por lo menos, aprendiz de poeta.


    Desde los años 70 hasta alrededor del 2000, la poesía quedó francamente olvidada y eclipsada por otros tipos de literatura. En un país que apenas lee, los poemas llegaban a pocas personas y aún menos autores se dedicaba a escribirlos. Vivir de poeta en este país es morirse de hambre, y sólo unos pocos privilegiados con grandes plumas podían acceder a difundir sus pensamientos sus versos. Pero dejemos estas quejas infructuosas que no llevan a ninguna parte y pasemos a lo que realmente importa.

    En 1990 con la creación de Internet nace un nuevo concepto de comunicación y de relación entre los seres humanos. Con un ordenador y el gesto de apretar un botón puedes estar en comunicación directa con quien quieras y en cualquier parte del mundo, que se convierte en algo realmente pequeño, en particular gracias a la combinación de esta nueva tecnología con los celulares inteligentes. El dicho “el mundo es un pañuelo”, deja de ser un dicho para ser una realidad.

    Nacen nuevos comunicadores: tuiteros, blogueros o youtubers. Y algunos de ellos son, cómo no, poetas. Estos nuevos poetas españoles, que antes se las veían y deseaban para publicar un libro, ahora dan a conocer sus versos en sus blogs: Luna de Miguel, Irene X o Elvira Sastre son claro ejemplo de ello. Otras y otros se dedican además al universo de Twitter como Grace Klimt, Ulises Kaufman o Carlos Aymí, y arrastran una nube de seguidores que vierten en esta nueva forma de comunicarse sus pensamientos, sentimientos y versos. La publicación Babelia, de El País, llamaba la atención, el 25 de julio de 2014, sobre lo que consideraba un fenómeno en la poesía española actual: Miles de jóvenes se apuntan a un género que ha encontrado una nueva forma de difusión fuera de los salones.

    Y es que todos podemos tuitear aquello que se nos ocurra: podemos hablar de política, música, cine y cómo no, de poesía, poesía en 140 caracteres (¡ahora 280!). O podemos optar por abrir un blog y tratar todos los temas de los que se nos ocurra hablar. Tampoco podemos olvidarnos de otras redes sociales, como Facebook, Tumblr o Google+, donde se crean todo tipo de grupos (algunos, cómo no, de poesía) o de los clásicos foros.

    Y no hace falta ser famoso, solo hacen falta ganas y creatividad para hacerlo. No hay límite a la creatividad literaria.

    La cultura de la individualidad y el yo nos lleva a poder escribir y crear sin filtros, sin condicionamientos y a un precio muy asequible. Además está de moda, ¿quién no ha puesto un tuit? ¿cuántas personas son las que aún no acceden a Facebook? En este mundo de la comunicación inmediata mucha gente se lanza a escribir tras un nick o un pseudónimo. nadie sabe quién eres. Bajo otra identidad se pierde el miedo al ridículo y los usuarios de la red expresan su creatividad en infinidad de plataformas. Como Poémame, donde todo el mundo es bienvenido y cualquiera puede escribir y publicar poemas.

    Todo vale, todo es susceptible de ser poesía: frases escritas en paredes, en muros, en trenes a las que se toman fotografías con el teléfono móvil y se suben a la red, versos escritos en píxeles y que se leen en páginas de luz y cristal.

  • Y ahora, ¿qué es poesía?

    Y ahora, ¿qué es poesía?

    La respuesta no ha cambiado ─al menos, no debería haberlo hecho─ desde que Bécquer confundió la pupila con el iris, y no me refiero a un tú impersonal; vengo a hablar de la noción de poesía como arte supremo, en palabras de Beethoven.

    Es un poco burdo recurrir a diccionarios para textos algo más científicos, aunque no tanto como la idea de romantizar todo lo aparentemente bello y llamarlo poesía.  El DRAE habla de la poesía como manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa. Y hasta ahí, es correcto. Más allá de lo que se pueda leer sobre que la poesía son palabras y saltos de línea, es necesario subrayar que la prosa también es poesía. Otros diccionarios hablan de ella como expresión artística de la belleza por medio de la palabra, en especial aquella que está sujeta a la medida y cadencia del verso. Hagamos un esfuerzo por remarcar algo muy importante en los tiempos que corren: sujeta a la medida y cadencia del verso. No se puede hacer un poema de un simple texto propio de las corruptas redes sociales. Este sería el aspecto estético del poema. La estructura, la uniformidad, el sentido propiamente estético: algo artísticamente lógico. El arte tiene parámetros, no olvidemos.

    El concepto de la poética ha rondado siempre por la esfera cultural, y ahora parece un poco ausente, tal vez por el imperio editorial que pretende gobernarnos, o por los personalismos e intereses tan presentes en un lugar que no les corresponde. Gabriel Celaya ya decía que ser poeta es asumir la pena de todo lo que existe. No lo tomemos como dogma, es arte, hay que entender la tragedia y la belleza remanente de ésta. No significa que la felicidad no tenga cabida en la poesía, desde luego, pero esto último, la felicidad en la poesía, es un arma que desenfundan autores propios de aquellos simples y breves textos de redes sociales a los que antes hacía referencia, y suelen disparar más rápido. Frente a esto, han aparecido desde hace algo más de un siglo, libros y manifiestos con un título común: Defensa de la poesía. La historia se repite, también aquí.

    Volvamos al concepto. De la mano de Luis García Montero, autor más contemporáneo aún que Gabriel Celaya, podemos vislumbrar en toda su obra una idea fundamental que responde a nuestra eterna pregunta. El poema nace de la necesidad de estarle hablando a una silla vacía. Aparece de nuevo la tragedia, la aparente tragedia, pues si hemos leído a Luis, sabremos que no es precisamente un autor trágico. Sin embargo, es cierto que la poesía nace de la soledad, de las palabras que rondan el silencio, las sombras que acechan, las ventanas abiertas de un hotel… El poeta no es únicamente un sujeto frustrado, triste y solo. Aunque la noción de poeta da para otro artículo, ahora nos concierne la poesía. ¿Qué es poesía, Gustavo Adolfo?

    Quitémonos las alas y tratemos de escribir con los pies sobre la tierra, ¿sí?
    Wislawa Szymborska

    Desde la aparición del verso libre, han sido demasiadas las libertades que se han tomado para calificar textos como arte lírico. Los diccionarios ya están actualizados y no hablan de la estricta rima. Ahora, para utilizar ─incluso sustituir─ este recurso con elegancia, se emplea la rima interna. Por ejemplo: No queda en este templo/ siquiera silencio por compartir./ Acariciar el vaho de una ventana rota/ se torna peligroso si me escondo…/.  Templo hace rima asonante con silencio, igual que rotatorna. Gracias a esto ─entre otras cosas, por supuesto─ se logra el segundo elemento para que un texto con saltos de línea pueda considerarse poesía: el ritmo. No es el único modo de lograrlo, de hecho, no es el principal. El ritmo no tiene por qué llevar rima de ningún tipo; puede percibirse a la hora de recitar el texto. Si tiene cierta musicalidad, si fluye fácilmente, ese texto tendrá ritmo. ¡Pero cuidado! Aun no podemos hablar de poesía.

    La forma no afecta solo a cuestiones palpables como el ritmo o la rima interna, es algo más complicado. La forma también hace referencia al cómo semántico, a los significantes y la semiótica que implica elegir una palabra u otra. Imaginad a Neruda poniendo Estoy muy triste esta noche y voy a escribir,/ por ejemplo: el cielo está lleno de estrellas/ que tiemblan de frío// en lugar de Puedo escribir los versos más tristes esta noche./ Escribir, por ejemplo: la noche está estrellada,/ y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.// Puede que el mensaje sea el mismo. Neruda estaba triste, hablaba de estrellas lejanas… Pero la última forma es infinitamente más poética que la primera. Baila con las palabras, juega con el mensaje desfigurando al yo poético dentro del propio poema, para que sea el poema quien hable. Es por esto que los poetas son eternos.

    Tenemos definida la parte más objetiva de la cuestión, salvando las distancias de los gustos y las preferencias, claro. Ahora viene el último elemento, la idea que permanece en el poema y que un día lo empujó a nacer: el relato. ¿Qué cuenta el poema? Desde luego que no vale cualquier cosa, aunque Quevedo le hiciera un poema al pedo y Machado viviera atormentado por moscas dejando constancia de ello. A modo de breve inciso: escribir sobre temas banales, sin sentido o burdos, con cierta intención humorística, es algo que caracteriza a la antipoesía. Os animo a indagar sobre ello, es algo curioso cuanto menos. Siguiendo el hilo conductor y llegando poco a poco a un final sin sólidas conclusiones, continuo. Hay temas centrales, tales como la muerte, el tiempo, el amor… Temas, a fin de cuentas, de peso, temas que tienen cabida en este noble arte.

    Recordemos: estructura, forma y relato. El contexto que vivimos en la actualidad se encuentra en una profunda crisis porque, precisamente, no hay armonía entre estos tres elementos. No es un problema que la gente escoja escribir, que creen sus textos y los publiquen en blogs y redes sociales; para eso están, a fin de cuentas. El problema surge cuando las librerías están repletas de obras sin categoría, repletas de textos que no son ni uniformes, ni artísticos. Sin embargo, no es una realidad que pueda tomarse para juzgar la totalidad de la esfera poética, pues no es cuestión de que el nivel general haya bajado ─tanto─, sino de que aquello que se publica, aquello que se entrega en cantidades desproporcionadas a librerías sabiendo perfectamente que se va a convertir en una suerte de best seller, se pone bajo el título de poesía. ¿Qué problema hay? No es solo que frivolicen el concepto de poesía sin más. El problema se hace mayor cuando tenemos en cuenta dos factores: el primero es un tanto físico y simple, quizás el más perceptible; las estanterías son limitadas. No caben todos los autores, así que, como una librería, salvo en dignas y valientes excepciones, es una empresa que busca beneficio vendiendo contenido, optará por colocar en su estrecha estantería de poesía aquello que se vende con facilidad. Ojo, esto no quiere decir que lo que se venda sea malo; quiere decir que descubrir nuevos autores será mucho más difícil (casi imposible) que si el criterio fuese de calidad y no de capital. El segundo factor es algo más cultural que lo anterior. Cualquiera que se pare a observar se dará cuenta de que la poesía es un género de minorías; claramente la novela está mucho más presente. Quizá por su accesibilidad, tal vez porque la poesía sea algo complejo de entender… Cuestiones menores para lo que nos acontece. Es por ello que, cuando un libro de, según las librerías, poesía, aparece entre los más vendidos de la semana, hay que plantearse algunas preguntas que probablemente desemboquen en la afirmación que he formulado anteriormente: estamos en una situación de crisis cultural, y van ganando los malos.

  • La poesía innata

    La poesía innata

    El lenguaje humano es el producto de descifrar un programa determinado por nuestros genes. Noam Chomsky

    Hace poco llegó a mi un artículo del conocido filósofo y lingüista Noam Chomsky en el que exponían su “Teoría del desarrollo del lenguaje”. Según esta teoría de Chomsky el lenguaje es algo innato en el ser humano, y desde la infancia estamos programados con una capacidad innata para la compresión, asimilación y aprendizaje del lenguaje. Incluso habla de un dispositivo de adquisición del lenguaje, lo cual nos conduce a otra teoría: “La Gramática Universal”.

    En rangos generales este artículo me hizo reflexionar sobre la poesía como algo innato.

    Lo innato hace referencia a una cualidad y/o capacidad de algo que no es aprendido y pertenece a la naturaleza de un ser desde su origen o nacimiento.

    Para mí no existe lo innato en el ser humano, incluso el nacimiento es una sucesión de hechos y genética, lo único innato (si es que existe el innatismo en sí) es la muerte como proceso natural de la vida.

    El artículo de Chomsky me hizo pensar en la poesía del innatismo, aquella que es innata que simplemente está ahí, simplemente surge. Descarto esa poesía porque al igual que uno aprende a juntar sonidos y leer música, uno aprende poesía leyendo muchísimo a otros. Y el resultado de nuestra propia poesía es un conjunto de todos esos esquemas lingüísticos, sociales, culturales, políticos, económicos y emocionales que hemos adquirido.

    La idea de Chomsky sobre que la en la infancia aprendemos el lenguaje porque ya forma parte de nosotros como algo innato, la descarté rápidamente al pensar en esos niños que en ocasiones han sido encontrados en bosques, selvas, encerrados en jaulas o sótanos siniestros, esos niños no han desarrollado el lenguaje ni la comprensión gramatical, verbal u oral. Bien podría ser cierto que esos niños han resultado conocer quizás otro sistema comunicativo más instintivo. Pero de ahí venimos del instinto, no de lo innato.

    Con todo esto quiero decir que socialmente nacemos en unas condiciones determinadas sociales, económicas, culturales y políticas, éticas y morales que ya vienen impuestas. Esto se refleja claramente en el lenguaje y en la poesía.

    Es el entorno quién determinada el lenguaje, la poesía. No hablaría en ningún caso de innatismo si no de algo ya que existe y nos viene del exterior, digamos pues poesía de la preexistencia.

    La poesía de la preexistencia se nutre también del instinto pero sin dejar de lado ni por un solo segundo la lectura como método de aprendizaje, en caso hipotético de tener un método para aprender a escribir poesía recomendaría ese sin dudarlo.

    Chomsky da por hecho que todos los niños disponen de un dispositivo de adquisición del lenguaje, justamente esta idea se contradice con su idea de “lo innato”. Quizás el problema actual de muchos niños y adultos es justamente que se ha intentado educar en el innatismo, dando ya por hecho que nacemos con ese dispositivo de adquisición para el lenguaje .

    La palabra preexistencia quiere decir existir previamente o con anterioridad.

    Todo lo que estamos haciendo actualmente, todo lo que estamos escribiendo ya se a escrito de maneras diferentes, mejores o peores pero ya se ha escrito, lo único que hacemos ahora es transformarlo, reescribir, redescubrir lo ya existente.

    La poesía actual está condicionada por una época determinada, por un pasado determinado y quizás hasta vislumbrando de forma quimérica el futuro.

    Es una poesía de la preexistencia. Una poesía que se mueve continuamente como un huracán desde el extremo más clandestino, real, único y al margen hasta el otro lado más comercial, internauta y masivo, esa poesía tan volátil que no deja de girar ya ha existido en el pasado y lo único que hace es preexistir en el presente. Incluso me atrevo a decir que hay tanta poesía hoy en día que no sé si algún día alcanzara su innatismo.

  • El mundo editorial bajo la mirada del poeta

    El mundo editorial bajo la mirada del poeta

    «No coloquéis sobre la lengua viva de los niños, la palabra muerta», Gabriela Mistral.

    Partimos de la base en que a día de hoy no se nos educa en poesía. En las aulas se mantiene un sistema ya de por sí anacrónico y supervisado por ciertas entidades encargadas de que esto sea así. En la poesía se ve reflejado ampliamente por la concepción que nos transmiten los libros de texto, donde solo se informa en pocas hojas sobre unos autores determinados del pasado, y unas formas concretas. Esto se traslada popularmente a que las personas ignoren las nuevas formas poéticas, los poetas actuales, e incluso arrastremos una concepción muy romántica sobre la poesía y la figura del poeta.

    Todo esto influye a la hora de llevar a cabo la edición de un libro. Lo primero que les preocupa a casi todas las editoriales son las ventas, porque no deja de ser un negocio. Pero afortunadamente quedan editoriales que no sólo ponen su esperanza en las ventas. Un poeta puede ver el mundo editorial de muchas maneras. Las editoriales se arriesgan destinando poesía a un público generalizado con ideas preconcebidas y antagónicas por culpa de un problema educativo.

    Creo que son mínimos los casos donde un poeta busque lucrarse. En poesía se busca otra cosa, y en el ámbito editorial lo que más buscan los poetas es respeto y profesionalidad, o al menos en mi opinión.

    Tipos de editoriales para poesía

    Editoriales grandes

    Son editoriales que se dirigen al gran público, con grandes posibilidades. Financian el 100% del poemario. El poeta no ha de pagar ningún gasto y cobra un porcentaje adecuado a sus derechos de autor.

    Editan y publican más de 1.000 ejemplares. Estas grandes editoriales cuentan con un gran despliegue de medios y sobretodo presencia en redes sociales.

    Desde mi punto de vista, estas editoriales se nutren del fenómeno poesía en la red. Al querer asegurarse las ventas, este tipo de editoriales que no aceptan manuscritos y encuentran a sus poetas en las redes sociales los cuales ya poseen un amplio y suculento número de followers, seguidores y likes. Con lo cual no se busca tanto la calidad poética si no más bien una repercusión mediática a través de Internet y unas ventas aseguradas.

    También en grandes editoriales hay un término medio. No poseen una gran cantidad de ejemplares editados y publicados pero sí que cuentan con una amplia notoriedad en las redes sociales. Les interesa la calidad poética -aunque no aceptan manuscritos- y suelen destinarse a un público generalizado.

    Editoriales independientes

    Son editoriales que se dirigen a un público general,  aunque quizás sí que buscan un perfil de un lector más comprometido o no tienen tanta presencia en las redes sociales. Suelen financiar el 100%. El poeta no ha de pagar ningún gasto y cobra un porcentaje adecuado a sus derechos de autor.

    Editan y publican entre 300 y 500 ejemplares.

    En este tipo de editorial se busca la calidad poética, aceptan manuscritos, están abiertos a propuestas y buscan inspiración o expresión. Sobretodo quieren dar visibilidad a la poesía.  Para ellos la poesía se promociona también desde las redes sociales pero también desde recitales y la escucha del poeta.

    Atribuyen que la poesía está considerada como género menor debido a la falta de educación en las aulas. También desde una perspectiva de consideración cultural dado que el público puede tener muchos prejuicios o estereotipos acerca del género. En prensa ocupan poco espacio en las criticas literarias y de difusión.

    Editoriales pequeñas o alternativas

    Se dirigen a un público general, aunque quizás a un público más reducido del entorno del propio poeta. Suelen financiar el 100% de la edición y publicación. El poeta no ha de pagar ningún gasto y el poeta cobra un porcentaje adecuado a sus derechos de autor.

    Editan y publican entre 20 y 50 ejemplares.

    En este tipo de editorial se busca la calidad poética, aceptan manuscritos, están abiertos a propuestas y buscan llegar a manos de cualquier lector incluso al de no poesía. Sobretodo quieren dar visibilidad a la poesía. Incluso hay algunas que no buscan nada: encontrar algo ya es un logro.

    Para ellos la poesía se promociona también desde las redes sociales pero también desde recitales y eventos. Es el poeta quien más se promociona a sí mismo.

    Atribuyen que la poesía está considerada como género menor debido a la falta de educación en las aulas. La poesía es una superviviente dentro del género literario. No hablan de género menor si no minoritario. Es como el jazz.

    Autoedición

    • Vía Internet: Sitios web donde por un precio relativamente justo puedes autopublicar. Te llegarán a casa tus libros para que los puedas distribuir tu mismo.
    • Vía asociación cultural: Asociaciones que se encargan de todo el papeleo, registro, buscan imprenta, y tú solo cubres los gastos de impresión, formas parte una colección de poesía y es un precio muy económico con un resultado muy bueno y un formato diferente y sencillo.
    • Vía a pie: Implica consultar directamente a una imprenta precios, costes y riesgos, informarse y realizar el registro de la propiedad intelectual, etc.

    Editoriales «estafa»

    Son editoriales que aparecen por alguna red social, y suelen dirigirse a personas jóvenes e inexpertas pero ilusionadas.

    Piden una gran cantidad de dinero por 200 ejemplares de un libro (aproximadamente 1.500 euros). Realmente son de copago y al final sale muy caro publicar con ellos, no tienen la distribución que suelen prometer ni difusión. Y la calidad de la impresión no suele ser lo esperado.

    En cuanto a las cifras de ventas

    Un libro tiene su mayor pico de ventas durante los seis primeros meses de vida tras el lanzamiento y es durante ese periodo cuando la editorial o el autor deben volcarse en la promoción de la obra. Una vez terminado ese periodo, el volumen de ventas de una obra decae hasta llegar a menos de una cuarta parte.

    Vender por encima de los 10.000 ejemplares ya puede ser considerado éxito de ventas. Con el reciente boom de poesía en la red se han llegado a vender en algunos casos los 40.000 e incluso 60.000 ejemplares, de grandes editoriales.

    Las editoriales suelen pagar entre un 5 y el 7% del PVP en concepto de derechos de autor. Cuidado, que en algunos casos no son importes netos de IVA.

    Bajo la mirada del poeta

    “La poesía que vale es la que estás oyendo”, Jorge Vales (Editorial Lapsus Calami)

    Para dar mi visión más detallada y realista sobre cómo el poeta ve el mundo editorial redacté unos cuestionarios que contestaron más de 20 poetas. Algunos que están empezando por la autoedición, y otros que ya tienen en algún caso hasta 27 poemarios editados y publicados.

    Las opiniones han sido variadas y muy enriquecedoras para mí personalmente sobre este mundo editorial.

    He encontrado muchas buenas experiencias pero también malas. Los poetas entendemos que el mundo editorial es complicado y no deja de ser un negocio, pero más allá de ello queremos que la poesía toque calle, conecte con la gente, se acerque a las personas y rompa todos los mitos o prejuicios que pueda haber sobre ella.

    Muchos de nosotros pensamos que ciertas editoriales por su interés comercial deterioran la imagen y calidad del género poético. Esto me lleva a pensar en la crisis literaria pero también social. Vivimos en el mundo del consumo y la inmediatez. La poesía en muchos casos ha pasado a ser un bien de consumo. Y para mí, la poesía es de todo menos algo que se venda. La poesía NO ESTÁ EN VENTA, la poesía resiste.

    A veces los poetas tienen malas experiencias con este mundo editorial debido a que los acuerdos con las editoriales varían, no se respeta la obra del autor, o simplemente incluso hay casos de estafa. Todo esto lleva a un sector de poetas desilusionados con las editoriales. Existe una relación de conflicto.

    “Los poetas inmaduros imitan; los poetas maduros roban; los malos estropean lo que roban, y los buenos lo convierten en algo mejor», T. S. Eliot

    Muchos poetas comienzan con la autoedición porque es una manera sencilla y barata de darse a conocer, de empezar y de llegar a la gente. Ese fue mi caso. Y estoy contenta con el resultado.

    En general muchos poetas se quejan de la poca o nula promoción y difusión de su obra. Es el propio poeta el que debe hacerse cargo de la difusión de su propia creación en redes sociales, eventos, micros abiertos, y como me dijo David González (poeta): “El poeta es promotor. Un triste charlatán de feria”. Y aunque quizás yo no comparta una visión tan triste sobre esto, sí que es cierto que somos nosotros los encargados de difundir nuestra obra y darle visibilidad.

    Soy consciente como poeta que las editoriales no dejan de ser un negocio, pero incluso desde una perspectiva empresarial muchos buscamos respeto y profesionalidad.

    Al realizar estas encuestas o preguntar he notado en ciertos casos quizás un poco de miedo a decir la realidad por parte de algunos poetas. Parece que hay casos en los que no pueden opinar de manera abierta y sincera por miedo a que ciertas editoriales dejen de abrirle las puertas a festivales de poesía o actividades.

    El mundo de la élite poética también está presente. Tienen acuerdos con las editoriales que también les pagan dinero por acudir como invitados especiales a según qué eventos.

    Para mí y algunos poetas esta es la clasificación de las editoriales:

    1. Editoriales grandes: Explotan lo ya conocido.
    2. Editoriales independientes: Se mueven entre la innovación y la supervivencia, arriesgan.
    3. Editoriales pequeñas o alternativas, o vías de autoedición: Es una forma de empezar, una forma de crecer, una forma de comunicar, una forma de nacer o incluso una forma de vivir al margen.
    4. Editoriales estafa: Extorsionan, roban.

    “La poesía tiene que ser humana. Si no es humana, no es poesía», Vicente Aleixandre

    El mayor problema al que se enfrenta el poeta y las editoriales quizás sea el problema educativo que hay de fondo en este género, que arrastra consigo una serie de imposiciones estereotipadas por el cual el público general tiene una concepción errónea o transformada sobre la poesía.

    El poeta no es un ente elevado, ni un ser supremo, más bien lo contrario. Los poetas suelen ser personas normales y corrientes con sus virtudes y carencias, que expresan a través de un medio sus sentimientos y pensamientos, y que no sólo expresan si no que trabajan en sus textos: investigan, estudian, leen. Los poetas son lectores o, en mi opinión, deben de ser lectores en potencia. Porque es a través de la lectura, de nutrirse de otros, cómo se aprende, dónde se ven las luces y las sombras.

    Las editoriales y editores tienen también en consideración esta realidad, alejándose de prejuicios, el poeta es como un escritor más, aunque arrastre fama de ser iluminado.

    En general dentro del mundo editorial, los poetas no hemos de perder nuestra humanidad y al contrario las editoriales pese a ser negocio tampoco deben olvidar esta parte humana tan esencial.

    Me han sorprendido muchas respuestas de las editoriales: todos califican las relaciones con los poetas de buena, y al compararlo con las respuestas de los poetas me he percatado de que esto no es del todo así. Hubo una respuesta que me llamó la atención y que sin duda lo resume bastante bien o al menos eso pienso: “La relación entre el poeta y el mundo editorial es una lucha de egos”. Y puede que ciertamente lo sea, porque socialmente ya somos así, sin ser poetas o editores, a día de hoy como sociedad se vive una intensa batalla de egos. El ego sin embargo es nuestra cualidad más innecesaria y la que al mismo tiempo nos humaniza.

    Me ha parecido llamativo comprobar como existe una parte también muy políticamente correcta dentro de las editoriales. Y al mismo tiempo algunos poetas han guardado silencio por simple miedo a poner las cartas encima de la mesa.

    Es irónico comprobar como distintas piezas de un puzzle encajan tan perfectamente.

    Una cosa que sin duda busca la poesía en el mundo editorial es respeto, y llegar a la gente que quizás tiene una idea errónea sobre la poesía. En esta problemática quizás hay un punto en común, y es la falta de educación en el género poético.

    “Poetas, no perdamos el tiempo, trabajemos, que al corazón le llega poca sangre», Gloria Fuertes

  • Poesía y derechos humanos

    Poesía y derechos humanos

    La Declaración Universal de los Derechos humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que la libertad, la justicia y la paz se sustentan en el reconocimiento de la dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables de todos los seres humanos.

    Los derechos humanos deben estar protegidos puesto que son principios inherentes a nuestra naturaleza humana. La crisis humanitaria que estamos sufriendo en el mundo entero, no solo en Europa, con la llegada de personas refugiadas de manera masiva pone en entredicho los acuerdos firmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

    Europa oscura

    La mañana refleja en el Mediterráneo
    momentos oscuros de vida,
    luminosos como el sol.

    Europa, ¿no temes la oscuridad?

    La luna escupe una mínima luz:
    ella se aferra al cuerpo del niño muerto; él llora.
    Iluminados.

    Los estados deben promover el progreso social y el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades al tiempo que deben velar por el mantenimiento de relaciones amistosas entre las naciones; así como asegurar, con medidas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación.

    El advenimiento de un mundo en el que las personas disfruten de la libertad de palabra y de creencias es una aspiración consagrada en esta declaración donde se proclama la libertad de expresión y de opinión.

    Las posibilidades de la poesía para concienciar y ayudar a respetar la Declaración Universal de los Derechos Humanos es mayor de lo que nos podamos imaginar. Ya sea de manera directa y lúdica o, sin olvidar esta parte lúdica, de manera más trabajada en el aula. Por ejemplo, a través de la contextualización de la obra, del análisis de la rima y la métrica, de la elaboración de nuevos poemas (realizados de forma libre o a partir de unas determinadas pautas), de la traducción de poemas en otros idiomas, etc.

    La poesía es otra herramienta a nuestro alcance para promover el conocimiento y la interiorización de los derechos humanos, y debemos aprovecharla. Con esta finalidad, os presentamos un proyecto poético de Amnistía Internacional de Menorca, Tots els éssers -Poetes de Menorca pels drets humans-, publicado en abril de 2007 y que dio como fruto un conjunto de poemas -en lengua catalana- a favor de los derechos humanos que podéis descargar en formato PDF. Esperamos que los disfrutéis.