Opinión

  • Palabra y silencio: una aproximación al rol femenino en la Historia

    Palabra y silencio: una aproximación al rol femenino en la Historia

    Un pueblo sin Historia es un pueblo con media identidad, puesto que desconoce, no sólo su origen, sino también la conformación misma de su razón social. Por ello, exaltar el pasado, venerar la Historia, es en gran medida un ejercicio de autoafirmación, mediante el que cada grupo cultural se identifica a sí mismo, como colectivo con unas raíces y un proyecto en común. Nuestra identidad más arraigada, nuestro yo más entrañablemente humano y más íntimamente apegado a la tierra, es inconcebible sin ese lazo atávico mediante el cual nos miramos y confirmamos cada día en el espejo de nuestros antepasados.

    Afirmación de tan severa contundencia no parece ofrecer razón alguna para hacernos sentir la tentación de arrebatar su mayúscula a la Historia, ni para cuestionar la validez o representatividad de esa selección de recuerdos que conforman y sostienen nuestra identidad cultural. Sin embargo, el tiempo es algo más que un simple aliado de la memoria. Con el tiempo cambian las personas y cambian las ideas, y mientras determinadas premisas afianzan su solidez, otras comienzan a ser presa de dudas o cuestionamientos…

    Es así como aprenden a convivir y combinarse, en el incesante devenir cronológico, la Memoria y el Olvido, la Presencia y la Ausencia, la Palabra y el Silencio. Es así como empieza a sustituirse la Verdad por pequeñas verdades cotidianas y como comienza a ceder terreno la Historia frente a las historias anodinas que han ido quedando relegadas en los dominios de lo nunca escrito. Pero es así, también, inmerso en esa dialéctica, como aprende el ser humano a no conformarse con un mundo de herencias (pre)establecido, y a construirse a sí mismo inmerso en una realidad en constante gestación, fruto del esfuerzo, de la inquietud y del afán de superación de cada día.

    Historia, palabra, escritura… son términos indisolublemente ligados a lo que podemos llamar Relato Oficial del Pasado. El pasado, sea reciente o remoto, es irrecuperable como tiempo real y accesible. Es imposible retener eslabón alguno de esa cadena temporal que fluye de forma imparable, y que hace de nuestra vida una sucesión de recuerdos, tejidos entre la experiencia personal y la herencia colectiva. Sin embargo, nuestra inquieta naturaleza humana nos impulsa permanentemente al conocimiento y al (re)conocimiento. Y ese impulso nos conduce a intentar recuperar un tiempo pasado sobre el que sustentar la identidad misma de nuestro ser social. Así nació, por ejemplo, la mirada feminista a la literatura: una necesidad de volver a mirar la existencia en todos sus vértices para (des)cubrir lo que quedó relegado por irrelevante o no ortodoxo, como el protagonismo de la mujer en el gran cuento del mundo.

    En la medida en que recordar nos ayuda a conocernos mejor, a mejor comprender nuestros miedos y anhelos y a hacernos un poco más humanos, en todo pueblo ha existido siempre una escrupulosa reverencia hacia su tradición. Reverenciar el pasado es conservarlo mediante su constante recreación verbal, mantenerlo vivo reafirmando aquellas claves y aquellos acontecimientos que nuestros antepasados han querido legarnos. Por eso, si ese legado pertenece a toda la Humanidad, parece a todas luces injusto que continúe, a través de los siglos, escribiendo y suscribiendo la autoridad de tan sólo una parte de ella.

    Resulta una suposición razonablemente aceptable el hecho de que los hombres no han podido forjar solos la Historia. Basta una breve reflexión sobre ello para advertir que ha sido necesaria y constante la aportación de las mujeres, como soporte estratégico en los grandes conflictos bélicos –desempeñando sus incansables roles de cocinera-concubina-enfermera del aguerrido luchador- y, por supuesto, como (re)productora de todos y cada uno de los hombres mediocres y sublimes del mundo –tarea insustituible en su trascendencia-.

    Decía Virginia Woolf, acerca de esta insoslayable pero obviada realidad, que las mujeres «[h]emos concebido y criado y lavado y enseñado, tal vez hasta los seis o siete años, los mil seiscientos veintitrés millones de seres humanos que ahora pueblan el mundo […] y eso también toma su tiempo» (1). Sin embargo, lejos de considerarse un factor históricamente decisivo, el rol femenino ha sido tradicionalmente mantenido en esa «aceptación razonable» que le impide desarrollarse más allá de lo «biológicamente natural». Ha sido mantenido «al calor del hogar» y de espaldas a los grandes acontecimientos, lejos de cuestiones sociales, políticas o jurídicas que entorpeciesen su sacrosanta función doméstica.

    Si la Historia es cosa de todos los seres humanos, es de justicia atender a la manera en que todos y cada uno de los grupos que componen nuestra especie -raciales, sexuales o culturales- han contribuido a su construcción. Sólo teniendo esto en cuenta podremos acceder al conocimiento de la Historia de la Humanidad y superar de una vez por todas ese modelo caduco de «historia universal» protagonizado y autorizado por el hombre-blanco-occidental en absoluta exclusividad.

    (1)  Virginia Woolf, Un cuarto propio, Madrid, Júcar, 1991, pág. 144.

  • Her-story: represión de la Iglesia Católica y resurrección artística de la mujer.

    Her-story: represión de la Iglesia Católica y resurrección artística de la mujer.

    “No habrá risa; no habrá arte; ni literatura ni ciencia; sólo habrá ambición de poder, cada día de una manera más sutil” (Orwell, 1948, p. 101)

    El arte ha servido en la contienda contra las injusticias universales, promoviendo la libertad del pensador que es el fabricante de dichas piezas, con su peso reflexivo y deconstructivo. Una de las luchas en las que ha intervenido es contra el sistema católico occidental, desde el año 100 d.C. cuando las persecuciones contra los “paganos” se incluyó en la índole gubernamental. Dentro de este trabajo se busca evidenciar cómo ese veto religioso restringe el desarrollo de “ellas”, y cómo las mujeres encontraron la manera de escabullirse en el arte, especialmente en la poesía. En esa guerra extendida en varios siglos, por la oposición al paganismo, se ocultó parte importante de la alabanza a figuras femeninas, el reconocimiento de su sabiduría, e incluso se suprimieron los canales para su contribución pública.

    Desde la historia impopular, es decir la her-story, la mujer tuvo un poder nato que era visto como el primer milagro: la creación. De las caderas grandes de “esas otras” que parecían pares, se aproximaba una cabeza entre sus piernas. Como los humanos tienen el deseo de deificar aquello que les impacta, la llamaron “Diosa Madre”. Allí albergaron la promesa de la fertilidad para no extinguirnos. Siguiendo en esos años de las primeras pisadas en el paleolítico, hasta sus avances de herramentación en el mesolítico, nuestro inconsciente colectivo[1] relaciona el verde con la naturaleza, las primeras sociedades e incluso a la Diosa Ella.

     En varias culturas, como las vikingas, celtas, egipcias , entre otras, las mujeres y los hombres gozaban de los mismos derechos y oportunidades. Las féminas eran sinónimo de una erudición mágica, cuasi científica; cognición heredada que las hacía más conocedoras de las plantas, la colorimetría, los olores, enfermedades y cómo descifrar la somatización; relacionadas totalmente con la luna, fecundidad, y otros elementos que hasta la actualidad simbolizan una pureza congénita de sus entes. Nuevamente, el inconsciente colectivo trae a pensar en la chamana, sacerdotisa, bruja o curandera, que atendía con hierbas, y otros elementos que hoy son sintetizados en las pastillas. Aldeas y tribus que adoraron a un sin número de deidades, pero siempre con la injerencia de una Diosa Madre, fueron clasificadas en el diccionario católico, como paganas.

    Con la expansión de la cristiandad, muchos pueblos se vieron en la posición de ceder sus territorios, como fue el caso de los Vikingos ante Francia, por lo que perdieron muchas de las bases equitativas en materia de derechos paritarios. Se castigó a las religiones relativas a la naturaleza, eliminaron a las partes y cualquier rastro de poderío que considerase a las mujeres como dueñas de sus cuerpos o conocedoras de ciencia. Tal como la historia relata, para los años 1450, esa ciencia de las mujeres se transformó en la caza de brujas. Esta fue una matanza de entre 80.000 y 100.000 personas, de las cuales el 80% fueron mujeres; según los estudios de Geoffrey Scarre, de la Universidad Durham (Inglaterra). La ONU[2] también ha declarado que en la actualidad siguen desaparecidas y asesinadas miles de mujeres por crímenes de brujería; horror que está totalmente atribuido al sistema católico. Por ejemplo, con la publicación del Malleus Maleficarum, en 1484, por el Papa Inocencio VIII. En dicho libro se expande a las masas textualmente que las mujeres son de un linaje inferior, maleables al demonio y su manipulación. Además, representaba un texto de Derecho Penal, pensado en la inquisición y tortura para aquellas solteras, viudas, pobres o enfermas.

    Con todo apuntando a la angustia del hombre por la falta de control sobre los saberes que tenían ellas; el miedo generado y alimentado desde la Iglesia Católica construyó durante siglos nuestras sociedades. La repercusión se evidencia especialmente en tres grandes pilares: sexualidad, gnosis y estereotipos. La idea de la cristiandad en su contenido bíblico fue moldeada a generar recelo y pánico sobre estos temas. No por nada Eva, desobediente, tuvo que cargar con los dolores del alumbramiento; o en 1 Corintios 14: 34-35[3] se continúa incitando a la ignorancia y sometimiento. Se buscaba programar mujeres calladas, que no dudaran de lo que el hombre o la Iglesia proliferaba. Debían ir en contra del conocimiento para gobernarlo todo, y el conocimiento era la mujer per se.  Se les quitó el señorío a las mujeres, que en sánscrito proviene de “domin”, “dam”, que se entiende como “vencedor, quien manda, la cabeza, ilustre”, y se lo adjudicó al Dios católico, que lo heredó al hombre, específicamente al que era pilar de la familia, quien también manipularían con una promesa aduladora de recompensa: entre más cerca esté de Dios, más parecido es a él, propósito que solo puede cumplir por medio de la Iglesia como su intermediaria. Y la mujer “señorita”, por otro lado,  solo cambiaba y se adhería a este don cuando accedía a cumplir con la práctica de hogar que proponía la Iglesia, por medio del matrimonio.

    No hablaremos de los primeros y burlescos intentos de tratamientos médicos en la Edad Media, ni de sus castigos cruelmente infundados para profundizar la sumisión y repeler la rebeldía. Pero es importante acentuar que el sistema católico también se encargó de borrar el paso de creencias paganas que adoraban la feminidad, y colocar trabas contra las féminas tanto en la ciencia, la vida pública y el arte. La mujer fue privada de su valor equitativo, para debilitar su voz y su participación en la política, pues la Iglesia católica quería el autoritarismo en todos los niveles. Sin embargo, el deseo por acaparar supremacía repartida entre apenas unos pocos del clérico transmutó a dicho saber en uno bastante nublado. Sus propias inconsistencias en la visión del mundo causaron desatinos lamentables, que sentenciaron a la humanidad a un retroceso intelectual de muchos años.

    El arte, como se estipula al inicio de este ensayo, ha servido en repetidas ocasiones como búnker en medio del caos burocrático, ya sea a través de la pintura, teatro, baile, relatos, etc.; donde la poesía no puede faltar como un bálsamo a las abrumadoras realidades, o como mensaje encriptado entre los abyectos a los regímenes. Y en su paraguas de aceptación, las mujeres también han sido cobijadas por el uso poético. Muchas de ellas disfrazadas bajo seudónimos, alias o tomando prestado el nombre de sus maridos, empezaron una oleada de quejas directas a este producto social del catolicismo. Algunas como Sor Juana Inés de la Cruz, siglo XVI, jugaron con el propio sistema, con la simulación de estudiar en el nombre de Dios, para realmente permitirse la educación y eventualmente crear obras como el poema “Hombres necios que acusáis”. Como ella, se abrieron el camino Sor Ana de San Jerónimo, Sor María del Cielo, Sor Gregaria de Santa Teresa y otras más, siglo XVIII. En sus matices se encuentra mucho la poesía mística, como reflejan los trabajos de Santa Teresa de Jesús, que ya no refuerza la idea de inferioridad ante dos bandos, hombre y mujer, sino que se concede un alma digna del mismo amor del dios cristiano. Esta y otras autoras comparten la búsqueda de la unión con la divinidad católica, colocando a los humanos en la misma balanza valorativa.

    Citando al filósofo y escritor Umberto Eco: “No es que no existieran mujeres que filosofaban. Es que los filósofos han preferido olvidarlas, quizás tras haberse apropiado de sus ideas.” (Eco , 2016). Así, las mujeres no solo vieron su expropiación en la metafísica, medicina, matemáticas, pintura, sino también en el mundo poético. Un momento crucial en la her-story, cuando el sostener este disfraz para la publicación de ideas geniales no podía continuar reteniendo el rostro de las mujeres, viene en el siglo XIX, gracias a los cimientos anteriores. Con la Revolución Francesa, las independencias y toda la propuesta de libertad en el aire, se empieza a relegar el papel de las monarquías y de la Iglesia, recordando que eran casi una sola fuerza. El discurso católico nunca fue inocente, pues para mantener su autoritarismo no cualquiera puede arrogarse la capacidad de hablar. Romper esta estructura determinada por la sociedad desde hace varios siglos es una tarea larga que se arrastra hasta estos tiempos.

    Esa idiosincrasia mandatoria usurpó identidades, lo cual quitó a las mujeres su conocimiento y las reprimió con el temor religioso para que no buscaran morder la manzana de la sabiduría nunca más, o serían arrojadas de la construcción comunal que edificaron, llamada paraíso. La entrada de la mujer al orden del discurso se introdujo con mucho camuflaje, travestismo y simulacros. Para la narrativa de Hélène Cixius: “La escritura es precisamente la posibilidad de cambio, el espacio que puede servir como un trampolín para el pensamiento subversivo, el movimiento precursor de una transformación de las estructuras sociales y culturales”. (Cixius, 1995)[4]. En donde la figura de la mujer en las luchas independentistas supuso un salto activo para participar en ellas.

    La prensa del XIX fue consciente en todo momento de su poder en la política, cultura y religión. A los hombres se les repartían ideas educadoras, mientras que para las mujeres, artículos sobre moda, cómo vestir como joven casadera y como madre de familia, aseverando la idea colonizadora de “el ángel del hogar”. Poco se habla, pero en esta misma prensa también se lee poesía escrita por mujeres como Carolina Coronado, Julia de Asensi, Faustina Saéz, Carolin Soto y Corro. Incluso mujeres hispanoamericanas, como Lola Rodriguez, Luisa Pérez y Esther Tapia,también tuvieron cabida en las páginas de publicaciones españolas, como Lola Rodriguez, Luisa Pérez y Esther Tapia. Generalmente, la persona escritora era intrínseca a otra profesión y la alfabetización era escasa, pero no minimizó la influencia de la prensa..

    En esas pequeñas brechas de progresismo, las mujeres se empapaban de intelectualidad. En la última década del siglo XIX, las revistas culturales consiguieron un lugar reconocido y prestigioso, lo que permitió acoger autores hispanos. Ventajosamente, el precio era más asequible que un libro, sumando lectores de distintos estratos sociales. Escritoras como Soledad Acosta, con opiniones de libros de Mercedes Cabello de Carbonera o de Lola Rodriguez a Manuel Corchado en su muerte “A mi patria”, empiezan a posicionarse en la prensa escrita.

    Conocer esto ayuda a la humanidad a la investigación de historia, en el proceso de reconstruirla, con más piezas elementales que proveen a las mujeres de esa identidad arrebatada, y a todos, de un conocimiento ancestral y progresivo. Dentro de la literatura, debemos entender que la prensa es un arma de doble filo, dependiendo hacia dónde apunta el poder mediático. La poesía, por su parte, es una puerta que escapa al mundo que crea el autor, inmiscuida en libre albedrío. La prensa es a veces corrompida, e impone una serie de concepciones culturales que determinan “cómo pensamos que es la mujer”. Las élites estudiadas son las que establecen un ordenamiento no solo legislativo, sino en el pensamiento de los ciudadanos. Y la educación fue una restricción para las mujeres. Es así que el rol de la prensa jugó en el siglo XIX el canal del ordenamiento social en las clases letradas.

    La poesía per se busca contar desde los ojos del escritor o desde la narración de la voz poética, el viaje del ser humano tanto en su actitud apostrófica, carmínica y enunciativa, que prácticamente resumen la conformación del individuo. Los tres matices son: su vida en sociedad cuando interactúa con otros en su jerga, el lado emocional, y finalmente la narración histórica de un antes, ahora o futuro. El inconsciente colectivo una vez más, evoca en nuestro cerebro la imagen de poetas masculinos como Federico García Lorca, Ruben Darío o Mario Benedetti. Sin desmerecer el trabajo prolijo de ellos, es difícil que asociemos la erudición artística en primer reflejo, con un nombre femenino. La investigadora Ana López Navajas realizó un estudio para la Universidad de Valencia, en el cual concluye que de cada 100 nombres que se mencionan en la educación secundaria obligatoria, 93 son de hombres (López, 2021)[5]. Vemos además que los caminos al arte poético fueron discriminados para las mujeres, como con la inclusión de la palabra “poetisa” en el siglo XVIII[6], connotando, denotando y marginando. “Poeta”, funcionó siempre desde la paridad, pero en ese momento histórico, Sarcásticamente, Juan Ramón Jiménez, acuñó el término “poetisos” para desacreditar a algunos de sus colegas varones.

    La cristiandad occidental de campañas militares y adoctrinarias son las causantes de casi todas las estructuras sociales actuales, que corrompen materia de derechos y libertad de pensamiento. Regresando a una idea pasada, la propia actitud lírica es la esencia humana per se. El rol del “ángel del hogar” limita totalmente lo que puede decir, hacer, sentir, creer, componer y destruir una mujer; verbos que permiten al poeta ser el dios de su universo gramático. Citando a Jorge Orwell, “el pensamiento corrompe el lenguaje y el lenguaje también puede corromper el pensamiento.” (Orwell, 1946)[7]; es imperante deconstruir esa tradición cultural de occidente, con el arma artística, poética, exenta; siendo la poesía el rescato emancipado que se ha usado a través de los siglos para el mismo ser humano. De la mano de la herstory, el lenguaje consciente, la retribución artística y la creación de caminos equitativos, se puede iniciar una demolición a este régimen.

    Poema adjunto de la autora:

    Mujeres y la Diosa Ella

    Hay magia en el sexo,

    porque de nuestras caderas salió el primer milagro de intriga;

    las verdes diosas, como su madre,

    que con el pasar de los años, fueron llamadas: sacerdotisas,

    “bacantes”, “mikos”,

    (con sus poderes celestiales/ intermediarias de lo no-ombrado,

    lujuriosas y curanderas).

    Hay magia en la música,

    porque a Ella la adoraban entre cánticos,

    venerando al cuerpo con la sexualidad erótica 

    de gambeteadores haciendo lunas con las caderas;

    miles y cientos de culturas alrededor del terráqueo,

    hace ya miles de abriles, (cuando no existían ni tu voz, pero sí la mía)

    se inventaron el baile; entre tantas leguas de lejanía

    y sin que el hebreo penetre al farsi.

    La humanidad colisionó en su complicidad saltando,

         cuando aún su inicio era puro, sin adoquines, callejas y cruzadas.

              Sabíamos el gran secreto de entrever las piernas…

    Antes de que el psicoanálisis vidente, en el reflejo de sus espejuelos,

    censurara la pelvis. 

    Mucho, mucho antes. 

    Cuando Malleus Maleficarum, no era un genocidio,

    y el verde seguía siendo naturaleza, y no de hechizo.

    Hay magia en la igualdad,

    porque cuando se resquebrajó el sistema económico parcelario,

    los testamentos eran fruto de dos trabajos en casa. Aunque haya durado

    lo mismo que una brisa fría en verano.

    Y éramos serpientes, y no la cola;     (CORINTIOS)

    porque el ofidio glauco, cuando pobladores oían a sus cientos de voces ancestrales,

    era símbolo de poder, fertilidad (como Ella), llama, el rugido de Egypt. Cuando aún no éramos pecado.

    Hay Magia en el pecado, 

    ¡Ya te lo he dicho! ¿dudas? Lee la biblia,

    pero estudia tu historia, ¡humanidad, te hablo!

    ¡Que Kali Ma se encienda!

    y seamos un calor de varias brujas. 

    Hay magia en las manzanas,

    por eso tuvo que caerse encima de un otro, para 

    gravitarnos de vuelta.

    Alguien llegó con pistas a indicarnos en el arte, 

    donde escondieron la sabiduría,

    (Nota: en el bosque de Eva, 

                 sobre óleo.)

    Hay magia en el poleo

    y de la menta surgió la medicina, 

                                       con ancianas;

    cuando éramos raíces perennes, conectadas con los suelos. 

    ¿Quién dijo que la cruz benigna se inventó a los demonios?

    Dibujos de oriente, moldearon un muñeco de acción 

    a su credo. ¡Vaya utopía, sin el Edén perdido,

    sin la desconexión del jardín, sin escondernos a Ella!

    Hay magia en las mujeres.


    [1] El inconsciente colectivo, dentro de la medicina psiquiatra,  Carl Gustav Jung, lo refiere como estructuras escondidas en nuestro cerebro inconsciente, de conocimiento compartido entre miembros de una misma especie; entendido como: “lo no dicho, pero que se sabe”

    [2] ONU. ACNUDH (2009).

    [3] “Las mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, antes bien, que se sujeten como dice también la ley. Y si quieren aprender algo, que pregunten a sus propios maridos en casa; porque no es correcto que la mujer hable en la iglesia”

    [4] Hélène Cixius, (1995) La risa de Medusa. Editorial Anthropos. España.

    [5] Ana López N. (2021) La exclusión de las aportaciones de las mujeres a la historia supone una pérdida cultural y una falta de rigor. Universidad de Valencia. España. El diario de la Educación. URL: https://eldiariodelaeducacion.com/2021/03/08/ana-lopez-navajas-la-exclusion-de-las-aportaciones-de-las-mujeres-a-la-historia-supone-una-perdida-cultural-y-una-falta-de-rigor/

    [6] Incluido por primera vez en Diccionario de autoridades.

    [7] Orwell J., (1946) 1984. Traducción: Rafael Vázquez Zamora. Salvat Editores S.A. Australia

  • I Certamen de poesía y relato corto de la Fundación Comillas

    I Certamen de poesía y relato corto de la Fundación Comillas

    La Fundación Comillas, a través de su centro universitario adscrito a la Universidad de Cantabria CIESE-Comillas, se complace en convocar la primera edición del certamen literario de poesía y relato corto.

    La participación en el certamen está dirigida a los alumnos de 4º de la ESO, primero de bachillerato y segundo de bachillerato (primera modalidad) o estudiantes universitarios de cualquier grado (segunda modalidad) con residencia en España. Cada participante presentará una única propuesta tanto en la categoría de poesía como en la categoría de relato corto.

    El plazo de presentación inicial de los originales será el 30 de marzo de 2022 y el plazo final, el 30 de abril de 2022, admitiéndose aquellos trabajos que en la hora de envío sea anterior a las 23:59 pm.

    Bases completas, aquí.

  • POESÍA Y COMPROMISO

    POESÍA Y COMPROMISO


    La literatura y la poesía, para enmarcar este artículo, es un elemento cultural vigente y en proceso constante de actualización. El tiempo no ha podido opacarlas, sino al contrario. Como las otras artes, han sido enriquecidas, renovadas y diversificadas. Podríamos preguntarnos por qué y es que la poesía es parte del hacer humano y cumple funciones vitales que van más allá de la poética.


    “Y así la poesía fue como el sol que sale finalmente después de la tormenta, o el canto de un pájaro que nos dice que hay vida alrededor” 1 . (Mempo Giardinelli)


    En la historia, la poesía ha estado impregnada de cuestiones sentimentales, filosóficas, metafísicas, religiosos, hechos cotidianos y sociales, que a la larga pasan a ser un legado del pensamiento y vida de cada época, sumando un aporte histórico en la actualidad.
    Podría decirse que la función de la poesía en el tiempo ha sido también además de la poética, el dar respuesta a interrogantes, expresarse libremente, celebrar la vida, lamentar sus pesares, guiar hacia nuevos horizontes.

    La Función poética es propia de la poesía, lo que le da identidad o vida como tal. De allí que dominar la técnica, los diferentes recursos literarios que permitan una estética, elegancia y belleza en el poema, son importantes. Se considera que la obligación directa de la poesía es con la lengua: conservarla, ampliarla y perfeccionarla. Pero ¿Acaso el poeta está blindado y su prioridad poética le impide aportar al mundo coexistente?

    Somos seres sociales inmersos en contextos diversos, gracias a la tecnología, nos enteramos de que situaciones aisladas, en realidad no lo son, y las condiciones son comunes en otros puntos del planeta y en diferentes épocas: pobreza, guerra, corrupción, hambre, exilio, discriminación, otros. Situaciones que sacuden al ser humano, lo sensibilizan, le hacen pensar, hacer, decir, actuar, denunciar, pedir justicia… ya sea localmente o a nivel más amplio. Todo arte comunica por lo que el poeta emisor también comunica un mensaje tan variado, como la vida misma o cómo él quiera hacerlo.

    Para ello quiero citar una pequeña estrofa de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz. Que nos brinda desde hace algunos siglos la problemática de la mujer, cuyo dedo acusador viril, solo ve en ella la causa del pecado.


    “Hombres necios que acusáis
    a la mujer sin razón,
    sin ver que sois la ocasión
    de lo mismo que culpáis»


    Permítaseme hacer este parangón. El príncipe feliz, deja de reír un tiempo, cuando ve el sufrimiento humano. ¿Debe el poeta cumplir a cabalidad con la función poética sin tener mayor compromiso social, evadiendo temáticas que la misma crudeza de la vida le arroja en su multiforme presentación?, la respuesta es sí. Puede hacerlo; pero la misma diversidad nos traerá poetas comprometidos socialmente cuyos aportes tienen el propósito denunciar condiciones adversas, dar su esfuerzo para generar conciencia social, aprovechar el poder de la palabra que motive a otros a la acción y búsqueda de soluciones. Otros lucharán por reivindicar la libertad de expresión u otros derechos. La vida nos ha dado artistas diversos y poetas que ponen el dedo en la llaga para ser la voz del pueblo y la luz en el camino. De allí el decir en mi país El Salvador “Los profetas y poetas, nunca mueren”, por la permanencia de la palabra. Son muchos los poetas que sin perder la belleza del poema se sienten comprometidos socialmente y más cierto también, que a otros les ha costado el exilio, la cárcel o la muerte.

    En El Salvador, se han tenido poetas de esta índole. Ejemplo de ello es la denominada “Generación Comprometida” que por los años 1950 inició con poetas latinoamericanos exiliados en el país, como Miguel Angel Asturias. El seguimiento en el tiempo por poetas como Ítalo López Vallecillos y un segundo grupo que tuvo origen en la Facultad de Derecho de la Universidad de El Salvador con poetas como Roque Dalton, cuyos detalles han sido plasmados en la revista de Poémame en el artículo denominado “Roque Dalton, Poesía y Revolución” 2 . La generación comprometida en sus diferentes momentos ha tenido gran influencia en otros grupos literarios en el tiempo, tanto para ahondar en la realidad salvadoreña, como por su interés de renovar la estética y progreso literario.

    El compromiso más allá de las letras y calidad es personal, moral, nacional, patriótico, social, por lo que las temáticas son más cercanas a la realidad con posibilidades de sentar las bases de una reflexión y debate literario, social.

    Cito el siguiente pensamiento que expresa una visión y misión del artista comprometido:

    “La Inteligencia y el Sentimiento no pueden ser apolíticos. No pueden serlo sobre todo en una época principalmente política. La gran emoción contemporánea es la emoción revolucionaria. ¿Cómo puede entonces un artista, un pensador, ser insensible a ella?”
    José Carlos Mariátegui, Signos y Obras, pág. 125, Biblioteca Amauta).

    Los miembros de la Generación comprometida no solo realizaron una actividad literaria, sino que también sobrellevaron la lucha política. Uno de ellos Roque Dalton que experimentó las tres. Esta traerá diferentes opiniones sobre cómo vivir la poesía. Al final
    cada poeta como ser humano, responde a sus necesidades y llamados internos. En El Salvador son muchos los escritores cuyo compromiso con la realidad social fue o sigue siendo plasmado en su poesía. Ejemplo de ello es Oswaldo Escobar Velado, Matilde Elena López, Otoniel Guevara, Kenny Rodríguez, por mencionar algunos. Así en el mundo muchos poetas revelan con sus letras las situaciones de su contexto: Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Ernesto Cardenal, Mario Bennedeti, Jorge Luis Borges entre otros.

    Comparto unas muestras.


    «Perra de Hielo». Roque Dalton
    En El Salvador la violencia no será tan sólo
    la partera de la Historia.


    Será también la mamá del niño-pueblo,
    para decirlo con una figura
    apartada por completo de todo paternalismo.


    Y como hay que ver la casa pobre
    la clase de barrio marginal
    donde ha nacido y vive el niño-pueblo
    esta activa mamá deberá ser también
    la lavandera de la Historia
    la aplanchadora de la Historia
    la que busca el pan nuestro de cada día de la Historia
    la fiera que defiende el nido de sus cachorros
    y no sólo la barrendera de la Historia
    sino también el Tren de Aseo de la Historia
    y el chofer de bulldozer de la Historia.


    Mala noticia en un pedazo de periódico
    Hoy cuando se me mueren los amigos
    sólo mueren sus nombres.
    ¿Cómo aspirar, desde el violento pozo,
    abarcar más que las tipografías,
    resplandor de negruras delicadas,
    flechas hasta las íntimas memorias?

    Sólo quien vive fuera de las cárceles
    puede honrar los cadáveres, lavarse
    del dolor de sus muertos con abrazos,
    rascar con uña y lágrima las lápidas.


    Los presos no: solamente silbamos
    para que el eco acalle la noticia.

                 

    Van los niños descalzos. Irma Lanzas
    Bajo las golondrinas corre un tropel de voces,
    Y de manos heridas, y de pies sobre el lodo. 
         
    Van los niños descalzos… 
    ¡Ah, tambor por qué suenas! 
                           
    Van los niños descalzos… 
                             
    ¡Ah, clarín por qué cantas! 
                           
    ¿Por qué pregonan gloria, por qué hablan de futuro?

    Por los niños descalzos, 
                           
    Por los niños desnudos, 
                               
    No veo la mañana ni puedo oír la aurora. 
             
    Cuando no hay esperanza se ha perdido el camino, 
     
    Cuando un pueblo desangra las bocas de los niños 
     
    Mancha sus propias huellas   
                         
    Y mata su destino. 

    Roberto cea

    EL POTRERO Primera parcela. Las pocas personas que hablan de mi país, lo confunden con una provincia de Brasil o con la tierra primera que pisó Cristóbal Colón, cuando descubrió el Nuevo Mundo. Qué importa esa confusión geográfica, si nuestra propia vida es confusa. Eres confusa como un poema de Blake, le dije un día, y ella no se dio por enterada. Pero mi país es un potrero y en eso no hay confusión: Los caballos se ven en los automóviles, en las calles, en los barrios pobres y en las colonias de la burguesía y en los almacenes y en las oficinas públicas y privadas. En todo se ven los caballos y las vacas y las mulas, sobre todo las mulas y los bueyes y los toros y hasta los garañones en celo. No nos dejan mirar ni la mañana. No se ven ni la luna ni los niños ni el aire. 


    1 Poesía y Vida Editorial Buenos Aires Educación

    2 Roque Dalton. Poesía y Revolución. Revista Poémame.
    http://152.228.140.20/2018/02/27/roque-dalton-poesia-y-revolucion/

    3 Generación Comprometida
    https://es.wikipedia.org/wiki/Generaci%C3%B3n_comprometida

  • Cómo escribir mil poemas

    A lo largo del tiempo, el poeta vive queriendo dominar la nostalgia, vive en el exilio y la propia orfandad de sus palabras.

    Cómo un niño que se hace hombre pasan los días y los poemas poco a poco se van diluyendo entre la vida cotidiana y el romanticismo de un verso que hace drama para llamar la atención.

    El poeta sueña, vive, trata de definir en un poema sus experiencias por vivir, a veces necesitamos una, dos o cien palabras para poder recrear lo que en la profundidad de nuestras ideas intentamos expresar.

    El poeta sufre, llora, disfruta, goza cada  palabra que lucha por volver a ser un sueño, un sentimiento, una caricia, un consuelo en arte mayor o en arte menor. El poeta suspira en un lenguaje maduro, matizando sus expresiones más sentidas.

    A veces es francamente imposible y solo termina escribiendo un montón de palabras sin sentido, siendo solo un protagonista desconocido en su propio ego e inocencia que elude la realidad que suele ser muy cruda o estéril.

    El poeta es quejumbroso, transcurre entre la conciencia y la ironía solemne del mismo oficio.

    Qué importa si la poesía es difícil  o solo sobrevive en la llanura de su propio descenso, el poeta ama su propio canto, la entrañable manera de gritar te amo.

    El poeta existe por la búsqueda de su propio camino, aunque caiga en el despeñadero del facilismo cordial y precoz y no intelectual de su propio camino. El poeta ama dormir a las dos de la madrugada, con el frío de un día que no termina y no nace al mismo tiempo.

    Escribir mil poemas es un juego que transcurre en el heroico esfuerzo por querer mirar donde no sabemos que estamos viendo, que queriendo descifrar en un instante, en cualquier momento inesperado, habitual o figurado.

    El poeta se desvanece poco a poco en cada poesía, espontáneo, saltando en la creatividad de un mundo mejor, amando la sensación del instante y esa luz del bosque iluminado por un mejor mañana. Escribir es un tesoro, es como aparecer y desaparecer en un instante, a veces insoluble, a veces caótico pero siempre ilusionado.

    Después de mil poemas, no se sabe que va a pasar, solo queda la fidelidad de la experiencia, que a veces cumple y a veces padece, pero siempre satisface.

    Sigamos tejiendo en el silencio, combativa mente en el desierto, estoicamente amando en el sufrimiento, amando la frescura de escribir un poema en la metáfora de poder existir.

    Me celebro por eso y nada más.

    Miguel Adame Vázquez.

    Muchas gracias por acompañarme en este camino.

  • El Cuarto Mágico

     Sobre el Autor:

    Luis Ángel Luzardo Castellanos, “El Ángel,” nació en Caracas un 24 de Agosto de 1950. Se define como un pasajero de la vida que ocupa el puesto de la ventanilla.  Es Perito Agropecuario de corazón a la que ha dedicado cada espacio de su vida desde 1969 en su Gloriosa Escuela Práctica de Peritos (EPA) de Maracay. Abogado egresado de la Universidad de Carabobo en 1991. En ese ejercicio profesional y gremial, ha sido distinguido con la Orden Arminio Borjas en su Segunda Clase, expedida por la Federación de Colegios de Abogados de Venezuela en el año 2008;  Orden Cristóbal Mendoza  en su segunda clase expedida por el Colegio de Abogados del Estado Carabobo del 2006; Condecoración Ciudad de Guigue en su categoría Botón de Honor en el año 2005; entre otros. Ha cursado estudios complementarios sobre materias agrarias a la que nunca se desvinculó. Cuentista por necesidad. Todavía insiste en reiniciar los archivos de su mente con realidades y fantasías traducidas en cuentos, autor del libro “Huellas de Juventud”, también de “Mundos Distintos” “Senderos Escritos” y el libro para niños “Pastel de Sueños”.

       El Cuarto Mágico.

    A simple vista parece un cuarto cualquiera. Pero en realidad es un cuarto mágico.

    El closet para los zapatos está lleno de juguetes enteros y por partes. Ellos componen una gran reserva de ideas de cómo iniciar un juego.

    Los adultos no comprenden que no es un simple cuarto lleno de juguetes descompuestos y desordenados. No, es un mundo mágico donde se pueden contar muchas historias y hasta vivirlas, cada vez que su dueña se disponga a inventar alguna.

    Tina Martina Patilla, es una niña de lo más bonita. Su pelo largo y ondulado cae como una cascada desde la pollina hacia su espalda. Se sospecha que viene del mar, puesto que todavía le quedaron en sus ojitos dos gotitas azules que se ven de lo más lindo en su cara. También sospechamos que viene de la Colonia Tovar porque una fresita roja y dulce alegra el color de su boca.  En definitiva ya sabemos que viene del cielo porque parece un ángel vestido de colores.

    La gente no comprende porque no le gusta que personas extrañas entren en su cuarto. Las personas de más confianza tienen que ser invitadas por ella cuando así lo decida, y en cada invitación hay un juego que inventar y una aventura que vivir.

    —¡Hola abuelo! ¿Quieres jugar conmigo?

    —¡Si mi niña! ¡Cómo no! ¿Qué vamos a jugar hoy?

    —Nos vamos de viaje para Dubái. Preparemos las maletas y acomodemos las niñas —Le dice a su abuelo mostrándole las muñecas desvestidas—. Tú vas a vestir las niñas y hacer las maletas de viaje, mientras yo, voy para Arabia vestida con este turbante y esta bata de mi mamá que me queda muy bien. También llevaré los pasaportes nuestros y se los presentaré a la policía del aeropuerto de una vez —le dice a su abuelo que está sentado en la cama haciendo lo que se le mandó.

    Tina Martina, abre la puerta de su guardarropa que es de rejillas de madera, y se encuentra con una larga alfombra roja que la conduce hacia un inmenso carruaje de cristal que es tirado por seis ponis chiquitos y gorditos.

    Unos señores muy amables y bien vestidos con casacas doradas y medias de seda hasta las rodillas, le preguntan para dónde quiere ir la princesa en su carruaje; a lo que Tina Martina contesta:

    ¡Lléveme primero a Mayami para visitar a mi tío, luego me lleva para Dubái  a visitar a mis primos, mi tía  y mi abuela que están allá, mientras mi otro abuelo viste y les da de comer a mis niñas. Luego nos regresamos a buscarlos para volver a hacer el mismo viaje pero con ellos.

    Hecho lo propio, despega el carruaje hacia el cielo y en un momentico llegan a Mayami. El paje le abre la puerta de cristal del carruaje y ella se baja a visitar a su tío para luego ordenar seguir viaje hacia Dubái vestida para la ocasión con su turbante y el vestido de mamá.

    Luego de visitar a sus primos, tía y abuela en aquel lejano país, Tina Martina Patilla decide regresar a buscar a sus niñas y a su abuelo, no sin antes despedirse con cariño de sus familiares queridos  y  prometerle otra pronta visita.

    El gran carruaje de cristal, aterriza en la parte mágica del closet y ella se baja hacia la alfombra roja que la conduce hacia la puerta de rejilla a buscar a su abuelo y sus niñas.

    ¡Su abuelo estaba dormido con las muñecas abrazadas! Seguramente esperándola para emprender el viaje con su nietecita hacia todos los sitios del mundo donde ella quiera llevarlos.

    —¡Tendrá que aprender a jugar conmigo! Eso debe ser porque está muy viejito…. Será mejor despertarlo. ¡Abuelooooooooooooo!!!!!!!!!!

      Y colorín colorado, el abuelo se quedó dormido.     

  • Urgencia poética

    Urgencia poética

    Hace unas semanas, un importante medio de comunicación se hacía eco en sus páginas culturales de una tendencia constatable en el ámbito de la creación teatral: una creciente proliferación de textos y espectáculos semidocumentales, en algunos casos teñidos de un cierto hiperrealismo, que dejan constancia contundente de algunos de los problemas más acuciantes a los que nos enfrentamos como sociedad desarrollada del siglo XXI: la desigualdad económica, la catástrofe medioambiental, la degradación de la democracia como sistema político, etc…. De alguna manera, el teatro recupera así una de sus funciones esenciales (nunca
    totalmente abandonada) al poner al espectador frente al espejo de su propia realidad. Sin llegar a los extremos (o sí) del distanciamiento político brechtiano de hace unas décadas, el espectador que acude a estos espectáculos se ve confrontado a unas problemáticas que fácilmente reconoce como cercanas y que le obligan a reflexionar acerca de ellas con un cierto sentido de urgencia. Teatro comprometido, se hubiese etiquetado hace unos años a esta propuesta estética. Me pregunto dónde radica hoy en el campo poético ese sentido de urgencia ante nuestra degradada realidad. Si bien se publican autores y libros que dejan testimonio de cuanto (malo)
    nos sucede hoy en día, este desequilibrio constatable frente al teatro me temo que es relevante. Y no ha sido siempre así. Los Pavese, Pasolini, Mayakovski, Fried, Celaya o Blas de Otero de antaño dejaron constancia del mundo que les tocó en suerte. Por no hablar de la compacta tradición hispanoamericana: desde Neruda hasta Benedetti, pasando por Nicolás
    Guillén. Sinceramente, los echo de menos. En las mesas de novedades proliferan hoy los poemarios ensimismados o de mirada cercana, casi solipsista. Y el mundo que hoy afrontamos exige ser mirado de frente, sin rodeos. Existe una magnífica tradición poética de la revelación. Diotima de Mantinea hablaba de nuestra condición humana como intermediaria de los dioses: ellos nos revelan a través de los poetas sus secretos. Hölderlin y RImbaud desempeñaron en su momento ese papel, pero los dioses hace tiempo que huyeron o dejaron de acompañarnos. Desaparecieron, estamos solos en este planeta y aún no hay pruebas concluyentes de que exista algo parecido al nuestro en otras galaxias. Dependemos de nosotros mismos en este empeño. Nunca fue fácil conjugar el Yo y el Nosotros en poesía, lo individual con lo colectivo. El compromiso político casi nunca dio frutos estéticos valiosos. Y pese a ello, una poética al servicio de lo humano, es decir, de lo social ante el riesgo real de colapso colectivo y medioambiental, me parece de nuevo hoy más que pertinente. Me parece urgente si queremos evitar que la poesía caiga en la irrelevancia o, peor aún, en el abandono que supone encontrarla tan solo en círculos hiperminoritarios para la autocomplacencia. En definitiva, se trata de configurar una renovada poética de lo social. Referentes hay. Y necesidad también.

  • Los poetas estamos rotos

    Los poetas estamos rotos

    Un día, en que mis sentimientos andaban revueltos, me bañé en el caudaloso río de las letras. Sus corrientes me arrastraron, entre el dolor y el sentimiento. Y pude salir a flote con mis primeros poemas. No se de dónde salieron, yo nunca había escrito nada antes, ni siquiera me interesaba en exceso la poesía. Quizás fue Neruda y sus versos con música, no lo sé, pero cuando conté, me di cuenta de que había escrito 100 poemas y decidí crear mi primer poemario.

    Después de mi primera aventura literaria, no podía ni siquiera dormir, porque un poeta se había instalado en mi interior. Cuando me metía en la cama, se introducía en mi cabeza, martilleándome para que escribiera sus letras y aún sigue ahí. No sé cómo llegué a amar la poesía y a día de hoy no entiendo a la gente que dice no gustarle.

    La poesía es un sentimiento de dolor, amor o rabia, que está en cada canción que escuchamos, son sentimientos vividos, mariposas en el estomago, son la vida misma. No todo el mundo tiene facilidad para escribirlos. ¿Qué es un poeta sino una persona rota que recrea pequeños relatos que sanan el alma?

    A día de hoy, he publicado cinco poemarios, más de 600 poemas y he de decir que ya no puedo dejar de escribir. La poesía nace; nace del interior, de la fragilidad, del dolor, de la rabia, por eso siempre digo que los poetas estamos rotos.

  • ¿Cómo leer poesía?

    O, todavía mejor, ¿cómo escribir poesía? Los tiempos cambian, llegó Internet y con ello la globalización, los medios electrónicos, la mercadotecnia, las libertades y los derechos humanos universales.

    La poesía es una manifestación de la diversidad en el diálogo, de la libre circulación de las ideas por medio de la palabra, de la creatividad y de la innovación.

    Según el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), “poesía” es la “manifestación de la belleza o del sentimiento estético por medio de la palabra, en verso o en prosa”. Pero esa descripción no dice mucho, un poema es vida, reconciliación, esperanza, amor, desdicha, melancolía, es llegar al corazón de manera abstracta, sintetizada o en prosa poética.

    En este 21 de marzo se ha celebrado el Día Mundial de la Poesía, así que no hay mejor momento para intentar echar un vistazo al tema y dejarse llevar por este maravilloso género literario para algunos único, para otros en decadencia y abandono. Para el poeta y ensayista mexicano Juan Domingo Argüelles el simbolismo es previsible: “en esa fecha se conmemora el inicio de la primavera, el inicio de la primavera y la primavera como metáfora e imagen de la luz, el calor, el renacimiento del verdor de la naturaleza, luego del frío y oscuro invierno: el triunfo de la luz sobre las tinieblas”.

    Para Fernando García Ramírez un poema se deja leer de muchas maneras, “según lo pida el texto y el ánimo lector” e incluso por gusto:

    Cuando se lee por gusto, la verdadera unidad metodológica está en la vida del lector que pasa, que se anima y se vuelve más real, gracias a la lectura.

    Gabriel Zaid nos ofrece en su libro “Leer poesía” algunas definiciones que nos ayudarán a comprender mejor el mundo del poeta en estos tiempos donde el género literario desaparece de los estantes de las librerías por no ser, en muchos casos, un género de venta a las masas.

    Un poeta descubrió hace milenios que se pueden intercambiar las palabras usadas para el agua que corre y las lágrimas. ¿Qué hubo de nuevo en el experimento? Que nunca se había construido una frase como “ríos de lágrimas”; que sí se podía construir, y que decía algo nunca dicho sobre el dolor: que puede sentirse como algo caudaloso. Hay dolores que queman, como ácidos; dolores que pesan como piedras; dolores que sacuden, que asfixian, que envenenan. Pero también hay dolores que brotan caudalosamente y corren como un río. En lo cual hubo un triple descubrimiento: lingüístico (la construcción es válida, aunque nunca se había intentado), literario (una nueva metáfora, bonita y expresiva), psicológico (la taxonomía del dolor se enriquece con otra categoría).

    – Gabriel Zaid

    ¿Para qué leemos poesía? Propone García Ramírez que “leemos poesía para liberarnos, ensayar nuevas maneras de poder ser y sentir”. Al leer imitamos lo que leemos, adquirimos práctica y técnicas, vocabulario, aprendemos con paciencia los códigos de la lectura y avanzamos en ella. Para ser buenos lectores de poesía requerimos tener pasión y amor por ella y disciplina y entrenamiento para ser continuos y perseverantes.

    Por su parte, Juan Domingo Argüelles, recupera la visión de Machado, para quien  “poesía es el diálogo del hombre con su tiempo”, y la de Octavio Paz, que establece que “poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono, operación capaz de cambiar al mundo”, también experiencia que “revela este mundo y crea otro”.

    Respecto del “poeta”, el forjador del poema, Paz afirma: “No es poeta aquel que no haya sentido la tentación de destruir el lenguaje o de crear otro, aquel que no haya experimentado la fascinación de la no-significación y la no menos aterradora de la significación indecible… El silencio después de la palabra” (Corriente alterna). Contra lo que dice el diccionario, para Paz, la poesía es exorcismo, plegaria, oración, letanía, epifanía, experiencia, intuición, emoción, angustia y también pensamiento, y “el poema no es una forma literaria, sino el lugar de encuentro entre la poesía y el hombre…, un organismo verbal que contiene, suscita o emite poesía [y en donde] forma y sustancia son lo mismo” (El arco y la lira).

    – Juan Domingo Argüelles

    Así que al ser la poesía una manifestación de la diversidad que podemos manifestar en nuestro diálogo diario, de la libre circulación de nuestras ideas por medio de la palabra, del verso, del poema, contribuimos a la diversidad creativa al cuestionar de manera siempre renovada la forma en que usamos las palabras, la manera de percibir e interpretar nuestra realidad y la realidad de otros. 

    Me quedo con la idea de leer y escribir poesía para expresarnos, ser iguales y no diferentes, seguir intentando fomentar la tradición oral de los recitales poéticos; intentar llegar con nuestros poemas a las pequeñas editoriales; compartirlos en la red, en la nube para crear una imagen atractiva de la poesía para que no se considere una forma anticuada de arte.

    En un mundo lleno de mercadotécnica y pocos presupuestos públicos para la difusión de la poesía debemos leer y escribir libres, puesto que, como dice de nuevo Arguelles “si hay alguien que no tiene posibilidades de vivir de sus regalías, ése justamente es el poeta”.

    Formemos público para la poesía, invitemos a que se lea poesía en voz alta en las aulas, en las escuelas. La poesía nos desnuda, nos reconforta, nos abraza, nos da un refugio en la tempestad, nos hace ver cómo somos en realidad.

    Difundamos este noble arte en este nuestro mundo contemporáneo, leamos los poetas clásicos, los estilos que se formaron en el pasado, leamos poesía libre, mejoremos en nuestra comprensión y sigamos intentando con estilo expresarnos. Existen muchísimos nuevos poetas en el mundo, soñemos con ser algún día una gran poetisa o un gran poeta.

    Tal vez en veinte o cincuenta años alguien todavía nos recuerde, quizás alguien nos lea y se sienta identificado con nuestras letras en una poesía. Si por lo menos lo podemos lograr una sola vez, habremos cumplido con un propósito que nunca nos propusimos.

    Referencias

    1. Juan Domingo Argüelles, «Poesía: celebración de una gran desconocida«.
    2. Gabriel Zaid, «¿Cómo leer poesía?»
    3. Fernando García Ramírez, «Relecturas de Gabriel Zaid: IV. Que cada quien lea el libro que se merece«
  • La necesidad de la poesía

    La necesidad de la poesía

    Queridos amigos es un placer compartir con todos vosotros unos minutos, con una reflexión sobre la poesía, más concretamente, sobre la necesidad de tener cerca de nosotros la poesía, pues…

    Todos en algún momento de nuestras vidas, hemos sentido la necesidad de decir algo especial a alguna persona, a un novio, a una novia, a un amigo, a una amiga, a nuestra pareja, a algún abuelo, tío, nieto, sobrino, a la vida, a nuestra mascota, a la naturaleza, a dios… y aunque en ocasiones no hayamos sabido cómo expresarlo, qué situación sería la más apropiada, o con qué palabras, siempre hemos sabido que ese “algo”, a veces inefable, pero a lo que hemos tenido que buscar una manera de explicar para poder transmitirlo, ha sido sin querer, en modo de poesía, de unos simples y difusos versos que con mayor o menor fortuna o técnica, siempre han estado cargados de sentimiento, de amor y, sobre todo, siempre han salido desde lo más profundo del corazón, haciendo que esos simples versos, y en alguna ocasión puede que incluso rudimentarios versos, se conviertan en una sublime poesía que se ha instalado en el corazón de la persona a la que iba dirigida, o de la persona que nos ha leído. No hay nada más bello que una hermosa poesía que haya emanado directamente del corazón.

    Cuando queremos llegar a alguien de una manera especial, y tocar su fibra más sensible, no hace falta una larga carta, no hace falta un extenso e inacabable texto lleno de frases sin sentido que sean puro relleno y totalmente prescindibles. Tampoco hacen falta unos largos párrafos llenos de retórica y grandes paráfrasis que desvirtúen nuestro mensaje.

    Cuando queremos llegar a alguien, basta con decir un sencillo pero sentido; “Te quiero”. Un amable y suplicante; “Te necesito”. O un luminoso y grandioso; “Eres lo mejor que me ha pasado en mi vida”. Unas simples, pero hermosas palabras, que encierran en ellas más poesía y más carga emotiva que la más espectacular novela, la cual pueda en algún momento incluso perder el hilo de lo que en un principio se quería decir en pro de otros aspectos como las descripciones de personajes o situaciones, que en poesía no se suele hacer casi nunca.

    La poesía es más directa, sin nada que pueda alterar su mensaje, pues en unos breves versos, se ha de concentrar todo lo bueno que se pudiera decir en las 500 páginas de una buena novela, y como dicen de la buena esencia, que se guarda en frascos pequeños, la poesía es esa esencia de la literatura que se guarda en esos escasos y breves versos que encierran dentro de sus entresijos, todo un mundo de belleza y esplendor.

    Ahora bien, si a esas sencillas frases que comentaba, las acompañamos de otras de similar característica y las hacemos coincidir en su terminación final para darle más sonoridad y belleza a lo que queremos expresar y compartir, estamos creando la más hermosa forma de literatura, estamos creando poesía, y una poesía es como el alimento del espíritu. Como ese breve bocadito que te sacia enormemente, a veces sin saber por qué. Una buena poesía es como esa amiga que nunca te falla pudiendo leerla y releerla tantas veces como sea necesario. Una poesía es como una copa del dulce vino en tus momentos más íntimos o en los momentos siguientes a haber intimado con el amor de tu vida. Una poesía es como ese amor que regalas a todos con generosidad y profusión sin esperar nada a cambió. Una poesía es esa necesidad de decirle al mundo tus sentimientos, ya sean de amor, de desamor, de ira, de felicidad… esa necesidad de contarle al mundo cómo eres, como lo ves, de abrir al mundo tu alma, tu corazón y tu yo más íntimo y personal.

    Así pues, con estos mimbres de buen hacer poético, llegamos a la necesidad de expresar todo cuanto llevamos en nuestro interior, y nada mejor que hacerlo a través de una poesía que compondremos teniendo en nuestro corazón a esa persona, animal, cosa, paraje o situación a la que queremos dedicarle una poesía, y sin saber cómo la misma irá fluyendo con extrema facilidad, pues nunca fluyen mejor las cosas, como cuando nacen directamente del corazón.

    Es por ello que todos tenemos necesidad de poesía, necesidad de componer poesía, necesidad de leer poesía, o necesidad de que alguien se acuerde de nosotros con una poesía, pues no hay nada más bonito que un poema dedicado.

    E incluso esa persona que siempre se ha declarado, “no amante de la poesía”, se rinde ante ella cuando la misma le llega hasta lo más íntimo de su ser, rozando su ánimo con mimo. Cuando esa poesía llega a formar un todo con esa persona y esta se identifica con ella.

    Aunque no sepamos porqué y no sepamos cómo, todos necesitamos poesía.