Francisco Garamona nació en Buenos Aires, Argentina (1976). Es músico, poeta, editor y artista plástico. Con más de 30 libros y 6 discos publicados, forma parte del Instituto de Altos Estudios Patafísicos de Buenos Aires. Dirige la editorial Mansalva desde el año 2005 y la galería de arte Papel Moneda.
Sus libros publicados son: Parafern (2000), El verano (2001), Cuaderno de vacaciones (2003), Pequeñas urnas (2003), Una escuela de la mente (2004), La momificación de Bárbara 2004), Aceite invierno (2005), La leche vaporosa (2006), Cosas encontradas en un pupitre (2008), Mi primera banda punk (2014), Neón sobre las nubes (2012), Nuestra difícil juventud (2012), La cobra rubia (2014) y Un tesoro local (2015). Editó los discos solistas Yo nací (2003), El pony infinito (2008), Mi disco sin tapas (2006), Sueños raros y cuentos extraños (2010), Las armas dulces (2012) y Los sentimientos (2014). Con la banda Super Siempre editó Juicio al perro (2009) y Los hielos eternos de América Latina (2013).
La llama de la poesía quemarse, Ediciones Liliputienses, febrero 2019, es un conjunto de poemas seleccionados por Gerardo Jorge, el prologuista. Jorge es un escritor, editor, traductor y artista plástico argentino que nos avisa en el prólogo que los poemas de Garamona son una charla sobre la vida en sus aspectos sociales, sexuales, políticos y personales.
A lo largo de su lectura quiero destacar versos que realmente me han gustado y han hecho que parase mi lectura para reflexionar sobre ellos.
¿Un tren lleno de obreros y niños hoy descarriló?
Los muertos se cuentan por docenas,
en algún país lejano,
cubierto por la niebla de la fábula…
Decirlo todo de la forma más simple
La añoranza de un tiempo pasado, de una juventud pasada.
Cuando era chico en mi pueblo
las calles eran de tierra,
y si caminábamos bajo la lluvia
nuestros pasos imprimían
las suelas de los zapatos.
El estado
La simple y sencilla hermosura de un instante.
…silba una melodía pegajosa
que se queda en el aire
flotando, unos segundos.
Una visión
¿Qué perdiste amigo,
tu reflejo en el espejo biselado,
aquel que rige las conductas
de la preservación y la salvaguardia?
Él me contestó:
«Simplemente las ganas de ser simple.
Buscaba la dirección perdida de mi casa…
Sólo dormir
Los colores juegan un papel importante en su poesía, ‘El verde’ o ‘Prado’, por poner unos ejemplos, y cómo los utiliza. Así como la influencia Beat estadounidense en ‘Poema que leí en sueños en un libro de Allen Ginsberg’
En definitiva un libro para comprarlo si lo van a leer. No es un libro para que quede sepultado en una estantería olvidado. Un largo poemario con la fiabilidad que da la Editorial Liliputiense: intenso y vital. Una colección de poemas que prácticamente finaliza con unos versos que nos dicen ‘Porque pensamos que todavía algo nos espera. Tenemos sed, pero ya no del infinito y tampoco de cerveza‘ …. sed de más poesía liliputiense.
China
Dicen que en China si te agarran con drogas la policía o el ejército te mata. Pienso que eso es mejor que morir de amor. En los cementerios orientales donde los fusilados van a perder sus huesos crecen flores de todos los colores, tan hermosas que son ideales para regalárselas a una enamorada. A veces entre los monumentos irregulares que celebran victorias acontecidas hace años se ve correr a unos niños que se ocultan tras las lápidas. Seguramente así fuimos nosotros, pero en vez de ojos rasgados tuvimos ojos redondos que miraban al futuro iguales a dos piedras que caen entre otras piedras y se confunden para luego desaparecer.
LA LLAMA DE LA POESÍA QUEMARSE
Golvent lo mirará todo por la pantalla del Nintendo
Susan amasará una pasta que empobrece
Remedios cubrirá a sus plantas invernales
Y los amigos horizontales seguirán surgiendo del lecho,
Entre una rama rota y otra sana
Crece una alegría devoradora.
Un chico loco y una chica loca
Cuando crecen se enamoran
Una planta se desenrolla
Desde sus pies a sus cabellos.
Giordano, no lo leas
Paolo píntalo sobre las prendas de un santo
Paulo písalo
Teodoro plácelo.
Un chico loco y una chica loca
Cuando están más locos aún se casan
Y tienen muchos chicos locos
Que al final se olvidan
La vida dijo el Dr. Alposta
Es un poco de alpiste y bosta.
–¿Te acordás de cuando nos pegaba el porro?
–¿Y cuando las drogas nos daban hambre?
Vomité en un pescado disecado.
Mi madre lo vio, era verano,
Ella usaba unas chinelas inaudibles
No la oí llegar, pero era ella.
La poesía Golvent se entrena
Y lo único que debe es ser buena,
No porque se deje acariciar,
No porque persiga un sueldo digno,
No porque quiera agradecerle
Al arma desenfundada que no mate,
¿Nos entendemos?
Uccello pintó unos caballos
Y los dejó morir de hambre de pintura.
Muchacha y muchacho,
Locos ambos,
Cuando grandes se destruyen
Y para peor tienen nietos
Y los nietos tienen hijos,
Los hijos también se mueren:
La muerte los acompaña.
Golvent hay hartazgos,
Un panal que no da miel,
Y leche de vaca agria,
Una cabra robada por un peón llamado Villaroel,
Una camisa de fuerza.
Los chicos, si están muy locos,
Se enamoran, se casan, se olvidan, se hacen daño,
Aunque siendo locos saben
También disimular.
Los amigos horizontales hablan por teléfono
Se cuentan secuencias de maullidos.
Cuando crecen se enamoran, se desdicen, se niegan
Buscan esa piel de gato que perdieron.
Vi una película en enero
No la puedo recordar,
El calor era un brasero.
Amantes occidentales,
Lluvias ácidas, capelinas que el viento ordena,
Bombachas de tajamar.
Golvent, ¿viste al gladiolo brotar?
¿Viste a la alpaca llorar?
¿Viste a la perra perrear?
¿Miraste a un ñandú en el campo
Cómo se atoraba el pescuezo
Tragándose una arandela
De un indio policcinela?
(¿Viste algo de todo esto?)
Cuando los chicos son grandes
Se enamoran
Y si lo hacen de chicos,
No se olvidan.
Pensá una puta vez en lo que nunca pensaste
Y decime entonces qué se siente.
Los soldados del imperio
Se hablan por largas horas
En teléfonos maltrechos
Con baterías deshechas.
No pueden olvidarse,
Se enamoran.
Mi madre cría un helecho,
Occidente y sus desechos,
La posición de este planeta
Es injusta y bajo sus techos
Muchos mueren de hambre
Y otros tantos de vergüenza.
–Golvent dijo que no se le ocurría nada
y empezó a nombrar mujeres–:
Estefanía Marita La brujita Verón
Kadhafi La príncipe Charles
La novia de Baudalaire,
(La novia y el novio)
Cuando son grandes y locos
Muchas veces se enamoran
Y dejan a sus novios y novias
Y se casan. Y también, a veces,
Tienen hijos y esos hijos tienen hijos
Y ellos, así, son abuelos.
Clementina Medicis,
Jennifer Gianina Yenkins,
¿Te acordás de ella,
La hija de mi psiquiatra?
Me dio drogas para que no tome drogas,
Me dio cañas para que deje la marcha,
Me dio un submarino para que abandone mi barco helado,
Entablilló mis manos y mis muñecas rotas.
Marta Argerich hoy toca el piano
En las arenas de un circo
Fantasmas que la hicieron reír de noche
bajo un sol eterno, lleno de estrellas de invierno
Vírgenes estrellas que la vieron desde abajo.
Los chicos que están solos se buscan entre la nieve desnudos,
Ángela Pradelli (Buenos Aires, Argentina, 1957) es escritora y poeta. Profesora de secundaria y coordinadora del Plan Nacional de Lectura en la Región de la Provincia de Buenos Aires, actualmente es también coordinadora de la Cátedra Latinoamericana y del Caribe de Lectura y Escritura.
Ha dado conferencias y talleres para escritores en la Argentina y en varias ciudades de otros países: Cuba, Venezuela, Suiza, Alemania, Italia, los Estados Unidos de Norteamérica, China. Ha colaborado en diferentes medios periodísticos argentinos y para el periódico La Liberté, de Fribourg (Suiza) y la Jornada semanal, de México y también ha sido seleccionada como escritora residente en diversas partes del mundo: EUA, Suiza, Italia, China. De hecho Poémame ya ha publicado dos artículos suyos en los que Ángela Pradelli ha compartido sus impresiones poéticas durante su estancia en China:
De su obra poética queremos destacar el poemario Un día entero (Ediciones del dock, 2008). Ha sido galardonada tanto en Argentina como en el extranjero y ha llegado a ser finalista del Premio Casa de las Américas en poesía en 1994 y obtenido el premio Concurso Nacional de Poesía Miguel Ángel Bustos, Roberto Santoro, Francisco Urondo (1996). Algunos de sus libros se han traducido al alemán y al inglés, y en parte, al italiano y al francés. Entre las diversas obras que ha escrito queremos destacar el libro de cuentos Las cosas ocultas, Amigas mías, Turdera y El lugar del padre. Fue galardonada con los premios Emecé de Novela en 2002 y Clarín de Novela en 2004.
En febrero de 2018, la editorial Emecé publicará su próxima novela La respiración violenta del mundo, cuya historia se desarrolla en escenarios de la zona sur de Argentina (Adrogué, Burzaco, Longchamps, Lomas de Zamora).
Pradelli es una escritora que siente la escritura como una necesidad y puede tardar horas en encontrar un par de palabras, pasar la tarde para cambiar un párrafo para que suene mejor, o acomodar las frases una y mil veces hasta alcanzar a oír la música que desprenden.
Como pueden comprobar nuestros lectores, estamos ante una grande de las letras argentinas. Además, también coordina junto con Alejandra Correa un proyecto social y colectivo muy interesante que recoge testimonios de mujeres víctimas de violencia: ¿Por qué llora esa mujer?
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
Empecé escribiendo poesía y tardé un tiempo en escribir narrativa. Escribo también crónicas. Pero tengo que decir que, en cualquier género que leo o escribo, necesito encontrar poesía, no puedo leer un texto en el que no encuentre poesía.
¿Cúales fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Cuando era adolescente, descubrí a Neruda, fue una recomendación de un librero que tenía su local en una galería a la que concurría poca gente, tal vez porque estaba un poco escondida. La librería estaba en el fondo del pasillo, desde la puerta de entrada, se podía ver al librero, sentado en una silla en la puerta del local, leyendo. Tengo esa imagen muy grabada. Mientras esperaba que llegaran sus clientes, el librero leía. Yo no tenía plata para comprar pero mientras iba haciendo mis ahorros, me gustaba pararme frente a la vidriera a leer títulos y autores. Hasta que un día vi al librero leer con más concentración que otras veces y quise leer esa mismo libro. Eran los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Unas semanas después volví con mi ahorros a comprar el libro. A los 18 años leí por primera vez a Chejov, y descubrí mucha poesía en sus cuentos. Hace algunos años, el escritor Raymond Carver publicó un libro de poemas, eran los subrayados que fue haciendo en los cuentos del escritor ruso y que, extraídos del relato, funcionan como poemas.
¿Cómo definiría a su poesía?
Creo que podría decir que es la poesía que habita en las pequeñas cocinas de las casas, en los jardines sencillos, en el instante que se disgrega un mundo pero queda también para siempre.
A veces, cuando se cierra el sol de los días, el sonido del agua llega
desde una respiración de la infancia
y nos salva;
¿es ahí donde quedaron las palabras?, ¿encerradas en la luz de los frutales?
voy hacia ese sol que vive detrás del limonero.
«El sol detrás del limonero» (voz de Ángela Pradelli)
¿Cree que una poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
La idea de evolución no me parece muy cercana a los cambios en la escritura. Creo que la poesía está, y que los poetas a veces pueden captarla, entenderla, trasladarla a la escritura. En esa línea, creo que leer y escribir desarrollan la sensibilidad a través de la cual podemos escribir la poesía del mundo.
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
Corrijo mucho, muchísimo, tratando siempre de que cuidar en ese proceso el corazón del texto, el lugar en el que se aloja el poema. A veces tardo en darme cuenta de que el poema está terminado.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
La emoción.
Mundos rotos rupturas roturas rompimientos
las caídas
los agujeros
el fracaso
la desintegración el derrumbe
el hundimiento la destrucción ciertas ruinas una demolición
no es nostalgia
es dolor…
«El dolor» (voz de Ángela Pradelli)
¿Qué lugar ocupa, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?
Me gusta mucho leer en voz alta, para otros. Di clases de literatura en la escuela secundaria durante muchos años. Siempre leíamos en voz alta, nos íbamos turnando. Mis alumnos y yo. La voz, su música, puede darle un cuerpo al texto, una atmósfera.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc?
Las celebro, me parecen espacios muy valiosos para difundir a los poetas, para que los que no están publicados aun puedan dar a conocer su poesía
Algunos días llegan esos instantes
en los que un fuego conocido me trae fragmentos de una poesía que me rodea desde la infancia. Son como soplos que me devuelven al pasado
y a una felicidad sin condiciones, libre de todo.
En esos recortes encuentro el sentido, en las limaduras,
en la pizca de una voz,
allí están las primeras palabras,
en la fruta acidulada,
en el vestigio de los olores;
(mientras un fulgor leve se agita en mis manos) la lengua viene a mí para salvarme.
«La lengua viene hasta mí para salvarme» (voz de Ángela Pradelli)
¿Podría recomendarnos un poema de otro/a autor/a que le haya gustado mucho?
«La buena vida», de Mark Strand
Estás parado junto a la ventana.
Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón.
Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras.
Sos el fantasma en ese árbol de afuera.
La calle está en silencio.
El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida,
parcialmente está acá, parcialmente en el aire.
No podés hacer nada.
La buena vida llega sin aviso:
erosiona los climas de la desesperación
y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada,
y vos estás ahí.
¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
Estoy leyendo Voces de Chernóbil, de Svetlana Alexiévich. Es una cronista maravillosa, que casi nunca se despega de la poesía.
¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/a que se inicia en este camino de la poesía?
Leer, leer mucho, y tener un buen oído, sobre todo para distinguir la cadencia en la lengua.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
La verdad es que no tengo herramientas para opinar sobre la industria
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?
Muchas veces los lectores preguntan: ¿y usted, por qué escribe, cómo empezó, cuándo. La infancia, ese territorio tan poderoso, tiene respuestas a muchas preguntas que nos costaría responder de otro modo.
Es que nosotros pasábamos los veranos en Río Negro, en la casa de mis abuelos, y los domingos íbamos al río con mi abuela. Mi abuelo nunca quería ir y solo algunos días, pero recién cuando la tarde estaba por terminar y el sol ya casi se había puesto detrás de las sierras, él bajaba a buscarnos. Ni bien llegaba, se sentaba sobre el tronco de algún árbol pero no aguantaba mucho ahí quieto y enseguida quería que volviéramos todos juntos a la casa. En cambio mi abuela siempre quería quedarse en el río un poco más. Le gustaba estar ahí y escuchar el rumor que el viento formaba en el agua o entre las ramas más altas de los álamos. Apenas llegábamos, mi abuela se descalzaba, anudaba el ruedo del vestido por encima de las rodillas y se metía en el río. Tenía la piel muy blanca y a mí me gustaba acariciarle la humedad de los brazos desnudos. Cada tanto, formando un cuenco con las manos, juntaba agua y se mojaba la cabeza. Las gotas de agua dulce se deslizaban por la piel blanca y lisa de la cara y se perdían en el cuello. Se quedaba casi toda la tarde metida en el río, con el agua por encima de la rodilla y no le importaba volverse a casa con el vestido tan mojado que se le pegaba a las piernas. Casi siempre por las noches, cuando ya todos dormían, yo cruzaba el pasillo ancho que llevaba a los cuartos y entraba a la habitación de mi abuela. El pasillo estaba oscuro pero yo caminaba segura, guiada por la luz que se filtraba por debajo de la puerta de su cuarto. Mi abuela dormía tan poco que a veces, cuando amanecía, ella estaba todavía despierta, pero nunca la oí quejarse por eso. En verano dejaba la ventana abierta toda la noche y a veces, cuando entraba a su cuarto, la encontraba con los brazos apoyados sobre el marco oscuro de madera barnizada.
Usaba una enagua de breteles finitos que, en las noches calurosas, a causa de la transpiración, se le adhería a los pechos y al vientre.
–¿Qué pasa? –me preguntaba cuando yo abría la puerta.
Otras veces la encontraba sentada sobre la cama. Era una cama tan alta que las piernas le quedaban colgando y ella hacía un balanceo casi imperceptible con los pies. Mi abuelo dormía de espaldas, abrazado a la almohada, mientras ella revolvía una caja de zapatos llena de papeles, escritos casi todos en italiano. Cartas que ella desdoblaba y me leía en ese susurro espeso en el que hablábamos para no despertar a mi abuelo. Tarjetas. Fotos que tenían una dedicatoria al dorso. Estampitas de comunión de sus parientes en Italia. Ella me leía y hacía crecer un murmullo en ese calor pesado del cuarto. Después volvía a guardar todo en la caja y la escondía abajo del ropero.
–El abuelo no sabe, eh –me decía.
Y aunque nunca terminé de conocer del todo esos secretos, yo los guardé para siempre. Y a veces cuando escribo me parece que es eso lo que vuelve. El susurro de un idioma que entiendo a medias dentro de un cuarto caluroso; apenas un puñado de palabras para contar lo que está oculto. Voces de gente que no conozco, y que hablan ahí, encerrados en una caja de zapatos escondida debajo del ropero. Y una luz que algunas noches se filtra por debajo de la puerta y alcanza para alumbrar la oscuridad mientras camino.
Gracias por habernos concedido esta entrevista y por la lectura de sus poemas.
Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.
Retrato de la poeta argentina Alfonsina Storni (1892-1938).
Hablar de Alfonsina Storni es hablar de sensibilidad pura, de anhelo, de la esencia del ser plasmada en letras.
Alfonsina fue una dama fina y delicada, de una exquisita sencillez, según relatan algunos autores que le conocieron, que nos traslada hacia un sentir puramente femenino, a ese lado de mujer que muchas veces no es comprendido por el varón en una época machista. Así, escribe y se da a conocer en un medio dominado en gran parte por varones poetas, por ejemplo de la altura de Amado Nervo, y se desenvuelve de forma majestuosa y única destacándose por la sensibilidad de sus versos.
Nos pasea por paisajes de ternura, pasión, y nostalgia. Sus letras nos llevan melancólicamente a la reflexión y erizan la piel por la delicada forma en que aborda de forma directa su sentir:
Huye hacia los bosques, Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
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Etiquetada como una escritora feminista, Alfonsina rompe con varios estilos de poesía y trae a la época algo más fresco, que destaca por mover las fibras en su género y ser reconocida y escoltada por varios Poetas de su tiempo. Su vida amorosa fue un misterio, tanto así que nunca se reveló la paternidad de su hijo. Fue, una mujer que guardó para sí mucho y que mostraba ese paraíso interno, melancólico y cristalino a través de sus letras; que revelan su personalidad y su encanto:
Mariposa triste, leona cruel, Di luces y sombra todo en una vez. Cuando fui leona nunca recordé Cómo pude un día mariposa ser. Cuando mariposa jamás me pensé Que pudieras un día zarpar o morder.
Finalmente, sabida de que era víctima de cáncer mamario y del poco avance en la época en cuanto a tratamientos, no quiso vivir con ese sufrimiento a cuestas:
Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco. Esta cabeza mía se parece al crisol, Purifica y consume. Pero sin una queja, sin asomo de horror.
Alfonsina decide terminar con su vida, de una forma discreta, durante la noche en uno de sus descansos en Mar del Plata. Una de sus sandalias se halló en uno de los peñascos de la costa y su cuerpo fue encontrado flotando de mañana cerca de la playa.
Para Alfonsina el suicidio era algo que podía decidirse a voluntad. Ella tomó esa opción y nos dejó su legado en letras, como una delicada brisa.
Animal cansado
Quiero un amor feroz de garra y diente Que me asalte a traición en pleno día, Y que sofoque esta soberbia mía, Este orgullo de ser todo pudiente. Quiero un amor feroz de garra y diente Que en carne viva inicie mi sangría, A ver si acaba esta melancolía Que me corrompe el alma lentamente. Quiero un amor que sea una tormenta, Que todo rompe y lo remueve todo Porque vigor profundo la alimenta. Que pueda reanimarse allí mi lodo, mi pobre lodo de animal cansado, Por viejas sendas, de rodar, hastiado.
Alma desnuda
Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda, que angustiada y sola, Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta, Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora, sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva, se disuelve En tristezas, clamando por las rosas Con que la primavera nos envuelve. Alma, que a ratos, suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia, De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega. Y negando lo bueno el bien propicia, Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por el oro precioso de una estrella.
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Un sol
Mi corazón es como un dios sin lengua, Mudo se está a la espera del milagro, He amado mucho, todo amor fue magro, Que todo amor lo conocí con mengua. He amado hasta llorar, hasta morirme. Amé hasta odiar, amé hasta la locura, Pero yo espero algún amor natura Capaz de renovarme y redimirme. Amor que fructifique mi desierto Y me haga brotar ramas sensitivas, Soy una selva de raíces vivas, Sólo el follaje suele estarse muerto. ¿En dónde está quien mi deseo alienta? ¿Me empobreció a sus ojos el ramaje? Vulgar estorbo, pálido follaje Distinto al tronco fiel que lo alimenta. ¿En dónde está el espíritu sombrío De cuya opacidad brote la llama? Ah, si mis mundos con su amor inflama Yo seré incontenible como un río. ¿En dónde está el que con su amor me envuelva? Ha de traer su gran verdad sabida… Hielo y más hielo recogí en la vida: Yo necesito un sol que me disuelva.
Soy
Soy suave y triste si idolatro, puedo bajar el cielo hasta mi mano cuando El alma de otro al alma mía enredo. Plumón alguno no hallarás más blando. Ninguna como yo las manos besa, Ni se acurruca tanto en un ensueño, Ni cupo en otro cuerpo, así pequeño, Un alma humana de mayor terneza. Muero sobre los ojos, si los siento Como pájaros vivos, un momento, Aletear bajo mis dedos blancos. Sé la frase que encanta y que comprende Y sé callar cuando la luna asciende Enorme y roja sobre los barrancos.
Voy a dormir
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados. Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación, la que te guste; todas son buenas: bájala un poquito. Déjame sola: oyes romper los brotes… te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que olvides… Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido…
Alicia Plante nació en Buenos Aires. En 1970 publicó su primer libro, Asumiendo mi alma (poesía; Ediciones LH). En 1973, invitada por la Universidad de Harvard, grabó poemas inéditos para la biblioteca de esa institución. Trabajó en numerosas traducciones literarias y científicas; entre 1976 y 1980 siguió la carrera de Psicología. En 1990 ganó el premio Azorín de Novela (Diputación de Alicante) con Un aire de familia, que publicó en España y en Argentina. En 2004 editó El círculo imperfecto (Sudamericana), en 2011 Una mancha más (Adriana Hidalgo editora) y en 2013 Fuera de temporada (Adriana Hidalgo editora).
Actualmente es colaboradora del diario Página/12, donde publica notas, cuentos, reseñas y entrevistas. También colabora con Libros sobre Libros, de México. Desde 1990 dirige talleres de narrativa y poesía.
¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?
No hay nada excepcional en mi vida. No fui víctima de maltrato ni abuso ni abandono, no tuve padres especialmente talentosos, no fui una estudiante brillante ni ninguna de esas cosas que generan expectativa. La menor de tres hermanas que nacimos una cada cinco años en una casa en los suburbios que amé y fue mía, tuve que esperar a que la señorita María me enseñara a leer y escribir en primero inferior para dejar de perseguir a mis hermanas para que me leyeran de sus libros en voz alta. Lo primero que escribí fue un poema, tendría unos siete u ocho años, El niño muerto, algo de sus manitos blancas, ni fue guardado ni lo recuerdo, pero estaban todos vagamente asombrados.
Crecí más bien a la deriva, sin mayores controles ni cuidados, lo cual fue bueno porque me hizo independiente, pero también siempre algo dispuesta a la tristeza. Aunque entonces no me diera cuenta. Usaba el cuerpo desorganizadamente para cualquier deporte, todos y ninguno. Aprendí a nadar en la pileta del club de nuestro barrio sin que nadie me enseñara, era natural y no esperaba otra cosa. Y a la vez me sentía amada. Lo cual no quiere decir “escuchada”.
No, no se es la menor por varios años sin un precio, eso se paga con el sentimiento de haber llegado tarde, de haberse perdido lo mejor.
Y tal vez fue desde esa marca que empecé a escribir tan tarde. Todo se demoró, no sólo eso, también los estudios (psicología) ya que primero hube de contravenir el mandato implícito para las tres hermanas de casarnos y dedicar toda nuestra creatividad a fabricar gente. Escribir no fue una incursión en el mundo de lo creativo que me fuera estimulada. De hecho recién a los treinta años se convirtió en una aventura más organizada. Presentar poesías a una convocatoria local…, ser seleccionada…, ver mis palabras impresas (1971), sí, una emoción indescriptible. Y fue poco más tarde (1973), que coincidiendo con mi presencia en los Estados Unidos la Biblioteca de la Universidad de Harvard me invitó a grabar poemas inéditos para su sección de poetas latinoamericanos.
Seguí en esa vena varios años, aunque supiera que mi aspiración era la prosa, la novela, con la poesía como cimiento estético, como matriz de música, ritmo y lenguaje determinando idéntica búsqueda de belleza y verdad a través de otros anclajes. Las diversificaciones iniciales fueron por el lado del cuento corto, como si fuera más fácil, que no lo es, sólo es un esfuerzo más breve, pero tiene reglas, leyes y características propias que conviene conocer. Los encontré hace poco, los primeros. Eran malos. Un par los reescribí desde una intuición mejor acariciada y ahí están, pero mi pasión ya se agazapaba y sin darme cuenta preparaba los músculos para el salto. Mi primera novela, Un aire de familia, la inicié durante un brevísimo pero inteligente taller de narrativa con Dalmiro Sáenz. Cuando en el grupo leí la primera hojita manuscrita Dalmiro me dijo algo inolvidable: “tenés el personaje de una novela…”. Él venía siendo inflexible, de modo que apoyada en mi nueva espalda trabajé con la idea durante más de un año, escribiendo a mano, corrigiendo en espirales alrededor de la página, y una noche la di por terminada. A comienzos de 1970 la presenté a un concurso en España y me senté a esperar, largos meses esperé, ¡y mi novela, increíblemente, ganó! Un llamado teléfonico, Radio Nacional de España en cadena, quizá mi día más feliz… Se publicó allá, en la bella Alicante (1971) y un año más tarde, sin el puñado de comas que habían agregado al manuscrito, en Buenos Aires (1972).
Todavía me da placer esa novela, pensar en los personajes, sus perfiles…, revivo en ella el proceso de escritura más que con cualquiera de las otras, que a la fecha son más de diez, cuatro de las cuales todavía están inéditas.
Luego, en 2002, apareció Carmen Balcells en mi paisaje. Le habían gustado los cuatro manuscritos que le mandé por mail y decidió representarme. Gestionó la publicación de una de esas novelas con la Editorial Sudamericana (2004), pero sin ninguna promoción de la editorial se vendió muy poco y Carmen, habiéndome regalado mi primera computadora, lo interpretó de algún otro modo y dio un paso al costado.
Años duros, ganar un concurso o lograr un contrato de edición eran una utopía, se rebotaba en las editoriales argentinas tanto como en las españolas. Venía escribiendo numerosas reseñas literarias para Radar, el suplemento cultural del diario argentino Página 12. También cuentos cortos, notas, varios ensayos, incluso alguna traducción. A la vez escribí cuentos y reseñas solicitadas por diarios y revistas de Buenos Aires y del interior, más alguna de México. Y fue desde ahí que el contacto con Adriana Hidalgo editora se convirtió en la deseada realidad de una editorial que decidiera publicarme sin la intermediación de nadie. A la fecha (noviembre 2017) son cuatro las novelas negras aparecidas en ese sello. La que abrió la Trilogía del Agua fue Una mancha más, 2011 (también traducida y publicada en italiano por La Nuova Frontiera, Senza macchia aparente, 2015, y en francés por Editions Métaillié, Les eaux troubles du Tigre, 2016). La segunda sería Fuera de temporada, en2012, seguida de Verde oscuro, 2014, y La sombra del otro, 2016. Durante 2017 terminé de escribir la siguiente, El propio enigma, y en seis meses empecé y completé la última, Mala leche, ambas todavía inéditas.
Foto de Fernando Sturla.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?
Me resulta difícil contestar esta pregunta porque no recuerdo exactamente cuándo ni por dónde empecé. Al comienzo estuvieron muy presentes los clásicos, principalmente Rubén Darío, por supuesto, así como los grandes poetas españoles, sobre todo García Lorca, Machado, Alberti, y los franceses traducidos… Hasta que en algún momento remoto descubrí la poesía de Borges. Ese fue un hito importante porque se derrumbaban ante mí las reglas establecidas y la belleza se adueñaba de la palabra sin inhibiciones. Era lo que buscaba, el coraje para transgredir sin destruir, para explorar el adentro más que la buena letra, y que sin embargo la elección de cada palabra, su sentido, su gravidez exacta te dejaran muda. No sé si puedo hacer responsable a Borges de lo que escribí en aquella época lejana, los sesenta, digamos. No lo creo, porque también circulaban por los pliegues absorbentes de mi imaginario escritoras como Juana de Ibarborou, Alfonsina, el amor en las mujeres, el lenguaje de la soledad y la muerte. La forma de rozar lo indecible se venía transformando ya desde Silvina Ocampo y Gabriela Mistral pero la ocupación del primer plano, la implosión en cada uno que significaron Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Diana Bellessi, y perdón por la mezcolanza, pero el arte, su manera de permanecer vigente en cada uno es caótico, desordenado, no me parece importante enumerar respetando cronologías, tendencias ni supuestas escuelas, dentro de mí están todas vivas al mismo tiempo, junto a magnates como Girondo, Gelman, Benedetti, Lamborghini… Y tantos otros que no voy a enumerar o que no leí. Confieso haber coqueteado con todos, pero no reconozco en mí la nítida influencia de ninguno.
¿Cómo definiría su poesía?
Mmm, digamos que ajena a las etiquetas, al menos intencionalmente, pero no sabría cómo definirla salvo como un ojo, una mano, un diente, todo hincado en la carne de lo hondo, lo que se esconde, lo que más quiero decir, quizá para confirmarlo antes de que escape. Honesta. Sí, diría que es honesta, siempre hice pocas concesiones, y lo mismo con la prosa.
¿Cree que una poeta evoluciona en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?
Una mismo evoluciona, todo evoluciona, nada se queda quieto. Y necesariamente aparecen cosas nuevas que decir, o tal vez más que cosas nuevas, decirlas de otro modo, desde angustias o felicidades que no estaban, desde algún logro, alguna satisfacción que abrió puertas insospechadas, desde decepciones, alegrías, hay cierta maduración del laboratorio donde se bruñe poco a poco la belleza del lenguaje. Que cambia. El mío, hoy, creo que es más económico, más seco, quizá más hondo. Y más sencillo.
¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?
En general corrijo la forma, reemplazo una palabra por otra, borro o acorto o alargo un verso. El contenido en cambio se define casi solo de entrada. Hay algo que quiero decir, aunque no tenga claro qué. Algunas veces termino de saberlo recién cuando está escrito, cuando acabó de armarse, con esa extraordinaria autonomía que tienen las palabras, como si respondieran a pulsiones inconscientes, secretas, a otro yo que sabe y dicta. Y no es metafísico ni parapsicológico, son los modos misteriosos de la poesía. Y lo doy por terminado cuando no necesito volver a leerlo.
¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?
Que lo que escribo haga sentir a otro que hablo por él, que encontré la forma de decir lo que no conseguía poner en palabras. O hacerlo descubrir dentro de sí mismo sentimientos o ideas de los que no sabía nada, que estaban sueltos dentro de él, desconectados, porque nunca había reconocido el diseño que formaban. Y que entonces le de placer leerme.
¿Qué lugar ocupan, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?
Francamente, me dan terror. Pocas veces las personas, aun los propios poetas, leen poesía sin distraerme con ese pánico a la vacilación, al error, al énfasis equivocado que me inunda. Recientemente asistí a una lectura conmovedora de sus poemas hecha por Liliana Lukin. Es raro. No sé si habrá ensayado mucho, si los sabía de memoria, pero parecían brotar de ella como si los estuviera escribiendo para nosotros en ese momento, tanto sentido, tanta emoción adecuada…, la vehemencia, la pausa, la introspección, la intención de tocarnos con cada palabra. Sí, fue una emoción fuerte y sabia, pero es raro.
Poder escribir no es poder decir.
No necesariamente. Y por emotivo que sea tener al poeta delante, creo que no compensa ese pudor de que lea mal.
¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?
Lo importante es llegar al otro, uno escribe para ser leído, se escribe para el otro, ese otro imaginario del que tanto hablaba Umberto Eco. Y como decía el querido y añorado Ricardo Piglia, es en el lector que lo escrito se concreta, se cierra, en el diálogo, que nunca es igual, que se da entre el que escribe y el que lee. Hoy es internet y los medios intangibles, ayer fue el libro, el papel, la tinta. Lo que importa, creo, es que sigamos escribiendo y leyendo. Que siga haciéndonos falta. Lo dramático, claro, es la situación económica de todos los que están detrás del libro, los escritores primero.
¿Podría recomendarnos un poema de otro/a autor/a que le haya gustado mucho?
Elegir es dejar de lado el resto, imagínate, el universo de los poemas leídos…, pero si he de achicar y achicar la mira, casi al azar, voy por uno de Idea Vilariño, tan simple, tan sentido, que me deja sin palabras: “Ya no será”.
Ya no será
Ya no será
ya no
no viviré contigo
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.
¿Qué libro está leyendo en la actualidad?
Ayer terminé de leer una breve joya, de Stefan Zweig, Una partida de ajedrez. Es un relato perfecto.
¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/a que se iniciara en este camino de la poesía?
Si la pregunta apuntara a la prosa, a la narración de una historia, tendría varios consejos claros y, creo, útiles, resultado de la experiencia y de lo que otros escritores con los que concuerdo han aconsejado. Pero en el terreno de la poesía…, si bien he tenido algunos jóvenes poetas en mis pequeños talleres con los que hemos trabajado sus textos para elaborar lo más valioso y dejar de lado lo ornamental o lo prescindible, no tengo consejos en este terreno que me atrevería a generalizar. Creo que lo único válido es que hay que escribir mucho, revisar, pulir… y seguir escribiendo. El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia.
¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?
Creo que está en una profunda crisis. Eso es precisamente de lo que hablaba en el punto 8. La falta de pausa en los ritmos que impone la vida moderna, el vértigo y la velocidad que parece diferenciar lo nuevo, lo joven, de lo viejo –de los viejos–, impone una preferencia por todas las puertas que abre la cibernética. La industria editorial es una de las víctimas evidentes de este fenómeno.
¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no le hice?
Por ejemplo qué pienso de las preguntas que sí me hiciste. Porque me habría permitido decirte que me parecieron inteligentes, bien formuladas, abarcativas de una manera digna, y que estimulan la imaginación. Es decir, que al irlas leyendo me daban ganas de responder.
Alicia Plante se unió a la iniciativa por la libertad de la palabra ¡PEN protesta! y ya publicamos el poema que allí recitó.
Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.
Néstor Perlongher fue un poeta, escritor y militante LGBT argentino radicado en Brasil desde 1982. Fue uno de los fundadores y referente principal del Frente de Liberación Homosexual en Argentina, una de las primeras organizaciones LGBT del mundo. Fue animador de la literatura neobarroca rioplatense, un estilo que él denominó “neobarroso”. Perlongher siempre rechazó el uso comunicacional del lenguaje; prefería deslizarse por sus contorsiones y sonoridades; la sensualidad del texto y el léxico exuberante. Entre sus obras publicadas se encuentran “Alambres”, “Austria-Hungría”, “El cuento de las iluminaciones” y “Prosa Plebeya”. Asimismo participó en diversas antologías y colaboró con numerosos medios periodísticos. Falleció a causa del SIDA en 1992.
En su inquebrantable compromiso social, Perlongher abrió en 1971 un debate público para lograr que se derogaran las ordenanzas policiales que daban lugar a la detención y maltrato de los homosexuales, y colabora junto a Sabrelli, Matamorros y Puig en la fundación del Frente de Liberación Homosexual. Las repercusiones contra los homosexuales eran sociopolíticas ya que las pautas tradicionales se sustentaban por la religión y eran mantenidas por la cultura legislativa represiva de la sociedad.
A mediados de 1975, el semanario fascista El Caudillo llama a acabar con los homosexuales y propone lincharlos, haciendo abierta referencia al FLH. En esos momentos, buena parte de los militantes se alejan, proponiendo la disolución; empieza a cundir el terror.
Perlongher, con el trasfondo social de «ser humano afectado por su condición de homosexual», aparte de las funciones políticas que pudo ejercer estando al mando del Frente de Liberación, usaba su poesía para transmitir mensajes al entorno cultural. Es decir, lo mismo que las protestas, el mismo repudio mostrado para elaborar una crítica social, también lo muestra en sus poemas. La literatura es una búsqueda y un encuentro con nuestros deseos; una manera de afrontar la vida; una salida de las estructuras que el Estado ha impuesto. Perlongher a través de sus poemas ha logrado desterritorializar lo que el lenguaje había territorializado. Se menciona esto porque Perlongher ya no usa un lenguaje que sigue el ritmo de lo establecido en el espacio social, ahora marca violencia en el uso del mismo; a través de las líneas de fuga concibe el mundo del otro; el mundo de la homosexualidad en donde no se sujeta a la política, donde se siente un poco más libre.
Perlongher era consciente de que el levantamiento homosexual era sólo parte de una mayor crisis social. El Frente de Liberación Homosexual formaba parte de todo el sector social del pueblo que estaba luchando por cambiar la economía, la sociedad y las leyes que mantenía el régimen autoritario. Escribió el siguiente poema en el momento en que se dirigía hacia la lucha por los derechos de los homosexuales y nunca fue incluido en los libros que él mismo editó más adelante, ni siquiera en el primero, «Austria-Hungría».
Defensa de los homosexuales de Tenochtitlán y Tlatlexlolco (fragmento)
Mientras
los homosexuales se acarician en los baños
viejas arpías hilan largos largos echarpes
en lo alto de las ciudades
coloquian en torno a grandes lavarropas azules
sobre la representación de las tragedias griegas y los principios de la catarsis
mientras que sus maridos los aztecas
cazan en sus oficinas para los sacrificios de la cena
los canarios duermen la siesta de los gusanos (…)
De estos versos se desprende que, para Perlongher, la sociedad no está definida como un grupo de individuos que comparten solamente costumbres y estilos de vida, sino también un sistema moral y cultural que consideramos reaccionario.
La poética de Perlongher está fundada en el neobarroco que se propaga en las letras latinoamericanas, y que fue uno de los estilos poéticos que usó el escritor para expresar la voluntad de reflexionar sobre lo que causó la última dictadura militar en Argentina. Esta poética se identifica con el abandono del tono coloquial del discurso poético, y en tono paródico Perlongher acoge el término «neobarroso» para aproximarlo al fango, al barro, y juega con términos de la cultura argentina; uno de ellos es el fondo de barro del río de la Plata en donde las cosas parecen desaparecer pero siempre están.
(El neobarroco) No funciona como una estructura unificada, como una escuela o disciplina estilística, sino que su juego actual parece dirigido a montar la parodia, la carnavalización sobre cualquier estilo.
En este caso, Perlongher a través de su poesía neobarrosa recurre al delirio que lo hace salir de la norma establecida del canon literario, y forma a través de su escritura una intervención en el discurso sociopolítico de protesta contra la guerra sucia y la política de exterminio; usando la descomposición de las palabras para recuperar a través del lenguaje una nueva creación sintáctica. En cuanto a la escritura del neobarroso, Perlongher a través de juegos en el lenguaje y figuras literarias, daba diferentes enfoques de lo que sucedía en su entorno, explorando lo superficial y lo banal; la exaltación de los espacios urbanos y del cuerpo son dos rasgos que se recuperan en el neobarroso. El lenguaje solo es el medio para expresar lo que tenemos dentro. “El ser y el significado siempre están unidos entre sí”
El cubano Severo Sarduy en un artículo sobre «El barroco y el neobarroco», pone de manifiesto la artificialidad que asume el lenguaje en esta nueva estética y la condición paródica que tienen los textos que leemos como neobarrocos. Uno de los poemas bufos de Perlongher en el que asume el término «paródico» reúne al portuñol con lo gauchesco y lo barroco, parodiando la situación política brasileña.
El que en la cuenta acredita del candidato amigable descubre, cuando ya es tarde, que se le ha ido la guita y que lo que le debían ya no le pueden cobrar, ni siquiera protestar por tamaña tropelía (…)
Después de la transición totalitaria en Argentina, la poesía promovió el cuestionamiento de la identidad. Perlongher preparó la antología Caribe Transplatino con una introducción a la poesía neobarroca cubana y rioplatense (Iluminarias de San Pablo en 1991), en donde manifiesta que la poesía «no es una poesía del yo, sino la aniquilación del yo» . Con esto el autor nos invita a una lectura que cuestione micropolíticamente la construcción social del individuo como un modo de vivir. Y así, entre la escritura y la poesía, Perlongher fue desafiando las estratificaciones del poder.
Algunos poetas describieron la dictadura a través de la poesía y funcionó como evidencia de un período en el que la censura cultural reprimía cierta expresión literaria. La poesía expresó todo aquello que no se podía decir abiertamente y a todo público. En palabras de Octavio Paz:
La poesía ha dicho Rimbaud, quiere cambiar la vida. No piensa embellecerla como piensan los estetas y los literatos, ni hacerla más justa o buena, como sueñan los moralistas. Mediante la palabra, mediante la expresión de su experiencia, procura hacer sagrado al mundo; no pretende hermosear, santificar o idealizar lo que toca, sino volverlo sagrado. Por eso no es moral o inmoral, hermosa o fea. Es simplemente poesía de soledad o de comunión. Porque la poesía que es un testimonio del éxtasis.
En cuanto a la escritura del neobarroso, «usaban juegos de palabras y aliteraciones que daban diferentes enfoques de lo que sucedía, explorando lo superficial y lo banal. La exaltación de los espacios urbanos y del cuerpo son dos rasgos que se recuperan en el neobarroso». Así nace este tipo de «poesía social» que funcionaba como lenguaje testimonial de lo que ocurría a su alrededor.
El poema «Cadáveres» de Perlongher, escrito al final de la dictadura, tiene un estilo neobarroso en donde nos hace pensar la relación entre poesía, política y memoria, logrando una escritura que causa horror de la realidad. Perlongher, a través del lenguaje poético, le da vida a los cuerpos desaparecidos:
Bajo las matas, en los pajonales, sobre los puentes, en los canales. Hay cadáveres.
En palabras de Ignacio Iriarte, la poesía de Perlongher «se centra en lo que sale del cuerpo (sudor, lágrimas, semen, materia fecal), como si la palabra y los flujos fueran lo mismo: constancia simbólica o supuración biológica que comprueba que ese cuerpo existió». Para Perlongher, el cuerpo en su totalidad es natural, y todas las emanaciones y secreciones forman parte del mismo, como extensiones válidas del propio ser, tan válidas como la palabra. El poeta hace una comparación entre esos flujos desechados por el «cuerpo humano» y los homosexuales, marginados y excluidos como restos que secreta el «cuerpo social», de esa forma crítica a la sociedad.
En el poema «Evita vive» , Perlongher también utiliza el cuerpo para mostrarlo como tema social; desde la voz, las piernas, las miradas, la piel de Evita como figura que infringe la moralidad de las costumbres. Es por eso que creó una «Evita entre los marginados» logrando que aquella mujer rebelde que transgrede entre el goce y el juego alcance una realidad diferente a lo que vivían. Evita vuelve ya no siendo montonera (combatiente que lucha por el socialismo) sino que vuelve para ser una drogadicta que vive entre chupones, bebidas y gemidos; uniéndose con «maricas» para formar parte de aquellos marginados que eran criticados por la sociedad argentina.
Por qué seremos tan hermosas (fragmento)
Por qué seremos tan superficiales, tan ligeras
encantadas de ahogarnos en las pieles
que nos recuerdan animales pavorosos y extintos,
fogosos, gigantescos.
Por qué seremos tan sirenas, tan reinas
abroqueladas por los infinitos marasmos del romanticismo
tan lánguidas, tan magras.
Por qué tan quebradizas las ojeras, tan pajiza la ojeada
tan de reaparecer en los estanques donde hubimos de hundirnos
salpicando, chorreando la felonía de la vida
tan nauseabunda, tan errática.
Néstor Perlongher supo captar que los deseos de transformación social están guiados no solo por la pasión de destrucción del mundo tal como se nos presenta, sino por una perspectiva afirmativa, por un profundo deseo revolucionario.
No es el poder de nombrar lo que confiere la libertad que deriva del discurso del dominio, sino la habilidad de escapar al poder de los significados impuestos por el otro.
Sin necesidad de recurrir a la deconstrucción de Derrida, se puede ver que es el mismo lenguaje como protagonista el que ocupa el centro de la escritura de Perlongher. Después de la transición totalitaria en Argentina, la poesía originó el cuestionamiento de la identidad. El poeta, el escritor, el revolucionario estaba exiliado del lenguaje; y coloca esa realidad en su escritura.
En la escritura de Perlongher, el autor muestra la característica central del neobarroso, en donde lo principal es la presencia de lo político y la subjetividad del texto. El mismo autor manifiesta que la poesía “no es una poesía del yo, sino la aniquilación del yo”, esto lo lleva a exiliarse de él mismo, y nos incita a una lectura que cuestione micro políticamente la construcción social del individuo como un modo de vivir. Y así, entre la escritura y la poesía, Perlongher va desafiando las estratificaciones del poder. Es el lenguaje quien tiene el papel más importante. Al escribir, cuando se habla de neobarroso, no solamente es lo estético sino lo político de la literatura que tiene una conexión con lo real y lo simbólico.
Bibliografía
Iriarte, Ignacio. «VIII Congreso Internacional Orbis Tertius de Teoría y Crítica Literaria». La Plata en Memoria Académica, 7 de mayo, 2012.
Andrea Labinger, nuestra ‘corresponsal’ en Los Angeles (EEUU), nos hace llegar este poema de la poeta argentina Alicia Plante que se leyó el 2 de noviembre en la ceremonia de PEN Argentina para recordar y honrar a los periodistas asesinados en América Latina.
Está cocinado.
A fuego lento
y con la tapa puesta
pero con cuidado
para que no derrame.
Y cerrando la puerta,
que no se oigan
los bufidos
del vapor.
Quizá se pegue, dijeron,
en el fondo generalmente
quedan rastros
rostros
restos.
Se pueden lavar con estropajo
pero no conviene
porque con el tiempo te lo prueban
y hay que empezar de nuevo.
Mejor esconder la olla,
tirarla al río
y que el periodista
se calle para siempre.
Si persevera,
si se empecina y
empeora el mensaje,
conviene quitarle la voz
de alguna manera,
porque lo que estaba por decir
sólo con bala
en la cabeza.
Vaciarle las ideas
y no confiar ni así,
que su palabra
es como un olor,
como ese olor que escapa
por las costuras
por los espacios libres,
que son pocos
pero siempre los encuentran.
Sinceramente te lo digo,
tenemos un problema.
Al compañero Rodolfo Walsh, modelo y paradigma, uno entre tantos que cunden como un olor.