Hay quien se empeña en encasillar a los autores en un único movimiento, generación o estilo. Sería como reducir todo el trabajo de Picasso en el modernismo y olvidar el resto de etapas por las que se deslizó el artista, dejando un gran rastro en forma de obras muy diversas. Sin embargo, esto suele ocurrir en la literatura, más aun en la actualidad. De guiarme por esa dinámica de la crítica inamovible, esta reseña no tendría en absoluto sentido.
Elvira Sastre Sanz (1992, Segovia), La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida, 2016, Visor Libros
Elvira Sastre (Fuente: Wikipedia)
La producción literaria de Elvira es abrumadora: desde el año 2013 ha publicado 5 libros, y en 2016, año de publicación del que hoy traemos a la revista, sacó a la luz dos obras: Ya nadie baila (Valparaíso Ediciones) y La soledad de un cuerpo acostumbrado a la herida (Visor Libros). Sin embargo, no es esto lo que más llama la atención, sino la gran evolución que ha tenido en apenas un año. Puede dar la sensación de que la gran producción de la autora se deba a que publica todo lo que escribe; podría entender entonces que para esta última obra, Elvira reservase lo mejor. No obstante, son solo lucubraciones. Aferrándome a lo que cuentan las páginas, admito que estamos ante una voz que merece ser escuchada.
Benjamín Prado comenta sobre la autora que es «la poeta que desde hace mucho tiempo estaba pidiendo a gritos la literatura española«. Lo cierto es que, al menos en esta última obra, surge una voz poética que parece relevar sutilmente las voces poéticas contemporáneas que hasta hace poco dominaban la escena. Me refiero a voces como la de Luis García Montero, Raquel Lasneros, Ángel González o el propio Benjamín Prado. De cualquier manera, y para excusarme de ponerla a la altura de estos magos del verso, es necesario destacar que tiene solo 25 años. Ahora vamos a lo importante: la forma y el relato, y como en las mejores obras, empezamos por lo último.
Dime, mi amor, que nada de esto ha sucedido.
Así da comienzo la obra, podemos imaginar qué nos espera, pero no cómo. El libro bien podría haberse llamado La herida de una puerta abierta, ya que encontramos la metáfora constante a lo largo de todo el relato. La intensidad con la que narra y versa cada palabra es sublime, nada sobra en el poema, y es que nada debe sobrar. La emoción, la sensación de abandono, el recuerdo, las preguntas lanzadas al aire, la profunda fuerza de cada poema; en resumidas cuentas, el relato es impecable, aunque resulta extraño leer algunos poemas en primera persona en los que utiliza el masculino.
Ahora vamos al cómo. La forma, en la parte técnica, es lo más arriesgado. Obviamente, la voz del poeta que trabaja con el verso libre está en el ritmo y en el relato principalmente, pero la estructura también juega un papel fundamental. Concretamente me refiero a alinear el poema a la derecha en alguna ocasión, o notar un uso extraño de los signos de puntuación. Nada importante que impida comprender el poema, pero llama la atención. A fin de cuentas, la obra es suya, ella decide cada coma y cada punto.
Fragmento de «Lo peor del abandono no es el silencio, es la puerta abierta»
Pienso en irme,
en colocarte aquí en un rincón bajo la luz
de otra memoria,
allí donde los sueños que no suceden
esperan su momento y el león
descansa entre rugidos.
¿Pero a qué lugar te lleva la habitación
que dejas atrás
si la puerta se queda abierta?
Este libro era necesario que apareciese en la escena. Tal vez sea una transición, una nueva voz que permita orientar los focos hacia otro escenario a la altura de los contemporáneos. Era necesario un libro lleno de lucidez y precisión, dos características que, sin duda alguna, parecen estar en un segundo plano actualmente, y eso no es nada bueno para la poesía y sus amantes.
La Declaración Universal de los Derechos humanos, proclamada el 10 de diciembre de 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, establece que la libertad, la justicia y la paz se sustentan en el reconocimiento de la dignidad intrínseca y los derechos iguales e inalienables de todos los seres humanos.
Los derechos humanos deben estar protegidos puesto que son principios inherentes a nuestra naturaleza humana. La crisis humanitaria que estamos sufriendo en el mundo entero, no solo en Europa, con la llegada de personas refugiadas de manera masiva pone en entredicho los acuerdos firmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
La mañana refleja en el Mediterráneo
momentos oscuros de vida,
luminosos como el sol.
Europa, ¿no temes la oscuridad?
La luna escupe una mínima luz:
ella se aferra al cuerpo del niño muerto; él llora.
Iluminados.
Los estados deben promover el progreso social y el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades al tiempo que deben velar por el mantenimiento de relaciones amistosas entre las naciones; así como asegurar, con medidas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación.
El advenimiento de un mundo en el que las personas disfruten de la libertad de palabra y de creencias es una aspiración consagrada en esta declaración donde se proclama la libertad de expresión y de opinión.
Las posibilidades de la poesía para concienciar y ayudar a respetar la Declaración Universal de los Derechos Humanos es mayor de lo que nos podamos imaginar. Ya sea de manera directa y lúdica o, sin olvidar esta parte lúdica, de manera más trabajada en el aula. Por ejemplo, a través de la contextualización de la obra, del análisis de la rima y la métrica, de la elaboración de nuevos poemas (realizados de forma libre o a partir de unas determinadas pautas), de la traducción de poemas en otros idiomas, etc.
Iris Almenara, (Castellón, 1989) es soprano y poeta. Ha ofrecido numerosos recitales de canto lírico y actualmente está acabando sus estudios en el Conservatorio Superior de Valencia. Su relación con la poesía comienza desde bien pequeña, nutriéndose como lectora. Con veinte años debuta como poeta con el colectivo Poetas sin sofá de Castellón con el cual ya publica algunos poemas. En Valencia comienza a recitar en varios centros culturales, participa en proyectos como Acercando orillas de la Cruz Roja y, desde 2014, participa en Slam Poetry Vlc. También ha colaborado en micros abiertos como Versonalidad y ha sido invitada especial de varios eventos poéticos como Vivir en Verso o Moviendopoesía.
Empezando por parafrasear a Bécquer, ¿qué es para ti la poesía?
Poesía para mí son muchas cosas, muchas personas. Según mis alumnos de cinco años, a los que les enseño iniciación musical, poesía son una especie de canciones o pollo frito. Di por válidas todas las respuestas y además estoy de acuerdo con ellas. Es muy difícil definir lo que es la poesía. Pero quizás es muy fácil reconocer lo que no es. Las cosas malas como la guerra, los desahucios, las injusticias, el hambre, la desigualdad no son poesía pero es necesario denunciarlas a través de la poesía. De esta forma parece que cualquier cosa tiene cabida en poesía.
La poesía, sin duda, es algo peligroso, como cualquier disciplina artística que abra la mente, que despierte conciencias, que haga ver más allá de una superficie plana. La poesía son horizontes no lineales, fronteras donde no existe un pasaporte, los edificios de la ciudad a lo lejos, cada hormiga en su madriguera de luz, el oxígeno en los ojos de mi madre, la palabra perdida a mitad de semana, el muro de hormigón lleno de graffitis…
¿Cómo y por qué empezaste a escribir poemas?
Empecé a escribir casi igual que a cantar, digamos que fue una necesidad, una gran necesidad de decir algo. Todos tenemos algo que decir. Mi madre es una gran lectora y a veces escribe. Ella desde que yo era bien pequeña me dejaba libros, me hablaba de libros, me leía sus escritos. Una gran generación hemos mamado de Gloria Fuertes a través de nuestras madres. En cuanto al cómo he de decir que comencé a escribir de manera furtiva y casi clandestina. Diarios, diarios, poemas, reflexiones, incluso un par de novelas. A los 17 años en el instituto una profesora me sugirió que me abriese un blog en Internet. Así nació mi blog Luz y Penumbra. Así comencé desde el anonimato a publicar todos esos abismos que nacían y morían dentro de mí. De hecho hasta hace dos años seguía cómoda en el anonimato, porque me daba vergüenza publicarlo con mi nombre en las redes sociales.
Es curioso el sentimiento de vergüenza que una puede tener. Al final no sé si era vergüenza, miedo o pudor. Quizás una mezcla. Pero de alguna forma me tiré a un barranco sin arnés, ni nada. Porque yo siempre he sido de arriesgar, lanzarme. Lo importante no es volar si no respirar.
¿Soprano y poeta? ¿Poeta y soprano? ¿Cómo se relacionan la música y la literatura en tu trabajo artístico?
¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Es difícil contestar a esta pregunta. Comencé antes mis estudios de canto lírico. Digamos que la poesía vino después aunque siempre estuvo. En mi trabajo artístico la poesía está presente en las canciones que suelo interpretar. Los compositores europeos han basado siempre su musicalidad en textos poéticos de grandes autores como Victor Hugo, Goethe, Schiller, Verlaine…. Incluso Federico García Lorca, quien era aficionado a tocar el piano, con la ayuda de Manuel de Falla, compuso unas canciones.
La poesía siempre ha sido música, y la música siempre ha sido poesía. Son indivisibles, inseparables, totalmente unidas, enraizadas en un abrazo eterno. Como dicen unos versos míos:
El 80 % de nuestro cuerpo
es música,
el resto oscuridad.
¿Cuáles son tus referentes poéticos, tanto clásicos como contemporáneos?
He respirado y vibrado con: Lorca, Gloria Fuertes, Pablo Neruda, Juan Gelman, Rafael Alberti, Cortázar, César Vallejo, Octavio Paz, Joyce Mansour, Leopoldo María Panero, Alejandra Pizarnik.
Algunos poetas actuales que me inspiran profundamente admiración: Ana Pérez Cañamares, Felipe Zapico, Begoña Abad, David González, Javier Gm, Isla Correyero, Manuel Moya…. Y una lista interminable de gente entrañable a la que voy descubriendo incluso en mi rutina, desde redes sociales hasta micros abiertos por la ciudad de Valencia.
Últimamente se dice que la poesía está viviendo cierta «efervescencia»: redes sociales, slams, nuevos poetas y hasta poetas superventas… ¿Estás de acuerdo? ¿Es esto bueno o malo para la poesía?
Sí que es cierto que ahora mismo la poesía está de moda. Si te pones un gorrito, te haces un selfie y lo acompañas de una frase de desamor, tienes la receta perfecta para intentar hacerte un hueco entre los miles de pseudopoetas que piensan que eso es triunfar, triunfar en mayúsculas y triunfar en Internet. Para ciertas personas, más bien jóvenes, Internet es Dios. Si triunfas con tu foto y frase ya tienes asegurado un éxito literario. El problema no es que ellos realmente piensen que triunfan y que lo que hacen es poesía, el problema desde mi punto de vista son ciertas editoriales.
Hay un sector editorial que ha visto el tirón de estos chavales. Una cuenta de Instagram con más de 10.000 seguidores. Perfecta para sacar un poemario. No importa la calidad, la madurez poética, no importa lo que tenga que decir en el fondo esa persona que está detrás del selfie del gorrito. Lo importante es vender. Vender en masa. Llenar estanterías a cualquier precio. Aunque engañen al público y lo más importante: al poeta.
Todos esos jóvenes que ahora publican gracias a su triunfo en Internet viven una gran estafa. Porque ellos piensan que molan y que siempre les va a seguir yendo bien. Pero llegará un momento en que choquen con la realidad, con esos más de 10.000, con esas cifras, con esa cortina de humo, con esa bomba atómica.
¿Cómo separamos entonces el grano de la paja?
Hay cosas más importante que el mal de amores. Y hay que denunciarlas. Yo concibo la poesía como un desahogo pero también como una lucha. Hace tiempo que estamos en estado de guerra, una guerra de desigualdad social muy importante, y no solo eso. A las mujeres nos están asesinando, exterminando. Hemos de denunciar este tipo de cosas. El amor es importante pero no hemos de quedarnos en la superficie del amor, hemos de profundizar en el amor. Y el amor es denuncia del odio.
Ahora bien, es mi opinión y, como yo, la gente opina de todo. Si al menos este tipo de poesía superficial hace que jóvenes se inicien en la poesía, lean y se interesen por este género, genial. El problema es cuando se quedan ahí atrapados, sin interesarse por la otra poesía que hay detrás de las estanterías, las que están al fondo, no las que son de colorines y casualmente están siempre a la vista cerca de la caja del mostrador. Hay que aprender a rebuscar en las estanterías de las librerías y no quedarse con lo primero que encontramos al lado del mostrador.
Recientemente has publicado tu primer libro de poemas, «Ombligo, mundo y raíz» (Ediciones Babilonia, 2016). ¿Qué te lleva a querer reunir y publicar tus poemas en este volumen?
Portada de «Ombligo, mundo y raíz», Iris Almenara. Ediciones Babilonia, 2016.
Me lleva de la mano un amigo a publicar este poemario. Javier Gm me veía por los bares de Valencia recitando y un día me dijo: “Niña, esto lo tienes que publicar”. Así me presentó a mi editor Paco Pérez Belda de Ediciones Babilonia. Esto desembocó en una espiral de trabajo creativo en el que intervino mi familia, sobretodo mi novio Sergio Santes que me aconsejaba y apoyaba en todo momento, al igual que mi amiga Catalina Isis que cuando yo no podía más, ella tiraba para adelante.
También fue curiosa la forma de encontrar una ilustración. Para ello recurrí a una amiga de toda la vida que había estudiado bellas artes. Nadie mejor que ella: Soraya del Rey Martínez. Ella no solo conocía mi blog desde que nos conocimos en el instituto si no que sabía perfectamente traducir mi poesía en imágenes. Y así fue como nació la portada.
Se puede decir que este libro surge del amor entre las personas, del cariño, de la amistad, de la confianza y estoy agradecida de corazón a todos los que me han ayudado con este proyecto tan personal para mí.
¿Crees que sigue siendo imprescindible publicar un poemario para consagrarse como poeta?
Ostras, no sé qué contestar. Publicar un poemario es como parir, eso sí que lo puedo decir. Sientes que algo tuyo ha visto la luz, ha visto al mundo y el mundo lo ve. Quizás no haya que publicar un poemario para consagrarse aunque siempre es bueno compartir con los demás lo que te hace sentir porque la gente llega a sentir a través de ti. La palabra sería compartir.
Para concluir, ¿qué consejos darías a un poeta novel que quiera darse a conocer y, eventualmente, ver publicado su trabajo?
Lo más importante que sea el mismo desde al principio hasta el final. Que se implique, que se moje, que ponga las cartas sobre la mesa, que entienda que para escribir primero hay que leer y leer mucho, y además que sea humilde. Porque la soberbia no conduce a ningún lugar.
La poesía es un espejo, una ventana abierta a la vida y los poetas antes de ser poetas somos hijos e hijas, madres o padres, personas. Con lo cual que siga siempre a su instinto, y que comparta lo que desee con los demás, pero que también guarde. Es importante aprender a guardar para uno.
Miguel Adame Vázquez es un poeta de la vieja escuela, un poeta con mayúsculas, un poeta de los que escasean.
Una de las impresiones que percibe el lector de la poesía de Miguel es la fidelidad que muestra a sus voces. Desde el título nos indica que su voz será la suya, la que habla del dolor, la del poeta arrinconado, el aullido de las injusticias, el susurro del evidente amor con el que perfuma cada uno de sus poemas. En ocasiones uno tiene la sensación de que las poesías se quedaron incompletas o que las publicó con cierta premura aunque ignoro hasta qué punto puede ser cierto. Quizá este detalle es el que más le engrandece ya que escapa del adorno pretencioso, y es que Miguel es un poeta humilde.
“Porque la justicia no es un burdel que se compra con la fuerza de las mentiras.”
Siempre produjo en mí una emoción especial al ver su lógico sistema poético. Este verso, de su maravilloso poema «El color oscuro de la maldad» podría ser el emblema que Miguel Adame ha escogido para titular su poesía. Siempre reconociendo su sentimiento de abandono hasta que aparece ella, aquella mujer que corrige sus defectos y habita sus vacíos.
“Extraño tu luz que ilumina mi universo del error y la desdicha.”
En el poema “Yo he estado ahí” me sentí más cerca de él que nunca, quizá se trate de uno de los textos más valiosos de Poémame. En él podemos encontrarnos su pureza, sus ganas por sobrevivir a un pasado adverso, a un ayer de hirientes golpes que trata y sana gracias a sus sueños intactos.
Miguel se toma muy en serio su trabajo y nos brinda con gran perspectiva una transparente radiografía del alma de la poesía, una poesía en la que, como en la vida, podemos encontrar esos ingredientes que solemos usar: versos inalterables y tristes, con un abandono pasado y versos dulcificados. Pero no seré yo quien descubra sus líneas.
Revele el lector por sí mismo, sin prejuicio, a solas y en silencio, su voz legítima e íntima y se deleite con la lectura de quienes mejor valoran su poesía, lectores con intencionalidad poética.
El color oscuro de la maldad
Veo ante mí, el horizonte el color oscuro que luce la maldad. Es como un ropaje frío que se roba el aliento de los suspiros buenos del calor de la tibia mañana que va naciendo.
No logro comprender sus pensamientos. Sus mentes testarudas no son claras como las almas de los que sí pueden decidir estar con la bondad. Sin ningún mínimo intento, no escuchan la gloria que te bendice por obrar siempre por lo que es bueno. Solo veo su sombra que se crece ante el intento de robar la esperanza de creer.
Solo veo su corazón roto, que ha estado así por muchísimo tiempo. Viviendo en el laberinto de los años que se inclinan siempre por un alma fría que ataca sin ningún remordimiento.
No logro comprender cómo van pisando los pétalos de las rosas, que tú pusiste en el camino para recordar tus pasos andados. Y no replicar el poco remordimiento de ellos por dañar a otros sin ninguna pizca de misericordia.
Apagan sin ninguna vergüenza la flama tibia de la buenaventura. Son como un rostro hipócrita que se encima tras una máscara arrugada por las mentiras.
Con un rezo falso de una bondad que nunca han ejercido, van sembrando la apariencia de que son más que justos.
Pero no les bastarán las plegarias falsas para saciar la justicia de aquel a quien nada se le oculta. No les bastará ocultarse en el más recóndito sentimiento falso, porque no pueden engañar a aquel que todo lo ve.
No les bastará con respirar el odio húmedo que se impregna en sus palabras.
Palabras que resultan ser falsas como sus sueños malignos que no se cumplirán de nuevo.
Porque la justicia no es un burdel que se compra con la fuerza de las mentiras.
Por eso fracasaran de nuevo. Y podré ver el horizonte azul de la verdad.
Yo he estado ahí
Yo he estado ahí. Con la fuerza a tope por la lucha eterna que no se acaba por sobrevivir.
Yo he estado ahí. En una existencia que se escurrir del lodazal de la apatía que solo enferma porque nunca intenta fugarse y salir.
Yo he estado ahí. Como un espanta pájaros que huye de las cicatrices del pasado y que solo consigue nuevamente contemplar la noche que nunca termina.
Yo he estado ahí. Con el corazón roto en mil pedazos por un rompecabezas que nunca se podrá unir de nuevo.
Yo he estado ahí. Con las hojas del otoño en los suelos solo esperando que el viento las pueda alejar de mí.
Yo he estado ahí. Huyendo con el frío de un invierno que nunca pasa del todo.
Yo he estado ahí. Con el crujir del mar agitado que se azota con fuerza hasta deshacer todos tus sueños.
Yo he estado ahí. Tratando de recordar el camino de vuelta a casa de ese laberinto que nunca tiene salida.
Yo he estado ahí. Con las manos llameantes por un fuego que no solo quema lo que es de afuera.
Yo he estado ahí. Caminando en la cuerda floja de la desdicha al regar con lágrimas las flores de mí pasado.
Yo he estado ahí. Queriendo alcanzar la llave que abre los sueños que no son míos.
Yo he estado ahí. En la punta del precipicio más alto sin saber que lo mejor es contemplar lo hermoso que se ve el horizonte desde esa perspectiva.
Yo he estado ahí.
Es por eso que entiendo cuando me hablas con la mirada y me dices que ya no puedes seguir adelante.
De nada sirve el sentir lástima por uno mismo. Te lo digo porque ya no estoy más ahí.
Érase una historia de un amor apasionado
Érase una historia de un amor apasionado. Qué volcó su imaginación recordándote.
No encuentro el sigilo guardado en la memoria. Para vivir y despertar del sueño eterno ante tu ausencia.
Las caricias de tus palabras solo hacen eco en mis razones para subsistir siempre desesperado por tu calor ausente.
Una fuente inagotable de amor emana de mi vida que sin ti ya no es una noche con estrellas.
Extraño tu luz que ilumina mi universo del error y la desdicha.
Mi amor por ti es más que un volcán poderoso que estalla con solo tu recuerdo.
Aún prefiero tener tu amor al lado de mi cuerpo y no logro ocultar el miedo de perderte.
Érase una historia de un amor apasionado que vivió por ti.