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  • La guerra en poesía (2/3)

    La guerra en poesía (2/3)

    LEE LA PRIMERA PARTE AQUÍ

    La Edad Media continuó de alguna manera la tradición clásica en la dedicación a exaltar las hazañas bélicas de sus héroes. Dado que fue un período marcado por conflictos constantes, guerras y luchas de poder, la producción literaria no escapó a la presencia omnipresente de la guerra. Los poemas, en boca de juglares que los recitaban por pueblos y plazas, daban testimonio de las hazañas de los héroes, marcando así la identidad cultural de las gentes. Era una poesía que ensalzaba la valentía, la caballería y el nacionalismo de sus héroes. El Cantar de Mio Cid es un ejemplo claro de lo que afirmamos:

    Ya ha poblado Mío Cid aquel puerto de Alucat,

    se aleja de Zaragoza y de las tierras de allá,

    atrás se ha dejado Huesca y el campo de Montalbán

    de cara a la mar salada ahora quiere guerrear:

    por Oriente sale el sol y él hacia esa parte irá.

    A Jérica gana el Cid, después Onda y Almenar,

    y las tierras de Burriana conquistadas quedan ya.

    (El Cid se dirige hacia tierras de Valencia, 2º Cantar)

    Por su parte, el Cantar de Roldán data del siglo XI y está basado en el líder militar franco Roldán en la Batalla del Paso de Roncesvalles en el año 778, durante el reino de Carlomagno. Destacados fueron, también, el Cantar de Roncesvalles o el Cantar de los Nibelungos.

    Cuando nos adentramos en la poesía renacentista, hallamos un remanso lírico dedicado al bucolismo (Fray Luis), el amor platónico (Garcilaso, Petrarca) o el misticismo (Teresa de Ávila, San Juan de la Cruz). Sin embargo, y aunque tengamos que dejar la lírica de lado, creo que resulta interesante destacar que la mentalidad de rivalidad, tendencia al conflicto y belicismo no es ajena tampoco a esta época. Basta recordar el importantísimo ensayo de Maquiavelo El Príncipe, una de las primeras obras de filosofía moderna en la que su autor aborda el tema general de aceptar que los objetivos de los príncipes, como la gloria y la supervivencia, pueden justificar el uso de medios inmorales para lograr esos fines:

     «El arte de la guerra es el único estudio a que deben dedicarse los príncipes, por ser propiamente la ciencia de los que gobiernan. […] ninguna cosa contribuye tanto a que pierda un príncipe la autoridad de que goza como el no ser capaz de ponerse al frente de sus tropas. Un príncipe desarmado no puede tener seguridad ni sosiego en medio de súbditos armados, debe esmerarse el príncipe en que sus tropas estén bien disciplinadas y ejercitadas con regularidad”[1].

    Imagen creada con IA

    Llegamos al Barroco y nos fijamos en la poesía que surge de la guerra de los segadores. Esta revuelta se remonta al 7 de junio de 1640, día en que, por una de las puertas de Barcelona, entraron 400 segadores. Eran trabajadores eventuales y procedían del Delta del Llobregat. A las 9 de la mañana uno de esos hombres tuvo un altercado con un servidor de los alguaciles reales. El segador quedó mal herido y el resto se amotinó e intentaron quemar el palacio del virrey, varias casas nobles y de juristas de la Audiencia. Esta circunstancia, lejos de quedar en la anécdota, dio lugar  a la sublevación de Cataluña, revuelta de los catalanes, guerra de Cataluña o guerra de los Segadores. Afectó a gran parte de Cataluña entre los años 1640 y 1652 y fue protagonizada por campesinos y segadores que se sublevaron debido a los abusos cometidos por el ejército real. Este estaba compuesto por mercenarios de diversas procedencias, desplegado en el Principado a causa de la guerra con la Monarquía de Francia, enmarcada dentro de la guerra de los Treinta Años (1618-1648). Y tal como se guerreó, se cantó.

    Según Joana Fraga Riberete, “la Guerra de los Segadores” dio origen a una producción literaria inmensa e inédita para justificar y legitimar un movimiento que podía suscitar duras críticas tanto a nivel nacional como internacional. La poesía supone solo una parte de lo que se escribió durante este período, pero tuvo una presencia bastante significativa. Aunque no presente argumentos de carácter jurídico ni esté destinada a las naciones extranjeras, sino al consumo interno, eso no significa que tenga un papel secundario. Estos folletos desempeñaron un papel de extrema importancia a la hora de formar mentalidades y de manipular la opinión pública. Fueron consideradas auténticas armas de combate, junto con las relaciones, las gacetas y los memoriales”[2]. Continúa esta investigadora afirmando que “la forma de este tipo de poesía es bastante sencilla, pues en su gran mayoría se trata de romances y décimas. Los versos cortos y manuscritos que asumían las formas de tercetos, cuartetas y décimas eran esencialmente sátiras y jeroglíficos de tono irónico y mordaz, que contenían críticas abiertas a la monarquía hispánica y a la acción de sus gobernantes.

    Garcilaso de la Vega, el más grande e influyente de los poetas españoles del siglo XVI, le debe su maestría a la guerra. Armas y letras unidas en la biografía de tantos de los autores de los Siglos de Oro. Como se ha indicado para Boscán, en Garcilaso encontramos la imagen del “militar letrado”, la del noble que vive la muerte de las batallas con la misma pasión que la vida de las letras. Desde que en 1520 entra a formar parte de la guardia regia de Carlos I de España, la carrera militar de Garcilaso no dejará de cosechar victorias hasta la última derrota, la que le costó la vida en octubre de 1536: el asalto a la fortaleza de Le Muy, donde recibirá heridas mortales al ser uno de los primeros hombres que avanzó para conquistarla, después de un largo asedio. Y la guerra y su carrera militar le llevó a Nápoles en 1522-1523 y en 1533, y allí pudo conocer de primera mano la poesía petrarquista (con sus hermosos endecasílabos y sonetos) y allí pudo profundizar en la cultura clásica romana y griega, en una de las cunas del humanismo. Y allí comenzará a escribir sus sonetos, canciones, liras y sus famosas églogas, con las que, emulando a Virgilio, sitúa la acción en su Toledo y en su Tajo. Garcilaso de la Vega es el gran poeta petrarquista de España, el que supo sacar en español lo mejor de la tradición que habían comenzado Ausiàs March en catalán y el Marqués de Santillana en castellano a lo largo y ancho del siglo XV:

    Soneto IV

    Un rato se levanta mi esperanza,

    mas cansada d’haberse levantado,

    torna a caer, que deja, a mal mi grado,

    libre el lugar a la desconfianza.

    ¿Quién sufrirá tan áspera mudanza

    del bien al mal? Oh corazón cansado,

    esfuerza en la miseria de tu estado,

    que tras fortuna suele haber bonanza!

    Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos

    romper un monte que otro no rompiera,

    de mil inconvenientes muy espeso;

    muerte, prisión no pueden, ni embarazos,

    quitarme de ir a veros como quiera,

    desnudo espíritu o hombre en carne y hueso.

    Este soneto de Garcilaso es uno de los pocos en los que no se hace referencia a la figura de la amada. En este caso Garcilaso nos habla de su estancia en prisión, en Tolosa, tras haber acudido a la boda de su sobrino. Dicha boda no contaba con el permiso del emperador Carlos I, mandando este encarcelar al poeta y militar.

    En el estudio «Los soldados atemporales de Shakespeare. Pervivencia de unos modos de representación de la guerra»[3], César Labarta Rguez-Maribona señala que frente a los tópicos habituales señalados en el teatro de Shakespeare (los celos, el amor, la envidia…) hay un aspecto que siempre se ha dejado de lado por los estudiosos y que puede provocar una identificación igual de intensa que los otros: los valores militares y la actitud de los hombres ante la guerra. Enrique V sería la obra bélica de Shakespeare sobre la batalla de Agincourt, por excelencia, aunque no el único ejemplo de esta visión de lo militar ni de los diferentes aspectos que lo conforman, que se dejan ver en otras obras del dramaturgo inglés.

    Pasando de puntillas sobre el siglo de las luces ―cuyo sentido de la racionalidad, la pedagogía y el orden nos dejó una literatura tan carente de sentimiento como plena de mesura y frío didactismo― hemos de adentrarnos en el desgarro del sentimiento romántico. La vuelta del nacionalismo, del individualismo y del rechazo a las normas da a luz en el s. XIX una poesía que es toda furia, vigor y tormento del poeta. Víctor Hugo canta a la guerra como a una experiencia inútil, pues todo tirano acaba sustituido por otro. Es la ironía romántica hablando del desengaño frente al poder:

    Estúpida Penélope, de sangre bebedora,

    que arrastras a los hombres con rabia embriagadora

    a la matanza loca, terrífica, fatal,

    ¿de qué sirves ¡oh guerra! si tras desdicha tanta

    destruyes un tirano y un nuevo se levanta,

    y a lo bestial, por siempre, reemplaza lo bestial?

    (Víctor Hugo, Necedad de la guerra)

    Jorge Isaac, por su parte, llora al soldado desconocido, aquel que en las inútiles guerras va que quedando olvidado en tumbas anónimas:

    Llora sobre la tumba del soldado,

    y bajo aquella cruz de tosco leño

    lame el césped aún ensangrentado

    y aguarda el fin de tan profundo sueño.

    Meses después, los buitres de la sierra

    rondaban todavía

    el valle, campo de batalla un día;

    las cruces de las tumbas ya por tierra…

    Ni un recuerdo, ni un nombre…

    ¡Oh!, no: sobre la tumba del soldado,

    del negro terranova

    cesaron los aullidos,

    mas del noble animal allí han quedado

    los huesos sobre el césped esparcidos.

    (Jorge Isaacs, La tumba del soldado)

    Mientras escribimos, mientras leemos, mientas pensamos, comemos o besamos, alguien está siendo víctima de un conflicto armado. Hombre, anciana, niño o mujer embarazada. Mientras el poeta laurea, el hombre mata. Mientras el hombre mata, otro hombre, o mujer, canta más alto. Esa es, seguramente la mayor grandeza y la más infame perversidad que nos identifica como humanos. No es baladí, por tanto, que tengamos que mantener vivo al cantor, como nos pide Horacio Guarany. Es de vital necesidad seguir cantando.


    [1] El Príncipe, Cap. XIV   De las obligaciones de un príncipe con respecto a la milicia.    

    [2] Joana Fraga Riberete, Poesía de combate durante la Guerra de los Segadores (1638-1645), Trabajo final de máster de Estudios Históricos, mención de Historia Moderna, leído en el Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Barcelona el día 22 de junio de 2009.

    [3] «Los soldados atemporales de Shakespeare. Pervivencia de unos modos de representación de la guerra», César Labarta Rguez-Maribona, incluido en Guerra y violencia en la literatura y en la historia: Seminario Interdisciplinar de Historia y Literatura / coord. por Fernando Carmona Fernández, José Miguel García Cano, José Javier Martínez García, Universidad de Murcia, 2018.

  • 3 Poemas de Catalina Garcés Ruiz, poeta colombiana

    3 Poemas de Catalina Garcés Ruiz, poeta colombiana

    Catalina Garcés Ruiz (Colombia). Escritora y Filóloga hispánica de la Universidad de Antioquia. Ha publicado los poemarios Hasta que desaparezca el nombre, Arte Activo (2016), que fue traducido al alemán por Maia Traine para la editorial Parasitenpresse con el título Bis der Name verschwindet (2024); Música sueña, KDP (2020) y Para rostros di-versos, BajaMar editores (2024). Pertenece a KRELIA (Asociación de creadores literarios de Álava) y es cofundadora del Colectivo Nacen voces.

    Lo bello

    Bella es la gente

    que come y ríe,

    que canta.

    Bella la vida

    y la muerte

    cuando transforman

    la piel de un gato,

    las plumas de un loro y sus gritos

    en suave textura de energía,

    un semillero de conocimiento

    para la tierra que pronto florece

    en medio de una despedida

    que nunca es ausencia.

    I

    Sé mi muerte y mi primer aliento.

    Hazme rescate sin tesoro,

    viento alado y sin ruido.

    Suavidad sin piel

    en una habitación sin límites

    de un mundo a la intemperie

    entre muertos de luminosas partículas

    o plumas imperceptibles que ya no hablan.

    Hazme luz y ventana por separado:

    proyéctame en direcciones opuestas

    como alas que no se juntan.

    Tiempo

    A veces el tiempo se expande

    igual que unas alas al vuelo.

    A veces con menos de lo que crees

    puedes lograr lo impensable.

    A veces el tiempo se comprime

    y, aunque vaya lento, no se rinde ante nada.

    A veces el tiempo, con sus partículas de luz apagada

    te dice en la mente y su velocidad

    que entre más alto pienses, más alto vuelas. 

    Y para llegar a cualquier lugar

    no vueles bajo, también susurra a veces,  

    pues las distancias de la mente

    siempre serán cansancio y sueño.

    Pero si el sueño

    te hace consciente de su dimensión,

    no solo todo será posible,

    sino que podría ocurrir

    al mismo tiempo,

    y también en paralelo,

    una elipse en la vida

    más allá de la muerte.

    Estos poemas pertenecen al libro inédito Alas y muertos.

  • La guerra en poesía. Orígenes. (1/3)

    La guerra en poesía. Orígenes. (1/3)

    Todos los ejércitos son iguales

    la publicidad es fama

    la artillería hace el mismo viejo ruido

    el valor es atributo de los muchachos

    los viejos soldados tienen los ojos cansados

    todos los soldados escuchan las mismas viejas mentiras

    los cadáveres siempre han atraído a las moscas.

    (Todos los ejércitos son iguales, Hemingway)

    Reflexiva, filosófica, trovadoresca, palaciega, amorosa, épica, elegíaca o tragicómica, la poesía ha sido a lo largo de la historia un poliedro de lo más diverso. Su campo de inspiración es tan amplio como la inquietud que motiva al ser humano. Por eso, podemos afirmar que tampoco ha sido nunca ajena al conflicto. Al conflicto humano en cualquiera de sus facetas. Incluida la guerra. Los clásicos greco-romanos y los héroes del medievo dedicaron cientos de versos a ensalzar las batallas de sus héroes.

    En Grecia, la Ilíada fue una de las grandes obras de la literatura clásica,  un poema épico escrito en hexámetros dactílicos y dividido en cantos. Se le atribuye a Homero y narra los eventos finales de la guerra de Troya. La Ilíada se inicia con la famosa invocación a la musa, en la que el poeta solicita inspiración divina para relatar la historia de Aquiles y la guerra de Troya. A lo largo de sus más de 15.000 versos, el poema presenta un profundo análisis de la psicología humana, los valores heroicos y las consecuencias de la guerra, convirtiéndose en un referente ineludible para la comprensión del mundo clásico. La guerra en la poesía épica suele ser el escenario donde los héroes demuestran su honor a través de actos de valentía, lealtad y sacrificio:

    «¡Menelao Atrida, alumno de Júpiter, príncipe de hombres! Retírate, suelta el cadáver y desampara estos sangrientos despojos; pues, en la reñida pelea, ninguno de los troyanos ni de los auxiliares ilustres envasó su lanza a Patroclo antes que yo lo hiciera. Déjame alcanzar inmensa gloria entre los teucros. No sea que, hiriéndote, te quite la dulce vida.» Respondióle muy indignado el rubio Menelao: «¡Padre Júpiter! No es bueno que nadie se vanagloríe con tanta soberbia. Ni la pantera, ni el león, ni el dañino jabalí, que tienen gran ánimo en el pecho y están orgullosos de su fuerza, se presentan tan osados como los hábiles lanceros hijos de Panto. Pero el fuerte Hiperenor, domador de caballos, no siguió gozando de su juventud cuando me aguardó, después de injuriarme, diciendo que yo era el más cobarde de los guerreros dánaos; y no creo que haya podido volver con sus pies á la patria, para regocijar a su esposa y a sus venerandos padres. Del mismo modo, te quitaré la vida a ti, si osas afrontarme, y te aconsejo que vuelvas a tu ejército, y no te pongas delante; pues el necio solo conoce el mal cuando ha llegado.» Así habló, sin persuadir a Euforbo, que contestó diciendo: «Menelao, alumno de Júpiter, ahora pagarás la muerte de mi hermano, de que tanto te jactas. Dejaste viuda a su mujer en el reciente tálamo; causaste a nuestros padres llanto y dolor profundo. Yo conseguiría que aquellos infelices cesaran de llorar, si llevándome tu cabeza y tus armas, las pusiera en las manos de Panto y de la divina Frontis. Pero no se diferirá mucho tiempo el combate, ni quedará sin decidir quién haya de ser el vencedor y quién el vencido.» (CANTO XVII).

    En Roma, uno de los poetas más grandes fue Virgilio. Sus obras, junto con las de Séneca, Cicerón, Ovidio, Aristóteles y Platón, se han leído continuamente desde la Edad Media hasta el presente. Los últimos diez años de su vida los pasó Virgilio trabajando en los doce libros de su epopeya La Eneida, que se basó en la Odisea y la Ilíada de Homero. Su epopeya, que también es la epopeya nacional de Roma, ha influido en la literatura durante siglos.  Escrito en hexámetro dactílico, Virgilio convirtió los relatos fragmentados de las andanzas de Eneas en un mito fundacional apasionante, una epopeya nacionalista que vinculaba simultáneamente a Roma con leyendas y héroes troyanos:

    Yo que en la tenue flauta campesina toqué de joven,

    y dejando luego las selvas, obligué a los vecinos campos

     a que obedeciesen al ávido labriego,

    ahora canto las terribles armas de Marte y el varón que,

     huyendo de las riberas de Troya por el rigor del Hado,

     pisó el primero Italia y las costas Lavinias.

    Largo tiempo anduvo errante por tierra y por mar,

    arrastrado a impulso de los dioses, por el furor de la rencorosa Juno.

    Mucho padeció en la guerra antes de que lograse edificar la gran ciudad

     y llevar a sus dioses al Lacio,

    de donde vienen el linaje latino y los senadores Albanos,

    y las murallas de la soberbia Roma (LIBRO I).

    Esta obra pasó a ser un texto de referencia en el sistema educativo romano. Sus primeros libros se convirtieron en algunos de los más citados por los autores latinos posteriores y, como curiosidad destacada queremos resaltar que el mismísimo Virgilio es el personaje que guía a Dante Alighieri en su grandiosa Divina Comedia, obra escrita más de 1300 años después de la muerte del poeta latino.

    Desde la antigüedad clásica, el ser humano optó por los versos para narrar grandes historias. Era la epopeya un gran poema narrativo que daba voz a batallas y héroes para poblar el imaginario colectivo, para ofrecer al mundo una historia popular  y una memoria en la que mirarse. Afirma Martínez que “el héroe y el miles gloriosus[1], la tragedia y el esperpento, el canto épico y la burla de la  caballería  feudal  no  son  sino  el  haz  y  el  envés de  casi  toda  la  literatura  europea”[2]. Y no deja de ser lógico. La literatura recoge aquellos acontecimientos o inquietudes que son cercanos a la vivencia humana, y ¿hay algo más terriblemente familiar y constante en  nuestra historia que los conflictos?

    En  varias obras inaugurales  de  las  literaturas  clásicas está presente el tema de la guerra, vinculado al ideal épico y, de forma más concreta, a la epopeya. El gran poema Mahabharata, por ejemplo, narra la disputa  entre  dos  dinastías  que  optaban  al  trono  de  un  reino al norte del río Ganges. Además del relato bélico, la obra ―formada por más de doscientos mil versos― incluye leyes y disquisiciones morales y filosóficas. Pero de las dieciocho partes en las que está dividida, cinco están completa y específicamente destinadas a mostrar cómo se produjo  la  batalla  entre  los  dos  ejércitos  contendientes. 

    La  lengua  hebrea, por otro lado,  inmortaliza el Libro  de  Josué ―integrado en el Antiguo Testamento―. En él  se  relata  la  conquista  de  la  Tierra  Prometida por  el  pueblo  de  Israel  a  través  de  un  enfrentamiento  armado  cuya  narración,  lejos  de limitarse a mostrar la lucha, recoge también la  estrategia  empleada en  combate por los bandos en lucha. Esto es así porque “la búsqueda de la tierra prometida  supone  una  aventura  colectiva,  destinada a  crear  una  mitología  de  fácil comprensión  alrededor  del  germen  de  un  país  y  del  papel  que  en  él  ha  cumplido  la figura del líder”[3].

    La  literatura  griega  clásica  ha  legado  uno  de  los  más  influyentes  modelos  de  la literatura  bélica  a  través  del  denominado  “ciclo  troyano” al que ya nos hemos referido, y que,  compuesto  de  diversos poemas  épicos  entre  los  que  se  encuentran  los  textos  homéricos Ilíada  y Odisea, relataba la leyenda de la guerra de Troya. El enfrentamiento entre los ejércitos griego y troyano  aparece  como  telón  de  fondo  en  la Ilíada,  que  se  ocupa  de  un  suceso determinado  acaecido  en  la  contienda:  el  enfrentamiento  entre  Aquiles  y  Agamenón  y las  consecuencias  que  genera  en  el  desarrollo  de  la  batalla.  Además  de  presentar  al principal modelo heroico de la literatura clásica –Aquiles–, la obra destaca por mostrar el carácter destructor y alienador de toda guerra, como demuestra el comportamiento de los personajes de la obra, que alternan actuaciones de una crueldad, una violencia y unas ansias de sangre tan desmedidas como gigantescas con parlamentos serenos y lúcidos. Según Weil:

    “El  verdadero  tema,  el  centro  de  la Ilíada,  es  la  fuerza.  La  fuerza  manejada  por  los hombres, la fuerza que somete a los hombres, la fuerza ante la cual la carne de los hombres se  crispa.  El  alma  humana  sin  cesar  aparece  modificada  por  sus  relaciones  con  la  fuerza, arrastrada, cegada por la fuerza de que cree disponer, doblegada por la presión de la fuerza que  sufre  […].  La  fuerza  es  lo  que  hace  de  quienquiera  que  le  esté  sometido  una  cosa. Cuando se ejerce hasta el fin, hace del hombre una cosa en el sentido más literal, pues hace de  él  un  cadáver.  Había  alguien  y,  un  instante  después,  no  hay  nadie.  Es  un  cuadro  que  la Ilíada no se cansa de presentar[4].

    El  tema  bélico  está  presente  en  la  tradición  griega, además,  en numerosos  textos  de  carácter  historiográfico.  De  hecho,  a  pesar  de  que  en  algunas civilizaciones  legendarias  parecen  conservarse  primitivos  documentos  susceptibles  de ser   considerados   textos   históricos   ―así   pueden   ser considerados   los   relieves conmemorativos  de  batallas  en  Mesopotamia  y  Egipto o  los  libros  sagrados  de  las civilizaciones  antiguas―,  tradicionalmente  se  ha  venido  identificando  a  la  figura  de Heródoto  con  la  del  fundador  de  la  historiografía  y,  por  tanto,  su  relato  sobre  las Guerras Médicas como la primera manifestación de la disciplina.

    La fertilidad de la disciplina en la época romana puede ser detectada a  través  de  hitos  como  la  creación  de  los  Anales  o las  reflexiones  que  sobre  su composición  plantea  Cicerón,  en  las  que  se  pone  de manifiesto  la  relación  entre  los textos históricos y los épicos:

    “Es  verdad  que  la  sucesión  cronológica  de  los  anales  por  sí  misma  nos  atrae  solo medianamente,  como  si  se  tratara  de  una  enumeración  de  fechas  del  calendario,  por  el contrario,   las   peligrosas   y   cambiantes   vicisitudes de   un   hombre   extraordinario   con frecuencia  despiertan  admiración  y  suscitan  el  interés,  la  alegría,  la  pesadumbre,  la esperanza  y  el  miedo;  si  encima  concluyen  con  un  desenlace  sorprendente,  el  espíritu rebosa con el agradable deleite de la lectura”[5].

    Las palabras  del  pensador  romano,  tomadas  de  su  tratado Sobre  las  leyes, evidencian  cómo  en  la  época  clásica  la  preocupación  principal  de  quienes  abordaban textos  históricos  no  se  refería  a  la  veracidad  y  a la  exactitud  de  los  hechos  ―pues  se escribía sobre acontecimientos públicos, conocidos por gran parte de la sociedad―, sino, más bien, a la obligación de relatar hechos significativos por su carácter  ejemplar.  Los modelos épicos a los que parece aludir la cita de Cicerón pueden, por sus características formales,  atraer  de  forma  más  efectiva  a  los  receptores  de  los  textos  y,  por  tanto, cumplir  mejor  con  su  función  moralizante  a  pesar  de  que  acostumbren  a  referirse  a sucesos  legendarios  ―que,  no  obstante,  suelen  partir  de  una  base  real―.

    El afán de la epopeya clásica, a medias entre lo moralizante y lo historiográfico, no deja de desnudar el alma humana y su obsesión con el conflicto como modus vitae. Convertida en un lugar común a lo largo de los siglos, la interpretación de la guerra con un acto heroico subraya su condición inevitable. El fenómeno bélico es interpretado asíc omo un acontecimiento del que nadie es capaz de sustraerse, como una prueba con la que necesariamente hay que enfrentarse y como una forma de acción valerosa que revela la esencia de la vida y del hombre. Tendrá que pasar el tiempo para que empecemos a cambiar el tratamiento de los conflictos en poesía. Para que pase del canto al grito. Eso será en los siguientes capítulos.

    ¿Adónde vas, mujer?,

    me gritó el soldado.

    Voy a por leche para el bebé,

    le contesté.

    Guárdate de las bombas,

    necia.

    ¿no ves que el cielo está ardiendo?

    Yo no veo fuego,

    soldado,

    por fin le grité.

    Solo veo miedo,

    arriba y abajo.

    Desde donde yo miro

    solo hay terror emplomado

    y manos de pezón seco

    con las palmas hacia arriba.

    Aquí no llegan las bombas,

    soldado,

    porque no caben entre

    entre los campanarios reventados

    y los tejados de sangre.

    No me grites, soldado,

    por dios,

    que ya grita mi nene

    tan alto

    que hiede a pólvora su llanto

    y los oídos me chillan

    como lunas oscuras

    dando latidos de leche agria.

    ©Rosa Galdona.


    [1] Se refiere este término a la figura antagónica del héroe, el soldado fanfarrón o mercenario, en alusión a una de las obras más conocidas del dramaturgo latino Plauto titulada así (Miles gloriosus).

    [2] MARTÍNEZ, Jesús  Felipe  (2003):  “Si  hay  alguien  más  abyecto  que  el  verdugo  es  el ayudante del verdugo”, República de las letras: revista literaria de la asociación colegial de escritores, 79, pp. 137-148.

    [3] BALLÓ, Jordi, y Xavier PÉREZ (2003): La semilla inmortal. Barcelona, Anagrama.

    [4] WEIL, Simone (1941): “La Odisea, o el poema de la fuerza”, ensayo traducido de la autora en http://hjg.com.ar/txt/sweil/sw_iliada.html

    [5] CICERÓN, “A  sus  amigos”,  incluido en  J.  C.  Fernández  Corte  y  A.  Moreno  Hernández, eds., Antología de la literatura latina. Madrid, Alianza, 1996, pp. 210-212.

  • 3 Poemas de Elisabetta Bonaparte, poeta italiana

    3 Poemas de Elisabetta Bonaparte, poeta italiana

    Elisabetta Bonaparte, egresada en Derecho con una sólida formación humanística del Liceo Clásico de Locri y la Universidad de Reggio Calabria, es una poeta cuya obra destaca por su lenguaje refinado y su profunda sensibilidad hacia temas existenciales y la naturaleza. Su creciente producción se consolidó en 2024 con la publicación de dos notables antologías: «Il volo della rondine» (Aletti Editore) y «Antiche Verità» (Grace Edizioni). Ha sido reconocida con prestigiosos premios en 2025, incluyendo el Primer Puesto en la 5.ª edición del concurso «Liberi di Essere» (Festival «Incostieraamalfitana.it») y el Primer Puesto en la 7.ª edición del concurso «Poesie d’Amore» de Nápoles, además de recibir la Gran Medalla con Mención de Honor en el Premio «Pace in Terra» y la Placa en el Concurso Nacional de Poesía «Nuova Acropoli». Sus poemas, traducidos a varios idiomas, han sido incluidos en diversas antologías y revistas especializadas, y su importante trayectoria fue reconocida con su inclusión en la Enciclopedia de los Poetas Contemporáneos (Aletti Editore, 2024).

    Mujer

    Cofre de palabras

    evocadas por el viento

    vórtice de sueños que se deslizan lento

    en un tumulto implacable

    de instantes fervientes.

    Fiera y solemne

    el alma se fuga

    en una mirada

    que no tiene fronteras.

    Ahora que te veo

    te reconozco

    viva como entonces

    fuerte como una nube

    que amable se disuelve

    o temible se abate

    como una tormenta que no deja escapatoria.

    Haz que sea el tiempo

    tu más fuerte aliado

    que desvele lo eterno del ser

    con sus aparatosas caricias

    y aun cuando cansada

    te sientas derrumbar

    el amor que nutres dentro

    como un volcán que grita

    una vez más hará brillar tus ojos

    etéreos y fulgurantes.

    A tus palabras

    Como agua sinuosa

    fluye y se agita

    canta en el gorgoteo exultante

    libre, se sumerge intrépida

    en la vasta profundidad

    para encontrar alivio

    y espacio gozoso así,

    a tus caricias

    cuando me abrazas serena

    y susurras despacio mi nombre,

    el universo entero

    de repente se esclarece

    desde la profunda penumbra

    resurge

    recobra su luz

    y en la superficie

    me abandono

    y me transporta el viento

    que sobre todo fluye

    ligero

    cesa y se alza

    irreverente audaz

    y me envuelve de paz

    la espumeante ola

    y sus espirales.

    Agridulce

    Del principio conserva

    el candor

    del asombro ante la belleza,

    como el de una flor recién abierta.

    Te envuelve y te transporta

    su perfume

    más allá de los sentidos del tacto humano,

    donde atisbos de infinito

    revelan rastros

    de esencias profundas.

    Saborea -hijo mío-

    sin reparo alguno,

    hasta lamer en el fondo

    la última gota, el néctar agridulce

    de la vida.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 Poemas de Fella Andaloussia, poeta argelina

    3 Poemas de Fella Andaloussia, poeta argelina

    Fella Andaloussia (Argelia). Combina una formación académica en Econometría e Informática con una trayectoria profesional de trece años en puestos de responsabilidad (incluyendo jefa de agencia comercial, jefa de proyecto nacional en telecomunicaciones, directora de grandes cuentas e inspectora). Es autora de tres libros publicados por las ediciones El Qobia en Argelia —entre ellos Kamila, un volcan de sentiments ! (2021) y Kamila la voie de la renaissance (2024)—. Actualmente, mantiene una actividad constante en redes sociales, donde comparte reseñas, modera encuentros en vivo con escritores argelinos y difunde material sobre literatura universal, con el fin de incentivar la lectura y las pasiones artísticas en los jóvenes.

    El grito de la esperanza

    De repente, ya no escucho nada.

    Intento comprender lo que me dices, pero es en vano.

    Ya no te veo.

    Intento reaccionar.

    Quiero gritar que ya no te sigo.

    Pero eso no sirve de nada.

    Estás ahí, pero pareces ausente.

    Todo es confuso.

    Es el vacío absoluto.

    Y, sin embargo… me siento tan bien.

    He sido arrastrada por el infinito.

    Hacia un camino desconocido.

    Esa mano extendida.

    Que viene a llevarme hacia ti, a lo lejos.

    Apenas me recupero.

    Nada se ha perdido.

    Y, sin embargo, tanto tuve

    sin darme cuenta de toda esa ganancia.

    Retomo las riendas de mi vida.

    Ya no escucho, no veo nada.

    Sin embargo, tanta necesidad tengo de creer

    que todo irá bien.

    Mediterráneo.

    Veo lo que ocultas

    me nutro de ti.

    Cada ola que pasa,

    como las páginas que leo.

    La vida porta tus estados de ánimo.

    Es tu perfecto espejo.

    Sin ti, en mis noches sombrías,

    moriría en el olvido.

    Sáciame con tu azul,

    antes de que me marchite.

    Tu espuma de rimas libres

    es mi más bella esperanza.

    Ya pihi irakema

    He sido contaminada por tu ser.

    Una parte de ti vive en mí y ahí crece.

    Ya pihi irakema*, ese vocablo que quiere conocer

    todos los detalles de tu vida.

    He sido deslumbrada por tus delirios.

    una parte de mí se ha reconocido

    de qué serviría huir de ti

    cuando tus palabras se incrustan en mi mente.

    He sido atropellada por tu mirada

    que me dejó completamente desnuda

    has desatado toda mi historia

    Ya pihi irakema, estoy perdida.

    He sido mecida por tu dulzura

    tu ternura me ha seducido

    has sabido penetrar mi corazón

    tomando posesión de mi vida.

    He sido la mujer que quería ser

    contigo todo es posible

    has sabido con tu amor liberarme

    de mis miedos, que han terminado por huir de mí.

    Ya pihi irakema, y me busco

    sin ti me siento morir

    de nada sirve dejarte

    tu amor seguirá siendo mi más bello refugio.

    *Ya pihi irakema: «Una parte de ti vive y crece en mí». Así es como los pueblos indígenas Yanonami expresan su amor en la Amazonia.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • Activar la imaginación

    Activar la imaginación

    Mucho se ha escrito y hablado sobre la poesía a lo largo de milenios así que, la única intención de este artículo es la de intentar colaborar desde la humildad con aquellas personas que se inician en el fascinante mundo de la escritura, aportando algunas ideas derivadas de mi propia experiencia en este terreno. Estas líneas también podrían ayudar a los lectores a la hora de disfrutar y apreciar aún más el trabajo que hay detrás de sus versos favoritos.

    Comencemos por definir los elementos básicos que debería contener un texto poético, ya sea en verso o en prosa. Desde mi punto de vista, estos serían tres:

    El ritmo: se logra al combinar silencios con repeticiones de elementos como sonidos (rimas o aliteraciones, por ejemplo), el número de sílabas de los versos, la posición de sílabas tónicas y átonas, palabras, estructuras gramaticales o ideas, entre otros. Un buen uso del ritmo sería el que emplea una o varias de estas repeticiones y provoca cierta cadencia acorde con el tema que se aborda.

    El vocabulario: es fundamental elegir cuidadosamente las palabras que se van a emplear según el propósito del texto, así como colocarlas en lugares estratégicos para que tengan un mayor o menor protagonismo.

    Las imágenes poéticas: se logran a través de un lenguaje sensorial y figurado que crea representaciones vívidas en la mente del lector.

    A simple vista, todo esto puede parecer muy complicado, pero en realidad es la práctica lo que nos hará abordar la tarea de la escritura sin que nos suponga una constante vigilancia a los aspectos formales, de manera que resulte en un texto fluido y natural. Y para practicar, vamos a comenzar con una actividad que nos puede servir para ejercitar la creación de imágenes poéticas.

    La característica primordial de estas imágenes es su originalidad –algo indispensable para sorprender al lector–, que solo se consigue si empleamos bien la imaginación y nos alejamos de esos clichés tan temidos por los buenos poetas. Unir la imagen de una paloma blanca a la idea de la paz es algo que no impresiona a nadie. Sin embargo, si, por ejemplo, utilizamos las huellas de un ciervo en la nieve como representación de la paz, el lector va a encontrar algo diferente que puede incluso llegar a conmoverle.

    Para activar la creatividad y la imaginación a través de la asociación de ideas y usarlas en imágenes poéticas sorprendentes, les propongo el uso de los “binomios fantásticos”.

    Los “binomios fantásticos” fueron acuñados por Gianni Rodari (1920-1980), escritor, educador y periodista italiano que realizó un trabajo excelente dentro de la renovación educativa. Su obra «Gramática de la  fantasía» es el principal exponente de sus ideas sobre la creación de historias, convirtiéndose con el tiempo en un clásico de la literatura pedagógica.

    El concepto de binomio fantástico se basa en asociar dos palabras que inicialmente no tienen conexión lógica, para crear una historia interesante, un título o una imagen. Entre las dos palabras es necesaria cierta distancia; una tiene que ser lo suficientemente extraña para la otra, y su unión debe ser discretamente inusual, para conseguir que la imaginación se active buscando una afinidad, una situación (fantástica) en la que los dos elementos extraños puedan coexistir.

    Pongamos el caso de dos sustantivos comunes como “luna” y “hombro”. Podríamos jugar a combinarlos en diferentes contextos hasta conseguir dar con algo que nos emocione o que tenga la originalidad que deseamos, aunque nunca alcancemos la maestría de Vicente Aleixandre en estos versos de su poema “Solo morir de día”, del poemario “La destrucción o el amor”:

    Una mágica luna del color del basalto/ sale tras la montaña como un hombro desnudo.

    Otros ejemplos de magníficas imágenes poéticas son también:

    La montaña que me mira también es madre, y por las tardes la neblina juega como un niño por sus hombros y sus rodillas. (Gabriela Mistral, “Poemas de las madres”)

    El tiempo se agrandaba en los rincones, / se detenía en torno al corazón, (José Agustín Goytisolo, “Alguna noche”)

    Un enjambre de silencios acostados/ ha sobrevivido al holocausto. (Rosa Galdona Pérez, “La última esquina del viento”)

    Solo si estamos dispuestos a ejercitar la imaginación, desprendiéndonos de las ideas demasiado repetidas por tantos otros con anterioridad y del miedo a crear nuevas y sorprendentes imágenes, podremos perfeccionar nuestra escritura. El empleo de los binomios fantásticos puede ser de gran ayuda para ello, además de para enfrentarnos a la página en blanco o a un bloqueo creativo. Solo es cuestión de practicar y practicar como si de un juego se tratara.

    Por último, recomiendo el uso de los buscadores aleatorios de palabras –que se pueden encontrar fácilmente en internet– ya que estas herramientas seleccionan palabras al azar, sin un patrón o criterio predefinido.  Intentar conectar esas palabras será el reto poético que debemos superar.

    Texto publicado previamente en:

    https://www.actecanarias.es/es/node/1624

  • 3 Poemas de Consuelo Hernández, poeta colombiana

    3 Poemas de Consuelo Hernández, poeta colombiana

    Consuelo Hernández (Colombia-Estados Unidos). Es Catedrática Emérita de American University en Washington D. C.. Mordiendo la penumbra (2025) es el título de su más reciente poemario recién publicado en España y prologado por el poeta francés Carles Díaz. Sus distinciones incluyen: Premio Antonio Machado de Poesía en España, por su colección Polifonía sobre rieles. En EE. UU recibió International Latino Book Awards, Mención Honorífica al Mejor Libro de Poesía (2022) por Estela del azar / Wake of Chance, y el 2024 recibió Premio Internacional Mezquita Hassan II, del Foro Internacional de Creatividad y Humanismo y la Cámara de Escritores y Artistas de Marruecos. Como investigadora posee el Premio James Street Prize de la organización de Middle Atlantic Latin American Studies por la excelencia en la investigación y por el mejor artículo publicado en Latin American Essays. Su obra Álvaro Mutis: una estética del deterioro mereció el Premio Ciarf Wagner de New York University. Ha sido oradora en los tributos a Octavio Paz y a César Vallejo en la Biblioteca del Congreso, institución que la incorporó a su colección Audio Recording por su trabajo poético.

    Derrumbe

    Amanezco con un olor a pesadumbre

    un grito atascado en la garganta

    y un sabor a frutas mordidas…

    El humo de hornos crematorios

                clave de mis desvaríos

    dibuja galerías en serie

    por donde viajan estrellas apagadas.

    Una urbe vuelve fresca a mi memoria

                mojada por la íntima nieve

    museo de cera donde también rodé

                ciudad-torbellino-ciega

    agujero negro que se traga a los niños

                y les deja turbia la mirada.

    La casa de naipes se derrumba

    como caracol de vidas y batallas perdidas…

    otra manera de escalar el final

    para encender de nuevo

                             una llama de esperanza.

    Ave de mal agüero

    No es mi función ser ave de mal agüero

    pero cómo callar lo que la tierra grita

    con todas las lenguas de su cuerpo.

    Los flautistas de Hamelin

    al abismo nos lanzan

    fieles a sus dioses codiciosos.

    Vamos hacia la catástrofe

    lo gritan mis pesadillas

    lo anuncian las estrellas

    lo dicen las noticias de la tele

    lo advierten voces tenebrosas.

    Vamos hacia la catástrofe

    me lo dice una progresión desconocida

    la ilógica lógica de los poderosos

    esta avaricia sin orillas que deja serpentinas de miseria.

    Marchamos hacia la catástrofe

    a la brecha entre palabra y verdad

    entre palabra y bondad

    entre palabra y belleza.

    Catástrofe que creíamos diseñada para otros

    que no éramos nosotros.

    Oración

    Protégeme, Señor, de tanta escoria

    atravesada en mis veredas

    purifica mi sangre de rencores.

    Brilla mis huesos,

    hazlos flautas de melodías más sublimes.

    Dame forma de piedad

    compadécete, Señor, de tantos necios

    que merodean en mis predios.

    Desteje el manto de la ira

    y cuídame del zarpazo de las gatas.

    Despoja a los miserables de sus armas,

    somételos a tus leyes

    las leyes de tu grey.

    Vuelve a los hipócritas estatuas

    y congela las lenguas viperinas.

    Haz que reconozca el disfraz de la maldad,

    dame vida para usufructuar tus espacios

    y que no me llegue tarde la dulzura.

    Une mi petición al viajar del universo.

    Soy maestra de lidia,

    pero no permitas que me agote en la pelea.

    Hazme ver claro.

    desata mis cadenas…

    Oye la súplica de tu fiel devota

    y no permitas que las caras de Saturno

    las sonrisas del payaso

    las miradas afiladas se detengan a mi vera.

    Así sea.

    Foto por Vanesa Borgoña

  • Al caire de l’abisme: retrat de la fragilitat humana 

    Al caire de l’abisme: retrat de la fragilitat humana 

    Al caire de l’abisme. Guillem Benejam. Adia Edicions. 88 pàgines. 12 euros.

    Guillem Benejam (Ciutadella, 1990) és una de les veus més sòlides entre els joves poetes en llengua catalana. Al caire de l’abisme és una proposta que emprèn un viatge d’exploració a través de la fragilitat humana, la crítica social i la naturalesa illenca. L’obra, estructurada en quatre parts, amb un pòrtic a càrrec de Pere Gomila i unes notes aclaridores del propi autor, es fonamenta en una idea central: la consciència que l’existència, tant individual com col·lectiva, es desenvolupa en la tensió constant de la precarietat, just al caire del col·lapse, un fracàs que és tant una amenaça com una oportunitat per brillar. Aquesta poesia esdevé, doncs, una reflexió que cava en el llenguatge per trobar allò que és essencial i indicible.

    El títol, Al caire de l’abisme, ens interroga. Benejam gaudeix, aparentment, d’una vida satisfactòria: poeta reconegut, professor i director d’una institució com els Salesians. Aquest contrast entre l’estabilitat personal i la radicalitat del títol convida a una pregunta ineludible: de quin abisme ens parla l’autor? La conclusió és que l’obra no es refereix a cap crisi personal de l’autor, sinó a l’abisme col·lectiu.

    El llibre s’inicia amb una citació del poeta Blai Bonet que afirma que «anar per terra fosca és tenir ja una fonda voluntat de brillar», marcant des del principi el to d’un optimisme que neix del fracàs. La primera part, titulada «El rostre del capvespre,» ja anticipa amb el seu to elegíac i melancòlic una invitació a reflexionar sobre la fi d’una civilització que sembla esgotar-se. Benejam utilitza la natura, especialment l’illa de Menorca i el treball del camp fet a l’antiga, com a territori per trobar el sentit de la vida.

    El poeta és profundament conscient que la natura és al caire de l’extinció tal com la coneixem, víctima de la tecnologia, el turisme de masses, el capitalisme salvatge i l’agricultura intensiva. L’abisme es multiplica, incloent-hi el perill d’extinció d’una cultura i d’una llengua, el català, que l’autor estima i que veu amenaçada per «un crit inculte» i la foscor més pregona. Les ferides s’acumulen i el poemari no defuig temes com la mort dels qui s’ofeguen al mar buscant un món millor. L’art, en aquest context, emergeix com la força capaç de restaurar el desig enmig de l’absurd de l’existència.

    La segona part s’endinsa en aquesta meditació sobre la foscor, evocant el passat com un territori de bellesa i esperança irrecuperable. La poesia és clarament una recerca que intenta dir allò que no es pot dir amb paraules, allò que només s’entreveu. El canvi més notable arriba a la tercera part, amb només cinc poemes que destaquen pel seu canvi formal. L’ús dels alexandrins amb cesura exigeix una formulació neta, gairebé oriental, de despullar la paraula per deixar-la només als ossos. I és precisament d’aquesta senzillesa extrema, d’aquesta veritat sense adorns, d’on brolla l’optimisme més invencible: un optimisme ferm i dur perquè sorgeix directament de la foscor i la consciència de la fragilitat.

    En definitiva, Al caire de l’abisme és un poemari d’una gran honestedat intel·lectual i lírica. El concepte del «caire de l’abisme» esdevé la consciència clara de la nostra pròpia fragilitat i de com l’ésser humà viu sempre al caire del fracàs. La cita inicial de Blai Bonet es tanca amb l’obra: no hi ha ningú més optimista que aquell que es rebolca en el fang de la possible caiguda. Aquesta poesia no ofereix respostes fàcils, sinó una reflexió sobre la nostra responsabilitat d’evitar la caiguda en aquests temps confusos, mantenint l’esperança gràcies als petits rajos de llum que ens arriben. 

    Aquí us deixo un petit vídeo on l’autor conversa amb Pep Antoni Roig: https://www.youtube.com/watch?v=y831Y8VsUmM

  • 3 Poemas de Lynda Chouiten, poeta argelina

    3 Poemas de Lynda Chouiten, poeta argelina

    Lynda Chouiten (Argelia). Doctora por la Universidad Nacional de Irlanda, Galway, y profesora de literatura inglesa en la Universidad de Boumerdes. Es autora de una treintena de artículos de crítica literaria y de dos libros académicos: un estudio sobre la obra de Isabelle Eberhardt y una obra colectiva sobre la autoridad. Chouiten también ha publicado un cuento (Les Pierres du Pays des Baggans, publicado por Talsa), un poemario (J’ai Connu les déserts, publicado por Constellations) y otros poemas (en francés e inglés) en revistas y antologías, una colección de cuentos (Des Rêves à leur portée, publicada por Casbah) y tres novelas, la primera de las cuales (Le Roman des Pôv’Cheveux, publicada por El Kalima) fue preseleccionada para dos prestigiosos premios, y la segunda (Une Valse, publicada por Casbah) ganó el Gran Premio Assia Djebar en 2019. El tercero, titulado Les Blattes orgueilleuses (publicado por Casbah), se publicó en octubre de 2024. En abril de 2022, Chouiten fue seleccionada para una residencia de escritura en la Cité Internationale des Arts (París), donde permaneció cuatro meses.

    A resguardo del mundo

    A resguardo del mundo

    en la pequeña isla que soy

    jardineo:

    planto flores

    y siembro semillas encontradas

    en algún lugar de mi mente

    o en los libros de los antiguos

    sin saber jamás si

    crecerán algún día

    y si podré alimentar con ellas

    a los escasos transeúntes.

    A resguardo del mundo,

    cuando no jardineo,

    vago largo rato

    por la isla abandonada

    y, como Pulgarcito,

    siembro guijarros

    a lo largo del camino

    con la esperanza de no perderme.

    He conocido los desiertos.

    He conocido los desiertos.

    Sus vastedades arrogantes.

    Sus soles y su sed.

    Sus silencios ardientes.

    Como sus dunas doradas,

    y mucho más traicioneras,

    y sus tormentas de arena.

    He conocido los escalofríos

    de sus noches ululantes

    he conocido los escorpiones

    he conocido las serpientes

    y mil y un espejismos

    que aún persigo.

    Conozco los desiertos

    sus trampas y su desprecio

    y quizá algún día

    también conozca

    sus hermosos amaneceres rojos

    y sus verdes oasis.

    Metamorfosis

    Me privaron del cuello

    y lo vi crecer de nuevo

    largo y majestuoso

    para sostener mejor mi cabeza

    que comenzó a florecer

    Me doblaron la espalda

    pero, al encontrarme a cuatro patas

    me convertí en yegua

    y, con mi crin al viento,

    me fui al galope

    Me serraron los hombros,

    pero unas alas gigantescas

    los reemplazaron lentamente,

    y heme aquí, Pegaso,

    sí, ahora vuelo.

    Traducción al español por Mariela Cordero

  • 3 Poemas de Concetta La Placa, poeta italiana

    3 Poemas de Concetta La Placa, poeta italiana

    Concetta La Placa (Italia) Poeta, escritora, aforista, crítica, traductora, activista social y autora de la revista Alessandria Today. Está presente en la escena poética internacional. Ha publicado ocho colecciones y sus poemas han aparecido en antologías de los cinco continentes. Es miembro oficial de RRM3, Accademia della Farsala, Camara Internatiipna Degli Scrittori e Artisti (CIESART) y Literature.

    Rojo como el sol moribundo

    Rojo estaba aquel sol que se iba a morir,

    la última vez que te esperé en vano,

    frente al Arco de la Paz.

    Se iba apagando lentamente, al igual que

    mi esperanza de volver a abrazarte, justo ahí,

    en ese lugar donde nuestra banca verde,

    siempre muda, incluso ahora, como entonces, había quedado desoladamente vacía.

    En aquel crepúsculo de septiembre, no estaba ni la sombra de nosotros,

    solo el rubor de aquella desilusión que se abrió camino en mi interior.

    Hoy es roja también la cicatriz que hay en mi corazón, que aún sangra por aquel amor,

    perdido para siempre.

    Fue amor.

    He borrado

    de mis sueños

    los años perdidos.

    Fue una inmensa felicidad

    estrecharte por fin contra mí.

    Conocí contigo

    la pasión.

    Fue un éxtasis infinito,

    amor.

    Desierto de soledad

    Si tu imagen

    aún estuviera encerrada

    en mis ojos y tus manos me acariciaran

    y tus labios hubieran

    rozado los míos, hoy, podría intentar olvidarte en soledad.

    Pero este amor siempre ha sido vivido perpetuamente en la sombra,

    como rayos ocultos tras nubes solitarias.

    Siempre ha sido vivido a distancia, como el valle tan lejano de la cima de una montaña.

    Si tu sonrisa burlona

    hubiera sido empalagosa

    en mis recuerdos más significativos, hoy, tendría una razón más para intentar olvidarte.

    Y, en cambio, sigo sublimando y amándote, como una flor nacida en este desierto de soledad en que se ha convertido mi corazón.

    Traducción por Mariela Cordero