Violeta Savu. Poeta, dramaturga y performer nacida en Bacău, Rumania; licenciada en matemáticas, es miembro de la Unión de Escritores de Rumania y editora de Ateneu (la revista cultural más prestigiosa del país), donde colabora con crítica literaria y ensayos de bellas artes. Su obra poética comprende cinco libros: Refugii în lyric (Refugios en la lírica, 2004), Atocmiri (Forjando rimas, 2006), Din depărtare el mă vedea frumoasă (Desde lejos él me veía hermosa, 2011), Franjuri (Flecos, 2016) y su más reciente publicación, O bucată de zi în mijlocul nopţii (Un trozo de día en plena noche, 2025). En su faceta teatral, fue galardonada por la obra Clara și Robert. Hârtie cu portative, que reconstruye la historia de amor de los Schumann, y presentó su espectáculo unipersonal Je suis Frida (poema dramático) en el Simposio Internacional de Moinești en 2019; además, es autora del prefacio de la colección de arte internacional “Deliver-ME” de Mia Nazarie y Maja Engler.
Prefacio
Cómo me hubiera gustado al amanecer
lavarme las mejillas con agua de manantial
guardada en la botella que alguna vez perteneció a la abuela.
Por la mañana, el agua fluye con un sonido monótono
me pongo rímel en las pestañas frente al espejo
arcoíris esféricos se multiplican y luego fluyen
entre mis dedos.
No todo muere, los colores se adentran
en mi cabello oscuro y mi mente
regresa a la infancia,
a la casa de los abuelos,
de la que solo quedan fotos antiguas.
No quiero saber por qué, por las mañanas,
tras la muerte de mi abuela,
si miro más profundamente en el espejo,
veo el rostro del hombre que se marchó a pintar iglesias.
El áspero susurro
de la mochila
levantada sobre los hombros
un tren, un sueño de Rublev, un niño
y yo en un vapor
de otro mundo
te imagino.
Camisa
En la película L’Avventura, de Antonioni, una mujer le regala una camisa a su mejor amiga.
Lo entendí: las manos de la primera mujer tanteando el sedoso tejido, el olfateo de los aromas
que quedaban en la tela, la torpeza de la otra mujer
cuando finalmente aceptó el regalo… Todo ello era un ritual de renuncia.
Anoche me enviaste una foto de un aniversario.
durante toda la noche me atormentó el deseo
de desvestir a tu mujer.
Ahora es de mañana, volví a ver la foto
y la crueldad de la luz cambió mi estado de ánimo.
Imagino mis manos poniéndose la camisa,
dándole al ritual un significado inverso.
Portón cerrado
El portón estaba cerrado. Las barras de hierro forjado, los huestes, la campana, en el poste con capiteles blancos, defectuosos.
En el silencio de la noche, los ojos hipnóticos del perro negro me clavaban la mirada. Despertado de su sueño, el guardia se acercó y abrió el portón.
El hombre con el que estaba entró en el patio, mirándome continuamente, con intensidad.
Fuertes mecanismos de separación se fijaron a mis resortes internos.
Hasta que dentro de mí, sobre mí misma, en silencio, me cerré.
Amado mío, ahora tengo el valor de escribirte, de decirte:
entonces debiste recomponerme, en la dirección opuesta a como lo haces
con las mujeres que pules en los frisos de las iglesias.
Jiang Yimao (China). Es oriundo del condado de Fengdu en Chongqing y residente actual en dicha ciudad; es un célebre poeta y escritor de la China contemporánea, además de miembro de la Asociación de Escritores de China. Su obra poética y en prosa ha sido difundida en prestigiosas publicaciones nacionales e internacionales como Poetry Periodical, Chinese Poetry, People’s Daily, Study Times, la revista mensual italiana POMEZIA-NOTIZIE, Istok (Serbia) y Global Nation Daily (Bangladesh), entre otros medios. A lo largo de su trayectoria, ha sido galardonado con el Premio de Colección de Poesía del 6.º Premio de Poesía Contemporánea, el 7.º Premio de Literatura Gem de China y el 29.º Premio Internacional de Poesía «Hueso de Jibia» en Italia, entre otras distinciones. Es autor de poemarios como Fuera de la ventana, Tributo a la juventud, Estilo antiguo con rima del corazón, El tiempo no duerme y la edición bilingüe chino-inglés Poemas selectos de Jiang Yimao; parte de su producción literaria ha sido traducida a más de diez idiomas.
Mi Ashram
La colina detrás de la vieja casa
domina una vista panorámica del patio de muros de piedra.
En la infancia, arreaba bueyes y cabras para pacer en la hierba cubierta de rocío,
esperando a que el sol saliera por el este.
El rugir del estómago hambriento, estalla como la voz de los niños;
la ladera está cubierta de hierba silvestre y árboles jóvenes,
que aplauden con la brisa de la mañana.
Durante décadas, esta cresta de montaña
ha sido el aula a la que debo entrar al volver a casa.
La colina estéril está tachonada de cipreses verdes,
que esconden la columna vertebral de la antigua generación de aldeanos.
La hierba muerta meciéndose sobre la tumba de mis padres
canta en voz baja en la intemperie
los barrancos de mi tierra natal
han forjado el ashram para mi cultivación espiritual.
El esplendor de la primavera
Un árbol lleno de flores de acacia con distintas capas,
se balancea tras sucesivos días de viento y lluvia
una tras otra, desatan sus vestiduras, se quitan la ropa
esperando a que llegue el amado gorrión.
La luz de la primavera fluye a través del valle verde;
el arroyo esmeralda lava sus pies y baja a la orilla.
El cálido sol ha suavizado las arrugas de la frente.
Las buganvillas en flor transmiten la noticia,
en el caluroso y ardiente verano,
se celebrará un gran banquete bodas…
El Viento
Color desconocido,
forma elusiva,
suele crecer en el pecho del sol y la luna,
variando en tamaño y altura.
No solo tiene afinidad con las hojas de tres otoños y las flores de marzo,
mil pies de olas y las diez mil varas de bambú,
sino que también disipa la niebla densa en la selva,
junto al canto de las cigarras que colman los árboles.
Estos poemas pertenecen al libro Selected Poems of Jiang Yimao. Poetry Pacific Press (2025)
Daniel Corbu (Rumanía). Nació el 7 de abril de 1953 en Tg. Neamt. Es miembro de la Unión de Escritores Rumanos desde 1990. Se graduó en la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest (1983). Desde 2004 es director fundador de la revista Feed Back. Debutó en 1984 con el libro de poemas Entering the Stage. Ha publicado más de 20 libros (poesía, ensayos, memorias). La Presidencia de Rumanía le concedió la Medalla de la Orden del Mérito Cultural en grado de Caballero en 2004. En 2011, la Academia Rumana le otorgó el Premio Mihai Eminescu. Está considerado uno de los poetas rumanos contemporáneos más importantes.
El manual del buen solitario
Mi boca aún te conoce besando delgadas cuchillas
mis manos aún te conocen llorando sin razón
pobre de mí, errante a través de los espejos
los fragmentos de la canción han quedado en silencio
y hay tanta quietud como si hubiera muerto en varios cuerpos a la vez.
Alguna vez nos encontramos entre los disparos de la risa
desafiamos las horas sin hojas desde lejos
ahora avanzo más y más asustado por miedo a vivir el futuro de alguien más.
Mi boca aún te conoce besando delgadas cuchillas
mis manos aún te conocen llorando sin razón
en las calles crepusculares alguien proclama el tótem del amor
el regreso a los libros que nos derrotan las palabras pasan cansadas
como lavanderas al atardecer
los ángeles duermen los amigos envejecen en las fotografías
el manual del buen solitario se lanza a la habitación.
Entre un grito y otro
A mis críticos provocadores
Entre un grito y otro
así es como viví.
Ustedes, que sostienen los bordes de mi laberinto rugiendo,
que me esperan cada mañana con un rostro diferente,
que han inventado diques de lágrimas,
¡no detengan el fluir de mi mano hacia mi corazón!
sueño como si estuviera incrustando jeroglíficos en las nieves movedizas.
Observo las líneas del destino mezclándose
a veces me quedo escondido en los rincones de la canción.
En el mundo, las pasiones de una mujer lisiada se muelen lentamente.
Ustedes, que sostienen los bordes de mi laberinto rugiendo,
¡no cubran mi grito y no me tienten con la felicidad pospuesta!
Poema sobre la ausencia susurrante
Bueno, ha terminado otro año lleno de errores.
Podría mentir en cualquier momento
podría darte las vocales de un idioma
hablado solo por mi para ti, ausencia susurrante durante tanto tiempo
No te he dado rosas, en ti yace la locura
desde lejos y los disparos se oyen en mí
las puestas de sol unen sus brazos y lloran con las manos girando
como si tuviera un corazón en cada dedo.
Me liberaste del azul de la piedra, de la hierba verde,
solo de tus ojos de cabello largo, nadie me enseña.
Por ti perdí todas mis máscaras,
LLEVO A MI ESPALDA LOS DOMINGOS,
ESCUPO EL HORIZONTE COMO LOS HEREJES LAS IDEAS SAGRADAS.
Hacia el atardecer entro en mí mismo como en una catedral desierta,
La naturaleza ha sido siempre una fuente de inspiración para los poetas. En los paisajes naturales, el escritor ha hallado desde tiempos inmemoriales un lenguaje propio que les permite comunicar emociones y reflexiones sobre la vida y sobre sí mismos.
El medio natural ha representado habitualmente un elemento simbólico recurrente en el que el ser humano se ha visto reflejado. Es más, podemos afirmar que la naturaleza se ha brindado desde muy pronto como metáfora de las emociones humanas que, cristalizada en poemas, se vuelve imagen del sentimiento del escritor y también del lector. El mar como inmensidad, el cielo como infinitud, la noche como soledad, la tormenta como sufrimiento o el río como devenir de la propia vida son ejemplos de esto. Se convierten en un espejo verbal del corazón del escritor.
En un poema, podemos encontrarnos con la calma de un bosque:
Lo normal es que nadie
se dé cuenta al principio.
Me ha dado por maravillarme
de los árboles del parque.
Algo puedo deciros:
son hermosos
y lo saben.
(Dorothea Tanning)
Podemos hallar, también, la caricia amiga del mar como medicina del alma:
A ti regreso, mar…
A ti regreso, mar, al sabor fuerte
De la sal que el viento trae hasta mi boca,
A ti regreso, mar, cuerpo tendido,
A tu poder de paz y tempestad,
A tu clamor de dios encadenado,
De tierra femenina rodeado,
Cautivo de la propia libertad.
(José Saramago)
Desde la antigüedad clásica se ha cantado a la naturaleza. Uno de los ejemplos más claros que conservamos es la obra de Tito Lucrecio Caro, romano del siglo I a. C. que escribió Sobre la naturaleza de las cosas. Este era un largo poema filosófico que se considera al mismo tiempo una de las obras más grandes de la antigüedad clásica y una de las más extrañas. El poeta Ovidio proclamó que «los versos del sublime Lucrecio» perdurarían mientras lo hiciese el mundo, por ejemplo, y Cicerón escribió que el poema era «no solo rico en brillante ingenio, sino artísticamente elevado»:
Recorro extraviados parajes de las Piérides, de nadie antes hollados. Me agrada descubrir fuentes intactas y de ellas beber; me agrada tomar flores recientes y buscar para mi sien una insigne guirnalda en lugares de donde nunca la tomaron las Musas para ceñir la frente de un hombre. Primero, porque enseño cosas excelsas y me esfuerzo en libertar el ánimo de los apretados nudos de las supersticiones; además, porque sobre asunto tan oscuro compongo versos tan luminosos, rociándolos todos con el hechizo de las Musas. (Libro IV)
La Razón de Amor con los denuestos del agua y del vino es un poema de comienzos del siglo XIII firmado por Lope de Moros en el que encontramos un escenario floral destacable por su descripción bucólica en la que se oyen la paz y el agua:
Todas yervas que bien olién la fuent çerca si la tenié: y es la salvia, y sson as rrosas, y el liryo e las violas; otras tantas yervas y avía que sol nombrá no las sabría; mas ell olor, que d´í yxía a onme muerto rressuçitarya. Prys del agua un bocado e fuy todo effryado. En mi mano prys una flor, Sabet, non toda la peyor; E quis cantar de fin amor[1].
Los Siglos de Oro fueron ejemplo maravilloso de la lírica pastoril centrada en la alabanza de la vida en Natura. Veamos, si no, este fragmento de la Égloga III de Garcilaso de la Vega:
Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura,
toda de hiedra revestida y llena
que por el tronco va hasta el altura
y así la teje arriba y encadena
que’l sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
alegrando la hierba y el oído.
En definitiva, siempre ha tenido el hombre la inquietud y la atracción por la naturaleza como ese medio seductor en él hallamos respiro, confianza, belleza y reflejo de todo lo que nuestra alma busca en cada momento. Los poetas contemporáneos nos siguen dejando constancia de eso:
Cantan las hojas,
bailan las peras en el peral;
gira la rosa,
rosa del viento, no del rosal.
Nubes y nubes
flotan dormidas, algas del aire;
todo el espacio
gira con ellas, fuerza de nadie.
(Octavio Paz)
Dónde la humedad se guarda
asistidora y mansueta
y el resuello del calor
no alcanza a la Madre Gea,
suben, suben silenciosos
como unas palabras lentas,
en silencio suben, suben
estos duendes manos quietas.
(Gabriela Mistral)
No muere la poesía de la tierra jamás;
cuando todas las aves desmayan de calor
ocultándose en frescos ramajes, una voz
corre de seto en seto el prado ya segado:
es la de la cigarra, hecha la voz cantante
del lujo del estío; no agota su placer,
pues cuando se fatiga de divertirse así,
descansa a gusto bajo alguna grata hierba.
(John Keats)
La capacidad que posee la poesía para funcionar como una metáfora de la vida y como un refugio y reflejo de las emociones humanas le ha permitido trascender a culturas y épocas. Literatura y emociones han sido una pareja de baile perfecta. Se encuentran, se abrazan y abren la puerta a una danza impecable e infinita de palabras y horizontes, armonía y respiro, mar y lluvia, hierba y viento:
A veces busco el mar para sobrevivir al viento.
A ese viento yerto y obsceno del océano que no sabe volar.
Cuando llego a la orilla, la ola está húmeda de amor.
Cuando me descalzo, esa ola me besa y me invita a un abrazo
de arena negra.
Y ponemos velas blancas sobre labios de sal
en un mantel de agua mullida como el agasajo de un dios.
Entonces, el crepúsculo de voces marinas
danza sobre nosotros
dibujando liturgias profanas con sus pies de luz.
Y bebo de su cáliz.
Y borro de todas mis libretas el viento severo que no sabe volar.
[1] Texto según Giovanni Battista De Cesare, Storia e testi della letteratura spagnola medioevale, Cagliari, Istituto sul Rapporti Italo-Iberici, 1986, pp. 134-135.
Sankar Sarkar (India). Autor bilingüe galardonado con más de veinte libros publicados. Editor, crítico, traductor, ensayista, filósofo y poeta contemporáneo, su obra destaca por su profundidad intelectual. La poesía de Sarkar aborda con sensibilidad el sufrimiento humano, la injusticia social y las complejidades de la vida moderna. Su trayectoria creativa equilibra la tradición y la innovación. Con una visión ética y filosófica propia, su escritura está profundamente comprometida con la realidad social. Ampliamente publicado y premiado, el trabajo de Sarkar cuenta con reconocimiento nacional e internacional, consolidándolo como una voz respetada en la literatura contemporánea global.
Kurukshetra por dentro
Los ideales chocan en la modernidad
como hormigas que luchando en la castidad del almíbar
una búsqueda incansable por sobrevivir por las vibraciones
a pesar del agua, la sed prospera
¿Era el dolor de Arjuna orgullo o pena
en la despiadada llanura de Kurukshetra?
¿Era la igualdad de Krishna? ¿Diplomacia?
somos víctimas del tiempo en una falacia laberíntica.
Aunque el girasol hable de posibilidad
y con nuevas esperanzas se alce el porvenir
somos meros luchadores en la diplomacia divina.
caminando, corriendo todo el día en la futilidad.
Arado de la tierra del futuro
Deja que tu pluma se asiente
entre tus dedos
para arar la tierra del futuro
y susurrar a oídos empedrados
el tiempo está a punto de agotarse.
No es momento de esconderse
entre los surcos del amante
para oler y deslizarse.
Escucha las palabras de plomo
murmuradas por los ancestros
deja que tus palabras les sobrevivan
y protesten contra los depredadores.
Peregrino envuelto en niebla
Como un extraño, atraído por el camino
adicto al código del viaje sin fin
visiones de olas oceánicas flotan en mis ojos
guiado por la seña de tu amorosa apariencia.
Soy ilimitado, una chispa sin ataduras
una impaciencia de infinito ladrido salvaje
me levanto del trance por el suave beso de la tierra
a los pasos del abismo del tiempo desvanecido.
Oigo de ti a la luz y a la sombra
te veo con una brizna de hierba empapada por la lluvia
en la niebla que cae de alas nubosas
en el horizonte cubierto de adherencias de polvo.
En tu tierra, soy un extraño
te quiero, te busco por todas partes
por error, vuelvo aquí innumerables veces
si te recupero como un rastro fugitivo
permanezco despierto durante la noche imperecedera
La escritura ha sido concebida desde siempre como un ejercicio de creación por el que significamos al mundo y lo recreamos mediante la palabra. Por tanto, el escribir ha de entenderse como una actividad ligada a nuestra propia subjetividad, un acto en el que contamos nuestro particular entendimiento del mundo. Nosotros (sujeto) narramos el mundo (objeto).
El desconcierto me asalta, siendo esto así, al comprobar que el yo masculino está escrito desde la Antigüedad. La historia de la literatura está plagada de grandes nombres: Virgilio, Dante, Petrarca, Shakespeare, Cervantes, Dostoyevski, Kafka, Dickens, Baudelaire, Chéjov, Balzac, Borges, Lorca, Wilde, Cortázar… Son tantas las voces en masculino que diríase que la literatura es hombre, que el sujeto de la escritura es siempre él. La mujer que tradicionalmente estudiamos en literatura es la mujer objeto, aquella de la que se habla, pero que es muda. La Beatriz de Petrarca, la Isabel Freire de Garcilaso, la Guiomar de Antonio Machado y tantas otras pasaron a la historia por ser “la inspiración” que detonaba el impulso lírico del hombre. Y esto ha sido así hasta no hace demasiado tiempo.
De hecho, la concepción del crítico norteamericano Harold Bloom de canon literario occidental es la de un conjunto de obras y autores que alcanzan el rango de “autoridades en nuestra cultura”. Según este autor, la consecución de tal rango obedece a razones exclusivamente estéticas, lejos de los intereses ideológicos que amenazan la integridad del canon desde las filas de la “Escuela del Resentimiento”, en la que incluye el enfoque feminista de la literatura.
Vista, pues, la opinión de un crítico de la talla de Bloom acerca de la altura literaria de lo escrito por mujeres, habrá que alzar la mano para decir “¡ Debajo de todo eso estoy yo!” Este crítico de Yale, ya fallecido, sentó cátedra en su momento, pero pecó en su enfoque de una óptica masculina, blanca, heterosexual y anglosajona. Solo incluyó tres escritores de habla hispana: Cervantes, Borges y Neruda. Solo incluyó a tres mujeres: Jane Austen, Emily Dickinson y Virginia Woolf. ¿Es eso universalidad?
Hoy, su canon está muy discutido, cuestionado y rebatido. Pero sirve de referente, no cabe duda, de voz autorizada frente a qué se considera o ha considerado literatura, frente a lo escrito más allá de lo “canónico”.
La mujer escribe y refleja su subjetividad en lo que escribe. Y no es reciente. De hecho, el primer poeta de la historia fue mujer y gobernó la ciudad más importante de Sumeria. Hija del rey acadio Sargón I, fue Suma Sacerdotisa de la ciudad de Ur, donde ejercía competencias religiosas y políticas. Su estatus le sirvió para ser una de las primeras mujeres en la historia de cuyo nombre se tiene identificación. Actualmente, se la considera la primera poeta de la humanidad. Galeano resaltó de ella: “Enheduanna vivió en el reino donde se inventó la escritura, ahora llamado Irak, y ella fue la primera escritora, la primera mujer que firmó sus palabras, y fue también la primera mujer que dictó leyes, y fue astrónoma y sabia en estrellas[1]«. Sus poemas dedicados a la diosa Inanna han sido traducidos 4000 años más tarde por los especialistas en Mesopotamia.
Evocar el protagonismo de Safo en la antigüedad clásica, de Wallâda en la España musulmana o de aquellas audaces trobairitz[2] que se abrieron paso entre la élite trovadoresca provenzal debería ser motivo sobrado para despejar cualquier sombra de duda sobre la raigambre de mujeres que han escrito y han sido protagonistas de su discurso. Sin embargo, su huella se nos pierde, muchas veces, entre los renglones más humildes de cualquier enciclopedia… se sumerge en la insignificancia y en la intrascendencia de aquello que no representa la versión oficial-masculina-establecida.
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Pero basten estos ejemplos citados como testimonio de que no tiene sentido la ausencia de sujetos escribientes femeninos (de ESCRITORAS) en los manuales que manejan nuestros jóvenes en el colegio o los institutos. Su ausencia no es inexistencia, sino desatención histórica real. Desatención que, afortunadamente, ha ido solventándose con el tiempo. Aunque hayan tenido que sobrevivir muchas veces a la sombra de sus eminentes esposos (Zenobia Camprubí al cobijo Juan Ramón Jiménez, María Teresa León detrás de Alberti, Sofía Tolstoia (que trascribió para su marido hasta diez veces Guerra y Paz)… Pero terminemos con un ejemplo actual, para el lector más reticente: la esposa de Stephen King es escritora, como él. Casados ambos desde 1971, Tabhita King cuenta con más de 15 libros publicados, entre novelas, cuentos, ensayo y poesía. Sin embargo, solo la conocemos como “la mujer del autor de El resplandor”. Y así podríamos estar hasta el agotamiento. Pero no se trata de cansar, sino de visibilizar.
No olvidemos, pues, que la mujer que escribe existe y ha existido siempre, pese a que, paralelamente, ha parido, criado y cuidado de una familia. Lo suyo es, pues, una aventura más que ardua. Una carrera de fondo en la que su voz lucha por ser escuchada:
Escribir y ser mujer se presentan como dos tareas que deben construirse a sí mismas. Desde la penuria del gabinete privado a la claudicación del seudónimo masculino, queda abierto, ahora más que nunca, este tema. ¿Es la escritura un acto neutro? Habitar un lenguaje es transitar por las metáforas de una época y un pueblo. La cartografía del mundo está construida con los aparejos de la gramática [..] La mujer ha tenido que amueblar una literatura que había vivido sin su presencia activa […] Reivindicar con orgullo lo femenino, dar voz a los menospreciados susurros de visillo y costurero […] recuperar una palabra y una imagen que por tanto tiempo nos habían sido usurpadas[3].
[1] Eduardo Galeano, Los hijos de los días, Siglo XXI Editores.
[2] Según Isabel de Riquer, y de acuerdo con la documentación existente, «las trobairitz de las que poseemos datos eran esposas, hijas o hermanas de aristócratas occitanos […] Pertenecían, pues, al mismo círculo familiar y social que los trovadores […] y fueron aceptadas por ellos […] Por otra parte, la iconografía representa muchas veces a algunas mujeres con un instrumento musical en la mano o con actitud declamatoria, lo que apoya que la actuación femenina era considerada como un elemento constitutivo de la vida cultural de la época». Para una mayor información sobre el tema, véase el artículo de esta autora «Tota dona val mays can letr’apren: las trobairitz», incluido en Mujeres y Literatura, Angels Carabí y Marta Segarra, eds., Barcelona, PPU, 1994, págs. 19-38.
[3] Rosa Mª Rodríguez Magda, Femenino fin de siglo. La seducción de la diferencia, Barcelona, Anthropos, 1994, págs. 139-141.
Don Cellini (Estados Unidos). Poeta y traductor radicado en Savannah. Ha publicado cinco libros de poemas y traduce poesía de poetas latinoamericanos. Además de sus libros, este año tendrá disponible su mini-pliego titulado “Ars Poetica for our Time,” compuesto a mano e impreso en una prensa tipográfica clásica. Es fotógrafo ocasional y el editor de traducción para The Ofi Press en Ciudad de México.
Hace unos meses escribí un artículo titulado “Mestizajes músico-poéticos”, que acababa diciendo: “…que la música y la poesía se entrelazan de forma única es apasionante”. Siguiendo el hilo de ese apasionamiento, y dado que la Historia apenas se ha hecho eco de ellas, hoy quiero centrarme en el papel que han desempeñado las mujeres en ese mestizaje.
Empezaré hablando de la Antigua Grecia, donde la mujer tenía una posición secundaria y controlada por los varones y se dedicaba fundamentalmente al cuidado del hogar y de los hijos. Sin embargo, hubo excepciones a esta norma, y entre esas excepciones encontramos a las hetairas. Estas eran mujeres libres que generalmente ejercían las funciones de artista, contertulia, prostituta y acompañante. Recibían una educación que las formaba en áreas del conocimiento como la filosofía o en diferentes artes como la música, la danza y la poesía, por lo que era común que participaran en los simposios interpretando sus propias creaciones poético-musicales.
Si avanzamos en el tiempo y nos fijamos en cómo era la vida de las mujeres en la Edad Media, comprobamos que sus condiciones no habían mejorado demasiado. El acceso a la cultura y la educación seguía estando vedado para la gran mayoría de ellas y solo unas pocas, pertenecientes a los estratos más elevados de la sociedad, tuvieron ese privilegio. En este reducido grupo estaban las trovadoras que,igual que sus homónimos varones,componían sus obras poéticas y musicales y las interpretaban, o las hacían interpretar por juglares o ministriles, en algunas cortes señoriales de Europa. Hay constancia de que, por ejemplo, el rey Alfonso X el sabio se rodeó de mujeres como María la Balteira, que se atrevieron a enfrentarse a las normas de la época y escribieron composiciones dedicadas al amor y al erotismo, algo impensable en una época en la que las mujeres solo podían abordar temas religiosos.
Los juglares también tuvieron su versión femenina: las juglaresas, soldaderas, cantaderas, troteras o danzaderas. Estas juglaresas o soldaderas ( llamadas así porque actuaban a cambio de un sueldo o salario), que llegaron a ser muy populares en el s. XIII, eran de origen humilde y viajaban de pueblo en pueblo realizando un espectáculo de música, danza y poesía, siempre acompañadas de un juglar y de una manceba que hacía las veces de ayudante. A pesar de la popularidad de la que gozaron estas mujeres, la mayoría de los textos medievales que las citan lo hacen para denigrarlas y condenarlas supuestamente por prostitución y para recordar a los clérigos que no debían frecuentarlas ni darles alojamiento.
Estas breves pinceladas históricas podrían servir para certificar que la vida de las que se dedicaron a crear y/o difundir versos musicados nunca fue fácil.
Si damos un salto de varios cientos de años y estudiamos el trabajo de las cantautoras españolas de finales del franquismo, podríamos afirmar que su labor artística fue de todo menos sencilla. Mujeres como María del Mar Bonet, Cecilia o Mari Trini, por citar solo a tres, tuvieron que lidiar con la censura imperante y con la cerrazón de la sociedad previa a la transición para lograr transmitir mensajes de igualdad o hacer crítica social y política. Para ello, necesitaron emplear letras afiladas que envolvían sutilmente en una dulzura, a veces bucólica y otras, abstracta. Nada que ver con la fuerza que irradian las nuevas generaciones de cantautoras de nuestro país.
Y llegamos al siglo XXI, en el que aún tenemos que estar sacando de las sombras del olvido a muchas mujeres poetas. Me gustaría mencionar aquí a algunas de ellas, cuyos versos han sido musicalizados y cantados por intérpretes femeninas. La lista es larga, pero he hecho una selección de tres de mis favoritas.
En primer lugar, hablaré del excelente trabajo realizado por Christina Rosenvinge en su disco “Los versos sáficos”. La cantante madrileña siempre ha cuidado con mimo las letras de sus canciones, pero en este álbum Rosenvinge reinterpreta los versos de la genial poeta griega desde el pop contemporáneo y nos cuenta: «Devolverle la música a los versos de Safo. Ese era el propósito con el que empezó este proyecto. Su poesía nació cantada, no escrita”.
Este disco es consecuencia de algo mucho más ambicioso, el espectáculo “Safo”, un poema escénico, visual y musical llevado al Teatro romano de Mérida en 2024, protagonizado por Rosenvinge y creado junto a María Folguera y Marta Pazos con el asesoramiento de la excelente poeta Aurora Luque, sin duda una de las voces más acreditadas por su profundo conocimiento de la obra de Safo, la enorme poeta de Lesbos del s. VII a. d C.
También quiero mencionar a Sheila Blanco, una joven salmantina que combina distintos géneros musicales como rock, folk, pop o música clásica con textos de su propia creación y una voz muy cuidada. Además, ha realizado magníficas adaptaciones musicales de las obras de poetas españolas como Rosalía de Castro o de las mujeres de la Generación del 27 en su álbum “Cantando a las poetas del 27” (2020), trabajo que le llevó tres años de investigación para recuperar el legado de estas mujeres poetas españolas.
Por último, me gustaría hablarles de Cristina Mora, cantante, compositora, pedagoga y musicoterapeuta que combina jazz, pop, folclore y música africana. Ha musicalizado poemas de García Lorca o de Emily Dickinson, además de los de su propia madre, la genial poeta cordobesa Ángeles Mora, en un espectáculo músico-poético titulado “De ficciones y canciones”. He querido incluirla en este artículo porque una de las canciones de su espectáculo pone música a un hermosísimo poema de su progenitora en el que parece que por fin la Historia, como un río lleno de las voces de todas las mujeres silenciadas, hace temblar la Tierra.
Anabelle Aguilar Brealey (Costa Rica). Poeta y narradora. Ha sido publicada en Costa Rica, Venezuela, España y Canadá. Es miembro del Círculo de Escritores de Venezuela. Es miembro correspondiente extranjero de la Academia Venezolana de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española.
Lasitud
Se aleja
la bahía de la esperanza
cuando el viento va más rápido
para los sauces
que para la neblina
hay cosas que ya ni duelen
en la hojarasca
que cruje bajo el peso de los cuerpos
siento un trivial olor a vértigo
de hojas caducas
la miel del ártico
es insípida
ya los niños
de pálidos zapatos
no juegan
con el papel
ni con la risa
déjame partir
que se hace tarde
así la luna
encenderá mi cuerpo
y el polen será útil
para las abejas nuevas
Desmesura. Editorial El Pez Soluble. Caracas
*
Haré una pirámide
de papel
con la planicie de mi cuerpo
estaré como siempre
en todas
y en ninguna parte
algunos pensarán
que jamás existí.
De Todopoderosa. Ediciones Torremozas. Madrid. 2000
Intermitencia
Los cantos rodados
dan la exactitud del infinito
cada círculo
lo lleva a su prestigio
mudan el lugar
pero es el mismo
vienen de las
fuentes de los abismos
tropiezan y los baten
las aguas insolentes
lanzándolos a la orilla
tienen cuerpo de pájaros
animados
pulidos y tiernos
pero
sin alas
los recojo
para que no sufran el desgaste
desde el nacimiento
tengo ese poder
de cambiar los procesos
Profanación del huerto. Editorial Costa Rica. 2016
El siglo XX nace, crece y muere manchado por dos contiendas mundiales. Lo aderezaron con ímpetu infinidad de guerras locales en distintos puntos del planeta, muchas de las cuales, a día de hoy, siguen latiendo muy vivas en todos los continentes. Hay una famosa sentencia del filósofo alemán Theodor Adorno que considera que es “barbaric” escribir poesía después de Auschwitz. Y no le faltó razón en su momento. Pero entonces, ¿qué hacemos mientras duran las matanzas en Gaza, en Ucrania, en Siria, en Yemen…[1] Nuestro escenario vital está manchado por la sangre por las cuatro esquinas, y por eso hemos de seguir contándola. Escuchemos una de esas voces. La de Wilfred Owen:
Dulce et decorum est
Encorvados, como mendigos ancianos con el hato a cuestas,
Chocando las rodillas y tosiendo como viejas, maldecimos a través del lodo.
Logramos dar la espalda a los acechantes destellos enemigos
y emprendimos el penoso camino hacia nuestro retirado descanso.
Los hombres marchaban dormidos. Muchos iban descalzos,
pero avanzaban, cojeando, con los pies bañados en sangre.
Todos iban lisiados, todos cegados, ebrios de fatiga, sordos incluso
al silbido de los rezagados obuses 5.9 que detrás de ellos caían.
¡Gas, GAS! ¡Rápido muchachos! Torpemente, a tientas nos ponemos
justo a tiempo las incómodas máscaras,
pero uno de nosotros quedó gritando, indeciso
forcejeando, como atrapado en cal viva o en fuego…
Vagamente, a través de los vidrios empañados y una verde luz espesa
vi cómo se ahogaba hasta el fondo de un glauco mar.
En todos mis sueños, ante mi mirada impotente,
se desploma ante mí y es engullido por una cloaca, asfixiado, ahogándose.
Si también tú, en tus pesadillas, pudieras ir marcando el paso
detrás del carretón en el que lo arrojamos
y ver en su cara unos ojos blancos de angustia, retorciéndose,
su cara de ahorcado, como la de un demonio hastiado de su propio pecado;
si tú también, en cada tumbo, pudieras oír la sangre
saliendo a chorros de sus pulmones consumidos,
obscena como un cáncer, amarga como el pus
de llagas atroces e incurables en lenguas inocentes,
entonces, amigo mío, no contarías con tanto entusiasmo
a unos chicos que ansían una gloria desesperada
esa vieja Mentira: Dulce et decorum est
pro patria mori.
Wilfred Owen (1893 – 1918) fue un poeta británico reclutado a los 22 años como soldado en la Primera Guerra Mundial. Después de vivir en carne propia lo terrible del conflicto, escribió versos en los que denunció lo que realmente pasaba en las trincheras y en el campo de batalla. Así, expresó el dolor, el cansancio, el hambre y la desesperación a la que se vieron enfrentados miles de jóvenes que partieron al frente con la esperanza de convertirse en héroes. En contra del discurso patriótico que imperaba en el periodo, decidió mostrar lo cruento de una lucha que no beneficiaba a nadie. En este poema hace referencia a la famosa frase de Horacio que dice «Dulce y honroso morir por la patria», idea que circulaba durante aquella época para animar a los jóvenes a enlistarse.
En España, la guerra civil fue un hachazo del que surgió mucha poesía herida de muerte. Porque el escritor que vive y respira en ese contexto grita de diversas maneras contra el horror circundante. Y lo sigue haciendo en este primer tercio del siglo XXI que ya llevamos cabalgado. Porque la guerra no cesa. Brota como una mala hierba por todos lados. Y el poeta lo denuncia:
rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.
Todos la oímos.
Los niños han gritado.
Su voz está sonando.
¿No oís? Suena en lo oscuro.
Suena en la luz. Suena en las calles.
Todas las casas gritan.
Pasáis, y de esa ventana rota sale un grito de muerte.
Seguís. De ese hueco sin puerta
sale una sangre y grita.
Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados
gritan, gritan. Son niños que murieron.
(Oda a los niños de Madrid muertos por la metralla, Vicente Aleixandre)
Con un brazo gris doblado sobre un rostro verde
El polvo de los carros que pasan lo cubren,
Yaciendo a la vera del camino en el lugar apropiado.
Porque ha cruzado la última visión lejana
Que nos oculta el valle de los muertos. (Muertos de guerra, Gavin Ewart)
Briznas de paja crujiendo por doquier.
Los pedazos de vela se erigen solemnes y nos observan.
A través de la bóveda nocturna de la iglesia
Flotan gemidos, palabras ahogadas a medias.
Hay un hedor a sangre, pus, mierda y sudor.
Los vendajes supuran bajo uniformes raídos.
Manos trémulas tiemblan y los rostros se contraen.
Los cuerpos se mantienen erectos mientras las cabezas agonizan de lado hacia abajo.
A lo lejos la batalla truena siniestra. (Hospital militar – Wilhelm Klemm)
En «Las barricadas de París, de Haussmann a Mayo del 68: una aproximación poética y sociológica»[2], Ángel Clemente Escobar estudia la poética del París insurrecto y su concreción en las representaciones literarias de Mayo del 68, en concreto todo lo relacionado con un elemento constructivo revolucionario como es la barricada, su recorrido histórico y cuáles son sus principales características significativas desde el punto de vista de la poética del imaginario y la semiología del espacio urbano, para posteriormente abordar el desarrollo de las barricadas de Mayo del 68.
La guerra nos acompaña como especie desde que empezamos a caminar sobre dos piernas. Desde siempre, por cuestiones de dominio territorial, de rivalidad entre tribus, de imposición religiosa, de acaparación de recursos, de prestigio o supremacía… Siempre hemos tenido la tentación de dominar al otro. Somos así. Digamos que el conflicto es consustancial a la especie humana. Por eso, algo tan humano también como el arte, la necesidad de crear y recrear nuestro mundo a través de la música, la pintura o la palabra la tiene entre sus tópicos más frecuentes, entre sus temas más abordados.
Hablar de la guerra. Llorar por la guerra. Gritar por la guerra. La poesía nos abre una ventana gigantesca, desde hace mucho tiempo, para que podamos tallar, dibujar o enfangar la imagen de la guerra… ¡No dejemos que esa ventana se cierre! Por Ucrania, por Palestina, por Siria, por Etiopía, por Yemen, por Líbano… Según el diario El País (21 de mayo de 2025), el año 2025 recibe un mundo en guerra con 56 conflictos y guerras activas. Es para hacérnoslo mirar. Porque el llanto no basta.
Imagen creada con IA
Ahora que suenan las sirenas,
no recuerdo ni cómo me llamo.
Sé que estoy bajo tierra,
viva, pero como cal viva,
muerta de pavor.
Ahora que la pólvora hace hogueras
de niños crudos
y que la sangre de mi hermano
es el desagüe de mi boca,
ahora que esos cuervos metálicos
me tienen aquí sepultada en mí misma,
me trago las manos que me han salvado,
me aprieto la cintura con las bocas asediadas,
con los ojos ateridos
y me rindo.
No puedo más.
Que paren las bombas de reventar cráneos,
de desmantelar amparos y regazos.
Que paren porque no puedo más.
Que paren de romper madrigueras,
de pintar estadísticas de trincheras descalzas,
de lisiar almas con el látigo de Caín.
Que paren porque no puedo más.
[1] “El Índice de Paz Global, que año a año publica el Instituto para la Economía y la Paz (IEP, por sus siglas en inglés), se ha convertido en la última década en un termómetro de la guerra y la actitud confrontacional en la que se encuentra medio mundo. De acuerdo con la organización con sede en Australia, alrededor del planeta se encuentran 56 conflictos armados activos, una cifra que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial”. Información obtenida en El País (Hugo Mario Cardenas, 5 de ene de 2025.
[2] Angel Clemente Escobar, Las barricadas de París. De Haussmann a Mayo del 68: una aproximación poética y sociológica. Incluido en Guerra y violencia en la literatura y en la historia: Seminario Interdisciplinar de Historia y Literatura / coord. por Fernando Carmona Fernández, José Miguel García Cano, José Javier Martínez García, Universidad de Murcia, 2018.