Carmen Cristina Wolf nació en Caracas, Venezuela, en 1953. Es poeta, ensayista, editora y correctora de estilo. Directora del Círculo de Escritores de Venezuela, su obra poética publicada comprende Fragmentos de isla, Prisión abierta, Canto al Hombre, Canto al Amor Divino, Atavios, Escribe un poema para mí, Huésped del Amanecer, La Llama Incesante. Ensayos: Vida y Escritura; Sobre el Apocalipsis (entrevista a Josefina Chacín Ducharme). En co-autoría: Travesía del alma (Doce escritoras con Teresa); Santa Teresa de Ávila (Poemario en conmemoración del quinto centenario de su nacimiento).
PROMESA
Traje conmigo algunas piedras de la ciudad perdida y un puñado de versos sin destino
Respirar lo imposible, sin esperar noticias recrearse en la experiencia de la sed El oleaje aparenta una conversación con las otras máscaras
Mejor no oír su voz, quebrantaría el inquieto sosiego del mar Si los sueños dejaran de serlo se perdería el gozo de la promesa
La espera, un eterno comienzo
Miré en celaje el vuelo de tus cabellos a través de la vidriera
Recé para que no fueras tú. Así nunca te poseería del todo
El vuelo del alma no debe caer abatido en la piedra más honda.
El oficio, aguardar en la ciudad que se abre al horizonte
AUSENCIA
Los minerales permanecían mudos sus contornos buscaban las formas
−aún no había tonos verdes
El germen de conciencia se dejaba ceñir por los océanos
Él se acercó, tenía atisbos de aurora en su mirada mis manos fueron el refugio exacto de sus cabellos un temblor de sangre abrasó mis entrañas
Desde entonces −cuando regreso al mundo− Vuelvo a sentir los pasos de su ausencia
ATAVÍO DE LA MEMORIA
Él nombraba las cosas con sonidos graves y conocí la risa
su porte recordaba el vuelo del albatros y el tornasol del tigre
Íbamos los dos solos intensamente unidos
Desde entonces, asistí innumerables veces a nuestro nacimiento Alguna vez vuelve el esplendor
Espero que regrese su mirada de mineral profundo
Poemas pertenecientes al libro Atavíos, Editorial El Pez Soluble, 2006.
Veronica Elizabeth Marian Forrest Thomson (1947-1975) fue una poeta y teórica crítica inglesa. Una atmósfera de misterio envuelve a esta poeta, que creció en Glasgow (Escocia) pues quienes la conocieron guardaron siempre celosamente cualquier dato biográfico o personal acerca de ella. Estudió en
la Universidad de Liverpool y en Girton College, Cambridge, y enseñó en las
Universidades de Leicester y Birmingham.
Será maldecida la raza de los poetas, porque ha herido.
– Veronica Forrest Thomson
Veronica murió mientras dormía el 26 de abril de 1975 a la edad de 27 años, como resultado de una sobredosis de drogas recetadas y alcohol. Estuvo casada con el escritor y académico Jonathan Culler desde 1971 hasta 1974, quien gestionaría su patrimonio literario. En 2013, el poeta y académico Gareth Farmer organizó el establecimiento del Archivo Veronica Forrest Thomson en la Biblioteca de Girton College.
La poeta inglesa Veronica Forrest Thomson
Dos volúmenes publicados con posterioridad a su muerte, En la periferia (1976) y Artificio poético: una teoría de la poesía del siglo XX (1978) reúnen, respectivamente, su producción poética y sus trabajos teóricos.
Comparto en este breve artículo dos de sus poemas: originalidad en El Libro Marrón y despliegue, derroche y amplio repertorio de sentires y sentimientos en el extenso Cordelia o «un poema no debería significar sino ser»
EL LIBRO MARRÓN
Pero en un cuento de hadas la marmita también puede oír y ver y ayudar al héroe en su tarea de alentar algo hasta convertirlo en sus propios pensamientos, Noms de Personnes, Noms de Pays
como Proust enseñó le tout Paris su pequeña frase intentando conseguirlo entre el dolor y su expresión. La vida yace entre Combray y Illiers.
No es imposible que las reflexiones en torno a una magdalena iluminen una mente, pero un hombre que quiere detalles concretos grita de dolor
con la superficie afásica de los objetos y sucesos de un día, sólo puede elegir la boca con la que dice: debería haberme gustado escribir un buen libro.
Eso no ha ocurrido pero ya pasó el tiempo en que podía mejorarlo.
CORDELIA O «UN POEMA NO DEBERÍA SIGNIFICAR SINO SER»
A aquellos que besan en el temor de no volver a besar nunca A aquellos que aman con el temor de no volver a amar nunca A ellos dedico esta rima y lo que tenga. Que ninguno de nosotros, nunca, cogerá el transiberiano Se resuelve, y me gusta, en refrán Sobre todo porque puedo, ahora y luego, repetirlo Que estribillo es el uso, sustancial, del refrán. Yo pretendo, sin vuelo medio, dejar clara la verdad De honor, verdad y amor trasnochado que resurge Es un hecho que el amor cuando vuelve aburre. Puede que yo no entienda de dioses pero sé Que Eros es dios, poderoso y púrpura. Y que llegando a un punto, el incesto se convierta en Traición. No lo digo de forma literal; No amo a mi hermano o él me ama. Hemos estado evitándonos mutuamente Durante años así seguiremos. Hasta sé de palabras cruzadas. Lo que necesitamos es Dante. Dijo que amaba a Beatriz. Hiciera lo que hiciere No amó a Beatriz. Al menos, no A la Beatriz Portinari que menciona la historia. La conocía. Y lo que ocurre con todos esos Florentinos es que todos se ocupaban en Matarse unos a otros o en morir de tuberculosis Galopante. Beatriz murió; Rosetti la pintó Omitiendo a Dante en la calle. Boticelli Pintó el resto: Simonetta Vespucci Murió de tuberculosis galopante (edad, 23) Giuliano Cavalcanti murió en el exilio (edad, 35) Dante dei Aligieri murió en el exilio (edad, 90) Lorenzo dei Medici, que vive para siempre Puesto que allí estuvo, encargando Cuadros, poemas y estatuas, Si también encargó muertes Yo no se lo reprocho. No se sintió Muy magnífico cuando su hermano Fue asesinado en el santuario. Hay que comprender que quien lo hiciere Había de ser excomulgado si, eso es, si No hubiere asesinado también al enviado pontificio, Su mejor amigo. He vivido lo suficiente para observar una cosa; Que el término tiene un final. Oscurecía en el andén de ninguna parte Cuando llegué a ti ansiosa y triste. Ajena a la lluvia. Ajena al sonido del frío Viento que sopla antes y después y Hasta en Provenza se conoce. Y por lo que respecta a esta línea, la robo de T.S. Eliot Y de Ezra Pound y de A.C.Swinburne. Todos excelentes Poetas para robar porque los tres han muerto. El amor que es siempre, ha de guardar Seña de amor que fue, fuera de su dolor cual fuere. Jugamos a encajar las piezas que embozan los desagües. Escúchame. Oh Mister Poster, yo sé Que me cociste demasiado oscura, que debes hervirme de nuevo. Ni noción tienes de la delicia que sería Que nos cogieran y arrojaran al mar con las langostas. Amor mío, es la alondra y no el ruiseñor. Que ninguno de nosotros, nunca, cogerá el transiberiano. Ella quiso y buscaba gente que quisiera Yo creía que quería y ahora sé que no quiero. Amor mío es la alondra y no el ruiseñor. Por cierto que nunca escuché a una ni a otro Pero la gente dice que suenan lo mismo o casi. De qué pasta hicieron a ese Romeo y a esa Julieta Que perdieron su postrer momento Escuchando a los pájaros. Ah A mí me gusta sorprender a las alondras. Sorprender los juegos. Así obran casi todos los poetas J.H Prynne incluso, el memorable poeta Que se alegra al decir que U.L. Tiene su apellido intermedio equivocado. Pretende que la H sustituye a Hola Pero todo tiene un límite. Y yo me las sé todas. Adivina adivinanza, en un mar Verde de mocos gira y rueda cuando Nos cogen, cuando nos echan a la mar Junto a los Joyces. Cuéntanos el cuento de la derrota de Troya. A todos nos habría gustado estar allí. Infernal Ulises. Él es, él era, hiel turbia de envidia y revancha, destruye A la diosa-madre de mujeres. y a Swinburne le chifló el dolor pero a mí no Porque a mí me pegan. Me gustaría no seguir sonando como Ricardo Tercero. Claro que, si no, tiendo a sonar Como Ricardo Segundo. Y quién quiere ese. Supongo que debo sonar como Ricardo Primero. ¿Y él, qué hizo? Nada, me imagino. Me divierte sorprender con el pie a los ruiseñores. Prynne dice que si no regreso A salvo a Sicilia para el treinta de abril Enviarán un destacamento. Marzo es la estación más cruel Para enfrentarte a los camorristas. ¿Te asustaba realmente que pudieran violarte? No. Pensé que habría serias dificultades. Y no sólo porque estuviera yo en franca oposición, Que así estaba cualquiera, hombre, mujer o niño, Que viajara en ese tren. Me asustaba que pudieran matarme. Puedo parecer estúpida pero no lo soy hasta el extremo de pensar que tu nombre Es Elisabeth Brown. Bueno. De acuerdo, Mi nombre es Verónica Forrest Thomson. Agamenón era rey de los aqueos por aquel entonces, Príamo de los troyanos, Teseo de los atenienses. Y están muertos, como todos los buenos reyes. En mis tiempos era costumbre tomar partido por los troyanos, por la simple razón de su Fracaso. Pero yo siempre apuesto por Los ganadores, cada vez. Mary Shelley podría irse al infierno Porque pensó que iba a ninguna parte Y se llevó consigo a Frankincienso. Quiero a su marido, vivito y coleando. También a él lo mataron, por supuesto. Casi ni extraña que él tuviera la costumbre De leer a Aiscylos mientras navegaba. No leía a Aiscylos cuando se ahogó Fue incinerado como un rey pagano. No así Agamenón, quien -como dije- era rey por entonces Y perdió, asesino de su hija Asesinado por su mujer y por su otra hija. Asesinado por su muerte asesina de su vida. Apuñalado por la espalda en su baño. Lo pienso cada vez que tomo un baño. Aunque no siento simpatía alguna Hacia esa hija y ese hijo. Pienso que no es justo que Helena Lo tuviera todo, belleza inmortal, Amantes, ciudades destruidas y batallas Libradas por su causa. Ni que volviera a casa Y pudiera pasearse tranquilamente como mujer de Menelao Mientras su hermana gemela, Clitemnestra Era asesinada por su hijo y por su hija. Y los atenienses los frecuentaban. Nación de sofistas, ¿por qué no habían de hacerlo? Perpetuos traidores de aliados, torturadores De mujeres y niños y esclavizadores de gentes Hasta a Sócrates mataron, su hombre bueno y sin par Entonces fue cuando platón intentó convertirse en un filósofo rey. Le esclavizaron a causa de sus dolencias. Desearía que le hubieran mantenido esclavizado. Escapó, claro está, y escribió libros Sobre cómo lo haría mejor, De ser él responsable. Todos los poetas hacen eso. Son tan incompetentes como el resto Si intentan poner orden en las cosas. Como testigo de mis esfuerzos en ese sentido O los de mi avatar, Agamenón, Quien, como dije, volvió a casa y fue asesinado en su baño Asesinando a su mujer y a su hija. Y si no conocéis la historia, debéis conocerla. Leedla en la Ilíada, leedla en la Odisea. No la leáis en Freud, se equivoca siempre Aunque ni Freud merecería un hijo como Lacán. Pero de comienzo y de final, leedme a mí, amada, Asesinada en la matanza general Pero revive de nuevo con John Donne (Leedle también) Yo, Helena, Isolda, Yo, Ginebra, Yo, Clitemnestra y otras muchas que están al llegar. Yo lo hice, yo misma, lo hice matando al rey mi hermano. Es la sorpresa, mi amor, y no el ruiseñor Que a mí me chifla sorprenderme Pero no me gusta dar coces. Ellos tienen la potestad de herir y hieren Sin que los maldiga Shakespeare u otro cualquiera. De todos modos será maldecida La raza de los poetas, porque ha herido. De todos modos Es productivo el lindo proceso Especialmente si uno puede ser fontanero a la vez que poeta Y desatasca al mismo tiempo poesía y sumidero Artificio Poético «El dolor detuvo el partido» y Otros muchos libros, incluso poemas 1974 y Todo lo demás (lo digo en serio) Yo, Verónica, lo hice. Entrecortada, buscada verdad Hurgada en el estiércol consigue la victoria. Los guerreros se escondieron en un caballo, ¡claro! Pretendían traer la paz Y no quisieron dirigirme la palabra, emboscados en lo oscuro Como un puñado de necios que escucharan la voz de la diosa En una ciudad ajena, yo hablo tu lengua en mi ciudad Cambridge o Camelot, y no me escucharéis Prevenidos como estáis por Odioseo, pretendiente, traidor, Y cuando hubieron matado a todos los hombres, Violado a todas las mujeres… etc. Agamenón volvió a casa y, como dije, fue apuñalado por su mujer En su baño. De todos modos mi amor, es la alondra, Y no el ruiseñor. Sigo los sagrados pasos de Hipólita, bendita tú, lo mejor Que ha sido dicho o bien expresado en lengua alguna Leed a John Donne – el memorable acreedor No leáis a Mathew Arnold; es un estúpido Yo no soy el príncipe Tomás de Aquino F.H.Elliot Tampoco soy servidor de lores Yo soy el rey que vive. La primavera nos sorprendió atravesando la plaza del mercado Y al salir el sol seguimos hacia la biblioteca universitaria Y tomamos yogur y hablamos durante una hora. Tú, tú, coge las riendas. Bebe cuanto puedas y ama cuanto puedas Y trabaja cuanto puedas Que nada de esto podrás hacer cuando estés muerto.
Presta atención al refrán de este poema Y ponlo en práctica: Mientras estés aquí, no desperdicies y no eches en falta Los posibles júbilos.
Datos biográficos extraídos del libro “Antología de poetas suicidas (1770-1985)» de árdora ediciones, libro de mi biblioteca personal y de Wikipedia.