Etiqueta: Raúl Cristian Aguirre

  • Raúl Cristián Aguirre presenta “La vida videoclip” y otros dos libros de poesía en Barcelona

    Raúl Cristián Aguirre presenta “La vida videoclip” y otros dos libros de poesía en Barcelona

    El jueves 11 de julio a las 19 horas en la sala principal de Bcombinator, Badajoz, 32, Barcelona se presentarán los libros “La vida videoclip” y “En la otra orilla de la noche” del argentino Raúl Cristián Aguirre, más la antología poética de Hebe Monges “Antígona quiere morir”. 

    Los libros giran sobre los temas del amor, el desencanto y el exilio, tanto interior como real. En palabras de Aguirre: “Los dos libros fueron escritos hace más de tres décadas, pero se publican recién ahora. “La vida videoclip” lo escribí entre los últimos meses de vivir en Buenos Aires y los primeros meses en Barcelona. Daniel Freidemberg escribió el prólogo y señaló que el deseo es un tema subyacente en muchos de los poemas, y es cierto, pero yo lo veo un deseo teñido de ansiedad primero y de una incipiente nostalgia después. Pero no es una nostalgia puramente del país, es raro, porque es más una nostalgia por el tiempo que pasa y la felicidad plena que se resiste a llegar. Todo teñido de la estética de los videoclips de finales de los ochenta: la superficialidad al poder.”

    “En la otra orilla de la noche” fue escrito un par de años después, y cada poema va dejando testimonio de una bella historia de amor que, ojo al spoiler, termina mal. Pero ya se sabe que muchos amores terminan más bien patas arriba: no importa, no hay  que dejar de buscar el compromiso definitivo. Lo único eterno es el amor, aunque dure dos días.¨

    El tercer libro fue escrito por su madre y se publica póstumamente. “Mi madre publicó bastantes cuentos – “El tercero de la lista” es un clásico de internet – y algunas novelas, pero nunca había publicado casi nada de poesía. Así que lo que hice fue un acto de justicia, seleccionar los mejores poemas de ella y crear esta pequeña, deliciosa maravilla que es “Antígona quiere morir”. Acá sí que hablamos de exilio interior y de desencanto puro, porque mi madre tenía unas expectativas muy altas, que no llegaron a cumplirse del todo. Pero no son poemas tristes, son tremendamente vitales. Y son muy, muy bellos.”

    A continuación, algunos ejemplos de los poemas de cada libro: 

    equis

    equis se murió sin haber tenido en su vida con quién hablar

    a quién besar

    o alguien con quien hacer el amor.

    pero lo que es peor

    es que no tuvo al volver a su casa

    alguien que le dijera:

    «¿estás cansada, amor?»

    Raúl Cristián Aguirre (de “La vida videoclip”)

    aceitunas

    Rafaela tiró el otro día las aceitunas que sobraron de nuestra primera cena

    habían quedado en un rincón de la nevera semiescondidas 

    y estaban momificadas

    yo sabía que estaban ahí y las contemplaba año tras año

    simplemente porque estaba loco loco loco 

    loco 

    por tus huesos.

    Raúl Cristián Aguirre (de “En la otra orilla de la noche”)

    Antígona

    Antígona quiere morir:

    es inútil que Hemón, ese Romeo sin Julieta,

    trate de detenerla.

    La nodriza les ha contado, desde chicos

    los horribles ardientes mitos historias de familia.

    Desde entonces, no habrá paz para ella.

    ¿Qué puede hacer Hemón, ese muchacho claro,

    —dentro de lo que los humanos llaman claro o sencillo—?

    Nadie puede asir el ruedo del vestido

    de una muchacha decidida

    cuando comprende que su tiempo ha llegado.

    Un impulso tan fuerte como el mar

    y un deber que cumplir:

    visto así, desde lejos,

    parece simple

    pero hay que haber elegido ser Antígona,

    una mañana, a los veinte años.

    Hebe Monges (de “Antígona quiere morir”)

  • no lograrás medir el amor: dos poemas de Galo Luvèce

    no lograrás medir el amor: dos poemas de Galo Luvèce

    No sé nada sobre Galo Luvèce.


    Sólo sé que, por esas vueltas del destino, en octubre de 1992 yo estaba en una tierra extranjera que empezaba a guiñarme los ojos, y Galo estaba ahí, con el corazón roto, al frente de un taller de haiku en Santa María de Palautordera, a 50 kilómetros de Barcelona.


    No mucho más podré agregar con precisión. Sólo tengo esos datos de fecha y de lugar en mis reencontrados apuntes de esas clases, apuntes que dormían el sueño de los justos en el cajón de criar gnomos del fondo más fondo de un armario. Los papeles incluían, para desgracia mía, algunos haiku cometidos por mí en ese taller (“Ah, gatito, gatito / el agua está envenenada. / Último sol.” y otros aún peores) y, para mi alegría, los dos poemas de Galo que suponía perdidos y que asomarán líneas abajo.


    Galo era, como yo, latinoamericano, pero no puedo siquiera precisar si argentino o chileno. Era simpático, tierno, vivía en París, lo había dejado su mujer y se había refugiado en la poesía con uñas y dientes para que el huracán de la tristeza no lo despedazara. Había una búsqueda del equilibrio zen en él; que el taller girara alrededor de los haikus no era casual. Además usaba una especie de sotana (uno de los alumnos le decía “monseñor”) y lo envolvía un aire de misticismo que se adivinaba terapéutico y tal vez insuficiente para desanudar su desengaño.


    Después vino mi propia etapa negra, al menos en cuanto a la literatura: el huracán me agarró a mí, me llevó lejos de la poesía y de sus círculos. Nunca más supe de Galo, y hasta olvidé su nombre, pero -y esto es lo que importa- habían quedado en mi memoria algunos versos de la hermosa Balada del amor perdido, que leyó con voz acongojada en la reunión final.


    Hoy, que hojeo de nuevo la carpetita verde con sus poemas escritos a máquina y firmados de su poético puño y temblorosa letra, tecleé su recobrado nombre en el oráculo para saber más de él. Sorpresa: nada, o casi nada. Google sólo recuerda a un tal Galo Luvecce (con dos ces) que estuvo con Juan Gelman en un acto en París en el ’82. Lo demás, hojarasca.


    Si en todo ese infinito Aleph que es el ciberespacio no queda ya memoria de Galo ni se encuentran sus poemas me parece muy justo dedicarle este texto que no es sino la alfombra roja que le pongo a los suyos. Yo sí guardo su imagen de poeta bonachón, su sonrisa sabia salpicada de pena.


    Gracias, Galo Luvèce por tu fecunda melancolía y por aquel taller, aunque mi carrera como autor de haiku haya sido fugaz y poco esplendorosa, y por tus poemas. Espero que, donde quiera que estés, el viento sea propicio y el dolor ya no sepa morder.

    Señales para los estados del alma

    si su pena
    se transformara
    en un bastoncito
    blanco
    muchos lo ayudarían
    a cruzar la vida


    en un lazarillo
    que caminara a su vera
    protegiendo
    su sensibilidad
    -a flor de piel-
    corriendo siempre adelante
    (como sombra dislocada)


    sonámbulo
    de madrugada
    palpa las paredes
    da vueltas en su cuarto
    desconoce la puerta


    no logra salir
    de su propia hoguera
    para colocar
    alguna señal

    Balada del amor perdido

    si te atreves
    a medir su dolor


    diseña
    la geografía de las manchas
    de su camisa


    adivina
    el color de sus zapatos
    de sus raídos pantalones


    suma las semanas
    que luce el mismo atuendo


    asómbrate
    de cuántas veces
    se puede tirar en su cama
    sin cambiar las sábanas


    cuenta las latas
    de cerveza vacías


    mide los centímetros
    en su cintura examina
    su barba crecida
    su pálido rostro


    síguelo durante horas
    (sin que se dé cuenta)
    mientras camina y le habla
    a ella como si fuera a su lado
    (y sólo va en sus ojos)


    escucha impasible
    el trémolo de su voz
    cuando responde:
    “estoy mejor, gracias”


    por tus manos sobre las cejas
    y trata de mesurar
    la profundidad de sus ojos trasnochados


    aún así
    no lograrás
    medir el amor

    Galo Luvèce, circa 1992

  • Sensibilidad transformada en canciones

    Sensibilidad transformada en canciones

    Raúl Cristián Aguirre y Patricia Caicedo presentan sus poemas hechos canción en Barcelona.

    «Nuestros días de sol terrible y bello / escribí como advertencia / para que nadie más se
    enamore de vos».

    El próximo jueves 28 de enero la Sala Ars de Barcelona acogerá el estreno mundial de Nuestros días, poemas de amor hechos canción, espectáculo en el que el poeta Raúl Cristián Aguirre contextualizará y recitará sus poesías que luego serán cantadas por
    Patricia Caicedo, acompañada por un elenco de músicos excepcionales: el cellista Martín Meléndez, el guitarrista Christopher Avilez y el percusionista Álvaro Pérez.


    Descuento especial para la comunidad Poémame

    Los lectores y miembros de Poémame gozarán de un descuento especial del 50% del precio de la entrada. Para ello deberán introducir el código promocional CINCUENTA en el momento de adquirir la entrada, disponibles en http://nuestrosdias.eventbrite.es

    Según Patricia Caicedo, las canciones nacieron durante el confinamiento, cuando tuvo tiempo para la introspección:

    “La lectura de las bellas poesías de Raúl y de sus padres (Raúl Gustavo Aguirre y Hebe Monges) me inspiraron a componer y a regresar a la música de mi adolescencia, la música folclórica latinoamericana. Estoy segura de que el público saldrá tan inspirado y conmovido como yo lo estuve cuando leí estas poesías profundas y sencillas a la vez. Será una noche única, muy especial”.

    Los arreglos del CD, editado por Mundoarts Records y pronto disponible en plataformas digitales, pertenecen a Javier Martínez Maya, destacado músico colombiano formado en Berklee College of Music y en la Liverpool Institute for Performing Arts en donde trabajó con Paul McCartney. Según Javier “en este CD Patricia recorre los ritmos latinoamericanos que tan bien conoce con una voz expresiva que llega directo al corazón”.


    Los lectores de la revista ya han tenido la oportunidad de conocer más en profundidad al poeta Raúl Cristián Aguirre por la entrevista que nos concedió el 13 de enero de 2020. Espero que la podáis volver a disfrutar aquí y nos vemos el 28 en directo en la Sala Ars.

  • #PoémameBcn, festival poético: 16 enero 2020

    #PoémameBcn, festival poético: 16 enero 2020

    Una noche más #PoémameBcn tuvo lugar en el Paral.lel de Barcelona. Lo que parecía que iba a ser una noche poética más, acabó siendo un festival alegre, musical y multitudinario que vistió la noche barcelonesa de poesía multilingüe y multicultural haciendo pequeña la sala del Ateneu La Base.

    Kymm Coveney

    El recital, presentado por José L. Regojo (Poémame) y Rafa Aranda (Escribe Conmigo), reunió a unas 60 personas para escuchar la poesía en inglés de Kymm Coveney, poeta nacida en Boston (EE.UU), traductora y escritora. Nos leyó poemas que podéis encontrar en su blog BetterLies.

    Jordi Montaner

    A continuación, el poeta catalán, Jordi Montaner Maragall nos leyó poesía de sus tres poemarios inacabados. Montaner, poeta multidisciplinar, ha trabajado de periodista (radio, televisión y prensa escrita), guionista, traductor, monologuista… Ha escrito el guión de Una flama al cor, el documental biográfico sobre el poeta Joan Maragall, su bisabuelo.

    Felipe Sérvulo

    En castellano, Felipe Sérvulo de Jaén, nos deleitó con sus comentarios y poesía. Miembro de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña. Presidente del colectivo de escritores El Laberinto de Ariadna y editor del pliego de poesía del mismo nombre. Ha sido cofundador de los grupos y revistas de literatura Alcudia, Gavina y Alga. Colabora en medios radiofónicos y escritos como comentarista cultural y ha publicado en revistas especializadas de literatura de América y España. Ha obtenido diversos premios de poesía de ámbito nacional. 

    Kris Gómez

    Con la segunda parte del recital, llegó la revolución poético musical directamente desde Málaga con la música y poesía de Kris Gómez, conocido como Hotel K. Poeta visceral, urbano, dinámico, ágil y transgresor que no decepcionó. Nos sorprendió con poemas de su libro Los zapatos del no volver y además presentó las novedades de dos poemas que había musicado de nuestra plataforma poética Poémame. Uno de la poeta de Leganés (Madrid), Rebeca Tejedor, que también vino expresamente al recital y otro poema de Pequenho_Ze que estaba entre los asistentes.

    La última parte, el micro abierto, fue apoteósica. 10 poetas, algunos de ellos conocidos entre los asistentes al recital, como Raúl Cristián Aguirre, Álex Richter-Boix o Albert Planelles, nos deleitaron con sus novedades. El momento más emotivo fue, quizá, cuando la poeta Georgina Mitchel apareció con su bebita a recitar y la reacción del público aceptando y entreteniendo a la bebita mientras su madre recitaba.

    Interculturalidad, integración, anonimato, sin etiquetas,… libertad poética y artística absoluta: la esencia de #PoémameBcn.

    La libertad y frescura que durante décadas ha ofrecido la sala de El Molino (a escasos 100 metros de La Base) son las que impregnaron la noche poética del Paral.lel con #PoémameBcn.

    Si te perdiste este recital, todavía tienes dos oportunidades más esta temporada: 19 marzo y 21 mayo, siempre a las 20h.

    Antes de despedirnos, aquí tienes el resumen de los recitales de octubre y de noviembre de la temporada 2019/20.

    Aquí puedes ver las sesiones de #PoemameBcn de la temporada 2018/19.

  • 13 preguntas y un poeta, Raúl Cristián Aguirre: «Lean, hagan mucho el amor y coman aguacate, que es muy rico»

    13 preguntas y un poeta, Raúl Cristián Aguirre: «Lean, hagan mucho el amor y coman aguacate, que es muy rico»

    Conocí al poeta argentino Raúl Cristián Aguirre en el micrófono abierto de una de las sesiones de #PoémameBcn de la temporada 2018/19 en el Raval de Barcelona. Allí recitó un poema a su madre, la escritora Hebe Monges, que le recitaba poemas del romancero viejo español antes de dormir y nos dejó a todos encantados.

    Es hijo del poeta argentino Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983), creador de la emblemática revista Poesía Buenos Aires y traductor de Rimbaud y Apollinaire.

    Raúl Cristián Aguirre, autor de a Sívori se lo comieron los escorpiones (Ediciones en Danza) y Mamá y otros poemas (Caro Kann), se define a sí mismo como un hijo ilegítimo, inmigrante ilegal, poetiso y dibujador de dibujitos. Entre otras cosas.

    Recientemente participó como poeta de habla castellana en el recital #PoémameBcn que tuvo lugar el mes de noviembre de 2019 en Barcelona.

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Me fui a inscribir a dos carreras humanísticas, pero en la primera me dijeron que no me aceptaban porque me faltaba un documento, y a la otra llegué un minuto tarde. Entonces me apunté a Sistemas, que no sabía muy bien qué era, y terminó siendo casi la antítesis de la poesía: informática. Por unos cuantos años me dediqué a eso, tratando de “humanizar” todo lo que tocaba y no deshumanizarme en el camino. No sé si lo logré. En 2016 dejé todo lo que era computación y empresa y me metí de lleno a hacer lo que más quería hacer: nada.

    Pero la poesía me viene a buscar siempre, y acá estoy, publicando mi segundo libro, recitando por los rincones, haciendo un espectáculo unipersonal poético-divulgativo, y escribiendo aunque me lleven los demonios, como quería Bolaño.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Mi primera lectura poética no fue una lectura: fueron los romances que me recitaba mi madre para dormirme. Me encantaba escuchar el del enamorado y la muerte, el del Conde Niño, el del prisionero. Supongo que uno no queda muy normal después de eso: se te pega el romanticismo y el ritmo poético, y sobre todo se descubre la capacidad de emocionar de la palabra. Aún hoy me encantan esos romances y cada vez que puedo los incluyo en algún evento. Después, no sé cómo llegué a enamorarme de Tristan Tzara, abanderado del dadaísmo, que es quizás la voz que reconozco conscientemente, junto con la de mi padre, Raúl Gustavo Aguirre (que es un poeta de culto en Argentina) como influencia, o como objeto de admiración, que no sé si es lo mismo.

    Mis primeros poemas eran algo dadaístas, y generaban más hilaridad entre mis amistades que otra cosa. Todavía mis amigos me recuerdan uno que empezaba: “las ratas, las ratas / por favor nunca más”. A mí me parece bastante trágico, y quizás ellos coincidirían: una tragedia de poema. También cayeron en mis manos siendo muy chico Neruda, Óscar Hahn, Juan Gelman, Alejandra Pizarnik, Ernesto Cardenal y tantos otros. En realidad te influencia todo: salís a la calle, escuchás a una vecina, una charla en el metro, y terminás impregnado con la cadencia de una frase. O con la letra de una canción. Todo el día estamos expuestos a versos que vienen en forma de casi cualquier cosa. El oído te sirve para intentar diferenciar entre lo bello y lo descartable, con acento en intentar.

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    No sé. Horrenda, supongo. En todo caso, veo que tiende a la síntesis, que es una cualidad que aprecio enormemente en todo, menos en el sexo. Igual, no sé si existe la poesía, como decía mi padre: existen los poemas. Y es posible que algunos poemas míos me gusten un poquito: pareciera que no los escribí yo.

    Más que nada, les estoy agradecido, porque sin duda me hicieron la vida mucho más soportable. No sólo por la escritura: tener una mirada poética es quizás mucho más importante. Apreciar la belleza que está en todo, ver el milagro que somos. ¿Qué regalo podría ser mejor? Aunque mi hija ante esa pregunta seguramente respondería: “un iPad nuevo”.

    ¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    Yo, entre otros oficios improductivos, también dibujo, y estaba muy preocupado porque no veía un estilo claro en lo que dibujaba. Hasta que David Pugliese, ese enormísimo dibujante, me dijo: mejor, el estilo te congela, te impide seguir avanzando. Después de eso, mi anhelo es no tener un estilo en la escritura tampoco. Ojalá tuviera el don de la plasticidad, como para encarar cada poema de una forma totalmente nueva, o ajustada a lo que el poema me está pidiendo decir. Que muchas veces, tampoco estoy seguro de anticipar. Quiero decir que eso es lo maravilloso: cuando uno escribe y no sabe adónde va el poema y el poema se revela y es mucho más bello, más inteligente y visionario que uno mismo. (Lo cual, en mi caso, no es muy difícil.)

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    Muy pocos poemas me parecen un círculo perfecto, inmejorable. Amo aquellos que fluyeron solos, al dictado, y no necesitan retoque. Por desgracia son los menos. Al resto, los abandono, como los pintores abandonan los cuadros, cuando siento que cada nuevo retoque lo empeora. Algunos necesitan reposo. A veces una palabra tarda décadas en llegar. Tal vez porque el poeta no había madurado lo suficiente. Mi segundo libro, “A Sívori se lo comieron los escorpiones” lo escribí en un 99% a los veinte años, pero lo publiqué recién ahora, y creo que le hice un favor eliminando muchos y retocando (apenas) algunos. Ese uno por ciento es importante. En todo caso, sólo me parece válido publicar lo que me emociona. Si no me dice nada a mí ¿cómo voy a esperar que le diga algo a los demás?  

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Yo recuerdo versos de poemas casi desconocidos, de poetas más desconocidos aún. Si alguien decidiera, entre billones de versos, recordar con amabilidad alguno mío, sentir que es calor o compañía o consuelo o una forma de amor, o incluso de furia si fuera inspiradora, eso me haría (acaso bobamente) feliz. Uno nunca sabe qué revolución puede empezar con una chispa, pero eso está en un segundo plano. Escribo porque no podría no hacerlo, es mi catarsis, mi terapia, mi espejo, mi brújula, mi pobre justificación. Y porque no sé tocar el piano.

    También recuerdo que García Márquez decía que escribía para que lo quisieran. Supongo que yo también. Es lindo que a uno lo quieran. Y es tarde para aprender a tocar el piano.  

    ¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Antes que nada permítaseme anunciar que me divierte ser llamado “un poeta como usted”. Bueno, la lectura en vivo es la forma más directa (y antigua) de intento de conexión, y es enormemente placentera cuando esa conexión parece ocurrir. Ahora bien: creo que hay poemas que son más adecuados para una lectura silenciosa. Y muchos otros, lamentablemente, para ninguna lectura.  

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?

    Bueno, son todas formas de llegar al otro. Y si alguien lee un poema significa que no está viendo un reality o un programa de chismes en la tele.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho? 

    Lo difícil es recomendar uno solo. Elijo uno de Manuel Bandeira, poeta brasileño, quizás por no ser tan conocido. “Estrella de la mañana” es un lamento desesperado que me encanta y me destroza. En una buena traducción, claro, si no, el destrozado es el poema. La de Rodolfo Alonso es de las mejores. Por cierto: Bandeira también es una influencia en mi escritura y ojalá se pudiera decir reconocible.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Leo de a decenas, indisciplinadamente y a trozos. Una biografía de Leonard Cohen (otro gran poeta) y las obras completas de Gonzalo Rojas. La pasión de los poetas, un hermoso memento del contexto de grandes obras poéticas. Libritos de poemas de Ferran Fernández y el último de Edgar Morisoli. Y relecturas, siempre: Borges, Cortázar, Jorge Wagensberg, Porchia. Entre otros muchos. Les dedico el poco tiempo que me queda después de ver los realitys y los programas de chismes en la tele.  

    ¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Ya se los dio el gran Bukowski: no lo hagan. A no ser que no puedan evitarlo. Y que lean, que hagan mucho el amor y que coman aguacate, que es muy rico.  

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Languidece con la poesía y parece floreciente con algunas obras que distan de ser, digamos, floridas. Pero el problema no es de la industria, es de nosotros, los lectores. Que miramos muchos realities.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    Me gustaría que me hubieran preguntado cuál era la pregunta que me habría gustado que me hubieran hecho. Les hubiera dado una respuesta magnífica. Lástima.

    A continuación podéis disfrutar de tres poemas de Aguirre elegidos por él mismo:

    vos nunca te fuiste de mi corazón

    vos nunca te fuiste de mi corazón / por eso me andás por la sangre como

     si fuera tuya

    yo nunca te abandoné / por eso te sopla el viento sur cuando el día se

     reclina

    y por eso vuelan las torcazas / por eso el sol es amarillo /

     el pan marrón / la miel dorada

    y por eso saltan los conejos de las galeras / las ardillas se esconden

     en los treboledales / se besan los

     gorriones desesperadamente

    y hay luna en mi país / porque vos nunca te fuiste de mi corazón

    y un centauro en el cielo / porque yo nunca te abandoné

    (de «A Sívori se lo comieron los escorpiones», Ediciones en Danza, 2019)

    no hay Dios ni ná

    No hay Dios ni ná! Grita

    la madre de Encarnación, de Antoñita, muertas

    inútilmente en la larga noche de Puerto Hurraco.

    No hay Dios ni ná! Gime, lanza como sentencia o último

    suspiro, el pequeño cadáver

    muerto, en el cajón que sostiene su cara violeta, tan

    niña llena de pólvora, de postas porque no hay Dios,

    ni ná.

    Ella ya lo ha gritado en el camino de tierra

    que une los tejados con las cruces: la abuela, incrédula

    no sabe llorar más, la hermanita que queda

    sabe que ha huido por azar, que sus hermanas

    murieron por azar. Y la madera ya se deja llevar

    por seis hombres que lloran bajo el sol

    extremeño, y la tierra se deja abrir para comerse

    a Encarnación y a Antoñita. Porque no hay Dios.

    Ni ná.

    (Barcelona, 1990)

    dónde termina la soledad

    dónde termina la soledad

    quiero decir la soledad, los encuentros

    en hoteles y asientos de automóviles

    la soledad, quiero decir

    todas esas mujeres diferentes

    festejadas erróneamente en hoteles y

    asientos de automóviles

    o ninguna mujer, quiero decir

    la soledad, las extensiones simplemente

    entre lunes y lunes similares

    dónde termina la soledad

    quiero decir

    en dónde empieza mónica

    Muchas gracias Raúl Cristián Aguirre por haber accedido a la entrevista y por este último regalo que nos haces: un fragmento de tu unipersonal «Poesía, ¿estás ahí?«.

    A vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado. Gracias por haber llegado hasta aquí.