Oscar Vicente Conde (Argentina). Nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, el 18 de diciembre de 1947, y actualmente reside en Claypole (Partido de Almirante Brown, provincia de Buenos Aires). En el año 2000, fue galardonado con el Primer Premio del Concurso Internacional “Roberto Arlt”, organizado por el Centro de Letras y Artes San Telmo y la Revista Arlequín, año en el que también editó su primer poemario, Destino. Posteriormente, presentó los libros de poesía Silencios Pintados en la Piel (Tahiel Ediciones, 2013), Resurrecciones (Tahiel Ediciones, 2015) y Mundo (Tahiel Ediciones, 2017). En octubre de 2014, se destacó como finalista en la Antología Poética LAIA V “Ensueños”, de la Latin American Intercultural Alliance de Nueva York. Su trayectoria continuó con la publicación de sus poemarios Mundo y otras distancias (Tahiel Ediciones, 2020) y Las bocas del Laberinto (MareMium Ediciones, 2023). A lo largo de su carrera literaria, ha participado además en diversas antologías.

Tal vez

Tal vez no haya nada
              entre los silencios del mundo
Ya hace rato
              se marcharon los lamentos
              y  yacen encorvados
              cerca de los cuerpos desnudos
qué hacer para poder seguir adelante
               desahogando los pesados
        
               pecados de los dioses.

Dios

El enojo de Dios apacienta a las fieras
no a los hombres
si a los insectos y a las aves
no a los hombres que imaginan
el libre albedrío como un arma invencible
la crueldad de los agujeros negros
y la ferocidad del viento
y allí los hombres
                esperando que la noche
                                            perezca.

Tiempos agitados

Desde lejos una lumbre camina
con el éxtasis de las venas humildes
el olvido de los que olvidan todo
y las fieras en las fiestas de los suburbios

la grandeza de los que aún esperan
con el furor
y los gritos
y los llamados desde el fondo del abismo
el fuego sagrado que el viento no apaga
los ojos en los portales silenciosos
el amor del mundo al borde de la negación
tantas bocas
de hombres y mujeres que no besan
y las fronteras con las pasiones de siempre
y las victorias que nadie reclama
horas taciturnas en los relojes de arena
que se lleva el vendaval lejano
entre los  árboles pensativos un delirio
entre los delirios una mujer desnuda
que espera
con el servicio sin vencimiento
en la intemperie la tormenta se detiene
para tomar fuerza mientras están distraídos
la música extraña que crece y crece
bajo un cielo que nada guarda
bajo un cielo que se mueve con urgencia
y el mundo extenuado acrecienta el pánico.


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