Autor: Transmisor d Sinestesias

  • «Ninfomántica», de Ana Beck y Rogervan Rubattino

    «Ninfomántica», de Ana Beck y Rogervan Rubattino

    Nos hallamos ante un poemario cuyas líneas tienen la intención de sumergirnos en un cóctel de sabores y reacciones. Por un lado, líneas de cognac, tejidos de finos trazos, y por otro esa belleza de una flor con pétalos de fuertes colores.

    Somos una salvaje y libre marea

    que no sabe de sueños o promesas.

    Somos un solo dios que, cual eco, reverbera

    en cada llama,

    en cada fuego.

    Y se reinvente tras las cenizas.

    Tras el profundo azul de las marismas.

    Tras el ocre de las tristezas.

    Somos la campana de horizonte

    que se quiebra

    y todavía suena.

    Somos grito ahogado de necesidad mutua.

    Reinos de silencios que amanecen a raudales.

    Somos nosotros con ese querer hecho a distancia

    floreciendo deseos.

    Al ritmo de breves sorbos, los autores nos llevan a apreciar los paisajes de sus tierras, nos colocan en sus parajes preferidos y nos empujan al vacío de los cielos de cada quien, regalándonos pronunciadas curvas en los latidos y dejando muchas veces al paladar palpando el sabor exacto de sus versos.

    Yo escribo a la muerte sin mirar hacia el amor

    sin ver sus senderos de traición

    sin oír sus gritos de fábulas

    y las vértebras horadadas

    de cadas grisácea estación

    Y apunto cada motivo bañado de luna,

    cada latido opaco de lluvia

    sobre la senda errática del caracol.

    […]

    Escribo para que tus ojos vivos lean esto

    antes de que se me olvide respirar bajo la sombra del ciprés enhiesto

    que colinda el huerto del más allá

    donde no te aman las horas Macilentas de la madre eternal

    Sus frases nos conducen del remanso de una melodía nocturna a la efervescencia de las aves al romper el alba.

    Ninfomántica es una fusión que nos pasea por senderos obtusos y nos lleva al borde de las sensaciones para soltarnos, motivándonos a abrirles las alas a los sentidos.

    Yo no sé si estuvimos siempre

    o nos fuimos bajo la senda de las polvorientas promesas.

    No sé si somos invisibles dioses,

    sedientos de azahar y de pretender nuestros huesos,

    en arcadias y hogueras

    Y me gusta pensarme como un libro abierto en una página cualquiera. Un libro buscando ser leído, un libro escrito por todas las manos que han cuidado mis días.

    Me habita la persistente necesidad de atrapar palabras que sirvan como puente. La búsqueda de ser un libro al que solo otros ojos puedan darle sentido.

    Por eso me siento y escribo.

    Existe, en esta alquimia, el efecto de una balsa navegando sobre el río manso y de pronto aparece el vértigo arrastrando el sentir, haciendo correr la adrenalina, dando un golpe seco y frontal al lector de una página a otra, colocándonos entre dos tierras: del Edén a la crudeza de la selva, de la plasticidad de un vuelo a la rebeldía de la fiera.

    El sabor de cada escrito proviene del sentir de cada poeta, la forma en que mira el mundo nos es transmitida mediante el canal de la palabra, es su esencia lo que plasma; Alfonsina Storni nos deja ver en uno de sus textos lo que para el alma es plasmarse en letras, ese sentir poético inexorable que poseen los seres sensibles, con la virtud de plasmar emociones a través de la tinta:

    Soy un alma desnuda en estos versos,
    alma desnuda, que angustiada y sola,
    va dejando sus pétalos dispersos.
    Alma que puede ser una amapola,
    que puede ser un lirio, una violeta,
    un peñasco, una selva y una ola.
    Alma que como el viento vaga inquieta,
    y ruge cuando está sobre los mares,
    y duerme dulcemente en una grieta.

    Alma desnuda, Alfonsina Storni

    Pues bien, Ninfomántica logra el ensamble de dos almas, que fusionan su néctar poético y logran un sabor original que pasea nuestras emociones, involucrando imágenes sublimes y tintes cotidianos, manejados con intención de descolocarnos, quizá un poco, y así apreciar desde otro punto la prosa y el verso.

    Veo en los ojos de la soledad la inquietud del mar,
    el tacto ocre de la muerte
    la melodía de plenilunios y tormentas
    contar con tus labios los dedos de la suerte

    Te brindo lo agridulce de mi lengua y un corazón a medio latir. Te ofrezco lo que pocos se atreven a regalar, lo que soy; la honestidad y la frialdad de mis momentos bajos, la marea roja de una herida que no sabe ser cicatriz, que sólo sabe doler.

    Ambos autores buscan tocar sutilmente el sentimiento e intencionalmente dejan escapar lancetazos repentinos de realidad, consiguiendo clavar su aguijón.

    A los veintiuno me caí del mundo. Y en una edad en la que se supone que las cosas comienzan a asentarse, hurgue tras las verdades absolutas.


    Me perdí al menos setenta y cinco veces mientras quitaba capa a capa la imagen de un “yo” que otros habían modelado.

    Si bien el poeta refleja poco o mucho de sí mismo en un escrito, el lector puede encontrarse en una frase y hace un poema suyo en el mismo instante de la lectura.

    La poesía nos permite interiorizar y exteriorizar, es un portal hacia esas dos dimensiones, es el espejo, el túnel, un pasadizo donde uno puede ir y venir. Es la cuestión y la respuesta, la conexión, el puente.

    Pizarnik nos cuestiona acerca de ¿qué significa traducirse en palabras? y ¿para quién escribimos?

    Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo. ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, reparación, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desesperación de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar … ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado … Solamente tú sabes de este ritmo quebrantado.

    La piedra de la locura, Alejandra Pizarnik.

    La poesía es también una forma de situarnos en realidades o bien despegar los pies del suelo. Los autores juegan con esas cartas a lo largo de esta obra, regalando al lector ese ambiente de no saber el color ni el número de la próxima tirada.

    Nos regalan una obra donde el sabor del amor, de la vida y de la muerte se entrelazan y conforman un lienzo donde cualquier trazo puede iniciar ese viaje que sólo las letras nos pueden brindar. Sinfonías grises, rojas y azules que nos toman y nos conducen hacia senderos en donde, al final de cada uno, seguramente nos será revelado alguno de los tantos rostros de Ninfomántica.

  • Clarice Lispector: «La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico.»

    Clarice Lispector: «La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico.»

    De origen ucraniana y nacionalizada brasileña Clarice Lispector fue una mujer que sufrió en carne propia el sabor cortante del exilio y la persecución judía. Su niñez en una tierra extraña dejan una marca inevitable en su pecho:

    En una tierra de morenos, ser pelirrojo es una rebelión involuntaria. ¿Qué importaba si en un día futuro su marca iba a hacerle erguir, insolente, la cabeza de mujer?

    Vivencias traumáticas cómo el contagio de sífilis de su madre, (producto de una violación a manos de soldados rusos), marcaron el amanecer de su vida, quedando a sus 9 años huérfana. El reflejo gris de estos parajes quedaron impregnados en sus líneas, en donde hace alusión a todo lo vivo, pero también da ese sorbo al misterio de los silencios o lo que hay más allá.

    «La palabra tiene su terrible límite. Más allá de ese límite está el caos orgánico. Después del final de la palabra empieza el gran alarido eterno»

    Durante su juventud, fue visitante constante en los recintos bibliotecarios de los centros de estudios donde se formó. Lo que corría por sus venas en una prosa tremendamente vívida, tan rica en detalles como todo ese edén amazónico a su alrededor, su pluma nos regala hermosos vuelos y nos adentra en esos elementos que hacen al alma sobresaltarse. La fina forma en que nos relata los escenarios es un golpe directo a los sentidos, que causa una reacción de efervescencia ante sus letras:

    Ese día, cuando el sol ya se estaba poniendo, el oro se extendió por las nubes y por las piedras. Los rostros de los habitantes quedaron dorados como armaduras y así brillaban los cabellos sueltos. Fábricas empolvadas silbaban continuamente avisando el fin del día de trabajo, la rueda de un carro adquirió un nimbo dorado. En ese oro pálido la brisa tenía una ascensión de espada desenvainada. Porque era así que se erguía la estatua ecuestre de la plaza en la dulzura del ocaso.

    Paulo Francis escribió sobre Clarice que ‘se convirtió en su propia ficción’. Quizá era una forma de escapar de sus recuerdos duros y de una parte de su realidad. Después de algunos años en Brasil, ya casada, viaja a Europa y tiene una estancia allí como asistente voluntaria de enfermería durante la Segunda Guerra Mundial, su residencia se prolonga hasta 1959. Durante este tiempo nació su primogénito, quién a la postre manifestaría una enfermedad mental, esto sumado a su divorcio posterior y al incendio accidental (presumiblemente provocado por una colilla mal apagada) que la marcó de por vida, clavó una daga en la sensibilidad de Lispector, y parece también haber herido sus letras, que son también bálsamo:

    La nieve es muda pero deja rastro, lo emblanquece todo, los niños ríen, los pasos resuenan y dejan huella. Hay una continuidad que es la vida. Pero este silencio no deja señales.
    «Cuidarse para no morir. No obstante, ya estoy en el futuro. Ese futuro mío que será para vosotros el pasado de un muerto. […] escribiendo me libro de mí y puedo entonces descansar»

    Lispector plasma la calidez, cómo un sol en tarde de verano, logra integrarnos al escenario de sus obras, nos involucra, nos cuestiona y nos conduce hacia una posible respuesta.

    Octavio Paz menciona en su ensayo ‘La llama doble’:

    …aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los del espíritu. La poesía nos hace tocar lo impalpable y escuchar la marea del silencio cubriendo un paisaje devastado por el insomnio.

    pues bien, Lispector logra a través de su prosa hacer que nuestro espíritu cobre la vista y vislumbre todo ese paisaje de su pluma a partir de esa luz que emanan sus líneas, y crea en uno, una sensación vivencial en cada uno de sus escenarios.

    ¿Cómo explicar que mi mayor miedo esté precisamente relacionado con el ser? Y, no obstante, es el único camino. ¿Cómo se explica que mi mayor miedo sea precisamente el de ir viviendo lo que vaya sucediendo? ¿Cómo se explica que no soporte yo ver, solo porque la vida no es la que pensaba sino otra?, ¡como si antes hubiese sabido lo que era! ¿Por qué el ver produce una desorganización tal?[…] Me pregunto: si miro la oscuridad con una lupa, ¿vería algo más que la oscuridad?


    Es fatal no conocerse, y no conocerse exige valor.

    Sin duda la vocación le llegó temprano y ella lo reconocía, sabía perfectamente que lo de ella era navegar y recorrer esos terrenos que le provocaban una exaltación a sus días, sabía que debía caminar, cómo quien conoce la ruta entre la selva espesa, sabía que lo de ella era plasmar el sentir y no negarse a ello:

    A veces me sentaba en la hamaca para balancearme con el libro abierto en el regazo, sin tocarlo, en un éxtasis purísimo. Ya no era una niña con un libro: era una mujer con su amante.

    Deja éste mundo en diciembre de 1977, a causa de cáncer de ovario y hereda un legado que es referente en la literatura latina.

    Clarice Lispector una mujer que tejió el fino telar del detalle, la Dama, el bello enigma ucraniano que conquistó la Amazonia.

    Extractos de sus obras

    La manzana en la Obscuridad (cuento)

    La única ventaja del día era que bajo la luz extrema el coche se convertía en un pequeño escarabajo que fácilmente podría alcanzar la carretera. Pero mientras el hombre dormía el coche se volvía enorme como se vuelve gigantesca una máquina parada. Y de noche el jardín era ocupado por la secreta urdimbre que sostiene la oscuridad, con un trabajo cuya existencia las luciérnagas inesperadamente traicionan; cierta humedad también denunciaba la labor. Y la noche era un elemento en el que la vida, porque se había vuelto extraña, era reconocible. Esa noche, alcanzando el hotel vacío y adormilado, el motor del coche empezó a vibrar. Lentamente la oscuridad se había puesto en movimiento.

    Lazos de familia (cuento)

    Todavía estaba bajo la impresión de la escena medio cómica entre su madre y su marido, a la hora de la despedida. Durante las dos semanas de visita de la vieja, los dos apenas si se habían soportado; los buenos días y las buenas tardes sonaban a cada momento con una delicadeza cautelosa que la hacía querer reír. Pero he ahí que a la hora de la despedida, antes de entrar en el taxi, la madre se había transformado en suegra ejemplar y el marido se tornaba en buen yerno. «Perdone alguna palabra mal dicha», había dicho la vieja señora, y Catalina, con algo de alegría, vio a Antonio, sin saber qué hacer con las maletas en las manos, tartamudear, perturbado con ser el buen yerno. «Si me río, ellos han de pensar que estoy loca», había pensado Catalina, frunciendo las cejas. «Quien casa a un hijo pierde un hijo, quien casa a una hija gana otro hijo», aseguró la madre, y Antonio había aprovechado su gripe para toser. Catalina, de pie, observaba con malicia al marido, cuya seguridad se había desvanecido para dar paso a un hombre moreno y menudo, forzado a ser el hijo de aquella mujercita grisácea…

    La Pasión

    Si me confirmo y me considero verdadera, estaré perdida, porque no sabría dónde encajar mi nuevo modo de ser; si avanzase en mis visiones fragmentarias, el mundo entero tendría que transformarse para que ocupase yo un lugar en él. He perdido algo que era esencial para mí, y que ya no lo es. No me es necesario, como si hubiese perdido una tercera pierna que hasta entonces me impedía caminar, pero que hacía de mí un trípode estable. He perdido esa tercera pierna. Y he vuelto a ser una persona que nunca fui.
    […]
    Estoy ganando tiempo. Sé que todo lo que estoy diciendo es solo para ganar tiempo, para retrasar el momento en que tendré que comenzar a decir, sabiendo que nada más me queda por decir. Estoy aplazando mi silencio. ¿He retrasado toda la vida el silencio? Pero ahora, por desprecio a la palabra, tal vez pueda por fin comenzar a hablar. Las señales telegráficas. El mundo erizado de antenas, y yo captando la señal. Solo podré hacer la transcripción fonética. Hace tres mil años me extravié, y lo que ha quedado son fragmentos fonéticos de mí. Estoy más ciega que antes. He visto, es verdad. He visto, y me ha asustado la verdad desnuda de un mundo cuyo mayor horror es que está tan vivo que, para admitir que estoy tan viva como él –y mi peor descubrimiento es que estoy tan viva como él–, tendré que elevar mi conciencia de vida exterior hasta el punto de atentar contra mi propia vida.

  • 8 poemas de Alejandra Pizarnik, un ave de las emociones

    8 poemas de Alejandra Pizarnik, un ave de las emociones

    Sus letras nos llevan hacia el interior y hacia algunos pasajes grises, nos pasea por la ternura, la pasión, lo frágil del ser y esa soledad constante… que es como una daga en su pecho. Es como su estandarte, su inspiración, algo con lo que aprende a vivir, una soledad interna más que externa, que le da ese sabor de melancolía a sus líneas.

    La soledad, el tema de la muerte y su misterio, parecen ser una constante; hábil y sutilmente, siembra en uno esa incertidumbre humana, trayéndonos tragos fuertes en sus poemas.

    Nos da una sensación de contemplación hacia esa niña que solía ser y esas tristezas y anhelos, que se quedaron y vivían en su interior. Lo plasma así Pizarnik en varios de sus escritos y nos deja ver por una rendija la procesión que lleva por dentro:

    Mis alas?
    dos pétalos podridos […]
    mi vida?
    vacío bien pensado […]
    mi rostro?
    un cero disimulado
    mis ojos?
    ah! trozos de infinito

    Sus letras en veces toman un tono azul profundo y melancólico, y deja un sabor fuerte, seco y dulce, que sorprende a quien desmenuza su escritura:

    ya comprendo la verdad
    estalla en mis deseos
    y en mis desdichas
    en mis desencuentros
    en mis desequilibrios
    en mis delirios
    ya comprendo la verdad
    ahora
    a buscar la vida

    Nos lleva a adentrarnos en su sentir de mujer, ante las situaciones por las que fue señalada, acosada y criticada: su forma de ser y vestir (considerada poco femenina en ese entonces), la comparación de sus padres con su hermana, su frágil salud y esa soledad interior depresiva, misma que marcó su desenlace a sus escasos 36 años, consumiendo 50 pastillas y eligiendo el suicidio como la puerta que la liberaría de su prisión interna.

    Flora Alejandra Pizarnik un ave de bello canto, encerrada en la jaula de las emociones.

    YO SOY…

    Mis alas?
    dos pétalos podridos
    mi razón?
    copitas de vino agrio
    mi vida?
    vacío bien pensado
    mi cuerpo?
    un tajo en la silla
    mi vaivén?
    un gong infantil
    mi rostro?
    un cero disimulado
    mis ojos?
    ah! trozos de infinito

    SÓLO UN AMOR

    Mi amor se amplía.
    Es un paracaídas perfecto.
    Es un clic que se exhala y
    su pecho se hace inmenso.
    Mi amor no ruge
    no clama
    no ruega
    no ríe.
    Su cuerpo es un ojo.
    Su piel es un mapamundi.
    Mis palabras perforan
    la última señal de su nombre.
    Mis besos son anguilas que él
    se ufana en dejar resbalar.
    Mis caricias un chorro reminiscente
    de música sobre fuentes de Roma.
    Nadie pudo huir aún de su territorio anímico.
    No hay rutas ni pliegues ni insectos.
    Todo es tan terso
    que mis lágrimas se sublevan.
    Mi creación es una mojigatería
    junto a su rubio carromato.
    En estos momentos el tintero alza vuelo
    y enfila hacia linderos inacabables
    de mosquitos haciendo el amor.
    Suena el fatídico sonido.
    Ya no vuelo.
    Es mi amor que se amplía.

    MÁS ALLÁ DEL OLVIDO

    Alguna vez de un costado de la luna
    verás caer los besos que brillan en mí
    las sombras sonreirán altivas
    luciendo el secreto que gime vagando
    vendrán las hojas impávidas
    que algún día fueron
    lo que mis ojos
    vendrán las mustias fragancias
    que innatas descendieron del alado son
    vendrán las rojas alegrías
    que burbujean intensas
    en el sol que redondea las armonías equidistantes
    en el humo danzante
    de la pipa de mi amor.

    EXILIO (a Raúl Gustavo Aguirre)

    Esta manía de saberme ángel,
    sin edad,
    sin muerte en que vivirme,
    sin piedad por mi nombre
    ni por mis huesos que lloran vagando.
    ¿Y quién no tiene un amor?
    ¿Y quién no goza entre amapolas?
    ¿Y quién no posee un fuego, una muerte,
    un miedo, algo horrible,
    aunque fuere con plumas,
    aunque fuere con sonrisas?
    Siniestro delirio amar a una sombra.
    La sombra no muere.
    Y mi amor
    sólo abraza a lo que fluye
    como lava del infierno:
    una logia callada,
    fantasmas en dulce erección,
    sacerdotes de espuma,
    y sobre todo ángeles,
    ángeles bellos como cuchillos
    que se elevan en la noche
    y devastan la esperanza.

    LA JAULA

    Afuera hay sol.
    No es más que un sol
    Pero los hombres lo miran
    y después cantan.
    Yo no sé del sol.
    Yo sé la melodía del ángel
    y el sermón caliente
    del último viento.
    Sé gritar hasta el alba
    cuando la muerte se posa desnuda
    en mi sombra.
    Yo lloro debajo de mi nombre.
    Yo agito pañuelos en la noche
    y sedientos de realidad
    bailan conmigo
    Yo oculto clavos
    para escarnecer a mis sueños enfermos.
    Afuera hay sol.
    Yo me visto de cenizas.

    CENIZAS

    Hemos dicho palabras,
    palabras para despertar muertos,
    palabras para hacer un fuego,
    palabras donde poder sentarnos
    y sonreír.
    Hemos creado el sermón
    del pájaro y del mar,
    el sermón del agua,
    el sermón del amor.
    Nos hemos arrodillado
    y adorado frases extensas
    como el suspiro de la estrella,
    frases como olas,
    frases con alas.
    Hemos inventado nuevos nombres
    para el vino y para la risa,
    para las miradas y sus terribles
    caminos.
    Yo ahora estoy sola
    -como la avara delirante
    sobre su montaña de oro-
    arrojando palabras hacia el cielo,
    pero yo estoy sola
    y no puedo decirle a mi amado
    aquellas palabras por las que vivo.

    LA NOCHE

    Poco sé de la noche
    pero la noche parece saber de mí,
    y más aún, me asiste como si me quisiera,
    me cubre la conciencia con sus estrellas.
    Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte.
    Tal vez la noche es nada
    y las conjeturas sobre ella nada
    y los seres que la viven nada.
    Tal vez las palabras sean lo único que existe
    en el enorme vacío de los siglos
    que nos arañan el alma con sus recuerdos.
    Pero la noche ha de conocer la miseria
    que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.
    Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas
    sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.
    Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.
    Su lágrima inmensa delira
    y grita que algo se fue para siempre.
    Alguna vez volveremos a ser.

    EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA DE LOCURA (FRAGMENTO)

    No me hables del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un jardín.
    Vendrás a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre, con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol, el sol y un animal.
    […]
    ¿Y yo? ¿A cuántos he salvado yo?
    El haberme prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado en honor de los demás.
    Retrocedía mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los sueños.

    Puertas del corazón, perro apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿qué pasa? No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón, respiración, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué significa traducirse en palabras? Y los proyectos del perfección a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi espíritu, la desaparición de mis faltas gramaticales. Mi sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar. La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para quién escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.
    […]

  • Festejando la muerte: 8 poemas para el Día de Muertos

    Festejando la muerte: 8 poemas para el Día de Muertos

    Tradicionalmente México ha sido tierra de gente alegre, existen muchos días en donde el festejo se hace presente, pero existe uno en especial que llama la atención por su singularidad: el festejo a la Muerte.

    En Noviembre es celebrado el día de “Todos los Santos” (1 de noviembre) y el día de los “Fieles Difuntos” (2 de noviembre). Ésta es una tradición milenaria que proviene de épocas prehispánicas y que, después de la conquista, adquirió también un significado con más religiosidad.

    En los lugares donde la tradición está más arraigada, todo inicia el 28 de octubre, preparando el altar tradicionalmente en dos (cielo y tierra), tres niveles (cielo tierra y purgatorio) o bien en 7 niveles, en donde serán recibidas las almas de nuestros antepasados y tomarán de la ofrenda lo que a ellos más les gustaba en vida.

    A su vez, en un altar de siete niveles se simbolizan los pasos necesarios para llegar al cielo y así poder descansar en paz. Este es considerado como el altar tradicional por excelencia. En su elaboración se deben considerar ciertos elementos básicos. Cada uno de los escalones se forra en tela negra y blanca y tienen un significado distinto.

    En el primer escalón va colocada la imagen de un santo del cual se sea devoto. El segundo se destina a las ánimas del purgatorio; es útil porque por medio de él el alma del difunto obtiene el permiso para salir de ese lugar en caso de encontrarse ahí. En el tercer escalón se coloca la sal, que simboliza la purificación del espíritu para los niños del purgatorio. En el cuarto, el personaje principal es otro elemento central de la festividad del Día de Muertos: el pan, que se ofrece como alimento a las ánimas que por ahí transitan. En el quinto se coloca el alimento y las frutas preferidas del difunto. En el sexto escalón se ponen las fotografías de las personas ya fallecidas y a las cuales se recuerda por medio del altar.

    Por último, en el séptimo escalón se coloca una cruz formada por semillas o frutas, como el tejocote y la lima.

    Elementos como el agua, la sal, los pétalos de flor de Cempazúchitl (flor de los muertos), el incienso (copal), el papel picado de colores, la luz de velas y por supuesto el pan, toman un significado más profundo y místico, ingredientes en nuestro ofrecimiento que nos ayudan a invitar, proteger y encaminar a las almas de los seres queridos hasta el hogar donde descansa cada ofrenda y después, en su camino de regreso.

    La comida favorita, es servida en el altar, se llena de frutas, postres, platillos, pan dulce, calaveritas de azúcar, agua, café, ponche, té, brandy, cerveza, tequila y mezcal, todo a manera de ofrenda, haciendo una recepción para nuestros amados seres, que descansan en paz y que ese día regresan a compartir unas horas al mundo terrenal, donde su familia les recuerda con amor.

    Se unen familiares y amigos en momentos de oración, crónicas, sonrisas, lágrimas y recuerdos, así las horas transcurren, incluso se visita o se realiza todo esto en el lugar donde reposa cada difunto. Durante esas noches y días se ‘convive’ con el alma de los seres amados, muchas veces incluyendo también la música, que entre flores y aromas arrancan, desde dentro, alguna lágrima.

    Al final de la celebración, se despide a los amados visitantes y la familia se dispone a comer todo lo servido, que ha perdido su esencia, pues ha sido tomada por cada una de las almas que estuvieron presentes.

    Sin duda cabe aquí la reflexión, la alegría, la añoranza y el amoroso homenaje, hacia cada ser que compartió con nosotros. El alma y el corazón siempre buscan y regresan, hacia donde el amor sigue vigente, a pesar de los tiempos… y a pesar de la Muerte.

    Por nuestra parte hemos querido compartir con vosotros esta selección de poemas de autores mexicanos que, desde distintas perspectivas, abordan la muerte y su significado.

     

    Yo lo pregunto – Nezahualcóyotl

    Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
    ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.
    Aunque sea de jade se quiebra,
    aunque sea de oro se rompe,
    aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.

     

    Un recuerdo dejo – Nezahualcóyotl

    Un recuerdo que dejo
    ¿Con qué he de irme?
    ¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
    ¿Cómo ha de actuar mi corazón?
    ¿Acaso en vano venimos a vivir,
    a brotar sobre la tierra?
    Dejemos al menos flores
    Dejemos al menos cantos

     

    Silencio – Octavio Paz

    Así como del fondo de la música
    brota una nota
    que mientras vibra crece y se adelgaza
    hasta que en otra música enmudece,
    brota del fondo del silencio
    otro silencio, aguda torre, espada,
    y sube y crece y nos suspende
    y mientras sube caen
    recuerdos, esperanzas,
    las pequeñas mentiras y las grandes,
    y queremos gritar y en la garganta
    se desvanece el grito:
    desembocamos al silencio
    en donde los silencios enmudecen.

     

    El pájaro – Octavio Paz

    Un silencio de aire, luz y cielo.
    En el silencio transparente
    el día reposaba:
    la transparencia del espacio
    era la transparencia del silencio.
    La inmóvil luz del cielo sosegaba
    el crecimiento de las yerbas.
    Los bichos de la tierra, entre las piedras,
    bajo la luz idéntica, eran piedras.
    El tiempo en el minuto se saciaba.
    En la quietud absorta
    se consumaba el mediodía.

    Y un pájaro cantó, delgada flecha.
    Pecho de plata herido vibró el cielo,
    se movieron las hojas,
    las yerbas despertaron…
    Y sentí que la muerte era una flecha
    que no se sabe quién dispara
    y en un abrir los ojos nos morimos.

     

    Pensándolo bien – Jaime Sabines

    Me dicen que debo hacer ejercicio
    para adelgazar,
    que alrededor de los 50′s
    son muy peligrosos
    la grasa y el cigarro,
    que hay que conservar la figura
    y dar la batalla al tiempo,
    a la vejez.

    Expertos bien intencionados
    y médicos amigos
    me recomiendan
    dietas y sistemas
    para prolongar la vida
    unos años más.

    Lo agradezco de todo corazón,
    pero me río
    de tan vanas recetas
    y tan escaso afán.
    (La muerte también ríe
    de todas esas cosas.)

    La única recomendación
    que considero seriamente
    es la de llevar
    una mujer joven a la cama
    Porque a estas alturas,
    la juventud
    Solo puede llegarme
    por contagio.

     

    La santidad de la muerte – Amado Nervo

    La santidad de la muerte
    llenó de paz tu semblante,
    y yo no puedo ya verte
    de mi memoria delante,
    sino en el sosiego inerte
    y glacial de aquel instante.

    En el ataúd exiguo,
    de ceras a la luz fatua,
    tenía tu rostro ambiguo
    quietud augusta de estatua
    en un sarcófago antiguo.

    Quietud con yo no sé qué
    de dulce y meditativo;
    majestad de lo que fue;
    reposo definitivo
    de quién ya sabe el porqué.

    Placidez, honda, sumisa
    a la ley; y en la gentil
    boca breve, una sonrisa
    enigmática, sutil,
    iluminando indecisa
    la tez color de marfil.

    A pesar de tanta pena
    como desde entonces siento,
    aquella visión me llena
    de blando recogimiento
    y unción…, como cuando suena
    la esquila de algún convento
    en una tarde serena…

     

    A una rosa – Sor Juana Inés de la Cruz

    Rosa divina, que en gentil cultura
    eres con tu fragante sutileza
    magisterio purpúreo en la belleza,
    enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
    ejemplo de la vana gentileza,
    en cuyo ser unió naturaleza
    la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
    soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
    y luego desmayada y encogida.

    De tu caduco ser das mustias señas!
    con que con docta muerte y necia vida,
    viviendo engañas y muriendo enseñas.

     

    Talpa (cuento, fragmento) – Juan Rulfo

    Algún día llegará la noche.
    En eso pensábamos.
    Llegará la noche
    y nos pondremos a descansar.
    Ahora se trata de cruzar el día,
    de atravesarlo como sea
    para correr del calor
    y del sol.
    Después nos detendremos.
    Después.
    Lo que tenemos que hacer
    por lo pronto
    es esfuerzo tras esfuerzo
    para ir de prisa
    detrás de tantos como nosotros
    y delante de otros muchos.
    De eso se trata.
    Ya descansaremos
    bien a bien
    cuando estemos muertos.

     


    Referencias

    • El altar de muertos: origen y significado en MéxicoPatricia Beatriz Denis Rodríguez, Andrés Hermida Moreno y Javier Huesca Méndez. La ciencia y el hombre (Revista de divulgación científica y tecnológica de la Universidad Veracruzana). Volumen XXV Número 1.
  • 5 poemas de Frida Kahlo

    5 poemas de Frida Kahlo

    Cuando uno ve su obra por vez primera, no la comprende; al conocer su historia uno puede adentrarse en esas líneas, que son como gotas de sangre de un ser herido; como tragos de vino de esa mujer que se emborracha por aversión, por delirio, por celos, por aquello que le conmueve, pero sobre todo, por amor.

    Un amor sufrido, un amor gris, espinoso, extenso como un valle, pero con muchos trazos obscuros… dulce, intenso, abismal.

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    Un sabor enervante en su escritura, tintes de tanta ternura, propia de una mujer con grandes y profundos sentimientos; un mar surge de su pluma y acaricia en brisa, con sus palabras.

    Frida se autorretrata, porque refleja en ella misma un sufrimiento físico desgarrador, la hiel que atraviesa su garganta, el terrible dolor que la doblega y la Frida que se levanta, edificándose nuevamente.

    Frida se autorretrata porque, es ella misma su única referencia, porque es ella su Norte, porque cae en cenizas y se reinventa una y otra vez.

    Frida se autorretrata porque le hace un homenaje a su propia figura, tan trabajada, tan lacerada, tan amada, tan firme en seguir al ser querido, aun viviendo sus múltiples dolores tanto físicos, como del alma:

    […] Cuando me dijeron que habrían de amputarme la pierna no me afectó como todos creían, NO, yo ya era una mujer incompleta cuando le perdí, otra vez, por enésima vez quizás y aún así sobreviví[…]
    No pretendo causarte lástima, a ti ni a nadie, tampoco quiero que te sientas culpable de nada, te escribo para decirte que te libero de mí, vamos, te “amputo” de mí, sé feliz y no me busques jamás[…]
    Se despide quien le ama con vehemente locura,
    Su Frida.

    Así reza una parte de una de sus cartas a Diego Rivera, a quién siempre amó con locura, según sus propias palabras.

    Frida nos enseña a vivir a pesar de tanta adversidad y nos regala en sus poesías y en sus cuadros esa descarga de sus ríos. Esos torrentes que, si uno es sensible, lo tocan por dentro y le hacen reflexionar sobre cuánto puede soportar un ser.

    Nos enseña a valorar, a caminar a pesar de los tropiezos, a sanar raspaduras, a festejar la vida en cada trago, pero sobre todo a “amputar” y soltar…

    Es Frida Khalo… por siempre nuestra Frida…

    Extractos de las cartas de Frida a Diego Rivera

    Recuerda que siempre te amaré
    aunque no estés a mi lado.
    Yo en mi soledad te digo,
    amar no es pecado a Dios.

    Amor aún te digo si quieres regresa,
    que siempre te estaré esperando.

    Tu ausencia me mata,
    haces de tu recuerdo una virtud.

    Tu eres el Dios inexistente
    cada que tu imagen se me revela.

    Le pregunto a mi corazón porque tú y no algún otro.
    Suyo del alma mía.

    -Frida Khalo-

    Nada comparable a tus manos,
    ni nada igual al oro-verde de tus ojos.
    Mi cuerpo se llena de ti por días y días.

    Eres el espejo de la noche.
    La luz violeta del relámpago.
    La humedad de la Tierra.
    El hueco de tus axilas es mi refugio.

    Toda mi alegría es sentir
    brotar la vida de tu fuente-flor
    que la mía guarda para llenar
    todos los caminos de mis nervios que son los tuyos,
    tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne,
    ondas entre nuestras manos.
    Solo tú en el espacio lleno de sonidos.

    En la sombra y en la luz;
    tú te llamarás auxocromo, el que capta el color.
    Yo cromóforo, la que da el color.

    Tú eres todas las combinaciones de números. La vida.

    Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento.
    Tú llenas y yo recibo.

    Tu palabra recorre todo el espacio y llega
    a mis células que son mis astros y va
    a las tuyas que son mi luz.

    -Frida Khalo-

    Verdad es muy grande
    que yo no quisiera ni hablar,
    ni dormir,
    ni oir,
    ni querer.
    Sentirme encerrada
    sin miedo a la Sangre,
    sin tiempo ni magia
    dentro de tu mismo miedo
    y dentro de tu gran angustia
    y en el mismo ruido de tu corazón.

    Toda esta locura, si te lo pidiera,
    yo sé que sería para tu silencio
    sólo turbación.

    Te pido violencia en la sinrazón
    y tú me das gracias,
    tu luz y calor.

    Pintarte quisiera
    pero no hay colores por haberlos tantos,
    ni mi confusión,
    la forma concreta de mi gran amor.

    -Frida Khalo-

    Nunca fue ni será mío.
    Es de él mismo.
    La vida callada dadora de mundos,
    lo que más importa es la no ilusión.
    La mañana Nace,
    los rojos amigos,
    los grandes azules,
    hojas en las manos,
    pájaros ruideros,
    dedos en el pelo,
    nidos de palomas,
    raro entendimiento de la lucha hermana,
    sencillez del canto de la sinrazón,
    locura del viento en mi corazón.
    Dulce xocolatl del México antiguo,
    tormenta en la sangre que entra por la boca.
    Compulsión,
    augurio,
    risa
    y dientes finos,
    agujas de perla
    para algún regalo de un siete de julio.
    Lo pido,
    me llega,
    canto,
    cantando,
    cantaré desde hoy
    nuestra magia, amor.

    -Frida Khalo-

    Sr. mío Don Diego:
    Escribo esto desde el cuarto de un hospital
    y en la antesala del quirófano.
    Intentan apresurarme
    pero yo estoy resuelta a terminar ésta carta,
    no quiero dejar nada a medias
    y menos ahora que sé lo que planean…

    […]

    Cuando me dijeron
    que habrían de amputarme la pierna
    no me afectó como todos creían,
    NO,
    yo ya era una mujer incompleta
    cuando le perdí, otra vez,
    por enésima vez quizás
    y aún así sobreviví.
    No me aterra el dolor y lo sabes,
    es casi una condición inmanente a mi ser,
    aunque sí te confieso que sufrí,
    y sufrí mucho…

    […]

    No pretendo causarte lástima,
    a ti ni a nadie,
    tampoco quiero
    que te sientas culpable de nada,
    te escribo para decirte que te libero de mí,
    vamos, te «amputo» de mi,
    sé feliz y no me busques jamás.

    -Frida Khalo-

  • 5 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

    5 poemas de Sor Juana Inés de la Cruz

    Sor Juana Inés de la Cruz fue una mujer con una inteligencia admirable, dueña de un Edén que existía: en su pensar, en su conocimiento tan vasto y en la delicadeza y fineza de sus líneas, que conmovió a las más altas esferas. Desde pequeña fue instruida y ella llevaba el gusto natural por instruirse, amante de las letras, profunda, audaz, elegante, sencilla, única…

    Una mujer adelantada a su tiempo, con una lucidez de pensamiento deslumbrante y una fuerza en su pluma implacable, firme, directa y, manejando tonos resplandecientes en todo cuanto escribía, llevaba la sinceridad a flor de piel. La honestidad en sus letras le retribuyó en el temor de muchos varones “ilustres” de su época para los que representó una seria amenaza intelectual.

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    Sor Juana tenía como don la gracia de poder abordar diversos temas sociales, espirituales, científicos y teológicos. Una mujer que devoraba cuanto conocimiento estaba a su alcance, exigiéndose siempre a sí misma, como ella lo narra en una de sus cartas a “Sor Filotea de la Cruz” (seudónimo del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz), cortaba su cabello a cierta altura y ella debía aprender los temas que le interesaban antes que su trenza alcanzara su tamaño original nuevamente:

    Sor Juana tenía como don la gracia de poder abordar diversos temas sociales, espirituales, científicos y teológicos. Una mujer que devoraba cuanto conocimiento estaba a su alcance, exigiéndose siempre a sí misma, como ella lo narra en una de sus cartas a “Sor Filotea de la Cruz” (seudónimo del obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz), cortaba su cabello a cierta altura y ella debía aprender los temas que le interesaban antes que su trenza alcanzara su tamaño original nuevamente:

    …y era tan intenso mi cuidado, que siendo así que en las mujeres -y más en tan florida juventud- es tan apreciable el adorno natural del cabello, yo me cortaba de él cuatro o seis dedos, midiendo hasta dónde llegaba antes, e imponiéndome ley de que si cuando volviese a crecer hasta allí no sabía tal o tal cosa que me había propuesto deprender en tanto que crecía, me lo había de volver a cortar en pena de la rudeza. Sucedía así que él crecía y yo no sabía lo propuesto, porque el pelo crecía aprisa y yo aprendía despacio, y con efecto le cortaba en pena de la rudeza: que no me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias…

    Sor Juana contaba con generosos valles de frases certeras, que cual ballesta calada, dejaban destellos de luz en los ojos de quienes leían sus escritos, pero además hacían ver y sentir desde diversas perspectivas.

    Esta sinceridad a la hora de expresar sus opiniones escritas le valió la censura por parte de altas autoridades eclesiásticas; su único pecado fue la Carta Atenagórica, que escribiera en privado al referido obispo Manuel Fernández de Santa Cruz (a petición de él mismo y quien la sacaría a la luz) pero también fue quizá una de sus máximas glorias, una crítica hacia el discurso del padre y escritor portugués Antonio Vieira, miembro de la orden religiosa europea “Compañía de Jesús”.

    La forma en que confronta, demuestra y defiende su punto de vista teológico, hacen ver la esgrima tremenda e impecable que posee Sor Juana, añadiéndole grandes dosis de humildad y frescura de unos inagotables manantiales de espiritualidad y verdad.

    No había otra forma de callarle más que imponiéndole y es así que se impiden sus escritos, los acorralan, los enmudecen y hacen que su creadora los incinere… y aquí cualquiera que escriba sabe lo que significa ese dolor tan terrible de perder obras y creaciones; es como si uno, literalmente, cortase un miembro de su cuerpo, es una herida que se queda sangrante en el alma.

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    En base a sus escritos uno puede aventurarse a pensar que quizá fue la primera defensora en México de la libertad de expresión, además de ser la primer mujer del país en defender la igualdad de género, haciendo valer su derecho de estudio, escritura, opinión y conocimiento.

    Sin duda una de las más grandes pensadoras de habla hispana; sin duda un ícono de la inteligencia, delicadez y lucidez femenina.

    Sencillamente Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana: Sor Juana Inés de la Cruz.

    En que da moral censura a una rosa

    Rosa divina que en gentil cultura
    eres, con tu fragante sutileza,
    magisterio purpúreo en la belleza,
    enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
    ejemplo de la vana gentileza,
    en cuyo ser unió naturaleza
    la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
    soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
    y luego desmayada y encogida

    de tu caduco ser das mustias señas,
    con que con docta muerte y necia vida,
    viviendo engañas y muriendo enseñas!

    En que satisfaga un recelo

    Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
    como en tu rostro y en tus acciones vía
    que con palabras no te persuadía,
    que el corazón me vieses deseaba.

    Y Amor, que mis intentos ayudaba,
    venció lo que imposible parecía,
    pues entre el llanto que el dolor vertía,
    el corazón deshecho destilaba.

    Baste ya de rigores, mi bien, baste,
    no te atormenten más celos tiranos,
    ni el vil recelo tu quietud contraste

    con sombras necias, con indicios vanos:
    pues ya en líquido humor viste y tocaste
    mi corazón deshecho entre tus manos.

    Procura desmentir los elogios

    Éste que ves, engaño colorido,
    que, del arte ostentando los primores,
    con falsos silogismos de colores
    es cauteloso engaño del sentido;

    éste en quien la lisonja ha pretendido
    excusar de los años los horrores
    y venciendo del tiempo los rigores
    triunfar de la vejez y del olvido:

    es un vano artificio del cuidado;
    es una flor al viento delicada;
    es un resguardo inútil para el hado;

    es una necia diligencia errada;
    es un afán caduco, y, bien mirado,
    es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

    Quéjase de la suerte

    ¿En perseguirme, mundo, qué interesas?
    ¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
    poner bellezas en mi entendimiento
    y no mi entendimiento en las bellezas?

    Yo no estimo tesoros ni riquezas,
    y así, siempre me causa más contento
    poner riquezas en mi entendimiento
    que no mi entendimiento en las riquezas.

    Y no estimo hermosura que vencida
    es despojo civil de las edades
    ni riqueza me agrada fementida,

    teniendo por mejor en mis verdades
    consumir vanidades de la vida
    que consumir la vida en vanidades.

    Redondillas

    Hombres necios que acusáis
    a la mujer sin razón,
    sin ver que sois la ocasión
    de lo mismo que culpáis:

    si con ansia sin igual
    solicitáis su desdén,
    ¿por qué queréis que obren bien
    si las incitáis al mal?

    Cambatís su resistencia
    y luego, con gravedad,
    decís que fue liviandad
    lo que hizo la diligencia.

    Parecer quiere el denuedo
    de vuestro parecer loco
    el niño que pone el coco
    y luego le tiene miedo.

    Queréis, con presunción necia,
    hallar a la que buscáis,
    para pretendida, Thais,
    y en la posesión, Lucrecia.

    ¿Qué humor puede ser más raro
    que el que, falto de consejo,
    él mismo empaña el espejo,
    y siente que no esté claro?

    Con el favor y desdén
    tenéis condición igual,
    quejándoos, si os tratan mal,
    burlándoos, si os quieren bien.

    Siempre tan necios andáis
    que, con desigual nivel,
    a una culpáis por crüel
    y a otra por fácil culpáis.

    ¿Pues como ha de estar templada
    la que vuestro amor pretende,
    si la que es ingrata, ofende,
    y la que es fácil, enfada?

    Mas, entre el enfado y pena
    que vuestro gusto refiere,
    bien haya la que no os quiere
    y quejaos en hora buena.

    Dan vuestras amantes penas
    a sus libertades alas,
    y después de hacerlas malas
    las queréis hallar muy buenas.

    ¿Cuál mayor culpa ha tenido
    en una pasión errada:
    la que cae de rogada,
    o el que ruega de caído?

    ¿O cuál es más de culpar,
    aunque cualquiera mal haga:
    la que peca por la paga,
    o el que paga por pecar?

    Pues ¿para qué os espantáis
    de la culpa que tenéis?
    Queredlas cual las hacéis
    o hacedlas cual las buscáis.

    Dejad de solicitar,
    y después, con más razón,
    acusaréis la afición
    de la que os fuere a rogar.

    Bien con muchas armas fundo
    que lidia vuestra arrogancia,
    pues en promesa e instancia
    juntáis diablo, carne y mundo.

  • 5 poemas de Alfonsina Storni

    5 poemas de Alfonsina Storni

    Retrato de la poeta argentina Alfonsina Storni (1892-1938).

    Hablar de Alfonsina Storni es hablar de sensibilidad pura, de anhelo,  de la esencia del ser plasmada en letras.

    Alfonsina fue una dama fina y delicada, de una exquisita sencillez, según relatan algunos autores que le conocieron, que nos traslada hacia un sentir puramente femenino, a ese lado de mujer que muchas veces no es comprendido por el varón en una época machista. Así, escribe y se da a conocer en un medio dominado en gran parte por varones poetas, por ejemplo de la altura de Amado Nervo, y se desenvuelve de forma majestuosa y única destacándose por la sensibilidad de sus versos.

    Nos pasea por paisajes de ternura, pasión, y nostalgia. Sus letras nos llevan melancólicamente a la reflexión y erizan la piel por la delicada forma en que aborda de forma directa su sentir:

    Huye hacia los bosques,
    Vete a la montaña;
    Límpiate la boca;
    Vive en las cabañas;
    Toca con las manos
    La tierra mojada;
    Alimenta el cuerpo
    Con raíz amarga;
    Bebe de las rocas;
    Duerme sobre escarcha;
    Renueva tejidos
    Con salitre y agua;
    Habla con los pájaros
    Y lévate al alba.
    Y cuando las carnes
    Te sean tornadas,
    Y cuando hayas puesto
    En ellas el alma
    Que por las alcobas
    Se quedó enredada,
    Entonces, buen hombre,
    Preténdeme blanca,
    Preténdeme nívea,
    Preténdeme casta.

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    Etiquetada como una escritora feminista, Alfonsina rompe con varios estilos de poesía y trae a la época algo más fresco, que destaca por mover las fibras en su género y ser reconocida y escoltada por varios Poetas de su tiempo. Su vida amorosa fue un misterio, tanto así que nunca se reveló la paternidad de su hijo. Fue, una mujer que guardó para sí mucho y que mostraba ese paraíso interno, melancólico y cristalino a través de sus letras; que revelan su personalidad y su encanto:

    Mariposa triste, leona cruel,
    Di luces y sombra todo en una vez.
    Cuando fui leona nunca recordé
    Cómo pude un día mariposa ser.
    Cuando mariposa jamás me pensé
    Que pudieras un día zarpar o morder.

    Finalmente, sabida de que era víctima de cáncer mamario y del poco avance en la época en cuanto a tratamientos, no quiso vivir con ese sufrimiento a cuestas:

    Tengo el presentimiento que he de vivir muy poco.
    Esta cabeza mía se parece al crisol,
    Purifica y consume.
    Pero sin una queja, sin asomo de horror.

    Alfonsina decide terminar con su vida, de una forma discreta, durante la noche en uno de sus descansos en Mar del Plata. Una de sus sandalias se halló en uno de los peñascos de la costa y su cuerpo fue encontrado flotando de mañana cerca de la playa.

    Para Alfonsina el suicidio era algo que podía decidirse a voluntad. Ella tomó esa opción y nos dejó su legado en letras, como una delicada brisa.

    Animal cansado

    Quiero un amor feroz de garra y diente
    Que me asalte a traición en pleno día,
    Y que sofoque esta soberbia mía,
    Este orgullo de ser todo pudiente.
    Quiero un amor feroz de garra y diente
    Que en carne viva inicie mi sangría,
    A ver si acaba esta melancolía
    Que me corrompe el alma lentamente.
    Quiero un amor que sea una tormenta,
    Que todo rompe y lo remueve todo
    Porque vigor profundo la alimenta.
    Que pueda reanimarse allí mi lodo,
    mi pobre lodo de animal cansado,
    Por viejas sendas, de rodar, hastiado.

    Alma desnuda

    Soy un alma desnuda en estos versos,
    Alma desnuda, que angustiada y sola,
    Va dejando sus pétalos dispersos.
    Alma que puede ser una amapola,
    Que puede ser un lirio, una violeta,
    Un peñasco, una selva y una ola.
    Alma que como el viento vaga inquieta,
    Y ruge cuando está sobre los mares,
    Y duerme dulcemente en una grieta.
    Alma que adora, sobre sus altares,
    Dioses que no se bajan a cegarla;
    Alma que no conoce valladares.
    Alma que fuera fácil dominarla
    Con sólo un corazón que se partiera
    Para en su sangre cálida regarla
    Alma que cuando está en la primavera
    Dice al invierno que demora: vuelve,
    Caiga tu nieve sobre la pradera.
    Alma que cuando nieva, se disuelve
    En tristezas, clamando por las rosas
    Con que la primavera nos envuelve.
    Alma, que a ratos, suelta mariposas
    A campo abierto, sin fijar distancia,
    Y les dice: libad sobre las cosas.
    Alma que ha de morir de una fragancia,
    De un suspiro, de un verso en que se ruega,
    Sin perder, a poderlo, su elegancia.
    Alma que nada sabe y todo niega.
    Y negando lo bueno el bien propicia,
    Porque es negando como más se entrega.
    Alma que suele haber como delicia
    Palpar las almas, despreciar la huella,
    Y sentir en la mano una caricia.
    Alma que siempre disconforme de ella,
    Como los vientos vaga, corre y gira;
    Alma que sangra y sin cesar delira
    Por el oro precioso de una estrella.

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    Un sol

    Mi corazón es como un dios sin lengua,
    Mudo se está a la espera del milagro,
    He amado mucho, todo amor fue magro,
    Que todo amor lo conocí con mengua.
    He amado hasta llorar, hasta morirme.
    Amé hasta odiar, amé hasta la locura,
    Pero yo espero algún amor natura
    Capaz de renovarme y redimirme.
    Amor que fructifique mi desierto
    Y me haga brotar ramas sensitivas,
    Soy una selva de raíces vivas,
    Sólo el follaje suele estarse muerto.
    ¿En dónde está quien mi deseo alienta?
    ¿Me empobreció a sus ojos el ramaje?
    Vulgar estorbo, pálido follaje
    Distinto al tronco fiel que lo alimenta.
    ¿En dónde está el espíritu sombrío
    De cuya opacidad brote la llama?
    Ah, si mis mundos con su amor inflama
    Yo seré incontenible como un río.
    ¿En dónde está el que con su amor me envuelva?
    Ha de traer su gran verdad sabida…
    Hielo y más hielo recogí en la vida:
    Yo necesito un sol que me disuelva.

    Soy

    Soy suave y triste si idolatro,
    puedo bajar el cielo hasta mi mano cuando
    El alma de otro al alma mía enredo.
    Plumón alguno no hallarás más blando.
    Ninguna como yo las manos besa,
    Ni se acurruca tanto en un ensueño,
    Ni cupo en otro cuerpo, así pequeño,
    Un alma humana de mayor terneza.
    Muero sobre los ojos, si los siento
    Como pájaros vivos, un momento,
    Aletear bajo mis dedos blancos.
    Sé la frase que encanta y que comprende
    Y sé callar cuando la luna asciende
    Enorme y roja sobre los barrancos.

    Voy a dormir

    Dientes de flores, cofia de rocío,
    manos de hierbas, tú, nodriza fina,
    tenme prestas las sábanas terrosas
    y el edredón de musgos escardados.
    Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
    Ponme una lámpara a la cabecera;
    una constelación, la que te guste;
    todas son buenas: bájala un poquito.
    Déjame sola: oyes romper los brotes…
    te acuna un pie celeste desde arriba
    y un pájaro te traza unos compases
    para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
    si él llama nuevamente por teléfono
    le dices que no insista, que he salido…