Poemas

  • Reflexiona con un poema de Manuel de Pedrolo

    Reflexiona con un poema de Manuel de Pedrolo

    pedrolo

    Manuel de Pedrolo Molina, escritor en lengua catalana, nació el 1 de abril de 1918 en la localidad de Aranyó (Lleida) y falleció en Barcelona el 26 de junio de 1990. Censurado durante la dictadura y no reconocido durante la democracia, tuvo una faceta poética poco conocida. Este año 2018 se celebra el centenario de su nacimiento y por eso le hemos escogido para esta sección.

    Pedrolo utiliza el lenguaje poético para explorarse a sí mismo y al mundo que le rodea. Es un poeta militante y combativo en sus escritos.

    No sé qué me posee

    No hay nada, ni ningún lugar donde ir:
    todo aquello que el sol me prometía
    se pasea por mudas arterias,
    flamea poco, sólo algún golpe
    perturba los castillos de mi silencio;
    entonces nace un verso, no sé qué nace
    ni cómo se lo hace: hablo libremente
    de cosas ignoradas, de cosas
    que mis dedos no sabrían guardar.

    Rejas a través (Poemas 1944-1952)

    Precisamente por esas cosas que sus ‘dedos no sabrían guardar’ fue un poeta olvidado por las instituciones, incluso por las de la Cataluña democrática presidida por el Sr. Jordi Pujol.

  • Reflexiona con un poema de Luo Fu

    Reflexiona con un poema de Luo Fu

    Luo Fu

    ¿Qué mejor reflexión para la mayoría de poetas de Poémame que el primer verso cuando Luo Fu dice ‘¿Qué nos importa no figurar / en la Antología de los 300 poemas Tang?’? Esto no quiere decir que no guste, pero no es el objetivo principal.

    Esta reflexión me ha recordado algunos de los debates que se han generado en la interesante y viva sección ‘Slam‘ de Poémame.

  • La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    A las personas nos encanta clasificar. Debe ser algo insertado en nuestro cerebro. Cuando hablamos de poesía, nos fijamos en su estilo, en su forma, o en los temas que trata: verso clásico o verso libre, poesía superficial o profunda, accesible o sofisticada, sencilla o compleja.

    Pero la poesía no es sólo el poema, como objeto de lectura en sí, es también el efecto que produce en el lector. Y desde esta perspectiva descubrimos poesía que resulta difícil de clasificar, poesía que independientemente de su apariencia transmite no solo un mensaje, sino también una actitud, un estado de ánimo.

    Es este el caso de la poesía de José Manuel Gómez Mira. Sus poemas nos hablan desde la serenidad -como el eco de una larga conversación junto a la hoguera- del paso del tiempo y de la naturaleza: tardes de lluvia, árboles y arroyos, inviernos pasados y futuros… En sus versos se intuye un poso de Neruda y de Machado, y una observación íntima y atenta del entorno que le rodea y que le inspira, de la vida.

    Escribe José Manuel en primera persona, dirigiéndose con frecuencia a ella, amada o acompañante, o interpelándonos directamente como lectores. Sus poemas, ajenos a los textos de consumo rápido tan habituales hoy en día, nos exigen una lectura sosegada; aquella en la que, llegados al último verso, volvemos atrás para entretenernos en alguna estrofa o contemplar el poema en su totalidad, como el caminante que tras ascender a un altozano se detiene para admirar y recordar el camino recorrido, y descubrir así nuevos significados y matices.

    Sin extenderme más, comparto con vosotros una breve muestra de la obra de José Manuel y os invito a seguir descubriendo y disfrutando su poesía.


    Amores largos

    Mi amor es largo
    en tiempo y distancias,
    largo en ausencias,
    es camino largo
    de tierra y aguas
    con una meta:
    alcanzar tu cintura,
    tu piel serena.

    Llegaré hasta tu puerta;
    una rosa en la mano,
    y unos besos prendidos
    entre los labios
    para entregarte
    en la noche de fuego
    que nos espera.

     

    Sabiéndonos presentes

    Se hincan de rodillas las nubes
    ante el fragor sereno de tu transparencia,
    se postran con el diálogo permanente
    del vuelo de tus flores aladas.

    Soy tuyo
    cuando con la amanecida
    se transforman tu Luna y mi Fuego
    en patria de eclipses creadores
    de un mismo caudal casual de voluntad,
    eres mía
    en la búsqueda con tus pensamientos
    de cualquiera avalancha cálida y vibrante
    entre tus labios,
    somos nuestros
    con la charla plácida donde cerramos,
    abandonadas,
    las ventanas maleducadas del ayer,
    somos nosotros
    al hacernos barrenderos de las hojas secas
    y en la confesión de las aceras.

    Es entonces nuestra la lumbre,
    tú las pavesas,
    y yo la ventolera
    que las eleva hasta donde cruje
    nuestra madera sagrada,
    eres entonces perfume indomable de acacias,
    perímetro constante a conquistar
    en mis tardes y en mis noches
    congestionadas ante el poder de tu pasión,
    es para entonces nuestro también el azar
    cuando se afina con el anochecer
    en nuestro lecho de distancias.

     

    En tu cintura

    Ardiendo en tu cintura
    un nido de hipocampos
    me anuncia amaneceres
    cruzados por cascadas,
    al lado de tu pecho
    se acogen terremotos,
    renuncian los temores,
    se esconde el viento sabio.

    Callado a ti me acerco,
    armado de inocencia,
    hundido en ti me pierdo.

    Sintiendo la cadencia
    del alma en tus latidos
    adorno con guirnaldas
    los valses de tu vientre,
    decoro de rubores
    las llamas de tus senos.

    Ardiendo en tu cintura
    se incendian cataratas
    de hielo y de rocío,
    de nieves en tu espalda
    rozada por el tibio
    temblor de la esperanza.

     

    Que estalle la paz

    Afilemos viejos lápices,
    esgrimamos tizas blancas,
    unámoslos en barrera de armonías,
    detengamos con su fuerza
    la agonía de cañones
    del hambre de los hombres,
    escribamos las palabras
    con las que remendar auroras
    en ofrenda de las selvas.

    Que nos inunde la paz,
    volteada como diábolo
    en su cuerda,
    disparada como flecha
    hacia la diana
    de los sentimientos libres,
    que estalle repentina
    la esperanza contundente y absoluta
    cuando cese la epopeya
    de los duelos,
    el combate por el pan
    de cada día.

    Soñemos
    ocho estrellas blancas,
    soñemos limpia la bandera
    hoy ultrajada por manos negras,
    soñemos en la paz,
    en la esperanza,
    volvernos sobre el mar
    como una lanza
    cargada de justicia y de prudencia.

    Roguemos
    por el tiempo en que será
    la libertad
    con la que abrazar la tierra,
    con la que respirar presencias,
    en la que dibujar
    sin sombras
    ni silencios ni cadenas.

    De pronto se hará el mañana,
    y este tiempo,
    inflado de paciencia,
    verá crecer los hongos y los setos,
    y hasta el río,
    guardián de los secretos,
    hará remansos,
    deteniendo el curso de su llanto.

    Asaltados nuestros diques
    reventará la paz en mil burbujas,
    con cada espina,
    en cada esquina,
    en tus ventanas,
    bajo mis puertas.

     

    Tu silencio rueda

    A la vera de tu torre,
    aderezada por el batir de las tormentas,
    vas olvidando el tiempo
    entre el solo de una flauta
    y en la gratitud de tu grito sincero.

    Más allá de las leyendas
    (y de los años)
    está el clamor de tus esferas abatidas,
    llora y vibra
    en el quejido solidario
    del hierro oxidado de tus rejas
    el solfeo áspero de las abejas despistadas,
    la alquimia desmembrada
    por tus rúbricas de insomnios.

    Tu silencio respira en un reloj de Sol,
    se bebe el tiempo a sorbos
    (y a tientas)
    más allá de las brumas,
    cuando marca las diez
    en tu ermita de paredes invisibles
    y en el canto madrugador y sin consuelo
    de un petirrojo en su espadaña.

    Sabes que callas para escuchar
    con el ronroneo meritorio de la lluvia
    la vergüenza del satélite
    agachado tras tu sombra,
    sabes que caminar es el destino
    de los que buscan la paz,
    y se hunden sin pudor en el vértigo del valle,
    conoces cómo has de tallar las piedras
    para olvidar esas torres
    hoy presentidas de tristeza,
    ahora confusión de letras rotas
    y de pecados del habla.

    Más allá de donde las fuentes
    regalan sus gotas doloridas
    sobre tu torso helado
    tu silencio ha de mudar
    en sonido de la hiedra creciente
    agarrada con ansiedad al mampuesto,
    expuestas sus raíces hacia el aire,
    cuaderno de bitácora desde donde redactar
    la historia descosida de sus cabrestantes,
    será diez kilogramos de ideas
    suspendidas en lo alto
    de una columna y de un capitel
    sencillos y tallados de agua,
    trasiego perpetuo del convencimiento,
    espejo trashumante
    en perspectiva de destino.

    No será tu silencio túnel desfallecido
    o inmenso secarral
    de presente y de futuro,
    no se tornará escala de patíbulo,
    raíz cuadrada de la nada
    o higuera infértil,
    pues tus lágrimas las disipará el contraste
    de un tañido ufano de campanas.

     

    Piel del roble

    Mi árbol antiguo,
    roble viejo,
    renacido en la colina en primavera,
    haz que el aire hable en ti,
    que te dé voz
    para contarme en cada frase tuya
    lo que sientes,
    lo que vives,
    lo que esperas.

    Díctame con tus hojas,
    con su envés,
    los secretos más profundos,
    nárrame a través de tus raíces
    como es la tierra nuestra
    que te envuelve,
    para sentirte en mí,
    para gozarte,
    para darme la paz
    que ahora presiento
    en la columna suave de tu tronco.

    Como lluvia que golpea
    tu estructura centenaria
    háblame con calma de los tiempos,
    como Sol que le da luz
    a tus nidos y a tus brotes,
    dibuja en mi alma trazos nuevos,
    de juventud en tantos años renacida.

    Viejo amado,
    roble viejo,
    perspicaz anacoreta de los bosques,
    anciano redimido por los años
    de tus musgos,
    de tus hiedras,
    canta con mi abrazo
    la eternidad de la sonata de tus sendas,
    sé mi albergue
    cuando llegue el día,
    y que sean mis cenizas
    alimento de tu herencia.

     

    Pluma de tarde y aguas

    No menguan los instantes
    que tus frases rozan,
    ni se borran los minutos
    cuando te ausentas.

    Flota cada noche en mis moradas
    tu voz de incipiente incienso verde,
    boga en la penumbra
    el canto imaginario de tus cejas,
    leo entre la llama de una vela blanca
    el Todo de este tiempo,
    el Ahora presente entre nosotros.

    Me vuelvo jinete
    en cabalgada hacia los prados
    donde presumo que te apostas,
    calzo espuelas de aires suaves.

    Floto ante la carantoña de los vidrios,
    rumio versos sobre un diván de lluvias
    en estas líneas breves
    redactadas con la pluma de mis tardes.

     

    Hinojos

    Mientras siga sonando
    la canción de los grillos en celo
    he de lograr que estos mansos pasos
    pueblen veredas.

    Si veis que continúo
    hablándoos sin descanso
    de mis edades sin pausa,
    comprendedme,
    pues quiero explicaros
    cada minuto de permanencia
    entre este alma y esta piel,
    explicaros una a una cada una de las grietas
    del tiempo que respiro y atrapo
    en un segundo de coraje,
    y de cómo es la sombra permanente
    del árbol que se acerca
    cuando detengo mis pasos
    entre las rutas sacras de mi verde país.

    Mientras suene
    la canción de los grillos en celo
    arrancaré las hojas y semillas del hinojo
    tal y como mi abuelo me enseñó
    en un día lejano de un junio,
    las restregaré entre mis manos,
    y así seguiré
    reservando el aroma de vida
    sobre los dedos
    hasta nutrirme con su olor,
    así seguiré,
    explicándoos el por qué de las arrugas
    que ensalzan gozosas mi frente.

  • Reflexiona con un poema de Derek Walcott

    Reflexiona con un poema de Derek Walcott

    Un tema profundo analizado en el blog Pijamasurf. Ese momento crucial en que una persona se reconcilia consigo misma, acepta lo que es y, a partir de eso, comienza a amarse incondicionalmente.

    Love after love

    The time will come
    when, with elation
    you will greet yourself arriving
    at your own door, in your own mirror
    and each will smile at the other’s welcome,

    and say, sit here. Eat.
    You will love again the stranger who was your self.
    Give wine. Give bread. Give back your heart
    to itself, to the stranger who has loved you

    all your life, whom you ignored
    for another, who knows you by heart.
    Take down the love letters from the bookshelf,

    the photographs, the desperate notes,
    peel your own image from the mirror.
    Sit. Feast on your life.

    – non omnis moriar –

     

  • Poema y reflexión con Bob Dylan

    Poema y reflexión con Bob Dylan

    Reflexión estival que no solo se puede aplicar al hombre, a la mujer también.

  • Poemareflexiona de verano VIII

    Poemareflexiona de verano VIII

    Durante el paréntesis estival os vamos a recordar algunos de los Poemareflexiona con …. que hemos publicado en la revista.

    En esta entrega veraniega vamos a reflexionar con cuatro poetas:

    Poemareflexiona con… Liu Xia

    Poemareflexiona con… Gaspar M. de Jovellanos

    Poemareflexiona con… Warsan Shire

    Poemareflexiona con… Ida Gramcko

  • Poemareflexiona de verano VII

    Poemareflexiona de verano VII

    Durante el paréntesis estival os vamos a recordar algunos de los Poemareflexiona con …. que hemos publicado en la revista.

    En esta entrega veraniega vamos a reflexionar con cuatro poetas:

    Poemareflexiona con… Arthur Rimbaud

    Poemareflexiona con… Julio Cortázar

    Poemareflexiona con… Jesús Lizano

    Poemareflexiona con… Marina Tsvetáieva

  • Poemareflexiona de verano VI

    Poemareflexiona de verano VI

    Durante el paréntesis estival os vamos a recordar algunos de los Poemareflexiona con …. que hemos publicado en la revista.

    En esta entrega veraniega vamos a reflexionar con cuatro poetas:

    Poemareflexiona con… Charles Baudelaire

    Poemareflexiona con… Aristóteles

    Poemareflexiona con… T.S.Eliot

    Poemareflexiona con… Virginia Woolf

  • Poesía con aroma a sándalo: La pluma de Marisa Béjar

    Poesía con aroma a sándalo: La pluma de Marisa Béjar

    “Despiértame y déjame donde sólo el amor reine”

     La poesía de Marisa Béjar es un mundo en sí misma; un mundo fantástico de brumas y espíritus etéreos, luces y sombras, aromas, emociones y sentimientos; es como un viaje en el tiempo hacia una atmósfera medio gótica, medio medieval, medio romántica, que sorprende y atrapa por su magia. Tiene el don de pintar cuadros que dibujan imágenes oníricas, inquietantes, pero siempre con un pequeño destello de luz brillante. Este ambiente puede palparse, por ejemplo, en su poema «El escriba», en el que el lector casi puede oír el chisporroteo del cirio, el aroma a cera derretida, a papiro:

    El escriba vaga
    con alma traslumbrada
    y pluma amortajada.

    El porta cirios centellea,
    en duermevela fluyen letras.
    Tinta seca: catalepsia.

    Pero su poesía es también dinámica e inquieta, con una gran riqueza tanto por su vocabulario como por la variedad temática; cierto que en la mayoría de sus poemas aparece ese pequeño matiz oscuro tan característico pero, a su vez, esconde diversidad de sentimientos y emociones que atrapan y perfilan un universo único y tremendamente seductor en el que apetece adentrarse.

    Descenso

    Es un descenso ahogadero,
    acuña hielo mi pecho:
    sedimentos de espectros pendencieros.

    Siempre mi piel sin sustento,
    siempre oscuro el desfiladero.

    Si te llamo, sólo muevo los labios,
    tampoco hay heraldo de mi llanto.

    Es el reflejo de lo inverso:
    de morir ingrávido y cálido,
    a ser pesado acero en el cieno.

    Son mecenas que pulverizan mis venas.
    Consanguíneos de anfibios
    desmenuzando mi halo.

    Basculo en vano
    intentando hallar tu mano.

    Y al otro lado descubro un embrionario
    sentimiento de bienaventuranza.
    ¿Eres tú en la distancia?

    Otra característica de la poesía de Marisa, y quizás un fiel reflejo de su personalidad (tengamos en cuenta el dato que boxeó durante once años) es el espíritu luchador que no admite derrotas:

    es la pasión del luchador herido
    la que permite mantenerte erguido
    ante el dolor infligido

    Para Marisa, el dolor puede llegar a ser un motor para seguir adelante y no dejar jamás de levantarse, una lucha acérrima donde la fuerza del alma juega un papel importante.

    Aun así, a veces parece perderse en plena desesperación sin ese hombro donde esconderse a llorar, sin esa mano amiga/amada donde apoyarse; el suelo se puede llegar a quebrar bajo sus pies bajo el peso de una ausencia.

    Sólo mi alma errante
    en suspiros lacerantes
    si ya no estás cerca.

     Y es que las ausencias dejan mella en sus versos, convirtiendo algunos de sus poemas en un doloroso desgarro y suspiros.

    Góndola amada

    Lóbregas aguas estancan
    mi góndola amada.
    Donde yace el amor desusado,
    novelescos sueños cobijados.
    Rasgueo el odio con mi manos,
    ya no te hallo, ¿Qué hago?
    El tiempo es barro envarado,
    inmisericorde,
    inabarcable en llanto.
    Mi góndola amada,
    donde vimos cornisas doradas.
    El viento silabeaba tu amor,
    sin argucias, sólo pasión.
    Mi corazón descorchado
    a ti
    bramaba sin fin.
    Ahora en cordaje rasposo amarrado,
    desacostumbrado al desamparo
    te sigue hablando.

    O nos habla de ese pequeño detalle que sobresale de toda la atmósfera mundana, como se puede ver en el relato «El mirlo que escucho al anochecer» en el que hace un paralelismo del canto del mirlo con el alma y los sentimientos.

    (…) Es una lucha titánica, pero él logra coronarse en medio del desbarajuste urbano. Consigue crear un canal único en el que su voz se enarbola por encima del caos.

    Nos une un magnetismo especial: cuando se aproxima la hora me tiendo en la cama y su dulce cantinela me transporta a otro mundo. Es una especial conexión de almas interespecies.

    Una de las cosas que más destaca en su poesía es el arte que tiene para jugar con las palabras, creando versos de gran belleza y curadas rimas, dotando sus poemas de una elegancia y delicadeza áspera fascinantes:

    Dosel de nogal trenzado

    Caja de música desconchada
    yace en mi almohada.

    Lisonjeras notas
    cincelan de gloria mi alcoba.

    Transmigración auspiciada:
    ¡Volveré a sentirme amada!

    En ampuloso espasmo
    el dosel de nogal trenzado
    deviene exiliado.

    Soy aire, soy paz:
    ¡Antinomia irreal!
    Soy esqueje de ti mismo
    porque sólo en ti existo.

    Mi espíritu argentado
    en corazón sincopado
    cuando estás a mi lado.

    Distendido paraje ensortijado
    en herrumbre bañado…

    Por el bosque levitando,
    portón enrejado chirriando
    anunciando mi paso.

    Jardín en candil iluminado:
    y vuelvo al dosel de nogal trenzado.

     

    Su voz

    Su voz es laúd chapeado
    en principesco pasado.
    Piqueta dorada,
    vitualla en mi alma.

    Son renglones
    de sinsabores
    que libertinos
    huyen del Nilo,
    En busca de un aforismo:
    ¿Existe el amor que siempre alimente cuerpo y espíritu?

    Cuentan las hadas que su dorsal sobrenadaba en el agua.
    Siento sus tibias ondas
    meciendo mi cuerpo
    en silencio.
    Extático placer,
    dádiva que arquea mi espalda.

    ¿Su voz en el aire?
    ¡No!
    Me aguarda tras el cortinaje.

    La pluma de Marisa va más allá de la poesía, y es que la magia trasciende este género para deleitarnos con su maravillosa prosa poética:

    Soy una gota de agua en un vierteaguas

    Soy una gota de agua, pero no resido en la inmensidad del océano. Vivo en un vierteaguas. Me aferro a la porosidad de mi sustento aunque sé que no es eterno. Ese es mi suelo: tribulación y desconsuelo. Voy en busca de un asidero que me corone como un Ser imperecedero. No quiero vivir en un atolladero que me hostiga todos los días con mirar arriba.

    Demudó el cielo raso y claro, ¡ahora está encapotado! Mi mundo bucólico quedó expirado, en breve mi vida será tornado.

    No puedo parar la avanzadilla de la tediosa camarilla. Los truenos me advierten la llegada de la emboscada. Debo formar barricadas, me niego a caer en la nada…Me espera una vida aciaga. No quiero abandonar el vierteaguas, allí quise fundar mi propio reino; un pequeño lago que sólo en sueños logré atisbarlo. Es un bello recuerdo idealizado en un anclaje amado. Vacuos deseos malogrados, vetados en rictus de agrado.

    El descenso será inmediato, el cielo relampaguea imperioso por desatar su marea. Esa fuerza condensada cercenará mi dulce morada. ¿Y dónde vagará mi alma varada?

    Quisiera que hubiera una balaustrada que me eximiera de una vida frustrada. ¡Sí, eso! ¡Una mágica balaustrada; perlada de polvos de hadas! Pero yo no puedo fabricarla, sólo soy una gota de agua en un vierteaguas y nadie acude a mis plegarias. Y en un vano intento de arraigo ¡CAIGO!… Es un sustento insurrecto al sosiego. Me aterra más el vacío que llegar al suelo frío.

    Ahora mi vida transmuta. Me hallo inmersa en una siniestra gruta; sin sol ni luna. Avanzo sin cordura, sólo con la hambruna de vivir mi próxima aventura.

    Y no me detengo, se apodera de mí un sentimiento contrafóbico con bravura.

    ¡A lo lejos hay luz! Y detrás de una duna otra gota de agua me saluda.

    ¡Tanto miedo que tenía de caer al suelo y estoy viviendo en mi idealizado reino!

    El cielos de los perros, de Marisa Béjar (La Fábrica de Sueños, 2018)

    No en vano este año se ha publicado su novela, El Cielo de los Perros (La Fábrica de Sueños, 2018), donde se encuentra este mezcla de sentimientos, emociones y el mundo fantástico.

    Para terminar este pequeño repaso a la obra de Marisa Béjar, quisiera unirme al homenaje que @Malulita_, poeta de Poémame, le hizo al dedicarle este precioso poema:

    Flor azul (por @Malulita_)

    A la poetisa Marisa Béjar a su elegancia al escribir

    Flor azul con el mar
    en cada pétalo pintado
    azul diáfano del cielo .
    Flor que nace de la melancolía
    donde se posa el ave azul
    a cantar su mejor melodía.
    Donde las mariposas
    revolotean al ritmo
    de las notas de amor.
    Flor de nostalgia,
    azul preferido del poeta
    flor de virginal pureza
    Que con porte y estilo te yergues
    en libertad suave y serena
    luz difusa en bellas letras
    con elegancia escribe el poeta
    sentimientos en flor azul
    que nunca se extingue.


    Si quieres descubrir la prosa y la poesía de Marisa Béjar te invitamos a visitar su blog «La pluma de Marisa Béjar» y su perfil literario en Poémame.

  • Poemareflexiona de verano V

    Poemareflexiona de verano V

    Durante el paréntesis estival os vamos a recordar algunos de los Poemareflexiona con …. que hemos publicado en la revista.

    En esta entrega veraniega vamos a reflexionar con cuatro poetas:

    Poemareflexiona con… Federico García Lorca

    Poemareflexiona con… Alfonsina Storni

    Poemareflexiona con… Antonio Machado

    Poemareflexiona con… Miguel de Cervantes