Poemas

  • 7 poemas de Ida Vitale, premio Cervantes 2018

    7 poemas de Ida Vitale, premio Cervantes 2018

    Nacida en Montevideo en 1923, Ida Vitale es poeta, traductora y ensayista. Exiliada en México desde 1974, por la dictadura en su país, no volvería a Uruguay hasta 1984.

    Considerada miembro de la Generación del 45, junto con Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti, tiene una voz poética que es cada vez más profunda y certera y que no deja de editarse. Antologías suyas de estos años pueden encontrarse en papel y también en digital: Todo de pronto es nada (2015), Cerca de cien (2015), Sobrevida (2016) y la flamante edición de Poesía reunida, aparecida en Tusquets el año pasado, donde están los poemas que ella publicó entre 1949 y 2015.

    En palabras de José Guirao, Ministro de Cultura español, entre las razones para la elección de Ida Vitale se encuentra «su lenguaje, uno de los más destacados y reconocidos de la poesía moderna en español, que es al mismo tiempo intelectual y popular, universal y personal, transparente y honda». Cuando recibió la noticia del premio, la poeta se mostró «sorprendida, agradecida y muy vital, haciendo honor a su nombre».


    Agosto, Santa Rosa

    Una lluvia de un día puede no acabar nunca,
    puede en gotas,
    en hojas de amarilla tristeza
    irnos cambiando el cielo todo, el aire,
    en torva inundación la luz,
    triste, en silencio y negra,
    como un mirlo mojado.
    Deshecha piel, deshecho cuerpo de agua
    destrozándose en torre y pararrayos,
    me sobreviene, se me viene sobre
    mi altura tantas veces,
    mojándome, mugiendo, compartiendo
    mi ropa y mis zapatos,
    también mi sola lágrima tan salida de madre.
    Miro la tarde de hora en hora,
    miro de buscarle la cara
    con tierna proposición de acento,
    miro de perderle pavor,
    pero me da la espalda puesta ya a anochecer.
    Miro todo tan malo, tan acérrimo y hosco.
    ¡Qué fácil desalmarse,
    ser con muy buenos modos de piedra,
    quedar sola, gritando como un árbol,
    por cada rama temporal,
    muriéndome de agosto!

     

    Fortuna

    Por años, disfrutar del error
    y de su enmienda,
    haber podido hablar, caminar libre,
    no existir mutilada,
    no entrar o sí en iglesias,
    leer, oír la música querida,
    ser en la noche un ser como en el día.

    No ser casada en un negocio,
    medida en cabras,
    sufrir gobierno de parientes
    o legal lapidación.
    No desfilar ya nunca
    y no admitir palabras
    que pongan en la sangre
    limaduras de hierro.
    Descubrir por ti misma
    otro ser no previsto
    en el puente de la mirada.

    Ser humano y mujer, ni más ni menos.

     

    Gotas

    ¿Se hieren y se funden?
    Acaban de dejar de ser la lluvia.
    Traviesas en recreo,
    gatitos de un reino transparente,
    corren libres por vidrios y barandas,
    umbrales de su limbo,
    se siguen, se persiguen,
    quizá van, de soledad a bodas,
    a fundirse y amarse.
    Trasueñan otra muerte.

     

    Invierno

    Como las gotas en el vidrio,
    como las gotas de la lluvia
    en una tarde somnolienta,
    exactamente iguales,
    superficiales,
    ávidas todas,
    breves,
    se hieren y se funden,
    tan, tan breves
    que no podrían dar cabida al miedo,
    que el espanto no debiera hacer huella
    en nosotros.

    Después, ya muertos, rodaremos,
    redondos y olvidados.

     

    Cuadro

    Construimos el orden de la mesa,
    el follaje de la ilusión,
    un festín de luces y sombras,
    la apariencia del viaje en la inmovilidad.
    Tensamos un blanco campo
    para que en él esplendan
    las reverberaciones del pensamiento
    en torno del icono naciente.
    Luego soltamos nuestros perros,
    azuzamos la cacería,
    la imagen serenísima, virtual,
    cae desgarrada.

     

    Penitencia

    ¿Mirar atrás será pasar
    a ser de sal precaria estatua,
    un perecer petrificado
    preso en sí mismo, parte
    del roto encanto de un paisaje
    cuya música no logró más oír?

    ¿Debo matar lo que miré,
    el mito que minuciosa
    pliego y despliego,
    grava para mi paso solo?
    ¿Ciega borrar lugares,
    playas, vientos, el tiempo?

    Sobre todas las cosas,
    anular horas que se han vuelto inútiles
    como lluvia que cae
    sobre el mar implacable,
    como mis propios pasos
    si no son penitencia.

    Exilios

    …tras tanto acá y allá yendo y viniendo.
    – Francisco de Aldana

    Están aquí y allá: de paso,
    en ningún lado.
    Cada horizonte: donde un ascua atrae.
    Podrían ir hacia cualquier fisura.
    No hay brújula ni voces.

    Cruzan desiertos que el bravo sol
    o que la helada queman
    y campos infinitos sin el límite
    que los vuelve reales,
    que los haría de solidez y pasto.

    La mirada se acuesta como un perro,
    sin siquiera el recurso de mover una cola.
    La mirada se acuesta o retrocede,
    se pulveriza por el aire
    si nadie la devuelve.
    No regresa a la sangre ni alcanza
    a quien debiera.

    Se disuelve, tan solo.

  • Savia viva en los versos de María Prieto

    Savia viva en los versos de María Prieto

    Una de las últimas incorporaciones a nuestro parnaso, llega con olor a salitre y a tierra húmeda. María Prieto Sánchez consigue que la naturaleza palpite en sus versos y retrata con maestría la belleza de una callejuela, de un caserón y hasta del propio olvido. Ya en la biografía de su perfil nos deja claro que la poesía le sirve, sobre todo, para entenderse, para poner en orden su caos y desorden interior. No lo duda: Por eso escribo. ¿Quieren pruebas?

    Con ojos de otoño

    Como fruta madura de final de verano,
    voy mirando la vida
    con los ojos de otoño.
    Soy octubre templado derramando semilla
    en parda sementera,
    despejando silencios; deambulando
    entre mis surcos con los ojos
    cerrados.
    Evocando primaveras…
    Voy tomando la sazón del áspero
    membrillo.
    Rosa abierta de sangre de granada.
    Son mis manos
    sarmientos de las vides del tiempo.
    Es mi piel
    vino añejo, entre soles dorados.
    Mi perfume,
    el aroma de la tierra mojada.
    Soy amiga del aire que estremece mi pelo
    y salgo a los caminos a extender mis alas
    contra la húmeda brisa que
    presagia la lluvia.
    A veces,
    estoy triste y me visto de niebla
    y me escondo en su manto y me vuelvo brumosa
    como el cielo en el alba.
    A ratos, luminosa,
    como sol de mañana
    o silente y profunda
    como noche
    cerrada.
    Soy el fuerte aguacero que me inunda
    por dentro,
    esas gotas primeras que levantan
    el polvo,
    la llovizna suave que te cala
    en el alma
    o el torrente feroz de amarga
    dentellada.
    Soy noviembre que arrastra torbellinos de oro…
    Me pierdo por senderos tranquilos y enredados.
    (Crujidos de hojas secas
    son mis pasos…)
    Me diluyo lentamente entre las frondas,
    con el pálido sol de la tarde.
    Y me miro en el agua…y me siento lejana…
    Y remonto
    a lo más alto – blanca soledad de nubes –
    en el vuelo triangular de las aves.
    Unas veces me río. Otras veces me callo.
    Y acumulo recuerdos del cajón
    de mi olvido,
    de batallas ganadas y de guerras perdidas.

    Tiembla aún la mirada de la niña
    que fui,
    guardando mil secretos
    entre los pliegues del sueño.
    Y tirita mi cuerpo a la luz de la luna
    irremediablemente inmerso
    en los ciclos vitales de las estaciones.
    Ese ritmo inclemente…
    de inicios y finales…
    Devenir eterno de
    los días
    y las noches.
    Luego vendrá
    el invierno
    con su capa de armiño
    y abrigaré mi corazón
    (suspiro de madroño anaranjado).
    Y volaré con las grullas a remotos lugares.
    Más cálidos…

    Partiré con el alba. Cuando nadie me vea…
    (Y ese día
    mis ojos
    lloverán
    estrellas.)

    La poeta se transforma con el paso del tiempo, su cuerpo, su voz y sus versos sirven de recipiente a todo cuanto acontece, ya sea cálido, ya sea gélido. Su sensibilidad a la hora de transmitirnos las emociones que la embargan, es enorme y hace magia y cosquillas en cada fibra del alma que llegan a tocar sus letras. ¿No me creen? Les invito a dar un paseo con ella a través de sus Retazos del verano, justo en el momento que nos dice:

    Y camino persiguiendo mi sombra, cada vez más alargada con el caer de la tarde, entre el agua fría y transparente y el albo nácar de las conchas que crujen bajo mis pies. Acompasar mis pasos a ese ritmo sonoro, cadencioso, continuo y ancestral de las olas y mareas estrellándose, incansables, contra las rocas.

    ¿No es hermoso? Por ahora, siete maravillosos poemas ha dejado en la palestra de Poémame. Dejo abiertas las ventanas de mis ojos a lo que quiera seguir susurrándonos su poesía. No se la pierdan.

  • Jana y la poesía que hace cosquillas en el alma

    Jana y la poesía que hace cosquillas en el alma

    Hoy quería acercaros un poco a una autora de Poémame con la que tengo una especial relación, Jana Rivera (@JanaRivera).

    Jana es sin duda un alma inquieta y un remolino de emociones. Transmite mucho sentimiento a través de su poesía. Juega con las palabras hasta moldearlas y hacer con ellas nuevos conceptos y sentidos. Le da un pellizco a los mofletes de la mañana, y se unta una tostada de pan de higo con mermelada de noche. Así es como yo veo su poesía. Una explosión de vida.

    Sin habernos visto nunca, tengo con ella una complicidad que he conseguido con pocas personas. Hemos tenido tardes y noches de risas y versos, porque eso es escribir con ella, momentos únicos de vida en verso. Por eso hoy os invito a que la conozcáis un poquito más a través de su poesía.

    Comerme la vida

    Remuevo conciencias.
    Hiervo las venas.
    Pongo sal a las lágrimas.
    Picante a los besos.
    Dulce al mirar.

    Mezclo caricias.
    Parto condenas.
    Separo rencores.
    Pellizco el caminar.

    Comerme la vida entera. Con sus platos amargos y también sabrosos.

    Ya me vendrá la cuenta. Pero, para entonces, habré amado, reído, llorado y soñado.

    Para entonces, habré decantado infinitos momentos dichosos.

     

    Relámpago

    Entraste por una rendija. Clavel curioso en la solapa del viento.

    Te fuiste como un relámpago. Con carga eléctrica. Puro estruendo.

     

    Tatuajes de tinta y saliva

    Abriéndose paso a base de pespuntes de piel, la aguja inyectaba tinta en un lienzo en blanco.

    Expectativas, ilusiones, historias y abrazos de mil maneras pueden caber en un pequeño dibujo.

    Besos rodados, besos soñados, besos imaginados, besos robados, besos en bucle, uno detrás de otro, se iban grabando en color negro en la memoria.

    Acariciaban las agujas con regusto afilado. Sentada, la impaciencia esperaba, ansiosa, en un banco.

    Al fin se reveló el universo particular. Asomaba al día un diminuto tatuaje. Tan grande que en él cabían deseos, estrellas, ecos, energías, constelaciones. Tan pequeño. Tan poco. Y tanto.

     

    El baile de mis cortinas

    ¡Cortinas al viento se precipitan por la ventana! Se agita mi pelo, asomada a la nada. Observo palomas, mariquitas en rojo y lunares. Nidos de cigüeña haciendo equilibrios entre torres y tejas. Oigo sus picos de percusión, espérame aquí, que ahora vengo.

    Me doy una vuelta por dos melodías y tres batucadas. Qué poco me pesan los huesos, qué fuertes mis alas.

    Sin mochilas a cuestas, bailo y vuelo con los pies en las nubes y las manos en el suelo. Qué mareoooo.

    Pero es genial. Es un aturdimiento placentero. Entro en el juego.

    Dicen que no es el tiempo quien todo lo cura, sino las personas que lo pasan con nosotros. Bienvenida la buena gente, la entusiasta, la sincera, la de las cosas claras, la de las risas a carcajadas.

    Tengo un horizonte cálido, repleto de oportunidades. De sueños tibios y sueños lentos. De sueños agitados y sueños tremendos.

    Irlanda, Escandinavia, Rusia. Este, oeste, norte y vientre meridional, danzando en curva y contracurva. Échale picante. Cálmalo con canela y azúcar.

    Deja que mi ventana siga abierta de par en par. Deja que mis cortinas jueguen entre pasos de baile, que el aire no pare de soplar.

     

    Un bocado de sandía

    Reducida hasta lo más esencial, surqué los mares moleculares. Los golpes de elementos que chocan como por arte de magia. Y el Hidrógeno se enamora del Oxígeno, y en su abrazo implosivo se derriten en agua, y me fluyen como al morder una porción de sandía.

    Con mis ojos bebo clorofila, me destella el verde más refrescante, me eriza toda la piel, es selva, es una sonrisa viva.

    En las plumas de un jilguero despliego el vuelo, serpenteo, planeo, zigzagueo, goteo… ¡Tin-tin-tin!, y me escurro por rocas calizas, mis manos desnudas, la mente vestida.

    Y me acurruco en los labios, suaves dunas en puestas de sol. Me deslizo entre curvas, la boca es un lienzo prohibido a pleno color.

    Que me deslizo, me simplifico, me complico.

    No sé si abrazar lo más pequeño o explotar al compás del universo entero. Igual me doy una vuelta en mi nube de barro, por si llueve chocolate, dulce y amargo.

    [Porque ya sabes que lo pequeñito puede ser realmente espectacular]

     

    Pirata de comisuras

    Era tan pirata sin pata de palo,
    que abordó sonrisas
    sin regalar botín a los ruidos,
    sin dar tregua a los llantos.

    [Dedicado a mi amiga Horten, que lleva por emblema el lado bueno de las cosas.]

     

    Miguitas de magdalenas

    Tenía un abrigo naranja para los días que pesaban. Hacía livianas las penas.

    Los labios vestidos en color frambuesa. Dejaban su marca en las tazas de café, como el que lanza miguitas en el camino para no perderse. Cada sorbo, una huella en el mapa.

    Sentada en la mesa con flores naturales. Madera suave, pulida por el paso de vidas y manos llenas, corazones rotos y sangre en las venas.

    Ella observaba el bullicio de la gente pasar por el ventanal de la cafetería. Era coqueto, el escenario ideal para practicar, con las comisuras rizadas, la magia de la mirada.

    Miraba los gorriones llevándose restos de magdalenas en el suelo. Miraba repartidores de vida agitada. Miraba jardines que aguardan la lluvia.

    Despacito se fijaba en los besos en las esquinas. Los bolsos llenos de rosas sin espinas.

    Miraba caminando vidas desoladas. Preocupaciones a cuestas del que muere en el trabajo. De los que viven en treinta metros cuadrados.

    Miraba cejas sinceras. Extraños que se cruzan y se saludan con la chispa del «buenos días» de verdad.

    Miraba bufandas suaves. Pañuelos al viento. Corazones blanditos y almas que rugen con puro estruendo.

    Miraba el amor del calcetín desemparejado con el que aparece en el otro pie de repente.

    Miraba fuentes incesantes. Gotas de vida. Periódicos altivos y gafas tímidas.

    Y miraba.

    Porque ver no es mirar. Cuando uno mira, le pone el alma. Toca la puerta del pecho. A veces se entra de puntillas. Otras, suenan campanas y se alborota el cabello.

    Déjame que mire, decía. Déjame que me beba el tiempo.

    Jana es la compañera de Poémame con la que más colaboraciones he hecho, y es todo un placer escribir con ella, así que os invito a leer esta. Nuestro compañero Alex richter-boix nos apodó la sal y la pimienta de Poémame, de ahí este poema.

    Risas a la sal y pimienta (colaboración con @horten67)

    Estornudar raudales de risas. Cocinar con sabor los pequeños momentos. Compartir trocitos de regocijo, amasar la amistad, hacer de la vida un feliz revoltijo.

    Poner sabor a la vida, con chispitas que explotan en la boca y hacen cosquillas en el alma. Sonreír juntos, en conjunto y juntando carcajadas y bromas que limpian lágrimas pegadas. Esas que se adhieren, se adueñan e inundan las mañanas nubladas y las noches sin luna.

    Echar carreras a los pájaros en el cielo, a las hormigas en el suelo. Que crujan los bordes de la pizza. Beberse la vida con bien de hielo y un millón de burbujas.

    Y si nos falta color en las mejillas, pellizcos de abuela en los mofletes. Canturrear cuando la voz está quebrada y cantar a pleno pulmón cuando se recupera.

    Y si llueve, botas de goma rojas. Y si nieva, gorros de colores y manoplas calientes.

    Sopa de pan calentita cuando el corazón es mendrugo duro.

    Y silbar en la ducha cuando el agua nos limpie tropiezos y deshaga los barros. Aplaudir los logros y zapatear con fuerza sobre los fracasos. Brindar por la suerte y lanzar hasta Júpiter al hombre del saco.

    Tomar la medida al miedo para hacerle un traje de faralaes, y bailar hasta que se rinda a tus pies. Después descorchar una botella de ganas y beber hasta quedar borracha de vida.

    No hay más vida que una.

    No la pierdas, no la tires ni la malgastes.

    Disfruta cada día como si fuera el primero y el último, y no olvides nunca, que todo sabe mejor CON SAL Y PIMIENTA.

    Estas líneas son fruto de la complicidad que une a personas que no se conocen, pero se conocen: las ganas de espachurrar la vida y de dar rienda suelta al estornudo del alma… la risa.

  • Reflexiona con un poema de Paulo Leminski

    Reflexiona con un poema de Paulo Leminski

    Tal como va retrocediendo el mundo en materia de libertades, no tenemos más remedio que recurrir a la poesía.

  • Festejando la muerte: 8 poemas para el Día de Muertos

    Festejando la muerte: 8 poemas para el Día de Muertos

    Tradicionalmente México ha sido tierra de gente alegre, existen muchos días en donde el festejo se hace presente, pero existe uno en especial que llama la atención por su singularidad: el festejo a la Muerte.

    En Noviembre es celebrado el día de “Todos los Santos” (1 de noviembre) y el día de los “Fieles Difuntos” (2 de noviembre). Ésta es una tradición milenaria que proviene de épocas prehispánicas y que, después de la conquista, adquirió también un significado con más religiosidad.

    En los lugares donde la tradición está más arraigada, todo inicia el 28 de octubre, preparando el altar tradicionalmente en dos (cielo y tierra), tres niveles (cielo tierra y purgatorio) o bien en 7 niveles, en donde serán recibidas las almas de nuestros antepasados y tomarán de la ofrenda lo que a ellos más les gustaba en vida.

    A su vez, en un altar de siete niveles se simbolizan los pasos necesarios para llegar al cielo y así poder descansar en paz. Este es considerado como el altar tradicional por excelencia. En su elaboración se deben considerar ciertos elementos básicos. Cada uno de los escalones se forra en tela negra y blanca y tienen un significado distinto.

    En el primer escalón va colocada la imagen de un santo del cual se sea devoto. El segundo se destina a las ánimas del purgatorio; es útil porque por medio de él el alma del difunto obtiene el permiso para salir de ese lugar en caso de encontrarse ahí. En el tercer escalón se coloca la sal, que simboliza la purificación del espíritu para los niños del purgatorio. En el cuarto, el personaje principal es otro elemento central de la festividad del Día de Muertos: el pan, que se ofrece como alimento a las ánimas que por ahí transitan. En el quinto se coloca el alimento y las frutas preferidas del difunto. En el sexto escalón se ponen las fotografías de las personas ya fallecidas y a las cuales se recuerda por medio del altar.

    Por último, en el séptimo escalón se coloca una cruz formada por semillas o frutas, como el tejocote y la lima.

    Elementos como el agua, la sal, los pétalos de flor de Cempazúchitl (flor de los muertos), el incienso (copal), el papel picado de colores, la luz de velas y por supuesto el pan, toman un significado más profundo y místico, ingredientes en nuestro ofrecimiento que nos ayudan a invitar, proteger y encaminar a las almas de los seres queridos hasta el hogar donde descansa cada ofrenda y después, en su camino de regreso.

    La comida favorita, es servida en el altar, se llena de frutas, postres, platillos, pan dulce, calaveritas de azúcar, agua, café, ponche, té, brandy, cerveza, tequila y mezcal, todo a manera de ofrenda, haciendo una recepción para nuestros amados seres, que descansan en paz y que ese día regresan a compartir unas horas al mundo terrenal, donde su familia les recuerda con amor.

    Se unen familiares y amigos en momentos de oración, crónicas, sonrisas, lágrimas y recuerdos, así las horas transcurren, incluso se visita o se realiza todo esto en el lugar donde reposa cada difunto. Durante esas noches y días se ‘convive’ con el alma de los seres amados, muchas veces incluyendo también la música, que entre flores y aromas arrancan, desde dentro, alguna lágrima.

    Al final de la celebración, se despide a los amados visitantes y la familia se dispone a comer todo lo servido, que ha perdido su esencia, pues ha sido tomada por cada una de las almas que estuvieron presentes.

    Sin duda cabe aquí la reflexión, la alegría, la añoranza y el amoroso homenaje, hacia cada ser que compartió con nosotros. El alma y el corazón siempre buscan y regresan, hacia donde el amor sigue vigente, a pesar de los tiempos… y a pesar de la Muerte.

    Por nuestra parte hemos querido compartir con vosotros esta selección de poemas de autores mexicanos que, desde distintas perspectivas, abordan la muerte y su significado.

     

    Yo lo pregunto – Nezahualcóyotl

    Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
    ¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.
    Aunque sea de jade se quiebra,
    aunque sea de oro se rompe,
    aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
    No para siempre en la tierra:
    sólo un poco aquí.

     

    Un recuerdo dejo – Nezahualcóyotl

    Un recuerdo que dejo
    ¿Con qué he de irme?
    ¿Nada dejaré en pos de mi sobre la tierra?
    ¿Cómo ha de actuar mi corazón?
    ¿Acaso en vano venimos a vivir,
    a brotar sobre la tierra?
    Dejemos al menos flores
    Dejemos al menos cantos

     

    Silencio – Octavio Paz

    Así como del fondo de la música
    brota una nota
    que mientras vibra crece y se adelgaza
    hasta que en otra música enmudece,
    brota del fondo del silencio
    otro silencio, aguda torre, espada,
    y sube y crece y nos suspende
    y mientras sube caen
    recuerdos, esperanzas,
    las pequeñas mentiras y las grandes,
    y queremos gritar y en la garganta
    se desvanece el grito:
    desembocamos al silencio
    en donde los silencios enmudecen.

     

    El pájaro – Octavio Paz

    Un silencio de aire, luz y cielo.
    En el silencio transparente
    el día reposaba:
    la transparencia del espacio
    era la transparencia del silencio.
    La inmóvil luz del cielo sosegaba
    el crecimiento de las yerbas.
    Los bichos de la tierra, entre las piedras,
    bajo la luz idéntica, eran piedras.
    El tiempo en el minuto se saciaba.
    En la quietud absorta
    se consumaba el mediodía.

    Y un pájaro cantó, delgada flecha.
    Pecho de plata herido vibró el cielo,
    se movieron las hojas,
    las yerbas despertaron…
    Y sentí que la muerte era una flecha
    que no se sabe quién dispara
    y en un abrir los ojos nos morimos.

     

    Pensándolo bien – Jaime Sabines

    Me dicen que debo hacer ejercicio
    para adelgazar,
    que alrededor de los 50′s
    son muy peligrosos
    la grasa y el cigarro,
    que hay que conservar la figura
    y dar la batalla al tiempo,
    a la vejez.

    Expertos bien intencionados
    y médicos amigos
    me recomiendan
    dietas y sistemas
    para prolongar la vida
    unos años más.

    Lo agradezco de todo corazón,
    pero me río
    de tan vanas recetas
    y tan escaso afán.
    (La muerte también ríe
    de todas esas cosas.)

    La única recomendación
    que considero seriamente
    es la de llevar
    una mujer joven a la cama
    Porque a estas alturas,
    la juventud
    Solo puede llegarme
    por contagio.

     

    La santidad de la muerte – Amado Nervo

    La santidad de la muerte
    llenó de paz tu semblante,
    y yo no puedo ya verte
    de mi memoria delante,
    sino en el sosiego inerte
    y glacial de aquel instante.

    En el ataúd exiguo,
    de ceras a la luz fatua,
    tenía tu rostro ambiguo
    quietud augusta de estatua
    en un sarcófago antiguo.

    Quietud con yo no sé qué
    de dulce y meditativo;
    majestad de lo que fue;
    reposo definitivo
    de quién ya sabe el porqué.

    Placidez, honda, sumisa
    a la ley; y en la gentil
    boca breve, una sonrisa
    enigmática, sutil,
    iluminando indecisa
    la tez color de marfil.

    A pesar de tanta pena
    como desde entonces siento,
    aquella visión me llena
    de blando recogimiento
    y unción…, como cuando suena
    la esquila de algún convento
    en una tarde serena…

     

    A una rosa – Sor Juana Inés de la Cruz

    Rosa divina, que en gentil cultura
    eres con tu fragante sutileza
    magisterio purpúreo en la belleza,
    enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
    ejemplo de la vana gentileza,
    en cuyo ser unió naturaleza
    la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
    soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
    y luego desmayada y encogida.

    De tu caduco ser das mustias señas!
    con que con docta muerte y necia vida,
    viviendo engañas y muriendo enseñas.

     

    Talpa (cuento, fragmento) – Juan Rulfo

    Algún día llegará la noche.
    En eso pensábamos.
    Llegará la noche
    y nos pondremos a descansar.
    Ahora se trata de cruzar el día,
    de atravesarlo como sea
    para correr del calor
    y del sol.
    Después nos detendremos.
    Después.
    Lo que tenemos que hacer
    por lo pronto
    es esfuerzo tras esfuerzo
    para ir de prisa
    detrás de tantos como nosotros
    y delante de otros muchos.
    De eso se trata.
    Ya descansaremos
    bien a bien
    cuando estemos muertos.

     


    Referencias

    • El altar de muertos: origen y significado en México. Patricia Beatriz Denis Rodríguez, Andrés Hermida Moreno y Javier Huesca Méndez. La ciencia y el hombre (Revista de divulgación científica y tecnológica de la Universidad Veracruzana). Volumen XXV Número 1.
  • Reflexiona con un poema de Sylvia Plath

    Reflexiona con un poema de Sylvia Plath

    El 20 de diciembre ya publicamos un artículo sobre Sylvia Plath, pero el de hoy es más festivo porque es su cumpleaños. Hemos escogido este poema para celebrarlo:

    Espejo

    Soy plateado y exacto. Sin prejuicios.
    Cuanto veo trago de inmediato
    tal como es, intacto de amor u odio.
    No soy cruel, solo sincero—
    el ojo de un pequeño dios, de cuatro lados.
    En la pared opuesta paso la mayor parte del tiempo meditando:
    rosa, moteada. La he mirado tanto
    que es parte de mi corazón. Pero se mueve.
    Rostros y oscuridad nos separan sin cesar.

    Ahora soy un lago. Una mujer se inclina hacia mi,
    busca en mi su verdadero ser.
    Después se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
    Veo su espalda, y la reflejo fielmente.
    Ella me paga con lágrimas y agitando las manos.
    Le importo. Ella viene y va.
    Todas las mañanas, su rostro reemplaza la oscuridad
    Ahogó en mi a una niña y una mujer en mi

    se alza contra ella todos los días, como un pez terrible.

    – Traducción de J.L.Regojo

     

    Mirror

    I am silver and exact. I have no preconceptions.
    Whatever you see I swallow immediately
    Just as it is, unmisted by love or dislike.
    I am not cruel, only truthful—
    The eye of a little god, four-cornered.
    Most of the time I meditate on the opposite wall.
    It is pink, with speckles. I have looked at it so long
    I think it is a part of my heart. But it flickers.
    Faces and darkness separate us over and over.

    Now I am a lake. A woman bends over me,
    Searching my reaches for what she really is.
    Then she turns to those liars, the candles or the moon.
    I see her back, and reflect it faithfully.
    She rewards me with tears and an agitation of hands.
    I am important to her. She comes and goes.
    Each morning it is her face that replaces the darkness.
    In me she has drowned a young girl, and in me an old woman
    Rises toward her day after day, like a terrible fish.

    – Fuente: Genius

  • 7 poemas de Veronica Micle

    7 poemas de Veronica Micle

    La poeta romántica rumana Verónica Micle.

    Veronica Micle (1850-1889) fue una poeta rumana del romántico tardío conocida principalmente por su relación sentimental con el también poeta Mihai Eminescu.

    Aunque se conoce poco sobre su vida, como autora publicó novelas y diversas traducciones en revistas de la época. Como solía ser habitual, los poetas románticos no publicaron ningún libro de sus poemas, si no que lo hicieron en revistas literarias.

    En los estudios académicos se ganó el calificativo de “eminente” para, posteriormente, conocer en dicha escuela -llamada “escuela de niñas”- al que sería su futuro marido, Stefan Micle, un profesor universitario y rector de la universidad de Cluj. De este enlace nacieron sus dos hijas.

    En 1872 hizo un viaje a Viena donde le es presentado Mihai Eminescu. Desde aquel instante sus vidas cambian radicalmente, ya que ambos se enamoran apasionadamente el uno del otro. Mientras seguía casada con Stefan, los encuentros entre ella y Eminescu eran quizás, la inspiración para ambos de la poesía más realista, trágica y romántica a la vez, que se ha escrito alguna vez en la literatura rumana.

    El propio Eminescu reconoce la importancia que tuvo Veronica en su creación literaria. En una carta de 1876 de Mihai a Verónica se descubre cómo llevan dos años conociéndose y éste la amada apasionadamente desde la distancia.

    Dos años, señora, no he podido trabajar nada, y he seguido como un idiota una esperanza, no sólo inútil, sino indigna. Eras una idea en mi cabeza y te quería como alguien quiere un cuadro.

    Finalmente, cuando Eminescu muere en el sanatorio del doctor Sutu, ella al no poder asumir tal pérdida se suicida en el monasterio de Varatec por la ingesta de arsénico. En su último poema se puede apreciar su anhelo de trascender hacía donde estaba él.

    ¡Oh muerte!
    ¡Oh muerte si vinieras
    a mi solitario corazón para apaciguar mis pensamientos
    y oír como el huracán grita en crueles cantos,
    caminando sobre la nada, alejado por ásperos vientos!
    Anhelo un largo reposo… para poder dormirme.
    Dormirme para siempre.

    Dado que la obra de Veronica Micle no ha sido traducida al castellano, he reunido en una antología treinta de sus poemas para su posterior publicación por la editorial Ediciones Rilke, siendo ésta la primera edición en exclusiva de su obra en castellano.


    Acianos

    Entre las amarillas espigas los acianos orgullosos crecen
    y en el encanto de la mañana el sol con cariño miran;
    encantados por su mirada y encogidos por un misterioso anhelo,
    millones de mariposas en la llanura han dejado su huida.

    Por el verde y denso follaje bellos cantos se escuchan
    las mariposas se sientan y escuchan balanceados por áureos vientos .
    Entre flores pasan plácidamente un día de verano.
    ¡Y su amor fugaz ellos en besos se lo cuentan!

    Pero la noche llega con sus horas de silencio;
    las mariposas con su jovialidad se fueron como un pensamiento,
    los pájaros ya no cantan y los hermosos acianos
    después de un día de felicidad vuelven solos a estar.

     

    Este mundo tan grande

    Este mundo tan grande, tan desierto delante de mí se extiende,
    ni tan siquiera con mi mirada o mi mente puedo comprenderla;
    y en este caos sin margen, sin comienzo ni sentido
    me has dado tú, amado mío, refugio a mi alma.
    Y por eso, cada vez que pienso en ti,
    al amor como a este mundo final no puedo hallarle.

     

    ¿Por qué cuentas los años?

    ¿Por qué cuentas los años para ver si eres viejo
    cuando sabes el pesado dolor que llevas sobre tu pecho?
    ¿Y a que espejo preguntas mirando fijamente
    para decirte que todavía no está arrugado tu rostro?

    ¿Cuándo sabes que la materia que fluye sin cesar
    huellas profundas y tristes dejan en tu alma?
    ¿Y crees que es para siempre esta amargura
    sin que la vida te regale algún momento feliz?

    ¿Y de que sirve saber hoy como estas
    cuando sientes que de este mundo hace mucho que te fuiste?
    Llevando la muerte en el alma por siempre.
    ¡Tu vida vacía y desprovista de suerte!

     

    A Eminescu

    De entre las olas del tiempo llegas para iluminar
    pensador budista nacido en otro mundo,
    la fe está muerta, ya nadie venera a nadie,
    en vano escribo versos sin nombre.

    Lo sublime nunca nadie olvidará
    en la prosa-amarga de la vida quedas olvidado, renegado
    si le hablas de los astros piensan que es locura,
    si hablas de una mujer, piensan que no has amado.

     

    ¡Lo que daría un muerto!

    ¡Que daría un muerto por los rayos de la luna!
    Dijimos tu y yo, cuando sobre las alas del deseo
    llevados por el encanto del amor –mirando al cielo juntos-
    soñamos con la eternidad en lo que dura un instante.

    Que daría un muerto para ver un pobre rayo
    que desciende de la luna y la tierra toca,
    para sentir una vez más que su frente ilumina
    y que en su pecho la vida se refleja.

    Seguramente, creíamos que el cambiaría con alegría
    su tranquilidad eterna y su paz inquebrantable.
    Por un rayo de luna, por una dulce locura,
    por el instantáneo amor de otra vida.

    Pero el momento de amor vuela, vuela alejándose.
    En su lugar nos queda la amargura y la nada.
    ¡Ah! Para llevar la carga de un calvario que no cesa.
    Con tu muerte en el alma te arrastras día tras día.

    Si daría un muerto por un rayo de luna
    su tranquilidad eterna, yo voluntariamente entregaría
    todos los rayos de luna, todos los rayos de sol
    para a ti poder olvidarte y sentir como mi alma muere.

     

    Odio y amor

    Odio y amor ahora tengo de ti.
    La insignificancia de mi vida será profusa.
    Te pagué el amor con lágrimas y suspiro
    con que me recompensará tu irreconciliable odio.

    Si tú deseas que siga llorando por ti
    y eternamente destrozado ver mi corazón
    de una agonía sin límites y dolor profundo,
    con la voz sin ira dime que me olvidarás.

     

    Vete

    “Vete” te digo, pues mi mente
    presagia solo males.
    “No te vayas” susurra misteriosamente
    mi alma y este anhelo.

    Tú conoces cuanto amor
    guardo para ti,
    y después, como con palabras vanas
    siempre te alejo de mí.

    Y no sabes que creer
    si las palabras dichas
    o en el amor que nunca cesa
    que lees en mi mirada.

    ¡Ay! Y yo perpleja
    esforzándome estoy para entender
    púes no sé que sería mejor:
    ¿Escuchar la mente o el corazón?

  • La calidez en los poemas de Malu Mora

    La calidez en los poemas de Malu Mora

    Es difícil reseñar a una poetisa que en lo personal uno le tiene cariño por su incondicional amistad, más si esa poeta es de tu mismo país. Y es que aunque no conozco personalmente a Malulita la conozco muy bien, veo lo que ella ve, sufro lo que ella sufre, siento lo que ella siente, admiro lo que ella admira. Lo hago cada vez que leo sus poemas.

    Más de una vez me ha dicho que sus poemas son sencillos. Yo veo en sus versos mucho sentimiento, mucha calidez, mucha honestidad, mucha solidaridad y mucho amor y belleza por la vida. Para mí eso es la poesía.

    De modo que con mucho orgullo quiero compartir una pequeña reseña y algunos extractos de sus poemas. En ellos encontrarán mucho de lo que afirmo. Para un servidor es un verdadero honor dedicar este espacio a María Luisa. Una poetisa constante en Poémame, tanto publicando sus poemas como leyendo y comentando los poemas de otros poetas que, como ella, han encontrado en la poesía la manera de expresar su sentir.


    A veces

    Siento algo adentro
    como hoyo vacío y negro
    una tristeza que no es mía,
    un dolor ajeno que no me pertenece
    y me llueve copiosamente
    como si sus penas fueran mías.

    Mis nubes antes mullidas y blancas
    se van poniendo pesadas y grises
    ellas tan resplandecientes
    se adolece ante el dolor ajeno
    se sienten impotentes
    de las injusticias y horrores de este mundo
    mis nubes antes níveas se ennegrecen
    se vacían a torrenciales
    hasta formar un gran caudal

    Como si haciéndolo pudiera escampar
    los aguaceros y las tempestades
    de los que sé que no es mío
    de los que llorar no pueden
    de lágrimas que no son mías
    más sin embargo sé me pertenecen
    consciente de que yo también formo parte.

     

    De pronto

    El pasado
    queda atrás, el presente,
    lo tengo ahora mismo
    sujeto entre mis manos
    como oro líquido entre mis dedos
    apretando fuerte para no dejar escapar
    ningún segundo del preciado tiempo.

    El futuro
    masculino al fin, me guiña un ojo
    me coquetea, me conquista
    con ilusiones y sueños
    me cosquillea ansiosamente
    allí en ese sitio exactamente
    donde convergen alma y sentimiento .

    El amor
    el amor desborda en el pecho,
    como si lo hubieran salpicado con levadura
    se ha expandido como una hogaza de pan
    recién horneado en un horno
    hecho con la madre tierra.

     

    Quizá… (Octubre)

    Te ofrecía todos mis octubres
    con sus colores amarillo, café y naranja,
    y en el firmamento sus lunas hermosas
    de un plateado intenso,
    reflejándose en las aguas claras de un mar inmenso.

    No importa que no estés,
    no importa que nunca vengas.
    Te regalo mi corazón de oro ,
    mis otoños, mis octubres, y hasta mis inviernos.

    Quizá en otra vida,
    quizá en otro tiempo.
    Quizá…

     

    Navegando a barlovento

    Hoy al caer la tarde
    cuando el último rayo del sol
    se haya ocultado detrás del horizonte.
    Cuando la noche
    nos cubra con su manto,
    y en lo alto refulgen las estrellas
    y la luna esté alumbrando.

    Zarparé en un viaje sin destino
    hacia mar a dentro a lo desconocido,
    el miedo es indeseable polizón
    que acecha para debilitarme,
    quisiera echarlo por la borda
    en mis noches de zozobra

    A medio mar y a la deriva
    cuando nubes negras
    cubren a la nívea luna;
    no quiero naufragar,
    aún con el ruido de las olas,en silencios
    trato de escuchar tu voz como guía,
    entre el oleaje y los murmullos
    del andariego viento.

    Deseosa de que se abra una ventana
    por donde pueda entrar el sol,
    no se si mi embarcación es fuerte
    para llegar a un puerto seguro
    no se si pueda burlar a la muerte
    sólo sé que he soltado amarras
    y navego a barlovento y a mi suerte.

     

    Mis manos

    Manos trabajadoras, fieles, entregadas
    jamás tienen descanso
    lo mismo acarician crean,
    abrazan, saludan, palmean
    dan cariño, ánimo, amor, entrega

    Manos que ayudan, sirven
    escritoras de historias
    cartas y vivencias cargadas de emociones
    tejedoras de muchas letras
    sentimientos hechas palabras

    Escritoras de mis versos
    en cada letra va quedando algo de mi
    en cada verso se va dejando mi esencia
    un día desapareceré más estaré viviendo
    en cada una de ellas gracias a mis manos

    Manos que se levantan a lo alto orando
    dando gracias al alma grande de lo eterno,
    por todo lo que pueden dar y hacer,
    se alzan en victoria, en la tristeza dan consuelo
    todo lo que puedo dar, gracias a mis manos
    aunque estén cansadas por el paso de los años
    siempre serán mis manos parlanchinas silenciosas.

     

    Mordisqueando el tiempo

    Mordisqueo despacio la línea de tiempo
    hasta encontrar la vereda más corta
    a la plenitud de tu esencia
    mientras la noche florece despacio
    suspiros se asoman tímidamente al infinito
    titilando en forma de estrellas brillantes.

    Mordisqueo por las tardes
    muy despacio el límite del tiempo,
    desterrando ayeres de mi espalda
    desterrando noches viejas de nostalgia,
    absorbe como esponja bellos atardeceres
    me llené cada poro de mi piel de luz del alba.

    Y cuando beso, cuando abrazo
    hace pausas y me regala tiempo
    pedazos de sí, segundos abiertos
    alargando cuando me ve feliz.

     

    Sueños y deseos

    Si la vida la perdiera en un instante
    y mi alma en libertad volara
    como viento que surca los caminos
    la inmensidad de tu esencia, amante devoraba.

     

    El poema perfecto

    Por más veranos que lleves impregnados en la piel
    y un universo de estrellas en tu cielos te haya inspirado,
    por más sentimientos que tu ser haya penetrado
    y fuente inagotable por tu pluma brote inspirados.

    Nada te contendrá ni esas puestas de sol
    que en sus ocasos dejarán en ti
    su último rayo candente de sol
    o esas bellas palabras, versos,
    metáforas o rimas que puedas escribir
    y leer en un libro de maravillas.

    Por más que escribas en finos y tersos pétalos
    de hortensias y orquídeas, letras perfumadas
    con fragancia de azahares, perfume de rosas
    y tinta de miel y polen las que te emanan.

    Puntos, comas y expresiones escritas
    con exóticas plumas de colores brillantes
    de colibrí y quetzal son ellas
    palabras que al escribir expresan
    que logran con sus cromáticos colores
    un hechizo de magia poción de amor

    No habrá una sola que cuente tu historia
    ninguna que totalmente exprese tu verdad
    lo que dentro guardas y sientes,
    sentimiento, esencia sin palabras
    fino hilo de seda que se teje
    sujetando fuerte el alma al corazón.

    Y como lapa te acompañará hasta el confín de los tiempo
    sentimiento que llevas en el tuétano de tus huesos
    hasta la que será tu última morada.

    Para mi gran amigo gran poeta El Mute Miguel

  • Hilvanando silencios con la poesía de Amalia Beatriz Arzac

    Hilvanando silencios con la poesía de Amalia Beatriz Arzac

    El continente americano a través de los años ha dado grandes poetas. Amalia Beatriz Arzac es heredera de una tradición que ha entregado a la poesía en lengua española la obra de Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Luisa Futoranski, Diana Bellessi, Ana Becciu, Paulina Vinderman o Tamara Kamenszain, por mencionar algunas.

    Bien lo describe Joel Fortunato en sus comentarios de los poemas de Amalia publicados en Poémame: “en sus poemas encontramos una obra con alta calidad sentimental, una enorme creatividad con un estilo y desarrollo siempre hábil en cada tema de sus poesías”.

    Tristeza

    En las olas del mar bravío
    encuentro los azules sueños
    y olvidados tiempos perdidos,
    sale a mi encuentro un largo sueño
    en un dolor que ya he sufrido.
    Busco allí un pequeño retazo
    de la luz de brillar sonrisas,
    sólo encuentro la noche bruna
    y una lágrima de la luna.

    Maremoto de mi tristeza,
    grieta desde el abismo emerge,
    desde el imperio de Neptuno
    a la espuma gris de la vida.
    Sin bitácora, ni una guía,
    sin mapa ni luz encendida.
    A la deriva, errar el nado,
    sin salvavidas a la mano,
    profunda muerte en la que acabo.

    Es por eso que bien vale la pena dedicarle este espacio como poeta revelación de Poémame y detenernos a leer algunos de sus poemas:

    Trazos de vida

    (…)

    He vuelto a aquí… con mi vida despeinada.
    Aquí… donde el río de tinta azul me contiene,
    el ave se entrega en sustancia y su pluma cede,
    el árbol desde su fibra entrega el vientre
    y yo… con trazos escritos,
    entre errores repetidos y dudas no resueltas,
    deconstruyo cada paso y compongo una vida nueva.

     

    Pasos del camino

    Encontré en el camino de la vida
    mas de mil y una trampas escondidas.
    Mixtura de falacias y mentiras
    tras un manto de vana melodía.

    Detrás de puertas viejas con cerrojo,
    enmohecidas de tiempo y olvido.
    tras lúgubres pasillos sin destino
    figuras mortecinas a su antojo.

    Laberintos resueltos en mentira,
    callejones de ninguna salida…
    y entre promesas deshoje mi vida.

    Y desnuda al final del recorrido,
    sorprendida en nueva piel sin abrigo,
    el confín marca que sigue el camino.

     

    El lado oscuro

    En la oscuridad profunda de la cerrada noche,
    siete candiles pusiste para hacerla más bella y
    encendiste la Luna, majestuosa… plena.
    En plata tallada, redonda… perfecta.
    Con mieles y azahares bordeaste la esfera y
    despejaste de nubes y polvo de estrellas.
    Tomaste mi mano, remontamos vuelo.
    Las mejillas llenas de tan dulces besos.
    Dimos tantas vueltas en azules sueños ,
    viendo el menguar majestuoso de la reina del cielo.
    En cinco fases me diste tus besos y
    en cada una de ellas mostraste el amor más bello.
    Con la promesa de mil y una vueltas,
    me mostraste el lado que la Luna no muestra.

     

    En honor a la verdad

    (…)

    Las verdades son siempre fantasmales.
    Que escapa al pensamiento binario,
    ni vivo, ni muerto… ni verdadero, ni falso.
    Es la presencia de una ausencia,
    paradójicamente insoportable….
    Una… una sola verdad absoluta,
    que será así por la eternidad de los mundos.
    ¿Quién puede decir que existe?
    Una cuasiverdad no es verdad,
    no es un absoluto.

    (…)

    En mi concepción la poesía es y debe ser un perfecto mecanismo para expresar lo que sentimos y vivimos en cada momento, que mejor si lo podemos escribir en unos versos. Amalia lo realiza perfectamente en cada uno de sus poemas y es un verdadero gusto poder leerla en este espacio.

    Cierro esta reseña con un extracto de uno de sus últimos poemas publicados en Poémame. Un mensaje lleno de fuerza.

    Axioma

    En el correr lento de la monotonía
    de multiplicidad de ausencias sin valía,
    el ser yo misma se diluyen en vaivén
    la superficialidad y la indiferencia.

    Rodeada de semejantes diferentes,
    donde una sonrisa es siempre una mueca inerte,
    por formalismo ritual e indolente de
    esa natural falsedad que nos conviene.

    Universo diezmado en un cruel holocausto,
    rodar sinfín de paradigmas abolidos,
    hexagonal trama de cuerdas palpitantes
    que sostienen una realidad latente.

    En medio de la tempestad y la desidia,
    me rodean postulados de corta talla,
    mirando tras la muralla de viejos llantos,
    visualizo el brutal encanto del Naciente.

    Frente a lo aparente encaro la intolerancia,
    donde prefiero responder con una prosa
    que cuente al mundo la fantástica alegría
    de esta hermosa humanidad que al amor respira.

    Frente a lo aparente encaro la intolerancia,
    donde prefiero responder con una prosa
    que cuente al mundo la fantástica alegría
    de esta hermosa humanidad que al amor respira.

  • 8 poemas de Mihai Eminescu

    8 poemas de Mihai Eminescu

    Mihai Eminescu (1850-1889), último romántico tardío del continente, es la voz poética más importante en la literatura rumana y la más conocida a nivel mundial. Su obra, traducida a más de 60 idiomas, marca un “antes” y un “después” en la literatura rumana, contribuyendo a los jóvenes que querían formarse como poetas en mitad del siglo XIX, y todavía hoy conmueve el alma de los seres humanos.

    En ella hay desde una reflexión filosófica que describe las inquietudes más dignas del alma rumana hasta poesías de amor, que transmiten la tremenda pasión y  desesperación romántica. Este es el caso del poema «Icono y marco«, donde expresa la incompatibilidad entre la vida poética de un hombre superior y las necesidades diarias; si bien esa vida es posible en solitario, el poeta no puede plantearse la unión de su vida con la mujer amada en esas condiciones. Estas poesías, aunque pueden recoger también meditaciones, se diferencian de las poesías con carácter filosófico, que contienen pensamientos claros, expresados con pocas palabras y con elegancia de estilo.

    Soñando así, ten cuidado cuando pasas el tiempo conmigo,
    niña con cálida boca, con piernecitas frías.
    Te acercas, me preguntas dulcemente: ¿Por qué no me cortejas?
    Quieres escuchar finalmente una palabra…
    Una hora has pasado esperando – ahora deseas
    como recompensa, que te diga mi amor con versos en francés.
    ¡Idea! Y en mi brazo apoyas tu dulce brazo.
    Vuelvo mi cabeza hacia ti, miro insaciablemente.
    Con la boca sobre tu hombro tristemente murmuro:
    – ¡Eres demasiado hermosa, Señora, y te amo demasiado!

    Conoce a Verónica Micle, también poetisa romántica, quien probablemente le sirve de inspiración en sus poesías amorosas. En ellas hablará del anhelo por un amor ideal, un amor romántico entre un hombre superior, con sed de lo absoluto y con la nostalgia de los arquetipos divinos, y una mujer «mortal», hermosa pero con sus límites desde el punto de vista espiritual.

    La obra de Eminescu fue y sigue siendo el comienzo de un pensamiento filosófico y poético para un pueblo rumano mermado por la pobreza y los imperios que los conquistó, entre ellos el otomano.


    Amada, cada vez que yo pienso en nosotros…

    Amada, cada vez que yo pienso en nosotros,
    un océano de hielo aparece ante mí:
    sobre la blanca bóveda no hay ya ninguna estrella,
    la luna es una mancha amarilla a lo lejos.
    Sobre miles de témpanos que las olas se llevan,
    un pájaro planea, las alas fatigadas,
    mientras su compañera ha seguido adelante,
    unida a la bandada que se pierde al poniente.
    Hacia donde ella vuela mira desesperado.
    Ya no siente ni pena ni alegría. ..Se muere,
    soñando en un instante todo el tiempo pasado.
    …
    Más lejos uno de otro cada vez nos sentimos,
    cada vez me hundo más en la sombra y el hielo,
    mientras desapareces en la eterna mañana.

     

    Flor azul

    «¿De nuevo hundido en los astros,
    en las nubes, en los cielos?
    Por lo menos, no me olvides,
    alma y vida de mi vida.

    En vano los arroyuelos
    juntas en tu pensamiento
    y las campiñas asirias
    y la tenebrosa mar;

    las pirámides vetustas
    que alzan sus puntas al cielo.
    ¡Para qué buscar tan lejos
    tu dicha, querido mío!»

    Así mi niña me hablaba,
    dulcemente acariciándome.
    ¡Ella tenía razón!
    Yo reía, sin embargo.

    «Vámonos al bosque verde,
    donde las fuentes del valle
    lloran y la roca puede
    precipitarse al abismo.

    Allí, en lo claro del bosque,
    cerca del junco tranquilo,
    bajo la serena bóveda
    del moral nos sentaremos.

    Y me contarás los cuentos
    y me dirás las mentiras;
    yo, con una margarita
    comprobaré si me quieres.

    Y bajo el calor del sol,
    roja como una manzana,
    tenderé mi cabellera
    para cerrarte la boca.

    Si tú acaso me besaras,
    nunca nadie lo sabría,
    pues debajo del sombrero,
    ¡eso a quién puede importarle!

    Cuando a través de las ramas
    salga la luna de estío,
    tú me enlazarás del talle,
    yo me prenderé a tu cuello.

    Bajo el techo de las ramas,
    al descender hacia el valle,
    caminando cambiaremos
    nuestros besos como flores.

    Luego, al llegar a la puerta,
    hablaremos en lo oscuro;
    que nadie de esto se ocupe;
    si te quiero, ¿a quién le importa?»

    Un beso más… y se ha ido.
    ¡Yo quedo bajo la luna!
    ¡Qué hermosa es y qué loca
    es mi azul, mi dulce flor!

    …

    Tú, maravilla, te fuiste,
    y así murió nuestro amor .
    ¡Flor azul, oh flor azul!…
    ¡Qué triste que es este mundo!

     

    Atardecer en la colina

    El cuerno quejoso suena en la colina,
    suben los rebaños, brillan las estrellas,
    las aguas responden, gimiendo en las fuentes;
    bajo las acacias, querida, me esperas.
    La luna atraviesa clara y santa el cielo,
    tus ojos contemplan el raro follaje,
    las estrellas húmedas nacen en lo alto,
    tú estás de ansias llena y de amor tu seno.
    Las nubes resbalan, sus rayos se estrían,
    levantan las casas sus techos vetustos,
    la roldana al viento chirría en el pozo,
    el valle es de humo, las flautas murmuran.
    Hombres fatigados, la hoz sobre el hombro,
    vuelven de los campos; la toica* resuena,
    la campana llena con su voz la noche,
    y mi alma se quema de amor en tu fuego.
    ¡Ah!, pronto en el valle el pueblo se duerme,
    ¡ah!, pronto mis pasos hacia ti me llevan.
    Cerca de la acacia pasaré la noche
    e incansablemente te diré: te quiero.
    Las cabezas juntas, una contra otra,
    bajo la alta acacia nos adormiremos
    ¿Quien la vida entera no la entregaría
    por una tan bella, tan dichosa noche?

    * Toica es un trozo de madera o metal que se golpea para llamar a la oración

     

    La patria de la vida es el presente

    La patria de la vida es el presente,
    sólo estamos en el instante de ahora,
    estamos en la verdad. – Y el pasado
    con el futuro son sólo pensamiento.
    en vano empujáis lo que tenéis delante,
    en vano deseáis las cosas que vendrán.
    Volved hacia vuestro interior y conoceréis
    que todo en el mundo, todo está en el presente.
    Todo lo que fue o será alguna vez,
    fueron, serán sólo porque es.
    ¿No sabes que tocando a un hombre
    tocas la humanidad? La multitud es ilusión.
    Di a miles de hombres la misma palabra
    y en miles despertará entonces
    el mismo icono, el mismo sentido.
    Signo que todos son en uno y el uno es en todos.

     

    Separación

    ¿Pedirte yo un recuerdo para que no te olvide?
    Sólo a ti te quisiera, mas no te perteneces;
    ni esa flor ya sin vida entre tu pelo rubio,
    pues que sólo deseo que me eches al olvido.
    ¿De qué sirve sentir la dicha ya apagada,
    que no se extingue y sigue igual eternamente?
    El mismo río canta con diferentes ondas:
    ¿de qué puede servir la persistente pena
    si a través de este mundo está escrito pasamos
    cual sueño de una sombra y sombra de un ensueño?
    ¿Para qué preocuparte de mí más adelante?
    ¿Por qué contar los años que vuelan con los muertos?
    Lo mismo da que muera hoy día que mañana,
    ya que borrar deseo el rastro de mi paso,
    ya que quiero que olvides nuestro sueño feliz.
    No vuelvas, vida mía, a los años pasados,
    en una sombra negra queda desvanecida,
    como si jamás juntos hubiésemos estado,
    como si aquellos años de amor se vaciasen.
    ¿De tanto haberte amado me podrás perdonar?
    Déjame entre extranjeros la cara contra el muro,
    que en mis ojos se hiele la luz de mis pupilas,
    y así, cuando este barro a la tierra retorne,
    ¿quién sabrá ya quién soy, quién ya de dónde vengo?
    y mis lamentaciones, atravesando el muro,
    pedirán para mí el eterno reposo.
    Sólo desearía que alguien cerca de mí
    pronunciase tu nombre sobre mis ojos ciegos,
    y después-si así quieren-que me echen al camino…
    Más dicha yo tendré que la que tengo ahora.
    Del horizonte llega la bandada de cuervos,
    oscureciendo el cielo sobre mis turbios ojos;
    que la tormenta estalle sobre el haz de la tierra,
    mi barro al polvo vuelva, mi corazón, al viento…
    Pero tú sigue en flor como luna de abril,
    con tus ojos violeta, tu sonrisa de niña,
    pues aunque seas joven siempre lo serás más,
    pero no me recuerdes, pues de mí yo me olvido.

     

    Yo quisiera dormirme…

    (Variante)

    Yo quisiera dormirme,
    perdido en la noche.
    Condúceme en silencio
    al borde del mar.
    No quiero ataúd rico,
    luces ni oriflamas,
    trénzame sólo un lecho
    de jóvenes ramos.
    Que el sueño me sea dulce
    y el bosque cercano,
    que brille un cielo limpio
    en las hondas aguas.
    Que del dolor brotando
    suban a la orilla,
    que a las rocas se abracen
    sus brazos de olas.
    Se levantan y caen
    murmurando siempre,
    mientras sobre los pinos
    resbala la luna.
    Que nadie junto a mí
    llore en mi almohada,
    que la muerte haga hablar
    las hojas resecas.
    Que el todopoderoso
    en el viento pase,
    que en mí el sagrado tilo
    sacuda su flor.
    Y como no andaré
    nunca más errante,
    caerán sobre mí
    los tiernos recuerdos
    que no sabrán que miro
    la inquietud del mundo
    mientras que las lianas
    mi soledad cubren.

     

    Y si…

    Y si ramas golpean la ventana,
    y los álamos se estremecen,
    es para tenerte en mi mente
    y suavemente acercarte.
    Y si estrellas se reflejan en el lago,
    iluminando su hondura,
    es para apaciguar mi dolor,
    volviendo a estar sereno.
    Y si las nubes espesas van
    y en el claro sale la luna,
    es para acordarme de ti
    y guardarte siempre en mi memoria.

     

    ¡Oh, madre!…

    ¡Oh, madre, dulce madre, del fondo de los tiempos
    siento que entre el murmullo de las hojas me llamas!
    Sobre la cripta negra de la sagrada tumba,
    se deshoja la acacia al soplo del otoño
    y sus ramas agita, tu voz acompañando…
    Ellas se mecerán y tú dormirás siempre.
    Cuando muera, querida, no llores a mi lado;
    pero al sagrado tilo arráncale una rama,
    ponla en mi cabecera y entiérrala conmigo
    y que sobre ella corra el llanto de tus ojos;
    un día llegará a dar sombra a mi tumba…
    La sombra crecerá y yo dormiré siempre.
    Y si acaso ocurriese que muriéramos juntos,
    que no nos lleven nunca al triste cementerio,
    que caven nuestra tumba al borde de un arroyo,
    que nos coloquen juntos en un mismo ataúd;
    así te quedarás apoyada en mi hombro…
    Siempre llorará el agua y dormiremos siempre.