Categoría: Poemas

  • La calidez en los poemas de Malu Mora

    La calidez en los poemas de Malu Mora

    Es difícil reseñar a una poetisa que en lo personal uno le tiene cariño por su incondicional amistad, más si esa poeta es de tu mismo país. Y es que aunque no conozco personalmente a Malulita la conozco muy bien, veo lo que ella ve, sufro lo que ella sufre, siento lo que ella siente, admiro lo que ella admira. Lo hago cada vez que leo sus poemas.

    Más de una vez me ha dicho que sus poemas son sencillos. Yo veo en sus versos mucho sentimiento, mucha calidez, mucha honestidad, mucha solidaridad y mucho amor y belleza por la vida. Para mí eso es la poesía.

    De modo que con mucho orgullo quiero compartir una pequeña reseña y algunos extractos de sus poemas. En ellos encontrarán mucho de lo que afirmo. Para un servidor es un verdadero honor dedicar este espacio a María Luisa. Una poetisa constante en Poémame, tanto publicando sus poemas como leyendo y comentando los poemas de otros poetas que, como ella, han encontrado en la poesía la manera de expresar su sentir.


    A veces

    Siento algo adentro
    como hoyo vacío y negro
    una tristeza que no es mía,
    un dolor ajeno que no me pertenece
    y me llueve copiosamente
    como si sus penas fueran mías.

    Mis nubes antes mullidas y blancas
    se van poniendo pesadas y grises
    ellas tan resplandecientes
    se adolece ante el dolor ajeno
    se sienten impotentes
    de las injusticias y horrores de este mundo
    mis nubes antes níveas se ennegrecen
    se vacían a torrenciales
    hasta formar un gran caudal

    Como si haciéndolo pudiera escampar
    los aguaceros y las tempestades
    de los que sé que no es mío
    de los que llorar no pueden
    de lágrimas que no son mías
    más sin embargo sé me pertenecen
    consciente de que yo también formo parte.

     

    De pronto

    El pasado
    queda atrás, el presente,
    lo tengo ahora mismo
    sujeto entre mis manos
    como oro líquido entre mis dedos
    apretando fuerte para no dejar escapar
    ningún segundo del preciado tiempo.

    El futuro
    masculino al fin, me guiña un ojo
    me coquetea, me conquista
    con ilusiones y sueños
    me cosquillea ansiosamente
    allí en ese sitio exactamente
    donde convergen alma y sentimiento .

    El amor
    el amor desborda en el pecho,
    como si lo hubieran salpicado con levadura
    se ha expandido como una hogaza de pan
    recién horneado en un horno
    hecho con la madre tierra.

     

    Quizá… (Octubre)

    Te ofrecía todos mis octubres
    con sus colores amarillo, café y naranja,
    y en el firmamento sus lunas hermosas
    de un plateado intenso,
    reflejándose en las aguas claras de un mar inmenso.

    No importa que no estés,
    no importa que nunca vengas.
    Te regalo mi corazón de oro ,
    mis otoños, mis octubres, y hasta mis inviernos.

    Quizá en otra vida,
    quizá en otro tiempo.
    Quizá…

     

    Navegando a barlovento

    Hoy al caer la tarde
    cuando el último rayo del sol
    se haya ocultado detrás del horizonte.
    Cuando la noche
    nos cubra con su manto,
    y en lo alto refulgen las estrellas
    y la luna esté alumbrando.

    Zarparé en un viaje sin destino
    hacia mar a dentro a lo desconocido,
    el miedo es indeseable polizón
    que acecha para debilitarme,
    quisiera echarlo por la borda
    en mis noches de zozobra

    A medio mar y a la deriva
    cuando nubes negras
    cubren a la nívea luna;
    no quiero naufragar,
    aún con el ruido de las olas,en silencios
    trato de escuchar tu voz como guía,
    entre el oleaje y los murmullos
    del andariego viento.

    Deseosa de que se abra una ventana
    por donde pueda entrar el sol,
    no se si mi embarcación es fuerte
    para llegar a un puerto seguro
    no se si pueda burlar a la muerte
    sólo sé que he soltado amarras
    y navego a barlovento y a mi suerte.

     

    Mis manos

    Manos trabajadoras, fieles, entregadas
    jamás tienen descanso
    lo mismo acarician crean,
    abrazan, saludan, palmean
    dan cariño, ánimo, amor, entrega

    Manos que ayudan, sirven
    escritoras de historias
    cartas y vivencias cargadas de emociones
    tejedoras de muchas letras
    sentimientos hechas palabras

    Escritoras de mis versos
    en cada letra va quedando algo de mi
    en cada verso se va dejando mi esencia
    un día desapareceré más estaré viviendo
    en cada una de ellas gracias a mis manos

    Manos que se levantan a lo alto orando
    dando gracias al alma grande de lo eterno,
    por todo lo que pueden dar y hacer,
    se alzan en victoria, en la tristeza dan consuelo
    todo lo que puedo dar, gracias a mis manos
    aunque estén cansadas por el paso de los años
    siempre serán mis manos parlanchinas silenciosas.

     

    Mordisqueando el tiempo

    Mordisqueo despacio la línea de tiempo
    hasta encontrar la vereda más corta
    a la plenitud de tu esencia
    mientras la noche florece despacio
    suspiros se asoman tímidamente al infinito
    titilando en forma de estrellas brillantes.

    Mordisqueo por las tardes
    muy despacio el límite del tiempo,
    desterrando ayeres de mi espalda
    desterrando noches viejas de nostalgia,
    absorbe como esponja bellos atardeceres
    me llené cada poro de mi piel de luz del alba.

    Y cuando beso, cuando abrazo
    hace pausas y me regala tiempo
    pedazos de sí, segundos abiertos
    alargando cuando me ve feliz.

     

    Sueños y deseos

    Si la vida la perdiera en un instante
    y mi alma en libertad volara
    como viento que surca los caminos
    la inmensidad de tu esencia, amante devoraba.

     

    El poema perfecto

    Por más veranos que lleves impregnados en la piel
    y un universo de estrellas en tu cielos te haya inspirado,
    por más sentimientos que tu ser haya penetrado
    y fuente inagotable por tu pluma brote inspirados.

    Nada te contendrá ni esas puestas de sol
    que en sus ocasos dejarán en ti
    su último rayo candente de sol
    o esas bellas palabras, versos,
    metáforas o rimas que puedas escribir
    y leer en un libro de maravillas.

    Por más que escribas en finos y tersos pétalos
    de hortensias y orquídeas, letras perfumadas
    con fragancia de azahares, perfume de rosas
    y tinta de miel y polen las que te emanan.

    Puntos, comas y expresiones escritas
    con exóticas plumas de colores brillantes
    de colibrí y quetzal son ellas
    palabras que al escribir expresan
    que logran con sus cromáticos colores
    un hechizo de magia poción de amor

    No habrá una sola que cuente tu historia
    ninguna que totalmente exprese tu verdad
    lo que dentro guardas y sientes,
    sentimiento, esencia sin palabras
    fino hilo de seda que se teje
    sujetando fuerte el alma al corazón.

    Y como lapa te acompañará hasta el confín de los tiempo
    sentimiento que llevas en el tuétano de tus huesos
    hasta la que será tu última morada.

    Para mi gran amigo gran poeta El Mute Miguel

  • Hilvanando silencios con la poesía de Amalia Beatriz Arzac

    Hilvanando silencios con la poesía de Amalia Beatriz Arzac

    El continente americano a través de los años ha dado grandes poetas. Amalia Beatriz Arzac es heredera de una tradición que ha entregado a la poesía en lengua española la obra de Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Luisa Futoranski, Diana Bellessi, Ana Becciu, Paulina Vinderman o Tamara Kamenszain, por mencionar algunas.

    Bien lo describe Joel Fortunato en sus comentarios de los poemas de Amalia publicados en Poémame: “en sus poemas encontramos una obra con alta calidad sentimental, una enorme creatividad con un estilo y desarrollo siempre hábil en cada tema de sus poesías”.

    Tristeza

    En las olas del mar bravío
    encuentro los azules sueños
    y olvidados tiempos perdidos,
    sale a mi encuentro un largo sueño
    en un dolor que ya he sufrido.
    Busco allí un pequeño retazo
    de la luz de brillar sonrisas,
    sólo encuentro la noche bruna
    y una lágrima de la luna.

    Maremoto de mi tristeza,
    grieta desde el abismo emerge,
    desde el imperio de Neptuno
    a la espuma gris de la vida.
    Sin bitácora, ni una guía,
    sin mapa ni luz encendida.
    A la deriva, errar el nado,
    sin salvavidas a la mano,
    profunda muerte en la que acabo.

    Es por eso que bien vale la pena dedicarle este espacio como poeta revelación de Poémame y detenernos a leer algunos de sus poemas:

    Trazos de vida

    (…)

    He vuelto a aquí… con mi vida despeinada.
    Aquí… donde el río de tinta azul me contiene,
    el ave se entrega en sustancia y su pluma cede,
    el árbol desde su fibra entrega el vientre
    y yo… con trazos escritos,
    entre errores repetidos y dudas no resueltas,
    deconstruyo cada paso y compongo una vida nueva.

     

    Pasos del camino

    Encontré en el camino de la vida
    mas de mil y una trampas escondidas.
    Mixtura de falacias y mentiras
    tras un manto de vana melodía.

    Detrás de puertas viejas con cerrojo,
    enmohecidas de tiempo y olvido.
    tras lúgubres pasillos sin destino
    figuras mortecinas a su antojo.

    Laberintos resueltos en mentira,
    callejones de ninguna salida…
    y entre promesas deshoje mi vida.

    Y desnuda al final del recorrido,
    sorprendida en nueva piel sin abrigo,
    el confín marca que sigue el camino.

     

    El lado oscuro

    En la oscuridad profunda de la cerrada noche,
    siete candiles pusiste para hacerla más bella y
    encendiste la Luna, majestuosa… plena.
    En plata tallada, redonda… perfecta.
    Con mieles y azahares bordeaste la esfera y
    despejaste de nubes y polvo de estrellas.
    Tomaste mi mano, remontamos vuelo.
    Las mejillas llenas de tan dulces besos.
    Dimos tantas vueltas en azules sueños ,
    viendo el menguar majestuoso de la reina del cielo.
    En cinco fases me diste tus besos y
    en cada una de ellas mostraste el amor más bello.
    Con la promesa de mil y una vueltas,
    me mostraste el lado que la Luna no muestra.

     

    En honor a la verdad

    (…)

    Las verdades son siempre fantasmales.
    Que escapa al pensamiento binario,
    ni vivo, ni muerto… ni verdadero, ni falso.
    Es la presencia de una ausencia,
    paradójicamente insoportable….
    Una… una sola verdad absoluta,
    que será así por la eternidad de los mundos.
    ¿Quién puede decir que existe?
    Una cuasiverdad no es verdad,
    no es un absoluto.

    (…)

    En mi concepción la poesía es y debe ser un perfecto mecanismo para expresar lo que sentimos y vivimos en cada momento, que mejor si lo podemos escribir en unos versos. Amalia lo realiza perfectamente en cada uno de sus poemas y es un verdadero gusto poder leerla en este espacio.

    Cierro esta reseña con un extracto de uno de sus últimos poemas publicados en Poémame. Un mensaje lleno de fuerza.

    Axioma

    En el correr lento de la monotonía
    de multiplicidad de ausencias sin valía,
    el ser yo misma se diluyen en vaivén
    la superficialidad y la indiferencia.

    Rodeada de semejantes diferentes,
    donde una sonrisa es siempre una mueca inerte,
    por formalismo ritual e indolente de
    esa natural falsedad que nos conviene.

    Universo diezmado en un cruel holocausto,
    rodar sinfín de paradigmas abolidos,
    hexagonal trama de cuerdas palpitantes
    que sostienen una realidad latente.

    En medio de la tempestad y la desidia,
    me rodean postulados de corta talla,
    mirando tras la muralla de viejos llantos,
    visualizo el brutal encanto del Naciente.

    Frente a lo aparente encaro la intolerancia,
    donde prefiero responder con una prosa
    que cuente al mundo la fantástica alegría
    de esta hermosa humanidad que al amor respira.

    Frente a lo aparente encaro la intolerancia,
    donde prefiero responder con una prosa
    que cuente al mundo la fantástica alegría
    de esta hermosa humanidad que al amor respira.

  • 8 poemas de Mihai Eminescu

    8 poemas de Mihai Eminescu

    Mihai Eminescu (1850-1889), último romántico tardío del continente, es la voz poética más importante en la literatura rumana y la más conocida a nivel mundial. Su obra, traducida a más de 60 idiomas, marca un “antes” y un “después” en la literatura rumana, contribuyendo a los jóvenes que querían formarse como poetas en mitad del siglo XIX, y todavía hoy conmueve el alma de los seres humanos.

    En ella hay desde una reflexión filosófica que describe las inquietudes más dignas del alma rumana hasta poesías de amor, que transmiten la tremenda pasión y  desesperación romántica. Este es el caso del poema «Icono y marco«, donde expresa la incompatibilidad entre la vida poética de un hombre superior y las necesidades diarias; si bien esa vida es posible en solitario, el poeta no puede plantearse la unión de su vida con la mujer amada en esas condiciones. Estas poesías, aunque pueden recoger también meditaciones, se diferencian de las poesías con carácter filosófico, que contienen pensamientos claros, expresados con pocas palabras y con elegancia de estilo.

    Soñando así, ten cuidado cuando pasas el tiempo conmigo,
    niña con cálida boca, con piernecitas frías.
    Te acercas, me preguntas dulcemente: ¿Por qué no me cortejas?
    Quieres escuchar finalmente una palabra…
    Una hora has pasado esperando – ahora deseas
    como recompensa, que te diga mi amor con versos en francés.
    ¡Idea! Y en mi brazo apoyas tu dulce brazo.
    Vuelvo mi cabeza hacia ti, miro insaciablemente.
    Con la boca sobre tu hombro tristemente murmuro:
    – ¡Eres demasiado hermosa, Señora, y te amo demasiado!

    Conoce a Verónica Micle, también poetisa romántica, quien probablemente le sirve de inspiración en sus poesías amorosas. En ellas hablará del anhelo por un amor ideal, un amor romántico entre un hombre superior, con sed de lo absoluto y con la nostalgia de los arquetipos divinos, y una mujer «mortal», hermosa pero con sus límites desde el punto de vista espiritual.

    La obra de Eminescu fue y sigue siendo el comienzo de un pensamiento filosófico y poético para un pueblo rumano mermado por la pobreza y los imperios que los conquistó, entre ellos el otomano.


    Amada, cada vez que yo pienso en nosotros…

    Amada, cada vez que yo pienso en nosotros,
    un océano de hielo aparece ante mí:
    sobre la blanca bóveda no hay ya ninguna estrella,
    la luna es una mancha amarilla a lo lejos.
    Sobre miles de témpanos que las olas se llevan,
    un pájaro planea, las alas fatigadas,
    mientras su compañera ha seguido adelante,
    unida a la bandada que se pierde al poniente.
    Hacia donde ella vuela mira desesperado.
    Ya no siente ni pena ni alegría. ..Se muere,
    soñando en un instante todo el tiempo pasado.

    Más lejos uno de otro cada vez nos sentimos,
    cada vez me hundo más en la sombra y el hielo,
    mientras desapareces en la eterna mañana.

     

    Flor azul

    «¿De nuevo hundido en los astros,
    en las nubes, en los cielos?
    Por lo menos, no me olvides,
    alma y vida de mi vida.

    En vano los arroyuelos
    juntas en tu pensamiento
    y las campiñas asirias
    y la tenebrosa mar;

    las pirámides vetustas
    que alzan sus puntas al cielo.
    ¡Para qué buscar tan lejos
    tu dicha, querido mío!»

    Así mi niña me hablaba,
    dulcemente acariciándome.
    ¡Ella tenía razón!
    Yo reía, sin embargo.

    «Vámonos al bosque verde,
    donde las fuentes del valle
    lloran y la roca puede
    precipitarse al abismo.

    Allí, en lo claro del bosque,
    cerca del junco tranquilo,
    bajo la serena bóveda
    del moral nos sentaremos.

    Y me contarás los cuentos
    y me dirás las mentiras;
    yo, con una margarita
    comprobaré si me quieres.

    Y bajo el calor del sol,
    roja como una manzana,
    tenderé mi cabellera
    para cerrarte la boca.

    Si tú acaso me besaras,
    nunca nadie lo sabría,
    pues debajo del sombrero,
    ¡eso a quién puede importarle!

    Cuando a través de las ramas
    salga la luna de estío,
    tú me enlazarás del talle,
    yo me prenderé a tu cuello.

    Bajo el techo de las ramas,
    al descender hacia el valle,
    caminando cambiaremos
    nuestros besos como flores.

    Luego, al llegar a la puerta,
    hablaremos en lo oscuro;
    que nadie de esto se ocupe;
    si te quiero, ¿a quién le importa?»

    Un beso más… y se ha ido.
    ¡Yo quedo bajo la luna!
    ¡Qué hermosa es y qué loca
    es mi azul, mi dulce flor!

    Tú, maravilla, te fuiste,
    y así murió nuestro amor .
    ¡Flor azul, oh flor azul!…
    ¡Qué triste que es este mundo!

     

    Atardecer en la colina

    El cuerno quejoso suena en la colina,
    suben los rebaños, brillan las estrellas,
    las aguas responden, gimiendo en las fuentes;
    bajo las acacias, querida, me esperas.
    La luna atraviesa clara y santa el cielo,
    tus ojos contemplan el raro follaje,
    las estrellas húmedas nacen en lo alto,
    tú estás de ansias llena y de amor tu seno.
    Las nubes resbalan, sus rayos se estrían,
    levantan las casas sus techos vetustos,
    la roldana al viento chirría en el pozo,
    el valle es de humo, las flautas murmuran.
    Hombres fatigados, la hoz sobre el hombro,
    vuelven de los campos; la toica* resuena,
    la campana llena con su voz la noche,
    y mi alma se quema de amor en tu fuego.
    ¡Ah!, pronto en el valle el pueblo se duerme,
    ¡ah!, pronto mis pasos hacia ti me llevan.
    Cerca de la acacia pasaré la noche
    e incansablemente te diré: te quiero.
    Las cabezas juntas, una contra otra,
    bajo la alta acacia nos adormiremos
    ¿Quien la vida entera no la entregaría
    por una tan bella, tan dichosa noche?

    * Toica es un trozo de madera o metal que se golpea para llamar a la oración

     

    La patria de la vida es el presente

    La patria de la vida es el presente,
    sólo estamos en el instante de ahora,
    estamos en la verdad. – Y el pasado
    con el futuro son sólo pensamiento.
    en vano empujáis lo que tenéis delante,
    en vano deseáis las cosas que vendrán.
    Volved hacia vuestro interior y conoceréis
    que todo en el mundo, todo está en el presente.
    Todo lo que fue o será alguna vez,
    fueron, serán sólo porque es.
    ¿No sabes que tocando a un hombre
    tocas la humanidad? La multitud es ilusión.
    Di a miles de hombres la misma palabra
    y en miles despertará entonces
    el mismo icono, el mismo sentido.
    Signo que todos son en uno y el uno es en todos.

     

    Separación

    ¿Pedirte yo un recuerdo para que no te olvide?
    Sólo a ti te quisiera, mas no te perteneces;
    ni esa flor ya sin vida entre tu pelo rubio,
    pues que sólo deseo que me eches al olvido.
    ¿De qué sirve sentir la dicha ya apagada,
    que no se extingue y sigue igual eternamente?
    El mismo río canta con diferentes ondas:
    ¿de qué puede servir la persistente pena
    si a través de este mundo está escrito pasamos
    cual sueño de una sombra y sombra de un ensueño?
    ¿Para qué preocuparte de mí más adelante?
    ¿Por qué contar los años que vuelan con los muertos?
    Lo mismo da que muera hoy día que mañana,
    ya que borrar deseo el rastro de mi paso,
    ya que quiero que olvides nuestro sueño feliz.
    No vuelvas, vida mía, a los años pasados,
    en una sombra negra queda desvanecida,
    como si jamás juntos hubiésemos estado,
    como si aquellos años de amor se vaciasen.
    ¿De tanto haberte amado me podrás perdonar?
    Déjame entre extranjeros la cara contra el muro,
    que en mis ojos se hiele la luz de mis pupilas,
    y así, cuando este barro a la tierra retorne,
    ¿quién sabrá ya quién soy, quién ya de dónde vengo?
    y mis lamentaciones, atravesando el muro,
    pedirán para mí el eterno reposo.
    Sólo desearía que alguien cerca de mí
    pronunciase tu nombre sobre mis ojos ciegos,
    y después-si así quieren-que me echen al camino…
    Más dicha yo tendré que la que tengo ahora.
    Del horizonte llega la bandada de cuervos,
    oscureciendo el cielo sobre mis turbios ojos;
    que la tormenta estalle sobre el haz de la tierra,
    mi barro al polvo vuelva, mi corazón, al viento…
    Pero tú sigue en flor como luna de abril,
    con tus ojos violeta, tu sonrisa de niña,
    pues aunque seas joven siempre lo serás más,
    pero no me recuerdes, pues de mí yo me olvido.

     

    Yo quisiera dormirme…

    (Variante)

    Yo quisiera dormirme,
    perdido en la noche.
    Condúceme en silencio
    al borde del mar.
    No quiero ataúd rico,
    luces ni oriflamas,
    trénzame sólo un lecho
    de jóvenes ramos.
    Que el sueño me sea dulce
    y el bosque cercano,
    que brille un cielo limpio
    en las hondas aguas.
    Que del dolor brotando
    suban a la orilla,
    que a las rocas se abracen
    sus brazos de olas.
    Se levantan y caen
    murmurando siempre,
    mientras sobre los pinos
    resbala la luna.
    Que nadie junto a mí
    llore en mi almohada,
    que la muerte haga hablar
    las hojas resecas.
    Que el todopoderoso
    en el viento pase,
    que en mí el sagrado tilo
    sacuda su flor.
    Y como no andaré
    nunca más errante,
    caerán sobre mí
    los tiernos recuerdos
    que no sabrán que miro
    la inquietud del mundo
    mientras que las lianas
    mi soledad cubren.

     

    Y si…

    Y si ramas golpean la ventana,
    y los álamos se estremecen,
    es para tenerte en mi mente
    y suavemente acercarte.
    Y si estrellas se reflejan en el lago,
    iluminando su hondura,
    es para apaciguar mi dolor,
    volviendo a estar sereno.
    Y si las nubes espesas van
    y en el claro sale la luna,
    es para acordarme de ti
    y guardarte siempre en mi memoria.

     

    ¡Oh, madre!…

    ¡Oh, madre, dulce madre, del fondo de los tiempos
    siento que entre el murmullo de las hojas me llamas!
    Sobre la cripta negra de la sagrada tumba,
    se deshoja la acacia al soplo del otoño
    y sus ramas agita, tu voz acompañando…
    Ellas se mecerán y tú dormirás siempre.
    Cuando muera, querida, no llores a mi lado;
    pero al sagrado tilo arráncale una rama,
    ponla en mi cabecera y entiérrala conmigo
    y que sobre ella corra el llanto de tus ojos;
    un día llegará a dar sombra a mi tumba…
    La sombra crecerá y yo dormiré siempre.
    Y si acaso ocurriese que muriéramos juntos,
    que no nos lleven nunca al triste cementerio,
    que caven nuestra tumba al borde de un arroyo,
    que nos coloquen juntos en un mismo ataúd;
    así te quedarás apoyada en mi hombro…
    Siempre llorará el agua y dormiremos siempre.

  • Reflexiona con un poema de Manuel de Pedrolo

    Reflexiona con un poema de Manuel de Pedrolo

    pedrolo

    Manuel de Pedrolo Molina, escritor en lengua catalana, nació el 1 de abril de 1918 en la localidad de Aranyó (Lleida) y falleció en Barcelona el 26 de junio de 1990. Censurado durante la dictadura y no reconocido durante la democracia, tuvo una faceta poética poco conocida. Este año 2018 se celebra el centenario de su nacimiento y por eso le hemos escogido para esta sección.

    Pedrolo utiliza el lenguaje poético para explorarse a sí mismo y al mundo que le rodea. Es un poeta militante y combativo en sus escritos.

    No sé qué me posee

    No hay nada, ni ningún lugar donde ir:
    todo aquello que el sol me prometía
    se pasea por mudas arterias,
    flamea poco, sólo algún golpe
    perturba los castillos de mi silencio;
    entonces nace un verso, no sé qué nace
    ni cómo se lo hace: hablo libremente
    de cosas ignoradas, de cosas
    que mis dedos no sabrían guardar.

    Rejas a través (Poemas 1944-1952)

    Precisamente por esas cosas que sus ‘dedos no sabrían guardar’ fue un poeta olvidado por las instituciones, incluso por las de la Cataluña democrática presidida por el Sr. Jordi Pujol.

  • Reflexiona con un poema de Luo Fu

    Reflexiona con un poema de Luo Fu

    Luo Fu

    ¿Qué mejor reflexión para la mayoría de poetas de Poémame que el primer verso cuando Luo Fu dice ‘¿Qué nos importa no figurar / en la Antología de los 300 poemas Tang?’? Esto no quiere decir que no guste, pero no es el objetivo principal.

    Esta reflexión me ha recordado algunos de los debates que se han generado en la interesante y viva sección ‘Slam‘ de Poémame.

  • La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    A las personas nos encanta clasificar. Debe ser algo insertado en nuestro cerebro. Cuando hablamos de poesía, nos fijamos en su estilo, en su forma, o en los temas que trata: verso clásico o verso libre, poesía superficial o profunda, accesible o sofisticada, sencilla o compleja.

    Pero la poesía no es sólo el poema, como objeto de lectura en sí, es también el efecto que produce en el lector. Y desde esta perspectiva descubrimos poesía que resulta difícil de clasificar, poesía que independientemente de su apariencia transmite no solo un mensaje, sino también una actitud, un estado de ánimo.

    Es este el caso de la poesía de José Manuel Gómez Mira. Sus poemas nos hablan desde la serenidad -como el eco de una larga conversación junto a la hoguera- del paso del tiempo y de la naturaleza: tardes de lluvia, árboles y arroyos, inviernos pasados y futuros… En sus versos se intuye un poso de Neruda y de Machado, y una observación íntima y atenta del entorno que le rodea y que le inspira, de la vida.

    Escribe José Manuel en primera persona, dirigiéndose con frecuencia a ella, amada o acompañante, o interpelándonos directamente como lectores. Sus poemas, ajenos a los textos de consumo rápido tan habituales hoy en día, nos exigen una lectura sosegada; aquella en la que, llegados al último verso, volvemos atrás para entretenernos en alguna estrofa o contemplar el poema en su totalidad, como el caminante que tras ascender a un altozano se detiene para admirar y recordar el camino recorrido, y descubrir así nuevos significados y matices.

    Sin extenderme más, comparto con vosotros una breve muestra de la obra de José Manuel y os invito a seguir descubriendo y disfrutando su poesía.


    Amores largos

    Mi amor es largo
    en tiempo y distancias,
    largo en ausencias,
    es camino largo
    de tierra y aguas
    con una meta:
    alcanzar tu cintura,
    tu piel serena.

    Llegaré hasta tu puerta;
    una rosa en la mano,
    y unos besos prendidos
    entre los labios
    para entregarte
    en la noche de fuego
    que nos espera.

     

    Sabiéndonos presentes

    Se hincan de rodillas las nubes
    ante el fragor sereno de tu transparencia,
    se postran con el diálogo permanente
    del vuelo de tus flores aladas.

    Soy tuyo
    cuando con la amanecida
    se transforman tu Luna y mi Fuego
    en patria de eclipses creadores
    de un mismo caudal casual de voluntad,
    eres mía
    en la búsqueda con tus pensamientos
    de cualquiera avalancha cálida y vibrante
    entre tus labios,
    somos nuestros
    con la charla plácida donde cerramos,
    abandonadas,
    las ventanas maleducadas del ayer,
    somos nosotros
    al hacernos barrenderos de las hojas secas
    y en la confesión de las aceras.

    Es entonces nuestra la lumbre,
    tú las pavesas,
    y yo la ventolera
    que las eleva hasta donde cruje
    nuestra madera sagrada,
    eres entonces perfume indomable de acacias,
    perímetro constante a conquistar
    en mis tardes y en mis noches
    congestionadas ante el poder de tu pasión,
    es para entonces nuestro también el azar
    cuando se afina con el anochecer
    en nuestro lecho de distancias.

     

    En tu cintura

    Ardiendo en tu cintura
    un nido de hipocampos
    me anuncia amaneceres
    cruzados por cascadas,
    al lado de tu pecho
    se acogen terremotos,
    renuncian los temores,
    se esconde el viento sabio.

    Callado a ti me acerco,
    armado de inocencia,
    hundido en ti me pierdo.

    Sintiendo la cadencia
    del alma en tus latidos
    adorno con guirnaldas
    los valses de tu vientre,
    decoro de rubores
    las llamas de tus senos.

    Ardiendo en tu cintura
    se incendian cataratas
    de hielo y de rocío,
    de nieves en tu espalda
    rozada por el tibio
    temblor de la esperanza.

     

    Que estalle la paz

    Afilemos viejos lápices,
    esgrimamos tizas blancas,
    unámoslos en barrera de armonías,
    detengamos con su fuerza
    la agonía de cañones
    del hambre de los hombres,
    escribamos las palabras
    con las que remendar auroras
    en ofrenda de las selvas.

    Que nos inunde la paz,
    volteada como diábolo
    en su cuerda,
    disparada como flecha
    hacia la diana
    de los sentimientos libres,
    que estalle repentina
    la esperanza contundente y absoluta
    cuando cese la epopeya
    de los duelos,
    el combate por el pan
    de cada día.

    Soñemos
    ocho estrellas blancas,
    soñemos limpia la bandera
    hoy ultrajada por manos negras,
    soñemos en la paz,
    en la esperanza,
    volvernos sobre el mar
    como una lanza
    cargada de justicia y de prudencia.

    Roguemos
    por el tiempo en que será
    la libertad
    con la que abrazar la tierra,
    con la que respirar presencias,
    en la que dibujar
    sin sombras
    ni silencios ni cadenas.

    De pronto se hará el mañana,
    y este tiempo,
    inflado de paciencia,
    verá crecer los hongos y los setos,
    y hasta el río,
    guardián de los secretos,
    hará remansos,
    deteniendo el curso de su llanto.

    Asaltados nuestros diques
    reventará la paz en mil burbujas,
    con cada espina,
    en cada esquina,
    en tus ventanas,
    bajo mis puertas.

     

    Tu silencio rueda

    A la vera de tu torre,
    aderezada por el batir de las tormentas,
    vas olvidando el tiempo
    entre el solo de una flauta
    y en la gratitud de tu grito sincero.

    Más allá de las leyendas
    (y de los años)
    está el clamor de tus esferas abatidas,
    llora y vibra
    en el quejido solidario
    del hierro oxidado de tus rejas
    el solfeo áspero de las abejas despistadas,
    la alquimia desmembrada
    por tus rúbricas de insomnios.

    Tu silencio respira en un reloj de Sol,
    se bebe el tiempo a sorbos
    (y a tientas)
    más allá de las brumas,
    cuando marca las diez
    en tu ermita de paredes invisibles
    y en el canto madrugador y sin consuelo
    de un petirrojo en su espadaña.

    Sabes que callas para escuchar
    con el ronroneo meritorio de la lluvia
    la vergüenza del satélite
    agachado tras tu sombra,
    sabes que caminar es el destino
    de los que buscan la paz,
    y se hunden sin pudor en el vértigo del valle,
    conoces cómo has de tallar las piedras
    para olvidar esas torres
    hoy presentidas de tristeza,
    ahora confusión de letras rotas
    y de pecados del habla.

    Más allá de donde las fuentes
    regalan sus gotas doloridas
    sobre tu torso helado
    tu silencio ha de mudar
    en sonido de la hiedra creciente
    agarrada con ansiedad al mampuesto,
    expuestas sus raíces hacia el aire,
    cuaderno de bitácora desde donde redactar
    la historia descosida de sus cabrestantes,
    será diez kilogramos de ideas
    suspendidas en lo alto
    de una columna y de un capitel
    sencillos y tallados de agua,
    trasiego perpetuo del convencimiento,
    espejo trashumante
    en perspectiva de destino.

    No será tu silencio túnel desfallecido
    o inmenso secarral
    de presente y de futuro,
    no se tornará escala de patíbulo,
    raíz cuadrada de la nada
    o higuera infértil,
    pues tus lágrimas las disipará el contraste
    de un tañido ufano de campanas.

     

    Piel del roble

    Mi árbol antiguo,
    roble viejo,
    renacido en la colina en primavera,
    haz que el aire hable en ti,
    que te dé voz
    para contarme en cada frase tuya
    lo que sientes,
    lo que vives,
    lo que esperas.

    Díctame con tus hojas,
    con su envés,
    los secretos más profundos,
    nárrame a través de tus raíces
    como es la tierra nuestra
    que te envuelve,
    para sentirte en mí,
    para gozarte,
    para darme la paz
    que ahora presiento
    en la columna suave de tu tronco.

    Como lluvia que golpea
    tu estructura centenaria
    háblame con calma de los tiempos,
    como Sol que le da luz
    a tus nidos y a tus brotes,
    dibuja en mi alma trazos nuevos,
    de juventud en tantos años renacida.

    Viejo amado,
    roble viejo,
    perspicaz anacoreta de los bosques,
    anciano redimido por los años
    de tus musgos,
    de tus hiedras,
    canta con mi abrazo
    la eternidad de la sonata de tus sendas,
    sé mi albergue
    cuando llegue el día,
    y que sean mis cenizas
    alimento de tu herencia.

     

    Pluma de tarde y aguas

    No menguan los instantes
    que tus frases rozan,
    ni se borran los minutos
    cuando te ausentas.

    Flota cada noche en mis moradas
    tu voz de incipiente incienso verde,
    boga en la penumbra
    el canto imaginario de tus cejas,
    leo entre la llama de una vela blanca
    el Todo de este tiempo,
    el Ahora presente entre nosotros.

    Me vuelvo jinete
    en cabalgada hacia los prados
    donde presumo que te apostas,
    calzo espuelas de aires suaves.

    Floto ante la carantoña de los vidrios,
    rumio versos sobre un diván de lluvias
    en estas líneas breves
    redactadas con la pluma de mis tardes.

     

    Hinojos

    Mientras siga sonando
    la canción de los grillos en celo
    he de lograr que estos mansos pasos
    pueblen veredas.

    Si veis que continúo
    hablándoos sin descanso
    de mis edades sin pausa,
    comprendedme,
    pues quiero explicaros
    cada minuto de permanencia
    entre este alma y esta piel,
    explicaros una a una cada una de las grietas
    del tiempo que respiro y atrapo
    en un segundo de coraje,
    y de cómo es la sombra permanente
    del árbol que se acerca
    cuando detengo mis pasos
    entre las rutas sacras de mi verde país.

    Mientras suene
    la canción de los grillos en celo
    arrancaré las hojas y semillas del hinojo
    tal y como mi abuelo me enseñó
    en un día lejano de un junio,
    las restregaré entre mis manos,
    y así seguiré
    reservando el aroma de vida
    sobre los dedos
    hasta nutrirme con su olor,
    así seguiré,
    explicándoos el por qué de las arrugas
    que ensalzan gozosas mi frente.

  • Reflexiona con un poema de Derek Walcott

    Reflexiona con un poema de Derek Walcott

    Un tema profundo analizado en el blog Pijamasurf. Ese momento crucial en que una persona se reconcilia consigo misma, acepta lo que es y, a partir de eso, comienza a amarse incondicionalmente.

    Love after love

    The time will come
    when, with elation
    you will greet yourself arriving
    at your own door, in your own mirror
    and each will smile at the other’s welcome,

    and say, sit here. Eat.
    You will love again the stranger who was your self.
    Give wine. Give bread. Give back your heart
    to itself, to the stranger who has loved you

    all your life, whom you ignored
    for another, who knows you by heart.
    Take down the love letters from the bookshelf,

    the photographs, the desperate notes,
    peel your own image from the mirror.
    Sit. Feast on your life.

    – non omnis moriar –

     

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    Reflexión estival que no solo se puede aplicar al hombre, a la mujer también.

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    Poemareflexiona con… Arthur Rimbaud

    Poemareflexiona con… Julio Cortázar

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