Categoría: Poeta del mes

  • Hilvanando silencios con la poesía de Amalia Beatriz Arzac

    Hilvanando silencios con la poesía de Amalia Beatriz Arzac

    El continente americano a través de los años ha dado grandes poetas. Amalia Beatriz Arzac es heredera de una tradición que ha entregado a la poesía en lengua española la obra de Olga Orozco, Alejandra Pizarnik, Luisa Futoranski, Diana Bellessi, Ana Becciu, Paulina Vinderman o Tamara Kamenszain, por mencionar algunas.

    Bien lo describe Joel Fortunato en sus comentarios de los poemas de Amalia publicados en Poémame: “en sus poemas encontramos una obra con alta calidad sentimental, una enorme creatividad con un estilo y desarrollo siempre hábil en cada tema de sus poesías”.

    Tristeza

    En las olas del mar bravío
    encuentro los azules sueños
    y olvidados tiempos perdidos,
    sale a mi encuentro un largo sueño
    en un dolor que ya he sufrido.
    Busco allí un pequeño retazo
    de la luz de brillar sonrisas,
    sólo encuentro la noche bruna
    y una lágrima de la luna.

    Maremoto de mi tristeza,
    grieta desde el abismo emerge,
    desde el imperio de Neptuno
    a la espuma gris de la vida.
    Sin bitácora, ni una guía,
    sin mapa ni luz encendida.
    A la deriva, errar el nado,
    sin salvavidas a la mano,
    profunda muerte en la que acabo.

    Es por eso que bien vale la pena dedicarle este espacio como poeta revelación de Poémame y detenernos a leer algunos de sus poemas:

    Trazos de vida

    (…)

    He vuelto a aquí… con mi vida despeinada.
    Aquí… donde el río de tinta azul me contiene,
    el ave se entrega en sustancia y su pluma cede,
    el árbol desde su fibra entrega el vientre
    y yo… con trazos escritos,
    entre errores repetidos y dudas no resueltas,
    deconstruyo cada paso y compongo una vida nueva.

     

    Pasos del camino

    Encontré en el camino de la vida
    mas de mil y una trampas escondidas.
    Mixtura de falacias y mentiras
    tras un manto de vana melodía.

    Detrás de puertas viejas con cerrojo,
    enmohecidas de tiempo y olvido.
    tras lúgubres pasillos sin destino
    figuras mortecinas a su antojo.

    Laberintos resueltos en mentira,
    callejones de ninguna salida…
    y entre promesas deshoje mi vida.

    Y desnuda al final del recorrido,
    sorprendida en nueva piel sin abrigo,
    el confín marca que sigue el camino.

     

    El lado oscuro

    En la oscuridad profunda de la cerrada noche,
    siete candiles pusiste para hacerla más bella y
    encendiste la Luna, majestuosa… plena.
    En plata tallada, redonda… perfecta.
    Con mieles y azahares bordeaste la esfera y
    despejaste de nubes y polvo de estrellas.
    Tomaste mi mano, remontamos vuelo.
    Las mejillas llenas de tan dulces besos.
    Dimos tantas vueltas en azules sueños ,
    viendo el menguar majestuoso de la reina del cielo.
    En cinco fases me diste tus besos y
    en cada una de ellas mostraste el amor más bello.
    Con la promesa de mil y una vueltas,
    me mostraste el lado que la Luna no muestra.

     

    En honor a la verdad

    (…)

    Las verdades son siempre fantasmales.
    Que escapa al pensamiento binario,
    ni vivo, ni muerto… ni verdadero, ni falso.
    Es la presencia de una ausencia,
    paradójicamente insoportable….
    Una… una sola verdad absoluta,
    que será así por la eternidad de los mundos.
    ¿Quién puede decir que existe?
    Una cuasiverdad no es verdad,
    no es un absoluto.

    (…)

    En mi concepción la poesía es y debe ser un perfecto mecanismo para expresar lo que sentimos y vivimos en cada momento, que mejor si lo podemos escribir en unos versos. Amalia lo realiza perfectamente en cada uno de sus poemas y es un verdadero gusto poder leerla en este espacio.

    Cierro esta reseña con un extracto de uno de sus últimos poemas publicados en Poémame. Un mensaje lleno de fuerza.

    Axioma

    En el correr lento de la monotonía
    de multiplicidad de ausencias sin valía,
    el ser yo misma se diluyen en vaivén
    la superficialidad y la indiferencia.

    Rodeada de semejantes diferentes,
    donde una sonrisa es siempre una mueca inerte,
    por formalismo ritual e indolente de
    esa natural falsedad que nos conviene.

    Universo diezmado en un cruel holocausto,
    rodar sinfín de paradigmas abolidos,
    hexagonal trama de cuerdas palpitantes
    que sostienen una realidad latente.

    En medio de la tempestad y la desidia,
    me rodean postulados de corta talla,
    mirando tras la muralla de viejos llantos,
    visualizo el brutal encanto del Naciente.

    Frente a lo aparente encaro la intolerancia,
    donde prefiero responder con una prosa
    que cuente al mundo la fantástica alegría
    de esta hermosa humanidad que al amor respira.

    Frente a lo aparente encaro la intolerancia,
    donde prefiero responder con una prosa
    que cuente al mundo la fantástica alegría
    de esta hermosa humanidad que al amor respira.

  • La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    La poesía serena de José Manuel Gómez Mira

    A las personas nos encanta clasificar. Debe ser algo insertado en nuestro cerebro. Cuando hablamos de poesía, nos fijamos en su estilo, en su forma, o en los temas que trata: verso clásico o verso libre, poesía superficial o profunda, accesible o sofisticada, sencilla o compleja.

    Pero la poesía no es sólo el poema, como objeto de lectura en sí, es también el efecto que produce en el lector. Y desde esta perspectiva descubrimos poesía que resulta difícil de clasificar, poesía que independientemente de su apariencia transmite no solo un mensaje, sino también una actitud, un estado de ánimo.

    Es este el caso de la poesía de José Manuel Gómez Mira. Sus poemas nos hablan desde la serenidad -como el eco de una larga conversación junto a la hoguera- del paso del tiempo y de la naturaleza: tardes de lluvia, árboles y arroyos, inviernos pasados y futuros… En sus versos se intuye un poso de Neruda y de Machado, y una observación íntima y atenta del entorno que le rodea y que le inspira, de la vida.

    Escribe José Manuel en primera persona, dirigiéndose con frecuencia a ella, amada o acompañante, o interpelándonos directamente como lectores. Sus poemas, ajenos a los textos de consumo rápido tan habituales hoy en día, nos exigen una lectura sosegada; aquella en la que, llegados al último verso, volvemos atrás para entretenernos en alguna estrofa o contemplar el poema en su totalidad, como el caminante que tras ascender a un altozano se detiene para admirar y recordar el camino recorrido, y descubrir así nuevos significados y matices.

    Sin extenderme más, comparto con vosotros una breve muestra de la obra de José Manuel y os invito a seguir descubriendo y disfrutando su poesía.


    Amores largos

    Mi amor es largo
    en tiempo y distancias,
    largo en ausencias,
    es camino largo
    de tierra y aguas
    con una meta:
    alcanzar tu cintura,
    tu piel serena.

    Llegaré hasta tu puerta;
    una rosa en la mano,
    y unos besos prendidos
    entre los labios
    para entregarte
    en la noche de fuego
    que nos espera.

     

    Sabiéndonos presentes

    Se hincan de rodillas las nubes
    ante el fragor sereno de tu transparencia,
    se postran con el diálogo permanente
    del vuelo de tus flores aladas.

    Soy tuyo
    cuando con la amanecida
    se transforman tu Luna y mi Fuego
    en patria de eclipses creadores
    de un mismo caudal casual de voluntad,
    eres mía
    en la búsqueda con tus pensamientos
    de cualquiera avalancha cálida y vibrante
    entre tus labios,
    somos nuestros
    con la charla plácida donde cerramos,
    abandonadas,
    las ventanas maleducadas del ayer,
    somos nosotros
    al hacernos barrenderos de las hojas secas
    y en la confesión de las aceras.

    Es entonces nuestra la lumbre,
    tú las pavesas,
    y yo la ventolera
    que las eleva hasta donde cruje
    nuestra madera sagrada,
    eres entonces perfume indomable de acacias,
    perímetro constante a conquistar
    en mis tardes y en mis noches
    congestionadas ante el poder de tu pasión,
    es para entonces nuestro también el azar
    cuando se afina con el anochecer
    en nuestro lecho de distancias.

     

    En tu cintura

    Ardiendo en tu cintura
    un nido de hipocampos
    me anuncia amaneceres
    cruzados por cascadas,
    al lado de tu pecho
    se acogen terremotos,
    renuncian los temores,
    se esconde el viento sabio.

    Callado a ti me acerco,
    armado de inocencia,
    hundido en ti me pierdo.

    Sintiendo la cadencia
    del alma en tus latidos
    adorno con guirnaldas
    los valses de tu vientre,
    decoro de rubores
    las llamas de tus senos.

    Ardiendo en tu cintura
    se incendian cataratas
    de hielo y de rocío,
    de nieves en tu espalda
    rozada por el tibio
    temblor de la esperanza.

     

    Que estalle la paz

    Afilemos viejos lápices,
    esgrimamos tizas blancas,
    unámoslos en barrera de armonías,
    detengamos con su fuerza
    la agonía de cañones
    del hambre de los hombres,
    escribamos las palabras
    con las que remendar auroras
    en ofrenda de las selvas.

    Que nos inunde la paz,
    volteada como diábolo
    en su cuerda,
    disparada como flecha
    hacia la diana
    de los sentimientos libres,
    que estalle repentina
    la esperanza contundente y absoluta
    cuando cese la epopeya
    de los duelos,
    el combate por el pan
    de cada día.

    Soñemos
    ocho estrellas blancas,
    soñemos limpia la bandera
    hoy ultrajada por manos negras,
    soñemos en la paz,
    en la esperanza,
    volvernos sobre el mar
    como una lanza
    cargada de justicia y de prudencia.

    Roguemos
    por el tiempo en que será
    la libertad
    con la que abrazar la tierra,
    con la que respirar presencias,
    en la que dibujar
    sin sombras
    ni silencios ni cadenas.

    De pronto se hará el mañana,
    y este tiempo,
    inflado de paciencia,
    verá crecer los hongos y los setos,
    y hasta el río,
    guardián de los secretos,
    hará remansos,
    deteniendo el curso de su llanto.

    Asaltados nuestros diques
    reventará la paz en mil burbujas,
    con cada espina,
    en cada esquina,
    en tus ventanas,
    bajo mis puertas.

     

    Tu silencio rueda

    A la vera de tu torre,
    aderezada por el batir de las tormentas,
    vas olvidando el tiempo
    entre el solo de una flauta
    y en la gratitud de tu grito sincero.

    Más allá de las leyendas
    (y de los años)
    está el clamor de tus esferas abatidas,
    llora y vibra
    en el quejido solidario
    del hierro oxidado de tus rejas
    el solfeo áspero de las abejas despistadas,
    la alquimia desmembrada
    por tus rúbricas de insomnios.

    Tu silencio respira en un reloj de Sol,
    se bebe el tiempo a sorbos
    (y a tientas)
    más allá de las brumas,
    cuando marca las diez
    en tu ermita de paredes invisibles
    y en el canto madrugador y sin consuelo
    de un petirrojo en su espadaña.

    Sabes que callas para escuchar
    con el ronroneo meritorio de la lluvia
    la vergüenza del satélite
    agachado tras tu sombra,
    sabes que caminar es el destino
    de los que buscan la paz,
    y se hunden sin pudor en el vértigo del valle,
    conoces cómo has de tallar las piedras
    para olvidar esas torres
    hoy presentidas de tristeza,
    ahora confusión de letras rotas
    y de pecados del habla.

    Más allá de donde las fuentes
    regalan sus gotas doloridas
    sobre tu torso helado
    tu silencio ha de mudar
    en sonido de la hiedra creciente
    agarrada con ansiedad al mampuesto,
    expuestas sus raíces hacia el aire,
    cuaderno de bitácora desde donde redactar
    la historia descosida de sus cabrestantes,
    será diez kilogramos de ideas
    suspendidas en lo alto
    de una columna y de un capitel
    sencillos y tallados de agua,
    trasiego perpetuo del convencimiento,
    espejo trashumante
    en perspectiva de destino.

    No será tu silencio túnel desfallecido
    o inmenso secarral
    de presente y de futuro,
    no se tornará escala de patíbulo,
    raíz cuadrada de la nada
    o higuera infértil,
    pues tus lágrimas las disipará el contraste
    de un tañido ufano de campanas.

     

    Piel del roble

    Mi árbol antiguo,
    roble viejo,
    renacido en la colina en primavera,
    haz que el aire hable en ti,
    que te dé voz
    para contarme en cada frase tuya
    lo que sientes,
    lo que vives,
    lo que esperas.

    Díctame con tus hojas,
    con su envés,
    los secretos más profundos,
    nárrame a través de tus raíces
    como es la tierra nuestra
    que te envuelve,
    para sentirte en mí,
    para gozarte,
    para darme la paz
    que ahora presiento
    en la columna suave de tu tronco.

    Como lluvia que golpea
    tu estructura centenaria
    háblame con calma de los tiempos,
    como Sol que le da luz
    a tus nidos y a tus brotes,
    dibuja en mi alma trazos nuevos,
    de juventud en tantos años renacida.

    Viejo amado,
    roble viejo,
    perspicaz anacoreta de los bosques,
    anciano redimido por los años
    de tus musgos,
    de tus hiedras,
    canta con mi abrazo
    la eternidad de la sonata de tus sendas,
    sé mi albergue
    cuando llegue el día,
    y que sean mis cenizas
    alimento de tu herencia.

     

    Pluma de tarde y aguas

    No menguan los instantes
    que tus frases rozan,
    ni se borran los minutos
    cuando te ausentas.

    Flota cada noche en mis moradas
    tu voz de incipiente incienso verde,
    boga en la penumbra
    el canto imaginario de tus cejas,
    leo entre la llama de una vela blanca
    el Todo de este tiempo,
    el Ahora presente entre nosotros.

    Me vuelvo jinete
    en cabalgada hacia los prados
    donde presumo que te apostas,
    calzo espuelas de aires suaves.

    Floto ante la carantoña de los vidrios,
    rumio versos sobre un diván de lluvias
    en estas líneas breves
    redactadas con la pluma de mis tardes.

     

    Hinojos

    Mientras siga sonando
    la canción de los grillos en celo
    he de lograr que estos mansos pasos
    pueblen veredas.

    Si veis que continúo
    hablándoos sin descanso
    de mis edades sin pausa,
    comprendedme,
    pues quiero explicaros
    cada minuto de permanencia
    entre este alma y esta piel,
    explicaros una a una cada una de las grietas
    del tiempo que respiro y atrapo
    en un segundo de coraje,
    y de cómo es la sombra permanente
    del árbol que se acerca
    cuando detengo mis pasos
    entre las rutas sacras de mi verde país.

    Mientras suene
    la canción de los grillos en celo
    arrancaré las hojas y semillas del hinojo
    tal y como mi abuelo me enseñó
    en un día lejano de un junio,
    las restregaré entre mis manos,
    y así seguiré
    reservando el aroma de vida
    sobre los dedos
    hasta nutrirme con su olor,
    así seguiré,
    explicándoos el por qué de las arrugas
    que ensalzan gozosas mi frente.

  • Satanás is alive, y nunca hubierais dicho que fuera poeta

    Satanás is alive, y nunca hubierais dicho que fuera poeta

    @SatanasIsAlive aterrizó en Poémame a principios de junio para revolucionar el Bar de Poémame con su poesía absolutamente cautivadora.

    Adentrarse en sus versos, es introducirse en un universo dotado de cierto romanticismo crudo, mucho sentimiento, madrugadas, frío, cuerpos y con un sello personal indiscutible que los convierte una red en la que el lector queda atrapado sin apenas darse cuenta.

    Dice que le frustra no saber dar un final correcto a sus escritos, pero lo cierto es que sus poemas tienen un principio y un final que se dan la mano para hacer un poema cerrado y redondo. Os ofrezco un repaso por algunos de sus poemas, para saborear los diferentes colores, emociones y matices que se encuentran en sus versos.

    Hay poemas que traen un frío que nada es capaz de aliviar:

    Un café, en el anochecer de las mañanas

    Y entonces no,
    supe que no me interesaba
    sentir desaires
    al borde de un suspiro.

    Ni los reproches
    de una mente desgastada.

    No me interesaba
    sentir un abrazo
    frío,
    ni un tibio café
    por las mañanas.

    Yo era el barco
    de papel,
    ella la laguna
    al borde de los
    recuerdos.

    Y no necesité «Te quieros»
    como desayuno,
    no necesité más
    abrazos del viento
    ni piel de porcelana.

    Los pies
    caminaron por ruinas
    de caminos
    que nunca fueron
    ciertos y
    las lágrimas
    de una luna me abrazaron
    a través de
    la ventana.

    Y desde entonces
    la duda es cierta
    la mentira es vana,
    las curas vienen muertas
    con un frío café
    por las mañanas.

    En algunos de sus poemas, el tiempo, la soledad y la desolación se abren paso para quedar clavados en el alma del lector.

    Cuarenta veces invierno

    Olvídate de las flores bajo la aurora de tu mirada,
    olvídate del calor del café de la mañana,
    deja atrás al fantasma del pasado,
    ponle el cerrojo al corazón cuando salgas por la puerta.

    Porque olvidas besos y te quedas con los versos, que se ahogaron en tu boca
    y lloraron en tu mirada.
    Porque floreces cuando amaneces pero relampagueas de lluvia bajo el insomnio.

    Porque siendo fuerte te haces frágil,
    porque siendo frágil aprendes a ser fuerte,
    pero para ese rancio corazón ya no es fácil,
    olvidar querer, sin querer la vida ni la muerte.

    Has bailado sola,
    las manos del tiempo han dado arrugas de brisa a tu piel,
    la mirada de las nubes han dicho,
    que no has aprendido a caminar,
    por primero querer correr.

    Y desde entonces caminas en arrabales de sentimientos marchitos,

    donde los corazones vacíos se ahogan en mares de ron,
    donde la cura es el dolor y la sed de aliento es insaciable,
    donde mueres sin ser tú, sin ser nada, sin ser nadie.

    A veces plasma el amor en las letras de una manera casi musical, ese besar los versos, ese perder el corazón en un poema, dejando claro que alma con sus suspiros es poesía.

    Dejó de ser poesía

    Hice de versos rimas,
    condené la vida en un escrito perverso,
    asesiné al tintero sin conocer la vida,
    enterré el cadáver entre el paréntesis de un verso.

    Respiré en el cuello de una línea,
    besé las letras de una piel como mejor lienzo.
    Naufragué en una boca como Joaquin Sabina,
    en un retazo de papel le di la vuelta a un universo.

    Desde entonces
    ha de condenarme
    la mirada de una rima,
    la bocanada de un papel,
    escrito en un viejo recordatorio
    en los recónditos lugares,
    donde habitan los retazos de una piel.

    El alma de un libreto vaga entre prosas,
    las hojas pasaron a ser muchas cosas,
    pasó a no ser lo que parecía,
    perdió el suspiro del alma y dejo de ser poesía.

    Hay poemas que aparecen marcados por una herida triste que sólo la lluvia y la luna pueden mitigar.

    La falda de una habitación

    Se dice que en el amanecer de una noche,
    se dejaron besos empapados en el ombligo de un cuerpo,
    se dice que bajo el infierno de la luna y el capó de un coche,
    las mariposas hicieron ríos de un mar muerto.

    El renacimiento
    al tintero del tiempo
    cobró vida,
    los corazones
    posan cada noche
    en las miradas
    que nunca tocaron,
    de los abrigos de seda
    sin despedida.

    Las nubes
    levantan sus faldas,
    consienten las almas
    de vidas perdidas,
    al caer la noche
    bajo la falda
    no hay abrigo
    tampoco almas,
    está la lluvia
    de su lado y la luna,
    aliviando la grieta
    de la herida.

    Las ojeras del viento,
    posaron en los rostros del tiempo,
    y las dudas del pasado,
    no saciaron el arrepentimiento.

    En el matiz oscuro
    de un cielo gris
    hubo una historia
    con principio sin fin
    donde el amor,
    por noches lo decide
    el viento de los sentimientos
    del refugio,
    y la voluntad,
    era olvidada
    en la gaveta de una habitación.

    En algunos poemas es capaz de meter el universo entero en un solo verso.

    A veces el universo

    A veces el universo
    se atasca en un abismo,
    ese que deja muda a la letra,
    ciego al sentimiento,
    a veces el universo
    se atasca en las orillas
    del recuerdo.

    A veces el universo
    suplica piedad
    de las almas,
    y pide clemencia por las mismas.

    A veces el universo
    va de la mano,
    con otro universo,
    a veces hace de sí
    mismo lluvias,
    e inunda mares,
    donde creía
    haber desiertos.

    A veces el universo
    se llena de dudas,
    y rompe en letras
    las penas que viven
    dentro de sus sentimientos.

    A veces el universo,
    es solo otro universo,
    y de vez en cuando,
    cabe el mismo,
    en la escritura de un verso.

    Para acabar este breve recorrido por los poemas, os dejo un poema que sobresale por su exquisita belleza y esperanza, puesto que después de cualquier tormenta, siempre, siempre escampa.

    Cuando el corazón escampa

    Ya no llueve,
    ya el cielo no nubla
    sus arrabales
    de montañas rosadas,
    las viejas miradas
    han dejado de ser
    tan grises,
    la lluvia ha dado
    espacio al sol
    sobre las mejillas.

    El Jazz acampa
    en los oídos,
    de los apasionados
    escritores,
    que dan vida
    a las letras en versos
    de su universo.

    El sol
    ha dejado de quemar
    la lluvia
    ha dejado de doler.
    las mañanas,
    el pasto fresco,
    el «Buenos días»
    de una madre,
    las ganas
    de querer,
    el querer poder.

    Las mañanas
    ya son frescas,
    las tardes
    han caído
    cálidas,
    y la noche
    se ha vuelto nuestra.

    Ya no hay escombros
    en el cementerio de
    recuerdos,
    al son del fuego
    se han vuelto cenizas,
    se han ido
    sin decir adiós,
    el tiempo pasó,
    y al mal
    se lo llevó la brisa.

    Ya
    la falda de la luna
    no baila sola,
    y el sentimiento
    olvidado
    ha tomado vida
    como recuerdo,
    ya
    la vida no va
    tan lenta,
    va rápida
    para el loco
    que fingió ser
    feliz,
    cuando siempre
    habitó
    en la mente
    de un cuerdo.

    Pero escampa,
    para los ojos
    que llovieron,
    y ahora,
    sale el sol
    por las mañanas,
    con su abrigo de piel,
    para el corazón
    que supo naufragar
    algún vano
    sentimiento perverso.

  • Los versos rotos de Constanza Everdeen

    Los versos rotos de Constanza Everdeen

    “Los poemas bonitos son la voz del viento y se pasean por tu vida como un gato», así es como nos los define la poeta Constanza Everdeen y se me ha antojado comenzar esta reseña con esta cita, porque creo que es la mejor definición y presentación a su poesía.

    Cuando leí por primera vez a Constanza  me llamó la atención la elegancia con la que acarician sus versos y la sutileza que tiene su pluma para girar la tinta y lanzarnos un zarpazo.

    Siempre elegante

    Como Hades emergiendo desde la profundidad de mis entrañas,
    el otro día casi te deseo el mal.
    Pero lo hice bien,
    deseé tu caída amortiguada sobre ese lecho neumático,
    del color del que nunca tintaría mi cabello.Lo hice bien, sí.
    Porque estando a finales de verano,
    una sabe que no puede pedir primaveras tardías,
    y hay un estatus de madurez y maestría que mantener.Para que no corra la sangre, corre la tinta,
    y te escribo sobre fases lunares,
    con la esperanza de que entiendas mis cíclicos demonios.No hallarás nada más puro y veraz,
    contenido entre curvas y sensuales aromas.

    Porque en ese lugar en el que temo tu orden,
    yo desordeno la ropa y silencio los insomnios.

    Sus versos son una lluvia de pétalos en noviembre que dejan la fragancia de mayo:

    Otro punto de sutura

    Le dije al mar que según para qué mensajes, es mejor que la botella que arroje esté llena.

    Me quedé mirando un reloj con agujas sin sentido,
    rodeada de un cementerio de elefantes sin memoria,
    pasando la hoja a un calendario de días inciertos.

    La cara oculta del amor es liberar el sufrimiento en defensa propia,
    masticar los cristales rotos y descubrir su dulce sabor.

    Le puse voz al amor para no acallar la herida,
    y me quedé con las letras en las manos.

    Te escribí el mar y el cielo con la esperanza de ver una revelación en tus ojos,
    pero sólo me vi a la deriva flotando en tu iris airado.
    No sé en que marea te perdiste,
    ni cuándo se hizo Noviembre y abandonaste mi silencio.

    Solo sé que tu inclinación al derribo,
    no pudo con mi revolución.

    “A veces no encuentro las palabras pero te veo escrito en todas partes». Y es que sus letras son el silencio de un suspiro que se hace verso.

    Los hados reclaman

    Te paseas ante mis ojos inconsciente del fuego,
    te persigo ávida sin mirarte,
    en vehemente consecución de mi cánido designio.
    Reclamo y me das aguaceros intermitentes,
    donde bailo al ritmo de los tambores de tu pecho.
    Pienso y camino inane,
    codiciando entregas,
    resistiendo sequías en las manos.
    Se graban en ellas líneas de ausencias y lacónicas supernovas.
    Me rindo a la estela fugaz del astro que me reina,
    cedo a su gobierno para no perderme entre rebelión de vendavales.
    Anhelo que se te haga incontable el número que destinas a los hados,
    que sientas la revelación
    y te arrojes a mi esfera en llamas.

    Su poesía nos vuelca en una historia de amor que aún en la sombra se sostiene entre las luces intermitentes del recuerdo.

    Más de mil

    Tengo más de mil leyendas para desvelarte las noches.
    Para aplacar voluntariamente tu tormento.
    Erosionando el cantil, fundiendo el hielo,
    abriendo sendas de letras floridas donde te reconcilias con todo.Guardo más de mil mitos dentro de una cajita para que nada se te desarme.
    Versando tu sangre,
    te devuelvo a la esperanza.
    Besando tu carne,
    te hago justicia en el averno.Escondo más de mil cuentos en cadena,
    para anclarte a la cara oculta del rebalaje.
    Soy lo que aparece en tus sueños después de frotar la lámpara,
    el santuario de tu condena.

    El lugar donde cada vez que mueres, más te agarra la vida.

    Sus versos se deslizan como pasos de baile en la coreografía de un amor aún latente en su música, pero que va perdiendo el compás de sus pasos tras las agujas inexorables del tiempo.

    58 minutos

    Hablabas de ser agua,
    yo esperaba una ilusoria previsión de lluvia,
    con el paraguas roto,
    en un andén fantasma.
    Ahogamos los gritos por temor a que toda réplica,
    fuera el eco de lo que fuimos.
    Evité las transparencias,
    con una combinación de decepciones
    y algún depósito de sangre.
    Falsamente nos sorprendió la rutina en la retina,
    tú detonaste la caja,
    yo apreté el gatillo,
    nadie recogió el escombro.
    Una demora de una hora,
    o de incluso 58 minutos menos,
    dejan los versos fríos en el plato.
    El tiempo no significa nada,
    pero siempre resulta mortal.
  • La poesía melódica de Aurora

    La poesía melódica de Aurora

    El mes de abril, además de traernos la primavera, nos sorprende con la llegada de una poetisa que con sus melódicos versos no solo nos encanta, sino que nos hipnotiza.

    Se trata de Aurora, quien no solo nos da alas de libertad en su poesía de verso libre, sino que nos lleva por un recorrido maravilloso por la métrica rítmica de sus exquisitos sonetos.

    Y para muestra un botón, dejémonos acariciar por el canto a una musa, a través de este soneto endecasílabo de ritmo clásico con acentos 6 y 10.

    Mi musa

    Se ha dormido la musa en mi regazo,
    se ha negado a prestarme su alegría,
    no la siento de noche ni de día,
    la busco, y solo encuentro su rechazo.

    Se marchó sin un grito ni un portazo,
    creí que arrepentida volvería
    y bajito en mi oído cantaría
    sus baladas, envueltas en su abrazo.

    Llevo tiempo esperando su regreso,
    he salido a buscarla en el camino
    pues ya la echo de menos, lo confieso.

    Mi destino va unido a su destino,
    no concibo mi vida sin su beso.
    Sentirla en mi interior, ese es mi sino.

    Y qué tal si nos damos una mojadita bajo este chubasco de versos libres que nos invitan a bailar bajo la lluvia.

    Lluvia

    Abrazará la lluvia el horizonte
    jugando a dibujar espejos con los charcos,
    se sabe pasajera y de ahí su prisa
    por acallar el canto de los pájaros,
    trae vida en sus caricias
    y cae serena y tibia
    mientras la tierra tiembla,
    palpitando, vencida, entre sus brazos.

    Y ahora, con este breve poema, permitamos que el viento nos despeine la locura mientras los versos de Aurora nos invaden la cabeza.

    A menudo…

    A menudo es el aire el que se lleva
    los bucles de mi pelo en su locura
    y vuelan sin cadenas, y sin apenas ruido,
    imitando a gorriones indefensos
    y es esa libertad la que despierta
    los versos que me invaden la cabeza.

    Es tan solo un instante que sacude
    con fuerza, desmedida, mis cimientos
    entonces cierro los ojos e imagino
    que este alboroto es música…
    Es la forma de hablar que tiene el viento.

    Y para cerrar con broche de oro, y elevar un poco la temperatura, nos vamos con Aurora a recorrer un universo de pasión, en las alas de este soneto clásico.

    Me gusta recorrer el universo…

    Me gusta recorrer el universo
    que parte del abismo de tus piernas,
    refugiarme del frío en tus cavernas,
    columpiarme en tu piel, por el reverso.

    Enredarte al acento de mi verso
    que borda para ti noches eternas,
    noches sencillas, plácidas y tiernas
    enganchada a tu pulso lento y terso.

    Me gusta reflejarme en tu mirada
    con la luz de la luna de testigo
    y en tus iris, traviesa, dibujada.

    Me gusta despertarme así contigo,
    fundirme en tu calor de madrugada,
    jugando a hacerme un nido con tu ombligo.

  • Subsistir con la poesía de José Robles

    Subsistir con la poesía de José Robles

    José Robles (@Jose_Robles) trae a Poémame una poesía para subsistir en una realidad que a veces se torna surrealista.

    Y es que qué mejor remedio que sus versos para sobrevivir en el laberinto de los pensamientos que se esconden en la cotidiana vida de la que somos pasajeros. José nos contagia con una poesía compleja y, sin caer en la confusión, nos adentra en un sinfín de historias mediante un mensaje sencillo y claro, vivir para subsistir.

    De cómo plantar un globo y no llorar en el intento (Poesía para la mera subsistencia)

    Se desangra la letra
    en impertinentes laberintos
    de estéticas burdas,
    o certeras.
    En autovías de pensamiento sin quitamiedos.
    En expositores de sensibilidad en trágico desborde.
    En las más que absurdas buhardillas
    llenas de objetos y palabras viejas,
    y en oscuros sótanos con cadáver escondido,
    con miles de cajas de cartón cubiertas de polvo,
    llenas de inválidas ideas,
    que me impregnaron.
    Y de las que no consigo desentenderme
    ni un solo momento.
    Ni tampoco deseo dejar de soñarlas. Boquiabierto.
    Se desangra la letra.

    Pero tengo en casa a mi fiel compañera.
    Una macetilla pequeña encima de un mueble.
    Es preciosa,
    y buena gente.
    Si yo no me meto con ella, ella me respeta
    y me deja vivir tranquilo mi vida.
    Lo sabe todo de mí, pero alardea de prudencia.

    La sonoridad de su poema “Seis lunas” nos entrega alegrías y deja un grato sabor de boca por sus cálidas y sencillas estrofas que envuelven su lectura hasta el final:

    Seis lunas

    Caliente caliente
    como agua de la fuente.
    Poemas, estrofas, letras.
    Versos contracorriente.

    Tres de Pi
    cinco de cuatro.

    Ojos de fuego.
    Beso amargo.

    Seis lunas
    miran al gato.

    Rosa tronchada.
    Mudo el piano.

    Tres de Pi
    cinco de cuatro.

    Seis niñas
    mira el gato.

    En su poema “SN4 (no es una fórmula)“, José nos regala unos versos únicos y originales, carismáticos y fáciles de leer, pero que no por ello carecen de un mensaje que, en su cotidianidad, nos lleva a reflexionar desde el surrealismo más audaz de su poesía.

    SN4 (no es una fórmula)

    Maldiciendo el barro,
    el olvido, o el recuerdo.
    ¡Que sé yo!
    Cogiendo el bus
    o encogiendo,
    y no bajándome nunca.
    ¡O bajiéndo!

    Vueltas. Mas vueltas.
    Y vueltas.
    A absurda velocidad
    como de estar parados.
    ¡Corriando! ¡corriendo!
    Viéndola pasar
    ¡O viviando! ¡o viviendo!

    ¿Las otras? ¿La mía?
    ¿La veo?
    Apenas veo nada.
    Vida ciega, de enceguecida.
    Comprometida,
    con la pura existencia
    inconsistente
    pero inconsciente
    sin consistencia, sin consciencia
    solo maquiavélicamente viviente.

    Si tuviera que escoger un poema, me quedo con “Reincidencia”, me gusta su mensaje valiente y real en un surrealismo que nos acompaña todo el tiempo.

    Reincidencia

    Mientras dormito
    escucho los sonidos
    y no puedo dejar de ver
    y oír
    tanto cuerpo destrozado
    por bombas, balas y metralla
    con sus correspondientes gritos
    y aullidos.
    Y estoy sentado en un hot dogs
    cerca del mar
    en una playa de un desasosegado
    pueblecito pervertido.
    Sentido amordazado por tres asesinas
    palabras:
    No te quiero.

    NECESITO DESCUBRIR quién eres
    realmente.
    O más exactamente QUE FUISTE.
    Sigue siendo inhóspito e inhabitable
    para seres muertos como yo.
    Como todas las acostadas desde más de mil años
    me duermo, o eso creo, con la vista infiltrada
    en el inmenso agujero negro, como cabeza de alfiler.
    Una galaxia cercana se ha desplazado
    un trillón de años luz. Desde ayer.

    Empiezo a soñar.
    Y sueño que quizá, después de todo
    hasta puede que sea una persona normal.
    Siento un tremendo escalofrío. Es ya hora
    de despertarse antes de que en verdad
    me duerma.

    Y es el amanecer del mismo día.
    ¡Venga chico! me grita
    ¡Sin miedo!
    ¡ahí, esos valientes!
    ¡conquistadores de reinos con princesas desvalidas!
    Vamos a vivirlo otra vez.
    ¡Ánimo, que solo son 24 horas!
    Todo, y más aún, me grita la mujer china
    de al lado del hot dogs
    empeñada en cazar las águilas al vuelo
    con sus finos palitos de comer.

    Que la poesía siga siendo la mejor catarsis para la vida. José Robles lo entiende así, y lo plasma en cada uno de sus versos con extraordinaria alegría.

    De qué hablamos

    Según los expertos
    en el juego del amor
    existen tantos amores…

    Amores a través del tiempo
    y lejanos, en la lejanía
    los que cruzan mares
    y fronteras
    amores en estado puro
    y algunos de puro saldo.
    Los menos,
    enredados en una canción.

    Luego está el que yo siento.

    Según los expertos
    sin clasificación.

    Estoy dispuesto
    a pasarme la vida entera
    dándote
    una explicación.

  • Un año de viaje junto a Alejandro Poetry… mirada y alma como único billete

    Un año de viaje junto a Alejandro Poetry… mirada y alma como único billete

    Lo primero que destaca del estilo de Alejandro es su versatilidad: con pasión y dedicación trabaja con habilidad estilos tan distintos como las formas poéticas japonesas, el verso clásico, o la prosa.

    Ha recorrido la senda de la Escuela de la Sociedad Secreta del Haijin, de la que forma parte activa y en la que imparte sus conocimientos como maestro Senpai.

    Chöka (fin de la canción)

    El sol sacude
    su melena de fuego
    ante mortales
    en un planeta azul,
    baila la vida
    la sinfonía cósmica;
    paciente espera
    la oscura muerte trágica
    el fin de esa canción.

    Estricto y paciente, siempre en busca de la perfección, aborda con disciplina el verso clásico, respetando sus anclajes métricos y dominando los vértices de sus acentos melódicos, para terminar coronando con maravillosos estrambotes.

    Es que a dónde se esconde, lo infinito me hastía,
    mi señora maldita, mi final tan bendito
    podadora de vida, sembradora de ruinas.

    Putrefacta la espina
    corroyendo mi esencia, putrefacta aureola
    coronando el abismo, revolcando las olas.

    De mente inquieta y con una desbordante imaginación, Alejandro es un poeta cósmico en un universo paralelo, y un creador nato de mundos siderales con millones de vidas estelares, más una: la suya y todas las que no se atrevió a vivir.

    o como cuando se apagó el sol
    del ocaso número
    nueve mil novecientos noventa y nueve
    ─en alguna de todas esas vidas que aún no he vivido─
    y qué de aquella vez que expiré
    al caer aquella hermosísima estrella fugaz…

    __ y siempre,
    ____ en ese último instante,
    ______ estaba,
    ________ pensando en ti…

    Os invito a subir al tren de su intrépida poesía con estos cuatro vagones que he seleccionado para la ocasión. Comenzad el viaje.


    Nos rasgamos la piel y nos la erizamos en las profundidades de este primer intenso vagón de versos:

    Oscuridad

    Oscura está la habitación de mi alma.
    Hasta los silencios huyeron despavoridos
    antes de cerrar la última ventana.

    El arce desfallece y se abraza
    con sus atribuladas ramas secas,
    esta mañana sacrificó
    su última hoja de esperanza.
    Se la dió al otoño gris
    que me obsequió
    su última sonrisa ocre ilusión.

    Tengo el paladar marchito,
    trago saliva de un pozo seco
    al que no le quedan gotas de fe.

    El futuro es una bola disforme
    de sueños fracturados.

    Afiladas dagas caen del techo,
    con tino mortífero
    se incrustan en cada poro,
    en cada herida mortecina,
    de la calcinada piel
    que cubre mi pusilánime figura.

    En esta extensa planicie de oscuridad
    ni mi sombra me hace compañía,
    se quedó allá afuera,
    columpiándose del neumático
    de una vida ancestral
    en la que quizás, fui feliz.

    El reloj de arena
    en el centro de mi habitación,
    es una silueta difusa
    con contornos de mujer ardiente.
    Cada grano de arena que cae
    me recuerda la cuenta reversa
    e irreversible de la vida
    que se me escapa a borbotones.

    Quiero vivir,
    quiero ver el sol,
    quiero oler la primavera,
    abrir las ventanas de mi alma
    tan solo una vez más.

    Desnudo me arrastro a cuclillas
    por kilometros interminables de oscuridad,
    en el aire respiro cristales de muerte,
    imposible llegar al lindero de mi alma.

    Quiero llorar un río de tristeza,
    mas la fuente de mi alma
    es un árido desierto
    sin agua salina para las lágrimas.

    Nada queda, solamente…

    Oscuridad.

    Arrancamos las agujas al reloj, y con ellas entre las manos y la vida de segundos fulminantes entre los barrotes del tiempo, vamos en busca de la llave que esta prosa poética esconde.

    La celda

    Estoy atrapado en una celda de barrotes de oxígeno inoxidable. Mis carceleros son segundos mudos e implacables. Me cambian los carceleros a cada instante; cada que volteo a ver, se han ido los anteriores y vienen unos nuevos; más implacables y más mudos que sus predecesores.

    Subyugado a la tiranía del presente, desde esta celda invisible; soy incapaz de caminar a la habitación contigua, la del ayer; sólo se me permite verla desde un cristal a prueba de balas atemporales.

    Enfrente, observo constantemente, la habitación del mañana; pero no lo distingo claramente; hay una cortina de bruma que me la desdibuja. Por ratos la veo soleada, asombrosa y esperanzadora; por ratos la veo sombría, quejumbrosa y aterradora.

    Cada vez que despierto, tengo la sensación de despertar en lo que parecía la habitación del mañana; pero la observo a detalle, veo el papel tapiz, los cuadros de arte abstracto que cuelgan de sus paredes, el color y textura del piso; el techo, esa misma mancha en una de sus esquinas, esa misma gotera que tanto me desespera; y concluyo, que sigue siendo la habitación del presente.

    Durante el día, me siento en un banco de circunstancias; tiene tres patas desiguales; con mucho trabajo mantengo el equilibrio. Desde mi banco veo los segundos pasar; tan mudos, nunca me dicen nada, ni me saludan ni se despiden; tan implacables, de reojo me miran con desdén. Desfilan instante a instante frente a mí. La otra vez quise sujetar uno de ellos de una de sus piernas; era tan escurridizo y resbaloso; se me escapó en un segundo el muy taimado.

    Tengo esta lista de cosas por hacer en este presente constante, y se me va la vida en hacer y hacer. A veces estoy tan ocupado en el hacer, que ni veo los segundos pasar; solo tengo esa sensación de que son multitud de ellos los que se han ido y han llegado, casi sin dejar huella en mi celda del ahora.

    Después de un tiempo, empiezo a notar en carne propia, lo verdaderamente implacables que han sido (esa infinidad de segundos que han pasado).
    ¡Mira como me van dejando el cuerpo! Todo gastado, cada vez más marchito y mallugado; segundos desalmados.

    Y sigo aquí, con mi lista del hacer; haciendo, deshaciendo y volviendo a hacer. Sin notar el ejercito de segundos que desfila frente a mi celda; sin sentir el daño que le hacen a mi cuerpo, a mi alma. Luego de un buen tiempo me doy cuenta, que la verdad; es que me están matando de a poquito, haciéndome pequeñito.

    Un día desperté con esa sensación, clavada como puñal en el centro de mi corazón; ya no habrían más segundos para ver pasar, mi cuota estaba por alcanzar. La promesa contínua (que siempre se cumplió) de seguir viendo el mañana, se había acabado. Ese día quise contemplar el mañana a través de la bruma; mas una cortina de hierro me separaba de él. La cortina estaba recubierta de espadas de dos filos de distintos tamaños; en cada espada caminaban, a cada lado, escorpiones ponzoñosos de aspecto formidable. Infranqueable.

    Me senté en mi banco de circunstancias. Miré mi lista de cosas por hacer, estaba vacía; del asombro casi me caigo de mi banco, al perder el equilibrio. Me parecía que los segundos pasaban más lento, casi se congelaban; y en ese momento observé sus rostros con todo detalle; cada uno tenía un rostro diferente, pero era obvio que todos, eran los rostros de la muerte.

    El último segundo que llegó, tenebrosamente enmudecido; tenía los mil rostros de la muerte. Llevaba una túnica negra muy larga, parecía tan antigua. Su cuerpo parecía totalmente atemporal, desprovisto de temperatura; sin embargo, daba la sensación de estar envuelto en llamas ancestrales; pero las llamas no abrasaban, todo lo contrario, eran tan terriblemente frías; como salidas de un invierno recalcitrante, desde el origen de los tiempos de todos los universos. Llevaba un aro muy grande de plata, del cual pendían miles de millones de llaves de eternidad (no sé como le cabían tantas). Tomó una, la introdujo en el cerrojo de mi celda del ahora y la abrió.

    ─Eres libre ─me dijo─ ¡Todo ha terminado!

    Nos lanzamos la flecha de cupido y nos dejamos enamorar con las notas carmesí que fluyen del corazón de estas sextillas.

    El placer en tu arte

    Reflexiono al desnudarte
    que en tu piel de porcelana
    habita un dulce misterio;
    trazos gráciles del arte
    en azul, en negro y grana,
    dioses de un antiguo imperio.Y no puedo sino amarte,
    hacerte mi ansiada diana.
    Mis ojos en cautiverio
    no hacen sino desearte.
    Y si la belleza es vana,
    no estoy para un monasterio.Aunque mi mirada te harte,
    te besa, le viene en gana.
    Sufro cualquier vituperio
    para poder contemplarte.
    Tu hermosura brota y mana,
    cual fuego sacro, sahumerio.Grácil pincel te dibuja
    una forma caprichosa,
    figuras despampanantes;
    tejiéndote con aguja
    la intensa tinta dichosa
    sobre carnes abundantes.Hay un grafo que me embruja
    en tu figura de diosa,
    y ya no soy el que era antes.
    Un deseo me apretuja
    por tu estampa voluptuosa
    con acertijos fragantes.Mi alma se desarrebuja
    ante la vista gloriosa
    de curvaturas vibrantes.
    Usando la tientaguja
    explorando tierra y rosa
    de colores tan brillantes.Eres sublime visión,
    ríos de extensa locura,
    tu alucinante esplendor
    hace estallar mi pasión
    y alza mi temperatura.
    Contigo soy soñador.Va en aumento mi ambición,
    tus colores son mi cura,
    te idolatro con fervor.
    Tu arte va a ser mi canción,
    tus círculos verdad pura
    y tus labios mi temblor.

    Te entrego mi rendición,
    mi alma lealtad te jura,
    lo hace sin ningún temor
    así sea perdición.
    Te voy a amar sin mesura
    a ti, a tu arte y a tu amor.

    Y llegamos  al último vagón  de este tren poético de distancias cortas para quedarnos a vivir aquí “congelados” en esta preciosa estampa de invierno que este Haibun de raíces japonesas nos obsequia y del que yo personalmente me siento cautiva por las bellas sensaciones que logra  transmitir y por el origen de su inspiración.

    Noches blancas

    Se asoma la noche con su blanquísimo abrigo sorprendiendo al farol en su amena charla con los árboles de su barrio. Conversan sobre caprichosos copos de nieve, y de niños juguetones que construyen sus blancos muñecos, con escobas, sombreros, y pipas viejas. Hablan de parejas de enamorados que se sientan en las bancas del parque a jurarse sus amores eternos. De lejos se asoma el viento, silbando cánticos de invierno y danzan los árboles tomados de las manos de sus níveas ramas. El farol prende su antorcha y los pajarillos acurrucados en sus nidos cantan nanas a sus hijos hasta verlos dormidos. Una manta de bruma lo envuelve todo, envuelve al viento, su silbido, a los pajarillos y a sus hijos dormidos. Tan gélida es la noche que ni la blanca luna asoma su redonda cara, se queda en cama, recostada sobre almohadas de esponjosas nubes en cubiertas de nieve.

    Duerme la nieve
    sobre los fríos árboles.
    Vela el farol.


    Amigo, poeta y, en muchas ocasiones, maestro al que admiro y al que tengo especial cariño, gracias Alejandro por compartir este año de viajes aquí, en este, nuestro bar de letras, y que nunca falten.

    ¡Feliz aniversario!

  • Pólvora en los versos de David R.

    Pólvora en los versos de David R.

    Febrero abandona con prisas el calendario, igual que siempre, pero esta vez nos deja con los versos de @David_R en nuestras manos, como un regalo de despedida.

    Recién llegado a Poémame, David, nos muestra un estilo propio con versos cortos que juegan con las palabras dotándolas de ritmo, de mensajes con cierta desesperanza; reivindicando la lucha, el cambio y un futuro de igualdad. Una poesía social fresca y enérgica que despierta los ojos dormidos llenándolos de pólvora.

    El mundo precisa sin falta
    recobrar la normalidad,
    montañas de cimas más altas:
    al mundo le falta igualdad.

    David tiene cierto aire de cantautor rebelde y parece que entona una melodía muy particular con poemas dedicados al amor, mostrando su lado más profundo o afilando sus letras con el fin de identificar al lector con su dolor, de sangrar junto a él y, de esa forma, reparar sus heridas y sentirse comprendido. Así lo transmite en su poema «Al fondo del pecho» o en su prosa poética «Frutos secos«.

    … Me pregunto si antes de la cena habrán servido frutos secos. Con un poco de suerte, a lo mejor te muerdes la lengua y el dolor te recuerda a mí. A mi ausencia.

    La poesía de David es una sorpresa cargada de creatividad, contenido, de anuncio del cambio y con significado, que llega directa a las venas, remueve la sangre y altera los latidos.

     

    Instinto

    Ese animal que revienta los burkas mentales
    y esquiva las verjas de acero más altas,
    ese animal que quebranta las leyes, las normas
    y deja que el miedo se aburra a sí mismo…

    Ese animal que se lanza del barco en la noche
    y grita aun sabiendo que nadie lo escucha,
    ese animal que resiste a la lluvia más densa
    y aprieta los puños de rabia y coraje…

    Ese animal ancestral al que no hay escopeta
    ni dardo moral que lo pueda frenar,
    ese animal imponente que lucha sin tregua
    en mitad de decoros, recato y pudores…

    Bestia ambiciosa que ignora confines y formas,
    que ruge en la aurora primera del tiempo;
    bestia que acecha los prados más verdes y libres,
    que escarba en el pecho el camino a la acción…

    Fiera indomable y certera que habita lo mismo
    las tripas del hombre vulgar y erudito,
    que el vientre del necio, el poeta o el monarca;
    fiera indomable y certera que habita lo mismo…

    Eres el lazo al origen del cielo y la tierra,
    la voz que recuerda que somos salvajes,
    eres la lengua que quiso cortar el poder
    para hacer de nosotros a un perro sumiso.

     

    El éxtasis del ridículo (o la crítica esdrújula)

    Soy contemporáneo de una época
    rica en célebres déficits,
    insípidos ídolos,
    cólera poética
    e hígados cirróticos.

    Cálculo en las vísceras
    este diabólico período
    próspero en cárceles,
    teléfonos móviles
    y héroes erráticos.

    Cráneos del jurásico
    como género modélico
    y bárbaros histéricos
    como bálanos eléctricos;
    es el éxtasis del ridículo.

    Ganaron las fábricas inhóspitas,
    los códigos fácticos,
    los antipáticos cómicos
    y la genética misógina.

    Vencieron los cánceres de esófago,
    los estériles atléticos,
    las diabéticas metáforas
    y los alérgicos a lo auténtico.

    Triunfaron las cópulas inalámbricas,
    la física sin química,
    los clásicos sin micrófono
    y los caóticos crónicos.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Soy contemporáneo de una época
    rica en mórbidas imágenes,
    pacíficos bélicos,
    lágrimas sintéticas
    y brújulas sin ártico.

    Ángulo cóncavo
    este gráfico de la década
    próspero en crítica,
    cómodos líderes
    y cínica política.

    Lo extrínseco a la cáscara
    como límite, cúspide
    y los típicos tópicos
    como sólidas máximas;
    es el éxtasis del ridículo.

    Ganaron los médicos hipocondríacos,
    las búsquedas frívolas,
    el vértigo ortográfico
    y los dentífricos sin éxito.

    Vencieron las soporíferas dialécticas,
    los autócratas de fábula,
    los ávaros filántropos
    y los vehículos fantásticos.

    Triunfaron las clínicas estéticas,
    la ética anoréxica,
    los catedráticos neófitos
    y la música diarréica.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Soy contemporáneo de una época
    rica en póstumos panegíricos,
    periódicos hipócritas,
    tentáculos económicos
    y pólvora informática.

    Película tragicómica
    esta crónica patética
    próspera en estadísticas,
    tétricos retóricos
    y monótonos sábados.

    Oráculos catódicos
    como simpáticos psicópatas,
    y decrépitos prostáticos
    como esperpénticos playboys;
    es el éxtasis del rídiculo.

    Ganaron los estúpidos estrépitos,
    los lúgubres propósitos,
    los demócratas de plástico
    y los discípulos del desánimo.

    Vencieron los créditos escuálidos,
    la gramática equívoca,
    los católicos heréticos
    y la mísera lírica.

    Triunfaron las matemáticas erróneas,
    los alcohólicos anónimos,
    los cónyuges apáticos
    y el pánico a lo artístico.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Es el éxtasis del ridículo.

    Es el éxtasis del ridículo.

    O la crítica esdrújula.

     

    Te amo, te quiero; deseo

    Las huellas del tiempo vivido
    rebosan de lluvia agridulce,
    los ecos lejanos resuenan:
    te amo, te quiero; deseo.

    El hondo pesar de tu ausencia
    corroe mi alma constante
    y vivo sumido en un sueño
    que intenta arrastrarme al vacío.

    Camino por néctar ardiente
    descalzo, perdido y sin rumbo,
    bebiendo los soles que nunca
    jamás volverán a dorarme.

    Divinos amores malditos
    cargados de sombras inertes
    que surcan mi cuerpo de llagas;
    anhelo el marfil en los labios.

    Aquellos manteles ajados
    manchados con vinos añejos
    aún se retuercen aullantes:
    te amo, te quiero; deseo.

    Varaste mi carne en el aire,
    golpeas mi mente suicida,
    serás un tañir, unas flores
    y el mármol guardando mis huesos.

    Tus ojos nocturnos, tu verbo
    candente, afilado y rosado;
    tus hondas caricias, tu denso
    sentir en mi cama empapada.

    Te llevo cosida a las tripas
    igual que el sudor en la frente
    del pobre labriego que bate
    sus manos en tierra quemada.

    Habitas en mí para siempre,
    habitas en mí para nunca,
    habitas en mí y te repito:
    te amo, te quiero; deseo.

  • Érase una vez… la poesía de Cirratus

    Érase una vez… la poesía de Cirratus

    Cirratus, también conocido como Luís Ángel López Vélez, es experto en tomar cafés con la vida y sonreírle. Probablemente sea de esos momentos que surge la poesía que nos regala ya sea a través de su cuenta de Twitter (@cirratus_), su cuenta en Poémame (@cirratus) o su blog.

    El primer poema que publicó en Poémame ya avisó que algo bueno había llegado:

    Estrellas compartidas…

    Hoy he vuelto una vez más
    al hayedo que nos desnudó los sueños,
    sigue aquí, impasible al tiempo.

    Muestra aún las marcas tatuadas
    en cada tronco profanado,
    y huelen todavía los besos cobijados
    entre sus hojas perennes.

    Se perfuma el aire de tomillo y brezo,
    que se mezcla con el jazmín de tu recuerdo,
    mientras ceden mis pasos vacilantes.

    Hoy es el ayer de abrazos infinitos,
    de miradas a un cielo encendido
    en busca de una estrella compartida
    para morir algún día.

    He regresado a buscarte
    para decir una vez más que te quiero,
    y me he tatuado en las arrugas
    el perfil indeleble de tus ojos.

    En este viejo tronco retorcido
    ha de vivir eternamente,
    cautivo de una piel que ya no siente.

    Ves amor;
    nuestra estrella sigue allí,
    donde un día la pusimos
    para ser retiro eterno.

    He vuelto para mirarla una vez más,
    para decirla que voy,
    que deje encendida su estela
    y así encontrar el camino,
    que se van agotando el tiempo y la vida.

    Me embargó un cúmulo de sensaciones y aromas que se me clavaron en el alma. Después de seguir leyendo más poemas suyos me di cuenta que su poesía va dotada de una maravillosa carga emocional (entiéndase carga emocional como una tormenta intangible que asola el alma), así como de cierta crudeza que la hace única y especial. Se funden en sus versos una mezcolanza de sentimiento, poesía, y paso del tiempo (de la mano de la memoria y los recuerdos), que hacen que, sin apenas darse cuenta, al lector se le encienda una llamita en su interior. De hecho, afirma que “somos emociones”, y sabe cómo despertar la emoción perfecta en el momento adecuado, ya sea con un poema suave como una caricia, o afilado como un alfiler.

    Sobran palabras cuando la poesía puede hablar por sí misma, así que les dejo aquí una pequeña selección de sus poemas. Déjense enamorar….

    A veces

    A veces
    me escondo del tiempo
    detrás de tu magia.

    A veces
    se abre una puerta
    que estaba cerrada.

    A veces
    me pongo unas alas
    cosidas al pecho.

    A veces
    regreso de dentro
    en busca del alba.

    Y a veces…

    A veces
    cuando llego,
    no encuentro nada…

    Una sonrisa es la llave

    Una sonrisa es la llave
    que abre el corazón
    en armónico gesto,
    una sonrisa
    es una mirada al alma,
    un beso que se da sin serlo…

    Puede que no dure mucho

    Puede que no dure mucho
    este paisaje,
    esta luna que nos mira,
    este sueño imaginario,
    este beso de otoño
    en esta primavera…

    Acabo este artículo invitándoles a dar un paseo por los versos de este autor con la promesa que no les dejará indiferente. Y si se me permite, pongo el cierre con uno de mis poemas favoritos:

    A veces muere la poesía

    Tantos versos
    agolpados en la memoria,
    tantas runas esperando
    un chamán capaz de interpretarlas,
    poniendo en orden su rima.

    Vomitar un poema
    casi se hace indispensable,
    no por el hecho de ordenar los sentimientos,
    sino por la ausencia de los mismos
    y la turbación que ello causa.

    Quién no ha escrito un verso
    como antesala de un sollozo
    que sin saberlo se convierte en poesía,
    quién no ha llorado tinta
    mientras el corazón le dolía.

    Tener tantos versos
    agolpados en la memoria,
    que el espacio y el tiempo
    se funden en uno,
    incapaces de ser más que un instante pasajero.

    Ese instante donde el puño
    aprieta con desdén la pluma
    ajusticiando el momento,
    y entonces muere un poema entre las manos
    desangrado sobre el lienzo de la vida.

    Esa vida que se torna caprichosa
    haciendo del destino un «ya veremos»
    y asfixia el pulso y el alma,
    dejando morir los versos sin llegar a ser
    ese «quizás» que nos salve la existencia.

    A veces,
    la poesía muere
    ahogada por el puño del destino.

  • «Enganchados» a la poesía de Félix Santiago

    «Enganchados» a la poesía de Félix Santiago

    La poesía de Félix Santiago o @cafe_lix (como firma sus textos en Poémame o en su perfil de Instagram) «engancha». Engancha por su ingenio y originalidad. Engancha por el uso de metáforas y símbolos, aparentemente sencillos y cercanos, pero que golpean en el punto preciso para  que el lector no puede ya pasar por alto.

    He llenado la tina de tréboles para hundirme en ellos
    para dejarme atrapar por su olor a suerte (…)

    Entre el verso y la prosa poética, sus letras consiguen encender esa bombilla en la azotea y que te quedes en ella… esperando encontrar entre líneas el interruptor que la hizo encender, disfrutando de su lectura. Enganchada.

     

    El primero es para mí

    Porque hay gente que se ríe contigo y no saben lo que hay detrás. Porque puedes verte en sus ojos y partirte en risa y frente al espejo quebrar en llanto.

    Porque hay gente que te desea tanto bien como mal, tanto amor como desamor, que no puede con tu tristeza y decide llevarla a cuestas contigo para reírse de ella cuando tú no puedas más y luego dejarte.

    Porque hay gente que no te abandona aunque tú lo quieras. Porque hay gente que se queda aunque te exaspere su (no) presencia.

    Porque hay música que te toca las entrañas y remueve tus recuerdos. Porque el pasado que no muere te mata y te ancla a la nada. Porque hay colores pasteles que no te quedan y los grises son nubes muy pequeñas para tanta tormenta.

    Porque el café no sabe a gloria en los días alegres ni las mentiras parten en dos a quien siempre las cree y no las descubre. Porque hay más sexo entre un cruce de miradas de dos segundos que en media hora de gemidos , porque una sonrisa en la boca correcta es más letal que el arsénico pero más dulce que la miel y un té con tres de azúcar -en los días fríos.

    Porque está quien me dijo: Nadie te va a amar como yo -como no me lo merecía- y esa profecía no deja de cumplirse y me muerde cada que un amor toca la puerta y se esconde mientras intento observar por la mirilla.

    Porque está(n) ella(s) que me lee(n) y se burla(n).

    Porque está él que ahora busca una nueva vida lejos y otro que nunca lo supo.

    Porque estoy yo que escribo para ahogarme en el pasado que retorna y pisar de puntas el futuro que no llega, que me corto la piel entre tantos hilos rojos. Que no sé soltar lo que ya no me sostiene y que floto sin despegarme del suelo.

    Porque estamos (des)unidos en palabras que nadie escribe y en rimas que no existen, en canciones que no se bailan, en colores que el caleidoscopio no refleja, en lluvia que nunca cae, en corazones que no se rompen y en sonrisas que no iluminan ciudades.

    Porque está él que es todo lo púrpura que encuentro en una canción triste y está ella que tiene aires de saber a azul y rojo, combinados.

     

    Duend3

    Si es por mí, que el universo te dé todo lo que le pides
    que la gente se canse de ti, de tu maravillosa risa
    que se harten de que su vida se ilumine con tu presencia.

    Que a ti no te importe.

    Espero que hagas pataletas para conseguir lo que quieres
    porque crees que te lo mereces
    que es lo justo
    espero que el suelo por donde flotes se muera por subir a la altura de las plantas de tus pies.

    Y florezca(s).

    Si es por mí, que las únicas veces que llores sea porque no te cabe tanta felicidad en el pecho y se te salga por los ojos en forma de recuerdos futuros.

    Para que te hagas nube.

    Que los arcoíris te salgan de la boca y guíen a cualquier duende -como yo- al tesoro que hay en tu cabeza.

    Porque tú eres camino y hueles a vida.

    Si es por mí, que siempre tengas días a blanco y negro para que cada mañana decididas entre pintarlos como quieras o cerrar el cuaderno para seguir durmiendo
    pues hay días que no valen el esfuerzo.

    Y eso está bien.

    Espero que logres volver a ser eso que nunca fuiste
    que me mojes los parpados -con besos- a la distancia
    me sostengas tan fuerte que parezca que aún estás aquí.

    Porque sí lo estás.

    Si es por mí, que nada ni nadie te quite la alegría
    que tus orugas siempre se transformen en mariposas
    y que tus luciérnagas nunca mueran.

    Porque tú eres
    y siempre serás jardín.

     

    Treinta y uno cero ocho

    Desde aquí se puede ver
    la cantidad de tristeza que hay en tu taza de café
    y yo quisiera un sorbo.

    Me explico:
    disculpa por querer colorear cada lágrima que salía de tus comisuras
    es que el peso de algo que no es mio siempre me llama cuando lo veo reflejado en alguien más y se me hace inevitable no querer colgarme de sus pies para evitar que anden por el mundo así,flotando.
    Disculpa por abrirme el pecho ofreciéndote un lugar donde dejar toda la basura que llevas a cuestas pero es que mientras me esquivabas la mirada en tu espalda me pedía que te arropara y a mí las palabras que no salen de la boca siempre me han dominado.
    Lo siento, no quería hacerme puesto en tu vida solo me tocó montar el mismo bus que a ti pero tu parada llegó antes y a mí me quedó estar sentado junto a puesto vacío.

    Me recontra explico:
    Tus caricias en mi pelo no generan nada más que una explosión de estrellas debajo de mis párpados
    pero en serio, perdóname, yo no quería que mi lista de cosas que jamás voy a necesitar en la vida se viera tachada con tu nombre
    debí quedarme viendo a través de la ventana del bus cómo te marchabas.
    Siento que no sepas nada de esto pero no podría soportar el momento en que me soples los párpados
    apagues las luces de mi ciudad
    me partas la piernas
    precipites mis nubes
    desatures mi arcoiris
    explotes
    me dejes fueras de la habitación
    me hagas correrme
    o que luego me pidas que me marche mientras al mismo tiempo me sostienes por la cintura con los dientes.

    Debo tomar otro bus.
    Debo tomar otro bus.

    Me obligaré a tomar otro bus.

    Porque desde aquí se puede ver
    la cantidad de tristeza que hay en tu taza de café
    y yo quisiera un sorbo
    con
    tres
    de
    azúcar.