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  • La bella lejanía, de Abel Santos (Ed. Garúa, 2023)

    La bella lejanía, de Abel Santos (Ed. Garúa, 2023)

    La bella lejanía es un libro de pasos. No en vano algunas de las partes que lo configuran llevan el mismo título: El siguiente paso. El mismo título pero un paso más hacia esa luz, hacia esa paz, hacia ese nuevo día en el que las vistas son mejores y la lejanía es solamente temporal.

    Tengo un bendito niño de tres años

    y una preciosa hija recién nacida.

    […]

    A él lo llamo

    Eduardo, el Conquistador.

    Y a ella

    -a ella y la conocéis-;

    La Poesía.

    -Fragmento de Un hijo te vuelve a enseñar

    A pesar de la alegría y la ilusión renovada de un hijo, La bella lejanía no deja de ser un poemario agridulce. Más dulce que agrio, cierto, pero presentes están el vacío y cierta tristeza de que quizás las cosas no han salido como uno soñaba, pero lo bonito ha regresado, en esos ojitos pequeños que miran a su padre con admiración, en esa sonrisa incondicional que mira a su hijo con todo el amor del mundo.

    Sigue el estilo de una poesía desnuda y franca, donde Abel muestra sus debilidades humanas, su cansancio vital, su pereza a la hora de abrir la puerta para salir cada mañana. Sin embargo, la fuerza le viene dada por lo que tiene ahora, por esa personita que le hace seguir adelante, y darse cuenta que todo ocurre por algo, y que el valor está en reponerse por aquel a quien tanto ama, y en seguir adelante. Esa es la verdadera riqueza que la vida tenía reservada para él.

    Nos presenta un recuerdo que se ha ido transformando en algo distinto, en algo que quizás duele un poco menos porque hay una nueva luz, un nuevo camino que seguir. Ha sido una lección de la que el poeta ha sacado frutos; como si de repente, después de la negrura de la última etapa, aparecieran unos nuevos pasos que llevan a algo mejor. Y ese algo mejor está, a menudo, dentro de nosotros mismos.

    Pequeños hechos cotidianos de la vida de un padre divorciado se abren ante nuestros ojos de par en par, mostrando a su vez la repercusión emocional dentro del alma del poeta. A pesar de ser un libro en parte luminoso, no podemos evitar ver ese lado desolado, esa tristeza y ese dolor que el camino hasta aquí ha ido dejando en cada esquina de la vida de Abel.

    Yo me pasaría lo que me queda de vida triste

    en la luz y la sombra de las calles,

    si la tristeza la retuviera conmigo,

    si la tristeza me la trajera de vuelta.

    -Fragmento de Pasando página

    Abel ha tenido que pasar página, quizás forzado, quizás con las manos sangrando a la hora de pasarla, pero poco a poco la sangre se seca, y se desprende, y de nuevo esa luz que ha aparecido para no irse es la que dibuja la sonrisa, aunque sea pequeña, pero sonrisa al fin y al cabo, en sus labios.

    La poesía de Abel sigue teniendo su sello indiscutible, la humanidad, la sinceridad y la transparencia. Pequeños detalles cotidianos se convierten en hechos poéticos que configuran la fuerza que hace falta para dar el siguiente paso.

    La lucha entre la melancolía y el seguir se hace patente en estos versos, pero lo mágico es que, a pesar de estar ahí la tristeza, de tener un vacío en el pecho que quizás nunca se llegue a llenar, porque el vacío es también parte de la vida, la fuerza que muestra el poeta es admirable; sabe alzarse de nuevo, enfrentarse al dolor y alzar el rostro para mirar ese precioso cielo que es la mirada de su hijo. Y ahí es donde la felicidad toma forma, donde la ilusión vence a la lágrima y el camino se abre de nuevo. Hay dolor, es cierto, pero los pasitos pequeños de su hijo son capaces de pisarlo. En el fondo, la poesía y Eduardo se convierten en la salvación del poeta. Ahí nace la fuerza y el querer continuar. Hay dolor, sí, pero hay un fondo positivo que ilumina.

    Ha sufrido, ha llorado, ha tenido la sensación que estaba perdido y no había más puertas por abrir. Sin embargo, de todo ese dolor surgió algo bonito; ahora, el camino de Abel son los pasos de su hijo.

    Como bien nos indica Manuel López Azorín en el prólogo, este libro se aleja un poquito de ese “bastardismo” que Abel suele dejar siempre en sus poemarios, para dar paso a algo más íntimo; más privado y más emocional. Es un poemario escrito con las ventanas abiertas, pero desde dentro, desde muy adentro, y eso lo transforma en un camino de emociones, desde la añoranza al recuerdo, de la oscuridad a la luz, del dolor a la esperanza luminosa.

    Todo se pasa, corazón roto, todo se pasa.

    Y enciendo un cigarrillo, por no gritar.

    -Fragmento de El hombre más poderoso sobre la tierra.

    Debo decir que La bella lejanía me ha parecido un poemario precioso, con sombras y luces, con dolor y esperanza. Un poemario abierto que enseña, que explica que con un corazón roto se puede seguir, se debe seguir, porque siempre hay un pedazo que lo cose y le tapa el agujero. Un poemario muy en la línea de la poesía de Abel, sincero, duro, abierto y, aunque no lo pueda parecer en una primera lectura, lleno de amor.

    Quiero terminar esta pequeña reseña con un poema que me ha cautivado, que creo es altamente significativo:

    Este hermoso punto de no retorno

    Y con gratitud abrazar

    los instantes de este mundo

    -con alimentos, bebida y encantamientos-

    antes de que la memoria

    desaparezca por completo

    en la terrible eternidad.

    Ah, qué hermoso punto de no retorno.

    Yo no creo en el futuro.

    Yo creo ahora.

    Y ahora es él, con su hijo de la mano, haciendo un nuevo camino entre los dos.

  • Algo te queda, Abel Santos (Ed. Vitruvio, 2022)

    Algo te queda, Abel Santos (Ed. Vitruvio, 2022)

    Como suele pasar con los poemarios de Abel Santos, nos hallamos frente a una alta dosis de realidad, de humanidad y de vida. La primera bofetada de sinceridad arranca en el primer poema, donde nos habla claramente de un divorcio, de manera directa, como suele ser su estilo, sin dramas ni florituras, una verdad desnuda que se abre ante nuestros ojos para advertir que el poemario que tenemos entre manos se muestra como el contrario de su poemario anterior, El camino de Angi.

    La vida tiene giros que a veces nos pueden llegar a sorprender, y Abel ha sabido sacar partido de esta nueva sorpresa que la vida le tenía preparada sin saberlo. Una manera de canalizar y superar las trabas que se ponen en nuestro camino. Un poemario que es a su ver herida y cura, hasta quedar en cicatriz.

    El divorcio queda eclipsado por su hijo, por esa nueva luz que llena ahora su vida. Y nos lo presenta rápidamente, en su tercer poema, Un salto de fe. El autor ve la belleza de la vida en esos primeros gestos, en esas primeras expresiones que le colman a uno el corazón y disipan todas las penas.

    Es un poemario, como suele pasar con los libros de Abel, escrito abriéndose en canal. Recuerdos e ilusiones se enfrentan, como dando una de cal y una de arena, frente a los ojos y el alma del autor

    La lluvia,

    que nunca falla,

    que de nuevo

    cae.

    Así es

    tu recuerdo.

    -Fragmento del poema Tu nombre es canción.

    Abel Santos

    La lluvia nunca falla, porque siempre, en algún momento, acabamos diciendo adiós, y siempre duele.

    En ciertos poemas, probablemente el dolor, la sorpresa, hace que Abel cuestione directamente a la vida. La vida, muchas veces, aparece como ese personaje que todo lo mueve a su libre antojo, sin tener en cuenta quién o quiénes la están viviendo:

    que me pague al contado las ilusiones

    que se perdieron en el camino,

    toda esa bendita poesía amorosa

    que me ofreció, y que me debe.

    Pedírselo

    a la vida. Sí…

    A la vida…

    Menuda mafia.

    -Fragmento del poema Se acostumbra uno a caminar

    El desencanto, el sentirse vapuleado, quizás incluso utilizado, hace que la vida aparezca como ruin y malévola, como decíamos anteriormente, ese boss que mueve los hilos impunemente. Que causa dolor y desamparo y desilusión.

    Un libro escrito desde el dolor y el estupor que un hecho así en su vida le supuso; la pérdida inesperada de un ser tan querido, el enfrentarse a la soledad fría y blanca de un cuarto nuevo y distinto, el darse cuenta que el llanto no aligera, pero no cura ni trae de vuelta. Asumir y aceptar, aunque duela, mientras el lector es absoluto testigo mucho de lo que el poeta está sintiendo y viviendo en esta etapa de su vida.

    En esta desnudez sentimental, Abel muestra claramente sus heridas a la vez que intenta aceptarlas y comprenderlas, enfrentándose a un recuerdo tenue que poco a poco va perdiendo terreno, mientras el frío acecha.

    Retazos de vida ordinaria se agolpan en el poemario como recuerdos, como imágenes soñadas o imaginadas, como una manera de retener la vida que tendría que haber sido y que finalmente no ha sido. La necesidad de comprender pasa por la necesidad de revivir.

    La realidad se muestra abierta y sin adornos en sus poemas como si nos estuviera contando todo lo que arde en su interior a través de su mirada más sincera y clara

    Ya no me muero

    por hacer tonterías.

    Casado.

    Y recién divorciado.

    Y padre de un hijo.

    Compartiendo ilusiones,

    pero sobrio

    desde hace una década.

    Loco perdido

    por mi exmujer y sus ojos

    de aguamarina.

    Peleando, a diario,

    para que no falten

    los garbanzos

    en la mesa.

    Vamos,

    el auténtico

    lado salvaje de la vida.

    -Las horas más duras.

    ¿Puede haber poesía más cierta y humana que esta? Ahí donde el autor muestra sus miedos, sus debilidades, su lucha y su dolor. Algo tan característico en la poesía de Abel, se muestra en su esplendor en este poema, donde resume casi sus dos últimos libros, los últimos años que ha vivido. Y eso, al lector, le llega. Porque está casi escrito como si nos lo contara, porque se muestra claro y transparente y, por encima de todo, humano. La valentía de explicar su interior más íntimo es el sello de este poemario.

    Pero en toda esa amalgama de dolor y lágrimas está la luz de una sonrisa, la sonrisa de su hijo, que le habla, que le da fuerzas y que lo lleva de la mano hasta un futuro prometedor. El tener a alguien a quien amar por encima de todas las cosas hace ver que el amor no ha muerto, sólo ha cambiado de traje, ha cambiado de destino, y la fuerza sigue viva en algún rincón de esa alma herida. Esa fuerza que llena todos los poemas de Algo te queda, por encima de un dolor insufrible y de una tristeza que abruma.

    Hasta que llega la resignación, el saber que las cosas son como son, y aceptarlas, a pesar de todo y por encima de todo, aceptarlas.

    Porque ya te prometiste

    que no necesitar

    ser feliz en la vida

    es tu forma

    de felicidad.

    -Fragmento del poema Jazz en el agridulce blues de la vida.

    Así, después del dolor y el estupor, viene esa aceptación, y el alzar la cabeza con lo que se es y  lo que se tiene, porque es todo lo que hay en nuestro haber que, de algún modo, vale todavía la pena.

    Y en dirección a la poesía,

    vuelvo

    a caminar.

    -Fragmento del poema Estoy de paso en Vozkal.

    Los momentos cotidianos cobran magnitud en los poemas de Abel, porque no es sólo el instante que se está viviendo, es la comunión del instante con las emociones y los sentimientos del autor, de manera que no es sólo un momento, es lo que este momento provoca en él; así, de un viaje en tren sale un mar que se ríe, o de una vídeollamada en una Nochebuena, a veces tan fría, sale la sonrisa de un niño que hace que vuelva a ser Navidad.

    Y los recuerdos se agolpan a la vez que se difuminan casi a la fuerza, porque ahora el círculo se ha roto y el regreso no es a un hogar, a unos brazos, sino a una soledad fría donde uno casi se ve fantasma de esos días. Una vez más, la sinceridad y la humanidad del autor se muestran desnudas y claras, dejando ver que sufrimos, que lloramos, pero que también tenemos el poder de salir de esos agujeros tan profundos que parece que se nos tragan sin ningún tipo de piedad.

    si estos últimos versos te dejan

    con la miel en la boca,

    si el poema ya no es un lugar seguro,

    si ya

    no quiero

    hacer

    juntos

    algo

    bonito.

    -Fragmento del poema Boca Chiusa.

    La presencia del tren, como a veces suele ocurrir en los poemas de Abel, cobra un significado especial; viajes en tren como etapas de la vida. Cada etapa un nuevo tren que a veces ni siquiera sabemos dónde parará.

    Y entre trenes y viajes nuevos e inesperados, transcurre esta nueva etapa de la vida de Abel Santos, que nos muestra, como siempre suele hacer, en lo que mejor se le da: en los poemas. Una vez más, Abel nos presenta un poemario magistralmente escrito, desnudo, directo y claro. La parte más humana de la poesía; en la poesía no todo es luz y estrellas; si la poesía relata las emociones y la vida, la poesía también es soledad y frío, y podredumbre y falta de todo.

    Estoy completamente seguro

    de que los dos

    algo tenemos que ver:

    yo

    escribo

    -te escribo-

    para

    salir

    de la nada

    sin

    llegar

    al

    vacío.

    Un muy buen poemario que abre al autor en canal, mostrando la cara oculta de amor, la desencajada, la inesperada.

    Algo te queda es el último libro publicado de un autor tan prolífico como es Abel Santos, y fue finalista del XXIV Premio de Poesía Ciudad de Salamanca.

  • El Camino de Angi, Abel Santos (Poémame Editorial, 2020)

    El Camino de Angi, Abel Santos (Poémame Editorial, 2020)

    El Camino de Angi, el nuevo libro de Abel Santos, publicado por Poémame Editorial, nos abre la puerta a un registro distinto; si bien Abel es conocido por ser el creador del llamado «Realismo Bastardo», en este poemario nos muestra ese lado del corazón más personal, su lado más romántico y emocional; pues El Camino de Angi recoge en sus 51 poemas, una de las historias de amor más poéticas y preciosas:

    […]

    Te digo: -Mira el mar, amor,

    es casi tan hermoso como tus ojos, casi,

    porque lleva poco tiempo en esto,

    y está empezando a reflejarse en el infinito.

    Con la mirada me respondes:

    -Si abres así tu corazón

    es posible que la luz dure para siempre.

    -Hasta el miedo es hermoso desde que estamos juntos

    Con ese estilo tan característico de la poesía de Abel, tan cotidiano, siempre con las palabras justas, tan cercano, se abre antes nuestros ojos la historia de amor del poeta con Angi, su compañera, su amiga, su musa. A través de los poemas se van sucediendo episodios de su vida y, como si fueran puntos, los vamos uniendo página a página, de manera que el dibujo final es un camino recorrido de la mano. Y cerramos el libro sin que quede ningún punto suelto.

    El libro está tejido con momentos de esa relación. Instantes sencillos y cotidianos que devienen en poemas ordenados cronológicamente; 51 poemas que nos cuentan esa bonita historia a través de la percepción propia del poeta, la de su emoción y su amor.

    A Angi y a mí nos gusta

    ver películas de dibujos,

    la casa iluminada por la Navidad,

    sentirnos emperadores

    ante un plato de sopa caliente y una tortilla,

    o porque me emocioné

    cuando ella me escribió una carta

    el día que celebramos nuestro amor.

    -Nada tan tierno como la auténtica feurza.

    El Camino de Angi

    Siempre he pensado que la poesía de Abel, si es algo, es sincera y, a su vez, sencilla. Dos adjetivos que en parte lo definen también a él como persona. Y aquí la transparencia es, una vez más, absoluta, de manera que el lector siente esa sinceridad, ve que el poeta abre la puertas de su casa, de su intimidad, para mostrar al mundo que, de puertas para adentro, se puede ser inmensamente feliz si es el amor el que nos acompaña.

    La vida del poeta, su trabajo, su día a día, sus rutinas… todo aquí gira alrededor del amor y la devoción del poeta por su compañera, también por cierto, prologuista del libro.

    Así, el poemario se convierte en una especie de diario en verso en el que, a través de los poemas, vivimos la primera visita a los padres de ella, el primer malentendido de la pareja y la primera reconciliación, el primer piso juntos, la convivencia, el matrimonio… e incluso algún episodio difícil que hace todavía más fuerte la unión de ambos:

    Desde esa mañana

    somos dos poetas que van a quemar

    la esperanza, todas las opciones,

    hasta el último aliento.

    -Este sueño que somos

    No alejándose del todo de su línea poética habitual, Abel da cuenta en los poemas de cómo Angi también ha sido parte, y una parte básica, de su salvación:

    Si no fuera por ti

    que me salvas literalmente la vida

    manteniéndome sobrio,

    quizás pensaría que le vendí mi alma

    al nombre abstracto equivocado.

    […]

    Y la historia, mi vieja historia,

    ya sólo es una mancha en el asiento

    del tren del futuro.

    -Yo de ti mi sangre para que mi sangre sobreviva

    Abel Santos

    Igualmente, pasajes que nos abren la puerta a pequeños momentos de ternura que, siendo tremendamente sencillos, se convierten en momentos cómplices, eses momentos que nos hacen pensar que son dos personas en su propio mundo, que su amor es tan fuerte, que no importa lo que ocurra fuera, porque puede con todo:

    […]

    preparo unos bocadillos y algo de fruta

    y lo cargo todo en mi vulgar mochila de diario

    y espero a mi futura mujer

    a que salga de trabajar en la librería

    y comemos, sencillamente, tirados en la hierba,

    bajo la promesa del verano.

    -Te dirán que no te vayas los juglares

    Un detalle que me ha gustado mucho del libro, y creo que dice mucho sobre los sentimientos del poeta, es el círculo que configura con sus poemas, que acaba cerrado; una pregunta al principio del libro que el propio poemario nos contesta al final, demostrando que el amor está ahí, que empezó dudoso, pero que se ha ido haciendo más y más fuerte, disipando cualquier asomo de duda: es a ti a quien quiero, a ti.

    En uno de los primeros poemas del libro, Lo que hace el amor, donde es cierto modo se nos presentan a los ‘personajes’, nos cuenta lo siguiente:

    la dulce poeta que dudaba si su piel

    era mi libro favorito,

    y veía inalcanzable

    el momento que yo saborearía

    el perfume curativo de sus dedos.

    Yo

    el pobre poeta que sólo llevaba enicma

    la palabra esperanza, la palabra

    que no encontraba

    cuando creyó caer

    en el raro vacío de tu desamor.

    Al final del libro se nos confirma que cuando el amor llega, no hay manera de evitarlo, y cala tan hondo, que se convierte en todas las respuestas y da sentido a todo. El poema El principio de todo nos lo dice. Y no sólo eso, este último poema cierra un episodio de sus vidas y, a su vez, se convierte en el principio de todo, en el inicio de un nuevo camino juntos:

    Porque desde que aprendí

    en esta espiral sin más fuerza que la del crecimiento

    a leer y a escribir y a amar de verdad las palabras

    la soledad ya nunca puede ser

    el vacío

    o

    la nada.

    Sobre todo ahora, que tu piel

    se confirma para siempre como mi libro favorito

    al despertar el día de nuestro aniversario,

    cuando te acercas a mí y yo sé que sonríes,

    mientras levanto la mirada,

    dejo de revisar mis papeles,

    y nerviosa y feliz y dulce, por fin, me dices:

    -Amor.

    Estoy

    embarazada.

    Quiero terminar este pequeño artículo con unos versos que, para mí, son la conclusión del poemario; lo que Angi ha significado, y significa, para Abel, lo que su camino juntos ha sido y es para su corazón y para su vida.

    Si esto fuera un camino peligroso -te digo-

    tendría peligro, y me iría a beber

    (pese a que nunca me ha gustado el fútbol),

    pero esto es El Camino de Angi,

    y aquí los sueños se cumplen, estoy en París,

    contigo, soy feliz en el mundo,

    todo puede ser.

    -París es una fiesta

    El Camino de Angi es un libro perfecto para darse cuenta que el amor de verdad existe, que no hace falta mucho más que unos ojos enfrente que te miren, te amen y te comprendan, para que la vida se convierta en un viaje a París sin fecha de regreso.

  • Fallo del IV Premio de Poesía en línea “Realismo Bastardo”

    Fallo del IV Premio de Poesía en línea “Realismo Bastardo”

    El jurado -compuesto por los poetas Abel Santos, Angi Expósito y Ze Pequeño- ha seleccionado, de entre los más de 80 textos presentados, a 1984, un poema de Jesús de Castro, como ganador del premio de poesía. ¡Felicidades!

    El poema ganador destaca, según el jurado, «por su originalidad, el sarcasmo mordaz de sus imágenes y su carácter crítico hacia la sociedad».

    El jurado también quiere hacer mención especial por su calidad al poema A ras de tierra, de María Prieto.

    Sin más, os invitamos a disfrutar de la lectura del poema ganador:

    1984

    El Papa corre desnudo por el Vaticano
    cantando “Imagine” con los dedos llenos de oro.
    Sigue siendo la era de Herodes y los Santos Inocentes
    sepultados en torno a su trono de huesos.
    Todo está a la venta, incluso Rocinante.
    Ahora están de moda los tractores de combate,
    las verdades post modernas y los viajes a la luna
    en cómodos plazos mensuales.
    1984 sigue siendo un buen año para Orwell
    exclaman viejos dictadores satisfechos en sus tumbas.
    No le busques un sentido al poema o la vida,
    nunca fue esa la intención del poeta-constructor.
    Tal vez el acto más noble de la creación
    sea al mismo tiempo su propia destrucción.

    ¡Muchas gracias por vuestra participación!

  • IV Premio de Poesía «Realismo Bastardo» – Poémame

    IV Premio de Poesía «Realismo Bastardo» – Poémame

    Con motivo de la crisis económica que sufre el mundo, y en particular España desde el año 2008, y dado que muchas personas no pueden permitirse ni siquiera el lujo de comprarse un libro, el poeta Abel Santos en colaboración con Poémame, convoca el IV Premio de Poesía «Realismo Bastardo» de acuerdo con las siguientes BASES:

    El poeta Abel Santos.
    El poeta Abel Santos. Foto: Natalia Lucía.
    1. Podrán concursar en este premio autores sin limitación de edad, nacionalidad o residencia.
    2. Los originales deberán estar escritos en lengua castellana.
    3. Los originales podrán estar escritos en verso libre o prosa poética, la temática deberá tratar sobre la “crítica social”, y la extensión del poema deberá estar comprendida entre 4 y 20 versos o líneas, en el caso de trabajos en prosa poética. Se podrá presentar un máximo de 2 originales por autor.
    4. Los originales se presentarán a través del sitio web de Poémame, hasta el día 24 de junio de 2019, mediante el formulario empleado habitualmente para publicar poemas (opción “Publicar”) en la sección «IV Premio de Poesía Realismo Bastardo» para ser incluido en el concurso.
    5. El jurado estará compuesto por los poetas Abel Santos, Angi Expósito y Ze Pequeño. El fallo del premio tendrá lugar a lo largo del mes de julio de 2019 y se dará a conocer en los sitios web de Poémame y en sus redes sociales.
    6. El premio consiste en un lote de libros publicados por el poeta Abel Santos que se remitirá por correo ordinario a la dirección postal que indique el ganador o ganadora del concurso. En el caso de que este/a no facilite una dirección postal en el plazo de 15 días desde la publicación del fallo, el jurado podrá optar entre declarar un nuevo ganador o dejar desierto el premio.
    7. La presentación a este concurso supone la plena aceptación de sus bases. Cualquier consulta sobre el concurso, sus bases o la forma de participación podrá formularse por correo electrónico o a través del perfil de Poémame en FacebookTwitter e Instagram.
  • Huelga Decir, de Abel Santos (Boria Ediciones)

    Huelga Decir, de Abel Santos (Boria Ediciones)

    Abel Santos no es un poeta social, es un poeta humano y con los ojos bien abiertos. Como tal, le es imposible dejar de lado el entorno en que vive, la situación que se da en su país, en su sociedad, las injusticias que afectan al ser humano.

    Abel ha conocido la parte más oscura de la vida, pero también la más clara, la del valiente que supera los peores tramos de una existencia y sale vencedor de una verdadera lucha de gigantes. Desde esa conocedora y amplia visión del mundo a pie de calle, nos ofrece un poemario donde presenta (y denuncia) la situación de un país, de una sociedad, en la década que va desde 2008 hasta el 2018, pero no una visión global, sino una visión al detalle, mediante pequeñas y punzantes verdades.

    Esos han sido años convulsos, se han producido movimientos sociales, crisis económica de la mano de una crisis laboral, degradación de los derechos humanos, miseria… y qué tiene esto de poético, diréis; pues mucho si tenéis en cuenta que la poesía es la vida y que, como decía Gabriel Celaya, es también un arma cargada de futuro que Abel pone en sus manos y sabe muy bien cómo usar.

    Creador del llamado Realismo Bastardo, y autor de una buena colección de poemarios, de entre los que destacan Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (2016, Chaman Ediciones), o Demasiado joven para el Blues, Antología poética 1998-2014 (2014, Eirenen Editorial), en este último poemario no deja de lado su esencia más pura, esa manera cruda y directa de mostrar, denunciar y exponer situaciones y emociones que se dan en la vida diaria. Eso sí, todo son un pequeño bálsamo que es el amor; el amor suaviza, el amor ayuda, el amor alivia y casi cura. Abel viene a decirnos que, de entre todas les miserias que componen la vida humana, siempre hay un pedacito de amor para hacerlo todo un poco más liviano; usando la famosa fase de Cohen, podríamos decir que la realidad está agrietada en la poesía de Abel, pero nos dice a su vez que por esas grietas quizás pueda entrar la luz.

    Huelga decir se nos presenta dividido en tres partes o secciones que, si bien tienen una base común, se ven bien diferenciadas: Calle Abajo, Nocturnos y Calle Arriba.

    Primera parte: Calle abajo


    […]
    A veces, en la noche de mi cuarto alquilado,
    yo me revuelvo y me incorporo
    y voy de trabajo en trabajo por días sueltos,
    porque 190 pulsaciones
    no son bastantes para las 200 que requería
    el puesto de grabador de datos.

    (Fragmento del poema Cuentas la suerte a pulso)

    Son una serie de poemas directos que muestran sin tapujos ni ornamentos innecesarios, la realidad de la vida, su parte más oscura, la frialdad, la soledad, la misera… todo quizás reducido a un cansancio y una apatía vital que arrastran los días. Abel convierte sus poemas en una denuncia del poco valor que se le da al componente humano, pero a su vez, es consciente y da la clave y la transmite para que eso no siga así: las cosas, con esfuerzo y con amor, pueden llegar a cambiar, pero hay que hacerlo.

    […]
    Uno se da cuenta
    tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
    (junto con tus emociones más profundas),
    que el cliente no apreciará en el pedido
    nada más que el lenguaje
    de una estúpida y perfecta maquinaria.

    Hay que seguir trabajando.

    (Fragmento del poema El Encargado)

    Extrapolemos el poema; no es sólo la maquinaria de un reloj, sino el día a día. Que a veces se nos olvida que detrás de todo, hay personas, y eso hace que el mundo se convierta en algo frío y deshumanizado. La sensibilidad del poeta se ve afectada, su visión se ve herida, ser poeta, a veces cansa, y duele. Pero no pierde fuerza en ningún instante, puede llegar a estar vencido, puede sentirse desfallecer de dolor, y llora… pero luego, sigue.

    […]
    Ahora que ya saben mil maneras de morir,
    sólo hace falta que la esperanza diga
    que hay una forma de vivir.

    (Fragmento del poema Jinetes en la tormenta)

    En esta primera parte del libro nos rodea una sensación de desamparo y desaliento, mezclada con cierta esperanza que asoma escondida, con cierto espíritu de resistencia y lucha, con una pequeña voz que nos dice que no debemos dejarnos llevar ni vencer, por muy oscuro que sea todo al rededor.

    Segunda parte: Nocturnos

    […]
    Estás y no estas,
    como está mi corazón descorazonado;
    un corazón partido
    es un corazón corriente,
    una pieza clásica
    en la lírica del enamorado.

    El mío, a veces se abre y
    ama, como un puño, valiente,
    simulando entereza
    con los pedazos que me has dejado.

    (Fragmento del poema Blue en Brokenhearted)

    Si algo hemos de destacar de esta segunda parte, es el corazón; nos expone realidades desde dentro, desde una zona más emocional y más sentimental. Me atrevería a decir que quizás es la parte más privada del libro, donde Abel, a pesar de dejar siempre en sus poemas rasgos autobiográficos, deja también rasgos de su alma, de su interior más emocional.

    EL VERDADERO CLIENTE


    Tener
    siempre la razón

    no nos convierte
    en seres
    racionales,

    dice el que todo lo paga

    -lluvias,
    canciones,
    amantes-

    el verdadero cliente,
    el corazón.

    Esta parte central parece que suaviza ligeramente la crudeza habitual con un pequeño toque de lirismo, pero eso no significa que los poemas pierdan fuerza, más bien al contrario: si los poemas que constituyen Calle Abajo se clavan directos sin previo aviso, estos entran más a base de roces y sentimiento.

    […]
    te busco por esta larga
    mundial ciudad
    que nada sabe de ti

    bajo este espacio que no siente
    tu respiración y sí mi desaliento

    tú más sueño para este sueño
    de incansable delirio
    yo sólo ausencia por perseguirte
    en tu difícil lejanía.

    (Fragmento del poema Manrique 2005)

    Tercera parte: Calle Arriba

    CIRCO EDITORIAL


    -La novatada la pagamos todos.
    En cambio, ha pasado mucho tiempo;

    yo no pago dinero
    por mis poemas. Ya me conozco
    bien este mundo.

    -Somos una editorial de prestigio,
    pero son tiempos de crisis para la lírica.

    -Bien, dame entonces
    un pequeño adelanto
    y quince ejemplares de cortesía
    en calidad de autor.

    -Vaya, me monto un circo
    y me crecen los enanos.

    -Bueno, es lo que tiene montarse un circo
    con vistas al futuro. ¿O no?

    No es igual
    la poesía continúa
    que el espectáculo
    debe continuar.

    Con este poema se nos abre la puerta a la tercera parte del libro, Calle Abajo. Recuperamos los poemas de denuncia y afilados y críticos, salimos un poco de dentro y nos centramos de nuevo en el mundo exterior, aunque este no deja de ser nuestro mundo.

    Toma protagonismo la poesía en su vertiente más ‘comercial’ o ‘simple’, poniendo en evidencia el negocio de las editoriales con la poesía que ayuda y colabora, en parte, a su degradación como disciplina literaria. Llama la atención el poema el Misionero, una especie de diálogo entre la poesía y el poeta (casi sería un monólogo de la poesía que el poeta nos cuenta); un poema que se ve como una dura crítica hacia cierto tipo de ‘poesía’.

    […]
    Estoy cansada de tu estilo,
    de tus predecibles duros poemas en postura del misionero,
    de tu monocorde solo de bebop para saxo
    que no se ríe de las normas,
    de esta partida de cartas románticas sobre la cama,
    de tanta sota, caballo y rey.
    Quiero que seas brutalmente sincero conmigo, y contigo,
    delante de todo el pueblo y para el pueblo…”

    (Fragmento del poema El Misionero)

    Es una tercera parte que parece preguntarse dónde está lo auténtico, parece querer ahondar mucho más allá de la mera superficialidad en la que parece que vivimos, y adentrarse en la realidad del mundo y de la vida, buscar lo esencial y primordial que tanto parece estar dejándose de lado, ignorándose.

    […]
    Quería volver a esa época en la que había
    algunas señales entre nosotros,

    ser
    un librepensador,
    un niño,
    un vitalista;

    formar parte de las criaturas del azar,
    del conjunto que da sentido
    a todas las cosas solitarias,
    y en la calle, toparme con el rostro del amor
    o el saludo de algún viejo amigo.

    (Fragmento del poema La máquina del tiempo)

    Nos hemos detenido un poco en cada una de las tres secciones que configuran el poemario, pero hay algunos rasgos que son la esencia de la poesía de Abel Santos, y que encontramos a lo largo de todo el libro. Estos rasgos son los que, a mi parecer, le otorgan la fuerza y marcan la personalidad de sus versos, y nos dicen que no podrían haber sido escritos por otra mano que no fuera la suya: la ternura, el amor y la supervivencia se juntan y se enfrentan a la más áspera realidad, con toda su crudeza y sus miserias, y todo aderezado con un trasfondo autobiográfico dándonos así, una vez más, el inconfundible sello de su poesía.

    El libro se cierra con una sentencia clara y firme, que se convierte en los últimos versos del último poema de libro Selfie:

    […]
    Mi enfermedad: la esperanza;
    por droga la rima,
    por arrogancia la búsqueda
    de un destino con amor
    y la buena conciencia
    como síntoma de autoestima.

    Casi podríamos reducir a estos seis versos la esencia básica del todo el poemario: esperanza, poesía, búsqueda, amor y buenos actos, para que el mundo cambie, la vida mejore y la humanidad acierte el camino. Y aunque se ponga poco en práctica, es cierto que esto es algo que Huelga decir, puesto que todos lo sabemos. Pero a veces es necesario que alguien nos lo recuerde.

    No quisiera terminar esta reseña sin hacer especial mención a todos los invitados ilustres que en algún momento asoman la cabeza por entre los versos de Abel, descubriéndonos, así, algúnos de los autores o músicos que más han marcado su vida y han colaborado en hacer de Abel el poeta que es: Plath, Bukowski, Whitman, Baudelaire, Poe, Pessoa, Antonio Machado,  Cernuda, Benedetti, Celaya, Carmen Jodra Davó, Alberto Tesán, Jim Morrison, Carver, Pedro Salinas, Chopin, Picasso,  Roman Polanski, Scott Fitzgerald, Balzac, Hemingway, Neruda, Benjamín Prado, Wolfe, Will Bill Davison, Enrique Urquijo, Manolo Tena, Sílvia Pérez Cruz, Miles Davis, Javier Colina Tío, José Agustín Goytisolo, la poesía, la música… y cómo no, la vida y el ser humano.

  • 13 preguntas y un poeta, Abel Santos: «La poesía es un fuego salvaje. Que no te atrape el lado maldito de la poesía»

    13 preguntas y un poeta, Abel Santos: «La poesía es un fuego salvaje. Que no te atrape el lado maldito de la poesía»

    Abel Santos, nacido en Barcelona el 12 de agosto de 1976. Es un poeta autodidacta, su poesía es de un estilo claro y afilado, de una lírica casi en ruinas, que trata de temas urbanos y cotidianos casi siempre inclinados hacia un crecimiento personal.

    Él mismo ha bautizado su poética de Realismo Bastardo, que bebe tanto del mundo real como del mundo poético o más introspectivo, sin una clara escuela o movimiento de arte como padre definido.

    En 1998 publica su primer libro de poesía Esencia, de corte más clásico y lírico.

    En 2010 sale su libro El lado  opuesto al viento, en el que advierte de los peligros de traspasar ciertos límites. Su tercer libro de poesía, 2013, Todo descansa en la superficie, es un libro cuya actitud es la sobriedad y el elemento es el agua. Un nuevo poemario en el que vuelve a romper moldes dentro de su forma de escribir poesía. Jass (2016), y su Antología poética 1998-2014 Demasiado joven para el blues.

    En sus versos se puede ver la influencia de poetas como Raymond Carver, Charles Bukowski, Billy Collins, Michel Houellebecq, Roger Wolfe o Karmelo C. Iribarren, o de pensadores tan dispares entre sí como Erasmo de Rotterdam o Lao Tsé.

    Antes de empezar la entrevista vamos a escuchar a Abel recitar Scat, un poema de Jass

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Crecí sin padres al cuidado de mis abuelos maternos. Mi primer contacto con la poesía era una señora mayor que le encargaba vestidos a mi abuela que era costurera. Aquella mujer apenas sabía leer, pero hacía poesías y las recitaba con un sentimiento y una voz estremecedoras. Quedé fascinado. Fue ya de adolescente que empecé a escribir poemas y sobre todo a escuchar música. A los 22 años publiqué mi primer libro, Esencia, que eran poemas de tono romántico y espiritual. Luego, tuve la desgracia, por una serie de circunstancias personales, principalmente por la muerte de mi abuela, que caí en una espiral de drogas y alcohol con ingreso en un centro psiquiátrico. Nunca dejé de escribir, pero la poesía que entonces reflejaba en el papel hablaba del mundo y el vacío por el que estaba pasando entonces. Tardé 12 años en publicar mi segundo libro y con cierto miedo, pues no sabía cómo reaccionaría la gente a esos poemas tan crudos. Se me abrieron una serie de oportunidades en el mundo literario al par que dejé por completo el consumo de alcohol y otras sustancias. Desde entonces llevo 8 años completamente sobrio, dedicado por entero a la poesía.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    En casa de mi madre y mi padrastro, a la que me fui a vivir con 15 años, no había libros, y fue la mujer de mi hermano mayor que vive en Zaragoza, quien escribía poemas y me prestaba libros. Las rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer fue el primer libro que me cautivó, y Juan Salvador Gaviota. El primer libro de poemas que me compré fue Los señores y las nuevas criaturas, de Jim Morrison. A los veinte años empecé a comprar y leer muchos libros de poesía: Nicanor Parra, Pablo Neruda, Luis García Montero, Benjamín Prado, Lorenzo Oliván… Fue a los 30 cuando cambié el registro de lectura por autores del llamado Realismo Sucio: Bukowski, Roger Wolfe, Raúl Núñez, Raymond Carver.

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    Ecléctica. Autobiográfica. Bastarda, como yo la llamo. Tras publicar mi segundo libro El lado opuesto al viento, yo mismo bauticé mi poética de Realismo Bastardo, que bebe de muchas fuentes y estilos literarios: la música, el cine, y de los movimientos poéticos de la Poesía de la Experiencia, la Poesía Confesional, y el Neorrealismo.

    ¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura?¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

    Lo creo. Y si no lo hiciera estaría perdido. Y hay que saber diferenciar entre cantidad y calidad. Yo pido a la hora de escribir cantidad, que luego de lo que vale o no vale ya me encargo yo mismo de destriparlo. Procuro siempre que mi lenguaje poético sea claro, directo, sobrio, como yo mismo, y al mismo tiempo, sincero, veraz, real, como si estuviera confiando al lector mis dudas, mis miedos, mis sentimientos, mis alegrías, mi historia.

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    Por mi parte, voy acumulando en la memoria creativa frases que he leído y me han llamado la atención en algo que precisamente estoy sintiendo en esos días, estoy atento a las casualidades, conversaciones, situaciones reales con otras personas, una canción que escucho, y voy tomando nota mental de todo ello. Luego de repente, pasa o siento o pienso algo que es el disparador creativo para ponerme a escribirlo, y todo se empasta, todo lo que había en mi memoria creativa se funde y aparece el poema. Lo corrijo siempre teniendo en cuenta la musicalidad. Lo leo en voz alta varias veces para ver si camina bien. Y lo doy por terminado.

    Wladyslaw Szpilman

    Oculto
    en la parte aria de la ciudad
    el pianista ejecuta
    una canción
    Sin tocar las teclas. Sabe
    que todo está a oscuras,
    y la música de Chopin,
    su pureza,
    puede delatarle:

    Negras.
    Blancas. Blancas.
    Blancas.

    El pianista sólo ve
    -letales- las linternas.

    – Del poemario «Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas»

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Emocionar. Ayudar a alguien que esté perdido. Que mi poesía sea capaz de sanar a alguien. Aunque sólo sea a una persona, como la poesía me salvó y me salva a mí cada día del abismo.

    ¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Son primordiales. Las lecturas en vivo, tanto las propias como las de otros autores, nos muestran lo que tiene de humano la poesía, que va más allá del libro, tan solemne a veces, tan de pose. Es en las lecturas en vivo donde se ve de qué pasta está hecho realmente el autor o autora, su humanidad.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

    Son una gran herramienta de comunicación si tenemos en cuenta que los poetas somos como alguien que está solo y lejos, perdido en una estación espacial, mandando mensajes al vacío por si recibe una respuesta. A veces nos responde quien no debe, ja ja ja, pero es una gran herramienta. Volviéndo a la tierra, he hecho grandes amigos y contactos y he recibido propuestas interesantes de otros países para difundir mi poesía.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor/a que le haya gustado mucho?

    Ya no es tarde, de Benjamín Prado. Me cambió hace un par de años, de nuevo, otra vez, la vida.

    Nunca es tarde para empezar de cero,

    para quemar los barcos,

    para que alguien te diga:

    -Yo sólo puedo estar contigo o contra mí.

    Nunca es tarde para cortar la cuerda,
    para volver a echar las campanas al vuelo,
    para beber de esa agua que no ibas a beber.

    Nunca es tarde para romper con todo, para dejar de ser un hombre que no pueda permitirse un pasado. Y además
    es tan fácil:
    llega María, acaba el invierno, sale el sol,
    la nieve llora lagrimas de gigante vencido
    y de pronto la puerta no es un error del muro
    y la calma no es cal viva en el alma
    y mis llaves no cierran y abren una prisión.

    Es así, tan sencillo de explicar: -Ya no es tarde,
    y si antes escribía para poder vivir,
    ahora
    quiero vivir
    para contarlo.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    De qué hablo cuando hablo de escribir, de Haruki Murakami.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Paciencia. Ha iniciado un camino, el difícil camino de la poesía. Que escriba y lea mucho y elija bien sus compañías. Porque cuidado, la poesía es un fuego salvaje. Y que no le atrape el lado maldito de la poesía. Porque no es bueno tragarse más de tres poemas malditos, hasta la maldita poesía lo sabe.

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Hay buenas y diferentes propuestas para diversos perfiles de poetas.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    “Abel Santos, ¿cree usted en Dios?”… Y le hubiera respondido: “Sí, creo en Dios. Dios existe, porque a todo lo que existe se intenta engañarlo”…

    Abel Santos publicó en 2016 su quinto poemario Las lágrimas de Chet Baker caen a piscinas doradas (Chamán Ediciones), con prólogo de Diego Vasallo: un libro de poemas breves y espontáneos como una lágrima, escritos en servilletas de bar. Ya va por la segunda edición.

    Lady Shazam, poema que leeremos a continuación pertenece al sexto poemario que está pendiente de publicar, Huelga Decir, con prólogo de Javier Cano. Un poemario que trata de una crisis, de poemas de verso libre de carácter crítico escritos entre 2012 y 2018 y que se centra en dos temáticas: poemas de protesta social y poemas de amor.

    Lady Shazam

    Que cada cosa cruel sea tú que vuelves.
    Julio Cortázar

    Cuando de nuevo pierdas la cabeza

    por saber el nombre

    de otra canción que te vuelve loco,

    recuerda a aquella mujer
    que durante largo tiempo amaste
    y que nadie sabía decirte entonces
    cómo se llamaba,

    la misma
    que por fin fue tuya,
    que su gemido
    era tu música en la rutina,
    hasta que vino a reclamarla
    otro amante, otro
    escenario, otra vida.

    Pongamos que su nombre
    es Lady Shazam,

    la que, a veces, de repente
    te devuelve la radio
    con un golpe de añoranza,
    mientras sigues lavando
    los platos rotos
    de aquellos días.

    Hoy finalizaremos la entrevista con una macro sorpresa para todos vosotros y vosotras que ocurrió durante una lectura de poemas del mes de marzo de 2017 que vale la pena rememorar.

    En el último momento, Abel Santos ha querido despedirse directamente de los lectores de la revista de Poémame con un poema. Aquí tenéis su saludo/despedida de la entrevista.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Fallo del III Premio de Poesía en línea “Realismo Bastardo”

    Fallo del III Premio de Poesía en línea “Realismo Bastardo”

    El jurado -compuesto por el poeta Abel Santos y la poeta y colaboradora de la revista de Poémame, Ze Pequeño- ha seleccionado, de entre los más de 70 textos presentados, a Efímero, un poema en verso libre de Aurora, como ganador del premio de poesía. ¡Felicidades!

    El fallo ha estado sometido tanto a la adecuación del poema a la temática propuesta como al uso de verso libre y de recursos literarios.

    El jurado también quiere hacer mención especial por su calidad a los poemas El curso de la vida de Carmen y Samsara de Poeta Afónico.

    Sin más, os invitamos a disfrutar de la lectura del poema ganador:

    Efímero

    Es efímero el latido
    que envuelve este silencio
    y lo marchita,
    efímera es la luz
    que dibuja mosaicos con las sombras,
    efímero es el canto de los pájaros,
    la lluvia en los cristales,
    la flor en primavera.

    Efímero es el tiempo
    que vuela enloquecido,
    llevándose en sus alas
    jirones de mi pulso,
    retazos de mi anhelo,
    que huye y me recuerda
    que existo,
    y casi a tientas
    me voy difuminando
    hasta ser un simple fleco flotando en la memoria.

    ¡Muchas gracias por vuestra participación!

  • III Premio de Poesía en línea «Realismo Bastardo» – Poémame

    III Premio de Poesía en línea «Realismo Bastardo» – Poémame

    El poeta Abel Santos.

    Con motivo de la crisis económica que sufre el mundo, y en particular España desde el año 2008, y dado que muchas personas no pueden permitirse ni siquiera el lujo de comprarse un libro, el poeta Abel Santos en colaboración con Poémame, convoca el III Premio de Poesía «Realismo Bastardo» de acuerdo con las siguientes BASES:

    1. Podrán concursar en este premio autores sin limitación de edad, nacionalidad o residencia.
    2. Los originales deberán estar escritos en lengua castellana.
    3. Los originales podrán estar escritos en verso libre o prosa poética, la temática deberá tratar sobre la “existencia”, y la extensión del poema deberá estar comprendida entre 4 y 20 versos (o líneas en el caso de trabajos en prosa poética).
    4. Los originales se presentarán a través del sitio web de Poémame, hasta el domingo 24 de junio de 2018, mediante el formulario empleado habitualmente para publicar poemas (opción “Publicar”) y deberán especificar la etiqueta “concursorealismo” en el campo etiquetas del formulario, para ser incluido en el concurso.
    5. El jurado estará compuesto por los poetas Abel Santos y Ze Pequeño.  El fallo del premio tendrá lugar a lo largo del mes de julio de 2018 y se dará a conocer en los sitios web de Poémame y en sus redes sociales.
    6. El premio consiste en un lote de libros publicados por el poeta Abel Santos que se remitirá por correo ordinario a la dirección postal que indique el ganador o ganadora del concurso. En el caso de que este/a no facilite una dirección postal en el plazo de 15 días desde la publicación del fallo, el jurado podrá optar entre declarar un nuevo ganador o dejar desierto el premio.
    7. La presentación a este concurso supone la plena aceptación de sus bases.

    Cualquier consulta sobre el concurso, sus bases o la forma de participación podrá formularse por correo electrónico o a través del perfil de Poémame en FacebookTwitter e Instagram.