Andrea Tome (Ferrol, 1994) escribe libros para adolescentes y para adultos que nos se avergüenzan de leer libros para adolescentes. Actualmente termina estudios de literatura inglesa en el USC y da charlas de salud mental en universidades e institutos. Tal vez la conozcas por sus libros Corazón de Mariposa ( plataforma Neo, 2014), ganadora de la segunda edición del premio literario La Caixa/ Plataforma), Entre dos universos (Plataforma Neo, 2015), y Desayuno en Júpiter (Plataforma Neo, 2017). Adora muchas cosas entre ellas la astronomía, la moda vintage, los deportes de invierno y la historia.
Gentilmente nos ha respondido la siguiente entrevista:
1. ¿A qué edad comenzaste a escribir?
Muy pequeña, a los 6 o 7 años.
2. ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
El primer libro que recuerdo leer fue Mini y el gato de Christine Nöstingler.
3. ¿Qué opinión tienes del lenguaje inclusivo?
Creo que todos deberíamos respetar los pronombres de los demás. Me parece lo mínimo.
4. ¿Crees que el arte debe tener algún tipo de cortapisa?
No. La creatividad debería ser libre.
5. ¿Cuánto tiempo tardas en escribir un libro?¿tienes algún tipo de rutina?
Depende del proyecto, pero entre uno y seis meses, normalmente. Puesto que tengo trabajo de oficina, no tengo una rutina fija; intento escribir un poco todos los días, generalmente temprano por la mañana y por la noche después de trabajar.
6. ¿Crees en la muerte del libro de tapa dura?
No. Creo que sigue teniendo su objetivo. Es un regalo bonito, y a muchos lectores no les importa pagar más por tener una edición más lujosa de sus libros favoritos.
7. ¿ Qué opinión tienes de las redes sociales?
Creo que han democratizado el arte y han permitido que haya conversaciones entre lectores y escritores que antes no existían, pero también ha creado relaciones parasociales un tanto incómodas.
8. El actor Juan Diego Botto comenta la siguiente frase «Queremos el pan, pero también queremos las rosas»¿Tiene significado esta frase para ti?
Desde luego. Creo que la cultura debería estar al alcance de todos, y me gustaría que los gobiernos apoyasen económicamente más al arte.
9. ¿ Qué es para ti la escritura?
Arte, pero también una vía de escape.
10. ¿ Cómo crees que será la literatura luego de la pandemia del Covid-19?
Creo que lo digital tendrá más peso. Habrá más eventos virtuales, por ejemplo, lo cual me parece estupendo, sobre todo por esos lectores que no viven en grandes ciudades y que suelen perderse presentaciones y firmas de libros.
La ciencia ficción es un género asociado a la narrativa ( corta y larga) con el pasar del tiempo hemos podido leer grandes novelas como 2001: una odisea en el espacio, la esfinge de hielo, la naranja mecánica entre otras. La brevedad también ha sido tema donde la ciencia ficción ha dejado una fecunda labor, títulos como La Caída de la Casa de Usher, Asfalto y el sonido del infinito dan fe de ello.
¿ Pero qué hay de la poesía? ¿ Es posible escribir poesía con esta temática?
La respuesta es sí, y debemos destacar que en lengua inglesa tenemos numerosos ejemplos.
A continuación, se presenta la traducción de 3 poemas pertenecientes a una antología poética cuya temática gira entorno a los fantasmas, brujas, desapariciones, conjuros y mundos alternativos cuyo nombre es Mundos susurrantes editado por David Bain en 1998 y tres años después publicado como ebook
CUANDO CORRES TU DEDO A TRAVÉS DE UN MURO CREMATORIO
Alba Quintas, madrileña nacida en 1994. En el año 2012 resultó ganadora del VII premio Jordi Sierra i Fabra para escritores jóvenes con la novela Al otro lado de la pantalla. Es colaboradora en diferentes publicaciones digitales. Trabaja estrechamente vinculada al teatro. Tiene varios libros publicados siendo el más reciente la novela La venganza de Ariadna.
¿A qué edad comenzaste a escribir?
Nunca sé qué responde a esto. Creo que toda la vida, tengo relatos de cuando iba a primaria guardados. Para mí, los procesos de empezar a leer y a escribir fueron de la mano. Sé que mi primera novela larga la acabé con trece años, y con catorce, ya le estaba mandando manuscritos al pobre Jordi (Sierra y Fabra) en su concurso.
¿Cuánto tiempo tardaste en publicar tu primer libro? ¿Qué fue lo que más te costó?
Fue precisamente gracias al premio que mencionaba antes, el Jordi Sierra i Fabra para jóvenes escritores. Yo tenía 17 años cuando lo gane, y entre los premios, el grupo editorial SM te publicaba la novela. Me presenté varios años seguidos hasta que al final lo conseguí; Jordi siempre dice que soy una de las personas más cabezotas que conoce.
Creo que lo que más me costó vino después. Asimilar que no está todo hecho porque acabas de empezar y probablemente no hayas conseguido gran cosa si a partir de ahora quieres labrarte una carrera como escritora. Has abierto una pequeña rendija de la puerta al publicar por primera vez, pero tienes que dar un empujón. Por otra parte, te queda el nervio de que si has empezado tan joven, te vas a quemar muy pronto. Para alguien como yo, que quiere dedicar su vida a esto, es complicado lo de comenzar a publicar tan joven, porque parece que tienes menos margen para desarrollarte a largo plazo. Tienes que tener unos parámetros y unos valores muy claros, y todavía sigo lidiando con ello.
¿Qué puedes contarnos de tu obra de teatro Celia en la revolución? ¿Cómo fue el proceso de creación de la misma?
Estaba obsesionada con el hecho de que yo no fuera un obstáculo entre el espectador y Elena Fortún, la autora de la novela, así que me leí toda su obra publicada, la increíble biografía de Marisol Dorao y la correspondencia que mantuvieron Elena Fortún con Carme Laforet, la cual fue una de las lecturas más maravillosas que he hecho en mucho tiempo. Aparte de eso, me acerqué a muchos otros textos sobre la época, como los de chaves Nogales o Clara Campoamor. Cuando se me presenta un proyecto que me permita sumergirme en él de alguna manera y no ver fin al pozo de la documentación, me tiro a él sin pensarlo. Quizá de todo el material que he manejado en el texto aparece una mínima parte, pero eso no importa: era imprescindible (y más para alguien de mi edad) comprender cómo funcionaba aquella época, saber realmente qué movía a las personas entonces, entender cómo se sentía Elena Fortún.
La novela es realmente compleja: tres años de guerra, cinco ciudades, un sinfín de personajes y escenas. La fórmula dramática te pide más concreción, al menos por la parte del proceso que a mí me corresponde, que es la de usar la palabra escrita. Pero al final había dos preguntas que siempre venían a mi mente: la primera, que es la que se plantea en la primera escena de la obra (¡prometo que no estoy destripando nada!) es: ¿por qué Celia deja España al final de la guerra? la segunda: ¿Por qué Elena Fortún, a pesar de saber que nunca verá publicada esta novela, decide escribirla, y con su personaje más asentado? Sospecho que toda ficción que merece la pena nace de las preguntas adecuadas, no de las respuestas adecuadas, y desde luego cuando tuve estas, pude armar la versión de Celia en la revolución que creía que podía hacerle justicia a la novela.
Alba Quintas
¿Tienes algún comentario sobre la organización del Festival Celsius?
Honestamente, este año han hecho una heroicidad consiguiendo que se celebrara un festival de literatura en medio de una pandemia y con cero contagios. Fue una fecha muy importante para muchos autores este año, el único evento cultural en el que hemos podido participar y compartir un poco de tiempo con los lectores, aunque fuera a través de mascarillas y mamparas. Eso no importa, la literatura sigue siendo la misma. Yo siempre digo que el Celsius es como mi casa: me invitaron cuando yo era una autora novata y desconocida, y ahora siguen tratándome con todo el cariño del mundo. Además, su labor con la literatura de género en nuestro país es imprescindible.
El actor Juan Diego Botto utiliza la frase “Queremos el pan y las rosas.” ¿Qué significa esta frase para ti en estos momentos?
Es gracioso, porque es una expresión que nació en su momento en los movimientos sufragio femenino, y la verdad es que me hace mucha ilusión que un gran actor como Juan Digo Botto la rescate y la popularice. Para mí alude a la doble vertiente de mi vida como artista: necesito lo más real, la rutina, obviamente un sueldo para comer, etc. pero también las rosas, la belleza, el arte. No quiero dejar de estar presente en ninguno de las dos vertientes de nuestra vida, eso es el pan y las rosas.
¿Cuál es el rol del teatro en la sociedad del siglo XXI? ¿Es drama? ¿Es comedia?
Necesitamos el drama y más en el teatro. Mi dramaturga favorita, Sarah Kane, defendía que haber que poner el infierno sobre el escenario para escapar de él en la vida real. Supongo que todos los dramaturgos tienen temas a los que vuelven una y otra vez compulsivamente. Mis textos suelen navegar entre estos: la reacción implícita entre la condición de mujer y la violencia; las emociones como territorio político, el progresivo acallamiento y pérdida de la conciencia social de la juventud. Todos dramas, porque soy una persona optimista, alguien que piensa que la sociedad puede mejorar a base de hacer las preguntas adecuadas.
¿Qué piensas de la censura a la película Lo que el viento se llevó, por parte de una plataforma streaming?
Soy mucho más partidaria de contextualizar que de censurar categóricamente, la verdad. ¿Hay que hablar del racismo en Lo que el viento se llevó? Sin duda. ¿Hay que analizar la película desde una conciencia social que cada vez, por suerte, está creciendo más? Desde luego. Me parece mucho más interesante volver a estos clásicos, revisionarlos, aprender de ello, que censurarlos de forma definitiva. La censura es igual al silencio, y no se aprende nada del silencio, se aprende de las ideas y del debate. La película debería estar ahí para poder desarrollar opiniones al respecto, sin duda con unas etiquetas, descripción de su trama, etc. que no sea benevolente con su racismo. ¿Pero apartarla categóricamente y que no se vuelva a hablar de ello? ¿Esconderla? ¿No poder iniciar un debate en torno a su contenido? No, eso no lo defiendo.
¿Qué estás leyendo en estos momentos?
Ahora mismo estoy con una de las perlas del realismo en España, la Pepita Jiménez de Juan Valera. Es una novela preciosa en la que un joven seminarista se enamora perdidamente de la joven prometida de su tío, y por cartas habla de su dilema entre su devoción a Dios o rendirse a sus pasiones. En general estoy volviendo a muchas novelas clásicas que leí de adolescente y que algo miro con otros ojos.
¿Tienes algún comentario que hacer sobre el lenguaje inclusivo?
Hay una parte de la población que se siente invisibilizada debido al lenguaje, y desde la RAE deberían escucharla. Creo que hay un problema en las instituciones en torno a nuestra lengua, van siempre muy por detrás de los cambios de la sociedad. Ya a nivel particular, hay cosas que me parecen muy necesarias, como el reconocimiento del género neutro para las personas no binarias y aceptar de una vez el femenino en algunas profesiones, no puede ser que piloto, canciller o soldado no tengan un femenino. Curiosamente siempre son profesiones en las que las mujeres han sufrido discriminación y techos de cristal, así que parece que aquí hablamos de algo más que de la lengua. Hay otras que están en el punto de mira, como el uso del masculino en el plural, que no me parecen tan relevantes.
Azahara Alonso, nacida en Oviedo (1988), reside actualmente en Madrid. Es licenciada en Filosofía y tiene un Máster en Escritura Creativa. Es autora de dos libros, Bajas presiones (Trea, 2016) y el más reciente Gestar un Tópico (Ril Editores, 2020). y escribe crítica literaria en diferentes medios.
He leído que tu primer libro de poemas fue sobre aforismos. ¿Puedes explicar un poco el proceso de creación?
Mi primer libro, Bajas presiones, es un conjunto de aforismos que no responde a la idea de colección, sino que sus textos fueron trabajados en una convivencia muy consciente que permite el desarrollo de algunas ideas propuestas. Suelo escribir en cuadernos y con total libertad. Si más tarde encuentro en ellos el germen de un libro, paso al ordenador, a un trabajo más cercano a la edición. Ha ocurrido algo similar con el proceso de escritura de Gestar un Tópico, a pesar incluso del cambio de género, ya que en este caso se trata de un poemario y no de un libro de aforismos.
¿Cuáles fueron tus principales lecturas en la vida?
La lectura es la base de mi formación intelectual y sentimental, también de mi rutina y modo de diversión. Leo por placer desde muy pequeña y también leo por trabajo. Así que no doy ese proceso por finalizado. Las lecturas principales en mi vida son muy variadas y tienen que ver con la filosofía y con diferentes géneros literarios, tanto híbridos como lo más canónico dentro de la narrativa, el ensayo y la poesía. Por concretar un poco, aunque no se mantiene igual, en su momento me marcaron Émil Michel Cioran, Simone de Beauvoir, Thomas Bernhard, Julio Cortázar, Lodwing Wittgenstein, Wislawa Szymborska, Chantal Maillard y John Ashbery.
¿Cuál es tu principal motivación a la hora de escribir?
Es una cuestión vocacional; cuando escribo accedo al cumplimiento de un imperativo personal y no tanto a la búsqueda de unos objetivos que me motiva alcanzar.
Azahara Alonso
¿Qué opinas del futuro de la poesía?
No tengo una opinión formada sobre esto, no he sentido la necesidad de pensar y repensar de qué modo la poesía seguirá acompañándonos. La elaboración de hipótesis requiere un tipo de energía del que carezco.
¿Qué autores recomiendas actuamente?
Muchísimos/as. Por centrarlo en la poesía española y los/las autores/as que siguen publicando poemarios: Moritz Fritz, Mariano Peyrou, Marta López Vilar, Sarah Martín, Antonio Méndez Rubio, David Leo García, Sara Torres, Raúl Quinto, marta Agudo, Xaime Martínez, Gema Palacios, Jordi Doce, Julieta Valero, Fruela Fernández, Ángelo Néstore, María García Díaz, Martín López-Vega, Abraham Gragera, Pilar Martín Gila, Claudia González Caparrós, Ruth Llana, Pablo López Carballo…
¿Crees que el arte poético debe ser político y disruptivo?
Me interesa todo poema que utilice el lenguaje como arma política sin caer en la necesidad de los temas que tradicionalmente entendemos como comprometidos. Creo que se puede ser absolutamente disruptivo a través de la forma, los esquemas se quiebran mejor sin una temática marcada. Me interesa el poema que se aleja de las convenciones comunicativas, para eso están otros géneros literarios y el periodismo.
¿Cómo crees que la poesía puede ayudar a la sociedad en general?
Evitando caer en la trampa de justificar su utilidad, alejándose de ser un producto y ejerciendo de veras la función poética del lenguaje.
Natasha Sardzoska es poeta, escritora y traductora. Nacida en la República de Macedonia, tiene varios libros de poesía publicados como Habitación azul, Piel, Él me arrastro con un hilo invisible, Agua viva y Coxis. A su vez, ha publicado ensayos y cuentos en numerosas revistas.
¿A qué edad comenzaste a escribir?
Desde niña, creo que casi desde siempre, desde que conozco mi soledad. Cuando tenía 14 años, escribí unos poemas para una revista de literatura infantil. Después, entre mis 17 y 20 años, escribía un poemario que se llamaba Habitación azul. En este período estaba leyendo mucho de los poetas del hermetismo italiano, así que los primeros versos de ese libro son densos de metáforas bastante duras y herméticas.
Cuando era niña, algunos poetas me asustaban, no podía entender las metáforas cerradas, pero sentía que había algo de milagro detrás de las palabras. Me impresionaba leer una palabra que no decía nada y en un mismo tiempo decía todo. Me encantaba sentir y ver el vacío entre las palabras, por adentro de las palabras que me fascinaba, hipnotizaba, ese algo que no se dejaba entender ni explicar ni ver, pero que me hacía ver y comprender un mundo distinto…
¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
Pues, como era estudiante de filología latina y estudiaba italiano y francés, los poetas italianos del hermetismo: Ungaretti, Sanguineti, Quasimodo, Montale, Saba, Luzi, y algunos del futurismo, y Pasolini, Pavese, Levi, Bertolucci: los poetas del surrealismo, del decadentismo y del simbolismo francés Rimbaud, Baudelaire, Apollinaire, Verlaine, Mallarmé, Valéry. Los grandes poetas hispanófonos: Lorca, Neruda, Machado, Paz, Juarroz, Benedetti, Sabines, Pacheo, Storni, Pizarnik. Muchos poetas también de Macedonia como Mateja Matevski y Aco Sopov. Me encantaba leer los escritores del existencialismo francés: Beauvoir, Camus, Sartre, y del realismo mágico sudamericano: Sabato, Cortázar, Borges, Llosa y, por supuesto, la literatura rusa: Dostoyevski, Tsvetaeva, Pushkin, Chekov, Achmatova, Pasternak, Mayakovsky.
En el festival de poesía internacional de Struga, en mi país Macedonia, he tenido la posibilidad de leer varias antologías de la poesía contemporánea belga, luxemburguesa, catalana. Me acuerdo muy bien de unos poemas de la poeta luxemburguesa Anise Koltz y me quedaba abrumada, inundada, casi trastornada de leer sus poemas. En eses mismo festival, he tenido la gran oportunidad de encontrar, escuchar y leer poetas como Ted Hughes, Yves Bonnefoy, Eduardo Sanguineti, Seamos Heaney, Mahmoud Darwish, Adonis.
Háblanos un poco de tu poesía.
No es fácil, porque puede ser que me equivoque, pero lo voy a intentar. Mi poesía nace como un grito interior insostenible desde mi abismo, que quiere volver a ser lenguaje, mejor dicho, transformarse en lenguaje. Mi poesía camina por enlaces alusivos y lleva en un campo que casi no tiene más vínculos con la explicación lógica o contextual. Es decir, quiero dar al detalle un poder fulminante y en un mismo tiempo, reducir la ceremonia al mutismo. Por ejemplo, en mi nuevo poemario, Coxis, quise dar voz al fracaso y al dolor humano a través de los órganos humanos, quería que fuera el cuerpo mismo el que hablara, no el lenguaje, no la lengua, sino toda la sinfonía corporal.
En el fondo, yo escribo para escaparme del misterio de la hoja blanca. QUiero encontrar por ahí dentro -en la hoja- voces, y de ahí, salir con nuevos significados.
¿Qué autores recomiendas leer en estos momentos?
Todos hablaban en este período de leer a Saramago, con su Ensayo sobre la ceguera, o Boccaccio con su Decameron, o Camus, con La peste. Claro, sabemos bien que la literatura tiene algo providencial, y hay que leer a estos genios de la literatura.
Pero yo no quiero añadir, como decimos en mi idioma macedonio, aceite al fuego. Es decir, no quiero añadir desesperación, no quiero estar sin salida, necesito sobrevivir al caos, necesito leer a alguien que pueda transportarme más allá de esa obscuridad. No quiero leer lo que ya veo, lo que ya vivo y me oprime. Quiero leer algo lejos de la realidad, algo que nunca se puede esperar o imaginar.
Me gustaría recomendar siempre poetas porque sencillamente la poesía puede llevarte más allá, traer algo de irracional, de imposible, de milagro, en estos momentos de anomia y de distopía. Porque quizás, sólo en la poesía ahora es todavía posible sonar y crear.
Desde mi experiencia actual, diría: Salvador Espriu, Joan Margarit, OCctavio Paz, Mario Benedetti, Joaquín Sabina, Margaret Atwwod, Agi Mishol, Paul Celan, Louise Glück, Amelia Rosselli, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela…
Encontré unos poemas de Giorgio de Chirico y de Salvador Dalí: me encantaron.
Leer el poeta místico Rumi también es siempre bueno, porque lleva luz.
Siempre me hacen feliz Hélène Cixous, Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar.
¿Qué opinas del futuro de la poesía?
Hablando desde este momento doloroso de crisis total mundial sanitaria y económica, yo creo que la poesía tendrá un largo camino para hacer adelante y para traer luz. Justamente porque ahora parece que todo es imposible, todo es tan paradoxal… la poesía puede alcanzar lo que está detrás del horizonte, la poesía puede aguantar esa fuerza irracional de dentro de cada uno y darle medidas y curas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar.
El ser humano siempre va a necesitar de algo irracional para creer y para crear y seguir. El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz. Es así. Y porque, como decía Houellebecq, «no busquen la felicidad, ella no existe.»
Pero, por supuesto, existe la poesía.
Natasha Sardzoska
¿Qué consejos das a la hora de publicar un poemario?
Mi consejo es de no publicar jamás un libro sólo porque uno cree que es un libro listo para publicar. Ahora escribir poesía parece una moda. Parece que cada uno lo pueda hacer sólo por partir la frase en líneas, se creen que son versos, o por contar su día trivial sin ningún símbolo ni mensaje trascendente. Eso es tan infantil…
Por eso digo que la poesía no es nada infantil, jamás. La poesía, entonces, no se escribe para descargar la frustración o el dolor, la poesía no es diversión o alegría, no es nada terapéutico o alcanzable, es algo muy duro, pesado, peligroso, temerario, imposible para traducir en cualquier experiencia humana.
No se puede publicar un poemario sólo porque todos los demás lo hacen, o sólo para contar con más libros publicados, o sólo para recibir ayuda del estado o un premio, o sólo para viajar a festivales. Es la peor trivialización que muchos hacen.
Mejor escribe un poema para el desierto y déjaselo. Ofréceselo al desierto, pero no lo hagas por premios o satisfacciones mundiales.
El poeta es celoso y obsesivo con sus palabras, y de repente puede ser que la falta distancia. Es siempre mejor dar el pomeario para que lo lea otro poeta. Descansar, Respirar. Tomar distancia. Darle tiempo y espacio para que el poemario se escriba por sí mismo con su voz propia, que realmente la tiene.
Siempre cuando se escribe en caliente, desde el dolor recalentado, la poesía sale muy brutal. El dolor necesita tiempo de fermentación y de elaboración. Un poema a veces se escribe por sí mismo, solo, en silencio.
¿La pandemia cambiará el concepto de la poesía en la actualidad?
Lo está cambiando ya. Hemos parado de leer poetas en la habitación con la luz del cielo en la noche en silencio. Ahora estamos asistiendo al espectáculo mundial virtual de la poesía: Zoom, Skype, YouTube… son los nuevos medios de los poetas para hoy. La poesía ahora se escucha y se ve, como si hubiera dejado de leerse.
Me preguntarás si es algo bueno… quizás, pero la verdad es que no lo sé. Es lo que es y ya está. Por un lado, podemos escuchar y ver, o sea, leer a través de un medio virtual a poetas que nunca antes hemos encontrado o jamás podríamos ver y acercarnos a varios lugares del mundo, pero por otro lado, me molesta esta digitalización de la poesía, como si ella fuera arte de consumo arbitrario de las masas. No me gusta cuando al poeta, y en general al artista, se le impone el medio y el contenido de su arte.
Yo vivo esa transformación como un regreso, no como una revolución. Hasta como una violencia y revancha de la tecnología en contra de la humanidad, de nuestro arte tan sencillo, tan tangible, tan íntimo como es la poesía.
Estar en frente de mi computadora y entre varias pantallas de mi cuenta bancaria, de mi Gmail, de mis ensayos o textos para traducir, entre el noticiario, Facebook, ver la cara y escuchar la voz de, qué sé yo, un gran poeta como XX, es algo bastante trivial. De algún modo,eso sobrepasa, agobia, abruma la poesía.
Pero estoy convencida que la poesía siempre estuvo y siempre será un arte solitario, mudo e inmóvil: o sea, pensar que desde mi cuarto yo puedo con mi papel blanco y mi pluma, llegar a cada lado del mundo y cambiar algo dentro de alguien es algo que me da siempre fuerza y fe para seguir escribiendo poemas.
En realidad, siempre en estado de guerra o de emergencia o de profunda crisis, el ser humano ha leído poesía. Eso es natural y saludable. Porque la poesía es un transporte; con su caja preciosa de símbolos, la poesía ofrece salvación y salida a cada crisis, aunque ella muchas veces no trata temas útiles para la sociedad (por ejemplo, la muerte, la patria, lo irreversible, el cuerpo, el eros, la confesión).
Zagajewski una vez dijo que el poeta no puede escribir sólo por y para sí mismo, sino para el mundo. Hay que nombrar ese mundo, ser «homónimo de la luz y sinónimo del viento» (Adonis). El poder de la poesía es justamente ese, como decía Octavio Paz, o sea recordarnos e la utilidad de las cosas inútiles.
Kevin Castro nació en Lima, en el año 1993. Con sólo 20 años ya publicó su primer poemario, Los tiempos Jurásicos (C.A.C.A. Editores, Perú, 2013), y unos años después salió a la luz su segundo libro, Norcorea (Poesía Sub25, 2017. En España publicado en 2018 por la editorial Liliputienses). A su vez, es editor de la revista Mutantres y de la Editorial C.A.C.A.
¿A qué edad comenzaste a escribir?
A los trece o catorce.
¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
De muy pequeño mis padres me compraron un libro de esos típicos libros para niños, con imágenes para «descubrir» el mundo. Recuerdo que había una imagen de una playa con cangrejos y un buzo. También había una imagen de una fábrica de donas. Mi reino por un ejemplar de ese libro.
¿En qué te inspiras para escribir un poema?
Lo último que escribí fue un poema de amor. Antes de eso, escribí un poemario llamado «Freestyle», que espero publicar en los siguientes meses. Fue muy distinto escribir ambas cosas. Freestyle fue como un descubrimiento de mí mismo a partir de experiencias psicológicas que espero no tener que repetir nunca más en mi vida. En cuanto al poema de amor era un era un poema/carta de amor para una chica, pero también era un poema/carta de a mor o como de despedida de aquello de escribir poemas que es algo que se supone no volveré a hacer en mucho tiempo.
¿Cómo crees que será la poesía dentro de dos décadas?
Espero de corazón que sea brillante. Pero es básicamente eso, algo que «espero», no sé si si dé finalmente. Nadie puede saberlo.
El poeta Kevin Castro
¿Qué puedes decir del estado actual de la poesía peruana?
Es interesante lo que ha venido sucediendo en la última década, creo que hay un buen panorama con respecto a lo que vendrá. Espero que así sea.
¿Cuál es tu opinión sobre la disrupción de las tecnologías 2.0 en la creación de nuevas propuestas poéticas.
Todo puede sumar o restar, depende del talento y la sensibilidad del artista siempre.
¿En qué otros géneros te sientes cómodo a la hora de escribir?
Hace poco terminé de escribir una obra de teatro y retomé la escritura de una novela que tenía abandonada y que espero terminar de escribir a fin de año. Me encanta escribir narrativa, también he estado aprendiendo sobre escribir guión de cine y TV, me interesa mucho lo que se puede hacer a nivel audiovisual.
¿Qué es para ti la poesía?
Es como debería llamarse toda la literatura. La buena, claro.
¿Crees que la poesía como arte tiene responsabilidad en los tiempos actuales?
No. La poesía no tiene responsabilidad sobre nada, el artista como artista tampoco. Como ciudadano sí: hay que cumplir la ley y pagar tus impuestos antes del treinta de abril. Como novio, como cocinero o profesor de literatura, tienes responsabilidades. Pero como artista, tu única responsabilidad, tu única obligación es con el arte y nada más.
Nota: el 8 de mayo nos hicimos eco de la publicación en España del poemario Norcoreapor la editorial Liliputienses.
Luna Miguel es editora, poeta y traductora. Vinculada desde muy joven al mundo literario, empezó publicando poemas en revistas y antologías, y en el año 2010 vio la luz su primer poemario Estar enfermo. Actualmente tiene en su haber diversos poemarios publicados, antologías, un ensayo, un libro de relatos y una novela.
¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
Mi primera infancia está llena de cuentos. Recuerdo con especial cariño un libro titulado Lobito aprende a ser malo, en el que un lobo, al contrario que el resto de lobos, no quería morder ni asustar, y se saltaba las clases de la escuela de lobos. Cada vez lo recuerdo con más cariño. Luego intenté leer algunas novelas fantásticas, me gustaba mucho El Hobbit, pero no tanto como Harry Potter. A los once años, mi padre me regaló La senda del perdedor, de Bukowski, y El guardián entre el centeno, de Salinger. Desde entonces no pude parar: los compactos de Anagrama se convirtieron en mi obsesión. Leía sobre todo a hombres por cierto, y aunque por ahí se colaban los nombres de Elena Medel, Amélie Nothom, Soledad Puértolas… a las mujeres no empecé a leerlas -conscientemente, me refiero, sabiendo que el gesto de leerlas era justicia- hasta prácticamente los dieciocho años.
¿Qué temática abordas en tu poesía?
Depende. Yo creo que siempre hay un hilo común: el de la biografía y el del cuerpo. El de la experiencia íntima. Pero los poemas y las motivaciones van cambiando. Mi primera poesía (la que escribí hasta los veinte años, más o menos) era una poesía de búsqueda, la búsqueda de una voz y de un cuerpo propio. A los veintitrés publiqué La tumba del marinero, que es un texto sobre el duelo y la enfermedad, así como la precariedad en la veintena. A los veintiséis publiqué El arrecife de las sirenas, que es un texto sobre la experiencia del aborto y de la maternidad. Y ahora estoy terminando Poesía masculina, que publicaré con treinta años, y donde el tema principal es el cuestionamiento de la institución del del matrimonio, a través de un narrador masculino obligado a escribir sobre temas que aparentemente asociamos a la «poesía femenina».
Luna Miguel
¿Qué piensas del futuro de la poesía?
Confío mucho en lxs poetas que están escribiendo hoy. Por centrarme en escritorxs más jóvenes que yo, en España hay algunos nombres especialmente potentes: Rosa Berbel, Rodrigo G. Marina, Enrique Fuenteblanca, Elizabeth Duval. Confío en eses nombres, pero también confío en las nuevas formas de investigación de la poesía que encontramos en el meme, o en proyectos como el de Poesía es Bot, tal vez el mayor y mejor poema de nuestro tiempo.
¿Piensa que la poesía es disruptiva?
Pienso que la buena poesía lo es todo/lo puede ser todo.
¿Qué les recomendarías a los nuevos poetas a la hora de escribir?
Leer mucho. Ahora, en Internet, podemos acceder a una cantidad de información que antes resultaba impensable. Puedes leer a un poeta nacido en el 2000 en México, y al mismo tiempo a un poeta griego contemporáneo a Platón, y al mismo tiempo a una poeta francesa del siglo XIX, y al mismo tiempo una antología de poesía clásica japonesa… La poesía es sensibilidad y experiencia, claro, pero también conocimiento, curiosidad y juego. Juguemos, pues.
¿Tienes algún ritual a la hora de escribir?
Escribo por las noches. Mi horario era de 23.00 a 3.00, pero desde que escuché a Françoise Sagan explicar que ella escribía de 00.00 a 4.00 adapté mi horario al suyo. Ahora me imagino que su fantasma viene a visitarme cuando ya tengo sueño y me da una bofetada en la cara para que no desista, y para que lo siga intentando. Lo comentaba el otro día en mis redes sociales; tener libros a mi alrededor me ayuda a perder la mirada en las palabras de otros cuando he perdido el hilo de las mías. También hay veces en las que escribo tomando un vino, pero sólo los fines de semana. Y tengo un cuaderno en el que anoto cosas incomprensibles, esquemas de versos que me lleva mucho tiempo construir.. y que luego no eran para tanto.
Hoy os traemos una entrevista con Juan F. Rivero, poeta traductor y editor sevillano, especializado en Humanidades y Clásicos literarios. Su obra poética ha sido recogida en diversas revistas y publicaciones, entre la que destaca Piel Fina. Poesía joven española (Maremágnum, 2019). Como traductor, se ha ocupado de la poesía de John Ashbery (Antología de la escuela poética de Nueva York, 2020). Es autor de dos poemarios, Canícula, 2019, y Las hogueras azules (Candanya, 2020).
¿A qué edad comenzaste a escribir?
Tuve la suerte de criarme en una familia muy lectora, por lo que desde niño me interesaron los libros, sobre todo las novelas. Fue durante la adolescencia cuando empecé a escribir poemas, aunque ninguno con demasiada seriedad. Lo primero que recuerdo haber escrito con conciencia literaria, es decir, con voluntad de expresar algo propio en lugar de copiar a otros autores, llegó a los diecisiete años, poco antes de empezar la Universidad.
¿Cuáles son tus autores favoritos?
Creo que han ido variando a lo largo de tiempo, pero siempre me han apasionado las obras de César Vallejo, Federico García Lorca, Luis Cernuda y José Lezama Lima; eso en el ámbito español. Entre los escritores de otras lenguas me cuesta muchísimo elegir, pero supongo que, por citar a algunos cuantos, podría mencionar a Arthur Rimbaud, Anna Ajmátova y Vladimir Maiakowski, Matsuo Basho y Yasunari Kawabata, Wallace Stevens y John Asbery, Giuseppe Ungaretti, Li Quingzhao, Georg Trakl… Me temo que son demasiados. Últimamente me interesan las obras de narradores «líricos» como Ana María Matute o Marguerite Yourcenar, y también de poetas «narrativos» como Anne Carson o Raúl Zurita.
¿Qué opinión tienes de la poesía del siglo XXI?
Me parece que tiene muy buena salud, aunque no me cabe duda de que la desconozco en gran medida. Soy editor de clásicos, así que dedico la mayor parte de mi tiempo a leer la obra de autoras y autores que hace mucho que dejaron de escribir. Aun así, no vivo en una burbuja: sigo de cerca la trayectoria de autores que admiro y, además, tengo la enorme suerte de contar entre mis amigos -e incluso mi familia- a escritores y lectores excelentes, gracias a los que siempre me llegan novedades que merece la pena leer.
Entre mis contemporáneos me interesan, sobre todo, los poetas que escapan a sus influencias inmediatas. (Tengo muy poca fe en los hijos que, pasada la veintena, siguen leyendo únicamente a sus padres.) Me interesan los que investigan otras tradiciones; los que releen la suya con originalidad; los que encuentran sus referentes, además de en estas, fuera de la poesía y de la literatura; los que miran la realidad y se interesan por el modo en el que la experimentamos a través de las tecnologías, los relatos y los sesgos. Creo que, como por otro lado es natural, las mejores obras de la poesía de este siglo están por llegar todavía, pero no me cabe duda de que algunos de sus autores están ya en activo y demostrando que nos esperan años muy interesantes.
Foto: Enrique Fuenteblanca
¿Crees que todo arte tiene una responsabilidad política?
Me parece que todo -no sólo el arte- tiene una dimensión política, y que de todas nuestras decisiones se deriva una responsabilidad. El arte, por supuesto, no es una excepción: somos políticamente responsables de nuestras decisiones artísticas.
¿Cómo es la temática de la poesía dentro de dos décadas?
Antes de contestar, he de decir que no me interesan demasiado las predicciones del futuro, así que me mantendré tan apegado como pueda a las pocas certezas que tengo en torno a la poesía del presente.
Creo que un rasgo esencial de lo que estamos escribiendo ahora es su diversidad, una diversidad que refleja la ‘complejificación’ de nuestro mundo y nuestras experiencias de él. Internet, así como las nuevas tecnologías de transporte y comunicación, han permitido a mi generación y a las siguientes, ampliar enormemente los límites de nuestra referencialidad, y todo lo que sabemos del futuro indica que estamos solo al principio de su desarrollo.
Estas mismas tecnologías, aplicadas a la lectura y a la difusión de textos, nos permiten también llegar a diferentes tipos de lectores, agrupados a su vez en comunidades más o menos amplias y extremadamente susceptibles de segmentación. El auge de la poesía en Internet, así como la revitalización de la poesía como género literario, tiene mucho que ver con estas circunstancias, y nos permite pensar en un futuro en el que un gran número de poetas y subgéneros poéticos sean leídos por comunidades lectores muy distintas entre sí. Se trata de un fenómeno que llevamos ya observando muchos años en la narrativa de ficción, y que se encuentra especialmente maduro en las artes audiovisuales. La poesía, hasta hace ahora algo más de una década, no se había visto radicalmente afectada por él, en mi opinión porque sus antiguos lectores eran pocos y muy conservadores. Los lectores contemporáneos de poesía son más numerosos y menos conservadores que los precedentes, y eso está propiciando una transformación que no ha hecho más que empezar.
¿Qué recomendaciones de lectura das en cuarentena?
Un clásico bien gordo, de esos que nunca encontramos el momento de leer. Mi pareja y yo estamos leyendo en voz alta David Copperfield, de Dickens, y lo estamos pasando como niños.
¿Cuál es el consejo que les das a los nuevos escritores?
Les daría tres:
Primero, que busquen el placer en la escritura y se aparten del sufrimiento.
Segundo, que no tengan miedo a enseñar sus poemas, pues cuando se empieza a escribir no hay manera más rápida de averiguar si algo vale la pena que ponérselo delante a un buen lector (o, si se puede, a varios).
Y Tercero, que no se desanimen si no encuentran un hueco prontamente en el mercado editorial. Habitualmente pensamos que la única manera de llegar a los lectores es publicar un libro, y no es así. Como ya he dicho, hoy Internet nos permite llegar a los lectores de otro modo, y el libro impreso, en un mercado pequeño y totalmente saturado por la necesidad de ingresos del sector editorial, empieza a convertirse en un hito de difícil alcance y, a veces, incluso en un lugar de mera constatación del estatus poético. El signo de los tiempos pasa -y mucho más, me temo, ahora que se nos presenta una nueva crisis económica- por aprender a llegar al lector por vías distintas. Tenemos que deshacernos de la idea de que solo lo que gana un premio o sale impreso, vale. El hecho de que una obra trabajada y rigurosa puede darse en los márgenes de la industria y el canon es algo que la historia debería de habernos enseñado ya.
En Caracas, la Poeteca aparece como un remanso cultural en medio de la ciudad. Se trata de una fundación sin ánimo de lucro, cuya misión es promover la cultura del libro y, especialmente, de la poesía, ofreciendo talleres, presentaciones de libros e incluso recitales.
Hoy entrevistamos a Ricardo Ramírez, que colaboró en la fundación de este espacio y, a día de hoy, es su director.
¿Cómo nace La Poeteca?
Es una iniciativa entre amigos, que busca brindar un espacio con libros de poesía para la lectura, de manera gratuita, y que permitiera desarrollar en esos espacios, formas de acercamiento a la poesía: talleres, discusiones, foros, etc. Comenzamos en mayo de 2018 en Las Mercedes, y continuamos en Los Palos Grandes en mayo de 2019.
Háblenos un poco de la colección de poesía que radica en La Poeteca.
Nuestra editorial tiene ya varios libros publicados: cinco de autores inéditos, y dos de autores consagrados como Hesnor Rivera y Harry Amela. Además de ellos, publicamos en alianza con Banesco y Autores Venezolanos, la antología del Concurso Nacional de Poesía joven Rafael Cadenas.
Todos nuestros libros son descargables desde nuestra página web de manera gratuita: La Poeteca.
¿Cuál cree que es el futuro de la poesía venezolana?
No puedo saberlo. La situación del país tiene un lugar importante desde hace pocos años, así como la experiencia de la migración y el insilio.
¿Qué autores de poesía son su favoritos?
Poetas anglosajones, principalmente, y poetas venezolanos como Eugenio Montejo, Rafael Cadenas, Luz Machado, y otros.
¿Cuáles fueron sus primeras lecturas en poesía?
Walt Whitman, Neruda, la poesía latinoamericana.
¿Para usted, qué significa la poesía?
La cima más alta del lenguaje.
Muchas gracias Ricardo por dedicar este ratito a Poémame Poesía. En un placer haber conocido un poco más vuestra labor en La Poeteca.
Sonia es escritora y librera. Empezó publicando relatos cortos Leyends of Puppets, un blog que inauguró en el año 2009, donde plasma sentimientos, pensamientos y pequeñas historias, dejando libre todo su lado más creativo y literario.
Posteriormente creó La Eminente Thropp, un blog donde junta sus otras dos pasiones, el cine y los libros, y donde comparte reseñas de libros y comenta películas e incluso series, o presentaciones de libros.
Nacida en Madrid, en el año 1992, tiene tres novelas publicadas: Fugitivo (Círculo Rojo, 2015), La posada Shima (Onux, 2018) y La chica del corazón de agua (Onyx, 2019). Así mismo, aparece en diversas antologías poéticas como Versos en el Aire (Diversidad Literaria, 2016), Homenaje a Gustavo Adolfo Bécquer (ArtGerust, 205) con el poema Amor viejo y amores nuevos.
¿A qué edad comenzaste a leer? ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?
La verdad es que tardé bastante en aficionarme a los libros. Nos ponían lecturas obligatorias en el colegio y eso era lo único que leía. En el instituto recuerdo que me enganché a la saga de Crepúsculo porque era la moda entonces y me gustaron. Ese imagino que fue el comienzo, junto con El círculo de fuego y El maleficio. Sin embargo, la novela que más me fascinó entonces y que aun hoy es de mis favoritas, es Frankenstein o el moderno Prometeo, de Mary Shelley.
¿Cuánto tiempo te tomó escribir La chica del corazón de agua?
Tardé alrededor de un año. Creo que es mi media en todas las novelas que escribo.
La Chica del Corazón de Agua, Onyx 2019
¿Cómo ha sido tu experiencia con la editorial Onyx?
Ya llevo un año publicando con la editorial y la verdad es que, si no me hubiese parecido maravillosa la experiencia con el primer libro (La posada Shima), no habría vuelto a publicar con ellos este segundo. Para mí todo ha sido increíble: el trato, la cercanía, la dedicación, el poder opinar y ser partícipe de todo el proceso de creación… Sin duda, una de las mejores vivencias de mi vida.
¿Qué géneros te gustaría tratar en el futuro?
Me siento cómoda con los géneros que ya he tocado: la ciencia ficción con Fugitivo (mi primera novela), la fantasía con La posada Shima y la contemporánea con La chica del corazón de agua. Es cierto que ahora mismo solo me apetece escribir contemporánea o realismo mágico (mis dos proyectos a medio acabar se incluyen en estos géneros), pero me gustaría ahondar en la fantasía más adelante.
¿Cuál crees que es el estado de la literatura juvenil en tu país?
Creo que en España tenemos muy buenos autores en literatura juvenil. Esta generación debería de estar muy agradecida y orgullosa por toda la diversidad que tenemos actualmente en novelas. Las editoriales, además, apuestan cada vez más por voces nuevas y temas menos populares, lo que genera un abanico aún más amplio para elegir qué leer.
¿Conoces la literatura venezolana?
Por desgracia, no, aunque me gustaría comenzar a leer mucho más de otros países.
¿Qué consejos le das a los nuevos escritores?
Que
escriban mucho y lean mucho. Esa es la única manera de mejorar y de conseguir
cumplir su sueño. Que no tiren la toalla. Escribir es una carrera de fondo que
tiene una meta que parece muy lejana, pero con constancia se alcanza.