Etiqueta: poémame

  • Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (II)

    Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (II)

    En una entrada anterior, os presentamos la primera parte del artículo escrito por la escritora y poeta argentina Ángela Pradelli en Shanghai para el diario argentino Clarín:  Leer y escribir en Shanghai: entre masajistas ciegos y cultores de la poesía efímera.

    En el artículo de hoy, un encuentro de escritores en Shanghai,  ciudad de más de 20 millones de habitantes, acerca a Ángela Pradelli a historias entrañables.

    “Yo quiero escribir la historia de mi abuela, dijo el alumno, pero no sé cómo hacer, y quería preguntarle a la escritora argentina cómo hizo ella para contar la historia de su abuelo italiano, por dónde empezó, y si puede que me diga que tengo que hacer para contar la historia de mi abuela.” Qué hubiese dicho mi nonno si hubiera sabido que, muchos años después de haber partido de esta tierra, en Shanghai, en un mundo que seguramente él no imaginó, un joven se interesaría en su pequeña vida en las montañas italianas; qué hubiese pensado si escuchara que este estudiante, en China, más de noventa años después, quería saber sobre su vida de inmigrante, y que la tomaría como guía para escribir el relato de su propia historia familiar…

    Sobre el cielo -que es también un límite- todos los sueños de la humanidad. Un campo de manzanillas, una ráfaga conocida, esas flores silvestres que rozan el borde de los días…

    Un día antes de regresar a la Argentina, fui al Fuxing Park a despedirme de Wenye Pu, el maestro de Di Shu….

  • Poemareflexiona con… Eduardo Galeano

    Poemareflexiona con… Eduardo Galeano

    ¿Acaso no es cierto que cuánto más tímida, callada o introvertida es la persona a nuestro lado, más la ninguneamos e ignoramos?

    Ese debe ser burro, decimos…

  • «La isla de la tortuga», de Gary Snyder, libro de poesía destacado de 2017

    «La isla de la tortuga», de Gary Snyder, libro de poesía destacado de 2017

    Queremos celebrar con tod@s vosotr@s que el libro que recomendamos en nuestra revista el pasado mes de marzo, La isla de la tortuga de Gary Snyder (Kriller 71 ediciones, 2017) y cuya traducción ha sido realizada por nuestro colaborador José Luis Regojo, ha sido escogido por el New York Times en español como una de las lecturas «que han marcado el año 2017».

    No contentos con eso, El Cultural, de la mano de Luna Miguel, también lo ha citado entre los libros de poesía del año 2017. Y, cuando ya cerrábamos la edición de este post, nos llega otro artículo de Luna Miguel que, citando a Xaime Martínez, habla de La isla de la tortuga en Playground:

    Gary Snyder fue una figura única, y sus poemas y ensayos nos presentan aún un modelo muy válido para vivir y entender la vida —a pesar de que muchos de sus deseos, tristemente, se han cumplido, y no de la manera que él querría—. Podemos comprobarlo a través de La isla de la Tortuga, que acaba de ser publicado en castellano por Kriller 71 y que es quizá uno de sus poemarios más representativos.

    Xaime Martínez

    Estamos de enhorabuena, por lo que, si queréis volver a leer los artículos que le dedicamos en Poémame, aquí los tenéis:

  • 13 preguntas y una poeta, Alicia Plante: «El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia»

    13 preguntas y una poeta, Alicia Plante: «El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia»

    Alicia Plante nació en Buenos Aires. En 1970 publicó su primer libro, Asumiendo mi alma (poesía; Ediciones LH). En 1973, invitada por la Universidad de Harvard, grabó poemas inéditos para la biblioteca de esa institución. Trabajó en numerosas traducciones literarias y científicas; entre 1976 y 1980 siguió la carrera de Psicología. En 1990 ganó el premio Azorín de Novela (Diputación de Alicante) con Un aire de familia, que publicó en España y en Argentina. En 2004 editó El círculo imperfecto (Sudamericana), en 2011 Una mancha más (Adriana Hidalgo editora) y en 2013 Fuera de temporada (Adriana Hidalgo editora).

    Actualmente es colaboradora del diario Página/12, donde publica notas, cuentos, reseñas y entrevistas. También colabora con Libros sobre Libros, de México. Desde 1990 dirige talleres de narrativa y poesía.

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    No hay nada excepcional en mi vida. No fui víctima de maltrato ni abuso ni abandono, no tuve padres especialmente talentosos, no fui una estudiante brillante ni ninguna de esas cosas que generan expectativa. La menor de tres hermanas que nacimos una cada cinco años en una casa en los suburbios que amé y fue mía, tuve que esperar a que la señorita María me enseñara a leer y escribir en primero inferior para dejar de perseguir a mis hermanas para que me leyeran de sus libros en voz alta. Lo primero que escribí fue un poema, tendría unos siete u ocho años, El niño muerto, algo de sus manitos blancas, ni fue guardado ni lo recuerdo, pero estaban todos vagamente asombrados.

    Crecí más bien a la deriva, sin mayores controles ni cuidados, lo cual fue bueno porque me hizo independiente, pero también siempre algo dispuesta a la tristeza. Aunque entonces no me diera cuenta. Usaba el cuerpo desorganizadamente para cualquier deporte, todos y ninguno. Aprendí a nadar en la pileta del club de nuestro barrio sin que nadie me enseñara, era natural y no esperaba otra cosa. Y a la vez me sentía amada. Lo cual no quiere decir “escuchada”.

    No, no se es la menor por varios años sin un precio, eso se paga con el sentimiento de haber llegado tarde, de haberse perdido lo mejor.

    Y tal vez fue desde esa marca que empecé a escribir tan tarde. Todo se demoró, no sólo eso, también los estudios (psicología) ya que primero hube de contravenir el mandato implícito para las tres hermanas de casarnos y dedicar toda nuestra creatividad a fabricar gente. Escribir no fue una incursión en el mundo de lo creativo que me fuera estimulada. De hecho recién a los treinta años se convirtió en una aventura más organizada. Presentar poesías a una convocatoria local…, ser seleccionada…, ver mis palabras impresas (1971), sí, una emoción indescriptible. Y fue poco más tarde (1973), que coincidiendo con mi presencia en los Estados Unidos la Biblioteca de la Universidad de Harvard me invitó a grabar poemas inéditos para su sección de poetas latinoamericanos.

    Seguí en esa vena varios años, aunque supiera que mi aspiración era la prosa, la novela, con la poesía como cimiento estético, como matriz de música, ritmo y lenguaje determinando idéntica búsqueda de belleza y verdad a través de otros anclajes. Las diversificaciones iniciales fueron por el lado del cuento corto, como si fuera más fácil, que no lo es, sólo es un esfuerzo más breve, pero tiene reglas, leyes y características propias que conviene conocer. Los encontré hace poco, los primeros. Eran malos. Un par los reescribí desde una intuición mejor acariciada y ahí están, pero mi pasión ya se agazapaba y sin darme cuenta preparaba los músculos para el salto. Mi primera novela, Un aire de familia, la inicié durante un brevísimo pero inteligente taller de narrativa con Dalmiro Sáenz. Cuando en el grupo leí la primera hojita manuscrita Dalmiro me dijo algo inolvidable: “tenés el personaje de una novela…”. Él venía siendo inflexible, de modo que apoyada en mi nueva espalda trabajé con la idea durante más de un año, escribiendo a mano, corrigiendo en espirales alrededor de la página, y una noche la di por terminada. A comienzos de 1970 la presenté a un concurso en España y me senté a esperar, largos meses esperé, ¡y mi novela, increíblemente, ganó! Un llamado teléfonico, Radio Nacional de España en cadena, quizá mi día más feliz… Se publicó allá, en la bella Alicante (1971) y un año más tarde, sin el puñado de comas que habían agregado al manuscrito, en Buenos Aires (1972).

    Todavía me da placer esa novela, pensar en los personajes, sus perfiles…, revivo en ella el proceso de escritura más que con cualquiera de las otras, que a la fecha son más de diez, cuatro de las cuales todavía están inéditas.

    Luego, en 2002, apareció Carmen Balcells en mi paisaje. Le habían gustado los cuatro manuscritos que le mandé por mail y decidió representarme. Gestionó la publicación de una de esas novelas con la Editorial Sudamericana (2004), pero sin ninguna promoción de la editorial se vendió muy poco y Carmen, habiéndome regalado mi primera computadora, lo interpretó de algún otro modo y dio un paso al costado.

    Años duros, ganar un concurso o lograr un contrato de edición eran una utopía, se rebotaba en las editoriales argentinas tanto como en las españolas. Venía escribiendo numerosas reseñas literarias para Radar, el suplemento cultural del diario argentino Página 12. También cuentos cortos, notas, varios ensayos, incluso alguna traducción. A la vez escribí cuentos y reseñas solicitadas por diarios y revistas de Buenos Aires y del interior, más alguna de México. Y fue desde ahí que el contacto con Adriana Hidalgo editora se convirtió en la deseada realidad de una editorial que decidiera publicarme sin la intermediación de nadie. A la fecha (noviembre 2017) son cuatro las novelas negras aparecidas en ese sello. La que abrió la Trilogía del Agua fue Una mancha más, 2011 (también traducida y publicada en italiano por La Nuova Frontiera, Senza macchia aparente, 2015, y en francés por Editions Métaillié, Les eaux troubles du Tigre, 2016). La segunda sería Fuera de temporada, en 2012, seguida de Verde oscuro, 2014, y La sombra del otro, 2016Durante 2017 terminé de escribir la siguiente, El propio enigma, y en seis meses empecé y completé la última, Mala leche, ambas todavía inéditas.

    Foto de Fernando Sturla.

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Me resulta difícil contestar esta pregunta porque no recuerdo exactamente cuándo ni por dónde empecé. Al comienzo estuvieron muy presentes los clásicos, principalmente Rubén Darío, por supuesto, así como los grandes poetas españoles, sobre todo García Lorca, Machado, Alberti, y los franceses traducidos… Hasta que en algún momento remoto descubrí la poesía de Borges. Ese fue un hito importante porque se derrumbaban ante mí las reglas establecidas y la belleza se adueñaba de la palabra sin inhibiciones. Era lo que buscaba, el coraje para transgredir sin destruir, para explorar el adentro más que la buena letra, y que sin embargo la elección de cada palabra, su sentido, su gravidez exacta te dejaran muda. No sé si puedo hacer responsable a Borges de lo que escribí en aquella época lejana, los sesenta, digamos. No lo creo, porque también circulaban por los pliegues absorbentes de mi imaginario escritoras como Juana de Ibarborou, Alfonsina, el amor en las mujeres, el lenguaje de la soledad y la muerte. La forma de rozar lo indecible se venía transformando ya desde Silvina Ocampo y Gabriela Mistral pero la ocupación del primer plano, la implosión en cada uno que significaron Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Diana Bellessi, y perdón por la mezcolanza, pero el arte, su manera de permanecer vigente en cada uno es caótico, desordenado, no me parece importante enumerar respetando cronologías, tendencias ni supuestas escuelas, dentro de mí están todas vivas al mismo tiempo, junto a magnates como Girondo, Gelman, Benedetti, Lamborghini… Y tantos otros que no voy a enumerar o que no leí. Confieso haber coqueteado con todos, pero no reconozco en mí la nítida influencia de ninguno.

    ¿Cómo definiría su poesía?

    Mmm, digamos que ajena a las etiquetas, al menos intencionalmente, pero no sabría cómo definirla salvo como un ojo, una mano, un diente, todo hincado en la carne de lo hondo, lo que se esconde, lo que más quiero decir, quizá para confirmarlo antes de que escape. Honesta. Sí, diría que es honesta, siempre hice pocas concesiones, y lo mismo con la prosa.

    ¿Cree que una poeta evoluciona en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años?

    Una mismo evoluciona, todo evoluciona, nada se queda quieto. Y necesariamente aparecen cosas nuevas que decir, o tal vez más que cosas nuevas, decirlas de otro modo, desde angustias o felicidades que no estaban, desde algún logro, alguna satisfacción que abrió puertas insospechadas, desde decepciones, alegrías, hay cierta maduración del laboratorio donde se bruñe poco a poco la belleza del lenguaje. Que cambia. El mío, hoy, creo que es más económico, más seco, quizá más hondo. Y más sencillo.

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    En general corrijo la forma, reemplazo una palabra por otra, borro o acorto o alargo un verso. El contenido en cambio se define casi solo de entrada. Hay algo que quiero decir, aunque no tenga claro qué. Algunas veces termino de saberlo recién cuando está escrito, cuando acabó de armarse, con esa extraordinaria autonomía que tienen las palabras, como si respondieran a pulsiones inconscientes, secretas, a otro yo que sabe y dicta. Y no es metafísico ni parapsicológico, son los modos misteriosos de la poesía. Y lo doy por terminado cuando no necesito volver a leerlo.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    Que lo que escribo haga sentir a otro que hablo por él, que encontré la forma de decir lo que no conseguía poner en palabras. O hacerlo descubrir dentro de sí mismo sentimientos o ideas de los que no sabía nada, que estaban sueltos dentro de él, desconectados, porque nunca había reconocido el diseño que formaban. Y que entonces le de placer leerme.

    ¿Qué lugar ocupan, para una poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Francamente, me dan terror. Pocas veces las personas, aun los propios poetas, leen poesía sin distraerme con ese pánico a la vacilación, al error, al énfasis equivocado que me inunda. Recientemente asistí a una lectura conmovedora de sus poemas hecha por Liliana Lukin. Es raro. No sé si habrá ensayado mucho, si los sabía de memoria, pero parecían brotar de ella como si los estuviera escribiendo para nosotros en ese momento, tanto sentido, tanta emoción adecuada…, la vehemencia, la pausa, la introspección, la intención de tocarnos con cada palabra. Sí, fue una emoción fuerte y sabia, pero es raro.

    Poder escribir no es poder decir.

    No necesariamente. Y por emotivo que sea tener al poeta delante, creo que no compensa ese pudor de que lea mal.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs, etc.?

    Lo importante es llegar al otro, uno escribe para ser leído, se escribe para el otro, ese otro imaginario del que tanto hablaba Umberto Eco. Y como decía el querido y añorado Ricardo Piglia, es en el lector que lo escrito se concreta, se cierra, en el diálogo, que nunca es igual, que se da entre el que escribe y el que lee. Hoy es internet y los medios intangibles, ayer fue el libro, el papel, la tinta. Lo que importa, creo, es que sigamos escribiendo y leyendo. Que siga haciéndonos falta. Lo dramático, claro, es la situación económica de todos los que están detrás del libro, los escritores primero.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro/a autor/a que le haya gustado mucho?

    Elegir es dejar de lado el resto, imagínate, el universo de los poemas leídos…, pero si he de achicar y achicar la mira, casi al azar, voy por uno de Idea Vilariño, tan simple, tan sentido, que me deja sin palabras: “Ya no será”.

    Ya no será

    Ya no será
    ya no
    no viviré contigo
    no criaré a tu hijo
    no coseré tu ropa
    no te tendré de noche
    no te besaré al irme
    nunca sabrás quién fui
    por qué me amaron otros.
    No llegaré a saber por qué ni cómo nunca
    ni si era de verdad
    lo que dijiste que era
    ni quién fuiste
    ni qué fui para ti
    ni cómo hubiera sido
    vivir juntos
    querernos
    esperarnos
    estar.
    Ya no soy más que yo
    para siempre y tú
    ya
    no serás para mí
    más que tú. Ya no estás
    en un día futuro
    no sabré dónde vives
    con quién
    ni si te acuerdas.
    No me abrazarás nunca
    como esa noche
    nunca.
    No volveré a tocarte.
    No te veré morir.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Ayer terminé de leer una breve joya, de Stefan Zweig, Una partida de ajedrez. Es un relato perfecto.

    ¿Qué consejos le daría a un/a joven escritor/a que se iniciara en este camino de la poesía?

    Si la pregunta apuntara a la prosa, a la narración de una historia, tendría varios consejos claros y, creo, útiles, resultado de la experiencia y de lo que otros escritores con los que concuerdo han aconsejado. Pero en el terreno de la poesía…, si bien he tenido algunos jóvenes poetas en mis pequeños talleres con los que hemos trabajado sus textos para elaborar lo más valioso y dejar de lado lo ornamental o lo prescindible, no tengo consejos en este terreno que me atrevería a generalizar. Creo que lo único válido es que hay que escribir mucho, revisar, pulir… y seguir escribiendo. El oficio de escribir es como un músculo que se fortalece con el uso, con la exigencia.

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Creo que está en una profunda crisis. Eso es precisamente de lo que hablaba en el punto 8. La falta de pausa en los ritmos que impone la vida moderna, el vértigo y la velocidad que parece diferenciar lo nuevo, lo joven, de lo viejo –de los viejos–, impone una preferencia por todas las puertas que abre la cibernética. La industria editorial es una de las víctimas evidentes de este fenómeno.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no le hice?

    Por ejemplo qué pienso de las preguntas que sí me hiciste. Porque me habría permitido decirte que me parecieron inteligentes, bien formuladas, abarcativas de una manera digna, y que estimulan la imaginación. Es decir, que al irlas leyendo me daban ganas de responder.

    Alicia Plante se unió a la iniciativa por la libertad de la palabra ¡PEN protesta! y ya publicamos el poema que allí recitó.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.

  • Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (I)

    Leer y escribir en Shanghai, por Ángela Pradelli (I)

    Nuestra «corresponsal» en Los Angeles (EUA), Andrea Labinger, traductora al inglés de la obra de Ángela Pradelli,  me puso en contacto con la escritora y poeta argentina para que la pudiese entrevistar para la revista Poémame.

    Mientras trabajamos la entrevista, Pradelli supo de mi afición por la caligrafía y la poesía china, por eso me envió dos de sus artículos publicados el 22 y 27 de octubre en el diario argentino Clarín en el que nos habla de vida, poesía y arte para que los lectores de Poémame los podamos disfrutar.

    Hoy os presentamos el primero de ellos. Por si dudáis, aquí tenéis unas breves perlas:

    En el hall del edificio, me hablaron de los masajistas ciegos. Me dijeron que son artistas de leer con las manos el cuerpo…

    Los maestros de Di Shu son calígrafos que escriben poemas sobre el piso de los espacios públicos. Usan pinceles de mango largo y cerdas abundantes que embeben en agua…

    El Di Shu es, también, una búsqueda individual, subjetiva y exige una gran concentración. Es una escritura efímera, fugaz, se evanece en pocos minutos…

    Hablamos también sobre la poesía china. Le dije que me gustaba mucho Li Po y me sorprendió que no lo conociera. Dijo que para él, Li Bai era el poeta más importante y anotó el nombre en mi libreta…

    El di shu nos recuerda el grado más precario de la escritura. Vi cómo el poema se esfumaba…

  • Poemareflexiona con… Raquel Lanseros

    Poemareflexiona con… Raquel Lanseros

    La palabra tradición del título de este poema, me lleva a pensar que ésta no es más que una mentira compartida como si fuera verdad y transmitida con modales religiosos. A pesar de ello, la necesitamos para sobrevivir.

    La tradición no es más que la respuesta a un mundo huérfano y desnortado al que nos ha llevado una modernidad y globalización exclusivamente economicista y sin contenido humanista. Necesitamos que nuestro entorno más cercano no sea una franquicia.

    La tradición es una reacción a la globalización como sinónimo de homogeneización en la que vivimos: fugaz y caduca. Esta sociedad líquida se ha quedado sin religión (solo fanatismo), sin conciencia de clase (solo lo políticamente correcto) y sin familia (solo redes sociales).

    Unos supervivientes de esta sociedad franquiciada, los y las poetas, son los exploradores en busca de una tradición que nos pueda salvar, como Raquel Lanseros con su tradición oral.

  • La mercantilización del suicidio de Sylvia Plath en España

    La mercantilización del suicidio de Sylvia Plath en España

    Gracias a eldiario.es hemos sabido que una revista española de moda incluye el horno con el que se suicidó Sylvia Plath como parte de su muestrario. Esa revista frivoliza con el suicidio de la poeta que en 1963 decidió abrir la espita de gas de la cocina de su casa, al añadir un horno rosa a su vestimenta.

    La publicación ofrece la ropa y los complementos de diversas mujeres icónicas como ejemplos a seguir para vestirse durante las fiestas que se aproximan. Esto no sería criticable, a no ser que cuando se refiere a la poeta Sylvia Plath, reproduce su estilo con un abrigo de Benetton, unos mocasines de Gucci e incluye una cocina de color rosa con tres hornos de gas de 4.340 euros.

    Sylvia Plath con 30 años se convirtió en una de las mejores poetas contemporáneas en lengua inglesa. Sufría de depresiones desde la muerte de su padre cuando solo era una niña. Su matrimonio con el escritor Ted Hughes tampoco fue idílico.

    Es triste, tal como ha dicho una lectora de eldiario.es mediante un tuit, que ya «no solo mercantilizan nuestros cuerpos y nuestra lucha, sino también nuestros suicidios».

    Ya con motivo del 8 de marzo escribí una entrada en mi blog #RegEye titulada Publicidad y capitalismo que trataba el tema de la mercantilización de la lucha feminista, que es de tod@s.

    Para acabar con buen sabor de boca, os vamos a presentar el poema Espejo/Mirror para que podáis apreciar la sensibilidad que muestra Sylvia Plath cuando quiere describir los objetos más simples que la rodean.

    Espejo

    Soy plateado y exacto. No tengo preconceptos.
    Cuanto veo, lo trago inmediatamente
    Tal cual es, sin empañar por amor o desagrado.
    No soy cruel, sólo veraz:
    Ojo de un pequeño dios, cuadrangular.
    Casi todo el tiempo medito en la pared de enfrente.
    Es rosada, con lunares. La he mirado tanto tiempo
    Que creo que es parte de mi corazón. Pero fluctúa.
    Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

    Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
    Buscando en mi extensión lo que ella es en realidad.
    Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las bujías o la luna.
    Veo su espalda y la reflejo fielmente.
    Me recompensa con lágrimas y agitando las manos.
    Soy importante para ella. Que viene y se va.
    Todas las mañanas su cara reemplaza la oscuridad.
    En mí ella ahogó a una muchachita y en mí una vieja
    Se alza hacia ella día tras día, como un pez feroz.

    Trad. Cecilia Bustamante

    Mirror

    I am silver and exact. I have no preconceptions.
    Whatever I see I swallow immediately
    Just as it is, unmisted by love or dislike.
    I am not cruel, only truthful ‚
    The eye of a little god, four-cornered.
    Most of the time I meditate on the opposite wall.
    It is pink, with speckles. I have looked at it so long
    I think it is part of my heart. But it flickers.
    Faces and darkness separate us over and over.

    Now I am a lake. A woman bends over me,
    Searching my reaches for what she really is.
    Then she turns to those liars, the candles or the moon.
    I see her back, and reflect it faithfully.
    She rewards me with tears and an agitation of hands.
    I am important to her. She comes and goes.
    Each morning it is her face that replaces the darkness.
    In me she has drowned a young girl, and in me an old woman
    Rises toward her day after day, like a terrible fish.

  • Poemareflexiona con … Luca Argel (I)

    Poemareflexiona con … Luca Argel (I)

    «Me olvidé de fijar el grafito», Luca Argel (Kriller71 ediciones, 2015)

    Hoy 18 de diciembre, Día Internacional de las Personas Migradas hemos considerado oportuno ‘poemareflexionar’ sobre la peor crisis humanitaria de este siglo.

    Mientras la Unión Europea celebró el 10 de diciembre la conmemoración de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, nuestras fronteras del Mare Mortum siguen devorando vidas anónimas más allá de lo que dicen las estadísticas de fallecidos. Y la frontera sur europea, España, impide a base de sofisticadas púas, llamadas concertinas, el paso de nuestros vecinos del sur.

    trancar a porta queimar a foto
    da chave.
    eletrificar o mediterrâneo dizer
    que é uma nova modalidade de pesca.
    lembrar que o arame farpado
    foi primero inventado
    para controlar o gado.

  • El género lírico y el cerebro humano

    El género lírico y el cerebro humano

    En el artículo anterior, “La lírica y el concepto de género”, se mencionó que los diez rasgos fundamentales de la lírica de Kurt Spang (2011) podían sintetizarse en tres: la expresión de emociones, la atemporalidad y la proyección social del individuo a la colectividad.

    No cabe duda de que la lírica es, por excelencia, el género de las emociones. Ya se conocen los motivos que lo ciñen a tal carácter expresivo del lenguaje, con las características de Spang: brevedad, instantánea, etc. A lo largo de este artículo vamos a razonar por qué las emociones y lo instantáneo, o relativamente breve, es propiamente lírico, adscrito a tal género, sin posibilidad de ser narrado.

    Aguiar e Silva (1981) habla del carácter estático de la lírica, ajena al fluir temporal e inmovilizada sobre una idea, una emoción o una sensación, frente al carácter dinámico de la narrativa y la dramática, que hacen actuar a los personajes y fluir a los acontecimientos a lo largo de un proceso temporal. Ésta es una dicotomía fundamental y de la que no se ha sacado mucho jugo, porque realmente daría para unos cuantos artículos interdisciplinares, al entrar en contacto la teoría literaria con filosofía y psicología.

    Se ha hecho ya conocido el término narratividad del filósofo Byung-Chul Han (2013), que defiende como actitud inherentemente humana en todos los actos vitales, en oposición a las tendencias actuales de adición, de inmediatez, de consumo, que nos hacen desembocar en depresiones y otros problemas, tanto individuales como sociales. Esta falta de narratividad provoca una falta de distancia con las cosas, incluso consigo mismo (de ahí que diga “la depresión es una enfermedad narcisista”) y, como apología de lo procesual y ritual, establece también metáforas conceptuales con la teatralidad o dramatización, ya que tampoco es algo que pueda acelerarse. Así, en un complejo ensayo que mejor no resumir aquí, explica (2013: 75):

    La caverna de Platón es un mundo narrativo. Las cosas no se encadenan allí casualmente. Más bien siguen una dramaturgia o escenografía, que enlaza entre sí las cosas o los signos de un modo narrativo. La luz de la verdad despoja al mundo de su carácter narrativo. El sol aniquila la apariencia. El juego de la mímesis y metamorfosis cede al trabajo en la verdad. Platón condena todo asomo de transformación y niega incluso al poeta la entrada en su ciudad de la verdad […].

    Lo que está diciendo aquí, o en toda esa parte de su libro, a modo de arriesgada síntesis, es cómo funciona nuestro cerebro. Nuestra mente no conoce la realidad, sino una escenografía interna de ésta, es decir, un teatro. O lo que sería lo mismo, un baile de sombras en las paredes de una caverna. Pero además, todo lo que se puede entender en nuestra mente está concatenado, enlazado, está hecho a modo de narración. No podemos comprender algo, o nos cuesta mucho, si no viene en forma de narración, si no es distendido en el tiempo de manera procesual. De ahí que todas las manifestaciones de conocimiento en la antigüedad fueran mitos, leyendas, historias… Porque no se puede entender nada, sobre todo si se quieren mostrar conceptos difíciles, si lo que sea no viene “envuelto” en una historia. Un sabio antiguamente era alguien “que contaba historias”. Y, en la Edad Media, los que se sabían o componían romances.

    Ahora bien, esto no es toda nuestra mente, y aquí entra la otra disciplina, la psicología. Hay una tendencia contraria a la apología de la narratividad de Byung-Chul Han y toda su escuela, cuya cabeza más visible suele ser Galen Strawford con su artículo Against narrativity (2008). Como se sabe en neurociencia, hay otra parte de nuestro cerebro, que suele ser el hemisferio derecho, que no entiende de narratividad ni temporalidad, sino que se abstrae a toda concatenación de información y funciona a través de emociones. No es nada desdeñable porque es la mitad de nosotros.

    ¿Qué tiene que ver todo esto con la literatura y los géneros? Viene a colación la observación del carácter estático de la lírica de Aguiar e Silva (1981). Una obra perteneciente puramente al género lírico no narraría nada, sino que estaría completamente enfocada a nuestro hemisferio emocional, no narrativo, ajeno a la interpretación procesual de hechos y razones. La lírica, lo estático y lo emocional son facetas de una misma cosa.

    Por supuesto, no puede existir una parte sin la otra, porque se complementan constantemente, a modo de “yin-yang”. Una obra literaria mayoritariamente elaborada por el hemisferio izquierdo, racional, narrativo, va a dar lugar a un género narrativo. Una obra realizada en su mayoría a través de la expresión del hemisferio derecho, estático, emotivo, pertenecerá a un género lírico. Pero siempre se entremezclan.

    Así, tenemos géneros históricamente consolidados que están adscritos a lo emotivo, o bien a una reflexión estática que no puede “relatar” nada, como el soneto, mientras que otros van siempre encaminados a contar una historia, como el romance. Aunque existan romances líricos, minoritarios, y que suelen relatar siempre “algo”.

    El género lírico menos narrativo de todos, bajo este criterio de lo procesual, es el haiku. Lo no narrativo, al ser atemporal, tiene algo de eterno. Lo que intenta transmitir un verdadero haiku es una percepción de la realidad que se abstrae de la temporalidad que, dicho sea de paso, es algo muy característico de Occidente: correr contra el tiempo. En Oriente, por el contrario, se busca una conclusión atemporal a través de la quietud contemplativa (Han, 2014: 63).

    La particularidad no narrativa de la lírica se acentúa con su figura retórica más poderosa, el símbolo. El hecho de percibir un símbolo conlleva para el receptor saltarse toda una serie de concatenaciones y relaciones de información plenamente administradas por la razón, por el hemisferio izquierdo. El símbolo tiene siempre algo de intuitivo: saber algo sin saber muy bien por qué. Es una asociación que va por un atajo, que “se salta” el camino de la razón a través de la emoción. Como dice un amigo del autor de este artículo, para cierta forma de conocimiento, “los poetas llegan antes”. Dice mucho al respecto esta cita de León Felipe (1975: 214):

    Además, los poetas sabemos muy poco. Somos muy malos estudiantes, no somos inteligentes, somos holgazanes, nos gusta mucho dormir y creemos que hay un atajo escondido para llegar al saber.

    Dice en la misma página: “Entonces abrimos un gran boquete en la pared y nos escapamos a buscar la luz desnudos […]”, lo que alude a saltarse lo procesual del entendimiento con la razón a través de emociones o intuiciones de índole atemporal.

    Estas construcciones simbólicas propias del género lírico, que eluden el lenguaje directo a favor del alusivo, tienen por característico el cultivo de la imagen. Esto es otro hecho revelador en cuanto a la relación con la psicología, dado que el hemisferio izquierdo, el racional y el narrativo, es en el que se halla el área concerniente al lenguaje, el área de Broca y Wernicke. El hemisferio derecho “no sabe hablar”, sino que funciona a través de imágenes. Todo esto es muy general, ya que hay interacciones constantes, e incluso concretado en el cerebro masculino, porque el femenino tiene entremezcladas las funciones de ambos hemisferios. Lo hay que resaltar es que las imágenes afectan o se enmarcan en el mundo de las emociones, al conllevar muchas veces asociaciones simbólicas.

    La siguiente nota de la lírica es una paradoja. Dice la escuela formalista de Jakobson, que establece relaciones entre elementos de la comunicación y las funciones del lenguaje, que en el género lírico se manifiesta la primera persona y por lo tanto se cumple la función expresiva, frente al género épico o narrativo en el que se cumple la función representativa, mientras que en el dramático, la segunda persona y la función apelativa.

    No cabe duda de que la lírica suele ser el género del “yo”, de la primera persona. Ahora bien, hay otra característica distintiva de los hemisferios cerebrales no mencionada hasta ahora: el hemisferio izquierdo, el racional, es el que tiene consciencia de sí mismo, el que es consciente de la individualidad. Es el responsable de que nos reconozcamos a nosotros mismos como individuos y en el que se fundamenta el ego. Por el contrario, el derecho, el emocional, no sabe de individualidad, sino de colectividad. Su concepto de identidad no viene dada por una mirada a sí mismo como sujeto, sino por una visión más amplia a todo lo compartido con la colectividad.

    Dicho esto, se podría pensar que la poesía cuyo emisor sea el yo lírico parte del hemisferio racional con consciencia de sí mismo. En parte es así, pero nos equivocaríamos. El yo lírico no es mayoritariamente racional, sino emocional. ¿Qué significa esto? Que es un yo que nos está representando a todos. Lo único que necesita el hemisferio derecho del izquierdo a la hora de expresarse emocionalmente es el lenguaje, capacidad unívoca del izquierdo, donde está el área de Broca. Pero los símbolos y las imágenes son suyos.

    Por eso se relacionan el símbolo, la colectividad y el hemisferio derecho: en otro trabajo (Madrid Cobos, 2015) expuse que la figura retórica del símbolo parte del inconsciente y, como sostenía Carl G. Jung, “el inconsciente, de por sí, es colectivo”. Las alusiones que nos suscita un símbolo tienen siempre que ver con conceptos atemporales cuya representación mediante realidades externas resultaba inteligible para toda la comunidad. Por eso, Juan Victorio (2001: 9), que por cierto nunca había leído a Jung, hablaba de “todo aquello que permitía al individuo reconocerse positivamente en su colectividad”. El hemisferio izquierdo y el derecho se necesitan mutuamente para que nos reconozcamos en nuestra totalidad, pues ni somos individuos aislados, ni somos una entidad colectiva. Así expresa la ausencia del hemisferio racional Michael Ende (1985: 368) en La historia interminable, capítulo XXIII, mediante los yskálnari, que no conocían la palabra “yo”:

    […] observó que los yskálnari no lograban su solidaridad armonizando formas de imaginar totalmente distintas, sino porque se parecían tanto entre sí que no les costaba ningún esfuerzo sentirse una comunidad. Al contrario, no tenían la posibilidad de discutir o de no estar de acuerdo entre sí, porque ninguno de ellos se sentía un individuo. No tenían que vencer ninguna oposición para encontrar la armonía y precisamente esa facilidad le pareció a Bastián, poco a poco, insatisfactoria.

    De modo que la poesía lírica es la voz de todos con el apoyo racional del lenguaje de uno solo. De ahí que la llamada corriente poética de la “poesía social”, a la que se adscriben Blas de Otero, Gabriel Celaya y otros, tuviera como emisor al yo lírico en muchas ocasiones. Pero es casi un rasgo definitorio de la lírica que el lector o receptor pueda sentirse o identificarse con el emisor a través de esas emociones o sensaciones plasmadas con lenguaje. El género lírico es, por antonomasia, el lenguaje de la colectividad. El propio Neruda, por esta razón, dijo en 1963, en la Explicación previa de Los versos del capitán: “[…] pienso que todos los libros debieran ser anónimos”. Por eso a Miguel Hernández se le considera poeta del pueblo.

    La poesía lírica, o cualquier obra del género lírico, que no logre 1) conmover, transmitir emociones; 2) encerrar en ella toda la eternidad, ser atemporal y 3) transcender la individualidad para abarcar la colectividad no es lírica ni es nada. Será una composición verbal más o menos ingeniosa, pero no está cumpliendo las funciones del lenguaje que se le atribuyen, la expresiva y la poética, con las inherentes impresiones en el receptor originadas por las tres características que se acaban de enumerar.

    El poeta lírico que no lo logre, como sucede mucho actualmente, los tres rasgos en sus obras, probablemente no esté controlando las dos mitades de sí mismo. El secreto es la complementariedad de ambas. Como decía Rubén Darío en Prosas profanas, en “Palabras de la satiresa” (1899): “ser en la flauta Pan, como Apolo en la lira”.

    Bibliografía

    ENDE, MICHAEL (1985). La historia interminable. Madrid, Alfaguara.

    FELIPE, LEÓN (1975). Obra poética escogida. Madrid, Espasa-Calpe.

    HAN, BYUNG-CHUL (2012).  La sociedad del cansancio. Barcelona, Herder.

    — (2013). La sociedad de la transparencia. Barcelona, Herder.

    — (2014). La agonía del Eros. Barcelona, Herder.

    MADRID COBOS, EDUARDO (2015). La naturaleza como símbolo en la poesía de la Edad Media y Siglos de Oro. Trabajo de fin del Máster de Formación e Investigación literaria y teatral en el contexto europeo. Madrid, UNED.

    SPANG, KURT (2011). Géneros literarios. Madrid, Síntesis.

    STRAWFORD, GALEN (2008).“Against narrativity”, in Real Materialism and Other Essays. Oxford, Clarendon Press.

    VICTORIO, JUAN (2001). El amor y su expresión poética en la lírica tradicional. Madrid, Ediciones La Discreta.

  • 13 preguntas y un poeta, Carlos Asensio: «El camino de cada poeta o escritor es único y personal»

    13 preguntas y un poeta, Carlos Asensio: «El camino de cada poeta o escritor es único y personal»

    Carlos Asensio (Mallorca, 1986) pasó de considerarse un artista total frustrado a un artista total “en construcción”. Aquello le convenció de que todavía tenía la oportunidad de conseguir todo lo que se propusiera.

    Licenciado en sociología y ciencias políticas al que la vida le ha llevado por otros caminos como el marketing, la literatura y el mundo editorial, Asensio es un escritor principalmente de poesía si bien también escribe relato, teatro, ensayo y novela y reparte su tiempo entre diversos proyectos: un libro de relatos ilustrado, una colaboración en un fanzine, su nuevo poemario, y terminar la novela en la que lleva trabajando desde 2010.

    Ahora, vamos a conocer un poco más íntimamente al Asensio poeta a través de esta entrevista.

    ¿Podría usted contarnos un poco de su vida y actividad literaria?

    Me llamo Carlos Asensio, trabajo en el mundo editorial y soy escritor, principalmente de poesía. Llevo más de 15 años escribiendo, pero desde hace un par de años lo hago de una forma más “profesional”. Mi primer libro de poesía, Dejar de ser, va a ser publicado y presentado el 15 de diciembre y un par de proyectos más vienen detrás en 2018; proyectos que aúnan poesía, relato e ilustración. Me gusta definirme como artista total en construcción y obseso de la belleza.

    «Dejar de ser», Carlos Asensio (Chiado, 2017)

    ¿Cuáles fueron sus primeras lecturas poéticas y qué autores le influyeron?

    Recuerdo que los primeros libros de poesía que leí durante mi adolescencia en Mallorca fueron los de Antonio Machado, Pablo Neruda o Lorca (en castellano), y los de otros poetas como Miquel Martí i Pol o Joan Alcover (en catalán). Poco a poco, se abrió la puerta y entraron los grandes poetas franceses (Baudelaire, Rimbaud, Verlaine) y los norteamericanos (Emily Dickinson, Walt Whitman). De esa primera mezcla nació mi primera poesía; poesía que ha evolucionado con el tiempo gracias a la continua lectura de otros poetas tanto del pasado (Alejandra Pizarnik o Miguel Hernández), como contemporáneos (Yolanda Castaño o Luis Artigue).

    ¿Cómo definiría a su poesía?

    Creo que es una poesía muy simbolista, con un aire más bien melancólico, poco optimista. Siempre escribo en prosa, sin rima, sin forma, sin métrica… básicamente porque nunca me ha encajado el verso para expresar todo lo que sobreviene cuando escribo. Pero sería más útil que la definiera alguien más objetivo que yo, desde luego.

    ¿Cree que el poeta “evoluciona” en su escritura? ¿Cómo ha cambiado su lenguaje poético a lo largo de los años? 

    Creo firmemente en ello. De hecho, antes de intentar publicar Dejar de ser me lo pensé mucho, porque es un texto que comencé a escribir hace 4 años y que lleva un año más que terminado y mi estilo ha variado –no sé si evolucionado– desde entonces. Diría incluso que me cuesta sentirme al cien por cien identificado con él ahora mismo; forma parte de un “yo” anterior.

    Un poeta sigue leyendo, aprendiendo, experimentando, formándose durante toda su vida por lo que es imposible que su estilo se mantenga estático. Incluso diría que es deseable que esto ocurra. En diferentes épocas vitales leemos a determinados poetas o escritores, e indudablemente, estos y más tarde otros dejan una impronta en nosotros. También vamos sintiéndonos más cómodos con el lenguaje, nos conocemos más a nosotros mismos y finalmente encontramos nuestra “voz literaria”.

    ¿Cómo siente que un poema está terminado y cómo lo corrige?

    La creación poética es un proceso complicado, donde influye tanto la inspiración como el trabajo continuo. Hay veces en que los poemas surgen a modo de revelación, de súbito, y se escriben casi solos. Hay otras en que sólo hay una idea, que se trabaja de forma incesante hasta que se convierte en algo enseñable. Hay veces en que se releen y se reescriben versos hasta el hartazgo. Y hay algunas en que ya habías creído terminar con un texto y éste no soporta una relectura meses o semanas después. Siempre digo que un texto “bueno” es el que aguanta con cierta dignidad el paso del tiempo.

    ¿Cuál es el fin que le gustaría lograr con su poética?

    El fin de escribir poesía, imagino que casi para todos los poetas, es expresarse. Quizá haya quien escriba pensando en la notoriedad, el reconocimiento o –más extraño aún– el dinero, pero creo que no suele ser así. En mi caso, es una cosa que, primero, hago para mí (para soltar lastres, exorcizar culpas, expresar sentimientos) y, segundo, para el resto. Me gusta la expresión a través del arte, y también me gusta la idea de que alguien sea capaz de leer un texto escrito por mí y sienta algo, le remueva, le genere algún tipo de sensación. Como si “le levantaran la tapa de los sesos”, que diría Emily Dickinson.

    Huracán (fragmento)

    A pesar de que yo siempre preferí jugar a la improvisación, a tirarme al vacío sin mirar lo que podía haber allí abajo.

    Y ahora lo entiendo todo:

    Tú eres el huracán que amenaza con destrozar mi confortable hogar con su pasión y su renovado ímpetu, y yo soy el necio que no se     pone a resguardo cuando te ve acercarte.

    ¿Qué lugar ocupa, para un poeta como usted, las lecturas en vivo?

    Ahora mismo ocupa un lugar muy minoritario, es algo que apenas he hecho. Me gusta mucho la relación con la gente, y trabajando en el mundo editorial he aprendido que el contacto directo con los lectores es algo útil, necesario y enriquecedor, pero personalmente me da algo de apuro. Una cosa es escribir algo, lanzarlo al mundo y esperar una respuesta desde la comodidad de mi casa… y otra muy diferente exponer de cuerpo presente ante los demás algo tan personal y visceral como la propia poesía ante una horda de ojos escrutadores. Pero estamos trabajando en ello.

    ¿Qué opina de las nuevas formas de difusión de la palabra, ya sea en páginas de Internet, foros literarios cibernéticos, revistas virtuales, blogs etc?

    Me parece algo genial. Cualquier forma, medio o herramienta que ayude a difundir el arte y la cultura, forzosamente tiene que parecernos bien. Nada resta en realidad, y todo tiene su público. Creo que internet y otros medios han ayudado mucho a dar a conocer a poetas y escritores que de otra forma no habrían tenido ningún tipo de reconocimiento. Ya no podemos confiar en un canon literario universal, ni en que el mundo editorial, que al final también es un negocio, se mueva exclusivamente por razones de calidad literaria. Es cierto que, como en todo, esta “democratización” de las comunicaciones ha dado lugar a modas y a la aparición de cosas de muy mala calidad, pero no lo veo como algo necesariamente negativo.

    ¿Podría recomendarnos un poema de otro autor que le haya gustado mucho?

    Por supuesto. Uno de mis descubrimientos este año ha sido Meridianos de tierra de Hasier Larretxea (Harpo libros), del que os dejo por aquí uno de mis poemas preferidos:

    Escribir es habitar los silencios. Escribir para dar forma a la historia interminable del pasado y sus fronteras sin cicatrizar. Escribir para esclarecer los nudos, liberar alambradas. Soltar a los gorriones. Escribir es caminar descalzos sobre la tierra y su bendición de rocío. Escribir para recoger con el rastrillo la hierba que cortaron a tiempo. Volver a aprender a saborear las cerezas recién recogidas. La textura de la lechuga, la pulga del tomate que brilla ante el cuchillo recién afilado. Escribir como si fuéramos a limpiar las tripas del cerdo que mataron para alimentar durante el invierno a toda una familia. Escribir es otra manera de alargar el vacío. El tirachinas con el que aprendieron a lanzar piedras en terrenos vedados.

    ¿Qué libro está leyendo en la actualidad?

    Estoy leyendo varios. Siempre leo varios géneros a la vez, así voy cambiando en función del momento del día y del ánimo. Ahora estoy leyendo Preciosa sangre, los diarios íntimos de la poeta chilena Teresa Wilms Montt editados por La señora Dalloway, el poemario Ciclo austral, de José Vicente Sala (Visor) y Sexismo cotidiano, un ensayo feminista de Laura Bates editado por Capitán Swing.

    ¿Qué consejos le daría a un joven escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Es difícil dar consejos, porque creo que el camino de cada poeta o escritor es único y personal, pero creo que hay un consejo básico, universal e imprescindible: leer y escribir sin descanso. Cuando digo leer me refiero a leer libros de todos los géneros, de todos los estilos y de todas las temáticas. Poesía, relato, ensayo, novela. Ciencia ficción, historia, sociología, biografías, arte. Y luego escribir, escribir y escribir un poco más. Hasta que te encuentres a ti mismo.

    Napoleón (fragmento)

    Uno siempre debe decidir entre luchar y rendirse, entre sucumbir o vencer. Pero el que piensa, el que escribe, el que aguarda, no quiere conocer el fracaso.

    ¿Cómo ve usted actualmente la industria editorial?

    Es bastante complicado responder a esta pregunta, incluso trabajando dentro de la industria. Creo que, como he respondido en otras ocasiones a preguntas similares, hay muchos indicios de que la cultura, y con ella toda la estructura de negocio que la rodea, agoniza. Cualitativamente, cada vez siento más que los objetos editoriales son más un producto creado para la venta masiva –como cualquier otro producto–, que bienes culturales y artísticos en sí mismos. Y esto es una pena. Por otro lado, en términos cuantitativos, parece que hay algunas razones para el optimismo: cada año se publican más libros y de momento no hay una tendencia clara de descenso en las ventas, lo cual es positivo. También se publica y se vende (y lee) más en digital. En general, creo que estamos en una época de transformación y adaptaciones, y cómo lo hagamos será clave para el futuro del sector.

    ¿Cuál es la pregunta que le gustaría que le hubiera hecho y no se la he hecho?

    Pues… me apasionan todas las preguntas sobre la interrelación entre las diferentes artes: la poesía y la música, la narrativa y la ilustración, la fotografía y la danza… Creo que todo el mundo que se dedica a una de ellas, en el fondo también destaca en alguna de las otras. Y la libertad de experimentación es siempre la clave de los mejores descubrimientos.

    Una vez hemos conocido un poco más la persona de Carlos Asensio, vamos a verlo recitar uno de sus poemas.

    Y a vosotros, lectores, esperamos que hayáis disfrutado la entrevista y gracias por haber llegado hasta aquí.


    ÚLTIMA HORA: Carlos Asensio presentará Dejar de ser el viernes 15 de diciembre a las 19h en La Escalera de Jacob (c/ Lavapiés, 9, Madrid). Para inscribirse a la presentación, aquí os dejamos el enlace: http://www.laescaleradejacob.es/evento/633/presentacion-del-poemario-dejar-de-ser