Categoría: Entrevistas

  • Alba Quintas: «Necesitamos el drama y más en el teatro. «

    Alba Quintas: «Necesitamos el drama y más en el teatro. «

    Alba Quintas, madrileña nacida en 1994.  En el año 2012 resultó ganadora del VII premio Jordi Sierra i Fabra para escritores jóvenes con la novela Al otro lado de la pantalla. Es colaboradora en diferentes publicaciones digitales. Trabaja estrechamente vinculada al teatro. Tiene varios libros publicados siendo el más reciente la novela La venganza de Ariadna.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    Nunca sé qué responde a esto. Creo que toda la vida, tengo relatos de cuando iba a primaria guardados. Para mí, los procesos de empezar a leer y a escribir fueron de la mano. Sé que mi primera novela larga la acabé con trece años, y con catorce, ya le estaba mandando manuscritos al pobre Jordi (Sierra y Fabra) en su concurso.

    ¿Cuánto tiempo tardaste en publicar tu primer libro? ¿Qué fue lo que más te costó?

    Fue precisamente gracias al premio que mencionaba antes, el Jordi Sierra i Fabra para jóvenes escritores. Yo tenía 17 años cuando lo gane, y entre los premios, el grupo editorial SM te publicaba la novela. Me presenté varios años seguidos hasta que al final lo conseguí; Jordi siempre dice que soy una de las personas más cabezotas que conoce.

    Creo que lo que más me costó vino después. Asimilar que no está todo hecho porque acabas de empezar y probablemente no hayas conseguido gran cosa si a partir de ahora quieres labrarte una carrera como escritora. Has abierto una pequeña rendija de la puerta al publicar por primera vez, pero tienes que dar un empujón. Por otra parte, te queda el nervio de que si has empezado tan joven, te vas a quemar muy pronto. Para alguien como yo, que quiere dedicar su vida a esto, es complicado lo de comenzar a publicar tan joven, porque parece que tienes menos margen para desarrollarte a largo plazo. Tienes que tener unos parámetros y unos valores muy claros, y todavía sigo lidiando con ello.

    ¿Qué puedes contarnos de tu obra de teatro Celia en la revolución? ¿Cómo fue el proceso de creación de la misma?

    Estaba obsesionada con el hecho de que yo no fuera un obstáculo entre el espectador y Elena Fortún, la autora de la novela, así que me leí toda su obra publicada, la increíble biografía de Marisol Dorao y la correspondencia que mantuvieron Elena Fortún con Carme Laforet, la cual fue una de las lecturas más maravillosas que he hecho en mucho tiempo. Aparte de eso, me acerqué a muchos otros textos sobre la época, como los de chaves Nogales o Clara Campoamor. Cuando se me presenta un proyecto que me permita sumergirme en él de alguna manera y no ver fin al pozo de la documentación, me tiro a él sin pensarlo. Quizá de todo el material que he manejado en el texto aparece una mínima parte, pero eso no importa: era imprescindible (y más para alguien de mi edad) comprender cómo funcionaba aquella época, saber realmente qué movía a las personas entonces, entender cómo se sentía Elena Fortún.

    La novela es realmente compleja: tres años de guerra, cinco ciudades, un sinfín de personajes y escenas. La fórmula dramática te pide más concreción, al menos por la parte del proceso que a mí me corresponde, que es la de usar la palabra escrita. Pero al final había dos preguntas que siempre venían a mi mente: la primera, que es la que se plantea en la primera escena de la obra (¡prometo que no estoy destripando nada!) es: ¿por qué Celia deja España al final de la guerra?  la segunda: ¿Por qué Elena Fortún, a pesar de saber que nunca verá publicada esta novela, decide escribirla, y con su personaje más asentado? Sospecho que toda ficción que merece la pena nace de las preguntas adecuadas, no de las respuestas adecuadas, y desde luego cuando tuve estas, pude armar la versión de Celia en la revolución que creía que podía hacerle justicia a la novela.

    Alba Quintas

    ¿Tienes algún comentario sobre la organización del Festival Celsius?

    Honestamente, este año han hecho una heroicidad consiguiendo que se celebrara un festival de literatura en medio de una pandemia y con cero contagios. Fue una fecha muy importante para muchos autores este año, el único evento cultural en el que hemos podido participar y compartir un poco de tiempo con los lectores, aunque fuera a través de mascarillas y mamparas. Eso no importa, la literatura sigue siendo la misma. Yo siempre digo que el Celsius es como mi casa: me invitaron cuando yo era una autora novata y desconocida, y ahora siguen tratándome con todo el cariño del mundo. Además, su labor con la literatura de género en nuestro país es imprescindible.

    El actor Juan Diego Botto utiliza la frase “Queremos el pan y las rosas.” ¿Qué significa esta frase para ti en estos momentos?

    Es gracioso, porque es una expresión que nació en su momento en los movimientos sufragio femenino, y la verdad es que me hace mucha ilusión que un gran actor como Juan Digo Botto la rescate y la popularice. Para mí alude a la doble vertiente de mi vida como artista: necesito lo más real, la rutina, obviamente un sueldo para comer, etc. pero también las rosas, la belleza, el arte. No quiero dejar de estar presente en ninguno de las dos vertientes de nuestra vida, eso es el pan y las rosas.

    ¿Cuál es el rol del teatro en la sociedad del siglo XXI? ¿Es drama? ¿Es comedia?

    Necesitamos el drama y más en el teatro. Mi dramaturga favorita, Sarah Kane, defendía que haber que poner el infierno sobre el escenario para escapar de él en la vida real. Supongo que todos los dramaturgos tienen temas a los que vuelven una y otra vez compulsivamente. Mis textos suelen navegar entre estos: la reacción implícita entre la condición de mujer y la violencia; las emociones como territorio político, el progresivo acallamiento y pérdida de la conciencia social de la juventud. Todos dramas, porque soy una persona optimista, alguien que piensa que la sociedad puede mejorar a base de hacer las preguntas adecuadas.

    ¿Qué piensas de la censura a la película Lo que el viento se llevó, por parte de una plataforma streaming?

    Soy mucho más partidaria de contextualizar que de censurar categóricamente, la verdad. ¿Hay que hablar del racismo en Lo que el viento se llevó? Sin duda. ¿Hay que analizar la película desde una conciencia social que cada vez, por suerte, está creciendo más? Desde luego. Me parece mucho más interesante volver a estos clásicos, revisionarlos, aprender de ello, que censurarlos de forma definitiva. La censura es igual al silencio, y no se aprende nada del silencio, se aprende de las ideas y del debate. La película debería estar ahí para poder desarrollar opiniones al respecto, sin duda con unas etiquetas, descripción de su trama, etc. que no sea benevolente con su racismo. ¿Pero apartarla categóricamente y que no se vuelva a hablar de ello? ¿Esconderla? ¿No poder iniciar un debate en torno a su contenido? No, eso no lo defiendo.  

    ¿Qué estás leyendo en estos momentos?

    Ahora mismo estoy con una de las perlas del realismo en España, la Pepita Jiménez de Juan Valera. Es una novela preciosa en la que un joven seminarista se enamora perdidamente de la joven prometida de su tío, y por cartas habla de su dilema entre su devoción a Dios o rendirse a sus pasiones. En general estoy volviendo a muchas novelas clásicas que leí de adolescente y que algo miro con otros ojos. 

    ¿Tienes algún comentario que hacer sobre el lenguaje inclusivo? 

    Hay una parte de la población que se siente invisibilizada debido al lenguaje, y desde la RAE deberían escucharla. Creo que hay un problema en las instituciones en torno a nuestra lengua, van siempre muy por detrás de los cambios de la sociedad. Ya a nivel particular, hay cosas que me parecen muy necesarias, como el reconocimiento del género neutro para las personas no binarias y aceptar de una vez el femenino en algunas profesiones, no puede ser que piloto, canciller o soldado no tengan un femenino. Curiosamente siempre son profesiones en las que las mujeres han sufrido discriminación y techos de cristal, así que parece que aquí hablamos de algo más que de la lengua. Hay otras que están en el punto de mira, como el uso del masculino en el plural, que no me parecen tan relevantes.  

  • Azahara Alonso: «cuando escribo accedo al cumplimiento de un imperativo personal»

    Azahara Alonso, nacida en Oviedo (1988), reside actualmente en Madrid. Es licenciada en Filosofía y tiene un Máster en Escritura Creativa. Es autora de dos libros, Bajas presiones (Trea, 2016) y el más reciente Gestar un Tópico (Ril Editores, 2020). y escribe crítica literaria en diferentes medios.

    He leído que tu primer libro de poemas fue sobre aforismos. ¿Puedes explicar un poco el proceso de creación?

    Mi primer libro, Bajas presiones, es un conjunto de aforismos que no responde a la idea de colección, sino que sus textos fueron trabajados en una convivencia muy consciente que permite el desarrollo de algunas ideas propuestas. Suelo escribir en cuadernos y con total libertad. Si más tarde encuentro en ellos el germen de un libro, paso al ordenador, a un trabajo más cercano a la edición. Ha ocurrido algo similar con el proceso de escritura de Gestar un Tópico, a pesar incluso del cambio de género, ya que en este caso se trata de un poemario y no de un libro de aforismos.

    ¿Cuáles fueron tus principales lecturas en la vida?

    La lectura es la base de mi formación intelectual y sentimental, también de mi rutina y modo de diversión. Leo por placer desde muy pequeña y también leo por trabajo. Así que no doy ese proceso por finalizado. Las lecturas principales en mi vida son muy variadas y tienen que ver con la filosofía y con diferentes géneros literarios, tanto híbridos como lo más canónico dentro de la narrativa, el ensayo y la poesía. Por concretar un poco, aunque no se mantiene igual, en su momento me marcaron Émil Michel Cioran, Simone de Beauvoir, Thomas Bernhard, Julio Cortázar, Lodwing Wittgenstein, Wislawa Szymborska, Chantal Maillard y John Ashbery.

    ¿Cuál es tu principal motivación a la hora de escribir?

    Es una cuestión vocacional; cuando escribo accedo al cumplimiento de un imperativo personal y no tanto a la búsqueda de unos objetivos que me motiva alcanzar.

    Azahara Alonso

    ¿Qué opinas del futuro de la poesía?

    No tengo una opinión formada sobre esto, no he sentido la necesidad de pensar y repensar de qué modo la poesía seguirá acompañándonos. La elaboración de hipótesis requiere un tipo de energía del que carezco.

    ¿Qué autores recomiendas actuamente?

    Muchísimos/as. Por centrarlo en la poesía española y los/las autores/as que siguen publicando poemarios: Moritz Fritz, Mariano Peyrou, Marta López Vilar, Sarah Martín, Antonio Méndez Rubio, David Leo García, Sara Torres, Raúl Quinto, marta Agudo, Xaime Martínez, Gema Palacios, Jordi Doce, Julieta Valero, Fruela Fernández, Ángelo Néstore, María García Díaz, Martín López-Vega, Abraham Gragera, Pilar Martín Gila, Claudia González Caparrós, Ruth Llana, Pablo López Carballo…

    ¿Crees que el arte poético debe ser político y disruptivo?

    Me interesa todo poema que utilice el lenguaje como arma política sin caer en la necesidad de los temas que tradicionalmente entendemos como comprometidos. Creo que se puede ser absolutamente disruptivo a través de la forma, los esquemas se quiebran mejor sin una temática marcada. Me interesa el poema que se aleja de las convenciones comunicativas, para eso están otros géneros literarios y el periodismo.

    ¿Cómo crees que la poesía puede ayudar a la sociedad en general?

    Evitando caer en la trampa de justificar su utilidad, alejándose de ser un producto y ejerciendo de veras la función poética del lenguaje.

  • Natasha Sardzoska: «El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz.»

    Natasha Sardzoska: «El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz.»

    Natasha Sardzoska es poeta, escritora y traductora. Nacida en la República de Macedonia, tiene varios libros de poesía publicados como Habitación azul, Piel, Él me arrastro con un hilo invisible, Agua viva y Coxis. A su vez, ha publicado ensayos y cuentos en numerosas revistas.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    Desde niña, creo que casi desde siempre, desde que conozco mi soledad. Cuando tenía 14 años, escribí unos poemas para una revista de literatura infantil. Después, entre mis 17 y 20 años, escribía un poemario que se llamaba Habitación azul. En este período estaba leyendo mucho de los poetas del hermetismo italiano, así que los primeros versos de ese libro son densos de metáforas bastante duras y herméticas.

    Cuando era niña, algunos poetas me asustaban, no podía entender las metáforas cerradas, pero sentía que había algo de milagro detrás de las palabras. Me impresionaba leer una palabra que no decía nada y en un mismo tiempo decía todo. Me encantaba sentir y ver el vacío entre las palabras, por adentro de las palabras que me fascinaba, hipnotizaba, ese algo que no se dejaba entender ni explicar ni ver, pero que me hacía ver y comprender un mundo distinto…

    ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?

    Pues, como era estudiante de filología latina y estudiaba italiano y francés, los poetas italianos del hermetismo: Ungaretti, Sanguineti, Quasimodo, Montale, Saba, Luzi, y algunos del futurismo, y Pasolini, Pavese, Levi, Bertolucci: los poetas del surrealismo, del decadentismo y del simbolismo francés Rimbaud, Baudelaire, Apollinaire, Verlaine, Mallarmé, Valéry. Los grandes poetas hispanófonos: Lorca, Neruda, Machado, Paz, Juarroz, Benedetti, Sabines, Pacheo, Storni, Pizarnik. Muchos poetas también de Macedonia como Mateja Matevski y Aco Sopov. Me encantaba leer los escritores del existencialismo francés: Beauvoir, Camus, Sartre, y del realismo mágico sudamericano: Sabato, Cortázar, Borges, Llosa y, por supuesto, la literatura rusa: Dostoyevski, Tsvetaeva, Pushkin, Chekov, Achmatova, Pasternak, Mayakovsky.

    En el festival de poesía internacional de Struga, en mi país Macedonia, he tenido la posibilidad de leer varias antologías de la poesía contemporánea belga, luxemburguesa, catalana. Me acuerdo muy bien de unos poemas de la poeta luxemburguesa Anise Koltz y me quedaba abrumada, inundada, casi trastornada de leer sus poemas. En eses mismo festival, he tenido la gran oportunidad de encontrar, escuchar y leer poetas como Ted Hughes, Yves Bonnefoy, Eduardo Sanguineti, Seamos Heaney, Mahmoud Darwish, Adonis.

    Háblanos un poco de tu poesía.

    No es fácil, porque puede ser que me equivoque, pero lo voy a intentar. Mi poesía nace como un grito interior insostenible desde mi abismo, que quiere volver a ser lenguaje, mejor dicho, transformarse en lenguaje. Mi poesía camina por enlaces alusivos y lleva en un campo que casi no tiene más vínculos con la explicación lógica o contextual. Es decir, quiero dar al detalle un poder fulminante y en un mismo tiempo, reducir la ceremonia al mutismo. Por ejemplo, en mi nuevo poemario, Coxis, quise dar voz al fracaso y al dolor humano a través de los órganos humanos, quería que fuera el cuerpo mismo el que hablara, no el lenguaje, no la lengua, sino toda la sinfonía corporal.

    En el fondo, yo escribo para escaparme del misterio de la hoja blanca. QUiero encontrar por ahí dentro -en la hoja- voces, y de ahí, salir con nuevos significados.

    ¿Qué autores recomiendas leer en estos momentos?

    Todos hablaban en este período de leer a Saramago, con su Ensayo sobre la ceguera, o Boccaccio con su Decameron, o Camus, con La peste. Claro, sabemos bien que la literatura tiene algo providencial, y hay que leer a estos genios de la literatura.

    Pero yo no quiero añadir, como decimos en mi idioma macedonio, aceite al fuego. Es decir, no quiero añadir desesperación, no quiero estar sin salida, necesito sobrevivir al caos, necesito leer a alguien que pueda transportarme más allá de esa obscuridad. No quiero leer lo que ya veo, lo que ya vivo y me oprime. Quiero leer algo lejos de la realidad, algo que nunca se puede esperar o imaginar.

    Me gustaría recomendar siempre poetas porque sencillamente la poesía puede llevarte más allá, traer algo de irracional, de imposible, de milagro, en estos momentos de anomia y de distopía. Porque quizás, sólo en la poesía ahora es todavía posible sonar y crear.

    Desde mi experiencia actual, diría: Salvador Espriu, Joan Margarit, OCctavio Paz, Mario Benedetti, Joaquín Sabina, Margaret Atwwod, Agi Mishol, Paul Celan, Louise Glück, Amelia Rosselli, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela…

    Encontré unos poemas de Giorgio de Chirico y de Salvador Dalí: me encantaron.

    Leer el poeta místico Rumi también es siempre bueno, porque lleva luz.

    Siempre me hacen feliz Hélène Cixous, Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar.

    ¿Qué opinas del futuro de la poesía?

    Hablando desde este momento doloroso de crisis total mundial sanitaria y económica, yo creo que la poesía tendrá un largo camino para hacer adelante y para traer luz. Justamente porque ahora parece que todo es imposible, todo es tan paradoxal… la poesía puede alcanzar lo que está detrás del horizonte, la poesía puede aguantar esa fuerza irracional de dentro de cada uno y darle medidas y curas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar.

    El ser humano siempre va a necesitar de algo irracional para creer y para crear y seguir. El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz. Es así. Y porque, como decía Houellebecq, «no busquen la felicidad, ella no existe.»

    Pero, por supuesto, existe la poesía.

    Natasha Sardzoska

    ¿Qué consejos das a la hora de publicar un poemario?

    Mi consejo es de no publicar jamás un libro sólo porque uno cree que es un libro listo para publicar. Ahora escribir poesía parece una moda. Parece que cada uno lo pueda hacer sólo por partir la frase en líneas, se creen que son versos, o por contar su día trivial sin ningún símbolo ni mensaje trascendente. Eso es tan infantil…

    Por eso digo que la poesía no es nada infantil, jamás. La poesía, entonces, no se escribe para descargar la frustración o el dolor, la poesía no es diversión o alegría, no es nada terapéutico o alcanzable, es algo muy duro, pesado, peligroso, temerario, imposible para traducir en cualquier experiencia humana.

    No se puede publicar un poemario sólo porque todos los demás lo hacen, o sólo para contar con más libros publicados, o sólo para recibir ayuda del estado o un premio, o sólo para viajar a festivales. Es la peor trivialización que muchos hacen.

    Mejor escribe un poema para el desierto y déjaselo. Ofréceselo al desierto, pero no lo hagas por premios o satisfacciones mundiales.

    El poeta es celoso y obsesivo con sus palabras, y de repente puede ser que la falta distancia. Es siempre mejor dar el pomeario para que lo lea otro poeta. Descansar, Respirar. Tomar distancia. Darle tiempo y espacio para que el poemario se escriba por sí mismo con su voz propia, que realmente la tiene.

    Siempre cuando se escribe en caliente, desde el dolor recalentado, la poesía sale muy brutal. El dolor necesita tiempo de fermentación y de elaboración. Un poema a veces se escribe por sí mismo, solo, en silencio.

    ¿La pandemia cambiará el concepto de la poesía en la actualidad?

    Lo está cambiando ya. Hemos parado de leer poetas en la habitación con la luz del cielo en la noche en silencio. Ahora estamos asistiendo al espectáculo mundial virtual de la poesía: Zoom, Skype, YouTube… son los nuevos medios de los poetas para hoy. La poesía ahora se escucha y se ve, como si hubiera dejado de leerse.

    Me preguntarás si es algo bueno… quizás, pero la verdad es que no lo sé. Es lo que es y ya está. Por un lado, podemos escuchar y ver, o sea, leer a través de un medio virtual a poetas que nunca antes hemos encontrado o jamás podríamos ver y acercarnos a varios lugares del mundo, pero por otro lado, me molesta esta digitalización de la poesía, como si ella fuera arte de consumo arbitrario de las masas. No me gusta cuando al poeta, y en general al artista, se le impone el medio y el contenido de su arte.

    Yo vivo esa transformación como un regreso, no como una revolución. Hasta como una violencia y revancha de la tecnología en contra de la humanidad, de nuestro arte tan sencillo, tan tangible, tan íntimo como es la poesía.

    Estar en frente de mi computadora y entre varias pantallas de mi cuenta bancaria, de mi Gmail, de mis ensayos o textos para traducir, entre el noticiario, Facebook, ver la cara y escuchar la voz de, qué sé yo, un gran poeta como XX, es algo bastante trivial. De algún modo,eso sobrepasa, agobia, abruma la poesía.

    Pero estoy convencida que la poesía siempre estuvo y siempre será un arte solitario, mudo e inmóvil: o sea, pensar que desde mi cuarto yo puedo con mi papel blanco y mi pluma, llegar a cada lado del mundo y cambiar algo dentro de alguien es algo que me da siempre fuerza y fe para seguir escribiendo poemas.

    En realidad, siempre en estado de guerra o de emergencia o de profunda crisis, el ser humano ha leído poesía. Eso es natural y saludable. Porque la poesía es un transporte; con su caja preciosa de símbolos, la poesía ofrece salvación y salida a cada crisis, aunque ella muchas veces no trata temas útiles para la sociedad (por ejemplo, la muerte, la patria, lo irreversible, el cuerpo, el eros, la confesión).

    Zagajewski una vez dijo que el poeta no puede escribir sólo por y para sí mismo, sino para el mundo. Hay que nombrar ese mundo, ser «homónimo de la luz y sinónimo del viento» (Adonis). El poder de la poesía es justamente ese, como decía Octavio Paz, o sea recordarnos e la utilidad de las cosas inútiles.

  • Kevin Castro: Como artista, tu única obligación es con el arte.

    Kevin Castro nació en Lima, en el año 1993. Con sólo 20 años ya publicó su primer poemario, Los tiempos Jurásicos (C.A.C.A. Editores, Perú, 2013), y unos años después salió a la luz su segundo libro, Norcorea (Poesía Sub25, 2017. En España publicado en 2018 por la editorial Liliputienses). A su vez, es editor de la revista Mutantres y de la Editorial C.A.C.A.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    A los trece o catorce.

    ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?

    De muy pequeño mis padres me compraron un libro de esos típicos libros para niños, con imágenes para «descubrir» el mundo. Recuerdo que había una imagen de una playa con cangrejos y un buzo. También había una imagen de una fábrica de donas. Mi reino por un ejemplar de ese libro.

    ¿En qué te inspiras para escribir un poema?

    Lo último que escribí fue un poema de amor. Antes de eso, escribí un poemario llamado «Freestyle», que espero publicar en los siguientes meses. Fue muy distinto escribir ambas cosas. Freestyle fue como un descubrimiento de mí mismo a partir de experiencias psicológicas que espero no tener que repetir nunca más en mi vida. En cuanto al poema de amor era un era un poema/carta de amor para una chica, pero también era un poema/carta de a mor o como de despedida de aquello de escribir poemas que es algo que se supone no volveré a hacer en mucho tiempo.

    ¿Cómo crees que será la poesía dentro de dos décadas?

    Espero de corazón que sea brillante. Pero es básicamente eso, algo que «espero», no sé si si dé finalmente. Nadie puede saberlo.

    El poeta Kevin Castro

    ¿Qué puedes decir del estado actual de la poesía peruana?

    Es interesante lo que ha venido sucediendo en la última década, creo que hay un buen panorama con respecto a lo que vendrá. Espero que así sea.

    ¿Cuál es tu opinión sobre la disrupción de las tecnologías 2.0 en la creación de nuevas propuestas poéticas.

    Todo puede sumar o restar, depende del talento y la sensibilidad del artista siempre.

    ¿En qué otros géneros te sientes cómodo a la hora de escribir?

    Hace poco terminé de escribir una obra de teatro y retomé la escritura de una novela que tenía abandonada y que espero terminar de escribir a fin de año. Me encanta escribir narrativa, también he estado aprendiendo sobre escribir guión de cine y TV, me interesa mucho lo que se puede hacer a nivel audiovisual.

    ¿Qué es para ti la poesía?

    Es como debería llamarse toda la literatura. La buena, claro.

    ¿Crees que la poesía como arte tiene responsabilidad en los tiempos actuales?

    No. La poesía no tiene responsabilidad sobre nada, el artista como artista tampoco. Como ciudadano sí: hay que cumplir la ley y pagar tus impuestos antes del treinta de abril. Como novio, como cocinero o profesor de literatura, tienes responsabilidades. Pero como artista, tu única responsabilidad, tu única obligación es con el arte y nada más.

    Nota: el 8 de mayo nos hicimos eco de la publicación en España del poemario Norcorea por la editorial Liliputienses.