Entrevistas

  • Encuentro poético con … Ben Clark

    Encuentro poético con … Ben Clark

    Siempre hemos concebido Poémame como un lugar donde publicar y leer poesía, por supuesto, pero también como un lugar de encuentro, donde conocer a las personas que hay detrás de la poesía. Con este espacio queremos ir un paso más allá e invitar a Poémame a poetas consagrados, en una serie de encuentros en los que toda la comunidad pueda participar y conversar con ellos.

    El pasado 17 de febrero a las 22h (hora española), tuvimos el placer de intercambiar opiniones con el poeta Ben Clark, escritor español de origen británico y residente en Málaga. Clark ha recibido diversos premios literarios entre los que destacan el Premio Hiperión 2006 (ex aequo), el VII Premio Nacional de Poesía Joven Félix Grande, el IV Premio de Poesía Joven RNE por un libro escrito con el poeta salmantino Andrés Catalán, el Premio Ojo Crítico de Poesía de RNE 2014 y el XXX Premio internacional de Poesía Fundación Loewe 2017 por su libro La policía celeste. Ha sido becario de creación literaria en la Fundación Antonio Gala (2004-2005) y ha traducido, entre otros, la poesía de Anne Sexton, Stephen Dunn y Edward Thomas.

    Le planteamos nuestras preguntas con antelación a la fecha del encuentro, mediante comentarios a su mensaje de presentación. En la fecha y hora del encuentro, Ben Clark se conectó para responder a las preguntas planteadas e interactúamos con él.

    Aquí tenéis un resumen de lo que dio de sí el encuentro.

    1.- Crees que actualmente, quizás por la facilidad que aportan las redes sociales, llaman poesía a “cualquier cosa”. ¿Quién define hoy “qué es poesía”? Cuando podemos ver una “falso Haiku” con 300 likes (por ejemplo) O una sola idea, cortada quien sabe bajo qué criterio, en 5 líneas, y llamar a esas líneas “versos” ¿Consideras que el hecho de que al público le guste “lo vuelve poesía”?

    Es bastante probable que la mala poesía estuviera siempre presente. Los malos poetas (y las malas poetas) han existido siempre, afortunadamente. La mala poesía es necesaria, fundamental para mucha gente, para su vida diaria, y de la mala poesía, en ocasiones, nace la buena poesía. La diferencia -lo que ha ocurrido en los últimos años-, es que la poesía mala ha obtenido visibilidad y los malos poetas han perdido la vergüenza. Es un tema complejo, sin duda, pero las plataformas que existen ahora no existían antes y, quizá, lo único que han hecho estas plataformas ha sido visibilizar una poesía que, de otra manera, hubiera quedado escondida en un cajón o en una carpeta. No es del todo malo que salga a la luz, el problema, quizá, sea la falta de rigor que hay con los textos y la falta de rubor de sus autores y autoras.

    2.- ¿Crees que la poesía clásica, pautada, con métrica y rima definida (incluso a veces ritmo definido) se ha ido perdiendo? ¿Ahora la mayoría escribe versos libres? ¿Crees que terminará perdiéndose totalmente?

    Creo que existen muchas formas poéticas que conviven y creo que es muy positivo que convivan. No creo que se esté perdiendo nada y tampoco creo que una cosa sea mejor que la otra (es decir, que una poesía clásica, pautada y con métrica sea mejor). Sólo hay dos tipos de poema: un buen poema y un mal poema. El verdadero problema llegará cuando sea muy difícil encontrar buenos poemas.

    3.- ¿Buscar la idea o esperar a que la idea llegue? ¿O consideras ambas opciones válidas?

    Hay que buscar la idea, siempre. Si uno se queda esperando la idea, es mejor que esté cómodo y que tenga mucha paciencia.

    4.- ¿Cómo reconoces que lo escrito es un mal poema?

    Un mal poema es un poema que no dialoga con el lector, donde el lector no cabe, donde el poeta que ha escrito el poema lo dice todo y el poema no dice nada. Un poema donde el lector no puede entrar, donde el lector no tiene nada que decir ni que sentir.

    5.- ¿Crees que es importante la métrica y la rima en un poema o consideras más importante el ritmo?

    Creo que todas esas cuestiones pueden ser importantes y útiles para un poema. Hay que combinar muchos elementos, pero el ritmo es fundamental, claro.

    6.- ¿Crees que en un poema es necesario hacerse entender para que llegue a la gente o también es válido un lenguaje enrevesado?

    Creo que, en ocasiones, utilizamos expresiones como “lenguaje enrevesado” para intentar expresar que algo no se entiende. Que un poema se entienda o no tiene poco que ver con el lenguaje en sí y mucho que ver con las ganas del poeta de crear un diálogo con el lector, es decir, con las ganas que tenga el poeta de ser generoso con el lector, de dejarle al lector un espacio para que también pueda construir el poema. Hay poemas excelentes que se entienden y poemas excelentes que no se entienden. Lo que no hay, son poemas excelentes que no comuniquen.

    7.- ¿Hay algún poeta al que consideres un referente o que sientas que de alguna forma ha influenciado tu forma de escribir?

    Hay muchos referentes, claro. Tanto en castellano, como en inglés o catalán, y en traducción. Quizá podría decir que me interesa combinar la ironía inglesa (Larkin) con cierta tradición castellana contemporánea (Jaime Gil de Biedma, Claudio Rodríguez) y con la fuerza de algunos norteamerianos (Sexton, Stepthen Dunn…). Pero hay muchos más, claro.

    8.- ¿Escribes a diario? ¿Sigues algún ritual específico de trabajo?

    Pues intento escribir un poco cada día, aunque hay épocas en los que escribo más y otras en las que escribo menos. Pero trabajar, el poeta trabaja todos los días: se lee, se traduce, se piensa, se siente…
    Mi ritual, si es que hay alguno, consiste en buscar un lugar con silencio y en leer un poco antes de escribir. Intento leer poemas que conozco, que sé que me gustan, que sé que contienen elementos que me animan a escribir.

    9.- ¿Cómo ha cambiado tu lenguaje poético a lo largo de los años?

    Es difícil decir de qué manera va cambiando el lenguaje propio, pero es posible que cada vez esté menos interesado en el artificio poético y más interesado en la claridad.

    10.- ¿Cómo sientes que un poema está terminado y cómo lo corriges?

    Siento que un poema está terminado cuando siento que he terminado de dialogar con el poema, que ha terminado la conversación conmigo y que el poema tiene ganas de hablar con otras personas. Es el final de un romance. Lo corrijo centrándome en los elementos que han sido “dados” por la imaginación, intentando perseguir los elementos misteriosos del poema, las cosas que no conozco y que han aparecido, de pronto, en el poema.

    11.- ¿Podrías recomendarnos un poema de otro/a autor/a que te haya gustado mucho?

    Hay muchos autores y muchas autoras que me gustan mucho: pero lean a Martha Asunción Alonso, a Erika Martínez, a David Refoyo o a Maribel Andrés Llamero, a Luis Arturo Guichard… Hay muchos.

    12.- ¿Qué consejos le darías a un/a escritor/escritora que se inicia en este camino de la poesía?

    Que escriba mucho y que lea mucho y que sufra mucho. Pero, sobre todo, que disfrute mucho haciendo todas estas cosas.

    13.- Si tuvieses que escoger, con cuál de estos dos tipos de poesía te quedarías: con la poesía estéticamente perfecta y trabajada pero con un mensaje abierto o ambiguo para el lector, o con la poesía que utiliza un estilo sencillo o austero pero cuyo mensaje es claro y contundente?

    Es una pregunta que encierra muchas otras reflexiones sobre la poesía. Quizá no se trata de escoger entre estos dos tipos, si es que existen claramente estos dos tipos, creo que el “asunto” consiste en escoger entre un poema que funciona y uno que no funciona. Y eso no se puede escoger, claro, pues sólo hay una opción: el poema que funciona (pues lo otro no es un poema). Un poema que funciona tendrá dentro todos los elementos que menciona en su pregunta, y su éxito tiene que ver con su capacidad para comunicar, para convocar el pensamiento y la emoción que lleva dentro.

    14.- ¿Estableces algunas rutinas diarias en tu escritura? Si lo haces…¿ Cuáles son? ¿Crees que son necesarias? ¿Qué opinas de las plataformas digitales como Poémame y en general de la poesía en las redes sociales?

    Pues tengo pocas rutinas… Leer todos los días, claro, procuro pasar tiempo repasando mi biblioteca, también, pensando (me parece una forma de ‘abstraerme’ muy eficaz). Creo que son necesarias en el sentido de que funcionan, son rutinas que me ayudan. Cada uno tendrá sus rutinas, imagino.
    En cuanto a las plataformas digitales, pues creo que son estupendas y que la presencia de la poesía, sea buena o mala, eso me da igual, siempre es positiva.

    15.- ¿Qué opinas sobre la poesía que se dedica a escribir frases grandilocuentes y ponerlas en muchas líneas a modo de versos y sobre los “poetas influencers”?

    Mucha de la poesía, o llamada poesía que encontramos en plataformas como Instagram, realiza una operación que, desde el punto de vista poético, quizá podríamos considerar fraudulenta: estos poemas sustituyen una verdad por una obviedad. Eliminan la verdad (subjetiva, misteriosa, universal, con el que dialogamos) por una obviedad (objetiva, simple, concreta, con el que el lector no puede dialogar en absoluto). Es la diferencia entre “Desde que te conozco tengo en cuenta la muerte” (Juan Antonio González Iglesias) y “Familia es esa que cuando te abraza te hace sentir como si estuvieras en casa.” (Defreds).

    16.- ¿Consideras la escritura, una salvación o una condena? Dicho de otra manera, ¿veneno o antídoto ?

    Pues, quizá una salvación. Una condena no, desde luego. Es, quizá, un proceso hacia una suerte de salvación, o hacia la idea de la salvación, que quizá sea más importante que la salvación en sí. Es decir, antídoto, pero antídoto también del antídoto.

    17.- ¿Cuándo escribes intentas ser más racional que emocional o al contrario?

    Hay que combinar pensamiento y emoción y encapsularlos en un poema.

    18.- Cuando terminas un poema, ¿crees que es en ese momento cuando el poema vive, o piensas justamente lo contrario, y una vez que lo finalizas muere ?

    El poema vive con cada nueva lectura. Si no es así, algo no funciona en el poema (el poema estará, por lo tanto, muerto).

    19.- ¿Buscas tú el poema, o el poema te encuentra a ti? Quiero decir, te dices, voy a hacer un poema, y te pones a ello, o de repente algo te ilumina y te surge el poema?, ¿escribes en papel y luego pasas a pantalla, o escribes en pantalla directamente?

    Hay que buscar el poema, hay que estar atentos a la vida, a la realidad, a las ideas que hay detrás de la lectura, y así “atrapar” los poemas que encierran casi todas las cosas.
    Escribo normalmente con el ordenador, aunque a veces escribo con una pluma Kaweco Sport que me regalaron y que me encanta.

    20.- ¿Cómo crees que será la poesía cuando los adolescentes sean más adultos, entendiendo que ellos están viviendo un cambio de paradigma cultural?

    Opino que no están viviendo un cambio de paradigma cultural, creo que será igual que la poesía de antes y la de después, igual que la poesía de siempre. Creo que la poesía ha sido siempre igual: ha sido la construcción de la historia del corazón humano, el relato de la emoción de los pueblos. No hay más. Con hambre, con guerras, con tiranos, con paz, con felicidad y con honda tristeza, la poesía siempre ha hablado de lo mismo: de quiénes somos nosotros, los de entonces.

    21.- ¿Cómo te defines como poeta, más allá del aprendiz?, ¿te sientes influenciado por los clásicos y en tal caso por cuales; o si al contrario te sientes autónomo y en una búsqueda constante de perfeccionar el lenguaje poético?

    Creo que los poetas nunca son autónomos. Todos los que escribimos, por muy independientes que nos sintamos, todos y todas estamos dentro de un inmenso río que es la tradición poética (en nuestro idioma, pero también en todos los idiomas). Escribimos desde un lugar, desde unas lecturas… Y mi lugar, claro, es España con una fuerte influencia de la cultura británica y también mi educación en catalán en Ibiza. Lo importante, creo, es que un poeta sea un poeta de su tiempo, que se comprometa a pensar en lo que está pasando y sintiendo en ese momento.

    22.- ¿Qué poetas son tus referentes?

    En España: Jaime Gil de Biedma; en hispanoamérica (por mencionar uno solo, algo casi imposible), César Vallejo; en norteamerica: Anne Sexton; en Inglaterra: Philip Larkin. Pero todos estos nombres podrían cambiarse por otros, incluso por poetas vivos, claro, y seguiría siendo una lista de referentes indudables.

    23.- Cuando terminas de escribir un poema y sientes que le has transmitido toda la emoción que llevabas dentro… ¿sabes en ese preciso instante si el poema llegará al lector y conseguirá emocionar de la misma manera… o… aun siendo ya un poeta consagrado sigues manteniendo esa incógnita?

    Es complejo y resulta difícil responder. Quizá deba decir que sí, aunque no sea muy modesto por mi parte afirmarlo. Para matizar, y para no parecer tan arrogante y presumido, diré que no sé si el poema llegará a emocionar al lector hipotético, pero sí que sé si el poema “funciona” o no, sé si he construido un poema fallido o no, porque en eso consiste mi trabajo. Es como preguntarle a un relojero si sabe si el reloj que acaba de ensamblar dará la hora o no, bueno, él sabe que puede dar la hora, otra cosa será si la persona que mira la esfera sabe interpretar la hora o no.

    24.- ¿Cómo abordas la traducción? ¿Crees que el traductor deja una mayor impronta en la poesía, en comparación con otros géneros?

    A la hora de traducir, parto de una idea sencilla pero poderosa: la traducción es posible. Es decir, no hay que preguntarse si se puede traducir, hay que pensar cómo se puede traducir. Si algo parece imposible de traducir, es que todavía no se ha encontrado la manera. Indudablemente, los traductores y las traductoras de poesía deben reescribir el poema, y su tarea es preservar el mecanismo que da acceso a la combinación de pensamiento y emoción que encierra el poema. Y eso se puede hacer, incluso puede hacerse muy bien, en ocasiones, si hay suerte. En traducción, la suerte juega un papel muy importante, y es algo que, a veces, se nos olvida.

    ¿Qué quieres decir con ‘suerte’? Lo puedes aclarar un poco más. 

    Quiero decir que hay elementos que controla el azar, como la combinación de los dos idiomas, de su configuración lingüística, las competencias lingüísticas del traductor, si hace sol, si llueve…

    25.- Ahora mismo… ¿sientes ya lo que escribirás en tu próximo poema?

    Creo que es necesario sentir primero, y pensar después. Hay que escribir en frío. Creo que Federico García Lorca recomendaba algo parecido y la idea no es, desde luego, novedosa: es necesario procesar la emoción desde la razón, para luego construir una herramienta (el poema) que pueda convocar la emoción desde la razón, desde la lectura.

    26.- ¿Qué opinas de los falsos poetas, de los que se creen que juntando letras son maestros de este arte? ¿Crees que un poeta nace o se hace?

    Bueno, es complicado definir qué es un falso poeta. Quizá sea más sencillo (y justo) hablar de un falso poema, un poema que no funciona, que no comunica, que no logra convocar una emoción y un pensamiento. Los poemas no se “fabrican” solos, claro, así que cabe preguntarse si los y las poetas nacen o se hacen. Yo creo que se hacen, que se puede aprender a ser poeta. Luego uno será mejor o peor en función de muchos factores que quizá no dependan tanto del aprendizaje, como la intuición y la inteligencia misma, pero un mal poeta también es un poeta, claro.

    27.- Para acabar, ¿qué significa para ti la poesía y ser poeta?

    Merece una respuesta muy larga, así que ofreceré una muy corta: ser poeta es creer que el mundo no está terminado, que hace falta escribir un poema para completarlo.

    No podemos dejar de agradecer enormemente a Ben su tiempo y la maravillosa atención que ha puesto en cada una de sus respuestas. Ha sido un placer leerle y conocer de primera mano su visión de la poesía.

    Como solemos decir por aquí, ¡salud y poesía!

    © foto Ben Clark con su último poemario publicado: ‘¿Y por qué no lo hacemos en el suelo?’ (Ed. Espasa, 2020). 

  • Alba Quintas: «Necesitamos el drama y más en el teatro. «

    Alba Quintas: «Necesitamos el drama y más en el teatro. «

    Alba Quintas, madrileña nacida en 1994.  En el año 2012 resultó ganadora del VII premio Jordi Sierra i Fabra para escritores jóvenes con la novela Al otro lado de la pantalla. Es colaboradora en diferentes publicaciones digitales. Trabaja estrechamente vinculada al teatro. Tiene varios libros publicados siendo el más reciente la novela La venganza de Ariadna.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    Nunca sé qué responde a esto. Creo que toda la vida, tengo relatos de cuando iba a primaria guardados. Para mí, los procesos de empezar a leer y a escribir fueron de la mano. Sé que mi primera novela larga la acabé con trece años, y con catorce, ya le estaba mandando manuscritos al pobre Jordi (Sierra y Fabra) en su concurso.

    ¿Cuánto tiempo tardaste en publicar tu primer libro? ¿Qué fue lo que más te costó?

    Fue precisamente gracias al premio que mencionaba antes, el Jordi Sierra i Fabra para jóvenes escritores. Yo tenía 17 años cuando lo gane, y entre los premios, el grupo editorial SM te publicaba la novela. Me presenté varios años seguidos hasta que al final lo conseguí; Jordi siempre dice que soy una de las personas más cabezotas que conoce.

    Creo que lo que más me costó vino después. Asimilar que no está todo hecho porque acabas de empezar y probablemente no hayas conseguido gran cosa si a partir de ahora quieres labrarte una carrera como escritora. Has abierto una pequeña rendija de la puerta al publicar por primera vez, pero tienes que dar un empujón. Por otra parte, te queda el nervio de que si has empezado tan joven, te vas a quemar muy pronto. Para alguien como yo, que quiere dedicar su vida a esto, es complicado lo de comenzar a publicar tan joven, porque parece que tienes menos margen para desarrollarte a largo plazo. Tienes que tener unos parámetros y unos valores muy claros, y todavía sigo lidiando con ello.

    ¿Qué puedes contarnos de tu obra de teatro Celia en la revolución? ¿Cómo fue el proceso de creación de la misma?

    Estaba obsesionada con el hecho de que yo no fuera un obstáculo entre el espectador y Elena Fortún, la autora de la novela, así que me leí toda su obra publicada, la increíble biografía de Marisol Dorao y la correspondencia que mantuvieron Elena Fortún con Carme Laforet, la cual fue una de las lecturas más maravillosas que he hecho en mucho tiempo. Aparte de eso, me acerqué a muchos otros textos sobre la época, como los de chaves Nogales o Clara Campoamor. Cuando se me presenta un proyecto que me permita sumergirme en él de alguna manera y no ver fin al pozo de la documentación, me tiro a él sin pensarlo. Quizá de todo el material que he manejado en el texto aparece una mínima parte, pero eso no importa: era imprescindible (y más para alguien de mi edad) comprender cómo funcionaba aquella época, saber realmente qué movía a las personas entonces, entender cómo se sentía Elena Fortún.

    La novela es realmente compleja: tres años de guerra, cinco ciudades, un sinfín de personajes y escenas. La fórmula dramática te pide más concreción, al menos por la parte del proceso que a mí me corresponde, que es la de usar la palabra escrita. Pero al final había dos preguntas que siempre venían a mi mente: la primera, que es la que se plantea en la primera escena de la obra (¡prometo que no estoy destripando nada!) es: ¿por qué Celia deja España al final de la guerra?  la segunda: ¿Por qué Elena Fortún, a pesar de saber que nunca verá publicada esta novela, decide escribirla, y con su personaje más asentado? Sospecho que toda ficción que merece la pena nace de las preguntas adecuadas, no de las respuestas adecuadas, y desde luego cuando tuve estas, pude armar la versión de Celia en la revolución que creía que podía hacerle justicia a la novela.

    Alba Quintas

    ¿Tienes algún comentario sobre la organización del Festival Celsius?

    Honestamente, este año han hecho una heroicidad consiguiendo que se celebrara un festival de literatura en medio de una pandemia y con cero contagios. Fue una fecha muy importante para muchos autores este año, el único evento cultural en el que hemos podido participar y compartir un poco de tiempo con los lectores, aunque fuera a través de mascarillas y mamparas. Eso no importa, la literatura sigue siendo la misma. Yo siempre digo que el Celsius es como mi casa: me invitaron cuando yo era una autora novata y desconocida, y ahora siguen tratándome con todo el cariño del mundo. Además, su labor con la literatura de género en nuestro país es imprescindible.

    El actor Juan Diego Botto utiliza la frase “Queremos el pan y las rosas.” ¿Qué significa esta frase para ti en estos momentos?

    Es gracioso, porque es una expresión que nació en su momento en los movimientos sufragio femenino, y la verdad es que me hace mucha ilusión que un gran actor como Juan Digo Botto la rescate y la popularice. Para mí alude a la doble vertiente de mi vida como artista: necesito lo más real, la rutina, obviamente un sueldo para comer, etc. pero también las rosas, la belleza, el arte. No quiero dejar de estar presente en ninguno de las dos vertientes de nuestra vida, eso es el pan y las rosas.

    ¿Cuál es el rol del teatro en la sociedad del siglo XXI? ¿Es drama? ¿Es comedia?

    Necesitamos el drama y más en el teatro. Mi dramaturga favorita, Sarah Kane, defendía que haber que poner el infierno sobre el escenario para escapar de él en la vida real. Supongo que todos los dramaturgos tienen temas a los que vuelven una y otra vez compulsivamente. Mis textos suelen navegar entre estos: la reacción implícita entre la condición de mujer y la violencia; las emociones como territorio político, el progresivo acallamiento y pérdida de la conciencia social de la juventud. Todos dramas, porque soy una persona optimista, alguien que piensa que la sociedad puede mejorar a base de hacer las preguntas adecuadas.

    ¿Qué piensas de la censura a la película Lo que el viento se llevó, por parte de una plataforma streaming?

    Soy mucho más partidaria de contextualizar que de censurar categóricamente, la verdad. ¿Hay que hablar del racismo en Lo que el viento se llevó? Sin duda. ¿Hay que analizar la película desde una conciencia social que cada vez, por suerte, está creciendo más? Desde luego. Me parece mucho más interesante volver a estos clásicos, revisionarlos, aprender de ello, que censurarlos de forma definitiva. La censura es igual al silencio, y no se aprende nada del silencio, se aprende de las ideas y del debate. La película debería estar ahí para poder desarrollar opiniones al respecto, sin duda con unas etiquetas, descripción de su trama, etc. que no sea benevolente con su racismo. ¿Pero apartarla categóricamente y que no se vuelva a hablar de ello? ¿Esconderla? ¿No poder iniciar un debate en torno a su contenido? No, eso no lo defiendo.  

    ¿Qué estás leyendo en estos momentos?

    Ahora mismo estoy con una de las perlas del realismo en España, la Pepita Jiménez de Juan Valera. Es una novela preciosa en la que un joven seminarista se enamora perdidamente de la joven prometida de su tío, y por cartas habla de su dilema entre su devoción a Dios o rendirse a sus pasiones. En general estoy volviendo a muchas novelas clásicas que leí de adolescente y que algo miro con otros ojos. 

    ¿Tienes algún comentario que hacer sobre el lenguaje inclusivo? 

    Hay una parte de la población que se siente invisibilizada debido al lenguaje, y desde la RAE deberían escucharla. Creo que hay un problema en las instituciones en torno a nuestra lengua, van siempre muy por detrás de los cambios de la sociedad. Ya a nivel particular, hay cosas que me parecen muy necesarias, como el reconocimiento del género neutro para las personas no binarias y aceptar de una vez el femenino en algunas profesiones, no puede ser que piloto, canciller o soldado no tengan un femenino. Curiosamente siempre son profesiones en las que las mujeres han sufrido discriminación y techos de cristal, así que parece que aquí hablamos de algo más que de la lengua. Hay otras que están en el punto de mira, como el uso del masculino en el plural, que no me parecen tan relevantes.  

  • Azahara Alonso: «cuando escribo accedo al cumplimiento de un imperativo personal»

    Azahara Alonso, nacida en Oviedo (1988), reside actualmente en Madrid. Es licenciada en Filosofía y tiene un Máster en Escritura Creativa. Es autora de dos libros, Bajas presiones (Trea, 2016) y el más reciente Gestar un Tópico (Ril Editores, 2020). y escribe crítica literaria en diferentes medios.

    He leído que tu primer libro de poemas fue sobre aforismos. ¿Puedes explicar un poco el proceso de creación?

    Mi primer libro, Bajas presiones, es un conjunto de aforismos que no responde a la idea de colección, sino que sus textos fueron trabajados en una convivencia muy consciente que permite el desarrollo de algunas ideas propuestas. Suelo escribir en cuadernos y con total libertad. Si más tarde encuentro en ellos el germen de un libro, paso al ordenador, a un trabajo más cercano a la edición. Ha ocurrido algo similar con el proceso de escritura de Gestar un Tópico, a pesar incluso del cambio de género, ya que en este caso se trata de un poemario y no de un libro de aforismos.

    ¿Cuáles fueron tus principales lecturas en la vida?

    La lectura es la base de mi formación intelectual y sentimental, también de mi rutina y modo de diversión. Leo por placer desde muy pequeña y también leo por trabajo. Así que no doy ese proceso por finalizado. Las lecturas principales en mi vida son muy variadas y tienen que ver con la filosofía y con diferentes géneros literarios, tanto híbridos como lo más canónico dentro de la narrativa, el ensayo y la poesía. Por concretar un poco, aunque no se mantiene igual, en su momento me marcaron Émil Michel Cioran, Simone de Beauvoir, Thomas Bernhard, Julio Cortázar, Lodwing Wittgenstein, Wislawa Szymborska, Chantal Maillard y John Ashbery.

    ¿Cuál es tu principal motivación a la hora de escribir?

    Es una cuestión vocacional; cuando escribo accedo al cumplimiento de un imperativo personal y no tanto a la búsqueda de unos objetivos que me motiva alcanzar.

    Azahara Alonso

    ¿Qué opinas del futuro de la poesía?

    No tengo una opinión formada sobre esto, no he sentido la necesidad de pensar y repensar de qué modo la poesía seguirá acompañándonos. La elaboración de hipótesis requiere un tipo de energía del que carezco.

    ¿Qué autores recomiendas actuamente?

    Muchísimos/as. Por centrarlo en la poesía española y los/las autores/as que siguen publicando poemarios: Moritz Fritz, Mariano Peyrou, Marta López Vilar, Sarah Martín, Antonio Méndez Rubio, David Leo García, Sara Torres, Raúl Quinto, marta Agudo, Xaime Martínez, Gema Palacios, Jordi Doce, Julieta Valero, Fruela Fernández, Ángelo Néstore, María García Díaz, Martín López-Vega, Abraham Gragera, Pilar Martín Gila, Claudia González Caparrós, Ruth Llana, Pablo López Carballo…

    ¿Crees que el arte poético debe ser político y disruptivo?

    Me interesa todo poema que utilice el lenguaje como arma política sin caer en la necesidad de los temas que tradicionalmente entendemos como comprometidos. Creo que se puede ser absolutamente disruptivo a través de la forma, los esquemas se quiebran mejor sin una temática marcada. Me interesa el poema que se aleja de las convenciones comunicativas, para eso están otros géneros literarios y el periodismo.

    ¿Cómo crees que la poesía puede ayudar a la sociedad en general?

    Evitando caer en la trampa de justificar su utilidad, alejándose de ser un producto y ejerciendo de veras la función poética del lenguaje.

  • Natasha Sardzoska: «El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz.»

    Natasha Sardzoska: «El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz.»

    Natasha Sardzoska es poeta, escritora y traductora. Nacida en la República de Macedonia, tiene varios libros de poesía publicados como Habitación azul, Piel, Él me arrastro con un hilo invisible, Agua viva y Coxis. A su vez, ha publicado ensayos y cuentos en numerosas revistas.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    Desde niña, creo que casi desde siempre, desde que conozco mi soledad. Cuando tenía 14 años, escribí unos poemas para una revista de literatura infantil. Después, entre mis 17 y 20 años, escribía un poemario que se llamaba Habitación azul. En este período estaba leyendo mucho de los poetas del hermetismo italiano, así que los primeros versos de ese libro son densos de metáforas bastante duras y herméticas.

    Cuando era niña, algunos poetas me asustaban, no podía entender las metáforas cerradas, pero sentía que había algo de milagro detrás de las palabras. Me impresionaba leer una palabra que no decía nada y en un mismo tiempo decía todo. Me encantaba sentir y ver el vacío entre las palabras, por adentro de las palabras que me fascinaba, hipnotizaba, ese algo que no se dejaba entender ni explicar ni ver, pero que me hacía ver y comprender un mundo distinto…

    ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?

    Pues, como era estudiante de filología latina y estudiaba italiano y francés, los poetas italianos del hermetismo: Ungaretti, Sanguineti, Quasimodo, Montale, Saba, Luzi, y algunos del futurismo, y Pasolini, Pavese, Levi, Bertolucci: los poetas del surrealismo, del decadentismo y del simbolismo francés Rimbaud, Baudelaire, Apollinaire, Verlaine, Mallarmé, Valéry. Los grandes poetas hispanófonos: Lorca, Neruda, Machado, Paz, Juarroz, Benedetti, Sabines, Pacheo, Storni, Pizarnik. Muchos poetas también de Macedonia como Mateja Matevski y Aco Sopov. Me encantaba leer los escritores del existencialismo francés: Beauvoir, Camus, Sartre, y del realismo mágico sudamericano: Sabato, Cortázar, Borges, Llosa y, por supuesto, la literatura rusa: Dostoyevski, Tsvetaeva, Pushkin, Chekov, Achmatova, Pasternak, Mayakovsky.

    En el festival de poesía internacional de Struga, en mi país Macedonia, he tenido la posibilidad de leer varias antologías de la poesía contemporánea belga, luxemburguesa, catalana. Me acuerdo muy bien de unos poemas de la poeta luxemburguesa Anise Koltz y me quedaba abrumada, inundada, casi trastornada de leer sus poemas. En eses mismo festival, he tenido la gran oportunidad de encontrar, escuchar y leer poetas como Ted Hughes, Yves Bonnefoy, Eduardo Sanguineti, Seamos Heaney, Mahmoud Darwish, Adonis.

    Háblanos un poco de tu poesía.

    No es fácil, porque puede ser que me equivoque, pero lo voy a intentar. Mi poesía nace como un grito interior insostenible desde mi abismo, que quiere volver a ser lenguaje, mejor dicho, transformarse en lenguaje. Mi poesía camina por enlaces alusivos y lleva en un campo que casi no tiene más vínculos con la explicación lógica o contextual. Es decir, quiero dar al detalle un poder fulminante y en un mismo tiempo, reducir la ceremonia al mutismo. Por ejemplo, en mi nuevo poemario, Coxis, quise dar voz al fracaso y al dolor humano a través de los órganos humanos, quería que fuera el cuerpo mismo el que hablara, no el lenguaje, no la lengua, sino toda la sinfonía corporal.

    En el fondo, yo escribo para escaparme del misterio de la hoja blanca. QUiero encontrar por ahí dentro -en la hoja- voces, y de ahí, salir con nuevos significados.

    ¿Qué autores recomiendas leer en estos momentos?

    Todos hablaban en este período de leer a Saramago, con su Ensayo sobre la ceguera, o Boccaccio con su Decameron, o Camus, con La peste. Claro, sabemos bien que la literatura tiene algo providencial, y hay que leer a estos genios de la literatura.

    Pero yo no quiero añadir, como decimos en mi idioma macedonio, aceite al fuego. Es decir, no quiero añadir desesperación, no quiero estar sin salida, necesito sobrevivir al caos, necesito leer a alguien que pueda transportarme más allá de esa obscuridad. No quiero leer lo que ya veo, lo que ya vivo y me oprime. Quiero leer algo lejos de la realidad, algo que nunca se puede esperar o imaginar.

    Me gustaría recomendar siempre poetas porque sencillamente la poesía puede llevarte más allá, traer algo de irracional, de imposible, de milagro, en estos momentos de anomia y de distopía. Porque quizás, sólo en la poesía ahora es todavía posible sonar y crear.

    Desde mi experiencia actual, diría: Salvador Espriu, Joan Margarit, OCctavio Paz, Mario Benedetti, Joaquín Sabina, Margaret Atwwod, Agi Mishol, Paul Celan, Louise Glück, Amelia Rosselli, Alejandra Pizarnik, Blanca Varela…

    Encontré unos poemas de Giorgio de Chirico y de Salvador Dalí: me encantaron.

    Leer el poeta místico Rumi también es siempre bueno, porque lleva luz.

    Siempre me hacen feliz Hélène Cixous, Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar.

    ¿Qué opinas del futuro de la poesía?

    Hablando desde este momento doloroso de crisis total mundial sanitaria y económica, yo creo que la poesía tendrá un largo camino para hacer adelante y para traer luz. Justamente porque ahora parece que todo es imposible, todo es tan paradoxal… la poesía puede alcanzar lo que está detrás del horizonte, la poesía puede aguantar esa fuerza irracional de dentro de cada uno y darle medidas y curas que no se pueden encontrar en ningún otro lugar.

    El ser humano siempre va a necesitar de algo irracional para creer y para crear y seguir. El ser humano siempre va a hacer poesía porque jamás va a ser feliz. Es así. Y porque, como decía Houellebecq, «no busquen la felicidad, ella no existe.»

    Pero, por supuesto, existe la poesía.

    Natasha Sardzoska

    ¿Qué consejos das a la hora de publicar un poemario?

    Mi consejo es de no publicar jamás un libro sólo porque uno cree que es un libro listo para publicar. Ahora escribir poesía parece una moda. Parece que cada uno lo pueda hacer sólo por partir la frase en líneas, se creen que son versos, o por contar su día trivial sin ningún símbolo ni mensaje trascendente. Eso es tan infantil…

    Por eso digo que la poesía no es nada infantil, jamás. La poesía, entonces, no se escribe para descargar la frustración o el dolor, la poesía no es diversión o alegría, no es nada terapéutico o alcanzable, es algo muy duro, pesado, peligroso, temerario, imposible para traducir en cualquier experiencia humana.

    No se puede publicar un poemario sólo porque todos los demás lo hacen, o sólo para contar con más libros publicados, o sólo para recibir ayuda del estado o un premio, o sólo para viajar a festivales. Es la peor trivialización que muchos hacen.

    Mejor escribe un poema para el desierto y déjaselo. Ofréceselo al desierto, pero no lo hagas por premios o satisfacciones mundiales.

    El poeta es celoso y obsesivo con sus palabras, y de repente puede ser que la falta distancia. Es siempre mejor dar el pomeario para que lo lea otro poeta. Descansar, Respirar. Tomar distancia. Darle tiempo y espacio para que el poemario se escriba por sí mismo con su voz propia, que realmente la tiene.

    Siempre cuando se escribe en caliente, desde el dolor recalentado, la poesía sale muy brutal. El dolor necesita tiempo de fermentación y de elaboración. Un poema a veces se escribe por sí mismo, solo, en silencio.

    ¿La pandemia cambiará el concepto de la poesía en la actualidad?

    Lo está cambiando ya. Hemos parado de leer poetas en la habitación con la luz del cielo en la noche en silencio. Ahora estamos asistiendo al espectáculo mundial virtual de la poesía: Zoom, Skype, YouTube… son los nuevos medios de los poetas para hoy. La poesía ahora se escucha y se ve, como si hubiera dejado de leerse.

    Me preguntarás si es algo bueno… quizás, pero la verdad es que no lo sé. Es lo que es y ya está. Por un lado, podemos escuchar y ver, o sea, leer a través de un medio virtual a poetas que nunca antes hemos encontrado o jamás podríamos ver y acercarnos a varios lugares del mundo, pero por otro lado, me molesta esta digitalización de la poesía, como si ella fuera arte de consumo arbitrario de las masas. No me gusta cuando al poeta, y en general al artista, se le impone el medio y el contenido de su arte.

    Yo vivo esa transformación como un regreso, no como una revolución. Hasta como una violencia y revancha de la tecnología en contra de la humanidad, de nuestro arte tan sencillo, tan tangible, tan íntimo como es la poesía.

    Estar en frente de mi computadora y entre varias pantallas de mi cuenta bancaria, de mi Gmail, de mis ensayos o textos para traducir, entre el noticiario, Facebook, ver la cara y escuchar la voz de, qué sé yo, un gran poeta como XX, es algo bastante trivial. De algún modo,eso sobrepasa, agobia, abruma la poesía.

    Pero estoy convencida que la poesía siempre estuvo y siempre será un arte solitario, mudo e inmóvil: o sea, pensar que desde mi cuarto yo puedo con mi papel blanco y mi pluma, llegar a cada lado del mundo y cambiar algo dentro de alguien es algo que me da siempre fuerza y fe para seguir escribiendo poemas.

    En realidad, siempre en estado de guerra o de emergencia o de profunda crisis, el ser humano ha leído poesía. Eso es natural y saludable. Porque la poesía es un transporte; con su caja preciosa de símbolos, la poesía ofrece salvación y salida a cada crisis, aunque ella muchas veces no trata temas útiles para la sociedad (por ejemplo, la muerte, la patria, lo irreversible, el cuerpo, el eros, la confesión).

    Zagajewski una vez dijo que el poeta no puede escribir sólo por y para sí mismo, sino para el mundo. Hay que nombrar ese mundo, ser «homónimo de la luz y sinónimo del viento» (Adonis). El poder de la poesía es justamente ese, como decía Octavio Paz, o sea recordarnos e la utilidad de las cosas inútiles.

  • Kevin Castro: Como artista, tu única obligación es con el arte.

    Kevin Castro nació en Lima, en el año 1993. Con sólo 20 años ya publicó su primer poemario, Los tiempos Jurásicos (C.A.C.A. Editores, Perú, 2013), y unos años después salió a la luz su segundo libro, Norcorea (Poesía Sub25, 2017. En España publicado en 2018 por la editorial Liliputienses). A su vez, es editor de la revista Mutantres y de la Editorial C.A.C.A.

    ¿A qué edad comenzaste a escribir?

    A los trece o catorce.

    ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas?

    De muy pequeño mis padres me compraron un libro de esos típicos libros para niños, con imágenes para «descubrir» el mundo. Recuerdo que había una imagen de una playa con cangrejos y un buzo. También había una imagen de una fábrica de donas. Mi reino por un ejemplar de ese libro.

    ¿En qué te inspiras para escribir un poema?

    Lo último que escribí fue un poema de amor. Antes de eso, escribí un poemario llamado «Freestyle», que espero publicar en los siguientes meses. Fue muy distinto escribir ambas cosas. Freestyle fue como un descubrimiento de mí mismo a partir de experiencias psicológicas que espero no tener que repetir nunca más en mi vida. En cuanto al poema de amor era un era un poema/carta de amor para una chica, pero también era un poema/carta de a mor o como de despedida de aquello de escribir poemas que es algo que se supone no volveré a hacer en mucho tiempo.

    ¿Cómo crees que será la poesía dentro de dos décadas?

    Espero de corazón que sea brillante. Pero es básicamente eso, algo que «espero», no sé si si dé finalmente. Nadie puede saberlo.

    El poeta Kevin Castro

    ¿Qué puedes decir del estado actual de la poesía peruana?

    Es interesante lo que ha venido sucediendo en la última década, creo que hay un buen panorama con respecto a lo que vendrá. Espero que así sea.

    ¿Cuál es tu opinión sobre la disrupción de las tecnologías 2.0 en la creación de nuevas propuestas poéticas.

    Todo puede sumar o restar, depende del talento y la sensibilidad del artista siempre.

    ¿En qué otros géneros te sientes cómodo a la hora de escribir?

    Hace poco terminé de escribir una obra de teatro y retomé la escritura de una novela que tenía abandonada y que espero terminar de escribir a fin de año. Me encanta escribir narrativa, también he estado aprendiendo sobre escribir guión de cine y TV, me interesa mucho lo que se puede hacer a nivel audiovisual.

    ¿Qué es para ti la poesía?

    Es como debería llamarse toda la literatura. La buena, claro.

    ¿Crees que la poesía como arte tiene responsabilidad en los tiempos actuales?

    No. La poesía no tiene responsabilidad sobre nada, el artista como artista tampoco. Como ciudadano sí: hay que cumplir la ley y pagar tus impuestos antes del treinta de abril. Como novio, como cocinero o profesor de literatura, tienes responsabilidades. Pero como artista, tu única responsabilidad, tu única obligación es con el arte y nada más.

    Nota: el 8 de mayo nos hicimos eco de la publicación en España del poemario Norcorea por la editorial Liliputienses.